6 mar 2020

Hacedor de estrellas - Olaf Stapledon

Empecemos la reseña por el que según mi percepción es el rasgo más significativo de Hacedor de estrellas: no es una novela, sino más bien de una suerte de ensayo especulativo en que Olaf Stapledon construye una cosmogonía de marcado trasfondo filosófico. Para ello parte de una importante base científica (astronomía, física, geología, etc.), pero le suma una gran componente de ciencia-ficción/fantasía (telepatía, viajes astrales, etc.). Haciendo uso de una imaginación incontenible, el autor británico desplegará un inagotable torrente de ideas para exponer el origen del cosmos, la evolución del mismo y su posible final. En el camino detallará otros planetas y sus habitantes, otros sistemas solares y estrellas, otras galaxias e incluso, en un movimiento muy atrevido que yo para nada esperaba en una obra que data de 1937, otros universos. La importancia de libro es tal que que grandes nombres de la ciencia-ficción beben directamente de él. No hay que analizarlo demasiado profundamente para ver la semilla de esta obra en reconocidos títulos de Isaac Asimov o Stanisław Lem, por citar un par de ejemplos.

No le voy a quitar el mérito a este trabajo tan exhaustivo. Pero es que de tan exhaustivo resulta muy pesado de leer. Mucho. La pluma de Stapledon no tiene capacidad de frenada en su deambular por el espacio sideral. De ahí que nos describa decenas y decenas de seres inteligentes que habitan otros tantos planetas. Y otros tantos sistemas solares e imperios galácticos. Y ya puestos, ¡universos! Uno, dos, tres, cuatro. Al principio hace gracia y piensas, ¡qué portento de imaginación! Pero como siempre hay alguna curiosidad digna de mención, a continuación viene otro, y otro más, y todavía uno más, a pesar de que ya llevamos más de veinte. A pesar de que ninguno en particular aporta nada que influya en el resto de sus elucubraciones sobre el universo. Lo que soy yo, he terminado cansándome bien pronto. Que conste que no tengo nada en contra de una imaginación desbordada siempre y cuando tenga un objetivo a nivel narrativo. Yo aquí aplicaría la máxima de "si lo puedes eliminar sin que el resultado final se vea afectado, hay que eliminarlo".

Luego está el factor antropocentrismo. El autor británico no pone en duda que puedan existir otras formas de vida inteligente en el vastísimo cosmos, pero la vara de medida de todas ellas es el ser humano. No solo a nivel fisiológico, sino también en cuanto a organización social. En lo primero todos son más o menos antropomórficos y/o comparten caracterísiticas con el Homo sapiens (hasta los hombre-planta y unos extraños seres-barco velero, no digo más). En lo segundo siempre nos muestra especies gregarias con individuos que o bien son beligerantes y violentos (los más), o bien  pacíficos y conciliadores (los menos). Y no contento con ello, los dividen en clases sociales, con una clase dominante y una clase obrera. Revoluciones industriales, medios de transporte, sistemas de construcción, ¡todo se basa en lo que hemos crado en la Tierra! En su descargo, el propio autor reconoce varias veces a lo largo del texto que el propio lenguaje humano impone limitaciones para describir las exoespecies, sus formas de vida y sus entornos. Y razón no le falta.

El tono del texto es muy pesimista, algo que no es de extrañar viendo la fecha de su publicación, con el nazismo y el fascismo en pleno auge en Europa. Pero proyectar sobre todo el cosmos las miserias propias de la humanidad a mí me parece restringir bastante las posibilidades del universo (o universos) infinito (o casi). En definitiva, una tortura que me ha costado terminar dios y ayuda (hacerdor de estrellas y ayuda más bien). Y conste que si he llegado al final ha sido a base de leer en diagonal párrafos y párrafos sobre mentes comunales de seres insectoides o cardúmenes de pajaroides, telépatas simbióticos marinos, obras de ingeniería estelar, etc. etc.

2 mar 2020

La maldición de Hill House - Shirley Jackson

La maldición de Hill House es un clásico del terror, subgénero "casas encantadas". Para mi gusto destaca por la sencillez de su planteamiento y la coherencia de la trama. De nuevo tenemos a un investigador de lo paranormal (el Dr. Montague) que se interesa por los fenómenos sobrenaturales que ocurren en una vieja casona y que decide pasar todo el verano allí para experimentarlo en primera persona. Con la loable y académica intención de publicar un libro que le lauree entre sus colegas, que no se toman muy en serio su especialidad. Para ello se acompañará de un grupo de colaboradoras de claro perfil receptivo a los fenómenos psíquicos: Eleanor Vance y Theodora, así sin más. Y claro, estas dos mujeres, que catalizarán los procesos del otro mundo, tienen un historial emocional detrás de lo más agitado, con lo cual no se sabe bien si son ellas mismas quienes generan toda esa actividad extraordinaria. Todo esto es un poco cliché visto desde la óptica de 2020, pero claro, Shirley Jackson tiene el mérito de haberse convertido en el referente de todas las obras similares. En un patrón de medida, diríase. Al menos para las que no incluyen una familia feliz que se muda ilusionadísima a su nueva casa, que ¡vaya por dios, está maldita! Y sufren entonces el tormento de los fantasmas que la habitan, que es la otra vía habitual por que puede discurrir una novela de este tipo.

Resulta imposible no comparar este libro con La casa infernal de Richard Matheson, ya que comparten muchos planteamientos. La de este último pisa de lleno en esa tierra de nadie que limita al norte con el homenaje y al sur con el plagio. Porque una cosa es que el escenario no dé opción a demasiada originalidad, y otra es que también incluya personajes homosexuales atormentados. Eso resulta ya particularmente sospechoso. Y es que la novela de Jackson juega con la posible homosexualidad de Eleanor (reprimida) y Theodora (no tanto) como elemento clave para condicionar las manifestaciones sobrenaturales que ocurren en Hill House. En mi opinión el perfil psicológico que la autora imprime a sus personajes hace que la historia sea más verosímil. Por no hablar de todas las incursiones en lo paranormal, que aun saliéndose del marco de referencia del mundo físico que se puede medir y predecir, resultan mucho más comedidas que las de Matheson. Para finalizar destacaría que Jackson no cierra la trama ni da demasiadas explicaciones. Sólo nos muestra los efectos de este experimento parapsicológico sobre los participantes, alguno de los cuales no terminará bien. Y eso deja mucho espacio libre al lector para que imagine, lo que siempre resulta mucho más atractivo. Porque miedo, lo que se dice miedo, mucho no da. Las cosas como son.

27 feb 2020

El progreso del amor - Alice Munro

Aun a costa de resultar pesado y repetitivo, voy a tener que volver a señalar que hay pocos autores que se manejen tan bien en el formato breve como Alice Munro. Que ya lo dice toda la crítica y todo aquel que haya tenido la suerte de leer su obra, pero es que no siempre se puede ser original si que quiere ser honesto. El progreso del amor recoge once relatos cortos que reinciden en sus temas habituales, que se amoldan a la perfección entre mis preferidos: las relaciones interpersonales con sus glorias y sus miserias. En especial con sus miserias. En lo familiar retrata a la perfección las dinámicas que se crean entre padres e hijos, o bien entre hermanos. En las relaciones sentimentales ya sean parejas formales, amantes ocasionales o fijos, o ex-parejas, la paleta de sentimientos que maneja abarca la pasión, la admiración, el rechazo, la indiferencia, la monotía, el aburrimiento, y mil emociones más que para mi disfrute personal, suelen situarse en las zonas menos complacientes del espectro. Porque si hay algo que queda claro tras leer cualquiera de sus cuentos, es que a la premio Nobel de 2013 no le tiembla la mano a la hora de mostrar las contradicciones que suponen las relaciones humanas. Cómo a un breve e intenso peridodo emocionante sigue un tedio al que nos terminamos resignando pero que parece no acabar nunca. Al lector no le resultará nada complicado verse reconocido en cualquier de las tramas, por más que transcurran en Canadá o en diferentes épocas.

Precisamente el tiempo es uno de los elementos que esta autora maneja con mayor habilidad. Sus relatos cortos son capaces de condensar en pocas páginas una saga familiar que incluye tres generaciones. No resulta nada forzado encontrarse con que la acción se reparte entre los abuelos, sus dos hijas, un sobrino y una sobrina nieta. La trama tiene una globalidad temporal asombrosa a pesar de que no siempre sea lineal. En el curso de la narración abundan los flashbacks (que momentos después son en realidad flashforwards) que le permiten cambiar de personaje y época. Para introducirlos suele emplear algún suceso ya mencionado que le sirve de nexo y que por tanto, facilita la transición al lector, que asimila el salto con total naturalidad. Con esta técnica no solo consigue generar esa complicidad mágica que a veces se establece entre autor y lector, sino que además despierta una admiración inequívoca al reconocerla. No tengo queja de ninguno de los libros de Munro que he leído hasta ahora, pero es que este me ha dejado asombrado por su gran calidad.

23 feb 2020

La oscuridad visible - William Golding

La oscuridad visible es uno de esos libros que he empezado a leer sin tener ni la más remota idea de qué trataba y he de admitir que me ha sorprendido bastante gratamente. Se trata de una novela de personajes típicamente británicos cuya acción comienza durante los bombardeos de Londres en la II Guerra Mundial y termina a finales de los 1970s. William Golding compone una historia que se divide principalmente entre Matty y Sophy. El primero es un niño huérfano víctima de los ataques nazis a la capital del Reino Unido, a resulta de los cuales queda desfigurado por las quemaduras sufridas. La segunda es una joven que al haber creecido en una familia más bien disfuncional desarrolla un carácter de rasgos psicopáticos. Hay un tercer personaje que influye mucho en la acción aunque no tiene demasiado peso en la trama: se trata del señor Pedigree, un pederasta que durante un breve tiempo será profesor de Matty. De esta mezcla sale una novela que no está mal del todo. Hay elementos de novela negra, ya sea con pequeños delitos o con terroristas internacionales, personajes muy populares en la literatura más comercial de los 1970s; hay también una componente importante de género fantástico, con incursiones en lo sobrenatural desde una perspectiva que a falta de otra definición mejor, a mí me gusta denominar terror bíblico; y por último, unos aspectos sociales de crítica a la discriminación y la hipocresía, en tanto en cuanto se exponen las miseras del ser humano a la hora de tratar al diferente.

Las dos líneas argumentales confluyen moderadamente bien, aunque en mi opinión la historia de Matty se extiende mucho más allá de lo necesario y muy poco de lo relatado sobre su personaje aporta cuestiones de relevancia en la trama. Los aspectos de terror/fantástico son claramente los ganadores para mi gusto (siempre me ha resultado muy atractivo el conflicto que provocan las apariciones de seres espirituales al imponer designios divinos). Y en cuanto a Sophy, su personalidad está muy, muy bien descrita y a medida que la vamos conociendo somos conscientes de sus graves problemas psicológicos. Por supuesto a nivel narrativo su falta de empatía y de cortapisas morales da muchísimo juego. Todo esto se mete en la coctelera con un buena cantidad de relato criminal y el resultado es entretenido e inquietante a partes iguales. No es que tenga la profundidad de La pirámide, sin duda mi favorita de este Nobel británco, pero por suerte está muy por encima de esa pérdida de tiempo que es 'Trilogía del mar' (ver Ritos de paso, Cuerpo a cuerpo y Fuego en las entrañas).

19 feb 2020

El mundo que Jones creó - Philip K. Dick

Otra novela de Philip K. Dick a la buchaca. La verdad es que ya no se me ocurre nada nuevo que decir sobre este autor. Bueno no creo que haya dicho nada nuevo sobre su obra en años. El mundo que Jones creó es más de lo mismo. Trama 100% dickiana que incluye sus elementos habituales: una sociedad en la postguerra de un enfrentamiento mundial con armas atómicas, mutantes resultado de la radioactividad, individuos con capacidades precognitivas, exploración del espacio y colonización del sistema solar, alienígenas de fondo, etc. etc. Un conjunto de ideas tan enorme que habría dado para desarrollar un libro comparable a los decimonónicos en cuanto a extensión, y que como no podía ser de otra forma, el autor estadounidense desarrolla en poco más que una novela corta.

Como novedad en cuanto a las ideas que maneja, me ha sorprendido el claro mensaje de amenaza que suponen los totalitarismos populistas (representados por el precog Jones del título), enfrentados a la sociedad  inclusiva e igualitaria que existía antes de su ascenso al poder. De todas formas el control del Estado sobre el individuo existe en ambas. En la supuesta sociedad progresista se materializan en forma de leyes imprecisas que pretenden garantizar la no discriminación de nadie, junto con un cuerpo de policía dedicado exclusivamente a la verificación de su cumplimiento. Típica expresión del pensamiento paranoico del autor, presente en cualquiera de sus títulos y que se ha desmostrado no andar muy lejos de la realidad actual. Trabaja también con la marginación que el ser humano impone al diferente (ya sean mutantes o extraterrestres), se plantea la inevitabildad del destino y la imposibilidad de cambiarlo por más que conozcamos el futuro, expone que las instituciones manipulan y engañan al individuo, etc. Ya sabéis que soy muy fan de este escritor y que leeré cualquier cosa que haya escrito, pero a mí personalmente ésta no me ha parecido que destaque dentro de su producción.

15 feb 2020

Al faro - Virginia Woolf

No es que esté en contra de los temas que se tratan en Al faro. De hecho encajan a la perfección en mis gustos. Conflictos familiares. Cómo se puede torcer la vida de los vástagos por los errores cometidos en su educación. Por la frialdad o exceso de autoridad de uno de los progenitores. La eterna confrontación padres-hijos. La hipocresía del matrimonio. De las relaciones humanas, si queremos ir un poco más allá. Muy bien también por Virginia Woolf por mostrarnos sin ambages ni medias tintas que una mujer puede ser feliz y tener una vida completa sin necesidad de casarse con un hombre. ¡Bravo por ella!

De lo que estoy en contra es del estilo, de las yuxtaposiciones, explicativas, interminables, separadas por comas, símiles, con transfondo lírico, que no aportan nada, a la historia que se narra; la cosa no acaba aquí, porque después de una yuxtaposición de seis, de siete, de ocho elementos, o de más, que te obligan a detenerte, una y otra vez, para intentar tomar conciencia de qué se está hablando en realidad, hay un punto y coma, y de nuevo, más enumeraciones, de elementos, sin apenas verbos conjugados, con una intención poética, repletas de sensaciones, de emociones, con imágenes intensas, que por supuesto, se separan por comas.

De lo que estoy también en contra es del cambio de narrador, cada tres o cuatro frases, me obliga a alterar el contexto a cada poco, adaptarme al punto de vista de quien habla, sin descanso, nuevas perspectivas, sin parar, diferentes enfoques, según nos hable la madre, un poco después el padre, la invitada solterona, el hijo pequeño, la hija mayor, el invitado pobre y cascarrabias, el ama de llaves, los jóvenes casamenteros, también alojados en la casa de verano, sin aviso previo, en la mayor parte de los casos, poco más que una referencia al siguiente narrador, con algo de suerte.

Todo el rato así, el libro se me ha hecho interminable, insoportable. Y por momentos con tantas flores, campo, mar, playa, excursiones, pájaros, insectos, libros y comidas, ninguno de los cuales vienen a colación de nada, yo no sabía dónde estaba, quién hablaba, qué nos intentaba decir. Lo mismo que en La Señora Dalloway. Que no es que no tenga mérito o no sea válido, más bien me resulta muy pesado, nada atractivo, a mí no me gusta, no aguanto este tipo de prosa; con este libro de hoy he tenido más que suficiente, me despido de la obra de Virgina Woolf. No pudo ser, Mrs. Woolf, adiós.

11 feb 2020

El Tercer Reich - Roberto Bolaño

Para no andarme por las ramas voy a empezar diciendo que El Tercer Reich me ha parecido una novela bastante floja. Escrita a modo de diario, el protagonista es Udo Berger, un veinteañero campeón de Alemania del juego de rol bélico que titula el libro. A través de las notas que vuelca en su cuaderno durante unas vacaciones en la Costa Brava, nos acercaremos a su obesión por dicho juego, a la relación con su novia y a una serie de personajes que irán conociendo durante esos días en la playa. En realidad todo el relato es bastante intrascendente y no termina de despegar. No hay un conflicto que sustente la acción y en definitiva asistimos poco más que  los devaneos del protagonista y sus acompañantes por la costa gerundense. Todo el rato un ir y venir de los entornos turísticos a las zonas del pueblo que quedan al margen de hoteles, playa y discotecas de verano.

De todas formas, Roberto Bolaño escribe de maravilla. A pesar de que la trama está a años luz de la brillantez de Los detectives salvajes o Estrella distante, las páginas caen con una rapidez asombrosa. Y algo que me ha sorprendido muy positivamente es el innegable aire lynchiano de toda la narración. Para empezar hay muchos personajes que encajarían a la perfección en el perturbador universo del director estadounidense. Luego tenemos la fijación insana de Udo por ese war game tan filonazi (temática ésta que es constante en su obra), que constituye su único interés incluso durante las vacaciones. También forman parte del texto varios sueños, extraños e inquietantes, reveladores a veces. Y para terminar la amenaza de una violencia que no acaba de manifestarse por un lado, y por otro la atracción sexual insatisfecha del protagonista por Frau Else, la directora del hotel donde se alojan. A medida que leía se generaban en mi cabeza las típicas imágenes asfixiantes y surrealistas de David Lynch, lo cual resulta gratificante si eres fan de sus películas. Pero por desgracia a la historia le falta empaque, no tiene para nada la fuerza a que este autor me tenía acostumbrado. Pero todo tiene una explicación: aunque escrita en 1989, fue la segunda que se publicó tras el fallecimiento del escritor. En fin, ¿para qué insistir en el tema de las obras inéditas publicadas póstumamente? No es que me haya aburrido leyéndola, pero al final me ha quedado una clara sensación de insatisfacción. Por supuesto en la blogosfera y medios digitales se leen maravillas de este título, aunque no en todos. En Revista de Libros le han hecho una crítica bastante atinada, por lo menos así lo veo yo.

7 feb 2020

Y mañana serán clones - John Varley

Da la sensación de que John Varley puso un poco de todo lo que se le ocurrió para idear la trama de Y manaña serán clones. Alienígenas en estado gaseoso que habitan el contínuo espacio-tiempo y que invaden la Tierra para salvar a las ballenas y delfines de la plaga que supone el ser humano. La humanidad que huye del planeta para sobrevivir, colonizando el Sistema Solar. Una señal procedente de una estrella a 17 años luz que lleva 400 años emitiendo información sobre avances tecnológicos impensables para el hombre. Sexo. Diversidad sexual. Homo y bisexualidad. Mutaciones y mejoras genéticas conseguidas gracias a la información recibida de esa extraña fuente de datos. Cambios de sexo, por supuesto. Ingeniería plantearia, agujeros negros, campos de vacío para no someterse a la tiranía de la gravedad. Viajes en el tiempo. Y cómo no: clonación humana, factor este último que permite desarrollar muchas tramas paralelas con el mismo personaje que no se interrumpen por más que muera en un accidente o sea asesinado una y otra vez. Como podéis ver hay un poco de las temáticas habituales en la Edad de Oro de la Ciencia-Ficción (invasiones, colonización del espacio, etc.), pero con un enfoque más propio de la New Wave (ecología, cuestiones filosóficas sobre la individualidad, normalización de la diversidad sexual, etc.). A nivel formal también muestra características habituales de la New Wave, ya que combina diferentes formatos dentro de cada capítulo: notas de prensa, extractos de libros de historia o resoluciones judiciales se mezclan con la acción para dar al lector un contexto que permita entender lo que se cuenta.

La novela es absurda, inútil y totalmente prescindible. No es más que una space-ópera, una serie de aventuras intrascendentes que pretenden generar asombro pero que no conducen a ningún sitio. Ahora bien, es tan desmadrada y tan disparatada que hace gracia. Un poco como me pasó con La imagen de la bestia de Philip J. Farmer. Y eso a pesar de la confusión que generan las tres o cuatro tramas paralelas simultáneas que se desarrollan en torno a la protagonista, clonada hasta la saciedad. Y de los múltiples narradores (no solo los clonados en primera persona, también está el omnisciente en tercera). Y de esos golpes de efecto inesperados que el autor se saca de la manga y que le permiten salir de apuros. Total, ¿qué más da? Partiendo de que el libro se articula sobre civilizaciones extraterrestres desconocidas y muy avanzadas tecnológicamente, cuando no casi omnipotentes, si hay un sitio adecuado para meter deus ex machina sin complejos es en una narración como ésta. Así que una vez aceptas que la historia no tiene ni pies(1) ni cabeza, incluso lo puedes pasar bien leyéndola.



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(1) Los pies, las piernas y el resto de extremidades sufren amputaciones sin parar, bien por moda, bien para hacer más fáciles los viajes espaciales.
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