17 oct. 2017

El zoo de papel y otros relatos - Ken Liu

El zoo de papel y otros relatos incluye un total de 15 textos de narrativa corta, la mayoría relatos aunque tres o cuatro pueden considerarse novelas cortas debido a su extensión (podéis consultar los títulos en su ficha de la Tercera fundación). Los hay de de ciencia-ficción y y los hay clasificables dentro del género fantástico. Casi todos incorporan elementos históricos y/o del folclore de los países del lejano oriente que los hacen muy interesantes y originales, por lo menos para mi gusto. Taiwan, China, Japón o Corea proporcionan a Ken Liu la nacionalidad de la mayoría de los protagonistas y el decorado en que se desarrollan las narraciones.

Resulta admirable que el autor norteamericano de origen chino aproveche sus obras para dar a conocer las atrocidades que han cometido los gobiernos de diferentes países en muchos momentos de la historia: la discriminación y abusos sobre los inmigrantes chinos que ayudaron a trazar las vías del tren en EEUU, los experimentos médicos sobre seres humanos que realizó el ejercito japonés durante la ocupación de China en los años 1930s, la guerra sucia del gobierno USA contra el comunismo chino en los países de la zona, etc. Solo por atreverse a denunciar estas miserias, el libro está más que recomendado. Aunque también tengo que reconoceer que Liu tiene algunos tics y algunos momentos que empañan el resultado final, aunque no demasiado. Para empezar es un poco dado a tirar del sentimentalismo para provocar la emoción fácil: madres que han sufrido lo indecible y que son despreciadas por sus hijos adolescentes, niñas trasladadas junto con su familia a paises exóticos y que no consiguen hacer amigos, etc. En segundo lugar, muchos de los elementos de ciencia-ficción que usa en sus cuentos tienen cierta base científica real que el escritor se empeña en indicarnos a modo de notas aclaratorias. Esto no sé si lo hace para justificarse -cosa que me parece totalmente innecesaria-, o bien por otorgar un justo reconocimiento al autor original de las ideas que ha empleado -algo que desde luego es digno de elogio pero totalmente innecesario también-. Y no puedo terminar sin que decir que en un par de ocasiones los temas tratados están tan manidos que no me cabe en la cabeza que a estas alturas de la película alguien sea tan inconsciente de seguir escribiendo sobre ellos (pérdida de privacidad en las redes o la evolución del ser humano a formas de vida más elevadas).

En todo caso y por resumir, he disfrutado mucho leyéndolo y las 500 y pico páginas de la edición en papel se devoran casi sin darte cuenta. En esta ocasión no tendréis problema para encontrar otras reseñas de este libro, pero por si os da pereza buscar en Google ya os dejo yo las de Libros y literatura y El pez volador. En una maniobra muy arriesgada para los tiempos que corren, los primeros incluyen en la misma términos como "paradigma" y "zona de confort", así que mejor ir directamente a la segunda que en lugar de semenjantes despropósitos propios del dossier corporativo de una multinacional tiene un breve resumen de todos los textos.

13 oct. 2017

El filo de la navaja - William Somerset Maugham

Larry Darrell es un joven que huye a Canadá y miente sobre su edad para poder alistarse como aviador en la I Guerra Mundial. Lo que vio luchando en Francia le hizo volver a Chicago siendo una persona completamente diferente, de manera que con tan solo veinte años su actitud ante la vida indica que las cosas que preocupan a los chicos de su edad están muy fuera de su órbita. En casa de su novia, Isabel Bradley, conoce al autor/narrador, quien está invitado a cenar con su madre, hermana de su gran amigo Elliott Tempelton. Elliot es un coleccionista y tratante de antigüedades que lleva muchos años viviendo en París, donde ha conseguido ascender con gran éxito en el escalafón social, hasta tal punto que la nobleza y la élite más selecta le tienen entre sus iguales. A lo largo de los siguientes años y de la mano del escritor británico, conoceremos las andanzas de los componentes de este grupo y de su entorno más cercano.

Detrás de un título tan prometedor como El filo de la navaja no hay más que un relato rancio y acartonado de la forma de vida de las clases más pudientes desde principios de los 1920s y hasta mediados de los 1930s, año arriba, año abajo. William Somerset Maugham es el narrador en primera persona de toda la historia, en la cual se reparte la atención principalmente entre Elliott Tempelton, un snob patético cuyo único objetivo en la vida es codearse con la aristocracia y la alta burguesía, y Larry Darrell, cuya búsqueda de la espiritualidad es lo único que ha sobrevivido con dignidad en el argumento. A pesar de que el autor cree ser ecuánime y equidistante por criticar tanto la pedantería del primero como la ingenuidad del segundo, adopta una actitud de superioridad moral muy propia de la clase alta británica, algo que por un lado consigue equiparale a Elliot en cuanto a ridiculez y afectación, y por otro revela su hipocresía ante la sencillez de Larry.

A nivel estilístico el texto tiene bastantes características que lo hacen parecer añejo y rebuscado. Podemos empezar por el vocabulario, lleno de términos poco frecuentes y que hacen pensar en un tipo obsesionado por evitar repetir palabras aunque el precio a pagar sea usar sinónimos residuales en el leguaje hablado: cenceño, zumba, feble, aserto, futesa, enteco, etc. Sintácticamente tampoco se libra de usos arcaizantes de tiempos verbales ("como no tuviera a nadie a quien acudir..."), pronombres enclíticos ("Mostróse de amabilidad infinita", "Dijérase que nada deseaba sino..."). Por no hablar de la abundancia de alteraciones en el orden de los elementos de la frase para imprimirle pompa y esplendor ("con aquel su malicioso desenfado en el cual era maestro", "el camarero trajo la cerveza que para mí había pedido"). En todo caso y a pesar de todo lo que he dicho, el libro se lee con mucha facilidad, otra cosa es que lo que lees llegue a aportar algo o simplemente entretenga.

Entiendo que cada escritor es mayor o menor medida producto de su tiempo y de sus orígenes, y por supuesto tiene todo el derecho a crear un estilo propio. Faltaría más. Sin embargo yo como lector también soy en mayor o menor medida producto de mi tiempo y de mis orígenes, así que no me tiembla el pulso al escribir que se trata de una obra que no me ha interesado lo más mínimo. Ni en la forma, ni en el fondo. El rechazo que me provoca proviene de la arrogancia, la prepotencia y la condescendencia que rezuma cada oración de Somerset Maugham. Aunque la concepción de la vida que tienen todos los personajes, excepto Larry, tampoco ayuda mucho porque nada tiene que ver conmigo. Tenéis más reseñas en Querty libros, Tertulia Porvenir XXI y el Club de lectura de la vaquería. A diferencia de mí, todos están encantados con la novela.

9 oct. 2017

Las pisadas del diablo (Horrorama Vol. 4)

Verano de 1969 en Ipswich, una pequeña ciudad de Massachusetts no muy lejos de Salem. Brandon Waite, su novia Sarah, su hermano Dexter y su cuñada Tabitha llevan semanas enfermos. La situación les desborda cuando esta última pierde el bebé que esperaba en circunstancias muy extrañas. Brandon sospecha que el espíritu de su difunto padre, William Waite, conocido en todos los alrededores por sus prácticas ocultistas y su afición a la nigromancia, anda detrás de la desgracia. Así que el protagonista, que desde joven ha sido instruído en las artes mágicas, tiene que invocar antiguos rituales para convocar a seres demoníacos y descubrir la verdad. Tras su primera incursión en la magia negra, las cosas no resultarán tan bien como esperaba.

Las pisadas del diablo es un cómic de terror incluido en la colección Horrorama de la editorial Recerca, de algunos de cuyos números ya he dado cuenta en el blog. A pesar de que la brujería y la magia negra son temas que dan mucho juego en el género, están en franco retroceso desde hace años frente a otras temáticas enmarcadas en el horror. A mí personalmente me encantan, sin embargo el formato breve con que se tratan en este cómic da pocas oportunidades a la historia para desarrollarse. Planteamiento, nudo y desenlace ocurren en menos de una hora de lectura cuando el argumento da para muchísimo más. Algo que por cierto queda bien claro cuando llegamos a las tres historias cortas que, protagonizadas por los mismos personajes, se incluyen al final. Concebidas y publicadas con anterioridad al volumen principal, me han dejado con ganas de mucho más. Algo que no va poder ser. ¡Ajo y agua!

En apartado gráfico no es demasiado espectacular pero capta perfectamente el aire macabro del guión (a cargo de Scott Allie). Los dibujos (Paul Lee) son sencillos y efectistas, y los colores (Dave Stewart) planos en general, aunque con alguna concesión más elaborada y espectacular en las escenas sobrenaturales. Chulísimo, pero me ha sabido a muy, muy poco. Más reseñas en ¿Cómo quieres que cuente estrellas? y Los archivos de Typhares.

5 oct. 2017

Idoru - William Gibson

La red difunde el rumor de que Rez, el cantante chino/irlandés líder del longevo y mundialmente conocido dúo Lo/Rez, va a contraer matrimonio con Rei Toei, un ídolo de la canción sintético que solo existe como holograma en el mundo físico y software en el mundo virtual. Ante semejante desvarío, propio sólo de una estrella del rock, su conmocionado guardaespaldas y responsable de seguridad, el australiano Keith Blackwell, contrata a Colin Laney. Colin es un analista de datos extraordinariamente hábil a la hora de descubrir puntos nodales en información aparentemente incoherente, pero que cayó en desgracia en su anterior trabajo. Así que el brillante consultor de datos se marcha a Tokyo a tratar de descubrir si hay alguien detrás de las ridículas ideas de Rez. A Tokyo viaja también Chia McKenzie, una jovencita de 14 años, miembro del club de fans de Lo/Rez de Seattle. Su intención es descubrir si las habladurías sobre su adorado Rez son ciertas. En el vuelo se sienta junto a Maryalice, una mujer peculiar pero simpática, que cargada de maletas, le pide ayuda para pasar una de ellas por el control del aeropuerto destino.

Idoru es la sengunda entrega de la denominada Trilogía del puente de William Gibson. La acción transcurre en el mismo escenario globalizado/hipertecnológico/distópico que la primera entrega, y aunque las tramas son totalmente independientes, comparte algún personaje de menor trascendencia (el guardia de seguridad Berry Rydell, que protagonizara Luz virtual). En esta ocasión la trama se desarrolla en el Tokyo reconstruido tras el gran terremoto que también afectó a California, como ya sabíamos de anterior volumen. Si por algo se caracteriza el argumento es por explotar hasta la saciedad los elementos distópicos del cyberpunk que popularizó este autor. Se podría decir que aproximadamente un 25% del texto son descripciones encaminadas a ponernos en ambiente. Me refiero a cosas como:
"Un crepúsculo anaranjado al otro lado de una ventana inclinada con marco de metal imprimía colores aceitosos en el cielo."
O bien:
"Las cuatro sillas de la sala tenían respaldos estrechos y altos, todos rematados por una reproducción en acero del Sombrero del Elfo Malvado."
Puestos a pensar me parece que la estimación del 25% es incluso conservadora. Me atrevería a decir que una de cada tres frases no aporta nada al argumento. Porque ya me diréis a mí de qué sirve saber, por ejemplo, ya sea que...
"El mono de Typorex de la camarera refulgía sobre la mesa biedermeier emplastada con incrustaciones de chips de silicio de viejas computadoras en desuso."
...o que...
"Chia soñó con una playa cubierta de fragmentos aplastados de electrónica: criaturas como cangrejos que se escabullían, con las patas rayadas como resistores viejos."
Con ello no quiero decir que la historia sea aburrida o tenga fallos de estructura o desarrollo. No es eso, de hecho la novela no está mal. El problema es que Gibson abusa de las descripciones hasta agotar al lector. Llega un momento en que cada vez que pasas página eres capaz de detectar las frases innecesarias de un simple vistazo. Aparecen todas a la vez como resaladas por un efecto de postprocesado digital. En un alarde de esa nobleza que tengo y que pocas veces demuestro, puedo entender la necesidad del autor de sobresaturarnos de referencias a esos escenarios high-tech porque la novela data de 1996 y por entonces, el ideario cyberpunk no estaba tan instalado en el inconsciente colectivo. Es eso o ganas de exprimir la gallina de los huevos de oro tras un descenso en las ventas de los anteriores libros, se me ocurre. De todas formas, lo que no le voy a negar al escritor norteamericano es su gran capacidad de anticipación y la exactitud de muchas de sus predicciones. En esta ocasión, destaca el riesgo de que los gobiernos mundiales quieran alterar la neutralidad de la red... ¡siete años antes de que el término fuese acuñado! Lo cual no es óbice para que otras veces pierda un poco el norte, demostrando que afectación y química no están reñidas en frases tan absurdas como:
"La furgoneta de Arleigh olía a monómeros de cadena larga y a electrónica caliente."
La narración va alternando capítulos con las dos tramas, confluyendo ambas cuando se aproxima el final. Esta técnica es también muy propia de Gibson, que si mal no la recuerdo explota hasta la friolera cifra de cuatro hilos argumentales en Monalisa acelerada. Resumiendo, vuelta a los orígenes para componer una obra que sin ser mala, se ve lastrada por las opresivas y repetitivas descripciones que no aportan nada y empañan el recuerdo de la buena impresión que causaron en Neuromante. Para mi sorpresa no he encontrado muchas reseñas en la blogosfera en español, así que os dejo la de El jardín del sueño infinito nada más. No estoy muy de acuerdo con ella, pero todo sea por fomentar la pluralidad de opiniones.

1 oct. 2017

XVII Premio UPC. Novela corta de ciencia ficción

Este libro lo pillé de saldo en Bibliostock, junto a otros dos o tres que también recopilaban diferentes obras premiadas en el archifamoso Premio UPC de ciencia-ficción. Aunque llevo siglos oyendo hablar de él, ésta es mi primera toma de contacto con este reputado galardón, que lleva en activo desde 1991 y tiene el marchamo de autenticidad fandom del ínclito Miquel Barceló (y que dios me perdone por usar "autenticidad", palabra que detesto, en uno de mis posts). Por lo que he podido ver en la Wikipedia,  ultimamente está de capa caída, con la convocatoria pasando a ser bianual en lugar de anual por un lado, y dejando de publicarse los textos premiados por otro. Sin embargo parece que ya hay un acuerdo con la editorial Apache libros para solucionar el último punto comentado.

La decimo séptima edición corresponde al año 2007, en que se laurearon las siguientes novelas:

  • Primer premio (ex aequo): "Belcebú en llamas", de Carlos Gardini (Argentina). Un sicario perteneciente a una hermandad de asesinos a sueldo, escindida de la ortodoxia cristiana, protagoniza una intriga político/religiosa que mezcla colonización de planetas, herejías y un nuevo Génesis a través del uso de biotecnología muy avanzada. Tengo que admitir que el lenguaje afectado y rebuscado me cargaba un poco durante la lectura, sin embargo cuando terminé de leerlas todas ha destacado por encima del resto, no solo por la trama y la composición, sino por el barroquismo de su estilo.
  • Primer premio (ex aequo): "En defensa de Elíseo" ("Defending Elysium"), de Brandon Sanderson (EEUU). El idealista agente de una organización terrestre que goza en exclusiva de la tecnología alienígena derivada de los contactos con extraterrestres se enfrenta, en una trama noir, al gran desengaño de su vida. De ritmo algo acelerado para mi gusto, conecté muy bien con el argumento a nivel ideológico porque arranca con un enfoque 100% antiantropocéntrico. Pero llega el final y se produce un giro que viene desbaratarlo y quitar el "anti" que lo precede. Diferencias de pensamiento al margen, no está mal, pero creo que le han robado a Gardini la exclusividad del primer premio (y supongo que la mitad de los 6.000€ del galardón).
  • Mención UPC: "Tricordio. Tres cuerdas y una sola melodía" ("Tricord. Tres cordes i una sola melodia"), de Joan Baptista Fonollosa (Barcelona). Colonización espacial y viajes en el tiempo que coquetean con las paradojas habituales en el subgénero para componer una narración con una trama demasiado manida para mi gusto, a la que esta obra no aporta ninguna sorpresa. Bueno en realidad sí, porque incluye una subtrama sin relación con la historia principal, pero que supongo que sería necesaria para poder llegar a la extensión mínima exigida en el concurso.
  • Mención especial: "Recuerdos de otra vida" ("Records d'una altra vida"), de Jordi Guàrdia (Lérida). Otra trama detectivesca que incluye mucha alta tecnología médica, inteligencias artificiales y nanobots. La idea que desarrolla está tan vista y se tiene uno que leer tantos topicazos de novela negra para terminarla que resulta un poco bochornoso pensar que le han dado una mención epecial.
Lo cierto es que me lo he pasado bastante bien leyendo estas cuatro novelas cortas porque no exigen apenas esfuerzo y entretienen. Aunque no por el contenido, sino más bien por todas las sinápsis que activan en la memoria: a medida que pasas páginas eres consciente de que resulta imposible no pensar en obras de otros autores en las que encontrar coincidencias argumentales de fondo. En general pecan de falta de originalidad, provocada por la saturación de referencias/influencias del género; se añade un amateurismo más que evidente en las dos últimas. Tengo pendientes al menos un par de volúmenes más de este mismo premio, así que no descarto volver a ellos en breve y decir algunas verdades, no importa que duelan. Tenéis más reseñas en Rescepto y el Sitio de Ciencia-ficción.

27 sept. 2017

El palacio de los sueños - Ismail Kadaré

El joven Mark-Alem pertenece a la poderosa familia albanesa de los Qyprilli a través de la línea materna, con lo cual no ostenta el apellido. Sus bien situados tíos le consiguen un empleo en el Tabir Saray, un organismo oficial que se encarga de registrar e interpretar los sueños de todos los habitantes los Estados Unidos Otomanos. Esta todopoderosa institución es conocida y temida en los cuarenta y tantos países que los componen, pues de los análisis que hacen de los sueños de la población y sus tendencias pueden inferir intentos de golpes de estado, el resultado de batallas o guerras, incluso catástrofes naturales. El protagonista seguirá una carrera meteórica en el "palacio de los sueños", recorriendo los diferentes departamentos en orden ascendente de importancia en cuanto a su relacion directa con el Sultán, jefe del gobierno, quien cada viernes recibe puntual el denominado Sueño Maestro que influyen en sus decisiones.

Me tropiezo con El palacio de los sueños en un reciente post de El niño vampiro lee y la trama me llama poderosamente la atención. Así que me pongo con esta novela de Ismail Kadaré, un total desconocido para mí hasta ese momento, pero que según compruebo en la Wikipedia que tiene un premio Principe de Asturias de las Letras y ha sido nominado varias veces para el Nobel de Literatura.

Ambientada en un trasunto del Imperio Otomano en una época no especificada (mediados del S. XIX quizás, por lo que se deduce de los medios de transporte), se trata de una fantasía kafkiana que para mi sorpresa no resulta demasiado deprimente. Mark-Alem es un mero engranaje en la maquinaria estatal del Tabir Saray, que se localiza en un inmenso edificio pesadillesco. Pasillos interminables y desolados, funcionarios reservados y desconfiados de maneras hoscas, enormes estancias donde siempre hace un frío desapacible, timbres que rigen las estresantes actividades de los empleados. La sensación de desamparo es apabullante. Sin embargo el respaldo de su importante familia consigue transmitir cierta seguridad al lector a pesar de las situaciones tan misteriosas a las que debe enfrentarse. Esa es en definitiva la impresión final que me transmite la novela: el ser humano como elemento sin capacidad de decisión y/o elección, ya sea como parte de la maquinaria del estado o en la familia/sociedad. La crítica a los aparatos del estado y a los totalitarismos es doblemente comprensible si tenemos en cuenta que Kadaré escribió la novela a finales de los 1970s, cuando aún vivía en Albania, por aquel entonces uno de los países comunistas más opacos para Occidente. Aparentemente esta es una de las obras más reputadas de este escritor. A mí no me ha disgustado, pero a excepción de la ambientación kafkiana, que le ha quedado bordada, no he terminado de encontrar la gracia. Es muy ligerita y se lee en seguida, lo cual siempre es bueno. Tenéis más reseñas en Un libro al díaKoratai - Literatura japonesa y de otras latitudes (como en este caso).

23 sept. 2017

La pianola - Kurt Vonnegut

Tras la III Gran Guerra los EEUU han evolucionado a un supuesto estado utópico en que los trabajos rutinarios ya no son necesarios porque lo realizan máquinas. A nivel social existen dos clases que a nivel económico están muy diferenciadas. Por un lado una exclusiva élite de ingenieros y altos directivos del alto CI y vasta formación académica que se encargan de la optimización de procesos mediante la tecnología; sus salarios son astronómicos. Por otro el grueso de la población, que tiene cubiertas todas sus necesidades básicas con viviendas dignas dotadas de los mayores adelantos, seguro médico gratuíto, pensiones de jubilación, etc. Se mantienen ocupados con trabajos poco cualificados, que se reducen a dos áreas: el ejército o el Cuerpo de Reconstrucción y Reparaciones, apodado por ellos mismos como "Humos y Desastres". Sus salarios son vergonzantes porque claro, ¿para qué quieren el dinero si tienen sus necesidades básicas más que cubiertas por el estado? Paul Proteo es un brillantísimo doctor ingeniero de 35 años y director de la fábrica de Ilium, NY. Hijo de uno de los próceres de la nueva sociedad, ya fallecido, su carrera meteórica apunta a que en breve conseguirá una promoción a uno de los puestos más elevados en la cúpula política del país. Sin embargo aparece en escena su amigo y antiguo compañero Edward Finnerton, quien acude a Ilium a recibir un homenaje como uno de los artífices de la automatización de la gran fábrica de esa ciudad. Finnerton confesará a su amigo que ha renunciado a su actual puesto en Washington DC y está desempleado, pues tiene grandes dudas de que el progreso logrado con tanta tecnología sea lo que necesita el pueblo. En la zona obrera de Ilium los dos amigos entran en contacto con el reverendo James Lasher, quien desde la otra orilla socioeconómica se plantea exactamente las mismas cuestiones, consiguiendo despertar en Paul una conciencia socialque logrará desbaratar el futuro tan prometedor que tenía por delante.

Se suele clasificar a La pianola como distopía, pero tengo que admitir que me ha costado aceptarla como tal. La idea de una sociedad utópica en la que el trabajo alienante no existe porque lo realizan robots y sistemas automatizados me parece un ideal a perseguir. Sin embargo lo que viene a exponer Kurt Vonnegut es que ese despotismo tecnológico que gobierna los Estados Unidos ha decidido lo que es lo mejor para los ciudadanos sin tenerlos a ellos en cuenta. Y precisamente la necesidad de sentirse útil a la sociedad y ver reconocido el trabajo que realiza, por humilde que éste sea, es una característica intrínseca del ser humano. Así pues el conflicto entre la élite y los desharrapados se materializará en un movimiento de resistencia, que como es habitual en estos casos seducirá a una minoría de la selecta clase dirigente, e intentará hacer una revolución que devuelva la dignidad perdida con el progreso.

Mi resistencia a aceptar la novela como antiutopía viene provocada por cuestiones ideológicas. Son muchos los eruditos convencidos de que la eliminación del trabajo alienante junto con la implantación de una renta básica universal, favorecerían que trabajar no fuese una necesidad, sino una actividad a elegir solo si te aporta algo más enriquecedor a nivel personal que un mero sustento económico. Por otro lado, no puedo estar más en desacuerdo con la idea de realización personal mediante el trabajo, no porque piense que trabajar no puede ser fuente de satisfacciones personales, sino porque el modelo capitalista lo presenta como el único medio de lograrlas (un mensaje que sin duda resulta muy conveniente a las élites). Como efecto secundario, se convierte al desempleado en un paria y un inútil que se avergüenza de su condición. Cierto es que somos una especie social y que buscamos el reconocimiento de nuestros semejantes, pero pervertir esta caraterística humana para que solo se pueda satisfacer trabajando, conduce en la inmensa mayoría de los casos a la esclavitud asalariada. Consideraciones filosóficas al margen, no hay más que aceptar las reglas del juego según las dicta el autor para disfrutar del libro sin problema.

También inclina la balanza en favor de la distopía el uso envenenado que se da a la información y a la tecnología. Con una capacidad anticipatoria capaz de superar los vaticinios más disparatados ('La pianola' es su primera novela y data de 1952), el escritor norteamericano fue capaz de mostrarnos lo poderosos que pueden llegar a ser estos dos elementos como herramientas de control de la población. Aunque use dispositivos y terminología de mediados del S. XX, que a día de hoy solo se pueden encontra en museos de computación (fichas perforadas, cintas magnéticas, etc.) las cuestiones que plantea siguen estando plenamente vigentes. Los datos que el Estado tiene de cada individuo son capaces de anular su libre albedrío y condicionar su existencia, hasta tal punto que pocas opciones hay -al margen del suicidio-, si no está contento con su situación. Para tranquilidad de todos, en este aspecto no voy a discutir nada porque estoy totalmente de acuerdo.

A pesar de ser su primera novela, muchos de los rasgos habituales del estilo de Vonnegut se detectan con facilidad. Hay una crítica despiadada a la humanidad, pero a la vez se resiste a perder la esperanza y confia en que su bondad acabe por imponerse a sus miserias. También hay una subtrama humorística que ocupa el 25% del texto más o menos. El Sha de Bratpur está de visita oficial en USA y el Dr. Ewing Haylard del Dpto. de Estado será su guía en un tour que pretende mostrarle las maravillas logradas en la sociedad mediante la automatización de la producción y los servicios. Con ayuda de su traductor Khashdrahr Miasma, logrará evidenciar las deficiencas del mismo, provocando carcajadas desde el choche cultural.

Por ir terminando ya esta reseña que parece más bien un panfleto anticapitalista, resumiré diciendo que no me parece la mejor novela de Vonnegut, no solo por ciertos planteamientos que me parecen fallidos, sino también porque creo que se extiende más allá de lo necesario. Por ejemplo hay un montón de capítulos dedicados a la ridiculizar desde el sarcasmo la vida corporativa y el compromiso con los ideales de las empresas. No es que no sean interesantes, de hecho exponen la falsedad de las grandes multinacionales con un precisión que impresiona, pero no aportan nada a la trama y están metidos con calzador. De todas formas el libro está bien, lo que pasa es que si llegas a él desde sus títulos más famosos y reconocidos pierde chispa. Tenéis más reseñas en el Sitio de Ciencia-ficción, Crónicas literarias y Libros y literatura.
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