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13 ago 2020

La persistencia de la visión - John Varley

El título elegido para esta recopilación de historias de ciencia-ficción coincide con el del primer texto incluido, La persistencia de la visión. Se trata de una novela corta por la cual John Varley ganó el Premio Hugo, el Locus y el Nebula en este tipo de narración en 1979. Ésta es una de esas pocas veces en que puedo entender por qué un determinado texto ha sido galardonado. Aun sin saber qué otros autores eran sus rivales, he de reconocer que esta compilación no podría haber empezado con mejor pie. Se trata de una historia que aúna elementos típicos de la New Wave (un futuro muy cercano marcado por contínuas crisis económicas, una forma más abierta de entender la sexualidad, etc.), al que se suman visiones muy propias de la espiritualidad New Age y de formas de vida alternativa que como resultado, te hace cuestionar el modelo social en que vivimos. A mi me ha perecido originalísima y muy bien orquestada. Os dejo a continuación todos los títulos que contiene junto con el formato (vía Tercera Fundación).

  • La persistencia de la visión (novela corta)
  • En el cuenco (relato corto)
  • Cantad, bailad (relato corto)
  • Perdido en el banco de memoria (relato corto)
  • En el salón de los reyes marcianos (novela corta)
  • El fantasma de Kansas (relato corto)

La verdad es que la mezcla de estilos e influencias está presente en todos los cuentos y novelas cortas. Varley se destapa en este tomo como un autor tremendamente versátil, capaz tanto de incluir temáticas clásicas (colonización de planetas del Sistema Solar), como visiones propias de la New Wave (especialmente en lo tocante a otras formas de entender la sexualidad mucho más libres), y para finalizar elementos propios del Cyberpunk que se convertirían en tendencia pocos años después (seres humanos mejorados mediante la tecnología y con interfaces de conexión a ordenadores, etc.). Tampoco podía esperarme que la mitad de los títulos sean claramente dickianos: Varley nos hace cuestionarnos la realidad al poner en entredicho lo que percibimos por los sentidos. Es más, le gusta replicar la existencia humana en grandes sistemas computerizados a base de copiar todos los recuerdos de sus protagonistas, dando así un giro adicional a lo que es realidad y lo que es percepción. Ya sé que esto tampoco es ninuna novedad a estas alturas, pero su enfoque me ha sorprendido.

A pesar de que mezclar tantos elementos diferentes podría resultar en un engrudo difícil de tragar, el autor nortamericano lo hace con mucha maestría y elegancia. No voy a negar que en un par de relatos y para guiar la acción, se introducen subtramas que dispersan la atención, más que centrarla. Sin embargo en general las historias resultan insólitas y desde luego entretenidas. Un tomo que sin duda me ha dejado muy buen sabor de boca.

7 feb 2020

Y mañana serán clones - John Varley

Da la sensación de que John Varley puso un poco de todo lo que se le ocurrió para idear la trama de Y manaña serán clones. Alienígenas en estado gaseoso que habitan el contínuo espacio-tiempo y que invaden la Tierra para salvar a las ballenas y delfines de la plaga que supone el ser humano. La humanidad que huye del planeta para sobrevivir, colonizando el Sistema Solar. Una señal procedente de una estrella a 17 años luz que lleva 400 años emitiendo información sobre avances tecnológicos impensables para el hombre. Sexo. Diversidad sexual. Homo y bisexualidad. Mutaciones y mejoras genéticas conseguidas gracias a la información recibida de esa extraña fuente de datos. Cambios de sexo, por supuesto. Ingeniería plantearia, agujeros negros, campos de vacío para no someterse a la tiranía de la gravedad. Viajes en el tiempo. Y cómo no: clonación humana, factor este último que permite desarrollar muchas tramas paralelas con el mismo personaje que no se interrumpen por más que muera en un accidente o sea asesinado una y otra vez. Como podéis ver hay un poco de las temáticas habituales en la Edad de Oro de la Ciencia-Ficción (invasiones, colonización del espacio, etc.), pero con un enfoque más propio de la New Wave (ecología, cuestiones filosóficas sobre la individualidad, normalización de la diversidad sexual, etc.). A nivel formal también muestra características habituales de la New Wave, ya que combina diferentes formatos dentro de cada capítulo: notas de prensa, extractos de libros de historia o resoluciones judiciales se mezclan con la acción para dar al lector un contexto que permita entender lo que se cuenta.

La novela es absurda, inútil y totalmente prescindible. No es más que una space-ópera, una serie de aventuras intrascendentes que pretenden generar asombro pero que no conducen a ningún sitio. Ahora bien, es tan desmadrada y tan disparatada que hace gracia. Un poco como me pasó con La imagen de la bestia de Philip J. Farmer. Y eso a pesar de la confusión que generan las tres o cuatro tramas paralelas simultáneas que se desarrollan en torno a la protagonista, clonada hasta la saciedad. Y de los múltiples narradores (no solo los clonados en primera persona, también está el omnisciente en tercera). Y de esos golpes de efecto inesperados que el autor se saca de la manga y que le permiten salir de apuros. Total, ¿qué más da? Partiendo de que el libro se articula sobre civilizaciones extraterrestres desconocidas y muy avanzadas tecnológicamente, cuando no casi omnipotentes, si hay un sitio adecuado para meter deus ex machina sin complejos es en una narración como ésta. Así que una vez aceptas que la historia no tiene ni pies(1) ni cabeza, incluso lo puedes pasar bien leyéndola.



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(1) Los pies, las piernas y el resto de extremidades sufren amputaciones sin parar, bien por moda, bien para hacer más fáciles los viajes espaciales.

16 dic 2017

Titán - John Varley

Titán es una novela de 1979 que pertenece a ese subgénero de la ciencia-ficción de exploración de objetos espaciales fabricados por inteligencias extraterrestres. Si la literatura prospectiva también se rige por tendencias, todo parece indicar que los 1970s fueron los años para escribir sobre este tipo de megaestructuras. Otros ejemplos serían Mundo anillo de Larry Niven, que data de 1970, y Cita con Rama de Arthur C. Clarke, de 1973. Las particularidad de la que hoy me ocupa es que a diferencia de las dos anteriores, este satélite-mundo artificial de aspecto toroidal aún está habitado, aunque con signos evidentes de deterioro tanto en los aspectos biológicos como en los ingenieriles. Pero vayamos a la trama.

Cirocco Jones (en español el nombre se presta a cierto cachondeo) es la capitana de la Ringmaster, una nave espacial científica con destino a Saturno. Cuando se aproximan al planeta de los anillos detectan un extraño objeto artificial nunca catalogado que orbita en torno suyo. La nave se aproxima con la idea de atracar y explorar el interior de esa extraña superestructura, pero es atacada y absorbida por ella sin que medie provocación. Tras un periodo indeterminado de tiempo que la protagonista pasa a medio camino entre la inconsciencia y la semiconciencia en suspensión sensorial, Cirocco aparece de pronto en la superficie de uno de los ecosistemas habitados que existen en el interior del toroide. Empieza entonces a buscar a sus compañeros -la mayoria de los cuales manifiestan extraños cambios de conducta tras el periodo de aislamiento-, se tropiezan con especies animales -algunas de las cuales son inteligentes-, exploran los aspectos estructurales que soportan ese mundo artificial, y un largo etcétera que tampoco voy a desgranar para no cansar.

No voy a andarme por las ramas: la novela me ha parecido bastante insustancial porque es poco más que otra estúpida space-opera con los personajes viviendo aventuras con seres fantásticos en el interior de un mundo increíble y asombroso de dimensiones colosales (o quizás mejor, titánicas). Luego está todo el esfuerzo dedicado a describir el objeto a nivel estructural. Yo no sé si se debe a que John Varley no se ha sabido expresar con suficiente claridad, a que yo soy especialmente torpe para imaginar objetos tridimiensionales en base a símbolos lingüísticos o a que se ha perdido mucho en la traducción, que esa es otra porque vaya circo la traducción, todo el rato llamando "coca" a lo que quiero pensar que es Coca-Cola, "gracias por la coca", "quieres café o coca", "oh, mataría por conseguir algo de coca", etc. En fin, la cuestión es que visto que no había más que lagunas en lo que entendía, cada vez que aparecían cables, radios, escaleras helicoidales, túneles, cubos centrales, techos artificiales o cualquier expresión destinada a describir este mundo sintético, no me quedaba más remedio que no prestarle demasiada atención. Así que por lo menos un quinto del texto es como si no lo hubiera leído. También resulta pesada y pedante la ambientación basada en la mitología griega. Los continentes, lo ríos, los mares, las especies animales, todo todo todo con nombres de titanes, de musas, etc. Y por último, sobrevolando toda la narración, tenemos las dosis justas de antropocentrismo ridículo para aderezarla (¿puede ser el antropocentrismo de otra manera que no sea ridícula?). "Ya está este pesado con sus diatribas antiantropocentristas", diréis. Pues sí, así soy yo. Es ver muestras de antropocentrismo y/o de especismo en un texto y no poder evitar que se me revuelva el estómago. Después de unos cuantos millones de años de existencia del objeto espacial, resulta que son las emisiones de radio y televisión terrestres a partir de los 1950s las que han activado ciertos cambios en la visión del universo por parte de los creadores del mismo. Es de una miopía intelectual asombrosa, de verdad. Cuánto ganaríamos los lectores si los escritores de ciencia ficción se acercaran más a Stanisław Lem.

Tiene no obstante algunos méritos dignos de mención, que destacan todavía más si recordamos el año en que fue escrita. Hay un cierto poso feminista en el personaje de la capitana, pues no deja de señalar a cada oportunidad que tiene que si en lugar de mujer, hubiese sido un hombre, todo habría sido más fácil en su carrera, no se habría cuestionado tanto su autoridad, sus decisiones, etc. Para desgracia de Varley y sobre todo de las mujeres, han pasado casi cuarenta años desde que planteó esa crítica y aunque algo se ha mejorado, las cosas no están mucho mejor. Por otro lado, aunque las relaciones personales y sexuales entre los protagonistas parecen un poco metidas a calzador (¿morbo?), no deja de sorprender la naturalidad con que se tratan las relaciones homosexuales y bisexuales, eso sí, entre mujeres (¿más morbo para un público principalmente masculino y heterosexual?). Y desde luego, hay que reconocer la valentía del autor por no haberse contentado con mostrar un mundo artificial deshabitado y misterioso, sino que ofrece una explicación a todo lo que ha ocurrido en los tres millones de años de existencia del mismo. Guste más o menos, hay que admitir que esa parte se la trabajó.

Por acabar ya, una obra totalmente prescindible y por momentos agotadora, con esa intención a historia épica de conquista de lo desconocido. Pero por si no fuera bastante con una, resulta que nos encontramos ante la primera parte de serie denominada, 'La trilogía de Gea', que se completa con La hechicera (1980) y Demon (1984). Según nos cuenta Rescepto, la última no se ha llegado a traducir el español; desde luego en la ficha de la Tercera fundación de este escritor no consta. Pero para que no os quedéis con mi versión parcial de esta lectura (¿alguna no lo es?), tenéis una reseña en el Sitio de Ciencia-ficción donde opinan que se trata de "una gran novela de ciencia-ficción que en todo momento nos descubre el sentido de la maravilla que existe en el género". Ahí es nada, como la noche y el día.
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