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26 jun 2017

Demian - Hermann Hesse

Emil Sinclair es un niño de buena familia que vive feliz bajo el manto protector de sus padres. Sin embargo es todavía un crio cuando tiene una primera y perturbadora experiencia con las facetas más desagradables del ser humano. A raíz de una mentira que cuenta para hacerse el interesante, un gamberro un par de años mayor que él empieza a chantajearle, reclamandole dinero a cambio de no denunciarle a las autoridades ni revelar a sus padres sus (supuestas) malas acciones. Es entonces cuando al colegio al que asiste se traslada un chaval algo mayor que él. Serio, solitario e intrigante, Max Demian llama podersamente la atención a todos los alumnos por su aire adulto y reflexivo. Para sopresa del protagonista, Demian busca ocasionalmente su compañía. En esos pocos ratos que pasan juntos charlando, comparte con él sus certeras opiniones sobre la realidad, que a pesar de ser totalmente discordantes con las convenciones sociales pretendidamente incontestables, se le revelan verdaderas, innegables, irrenunciables. Demian actuará como un  sutil catalizador para el desarrollo de las inquietudes que siempre tuvo Sinclair, invitándole a cuestionarse todos los aspectos de la existencia y a no aceptar las normas por muy arraigadas que se encuentren.

Segunda experiencia con Hermann Hesse tras Siddhartha hace ahora casi dos años. Como en aquella ocasión, estamos ante una novela de contenido filosófico que intenta transmitir la necesidad de autoconocimiento del ser humano como premisa básica tanto para su realización personal, como para vivir una vida plena en armonía consigo mismo y con el resto de la humanidad. El argumento está perlado de elementos esotéricos, referencias a antiguos cultos y religiones primitivas, incorporando incluso ingredientes sobrenaturales (sueños precognitivos, telepatía, etc.). Estos factores, que proporcionan cierto aire de misterio a la novela, no invalidan en absoluto la descarada crítica a las encorsetadas normas morales y sociales que pueblan el texto. Sorprente también por su arriesgada defensa de la dualidad del hombre, en tanto en cuanto reconoce que nos complementamos mediante características opuestas, en una suerte de exposición del concepto taoista del Yin-Yang: bien/mal, luz/oscuridad, masculino/femenino, etc.

Resumiendo, estamos ante una narración escrita en un lenguaje muy sencillo y accesible, pero cuyo contenido sigue teniendo plena vigencia casi un siglo después de publicada. Yo diría que sus actuales herederos (entendidos como manuales de autoayuda, de crecimiento personal, etc.), por el hecho de presentarse como poco más que un listado de instrucciones, pierden el encanto de este libro, que no es otro que invitar al lector a pensar por sí mismo. Tenéis más reseñas en Un libro a día y La cueva del escritor.

28 jul 2015

Siddhartha - Hermann Hesse

Siendo como soy tan germanófilo y tan próximo a la espiritualidad oriental, no entiendo cómo no he leído antes Siddhartha, de Hermann Hesse, que combina ambas inclinaciones. Se trata de una preciosa novela corta en la cual asistimos a la experiencia vital de Siddhartha, hijo de un reconocido sacerdote, en su búsqueda de la verdad y la redención. En su peregrinación asistiremos primero a su renuncia a todos los bienes materiales y las necesidades físicas para convertirse en un asceta errabundo que vive de la caridad. Posteriormente tras conocer brevemente a un hombre santo (Buda) que ha alcanzado el nirvana, se dejará seducir por los placeres terrenales. Tan solo para de nuevo perderlo todo después de haberse arrastrado por el lodazal del materialismo y pasar su madurez y vejez otra vez alejado de lo corpóreo y terrenal, reflexionando sobre la naturaleza humana y experimentando verdaderamente por primera las sensaciones (dolor, pena, alegría, satisfacción, etc.) que le son propias.

La novela efectúa una aproximación al pensamiento y filosofía budista/hinduista muy sencilla y didáctica. Emplea una serie de alegorías muy visuales y comprensibles para explicar los conceptos básicos relacionados con la totalidad, globalidad y unidad del tiempo, del universo, del ser, de la existencia tal y como los conciben esas doctrinas: ríos que fluyen y son diferentes en todo momento pero mantienen su esencia, flores que se abren, pájaros que se liberan de la jaula que los apresa, etc. Quizás aquí yo peque de ingenuo y me equivoque, porque tengo que admitir que mi interés no está fundamentado en una aproximación formal sino en una simple predisposición a una espiritualidad no teísta que encaja bastante bien con los idearios de estas religiones del lejano Oriente. Sin embargo he de decir que está muy en línea con todo lo que he podido conocer hasta el momento. También destacar que la obra no abusa de los términos propios del hinduísmo, como brahmán, samsara, nirvana, brahma, karma, etc. No obstante cuando aparecen tenemos información de contexto suficiente para entender a qué nociones hacen referencia. Resumiendo, una lectura ligera e inspiradora que sin duda transmite paz. Mientras lo leía me ha sido imposible quitarme de la cabeza la película Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (Ki-duk Kim, 2003).
Tenéis una completísima reseña de este libro en La pasión inútil, y otras dos algo más breves en Pensamientos de una mente digital y Autopsia en prosa.
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