El hilo conductor de la narración es un bigote postizo que adquirió en su peluquería. Cuando se lo pone se tranquiliza y se cree una persona nueva. Con la prótesis capilar sobre el labio superior la imaginación del protagonista vuela de forma delirante, de manera que mediante mundos paralelos, viajes astrales y lecturas del tarot es capaz de recordar puntos críticos de su vida que su memoria había bloqueado. Todo está muy entroncado con lo onírico y lo paranormal. También hay mucho de metaliteratura, con narración dentro de la propia narración (a base de cuentos que Jesús improvisa para que su hijo se duerma) y llegado un momento, resulta que es el propio protagonista quien empieza a escribir la historia que estamos leyendo en papel de su antigua empresa. Tras analizar su vida al completo (sus padres, sus orígenes socioeconómicos, su amistades, su carrera profesional, etc.), consigue eliminar capa tras capa de represión para finalmente transformarse en quien de verdad es. Si hay una cita que resume la novela es sin duda la siguiente:
Toda la vida pendiente de la calificación de los otros, de su mirada, para construirme una identidad, que resultó ser una prótesis, con la que poder salir de aquel barrio y triunfar, y ahora resulta que no había salido o que había abandonado en él al niño que me lloraba por las noches, ese niño minusválido y bastardo y muerto e invisibleComo ya he dicho, ni fu ni fa. Se lee en dos tardes y sin molestias, pero para mi gusto dista mucho de entrar en la categoría de recomendables. He encotrado una par de reseñas de Tonto, muerto, bastardo e invisible en El lector impaciente y Lector voraz. Las dos son más entusiastas que la mía, de hecho el último blog lo considera una 'novela mayúscula' y hace un recorrido muy exhaustivo por la trama, que dicho sea de paso, me parece muy acertado.
