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28 dic 2016

La muerte es un asunto solitario - Ray Bradbury

Venice, L.A., California a finales de los 1940s. Un joven escritor en ciernes de unos veintitantos años, y que malvive con apenas un par de relatos cortos publicados al mes -si hay suerte-, descubre a un anciano muerto entre los restos de una vieja feria semienterrados en un canal. El teniente detective Elmo Crumley, también escritor aficionado, se hace cargo del caso y entre los dos se establece muy buena química de cara a investigar lo ocurrido. Nuestro protagonista (alter ego del autor, según se lee por todas partes), que narra la historia en primera persona y del cual no se llega a saber el nombre, cree que se trata de un caso de asesinato, y guiado por fuertes corazonadas empieza a indagar por su cuenta. Tras seguirle la pista al difunto hasta la habitación alquilada en la que residía, descubre que sospechaba que alguien le estaba siguiendo. Su supuesto asesino ahora parece acosar a la anciana que le arrendaba la habitación. Poco a poco y como resultado de sus pesquisas, nos vamos adentrando en el mundo de los residentes más viejos, solitarios y perdedores de Venice, todos los cuales, debido a los presentimientos del protagonista, se convierten en víctimas potenciales de este psicópata. Y para su desgracia así se demuestra con el paso de los días. Cuando el asesino acaba con una de las mejores amigas del protagonista, una antigua cantante de ópera de éxito en los 1920s pero ahora con obesidad mórbida y enclaustrada en casa, los acontecimientos se desbordan y la búsqueda del criminal se vuelve imperiosa.

La muerte es un asunto solitario es un homenaje a la novela negra clásica norteamerica de los 1930s-1940s y a autores como Raymond Chandler, Dashiell Hammett o James M. Cain. El libro, escrito en 1985, recrea todos los tópicos habidos y por haber, pero hay que reconocer que de verter tanta tinta en describir las localizaciones en que transcurre (un tercio del total de la novela, grosso modo), Ray Bradbury consigue transportarnos a una asfixiante localidad costera que está perdiendo su degradado perfil urbano bajo una incipiente pero imparable especulación inmobiliaria: viejos parques de atracciones situados en muelles, cines o campos de tiro están siendo demolidos para dar paso a la modernidad y al lujo. El relato tiene bastantes tintes fantásticos, ya que la acción se guía por corazonadas, intuiciones o turbias pesadillas que, sin razón aparente, van conduciendo a nuevos cadáveres y señalando nuevas víctimas. Estos personajes secundarios nos ayudan también a sentirnos rodeados de un lumpen de fracasados sin proyección de futuro en este barrio de Los Ángeles: la antigua diva operística Fannie Floriana; Jimmy, Sam, Prieto o Henry el ciego, personajes marginales que comparten alojamiento con la obesa cantante en el mismo destartalado edificio; la antigua estrella del cine mudo Constance Rattigan; su antiguo pretendiente, el perverso actor homosexual John Wilkes Hopwood; el Sr. Shapeshade, dueño del cine recientemente derruido; Cal, el peor peluquero de todo Venice; A. L. Shrank, psicólogo, hipnotista, clarividente y quiromántico; etc.

Aunque la narración es un poco pesada, con adjetivaciones interminables, descripciones innecesarias a cada poco, un lenguaje terriblemente pomposo y afectado que transforma la menor nimiedad en un acto de transcendencia absoluta, etc. etc. etc, tengo que admitir que se hace muy interesante una vez entras en ella, siempre que consigas vencer el rechazo visceral que provoca el estilo ampuloso de Bradbury. En este sentido, yo diría que la componente misteriosa/fantástica ayuda bastante, de hecho tanto la ambientación como la acción me han recordado mucho a La feria de las tinieblas, del mismo autor. Por otro lado, el cierre es bastante flojo, con un par de guiños pretendidamente agudos que para mi gusto resultan bastante simplones, pero en fin, creo que el mérito de la novela está en el ambiente que recrea y en el desarrollo, más que en la sagacidad desplegada en la trama en general y en su resolución en particular. Tenéis más reseñas en MundoSteampunk e Inmediatika; como suele pasar con Bradbury, no hay dios que le chiste ni le critique una coma.

29 dic 2012

Fahrenheit 451 - Ray Bradbury y Tim Hamilton

La entrada de hoy supone otra de mis escasas incursiones en el mundo del cómic, esta vez con la adaptación de uno de mis clásicos favoritos de la ciencia-ficción: Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Al margen de la absoluta belleza distópica del texto original, en la que no creo que sea necesario incidir a estas alturas y que doy por hecho todo el mundo conoce, esta versión destaca por el tono sombrío y depresivo que Tim Hamilton ha sabido imprimir a las viñetas.

Efectivamente Hamilton usa mayoritariamente la tinta negra para definir los dibujos, de corte realista, de manera que en un porcentaje altísimo de ellos (paradójicamente sobre todo en exteriores) el color sólo se muestran en los detalles: ropa, rostros, pelo, etc., mientras que el negro más absoluto define el entorno urbano en que se sitúan. Otra técnica muy efectiva para dotar al cómic de un aire pesimista consiste en usar en cada página un único color pero con diferentes tonalidades. Por ejemplo las escenas con fuego tienen un rango basado en colores cálidos e intensos (toda la variedad desde el rojo al amarillo), mientras que las escenas urbanas/suburbanas se trazan con gamas frías (violeta, azul, verde oliva) siempre muy claras y apagadas, y las que transcurren en las afueras de la ciudad y en el bosque donde el protagonista toma contacto con los hombres-libro destacan por los verdes muy oscuros. Sobre el realismo de los dibujos, destacaría que los personajes y el entorno en que se mueven están muy detallados excepto curiosamente, en las caras, donde podemos apreciar una simplificación propia de la serigrafía, que por cierto encaja perfectamente con el uso y abuso del negro elegido por el artista gráfico.


En definitiva, la única pega que puedo ponerle es que se tarda menos de una hora en leerlo. Para otras opiniones os recomiendo echar un vistazo a Sigue al Conejo Blanco, donde no gusta ni el original ni la adaptación, o El Blogazo del Cómic, donde ocurre todo lo contrario.

28 ago 2012

Fantasmas de lo Nuevo - Ray Bradbury

Yo ya no sé que pensar, lo digo totalmente en serio. De los 18 relatos que incluye Fantasmas de lo Nuevo de Ray Bradbury, sólo me han gustado 4. Después de la gran decepción que me supuso El Signo del Gato, a la que tengo que añadir la del libro que hoy comento, estoy en un momento en que no sé si reconsiderar mi opinión sobre Fahrenheit 451 y Crónicas Marcianas, dos libros que siempre he tenido entre mis favoritos. Desde luego ahora mismo no se me ocurriría releerlos por nada del mundo, no vaya a ser que con la perspectiva de los años me defrauden.

Los cuatro afortunados de esta compilación son:

  • 'Las Mujeres', una oscura fantasía sobre una sirena que se encapricha de un hombre y se acerca a seducirle a la playa donde él está pasando la tarde con su esposa/pareja.
  • 'El motel de la Gallina Inspirada', un relato muy amargo sobre la Gran Depresión y un retrato implacable de la familia.
  • 'Llamada Nocturna', donde el autor retoma Marte como escenario de un triste cuento de soledad, abandono, vejez y locura. Un relato al nivel de lo que recuerdo de Crónicas Marcianas.
  • 'Canto el Cuerpo Eléctrico', una emotiva historia de robots/androides donde se pone de manifiesto la delgada línea que los puede llegar a separar del ser humano.
El resto, bueno, el resto me ha parecido tan ñoño y sentimentaloide que no pienso perder el tiempo ni en copiar los títulos. Muchos niños en proceso de crecimiento y aprendizaje de "las cosas de la vida", mucho adulto rememorando momentos de gran carga emocional de la mano de sus padres (es decir, el progenitor de sexo masculino, cuidado que la aclaración no es superficial) o bien reflexionando sobre su vida y el pasado, y qué bonito es ser escritor, o la belleza de esto o aquello, patatín, patatán. En definitiva, Bradbury tira de recursos facilones para tocar la fibra sensible del lector. Y que conste que no están mal escritos, es solo que la cursilería a mi no me va. Por eso los relatos que he salvado de la quema son, precisamente, los que destilan cierta crudeza. Por cierto, como ya pasara en El Signo del Gato, esta  compilación también se cierra con un absurdo e intragable relato-poema titulado 'Cristo-Apolo' que mezcla cristianismo y exploración espacial y que yo, para no romper la costumbre, tampoco me he molestado en leer.

Tenéis otras reseñas de esta recopilación de cuentos en El Mundo de Yarhel, donde se comentan todos los relatos, y en Derrelictos. En ambos casos sus opiniones son mucho más benévolas que las mías.

29 nov 2011

El Signo del Gato - Ray Bradbury

Ray Bradbury también sabe vivir del cuento. Mi idolatrado Bradbury, autor de obras tan maravillosas como Crónicas Marcianas y Farenheit 451, por cierto dos de mis libros preferidos desde siempre, es muy capaz de escribir relatos terriblemente mediocres, cuando no directamente malos. La mayoría de los 21 incluídos en El Signo del Gato tiene un acusado tufillo personal, íntimo y evocador que me ha impedido ver nada de interés en ellos. Todos, salvo quizás dos o tres ("La Casa", "La Transformación" y "Triángulo"), deberían haberse quedado archivados en ese sótano que el autor menciona en el prólogo y de donde los rescató su editor decidido a publicarlos, no desde luego -y esto es añadido mio- por su calidad, sino más bien para aprovechar su fama y hacerse con unos ingresos extra. El libro se cierra con una especie de relato-poema infame ("El Eterno Orient Express de R. B., G. K. C. Y G. B. S."), que tuve que dejar de leer antes de pasar siquiera la primera página porque me parecía ya el colmo del absurdo y de la tomadura de pelo.

Mi recomendación de hoy es que ignoréis por completo este libro si lo veis en cualquier mercadillo. Por lo que he podido ver en la blogosfera, en general los lectores de esta recopilación no han quedado muy satisfechos con el resultado: ése es el caso de El Mundo de Yarhel y La Biblioteca del Kraken.
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