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16 abr 2021

Babel-17 - Samuel R. Delany

La Alianza ha sufrido una serie de sabotajes por parte de los Invasores en los últimos meses. Cuando se han producido siempre se han recibido emisiones un idioma desconocido al que se asigna el nombre en clave de Babel-17. Después de un estudio exhaustivo, los especialistas del ejército no han sacado nada en claro, así que recurren a Rydra Wong, una joven poeta de 26 años conocida por sus antologías en casi toda las galaxias exploradas. Wong trabajó unos años con los lingüistas militares y demostró unas habilidades extraordinarias en el análsis de lenguajes alienígenas, así que ella es la última oportunidad de la Alizanza para hacer frente a los ataques.

Babel-17 es una de las novelas de ciencia-ficción que suelen aparecer en todas las listas del género cuando se habla de su relación con la lingüística. En concreto y vía Wikipedia, me entero de que Samuel R. Delany desarrolla en esta obra la idea del determinismo lingüístico, esto es, que las lenguas, con su gramática, su sintaxis y su léxico en particular, dan forma y condicionan el pensamiento y la realidad que perciben sus hablantes. Como es un tema que siempre me ha interesado, tenía este libro pendiente desde hace años. Vistas las intenciones, la lectura pintaba estupendamente, pero para mi desgracia ha sido un fiasco total. Os paso a explicar los porqués.

Pera empezar, la novela es una space-opera cuyo desarrollo apenas se apoya en los conceptos psicolingüísticos que supuestamente dieron lugar a su escritura. A efectos prácticos esto supone que apenas un 10% del texto trabaja sobre la hipótesis de Sapir-Whorf. El resto es lo habitual en este subgénero que tantas y tantas malas experiencias me ha proporcionado: descripción de elementos fantásticos, giros de trama sin ninguna coherencia con lo narrado, acción a raudales cuya única intención es asombrar al lector. Nada de lo cual aporta nada de interés a la historia, pues en realidad se trata simplemente de una aventura insustancial. Eso no quita que algunas ideas me hayan parecido muy buenas, por ejemplo, los personajes procedentes del plano espiritual, algo que hasta el momento yo solo había visto en Ygdrasil. Pero está claro que una buena idea tiene que tener sentido dentro de la obra en que aparece para que podamos apreciarla. Si no, no deja de ser más que una ocurrencia original metida con calzador.

Al margen de mi rechazo visceral a las space-operas, hay que añadir que en este caso el universo en que transcurre no está demasiado bien definido. En primer lugar no sabemos muy bien en qué momento transcurre la acción, aunque por alguna referencia parece ser que podríamos estar en el siglo XXIII(1). Por otro lado, a la explicación del contexto del Universo conocido, la Alizanza y los Invasores, el autor norteamericano le dedica solo cuatro frases en todo el libro(2). Y luego tenemos las típicas pamplinas de las space-operas para buscar la conexión con el lector contemporáneo, con referencias culturales anacrónicas y absurdas propias de nuestro tiempo: James Bond, canicas, los fuegos artificiales de la fiesta del 4 de julio, etc. (al menos el piloto de la nave no lleva un sombrero de cowboy, algo es algo). ¿Y qué decir de las chorradas pseudocientíficas? Corrientes de hiperestasis, transmisores hiperestáticos a base de electroplastiplasmas, la memoria de tensión de los materiales polarizados, zonas espaciales radio-densas,... En fin lo que viene siendo un despropósito. Como ya me pasó con Nova, a todo esto se suma que la traducción es terrible a todos los niveles. Esto hace que los pocos momentos en que podría haberme interesado por la novela, es decir, cuando se habla de la relación entre lenguaje y pensamiento, me hayan parecido un sinsentido por una sintaxis incomprensible y la lamentable elección del vocabulario.

Pero por no poner más inconvenientes, además de las almas incorpóreas que actúan como sentidos aumentados en las naves espaciales, destacaría dos puntos que entroncan directamente con la ciencia-ficción soft. El escritor estadounidense defiende en las páginas de este libro la validez de las relaciones sentimentales que involucren a más de una persona. Este alegato poliamoroso se manifiesta en una triada de tripulantes de la nave espacial capitaneada por la protagonista que deben estar enamorados para compenetrarse adecuadamente en sus funciones. En la novela son dos hombres y una mujer, pero también se mencionan triángulos afectivos dos mujeres y un hombre. Por otro lado, en la sociedad terrestre son habituales las operaciones de cirugía estética orientadas a transformar el cuerpo humano e incorporar todo tipo de modificaciones increíbles: colmillos, garras, pieles animales, etc. etc. Estos dos alegatos a la normalización de otros modelos afectivos y al poder del individuo a la hora de definir su identidad (aunque sea a base de bisturí e implantes), podrían tener que ver con que Delany siempre ha sido abiertamente gay. Lo cierto es que ni lo uno ni lo otro condicionan la trama en lo más mínimo, así que este apunte es solo una apreciación personal por buscarle algo de sentido a su inclusión, que desde luego a mí me parece muy positiva y valiente, máxime teniendo en cuenta que la novela data de 1966. En cualquier caso, en mi opinion a la historia no hay por dónde cogerla y no merece la pena dedicarle ni un minuto. Sin embargo, para mi sorpresa es uno de los títulos seleccionados por el ínclito Miquel Barceló en su guía de lectura. Como la noche y el día, vaya.



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(1) "Pero los griegos fueron poetas hace tres mil años, y tú eres poeta ahora".
(2) "Había nueve especies en las siete galaxias al día (sic) exploradas por los viajes interestelares. Tres se habían agrupado definitivamente en la Alianza. Cuatro estaban del lado de los Invasores. Dos eran neutrales".

30 dic 2019

Grobe Zusammenfassung (10)

Último resumen de lecturas del 2019. La verdad es que todas las intenciones que tenía a principios de año se fueron al garete cuando decidí que tenía que prestar más atención a la literatura escrita por mujeres debido a su descarada e intolerable poca presencia en mis lecturas. Aquel propósito de empezar a leer todos los tochos inmanejables que voy acumulando (ver mención el Extinción), se perdió al segundo libro: Summa Technologiae. Luego en abril y por temas laborales y personales varios tuve que olvidarme del formato habitual de reseñar libros individualmente. Y en esas seguimos, y veremos a ver si salimos algún día. En todo caso no tengo intención de caer en la autocompasión, porque las cosas son como son y no hay que darle tantas vueltas. Así que sin más, os dejo unas breves y someras reseñas de los libros que he leído durante este mes.

Agentes de Dreamland, de Caitlin R. Kiernan. Esta novela corta mezcla sectas apocalítpicas con organizaciones gurbernamentales secretas y lo salpimenta todo con una posible epidemia de origen extraterrestre. Su mayor logro es que no se concreta nada y genera mil posibilidades que toman cuerpo en la cabeza del lector, que tiene que trabajar sin pausa para dar algo de sentido a lo que cuenta. Aunque tira de varios clichés para definir al personaje principal, un agente de alguna misteriosa organización indefinida, tampoco es que moleste mucho porque su extensión no da para descripciones proustianas. A los fans de Expediente X les encantará porque evoca a la perfección el aire inquietante y conspiranoico de aquella mítica serie de los 1990s.

Cómo ser mujer, de Caitlin Moran. Estamos ante un libro plagado de buenas intenciones pero totalmente equivocado. Para empezar es un fastidio que todo el texto esté lleno de referencias a personajes populares (reales y de ficción) del Reino Unido, lo cual, debido a las diferencias culturales entre UK y España, requiere de constantes aclaraciones a pie de página. Pero es peor todavía el tono de treintañera sabelotodo que rezuman todas las páginas. En plan cuando tú vas ella ya ha vuelto hace años. Algo que no ayuda precisamente a generar simpatías. A mí me parece estupenda la idea de difundir el feminismo entre las masas que no están muy al tanto de su razón de ser, que esa es la intención que subyace. Y si puedes hacerlo de manera divertida, mejor que mejor. Pero es que el mensaje pierde credibilidad cuando lo que haces es frivolizar. Que es lo que ocurre al mezclar discriminacion y desigualdad en la mujer con me agarro un pedo de éxtasis y bebo alcohol hasta caerme al suelo. O mostrarte orgulloso de tus orígenes humildes y de clase obrera con mira que super cool que soy que he entrevistado a Lady Gaga y me he ido con ella de fiesta a Berlín porque nos hemos hecho superamigas. Así pues, ¿cómo casar lucha feminista con vanidad y elitismo? Pues ya te digo yo que muy malamente. Esta alternancia de mensajes contradictorios hace que las ideas que se quiere defender pierdan fuerza. Claro que igual el problema está en que yo espero un mensaje académico y serio porque la cuestión me lo parece, pero probablemente ese enfoque aburre a Moran y estaba muy lejos de sus intenciones al escribir. En fin, el texto es pura literatura del yo sin ningún grado de elaboración o ficcionado. Es la autora hablando de sí misma, de su vida y sus cosas capítulo tras capítulo. En plan anécdota o confidencia. Admito que algunos de los temas expuestos tienen mucho mérito (por ejemplo confesar el aborto al que se sometió, algo que no debe de ser fácil para ninguna mujer), pero casi todo el rato es muy insustancial, superficial y también incoherente: no se puede defender por igual tener hijos y no tenerlos y pretender salir indemne de semejante ejercicio de esquizofrenia. Resumiendo, una pérdida de tiempo total y un libro que nunca debió cruzar el Canal de la Mancha.

Barras y estrellas, de William Boyd. Novela de humor en la más pura tradición británica. El autor emplea las diferencias culturales entre ingleses y norteamericanos para generar despropósitos y provocar la risa. Siguiendo más o menos los cánones de Tom Sharpe, el protagonista, quintaesencia de la flema y contención británica, se ve desbordado por las disparatadas ocurrencias de los neoyorquinos primero y los sureños después. Se agradece un poco de moderación en la trama, alejándose así del estilo de Sharpe, lo cual la dota de cierta credibilidad. No es que te partas y te mondes, pero resulta simpática.
La intersección de Einstein, de Samuel R. Delany. Vaya por delante que mi única experiencia previa con este autor fue bastante lamentable. No obstante esto no fue óbice para hacerme con este otro libro suyo al toparme con la edición de Minotaruo en tapa dura y perfecto estado en una de mis habituales incursiones en las tiendas Re-Read. Y qué bien hice, la verdad. Porque estamos ante una novela de factura impecable que recrea el mito de Orfeo y que gustará tanto a los aficionados a la ciencia-ficción como a los de la fantasía. La acción transcurre en un futuro muy lejano en la Tierra donde se han producido cambios tanto involutivos (feudalización de las grandes ciudades, sociedades rurales tribales basadas en el pastoreo, etc.), como un salto cuantitativo en la evolución humana que hace que un reducido pero no desdeñable porcentaje de la población haya desarrollado atributos físicos y psíquicos especiales. Lo mejor de la narración es su capacidad para sugerir y evocar, obligando así al lector a encajar todas las piezas para que el resultado cobre sentido en su cabeza. Muy, muy recomendable. Por cierto que la traducción excelente, lo cual refuerza mi sospecha de que el problema con Nova venía causado en gran parte por una traducción pésima.

¿Y ahora qué hacemos?, de Doris Dörrie. La primera novela de la autora y directora de cine alemana se centra en la crisis de la madurez. En el momento en que cobras conciencia de que tienes más años por detrás que por delante, te das cuenta de que ni tu carrera profesional, ni tu entorno, ni tu familia se parecen lo más mínimo a las proyecciones que concebías con veinte años. La vida encarga de poner en su sitio las fantasías megalómanas de juventud y se hace necesario aceptar que no has logrado ni el 10% de tu metas. Dörrie emplea el budismo como elemento central de la historia para componer una trama que es a la vez humorística y filosófica. Los golpes de humor a mí me han parecido un poco facilones y basados en los típicos prejuicios occidentales sobre dicha doctrina. Sin embargo la componente espiritual termina cogiendo fuerza y consigue poner en contexto la vida del protagonista. También es verdad que hay muchos capítulos que relatan sucesos que no encajan demasiado bien en el desarrollo de la trama. Estos golpes de efecto dan la sensación de falta de coherencia en la narración y hacen que la novela pierda empaque. Con todo y eso, se trata de un libro simpático que deja buen sabor de boca. Sobre todo si efectivamente tienes ya cuarentaimuchos años y necesitas perspectiva para apreciar las cosas son realmente importantes.

14 jul 2013

Nova - Samuel R. Delany

No me voy a andar con rodeos que bastante tiempo he perdido leyendo Nova: esta novela no vale un duro. Se trata de una especie de space-opera con ínfulas de alta literatura que me ha provocado estupefacción y vergüenza ajena a partes iguales. Como toda novela de aventuras espaciales comienza por meter en una misma nave un puñado de personajes pintorescos cada uno de su padre y de su madre, que al poseer personalidades diversas y muy extravagantes, se supone que darán mucho juego. A esto se suma un bochornoso enfrentamiento entre dos grandes y adineradas familias repartidas por la Galaxia, los Red de Draco (la Tierra y demás sistemas solares viejos) frente los Von Ray de la Federación de las Pléyades (los sistemas solares más jóvenes recientemente colonizados). Para incorporar elementos dramáticos y de grandeur, los miembros de dichos linajes se mezclan en un revoltijo inverosímil de amor y odio que en lugar de fascinar, provoca una risa nerviosa por lo patético que resulta.

La trama, muy resumida porque no merece la pena perder el tiempo con ella, va de la búsqueda de un elemento valiosísimo pero escasísismo que se ha vuelto imprescindible en la sociedad humana del siglo XXXII: el Ilirión. Se trata de una especie coltan que incluso en bajas concentraciones proporciona energía como para calentar planetas. Lamentablemente dicho elemento químico (de número atómico mayor que 300, atentos a la pincelada hard) se encuentra en pequeñas cantidades solo en planetas pertenecientes a sistemas solares muy jóvenes, lo que lo encarece mucho su extracción y le convierte en pieza clave de la economía. El protagonista, Lorq Von Ray, se embarca en una aventura ridícula para obtener Ilirión en el único lugar donde lo hay a toneladas: los momentos iniciales de la explosión en nova de una estrella.

A nivel técnico nos encontramos frente a una tontuna escrita con un lenguaje elevado super pretencioso y fuera de lugar. Veamos algunos ejemplos de las sugerentes descripciones que caracterizan a Samuel R. Delany:
"Las nieblas que velaban la meseta se desangraban en escamas bruñidas al amanecer"
"Una astringente bruma arsenical..."
"Las escamas micáceas relucían en el ramaje arácnido de la tila desnuda"
Nivelazo. A esto hay que añadir innovaciones narrativas que antes que sorprender, por lo menos a mí me sacan de quicio. Los colonos de los sistemas plantearios más nuevos hablan un dialecto cuya principal característica gramatical consiste en cambiar absurdamente el orden de los elementos del discurso. Sí, sí, exactamente igual que el deplorable Jar Jar Binks de la saga Star Wars. Por no hablar de un par de personajes que son gemelos y que hablan como si fueran una unidad, repartiendose la frase entre los dos. Irritante a más no poder. De todas formas en descargo del autor, no estoy 100% seguro de que la culpa de que este libro sea semejante fulaña sea exclusivamente suya. Tengo la impresión de que gran parte de la repulsión que me ha provocado su lectura se debe a la malísima calidad de la traducción. No se trata de que se empleen palabras poco habituales en el español europeo, que a esto te puedes acostumbrar sin problemas una vez estás metido en la narración (cosas como 'cucheta' en lugar de 'litera', 'transponer' en lugar de 'cruzar', 'hurguetear' en lugar de 'hurgar'), sino que en global, hay unas carencias serias de conocimiento del lenguaje a que se traduce. Qué mejor que verlo con algunos ejemplos extraídos directamente del texto.
"rebotó muellemente"
"una computadora programaba las movidas"
"movimientos bien aceitados"
"una creciente hinchó la red"
En fin, en mi opinión es difícil hacerlo peor, aunque no sé si es culpa de traductor, del editor o de ambos. Recomendación final, obvia a estas alturas: no perder el tiempo con ella. Yo lo he hecho solo por el morbo que me daba pensar en que iba a dar caña en el post. Por cierto, Samuel R. Delany tiene dos premios Nebula en su haber, el de 1966 por Babel 17 y el de 1967 por La intersección de Einstein. Si tenemos en cuenta que Nova quedó finalista en de 1969, ¿qué garantías de calidad tiene dicho galardón a mis ojos?

Para contrastar con otros aficionados a la ciencia-ficción os recomiendo echar un vistazo a los posts que le dedican en Rescepto indablog, con una percepción diametralmente opuesta a la mía, o en Búsqueda de hogar tras el bostezo, más moderado en su opinión sobre la novela, pero que termina considerando fallida.
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