11 jul. 2020

El marido de mi hermano (1 y 2) - Gengoroh Tagame

Mike va de visita a Tokyo a conocer a la familia de su difunto marido, Yaichi Origuchi. Su cuñado Ryoji, hermano gemelo de su esposo, tiene ciertos prejuicios sobre esa relación y sobre la homosexualidad en general. Sin embargo su hija Kana acepta con total naturalidad a su tío canadiense y está deseando presentarlo a todos sus amiguitos.

Gengoroh Tagame es conocido sobre todo por sus cómics de subgénero bara: manga homoerótico con una fuerte carga de violencia, fetichismo y BDSM. Sin embargo El marido de mi hermano es apto para todos lo públicos. De hecho se trata claramente de un artefacto de activismo gay, pues la trama intenta combatir los prejuicios y el rechazo a la homosexualidad desde un enfoque muy adaptado a las particularidades de la sociedad japonesa. Según nos cuentan los personajes, la discriminación al colectivo LGBTQ+ en el país del sol naciente es muy sutil y de índole social. No se caracteriza por agresiones ni violencia, sino que más bien los lleva al ostracismo y al aislamiento de su entorno.

El proceso de asimilación y aceptación que experimenta Ryoji está sacado de manual pero tiene algunos momentos muy elocuentes. El esfuerzo que realiza en cambiar su forma de pensar se ve marcado por la proyección que hace en la pequeña Kana de los problemas que experimentó con su hermano, ya que hubo un distanciamiento entre ambos cuando Yaichi salió del armario ante él. Y eso es algo que no estaría dispuesto a repetir si se diera el caso con Kana. Porque al fin y al cabo podrían gustarle las chicas al hacerse mayor. La historia es muy sencilla y emotiva, y trata de normalizar no solo la homosexualidad, sino otra serie aspectos en los que Japón se muestra bastante tradicional y reaccionario: familias monoparentales (Ryoji está divorciado y es quien cuida de su hija porque su ex-mujer prefirió dedicarse a su carrera profesional), tatuajes (que se relacionan con el crimen organizado y los delincuentes), etc. No deja de ser una pena que el catalizador de ese cambio tenga que ser la muerte de su hermano (sí, otro personaje gay más que cumple con el estereotipo), pero también hay que reconocer que el fallecimiento de alguien cercano nos remueve por dentro y hace que nos replanteemos muchas cosas de nuestra vida.

En cuanto a apartado gráfico, los dibujos son en tinta negra, excepto unas pocas páginas introductorias en color en alguno de los cuatro tomos originales. Cuando los personajes están en primer plano están perfectamente delineados, pero si forman parte de un escenario o paisaje, las caras se simplifican para mostrar los típicos ojos y bocas niponas habituales en el manga. Por cierto que a modo de curiosidad es la primera vez que leo un manga en su formato original, esto es de derecha a izquierda y empezando por la esquina superior derecha de lo que en occidente sería la última página del volumen. Tampoco es que haya leído mucho manga, pero en esas escasas ocasiones anteriores se habían adaptado al formato occidental. Lo cierto es que no supone ningún problema y enseguida te acostumbras.

7 jul. 2020

La Reina del Sur - Arturo Pérez-Reverte

Teresa Mendoza es una joven de poco más de veinte años que tiene que salir huyendo de México porque los narcos han matado a su pareja. El Güero Dávila, que así se llamaba, pilotaba una avioneta para pasar a EEUU la droga de un cártel de Sinaola, pero descubrieron que aprovechaba los viajes para pasar su propia mercancía. Así que por esas extrañas fidelidades que aplican en el mundo de la mafia, Teresa está también condenada. Sin embargo con ayuda de un antiguo patrón del difunto consigue llegar a España. Empezando en Melilla y después afincándose en la Costa del Sol, logrará crear un imperio basado en el tráfico de droga de terceros por todo el Mediterráneo.

La Reina del Sur es la primera novela que leo de Arturo Pérez-Reverte. Vaya por delante que en general no me gustan nada las historias de gánsters y cárteles de la droga, pero también es verdad que alguna película de mafiosos me ha sorprendido muy positivamente. Me cuesta recordar alguna que no sea de Guy Ritchie, pero con las suyas me vale como ejemplo. Así pues este título ya empezaba con bastante mal pie, y por desgracia para mí el autor cartagenero no ha conseguido dar con lo que hace falta para entusiasmarme cuando se trata de novela negra y crimen organizado.

El gran problema que tiene este libro es su total y absoluta linealidad. Son casi quinientas páginas de narración donde todo se da mascadísimo al lector. Con la complejidad narrativa de un cuento para niños, pero contenido para adultos. Primero A, que nos lleva hasta B. De B nos trasladamos a C. De C a E pasando por D. Así unos doce años de trama. Construida a modo de falso reportaje biográfico, un famoso reportero está llevando al papel la historia de Teresa Mendoza, y para ello, en las entrevistas con que se abren los capítulos se nos dará un adelanto sobre diferentes sucesos que han marcado la vida de la sinaolensea a modo de introducción. A continuación, dichos acontencimientos se desarrollarán por los diferentes personajes que la acompañaron desde su precipitada salida de su país. Este formato se repite capítulo tras capítulo y llega a ser bastante cansino. Como aburrida y cansina es la obsesión por la veracidad que impregna las páginas. La afición al detalle y la exactitud que demuestra Pérez-Reverte podría ser útil en un informe geológico, pero es totalmente innecesaria para una novela. Ese exceso de celo documental y wikipédico lastra el contenido hasta límites de lo absurdo. Porque por mucho que la protagonista se dedique al transporte de droga por medios marítimos, ya me diréis a mí qué utilidad tiene para la historia saber que:
"Las hélices de acero que acababa de instalar -una levógira y otra dextrógira, para compensar el desvío producido por la rotación- tenían menos diámetro y más paso helicoidal que las originales de aluminio;"
Pero ese afán por la versolimilitud también tiene su lado bueno. Por ejemplo la voz de todos los personajes mexicanos está muy lograda y por lo menos desde mi punto de vista, suenan mexicanos de verdad. Lo cual supone terminar saturado de pinches, güeys, güeros, cabrones, órales, diminutivos, la madre esto y el padre aquello, etc. etc. Y también hay que reconocer que el escritor ha trasladado al papel con un verismo que espanta todo el cutrerío del submundo de la droga en España durante los años en que transcurre la acción (la década de los 1990s y principios de los 2000s más o menos). En lugar de sordidez y marginación lo que tenemos son nuevos ricos haciendo ostentación de su poderío económico: cochazos de lujo, relojes caros, solomillos en los mejores restaurantes de Madrid, carabineros y mariscadas las playas de la Costa del Sol, jamoncito y fino en Jerez. Un horror. Lo cual tiene mérito porque transmite a la perfección la imagen de falso glamour y éxito en aquellos años de pelotazos de dudosa legalidad (urbanísticos, políticos, etc.).

Tampoco es que los personajes tengan mucha profundidad. Y mira que casi 500 páginas dan para desarrollarlos. Pues no hay manera, super planos. Ya sean narcos mexicanos, la clase alta andaluza, la capos gallegos, los militares marroquíes o los mafiosos rusos también afincados en las costa malagueña, ninguno tiene ningún rasgo con el cual podamos identificarnos mínimamente. En que podamos reconocer algo nuestro para conectar, por poco que sea. Por cierto que curiosamente hay un personaje homosexual de cierto peso: Patricia O'Farrell, socia de la protagonista. Y como no podía ser de otra forma, muere, cumpliendo así con el estereotipo sobre gays y lesbianas en la literatura. De hecho se suidicida porque estaba enamorada de Teresa desde que se conocieron en la cárcel y nunca pudo superar su desinterés sentimental.

Resumiendo, pasará mucho, mucho tiempo antes de que lea otra novela de Pérez-Reverte. Por cierto ya la tengo, otra de esas jugarretas que me hago a mí mismo por pasar tanto tiempo en tiendas de libros de segunda mano. En cualquier caso no creo que mi rechazo a su obra afecte ni a su popularidad ni a su bolsillo. A pesar de todos los inconvenientes que he señalado, podéis comprobar que la he terminado. Lo mismo daría haberla abandonado pero es tan fácil de leer que una vez empezada, no me ha supuesto esfuerzo seguir. Todo lo más me ha creado algunas dudas más sobre leísmo, loísmo y verbos transitivos. Pero como estamos ante un académico de la lengua, será seguramente problema mío.

3 jul. 2020

La bóveda del tiempo - Brian W. Aldiss

Hoy volvemos a tener a Brian W. Aldiss en Das Bücherregal. A este paso pronto va a entrar en el top five de los autores más leídos del blog. Todo por lo fácil que es conseguir libros suyos en el mercado de segunda mano y esa incapacidad que tengo de reprimir mis impulsos consumistas en cuanto entro a alguna tienda Re-Read. Y si dijéramos que su obra es la hostia, pues todavía se puede entender, pero como poco se puede calificar de muy irregular. Que sin ir mas lejos es el caso de La bóveda del tiempo. Se trata de una recopilación de once cuentos que trancurren en la Tierra en un periodo que abarca unos cuantos millones en el futuro. Todos ellos están vagamente relacionados (muy vagamente, ojo), y como tema de fondo trabajan las diferentes vías de evolución del ser humano para transformarse en una nueva especie que deje atrás al homo sapiens. Aunque esta percepción de globalidad es más una intención que una  realidad, y solo viene a reflejar el deseo de encontrarle sentido a este conjunto de relatos cortos.

Hay algunas buenas ideas, no me malinterpretéis. Más aún si consideramos que los relatos son de finales de los 1950s (ver detalles en la ficha de la Tercera fundación), y uno esperaría los enfoques habituales en la ciencia-ficción de aquellos años. Tenemos mutantes, invasiones alienígenas y robots; sí, todo muy fifties, pero el tratamiento que les da el autor británico es muy original y se sale de lo convencional. Algunos cuentos muestran contextos distopicos y/o post-apocalípticos a los que hay que reconocerles el mérito y que parecen adelantar lo que en muy pocos años nos vendría con la New Wave: control de natalidad, catástrofes ecológicas, el lenguaje como herramienta que facilita la evolución humana, etc. A estos aspectos a los que me he aferrado para buscar el interés se contraponen por desgracia textos dífíciles de comprender, inconexos y muy antropocéntricos. Tanto es así que en tan solo un par de millones de años, la Tierra, pasa de estar excluida de una suerte de federación de planetas de toda la galaxia por su bajo nivel de desarrollo, a convertirse en la capital de la misma. Aunque las cosas como son, el último relato corrige el error que concibe al hombre como eje sobre el que gira el universo para presentarnos la especie que lo sustituirá en forma de un humanoide que, ¡sorpresa! ¡tiene una alimentación 100% vegetal! Aldiss incluso menciona expresamente a través suyo lo ilógico que resulta depender de la carne de animales para nutrirse.

De todas formas la impresión que me ha dejado el libro es muy mala. Tres tontunas inesperadas que me han parecido simpáticas no compensan este despropósito. Y no estoy muy seguro de que podamos culpar exclusivamente al autor británico por ello. La traducción de la edición de Caralt que he leído es pésima. La estructura de las frases es enrevesada, los términos elegidos suena mal, los intentos de transmitir cierta intención poética fracasan estrepitosamente. Por momentos el texto se vuelve incomprensible y la lectura agónica. Y a eso hay que sumarle las faltas de ortografía y las erratas, que no son pocas. En la ficha del la Tercera fundación señalan este problema y por su mejor traducción, recomiendan la edición de Veron, titulada El dosel del tiempo. Yo siendo más prudente sugeriría dedicar el tiempo a otra cosa, y si hay ganas de leer a este autor en formato corto, sin duda ir a por La estrella imposible.

29 jun. 2020

Retorno a Brideshead - Evelyn Waugh

En plena II Guerra Mundial el ejército de Su Majestad ocupa parcialmente la mansión de Brideshead para usarla como centro de operaciones de una de sus unidades. Charles Rayder es uno de los oficiales que acaba de llegar a esta residencia señorial, la cual conoce muy bien porque durante casi dos décadas fue íntimo de los Flyte, dueños de la misma y pertenecientes a la reducida aristocrácia católica del Reino Unido. Esta ocasión le servirá para, a modo de relato autobiográfico, darnos conocer su vida, ligada de manera indisoluble a esa familia desde que conoció a Sebastian Flyte durante su primer año en Oxford.

Retorno a Brideshead es uno de esos título míticos de la literatura británica del siglo XX que siempre he tenido curiosidad por leer. Tenía un vaguísimo recuerdo de la adaptación en forma de serie de TV de principios de los 1980s, pero se limitaban al conjunto de clichés habituales en este tipo de obras sobre la clase alta británica: elitismo, relaciones familiares desafectas, homosexualidad, etc. Una vez leída no puedo decir que me haya sorprendido comprobar que efectivamente todos esos temas aparecen, aunque hay mucho más. Para empezar hay que admitir que la novela está muy bien escrita. La prosa de Evelyn Waugh es muy clara y descriptiva. El ritmo que impone a la narración hace que sea muy fácil y agradable de leer. Dividida en tres partes, a las que se suman un prólogo y epílogo bantante cortos, me quedo con la primera de ellas por haberme resultado la más entretenida. Se debe seguramente a que comprende los años locos de los jóvenes protagonitas. Las otras dos no es que sean aburridas, pero al entrar de lleno en la madurez de los personajes, adquieren un tono más serio.

Los temas de fondo son un poco repetitivos y abarcan todos los que recordaba y algunos más. Supongo que el autor se limita a reflejar la realidad de una clase social que entró en decadencia en el período de entreguerras y que empezó a perder su influencia ante la llegada de arribistas que contaban con poder económico más que con apellidos e historia. Podemos ver cómo la modernización de la sociedad dinamitó las convenciones de la nobleza: divorcios, separaciones, aceptación de las parejas no casadas, etc. Por otro lado la homosexualidad se trata de manera muy encubierta dado que en aquellos años resulta motivo de vergüenza (y de cárcel). La intimidad que Charles y Sebastian mantienen de jóvenes es difícil de concebir sin que ambos sean amantes. Y el alcoholismo que desarrolla el segundo podría deberse a la no aceptación de su condición de homosexual o a la pérdida de su gran amor, pero en realidad nunca se llega a mencionar expresamente. Suma que el único personaje que es abiertamente gay resulta humillado y ridiculizado a cada poco y podemos concluir que aunque Waugh no llega a matarlos, el retrato de la homosexualidad que nos muestra no es que sea para tirar cohetes precisamente. También la religión tiene bastante peso en la trama, sobre todo en la tercera parte. El enfrentamiento entre el ateísmo de Charles y la profunda religiosidad de la mayoría de los Flyte llega a ser un poco cansino, pero al menos está muy bien traído y aparece en el momento adecuado. Lo curioso del caso es que a pesar del rechazo visceral que me provoca este tipo de relatos de las upper classes británicas (es solo pensar en El filo de la navaja y se me pone el vello de los brazos como escarpias), he de reconocer que la novela me ha resultado muy amena.

26 jun. 2020

Sábado, domingo - Ray Loriga

Una noche de fiesta del verano de 1988 termina mal. Al menos esa es la impresión que tiene el joven protagonista. Él y su amigo Chino (un pijo cínico y abusivo, pero con un magnetismo inexplicable), habían ligado con una camara latina. ¿Venezolana? ¿Colombiana, quizás? En cualquier caso su belleza, exotismo y desparpajo destacaban en el nada multicultural Madrid de aquel entonces. Los tres terminaron en el chalet de Chino, que se la llevó a su habitación debido a su mayor descaro, atractivo y experiencia. Federico, que así se llama el protagonista, aunque es un nombre que detesta, está muy borracho y se queda adormilado en el sofá. Hasta que lo despierta un disparo y ve a su amigo con un pie ensangrentado. Entonces se desvanece en un episodio de narcolepsia, enfermedad que padece desde pequeño. Al despertar no hay rastro de la supuesta debacle. El chalet está en perfecto estado, así que huye de allí sin preguntar y rompiendo todo contacto con Chino. Veinticinco años después, Federico acude con su hija adolescente a la fiesta de Halloween del colegio de ésta. Allí termina charlando con la camarera de aquella noche, quien también asiste a la celebración con sus hijos. Ella le pregunta por su amigo con lo que a su entender es algo de malicia. Él admite haber perdido el contacto por completo desde hace años, pero a partir de ahí y con ayuda de su prima Gini, intentará dar sentido a su vida y en particular, a ese incidente tan oscuro.

Dividida en dos partes, Sábado, domingo es una novela corta que reflexiona sobre la madurez y sobre la imagen que construimos de nosotros mismos, confrontando nuestra idea del yo con la visión que tienen los demás de nuestra persona. Es también un texto que trabaja muy bien la percepción de la realidad y cómo nuestra interpretación de la misma se ve condicionada por nuestra manera de ser, y a la vez, condiciona lo que somos. Dicho así parecería que más bien se trata de una obra de Philip K. Dick y no de Ray Loriga. No es el caso, para nada. El relato salido de la pluma del escritor madrileño es totalmente realista y refleja a la perfección tanto las inseguridades adolescentes como las dudas de la madurez.

La primera parte me ha resultado totalmente absorbente. La caracterización de los personajes y sus preocupaciones no puede ser más acertada y próxima a una época y un lugar que yo tuve la oportunidad de conocer de primera mano. Y además con la misma edad del elenco protagonista. Federico, su prima Gini y Chino encajan a la perfección en el ideario de los jóvenes de aquellos años. Las preocupaciones son las habituales de ese momento extraño de transición de adolescente a joven maduro: incertidumbre ante el futuro, amor y sexo, la definición de la personalidad y las relaciones. Y Loriga logra manejarlas a su antojo para guiar esa trama que al principio no sabemos si es de intriga y misterio o más bien de crecimiento personal. Tanto por el lado más humilde que representa Federico (en lo humano y en lo socioeconómico), como por el más acomodado y arrogante de Chino, el autor ha conseguido capturar al milímetro el Zeitgeist de la juventud madrileña de aquel momento. El relato va acompañando de algunos detalles y referencias contextuales muy veraces, que como inconveniente, podrían resultar ajenos a quién no los conoce. De todas formas aparecen en su justa medida y se usan solo como puntos de apoyo a la narración, no como ejes centrales.

Al aire de thriller juvenil de la primera mitad de contrapone la segunda parte, que se centra en la relación entre los personajes de Federico y su prima. Esta parte es un poco más cruda y no tan atractiva como la primera. A pesar de que el estilo sigue siendo muy ágil, enfrentarse a la inmadurez de un hombre de cuarentaitantos años resulta más cargante. Claro que pensándolo bien ése es mérito del escritor. Sin duda la triunfadora de esta sección es Gini, la prima del protagonista. Cuando este último le expone sus inseguridades, la coherencia y simplicidad de sus argumentaciones vapulean el débil y ridículo sistema de creencias de su primo, cuya infelicidad y padecimientos se basan tan solo en su falta de carácter. Por resumir, un libro que me ha sorprendido muy positivamente y que viene a reforzar mi interés en Loriga. Se lee en una sentada y la primera parte, por sí sola, constituye una pequeña obra de arte de angustia existencial juvenil a finales del siglo XX.

22 jun. 2020

El ejecutivo. Una historia de terror - Thomas M. Disch

Robert Glandier es un ejecutivo de alto rango en Techno-Controls. Es eficaz y despiadado en el mundo de los negocios, así que no le importa demasiado ser la comidilla de la empresa. Con 41 años y muchos kilos de más, a nadie le extraña que su esposa Giselle, una joven todavía en la veintena, le abandonara sin previo aviso. La historia terminó de manera dramática para ella: apareció estrangulada en Las Vegas y la policía nunca encontró al cupable. El libro comienza haciéndonos partícipes de la angustia de Giselle por estar muerta y enterrada. Su alma no ha encontrado la paz y está esperando el momento adecuado para volver a la superficie y atormentar a su asesino: su propio marido.

El ejecutivo. Una historia de terror es un libro que mezcla terror (quién lo diría con ese subtítulo, ¿verdad?), acción, suspense y humor negro, en la cual se puede detectar además un leve sustrato de críticas moderadas a aspectos varios de la sociedad. ¿Y qué dice el refranero español sobre quien mucho abarca? Pues que poco aprieta. Se trata de una novela coral con un número muy alto de personajes, cada uno de los cuales la conduce por unos derroteros: historias de fantasmas, detectivescas, sobrenaturales, con sexo, violencia, activismo gay, etc. etc. No voy a decir que Thomas M. Disch no consiguió escribir un libro entretenido, desde luego que lo es. Sin embargo es demasiado acelerado, de hecho sigue el formato habitual de los best-sellers: capítulos cortos que se cierran en un cliffhanger, predominio de los diálogos y la acción, trama plagada de multitud de personajes e hilos argumentales... Esta parece ser una característica de la obra de Disch a partir de los 1980s, cuando dejó de lado la ciencia-ficción y la New Wave y empezó a publicar novelas de terror: es innegable que El cura, de 1991, tiene una estructrua muy similar.

No hay mucho más que rascar. Hay que reconocer que ciertos golpes de humor negro tienen bastante gracia, pero para desequilibrar la balanza en contra, algunas escenas violentas resultan muy desagradables de leer y lo que es peor, no vienen a cuento y su único objetivo parece ser epatar. También asistimos a una recreación muy original de conceptos propios del más allá católico (limbo/purgatorio/paraíso), ligándolos con elementos de la cultura popular. Por desgracia a fecha de hoy están ya un poco agotados porque se han empleado enfoques análogos en películas y series de TV. En definitiva un entretenimiento ligero en el que se puede detectar algunas críticas al capitalismo, al consumismo, y algunas puyas bastante directas a la iglesia católica, a la que acusa de homofobia sin ningún tapujo. No creo yo que vaya a quedar como un clásico.

18 jun. 2020

La quinta cabeza de Cerbero - Gene Wolfe

Cuando empecé con Das Bücherregal hace diez años me dio muy fuerte por la colección Acervo ciencia/ficción. En aquel entonces el mercado de libros usados era la única manera de hacerme con muchos títulos descatalogados, que por desgracia siguen sin reeditarse. A aquel entonces pertencen Todos sobre Zanzíbar de John Brunner, Incordie a Jack Barron de Norman Spinrad, Noche de luz y Los amantes de Philip J. Farmer o Candy man de Vincent King, que en su gran mayoría leí y reseñé en 2010. Con La quinta cabeza de Cerbero de Gene Wolfe termino con todos los tomos de esa editorial que compré hace ya una década. Alguien podrá preguntarse por qué no di cuenta de esta novela en su momento. Pues bien, puedo señalar a la serie El libro del sol nuevo de este mismo autor como responsable del ostracismo a que he sometido a este libro durante tanto tiempo. Los cuatro libros que leí de esa pentalogía(1), más próxima al género fantástico de espadas y mazmorras que a la ciencia-ficción, me provocó un rechazo total a su obra. Sin embargo la novela que comento hoy no tiene absolutamente nada que ver: estamos ante un texto asombroso que, desde un enfoque que recoge lo mejor de la New Wave, pone en evidencia algunas de las inmundicias que caracterizan al ser humano.

La acción transcurre en los planetas gemelos Sainte Anne y Sainte Croix, a 20 años luz de la Tierra. Ocupados originalmene por colonos francófonos, perdieron su control en una guerra posterior ante otra potencia terrestre que no se especifica. Se cree que en Sainte Anne había una especie humanoide nativa capaz de transmutarse físicamente en otros seres. Apenas un par de generaciones después de la colonización, la posible existencia de estos aborígenes se ha transformado en una leyenda de tintes mitológicos. De hecho, la Hipótesis de Veil especula con la posibilidad de que los abos aniquilaran y reemplazaran a todos los humanos, de tal forma que los colonos y sus descendientes son en realidad, la raza original que habitaba el planeta.

La obra se compone de tres novelas cortas: La quinta cabeza de Cerbero, "Una historia", por John V. Marsch y V.R.T. La primera tiene un lenguaje y estilo bastante convencional. Supone la toma de contacto con este universo creado por Wolfe. La segunda se redacta en forma de leyenda original de los nativos de Sainte Anne; es quizás la más complicada de enteder debido a todas las imágenes oníricas y primitivas que se expresan con la dificultad propia de un pueblo que tecnológicamente se encuentra en el paleolítico. La tercera es la más innovadora a nivel narrativo. Se trata de una serie de textos en formato variado (las notas de cuadernos de campo de un antropólogo, transcripción de entrevistas, entradas de un diario, etc.), que leídos por un tercero nos dan una composición de lugar sobre un estudio de los anneses originales.

A mí el contexto me ha resultado tremendamente original, no solo por la ambientación en esos dos mundos gemelos sino también por las particularidades del pueblo aborigen. De igual forma resulta sorprendente la habilidad de Wolfe para componer las narraciones en formatos muy dispares para que se adapten al objetivo de las mismas. Por cierto que el escritor apenas ofrece información concreta, obligando al lector a atar cabos en base a un texto repleto de datos parciales y que carece de respuestas claras. Y para finalizar las críticas a las miserias del colonialismo no pueden ser más obvias: el exterminio y olvido a que se ha sometido a los nativos de Sainte Anne no es en absoluto diferente al que históricamente han padecido muchos pueblos de la Tierra. Por resumir y al contrario que la serie que he mencionado antes, este libro queda recomendado a más no poder.





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(1) Ver La sombra del torturador, La garra del conciliador, La espada del Líctor y La ciudadela del Autarca

14 jun. 2020

El Jarama - Rafael Sánchez Ferlosio

La acción de El Jarama transcurre en un caluroso domingo de verano, en algún punto de ese río cerca de San Fernando de Henares, a rebosar de gente debido a las altas temperaturas. La trama nos acerca por un lado a un grupo de jóvenes madrileños que ha ido allí a pasar la jornada y a darse unos baños un sus aguas, y por otro a los habituales de una fonda en las proximidades del mismo, punto de encuentro de la pandilla desde unos años atrás. A medida que conocemos a unos y otros iremos comprobando las condiciones en que se vivía en España a mediados de los 1950s. Y sean de procedencia urbana o rural, cada grupo irá desgranando las dificultades de sus modestas vidas, monopolizadas por trabajos humildes y mal pagados y encorsetadas por una moral católica reaccionaria que apenas deja margen de maniobra para la expresión de sus intereses e individualidades.

Esta novela me ha conquistado por agotamiento. A decir verdad me he pasado unos dos tercios de la misma reputeando de su marcado trasfondo de realismo social (más bien diríamos neorrealismo por las fechas en que fue escrita), del drama de la clase trabajadora, de la miseria y la marginación de la vida en la España de los 1950s. Sin embargo, como está muy bien escrita, con unos diálogos ágiles y unas reflexiones muy acertadas que proceden de la sabiduría del pueblo llano, no me ha supuesto ningún esfuerzo continuar la lectura. En mi rechazo inicial también ha influído que Rafael Sánchez Ferlosio opta un un registro lleno de vulgarismos en un intento de reflejar la extracción socioeconómica de los personajes. El uso del infinitivo como imperativo (incluso en la forma negativa, algo que yo he visto muy pocas veces), el típico laísmo madrileño, el mucho menos frecuente loísmo... No digo que sea un mal método para lograr transmitir los orígenes humildes de los personajes, pero aun así me resulta condescendiente y me cuesta asimilarlo.

En todo caso llegado cierto instante las barreras de negación y obstinación que había levantado inconscientemente fallaron y algo en mi hizo click. Simplemente acepté que esa resistencia inicial se debía a lo cercana que me estaba resultado la narración. Las frustraciones y las penalidades que se narran podrían perfectamente haber sido las de mis padres, las de mis tíos, las de toda la generación de jóvenes de los años cincuenta que tuvo que sufrir la dictadura franquista y las penurias de un país emprobrecido como resultado de la Guerra Civil. Incluso visualizaba todos los escenarios y personajes en base a los recuerdos que tengo de las viejas fotos de mis padres, que en aquellos años tenían la misma edad del grupo de jóvenes.

Una vez aceptada la realidad de las cosas, casi me derrumbé producto de las emociones contenidas, con la pena a la cabeza. Aunque bueno también hay que decir que el tercio final de la novela es el más dramático, cuando se aproxima el final de la diversión del día de ocio y la vuelta a la rutina es inevitable. La desesperación hace entonces mella en todos, una sensación que salvando la distancia, los años y la intensidad, se sigue repitiendo todavía y sin duda será conocida por quienes leéis estas líneas. En fin, ha sido una lástima no haber podido disfrutar de la historia desde el principio, pero bien está lo que bien acaba.
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