12 may 2021

La Institución Smithsoniana - Gore Vidal

Un taxi se detiene en la puerta del Instituto Smithsoniano de Washington D.C. la mañana del Viernes Santo de 1939. Se supone que en esa fecha festiva está cerrado, pero un niño de trece años se baja del vehículo y va muy decidido hacia una de las puertas, que resulta estar entornada nada más. El joven T. ha recibido una misteriosa invitación para personarse allí en esa fecha. Pronto sabremos que es una eminencia en física cuántica cuyas teorías pueden suponer un avance gigantesco para la humanidad, por lo cual esta institución pondrá a su disposición todos sus recursos humanos y tecnológicos para que pueda desarrollarlas y buscarles aplicaciones prácticas, que a la postre tendrán resultados fantásticos e increíbles.

La Institución Smithsoniana es el primer libro de Gore Vidal que leo y lo último que podía imaginarme es pudiera englobarse dentro de la ciencia-ficción. El autor norteamericano elabora una historia de prospección tecnológica, viajes en el tiempo y ucronías que se desarrollan gracias a las revolucionarias teorías físicas del joven protagonista. A pesar de este sustrato inequívocamente fantástico, hay mucho de novela histórica en la narración. No voy a negar que el libro es entretenido y muy divertido (hay una subtrama sentimental y de iniciación sexual de T. que es super graciosa por lo liberal de su planteamiento), pero a mí personalmente la forja de la Unión, las guerras para apoderarse de nuevos territorios, esa retahíla inacabable de presidentes de USA,... Todo me queda muy, muy lejos, y por tanto ha hecho que disminuyera mi interés por desconocimiento, básicamente. Sin duda al público estadounidense le parecerá muy fácil de llevar al tratarse de elementos de su historia fácilmente reconocibles.

Hay no obstante otros aspectos metaficcionales que me han parecido mucho más atractivos. La amenaza de una nueva guerra mundial sobrevolaba el mundo en aquellas fechas, así que gracias al reputado instituto asistiremos a un espectáculo colosal en que próceres de la ciencia (Einstein, Oppenheimer, Fermi, etc.), decidirán el rumbo que tomará la contienda articulando novedosas y devastadoras armas atómicas. Una ojeada rápida a la entrada de este autor en la Wikipedia revela además aspectos biográficos menores que también se incluyen en la trama. Y lo mejor sin duda son las críticas de Vidal a las peores características identitarias de los EE.UU.: desde breves apuntes sobre la esclavitud y el exterminio de los pueblos nativos, a ataques frontales al imperialismo y las guerras de trasforndo económico disfrazadas de guerras en nombre de la democracia y la libertad. Y no le tiembla el pulso ni se anda con medias tintas, no. Lo pone en negro sobre blanco, así que ¡bravo! En definitiva una toma de contacto con la obra de este autor que para nada encajaba en mis expectativas y que sin ser una maravilla, deja buen sabor de boca.

9 may 2021

98 segundos sin sombra - Giovanna Rivero

Genoveva Bravo Genovés es una adolescente que vive en Therox, un pueblo de mala muerte en la Bolivia profunda donde el cultivo de la planta de coca ha desplazado al resto de actividades económicas. Estamos a finales de 1986 y a la joven le queda poco más de un año para acabar la educación secundaria, momento en que confía podrá marcharse fuera de ese agujero a estudiar una carrera universitaria. Junto con Inés ha fantaseado muchas veces con huir, pero la que es su única amiga padece trastornos alimentarios graves y ya apenas sale de casa. Su padre es un ex-guerrillero comunista depresivo y su madre, bastante ausente desde que tuvo a su hermano Nacho, que nació con alguna discapacidad grave, se ha volcado de lleno en la Transcendencia Espiritual. Súmale a todo eso las Madonnas, el grupo de acosadoras del colegio de monjas, y que su abuela paterna que está a punto de morir, y no hay duda de que la vida para Genoveva no es un camino de rosas. Pero entonces conoce al Maestro Hernán, el gurú que está iniciando a su madre en las misteriosas Enseñanzas de Ganímedes. Y algo muy poderoso surgirá dentro de ella.

98 segundos sin sombra es una de las novelas más emocionantes y vitalistas que he leído en mucho tiempo. La protagonista es una adolescente solitaria e introspectiva que sin embargo está decidida a aprovechar todas las posibilidades que la vida está por ofrecerle. Sus dieciséis años no se dejarán vencer por los problemas familiares y los propios de la edad a los que tendrá que encarar. Y que conste que Giovanna Rivero no tiene compasión y además de al acoso, embarazos adolescentes y la violencia estructural de Latinoamérica, la enfrenta a la soledad, la enfermedad y la muerte. Pero Genoveva saca fuerza de la juventud para superar un drama cuya mangnitud ni siquiera creo que llegue a ser capaz de determinar. Ése es precisamente uno de los grandes logros de la novela y de la autora: lograr transmitir un optimismo demoledor frente a la desdicha. Otro acierto sin duda es la verosimilitud del personaje principal. Todo lo más podremos decir que es un poco redicha y marisabidilla, pero en ningún momento el diaro escrito en primera persona que constituye esta obra parece volcado desde una perspectiva adulta. Que es uno de los mayores errores con los que resulta habitual encontrarse en este tipo de narración retrospectiva con elementos autobiográficos (porque está claro que tiene que haber mucho de Rivero en Genoveva).

En definitiva la historia me ha parecido apasionante y contada con una sensibilidad y crudeza incomparable. En mi caso en particular la nostalgia ha jugado en su favor, y eso que yo no suelo conceder tregua a la nostalgia. Pero es estoy tan harto de que los móviles, las redes sociales y la tecnología en general copen la relaciones interpersonales en la literatura actual, que verme transportado a un tiempo dominado por walkmans y cintas de cassette me ha resultado tremendamente refrescante. El único pero que puedo ponerle es el uso de localismos y dialectalismos desconocidos para mí. A los cuales se suma la jerga adolescente. Pero entiendo que son totalmente necesarios para dotar de autenticidad a la narración. Aunque me hayan dificultado la comprensión del texto en ocasiones no suponen ningún problema para disfrutarla, al margen de que algunos son divertidísimos y encantadores, como los modismos construidos con el sufijo -ingo/a: todingas, seguringo, viejinga, etc. Y como colofón, el cierre no podría haber sido mejor. A pesar de que la perspectiva de lector adulto no permite prever nada bueno en la conclusión de la historia de Genoveva, el final se produce en el instante preciso para hacerte pensar que hay lugar para la esperanza y la aventura. Y cuando en el corazón ya no te queda apenas hueco ni para lo primero ni para lo segundo, ese golpe de efecto ha conseguido que la sonrisa me dure todavía varios días después (aunque a un nivel subfacial, todo sea dicho).

5 may 2021

La pesquisa - Juan José Saer

Hay dos hilos argumentales en La pesquisa, que van entrelazándose a medida que van cayendo páginas. En el primero, el comisario Morvan está al frente de una unidad especial de la policía creada expresamente para detener a un asesino en serie que ya ha matado a veintitantas ancianas de París. En el segundo, conocemos a Pichón, un argentino que vive en París y acaba de volver a Buenos Aires después de veinte años de ausencia para resolver algunos asuntos personales. Allí se reune con sus antiguos amigos, que cuentan con él para tratar de determinar la autoría de una novela anónima encontrada entre los papeles de un escritor ya fallecido, y que también formaba parte del grupo de amigos de entonces.

Llego a Juan José Saer a través de las entusiastas reseñas de su obra en Un libro al día. Me pongo a curiosear un poco por Internet y vía Wikipedia me entero de que «tres de sus novelas —El entenado, La grande y Glosa— figuran en la lista confeccionada en 2007 por 81 escritores y críticos latinoamericanos y españoles de los mejores 100 libros en lengua castellana de los últimos 25 años». Así que me decido a poner remedio a esta carencia mía rápidamente con la novela que me ocupa hoy, que es la que he podido conseguir en la biblioteca. Y vaya decepción. No sé las tres mencionadas un poco más arriba, pero desde luego ésta me ha parecido insustancial y prescindible a más no poder.

Para empezar ninguna de las historias tiene apenas interés. No van a ningún sitio, no aportan nada. No son ni originales, ni atractivas ni nada. Son anodinas. La trama criminal está llena de clichés, es insulsa, aburre y es predecible. Y la literaria no tiene ni contenido ni cuerpo. Y la forma en que convergen las dos es simple y ramplona a más no poder. Pero no es en esta tibieza temática donde he encontrado el principal problema, aunque resulte difícil de creer después de la sarta de adjetivos negativos que le he dedicado. En absoluto.

El gran obstáculo que he encontrado es el estilo de Saer, insoportable para mi gusto. Frases larguísimas llenas de yuxtaposiciones y subordinadas de relativo que describen el entorno y dan detalles sobre cosas o ideas sin ninguna relación con la trama. Párrafos enteros con cero información de interés para la acción y en los cuales el autor se va por las ramas a nivel bosque milenario de secuoyas. Hay algunos temas recurrentes que a pesar de su absoluta falta de relación con las historias, se repiten una y otra vez a lo largo de todo el texto. El invierno en París, por ejemplo. La nieve, el frío, la falta de luz habitual en esta estación. Detalles triviales que se incrustan decenas de veces y después de los cuales se revela algún ínfimo detalle del asesino psicópata. Y en Buenos Aires la descripción de la terraza de un bar donde se han reunido los amigos a charlar rellena páginas y páginas en las que no hay nada que merezca la pena saber. Una vez he detectado estas características tan molestas me he dedicado a saltar párrafos casi enteros. Más que leer, parecía que estaba haciendo un análisis sintáctico exprés, buscando la esencia en el sujeto, verbo y complementos de la oración principal y eliminado silos enteros de paja sobre la cerveza (sabor, temperatura idónea, la cantidad de espuma tolerable para considerar que se ha tirado bien), las tapas y raciones que se han pedido para cenar, el color de las camisas que llevan puestas los personajes y cómo el sudor lo altera, o unos insectos nocturnos que revolotean en el cielo nocturno del final del verano. Y como éstas, decenas más.

Por si todo esto fuera poco (tres cuartas partes del total, tirando por lo bajo), Saer emplea con profusión dos de los virtuosismos estilísticos que más detesto. Por un lado las frases comparativas de inferioridad: «le producía menos inquietud que una repulsión vaga y persistente»; «apreciaban menos la justicia que las jerarquías»; «menos escandalizado que alerta»; «le parece adivinar menos hipocresía o interés que la búsqueda (...) de una razón». Por otro las frases en las que elementos gramaticales negativos (adverbios, preposiciones) modifican un verbo de significado negativo. «Sin estar enteramente en desacuerdo»; «no se abstenía de emplear la tortura»; «no carecía ni de perspicacia ni de exactitud». Que conste que a mi estas construcciones me parecen alternativas perfectamente válidas para otorgar  variedad al discurso, pero para mi gusto abusar de ellas vuelve el texto retorcido y denso.

¿Y qué hago yo ahora con este escritor? ¿Me atreveré con alguna de las tres novelas que en 2007 los críticos consideraron entre las cien mejores escritas en castellano en los veinticinco años inmediatamente anteriores? No lo tengo del todo claro, la verdad. El libro incluye al final una pequeña semblanza del autor en la que se comenta que junto con Onetti, Saer es el escritor rioplatense más influído por Faulkner tanto en los espacios ficcionales (personajes y localizaciones recurrentes), como en «la prosa trabajada, de oraciones largas, (...) combinandola con detalladas descripciones de los espacios y acción narrativa». De Faulkner solo he leído Santuario y no recuerdo una prosa cargante ni frases largas. De hecho me gustó bastante así que dudo mucho que tuviera ninguna de esas características. En todo caso es probable que no tenga suficiente base para opinar. Pero los Cuentos de Santa María de Onetti me resultaron insoportables justo por las razones mencionadas. El panorama no me invita a repetir, las cosas como son. Aun así no descarto volver a intentarlo a medio plazo, pero cuando eso ocurra no pienso darle tregua.

2 may 2021

La joven ahogada - Caitlin R. Kiernan

A India Morgan Phelps (Imp para los amigos) la locura le viene de familia. Que ella sepa, su madre, su abuela y una tía de su abuela también padecieron trastornos mentales de importancia. Por suerte su esquizofrenia está controlada con la medicación. Y su afición a la pintura y la escritura le sirven como terapia para canalizar sus problemas. Nada de lo cual impide que tenga delirios, manías u obsesiones que según en qué ocasión pueden ser preocupantes. Una de sus fijaciones es el cuadro de un pintor simbolista no demasiado conocido llamado Phillip George Saltonstall que se titula La joven ahogada. Lo vio por primera vez con tan solo once años, en una visita a un museo motivada por su afición vocacional a los pinceles. Y la verdad es que no puedo contar mucho más del argumento porque es tan lioso, tan inconsistente, tan, tan esquizoide, que solo puedo reconocerle el mérito a Caitlin R. Kiernan por su habilidad a la hora de transmitir la forma de actuar de un enfermo mental. Porque el relato al que asistimos son las memorias escritas por la protagonista y por tanto, sufre de todas las dificultades que desde mi total desconocimiento clínico y personal, podría suponer que tiene un enfermo de estas características. 

Para empezar la narradora no solo no es fiable sino que es contradictoria. No resulta difícil entender que las mentiras, omisiones y diferencias del discurso entre lo que nos cuenta en un capítulo y dos más adelante podrían ser producto de bloqueos, fantasías, alucinaciones, constructos mentales con que se intenta proteger o que simplemente toman control de sus actos. Hay un capítulo en concreto, supuestamente escrito después de haber abandonado la medicación sin conocimiento de su psiquiatra, que es, simple y llanamente, incomprensible. De los cut-ups de William s. Burroughs se pueden sacar más cosas en claro que de aquí. ¿Escritura automática de los surrealistas? Tan objetiva y unívoca como el prospecto de un medicamento en comparación con Imp sin sus pastillas. De todas maneras tengo la impresión de que llegar a escribir de manera tan ininteligible no deja de requerir un gran esfuerzo. Otra cosa es que el resultado final compense el tiempo dedicado a leerlo. Que en mi opinión es un NO rotundo.

En cualquier caso y al margen de mi total incapacidad para sacar nada en claro, el libro tiene ideas buenas. Kiernan trabaja sobre todo el concepto de hechizo o encantamiento como una idea perniciosa que se transmite y propaga contagiando a las personas. Es en cierta manera el efecto nocivo de una transmisión cultural maligna equiparable a un meme, y nos da varios ejemplos de ello. Así se refiere a Aokigahara, el famoso bosque de los suicidios de Japón. Lo interesante del caso es que dicho paraje solo empezó a ser destino de los suicidas tras la publicación en 1960 de la novela 'Kuroi Jukai' ('El Bosque Negro') de Seicho Matsumoto, en la cual dos amantes eligen ese bosque para quitarse la vida. Luego también me parece digo de mencionar que la protagonista sea lesbiana y que su pareja sea una mujer transexual. Que yo recuerde, es la primera obra de ficción en la que me encuentro un personaje transexual, al menos uno que tenga tanta importancia en la trama y a quien se otorge un enfoque tan normalizador y positivo (ninguna de las dos muere, tumbando así el tropo tan habitual de los personajes LGTB en la literatura). Como no podía ser de otra forma, hay una razón de peso para la elección de las protagonistas: la propia autora es una mujer transexual y lesbiana, aunque ahora prefiere denominarse a sí misma como género fluído (vía Wikipedia). De todas formas estas ganas de sacar algo de provecho son solo patéticos intentos de compensar lo que para mí ha resultado una pérdida de tiempo total. La historia no solo me ha resultado un lío sin pies ni cabeza, sino además, bastante pedante. Extractos de poemas a cada poco, insufribles incursiones en el mundo del arte, sesudos análisis de cuentos y leyendas tradicionales, sectas suicidas, bla, bla, bla. Un pastiche que debería haber aumentado mi lista personal de abandonos y que a decir verdad, todavía no entiendo por qué lo he terminado.

29 abr 2021

El caballero inexistente - Italo Calvino

Agilulfo Emo Bertrandino de los Guildivernos y de los Otros de Corbentraz y Sura, caballero de Selimpia Citerior y de Fez, sirve al emperador Carlomagno en su lucha contra los musulmanes que amenazan su imperio en una guerra que se prolonga ya muchos años. Agilulfo es un modelo de dedicación y entrega en la contienda. Pero no existe. Es decir, dentro de su armadura blanca, no hay nadie. Aun así, debido a su gran fuerza de voluntad y su fe en la santa causa que los mueve, es capaz de prestar sus inestimables servicios.

El caballero inexistente me ha parecido por encima de todo una historia divertidísima en forma de libro de caballería. Detrás de todos los tópicos de aventuras que podamos asociar al género (batallas contra los infieles, secuestros de doncellas, los Caballeros del Santo Grial, etc. etc.), hay un enfoque humorístico inequívoco que provoca la risa por los disparates que se narran sobre los numerosísimos personajes que se embuten en una trama tan breve.

De todas formas no hay que olvidar en ningún caso que Italo Calvino trata además muchos temas de transfondo filosófico para dotar de sustancia al texto. La existencia, la voluntad, la indentidad. La percepción de uno mismo y de los demás. Todo ello orientado a destacar la profunda contradicción que bulle dentro del ser humano. Temas sociales también hay: los abusos del poder, la búsqueda de una sociedad igualitaria. De todas formas cada uno de estos apectos puede ocupar poco más que una página o unos cuantos párrafos aquí y alla. No creo que el autor italiano tuviera en su ánimo hacer un tratado sobre ninguno de ellos. Actúan como contrapuntos a una trama aparentemente frívola de la que destacaría el dominio del lenguaje de Calvino, pues logra transportarnos a la Edad Media (o a la idea que ha tenemos de la misma), con la ayuda de sintaxis arcaizantes y el léxico propio de las historias de caballería. En definitiva una obra divertida y con mensaje que se lee en un par de sentadas. ¡Y a otra cosa, mariposa!

26 abr 2021

Todo esto para qué - Lionel Shriver

Shepherd Knacker frisa los cincuenta cuando por fin decide cumplir el sueño que tiene desde que era un adolescente: macharse a algún lugar del mundo donde sus dólares norteamericanos le permitan vivir desahogadamente el resto de su vida. Ha trabajado duro, y una buena oportunidad en los negocios le ha permitido ahorrar el dinero suficiente para lograrlo. Sin embargo ha sido objeto de burlas de sus compañeros de trabajo durante mucho tiempo. Su propia familia lo ha considerado más bien una excentricidad de su carácter, un sueño algo ingenuo pero irrealizable que toleraban porque le permitía seguir adelante con ilusión. En cualquier caso él siempre lo ha tenido muy claro y ya ha elegido el destino: Pemba, una paradisíaca islita en la costa de Tanzania. Ha comprado tres billetes solo de ida para él, su mujer Glynis y su hijo menor Zach. Tiene muy claro que se marchará con o sin ellos. Cuando por fin se lo cuenta a su esposa se encuentra con una noticia terrible que le hace desistir de inmediato: a Glynis le acaban de diagnosticar un cáncer muy poco frecuente y de muy mal pronóstico. Así que no se lo piensa ni un instante y abandona su sueño para ayudarle en todo lo posible.

La toma de contacto con Lionel Shriver ha supuesto una conmoción. Todo esto para qué es la novela más asombrosa que llevo leída en lo que va de año. Es demoledora, despiadada, brutal. Pero es absolutamente veraz. Como bien indicaba el convincente gon en Mis lecturas de 2020 ordenadas en 10 niveles distintos de disfrute personal, del entusiasmo al aburrimiento, que fue quien me lo dio a conocer y a quien no podré estar nunca lo suficientemente agradecido (¡gracias, gracias de verdad! ¡Gracias!), estamos ante un título que trata del dinero, la enfermedad y la familia. Es decir: LOS TEMAS. Pero por aquello de ocupar algo más mi tiempo y no terminar la reseña aquí, veo esas tres cuestiones y por afinarlas un poco más los pareo respectivamente con el capitalismo, la muerte y la incomunicación.

Shriver emplea el texto para realizar una crítica feroz y totalmente justificada al modelo de salud privada de los EE.UU. Sabido es el problema que supone a los estadounidenses garantizar su salud, aunque en realidad todos aquellos que vivimos en países con sistemas de salud pública y universal no somos conscientes de su verdadera magnitud. Incluso contando con un seguro médico como un beneficio de la nómina (algo muy habitual en el llamado país de las oportunidades, ¡ja, ja, ja! ¡Perdonad que me ría!), los copagos, las coberturas, las franquicias, los coaseguros y demás zarandajas con que las aseguradoras garantizan su margen beneficio consiguen que el mesotelioma de Glynis se funda en pocos meses los $700.000 que Shep tenía destinados a su jubilación anticipada. La escritora norteamericana emplea al mejor amigo del protagonista para censurar la gestión de los impuestos de USA. Sus invectivas filoanarquistas y antisistema resultan divertidas por el entusiamos con que se expresan, y desde luego incuestionables en el fondo, pero por desgracia son patéticas en su desesperación e inutilidad.

¿Y qué decir del análisis de la familia y la incomunicación al que nos vemos obligados a asistir? Porque Shriver nos fuerza a contemplar las miserias que existen en todas las familias. No nos ahorra un disgusto. Lo bueno es que lo hace con un tino y una perspicacia que te deja asombrado, estupefacto. Esa universalidad de mezquindad humana hace que una autora que por nacimiento está alejada de mi experiencia personal miles de kilómetros y más de una década, sea capaz de recrear en sus personajes actitudes que me han congelado la sangre por las incuestionables similitudes que existen entre una familia de ficción y la mía. Resultaría lamentable y rastrero entrar en detalles, pero casi con total seguridad también lo habréis visto en las vuestras: avaricia, egoismo, indiferencia, mentira, manipulación, desapego, desinterés,... En fin para qué seguir. Y ojo que tampoco quiero que penséis que yo estoy en el lado bueno. En una familia cualquiera hay cizaña para todos. Eso es lo que se cuece dentro de uno de los pilares de la sociedad. Y no nos olvidemos de la enfermedad y la muerte. Dos de los mayores tabúes actuales que existen actualmente en occidente. El primero nos vuelve indeseables ante los demás y el segundo nos desarma al exponernos sin reparos al gran misterio de la existencia humana. ¿No querías caldo? ¡Pues toma dos tazas!

Supongo que a estas alturas es más que evidente que éste es uno de los libros más reveladores del 2021, el cual dudo que pueda ser desbancado de mi top 3 personal en lo que queda de año (y quedan unos cuantos meses todavía). A pesar de su calidad incuestionable, no estoy seguro de que se pueda recomendar a tontas y a locas. No solo porque los temas no son del agrado de todo el mundo sino porque Shriver escribe como si diera cuchilladas. Cada una de sus frases contiene tantas verdades que se tienden a bloquear inconscientemente para evitar el dolor que nos producen, que enfrentarse a ellas se siente como una flagelación. Imposible deprimirse ante personajes que mantienen un optimismo insensato en circunstancias terriblemente adversas, al igual que asombran aquellos otros que no se avergüenzan de alinearse con el pesimismo filosófico y que dudan mucho de que la vida sea un regalo. Porque ese mensaje gusta en este blog, mucho más si viene acompañado de una obra tan redonda.

22 abr 2021

Señor del espacio y el tiempo - Rudy Rucker

Viernes por la tarde. Joe Fletcher se dirige al aparcamiento tras acabar su jornada laboral en Softech. Cuando entra en el coche para volver a casa se encuentra con su viejo colega Harry Gerber sentado en el volante. Un Harry de tan solo cinco centímetros. Y una versión aún más pequeña de su amigo está en la caja de cambios. Y unas motitas que corretean por el salpicadero también parecen versiones cada vez más reducidas de Harry. El mayor de ellos le cuenta que viene del futuro. Pero para que eso sea posible, va a necesitar que mañana sábado le lleve $2.000 a la tienda de reparación de electrodomésticos donde trabaja tras el cierre de Fletcher y Cía. Así podrá construir el blúnzer, un artefacto que va más allá de una simple máquina del tiempo, pues le permitirá llegar a convertirse en el Señor del Espacio y el Tiempo.

Señor del espacio y el tiempo es una novela que juega con conceptos habituales en la ciencia ficción pero con un enfoque claramente humorístico y disparatado. Se trata de una actualización de los cuentos tradicionales con genios que conceden tres deseos, pero desarrollada con elementos de ciencia-ficción de cierto peso científico, como la física de partículas o los espacios multidimensionales. Pero que nadie se asuste, por más que estos puntos de apoyo puedan tener cierta conexión con teorías científicas reales, no son más que simples estrategias para buscar la complicidad con el lector friki salido del fandom. No en vano el propio Rudy Rucker además de tener una sólida formación universitaria en ciencias exactas, se interesa por la filosofía y las sustancias enteógenas.

Aunque el objetivo de la novela es divertir, con lo cual uno no esperaría demasiada profundidad, hay que reconocer que logra momentos gloriosos retorciendo paradojas temporales y describiendo escenas demenciales y absurdas con un marcado transfondo matemático. De todas formas el formato es bastante simple: acción agotadora y desmadrada con diálogos ligeros todo el rato. No obstante la novela tiene también algo de sátira. Rucker se ceba especialmente con las religiones y los gobiernos. Y desde luego sabe encontrarle un punto perverso a los deseos que se conceden mediante el uso del blúnzer, empleando para ello en el giro habitual que hace que terminen volviéndose en contra de quien los ha solicitado. En el lado negativo, le he encontrado un ligero tufo machista que históricamente siempre se asocia a los frikis. No sé si el hecho de que se escribió en 1984 puede llegar a justificarlo, pero me ha rechinado un poco tanto insistir en tías buenorras con tetas como pomelos, a lo que se suman unas pinceladas de homofobia, ocasionales pero irritantes. Es fin, es una novela simpática y ocurrente a ratos, pero bastante intrascendente, las cosas como son.

19 abr 2021

La única criatura enorme e inofensiva - Brooke Bolander

Regan es una joven trabajadora que ha sufrido un envenenamiento por pintura radiactiva. Muchas de sus compañeras ya han muerto, y a ella no le falta mucho. Mientras llega ese día, se está encargando de enseñar a unas elefantas a hacer el que antes era su trabajo. Paquidermos desahuciados de circos y zoos, comprados por dos duros por la empresa que la ha condenado a muerte, y que son especialmente útiles en esta tarea porque resisten mucho mejor la radiación. Además los humanos se pueden comunicar con ellos mediante un lenguaje de signos cuyos rudimentos se conocen desde hace algún tiempo. Una de las elefantas se llama Topsy y es muy peligrosa. Ya ha matado a varias personas, domadores del circo o simples curiosos que la torturaban y maltrataban porque solo es un animal. Regan quiere dejar todo de dinero que pueda a su familia antes de morir, pero se siente traicionada por el mundo. Así que dar a Topsy el mismo tratamiento que ella ha recibido le parece una infamia injustificable.

Esta es la línea argumental de La única criatura enorme e inofensiva que se ha dado a conocer en casi todos los medios culturales y blogs de reseñas. Brooke Bolander parte de dos sucesos reales ocurridos a principios del S. XX para ficcionar una historia que denuncia unos hechos tan indignantes como tristes. Por un lado, el envenenamiento por radio de las trabajadoras de la U.S. Radium Corporation. Por otro la ejecución pública por electrocución de la elefanta Topsy, un animal que torturado en un zoo, se vengó matando un total de tres personas. Esta trama me ha resultado devastadora, no solo porque se haya inspirado en unos acontecimientos tan abyectos, sino porque tras pasar por la pluma de la escritora norteamericana, consiguen emocionar e indignar aún más. Pero esto no es todo lo que podemos leer en esta novela de poco más de cien páginas, hay más.

Tambien conoceremos a Kat, la empleada de una gran corporación con una tarea muy amarga: convencer a la gran matriarca de las elefantas para que se sacrifiquen en nombre de la humanidad. En esta subtrama, situada en un futuro indeterminado tras la historia de Regan y Topsy, los humanos proponen a las paquidermas pintar su piel con una pintura radiactiva para que quienes las vean sean conscientes del peligro que acecha en la montaña en que los animales viven. Por último y como tercera subtrama, conoceremos los orígenes de la leyenda de las elefantas como portadoras de la tradición oral de su especie. Estos dos hilos argumentales no me han resultado tan apasionantes como el expuesto en primer lugar. La historia de Kat no es nada compacta, hay demasiada indefinición para mi gusto. Como idea global solo me transmite que el ser humano es egoista sin remedio. Condenado por sus genes a repetir todas sus malas acciones una y otra vez, sin que le quede otra alternativa. Y respecto a la última, el mito de las elefantas está narrado en una prosa poética que a mi personalmente me ha resultado difícil de seguir. Desde luego no le quito el mérito de evocar una narrativa oral transmitida por otra especie, pero eso no la hace especialmente inteligible. En definitiva, no tengo claro si la historia de Regan y Topsy me sirve para salvar la impresión general del libro, o bien las otras dos consiguen tumbar el resultado. Como yo también soy de la opinión de que el ser humano no tiene remedio, le doy un aprobado raspado.
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