Mostrando entradas con la etiqueta *William Gibson. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta *William Gibson. Mostrar todas las entradas

28 dic 2021

Historia cero - William Gibson

Hollis Henry ha empezado a trabajar como freelance para la agencia de márketing londinense Hormiga Azul. Hubertus Bigend es el director de la misma y le ha pedido que investige acerca de una misteriosa marca de ropa vaquera cuyas prendas se han vuelto objeto de culto. Bigend piensa que el pasado de rockstar de Hollis puede ser muy útil en esta tarea. Pero las cosas se van a complicar cuando otro empleado de la agencia empieza a ayudarle. Milgrim, que así se llama, estaba en otro proyecto relacionado con los contratos de ropa del ejército estadounidense. Su última intervención para fusilar un nuevo modelo de pantalones ha hecho saltar las alarmas de un misterioso contratista y posible competidor que también anda metido en negocios más turbios con los militares. Así que los empleados de Hormiga Azul van tener que actuar deprisa y montar un plan de defensa, aunque no están muy seguros de que vayan a salir indemnes.

Historia cero es una novela de acción ambientada en 2010 en la que William Gibson emplea todas las estrategias narrativas habituales de sus novelas de ciencia-ficción, pero recurriendo a los elementos tecnológicos reales que existían en torno a esa fecha. No se puede negar que las ideas sobre las que se articula son bastante originales: el mundo de los negocios, espionaje industrial, mercadotecnia underground, etc. Incluye además muchos elementos que a priori pueden resultar atractivos a un amplio sector de lectores: el mundo de la moda, bandas de rock en plena grabación de un nuevo álbum, Londres como otro personaje más. Sin embargo la novela es ridícula hasta provocar aburrimiento. Gibson, fiel al estilo que le hizo famoso con Neuromante, inunda el texto de información totalmente prescindible para la trama. En su momento me hizo gracia, pero ya me quejé de esto mismo la última vez que leí algo suyo. En una estimación conservadora a la baja yo diría que sobra la cuarta parte de lo escrito. Y no se trata solo de sus típicas pedanterías de marcas, objetos y filias tecnológicas, que pueden ir desde cosas bastante conocidas como Gore-Tex, Kevlar o tasers, a otras que no lo son tanto, como Semtex, ekranoplanos o los robots inspirados en animales de Festo. No, es que el padre del cyber-punk hace descripciones agotadoras y da detalles interminables sobre los aspectos más triviales que uno se pueda imaginar y que parecen puestos con el ánimo de rellenar espacio. Porque aportar, evidentemente no aportan nada.

Por lo demás, la trama hace aguas por todos lados. No le tiembla el pulso a Gibson a la hora de introducir más y más personajes a conveniencia y como caídos del cielo (de Londres), para así poder salir de todos los berenjenales en que se va metiendo. La sensación de incredulidad al leer solo es comparable al fetichismo tecnológico del autor. Además una pátina cinemátográfica inunda el texto, como si al escribirlo ya estuviera pensando en una posible venta de derechos para una adaptación a la gran pantalla. Eso sí, como hay tanta acción y tantos diálogos las páginas vuelan. Aunque mucho menos se tarda en no leerlo y seguro que es más reconfortante. En definitiva, que ya estoy muy cansado del rollo de Willian Gibson y con este título suyo se le ha acabado el conteo en Das Bücherregal.

5 oct 2017

Idoru - William Gibson

La red difunde el rumor de que Rez, el cantante chino/irlandés líder del longevo y mundialmente conocido dúo Lo/Rez, va a contraer matrimonio con Rei Toei, un ídolo de la canción sintético que solo existe como holograma en el mundo físico y software en el mundo virtual. Ante semejante desvarío, propio sólo de una estrella del rock, su conmocionado guardaespaldas y responsable de seguridad, el australiano Keith Blackwell, contrata a Colin Laney. Colin es un analista de datos extraordinariamente hábil a la hora de descubrir puntos nodales en información aparentemente incoherente, pero que cayó en desgracia en su anterior trabajo. Así que el brillante consultor de datos se marcha a Tokyo a tratar de descubrir si hay alguien detrás de las ridículas ideas de Rez. A Tokyo viaja también Chia McKenzie, una jovencita de 14 años, miembro del club de fans de Lo/Rez de Seattle. Su intención es descubrir si las habladurías sobre su adorado Rez son ciertas. En el vuelo se sienta junto a Maryalice, una mujer peculiar pero simpática, que cargada de maletas, le pide ayuda para pasar una de ellas por el control del aeropuerto destino.

Idoru es la sengunda entrega de la denominada Trilogía del puente de William Gibson. La acción transcurre en el mismo escenario globalizado/hipertecnológico/distópico que la primera entrega, y aunque las tramas son totalmente independientes, comparte algún personaje de menor trascendencia (el guardia de seguridad Berry Rydell, que protagonizara Luz virtual). En esta ocasión la trama se desarrolla en el Tokyo reconstruido tras el gran terremoto que también afectó a California, como ya sabíamos de anterior volumen. Si por algo se caracteriza el argumento es por explotar hasta la saciedad los elementos distópicos del cyberpunk que popularizó este autor. Se podría decir que aproximadamente un 25% del texto son descripciones encaminadas a ponernos en ambiente. Me refiero a cosas como:
"Un crepúsculo anaranjado al otro lado de una ventana inclinada con marco de metal imprimía colores aceitosos en el cielo."
O bien:
"Las cuatro sillas de la sala tenían respaldos estrechos y altos, todos rematados por una reproducción en acero del Sombrero del Elfo Malvado."
Puestos a pensar me parece que la estimación del 25% es incluso conservadora. Me atrevería a decir que una de cada tres frases no aporta nada al argumento. Porque ya me diréis a mí de qué sirve saber, por ejemplo, ya sea que...
"El mono de Typorex de la camarera refulgía sobre la mesa biedermeier emplastada con incrustaciones de chips de silicio de viejas computadoras en desuso."
...o que...
"Chia soñó con una playa cubierta de fragmentos aplastados de electrónica: criaturas como cangrejos que se escabullían, con las patas rayadas como resistores viejos."
Con ello no quiero decir que la historia sea aburrida o tenga fallos de estructura o desarrollo. No es eso, de hecho la novela no está mal. El problema es que Gibson abusa de las descripciones hasta agotar al lector. Llega un momento en que cada vez que pasas página eres capaz de detectar las frases innecesarias de un simple vistazo. Aparecen todas a la vez como resaladas por un efecto de postprocesado digital. En un alarde de esa nobleza que tengo y que pocas veces demuestro, puedo entender la necesidad del autor de sobresaturarnos de referencias a esos escenarios high-tech porque la novela data de 1996 y por entonces, el ideario cyberpunk no estaba tan instalado en el inconsciente colectivo. Es eso o ganas de exprimir la gallina de los huevos de oro tras un descenso en las ventas de los anteriores libros, se me ocurre. De todas formas, lo que no le voy a negar al escritor norteamericano es su gran capacidad de anticipación y la exactitud de muchas de sus predicciones. En esta ocasión, destaca el riesgo de que los gobiernos mundiales quieran alterar la neutralidad de la red... ¡siete años antes de que el término fuese acuñado! Lo cual no es óbice para que otras veces pierda un poco el norte, demostrando que afectación y química no están reñidas en frases tan absurdas como:
"La furgoneta de Arleigh olía a monómeros de cadena larga y a electrónica caliente."
La narración va alternando capítulos con las dos tramas, confluyendo ambas cuando se aproxima el final. Esta técnica es también muy propia de Gibson, que si mal no la recuerdo explota hasta la friolera cifra de cuatro hilos argumentales en Monalisa acelerada. Resumiendo, vuelta a los orígenes para componer una obra que sin ser mala, se ve lastrada por las opresivas y repetitivas descripciones que no aportan nada y empañan el recuerdo de la buena impresión que causaron en Neuromante. Para mi sorpresa no he encontrado muchas reseñas en la blogosfera en español, así que os dejo la de El jardín del sueño infinito nada más. No estoy muy de acuerdo con ella, pero todo sea por fomentar la pluralidad de opiniones.

4 nov 2015

Luz virtual - William Gibson

Chevette Washington es una joven mensajera que opera en San Francisco. Tras una entrega en un hotel de lujo acaba por casualidad en una fiesta que se está celebrando en otra planta de ese mismo hotel. Su aspecto y su ropa hacen que destaque en ese mar de riqueza y opulencia, lo cual llama inmediatamente la atención de un tipo que pulula por allí. Este individuo intenta ligar con ella, pero ella lo rechaza y en un acto un irreflexivo provocado probablemente por la frustración, le roba unas gafas de sol antes de marcharse. Berry Rydell es un joven policía de L.A. al que las cosas no le salen bien. Apenas unos meses activo en el cuerpo y tiene una desafortunada intervención en un incidente con un drogadicto que provoca su expulsión del cuerpo. De ahí pasa a la seguridad privada, donde también es víctima accidental de una jugarreta a las pocas semanas de servicio y de nuevo al paro. Así que a modo de favor para compensarle por lo ocurrido, le proponen un trabajo en San Francisco. Aparentemente se trata solo de hacer de conductor de un tal Lucius Warbaby, alguien a quien se recurre cuando se quieren resolver asuntos digamos "delicados" en los que no se puede implicar ni siquiera a una agencia privada de investigación. Y cómo no, al Sr. Warbaby le han encargado recuperar... ¡bingo! Las gafas robadas.

Luz virtual es una novela negra que se desarrolla en un futuro próximo y en un interesante contexto con ligeros tintes distópicos, fundamentados sobre todo en una importantísima brecha socioeconómica a causa del capitalismo salvaje. También una serie de desastres medioambientales y catástrofes (principalmente terremotos), que han asolado por ejemplo California y Japón, han provocado una reconfiguración del mapa político terráqueo. Se trata de la primer volumen de la denominada Trilogía del Puente, llamada así debido a que el Puente de la Bahía entre San Francisco y Oakland juega un papel importante en la trama. Tras el seísmo y la construcción de un túnel alternativo al mismo, la estructura fue abandonada por las autoridades locales y se convirtió en un refugio para las capas más desfavorecidas de la sociedad, así como de todos aquellos que se oponen al sistema y se niegan a ser controlados por él.

En retrospectiva sorprende el poco peso que William Gibson concedió a la telefonía móvil en el futuro que imaginó. De igual forma, otorgó a los mundos virtuales y a la realidad aumentada un peso y una presencia inexistente aún a fecha de hoy. Pero a pesar de que no siempre consigue acertar en muchas de sus predicciones tecnológicas, hay que reconocer que la atmófera general en la que trascurre la historia resulta muy verosímil, pues la construye con unas mínimas especulaciones sobre la situación existente en el momento de su escritura, a mediados de los 1990s, alguna de las cuales se han demostrado muy acertadas. Por lo demás, la trama noir no es demasiado compleja. El argumento es bastante más fácil de seguir que cualquiera de las novelas de la Trilogía del Ensanche. Nada de deidades vudú virtuales, ni pseudofilosofías místico-digitales, ni viajes alucinantes por un ciberespacio cuya descripción resulta bastante difícil de comprender. La acción me ha resultado especialmente creíble por incluir especulación inmobiliaria, paraísos fiscales, grandes corporaciones con cientos de ramificaciones, cárteles de droga, corrupción, etc. etc. En resumen, una lectura no muy profunda pero adictiva y entretenida. Curiosamente no hay muchas reseñas de esta obra del padre del cyberpunk en la blogosfera; de lo poco que he encontrado y más que nada para que tengáis otra opinión os remito a El jardín del sueño infinito.

18 nov 2014

Mona Lisa acelerada - William Gibson

Con Mona Lisa acelerada por fin termino la Trología del Sprawl, que incluye además Neuromante y Conde Cero. La acción transcurre en el mismo futuro hipertecnológico y superpoblado que el resto de la saga, unos 10 años después de finalizar el anterior volumen. William Gibson repite de nuevo el mismo formato narrativo que en la segunda entrega (¿también era así en la primera? No sabría decirlo, hace demasiado tiempo que la leí): en esta ocasión son cuatro hilos argumentales los que se van sucediendo a cada capítulo para confluir poco a poco y finalmente situar a todos los protagonistas en la resolución final.

  • Por un lado tenemos a Kumiko, hija de un importante jefe de la Yakuza, que es enviada a casa de uno de sus asociados en Londres para mantenerla al margen de las luchas que están teniendo lugar entre los clanes de la mafia japonesa.
  • En el siguiente tenemos a Slick Henry, un artista marginal que crea enormes robots a partir de chatarra y que convive con Gentry, un jinete del cyberespacio, en una fábrica abandonada en mitad de una zona contaminada y desolada. Slick se ve forzado a ocultar a un tipo en coma, que resulta ser Bobby Newmark, el 'Conde' de la segunda parte, pues debe un favor al delicuente que lo estaba protegiendo hasta ese momento. 
  • El tercero gira en torno a Angela Mitchell, una famosísima estrella del simestim que no es otra que la hija del científico a quien salvaron de una gran corporación en el segundo libro, y cuyos biochips implantados por gentileza de su padre le permiten entrar en el cyberespacio sin consola externa.
  • El cuarto y último hilo está protagonizado por Mona, una joven prostituta adicta al wiz de gran parecido físico a Angela.
A partir de ahí, como viene siendo marca de la casa, el autor compone una entretenidísima novela de intriga y acción desarrollada en escenarios futuristas y distópicos ideados en los 1980s pero que con el tiempo, se ha demostrado que no distan demasiado de la realidad en la que nos movemos (para mi sorpresa en el capítulo 3 se describe lo que ahora conocemos como drone). Menos mística que la segunda parte, Gibson aprovecha para aclarar un poco el origen de las misteriosas entidades vudú del cyberespacio, seres virtuales cuya existencia y justificación se me escaparó por completo. Además me ha parecido detectar una mejora sustancial en las habilidades narrativas del autor, pues ya no busca tantos golpes de efecto a base de descripciones de ese futuro desolador y de impactantes características tecno-fisiológicas de los personajes, que las hay por supuesto, sino que está mucho más centrado en construir una trama coherente y sin fisuras. Como golpe maestro, este escritor pionero del cyberpunk se las ingenia para cerrar la serie incorporando en este último libro personajes y situaciones de los otros dos, consiguiendo un efecto de globalidad digno de mención. Resumiendo, un final muy bueno que en mi opinión, permite terminar satisfactoriamente la trilogía. Tenéis otra reseña en el Sitio de Ciencia Ficción.

11 jun 2013

Conde Cero - William Gibson

En plena resaca de Neuromante, encontré un montonazo de libros de William Gibson en Todocoleccion.net. En concreto se trataba de todas las ediciones originales de Minotauro en tapa dura del resto de obras de la Trilogía del Sprawl, la Trilogía del Puente completa y el libro de relatos Quemando Cromo, que leí y reseñé en su momento. Así pues, cinco libros del padre del cyberpunk llevan esperando más de un año a que de cuenta de ellos. Como para ciertas cosas soy bastante convencional, el elegido en esta ocasión ha sido el siguiente cronológicamente, esto es Conde Cero, segundo volumen de la también llamada Trilogía del Sprawl/Ensanche.

Conde Cero comparte el mismo futuro hipertecnológico repleto de poderosas megacorporaciones que su antecesora. Se supone que trascurre unos años después de Neuromante, pero lo cierto es que yo, bien porque hace bastante que leí aquélla, bien porque no he estado muy agudo leyendo entre líneas posibles referencias, no he llegado a captar ese paso del tiempo. Bueno quizás sí que se pueda deducir que han pasado algunos años a partir de algunas breves menciones a personajes y lugares que me trajeron a la memoria imágenes de aquélla (especialmente la ahora desaparecida dinastía y empresa del mismo nombre, Tessier-Ashpool). En fin, lo mismo da, la conclusión es que no hay problema en leerlas independientemente.

A nivel narrativo es más compleja que la anterior, pues tenemos tres hilos argumentales diferentes que se van desarrollando en capítulos alternativamente:

  • Por un lado tenemos a Turner, un mercenario a quien una gran compañía (Hosaka) contrata para rescatar a un científico especialista en biotecnología de la Maas, su actual corporación, para de esta forma ponerse al servicio de sus rescatadores.
  • También está Bobby Newmark, apodado Conde Cero, un hacker super bisoño que hace su estreno en el ciberespacio probando un software que casi acaba con él, a raíz de lo cual se envuelto en una confabulación que le supera con creces.
  • Y por último, Marly Krushkova es una especialista en arte caída en desgracia por culpa de un fraude orquestado por su exnovio. Un buen día es contratada por Josef Virek, un magnate de los negocios coleccionista de arte que busca (aparentemente) al autor de unas cajas/esculturas que parecen obra de un Joseph Cornell del futuro.
Éstas son sólo unas breves pinceladas de la trama, la cual lógicamente finaliza con todos los hilos confluyendo. El desarrollo de la historia pasa por diferentes etapas en las que hay un poco de todo: acción, intriga, elementos de novela negra, etc. Todo ello, curiosamente, con bastante menos incursiones en el ciberespacio que su antecesora. El ritmo es muy ágil, lo cual hace que el libro sea bastante entrenido. Hay un número muy elevado de personajes, pero al ser presentados en cada hilo independientemente, en la mayoría de las ocasiones no supone ningún problema asimilarlos. Ahora bien, sobre una extraña intriga de entidades en forma de dioses vudú que pululan por el ciberespacio (con un rito asociado en el mundo real) no puedo comentar gran cosa porque no me he enterado de absolutamente de nada. He consultado la ficha de Conde Cero en la Wikipedia en inglés, donde se dan unas pistas y vaya, como el que lee en arameo. En fin, esto no sé si es achacable a la excesiva sutileza del autor, o bien a mi exclusiva torpeza, que todo es posible.

Resumiendo, una lectura muy amena y adictiva por lo menos para mí. Parte del encanto se debe al lenguaje denso característico de Gibson, con frases descriptivas muy potentes y sugerentes, cortas pero cargadas de referencias visuales y a la cultura (ciber)popular. Eso sí, me queda la sensación palpable de que se me han escapado un par de flecos de cierta relevancia, pero bueno, en conjunto no me puedo quejar.

Otras reseñas de esta novela en Bibliópolis, CiF Perú y El Jardín del Sueño infinito. Por lo que veo el único que no ha entendido el papel y significado de los dioses hatianos soy yo, lo cual viene a confirmar que no he estado muy hábil.

19 may 2012

Quemando Cromo - William Gibson

Después de Neuromante tuve un arrebato de entusiasmo por William Gibson, así que cuando vi un montón de libros suyos muy baratos en Internet no me lo pensé ni un momento y me hice con todos. Tras una revisión de su obra en la Wikipedia decidí empezar la tarea pendiente con Quemando Cromo, una recopilación de sus primeros relatos cortos prologada por otro capo del cyberpunk: Bruce Sterling. Los relatos incluídos son:

  • Johnny Mnemónico
  • El Contínuo de Gernsback
  • Fragmentos de una Rosa Holográfica
  • La Especie (a medias con John Shirley)
  • Regiones Apartadas
  • Estrella Roja, Órbita de Invierno (a medias con Bruce Sterling)
  • Hotel New Rose
  • El Mercado de Invierno
  • Combate Aéreo (a medias con Michael Swanwick)
  • Quemando Cromo
Todos ellos recogen la esencia de su estilo: una mezcla de sociedad hipertecnológica (ingeniería genética, implantes, ciberespacio, realidad virtual, etc.), marginalidad y criminalidad (Yakuzas, turbias y poderosas megacorporaciones -las Zaibatsus-, drogas de diseño, crackeo de software, hardware y ataques de intrusión a sistemas de información, etc.) y traumáticos desengaños amorosos flotando por el ambiente. Sin ir más lejos, el relato que da título a la compilación parece un entrenamiento para lo que posteriormente sería Neuromante. No es mala lectura en absoluto, pero sí es verdad que a mi los cierres me han parecido un pelín flojos, no del todo convincentes en su mayoría. De todas formas, hay dos cuentos que para mi gusto han quedado redondos: "Regiones Apartadas" y "Estrella Roja, Órbita de Invierno". Curiosamente la temática de ambos es claramente espacial, con interesantísimas tramas que tienen lugar en torno a exploraciones espaciales y estaciones orbitales respectivamente.

  • "Regiones Apartadas" es un inquietante y oscura historia que trata sobre la exploración del universo desconocido. El descubrimiento casual de una discontinuidad espacial durante una misión rutinaria a Marte proporcionará a los habitantes de la Tierra la oportunidad de entrar en contacto con otras especies inteligentes, aunque con terribles resultados para los astronautas que efectúan los viajes. Este relato me ha parecido originalísimo y terrorífico. Está increiblemente bien escrito, las diferentes píldoras de información que el autor nos va proporcionando consiguen que la tensión y la emoción vayan aumentando poco a poco, hasta por lo menos en mi caso, llegar a sobrecogerme.
  • "Estrella Roja, Órbita de Invierno", coescrita con Bruce Sterling, nos sitúa en Kosmograd, una estación espacial soviética a punto de ser desmantelada por baja rentabilidad. Las fricciones entre los dos grupos que se crean al conocer dicha noticia nos conducirán a un final soprendente que dejará al lector, sin duda, con una inesperada sonrisa en la cara.
Visto lo visto, estoy convencido que hice muy buena compra. Me queda sin duda mucho que disfrutar con William Gibson. Hay un completísimo análisis de este libro y todos los relatos que incluye en Godmakers.

13 ene 2012

Neuromante - William Gibson

Tengo que admitir que Neuromante no me ha decepcionado ni un ápice. Ha estado a la altura de las expectativas que había puesto en ella en base a la fama de obra mítica, rompedora y pionera de un subgénero de la scifi que estuvo en auge durante los 1980s-1990s. Eso por no hablar de las innumerables reseñas favorables de algunos de mis sitios habituales (Rescepto, El Sitio de Ciencia-Ficción o Fantasymundo). Ya solo el comienzo es evocador de todas las delicias distópicas que vendrán después:
EL CIELO SOBRE EL PUERTO tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto.
Inmejorable. Las connotaciones de marginalidad, delincuencia y trapicheos propias de los puertos. El cielo grisáceo y luminoso que sugiere un paisaje irreal y hostil. Y por supuesto, la comparación del mismo con la imagen de un aparato de TV emitiendo ruido blanco gaussiano, que será la primera píldora tecnológica que encontraremos. Una frase simple, la primera que leemos y la conclusión no deja lugar a dudas: esto promete. William Gibson crea una terminología y unos escenarios totalmente innovadores que vinieron a definir el cyberpunk: interfases hombre-máquina, una avanzadísima medicina con terapias genéticas y cirujía reparadora, de transplantes e implantes de bioingeniería, redes de comunicaciones y matrices de sistemas de información que soportan realidades virtuales y entidades informáticas de Inteligencia Artificial, drogas recreacionales reales que conviven con estimulantes de síntesis ideados por el autor, estaciones orbitales vacacionales y un largo etcétera. A esto hay que añadir una trama con extraño y futurista leitmotiv: una entidad incorpórea de Inteligencia Artificial pretende liberarse de su existencia actual, para lo cual contrata a un variopinto equipo. Un jinete del ciberespacio caído en desgracia por haber tratado de timar a sus jefes. Una mercenaria con implantes biotecnológicos que mejoran su rendimiento. Un individuo de rasgos psicopáticos capaz de generar imágenes holográficas. Todos ellos capitaneados por un antiguo militar implicado en una turbia operación que acabó en desastre y de la cual se ha recuperado física y mentalmente con ayuda de cirujía y fármacos. Capítulo tras capítulo vamos siendo testigos de una acción trepidante que transcurre en diferentes ciudades terrestres y localizaciones orbitales, donde complejas megacorporaciones que rigen el mundo actúan como grandes clanes mafiosos, y con contínuas incursiones en un ciberespacio donde como lector es fácil perderse, ya que nos faltan referencias del mundo real a que agarrarnos. La novela tiene un desarrollo bastante intrincado y exige mucha atención, pero que nadie se alarme, si nos aplicamos bien seremos recompensados con creces. En mi opinión Gibson merece todas las alabanzas que ha recibido por esta obra, pues casi treinta años después de su publicación el futuro que describe sigue mostrando una visión plenamente vigente en la actualidad, y completamente alejada de los planteamientos de obras especulativas de los 1960s y 1970s que hoy día ya consideramos retrofuturistas. Otras reseñas positivas y entusiastas en los links que aparecen al principio del post. Para que no todo sean laureles, en Startdust piensan que Neuromante es una "novela torpe y confusa; novela artificialmente enrevesada, farragosa y equivocada; novela incomprensible y pretenciosa, vana, vacua y ¡encima! letalmente aburrida". ¡Ahí es nada!
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...