19 sept. 2018

El expediente H. - Ismaíl Kadaré

Estamos a principios de los años 1930s. Max Roth y Willy Norton son dos jóvenes filólogos irlandeses residentes en Nueva York y expertos en Homero. Cuando descubren que en Albania todavía existen vestigios de una epopeya de transmisión oral, deciden emprender un viaje para realizar una investigación sobre el terreno antes de que sea demasiado tarde y desapararezca. Para ello se instalarán en la Posada del Cráneo del Búfalo, una remota fonda situada en las proximidades de la provinciana ciudad de N. Los orígenes de la misma se remontan a la Edad Media y ha sido tradicionalmente un punto de encuentro de los bardos montañeses que mantienen vivos los grandes poémas épicos. Sin embargo el gobierno albanés tiene dudas respecto a sus verdaderas intenciones, así que ordenará al subprefecto de N. que los vigile de cerca. La conmoción que causará la llegada de los extranjeros a la región causará un revuelo que irá mucho más allá de lo meramente académico.

Empecé a leer El expediente H. sin tener ni la más remota idea de a qué me enfrentaba. Pensaba que iba a ser una novela de corte kafkiano por dos motivos muy simples. Por un lado mi único contacto hasta el momento con Ismaíl Kadaré había sido El Palacio de los sueños, volumen al que aplica ese adjetivo con toda propiedad. Por otro, lo poco revelador del título y su transfondo burocrático le hacían a mis absurdos ojos, merecedor de dicho calificativo sin el menor género de dudas. Naturalmente estaba completamente equivocado: se trata de una obra que a nivel temático es bastante inclasificable, pues mezcla géneros que van desde el ensayo novelado a la novela histórica, con un aderezo de intriga política y también romántica. No cabe duda de que el gran peso de la acción recae en el estudio que los dos filólogos van a realizar sobre la poesía tradicional albanesa de tradición oral y características épicas. Según la entrada de este libro en la Wikipedia, Kadaré se inspiró en los viajes que Milman Parry y Albert Lord realizaron a los Balcanes en 1933 para estudiar las epopeyas de tradición oral serbia, con las cuales las albanesas rivalizan en cuanto a antiguedad. Sin embargo a este tema principal y para aligerar el desarrollo se superponen capas de trama política (espionaje, rivalidad nacionalista con los serbocroatas, etc.) y una aventura amorosa que la mujer del subprefecto intentará inciar con uno de los eruditos.

Me resulta difícil de creer que una novela que trata un tema completamente alejado de lo que en principio son mis gustos habituales me haya resultado tan, tan interesante. Haciendo memoria creo recordar en que El Palacio de los sueños también aparecían breves pinceladas acerca de los grandes poemas épicos balcánicos. Es obvio que se trata de una cuestión de orgullo nacional que se deja notar en esta obra con bastante claridad, pues los protagonistas no dudan de que los albaneses sean quienes originaron las epopeyas, de las cuales las serbocroatas son copias. Sin embargo Kadaré se muestra tremendamente hábil al incorporar subtramas que aportan entretenimiento puro y duro (de hecho hay muchos elementos humorísticos en los informes de los espías), con lo cual nos hace partícipes de la realidad global que rodea la investigación, que por supuesto van más allá de los aspectos de filología y folklore. Gran mérito de que el texto sea súper absorbente se debe a la prosa del autor albanés, y lógicamente también al espléndido trabajo de traducción. Todas las frases, párrafos y  capítulos están perfectamente elaborados, de tal forma que el contenido se asimila con una facilidad tal que uno llega a imaginarse que lo está pensando el propio lector. No hay una palabra de más ni una de menos en todo el libro. Además se incluyen elementos en diferentes formatos (entradas a diarios, informes oficiales, etc.), que aportan variedad y hacen la lectura todavía más ágil. En definitiva, una verdadera y agradable sorpresa que me ha parecido interesante y entretenida a más no poder. Tenéis más reseñas en La Kadaria, La página de Pep Bruno y Por qué no leer. Si sólo vais a leer una, que sea la primera que enlazo.

16 sept. 2018

Remains - Steve Niles y Kieron Dwyer

La recién elegida presidenta de los EEUU propone un desarme nuclear unilateral que es apoyado e imitado por todas las naciones con arsenal atómico. El día en que por fin se van a inutilizar todo el armamento ocurre un suceso inesperado que provoca la detonación descontrolada de todas las cabezas nucleares. Así que la humanidad se va al garete. Solo unas pocas personas logran sobrevivir y el resto se transforman en zombies debido a una tecnología especial que se iba a emplear para inutilizar la radiactividad. Entre los primeros están Tom Bennet y Tori, que en el momento de la deflagración estaban drogándose y follando en la caja fuerte del casino de Reno (Nevada), en que trabajaban. Él era crupier y ella camarera y streaper ocasional. Tuvieron sexo en esa sola ocasión, quizás por aburrimiento o por el estímulo adicional de la coca, porque Tom nunca le había caído bien a Tori, y ella se lo había dejado bien claro desde el primer momento. Sin embargo tras el desastre se verán forzados a convivir juntos y a colaborar por su superviviencia en una ciudad atestada de muertos vivientes deseosos de devorar sus carnes frescas. Por si esa situación no fuera suficientemente intolerable, las cosas empezarán a complicarse cuando detecten que los no-vivos están empezando a actuar con lo que parece ser cierto nivel de inteligencia. Y a cada día que pasa, la desarrollan un poco más.

«¡Oh, no! ¡Otra vez zombies!», diréis. Pues esa misma actitud recelosa tenía yo al empezar Remains, un poco ya harto de una temática que lleva saturándonos desde hace más de 15 años. Y no podía haber elegido peor ocasión para hacerlo, la verdad. Aun siendo una historia de terror en un mundo postapocalíptico plagado de zombies, por encima de eso estamos ante un relato de convivencia entre dos personas que no se soportan y se ven obligadas a cooperar para mantenerse vivos en el más absoluto aislamiento y en un entorno terriblemente hostil. ¡Anda que no me gusta a mí que las miserias humanas queden al descubierto! Considerando la brevedad habitual de este formato (el volumen se fulmina en 30 minutos escasos), creo que es toda una proeza conseguir que te olvides del trasfondo de horror y una vez terminado, la idea que persiste en tu cabeza sea la dificultad de la convivencia.

El guión correa a cargo de Steve Niles, quien empieza a ser todo un habitual en este blog. Hasta el momento no se puede decir que sus tramas me hayan parecido especialmente originales, pero desde luego hoy no puedo decir lo mismo. Del apartado gráfico se encarga Kieron Dwyer, quien tiene un estilo poco pulido intencionadamente. Casi se diría que los dibujos en realidad son bocetos, borradores previos de las viñetas definitivas que no llegaron a realizarse. Su gran dominio a la hora de plasmar los paisajes, las perspectivas o las escenas de acción contrasta con unos trazos y unos colores que parecen terminados a toda prisa y sin interés. Que evidentemente no es el caso. Como ocurriera con Ben Templesmith en Manchada de sangre, a Dwyer no le tiembla el pulso a la hora de aplicar técnicas de postprocesado digital para manipular sus imágenes. Por ejemplo el efecto de desdenfocado que aplica a las viñetas con explosiones para darles realismo es convincente a más no poder.

Resumiendo, un cómic muy entretenido y bien planteado que me ha pillado totalmente desprevenido. Me he tenido que tragar una píldora de humildad por prejuzgarlo tan erróneamente antes de ni siquiera abrirlo. Por cierto, hay una adaptación homónima a la gran pantalla (Colin Theys, 2011). Lástima que la puntuación que recibe en las webs habituales no augure nada bueno de la película. Para otras opiniones podéis leer la entrada que le dedican en De fan a fan.

12 sept. 2018

Za Za, emperador de Ibiza - Ray Loriga

Hoy retomo la deshonesta pero cómoda costumbre del fusilamiento de sinopsis editoriales para dar las pinceladas justas de la trama de Za za, emperador de Ibiza:
«Zacarías Zaragoza Zamora, alias Za Za, disfruta en Ibiza de un retiro tranquilo y sin sobresaltos, convencido de que sus tiempos de dealer habían acabado hace años. Pero el pasado ha regresado con sonido preciso a su vida para convertirle en emperador de la isla. ¿Despropósito? Hay quien lo llama destino.»
Ray Loriga vuelve a bordarlo en esta hilarante novela de contundente base de género negro. Los elementos que el autor madrileño maneja para asombrarnos son los contrastes por un lado, y las coincidencias fatales por otro. En relación a las primeras, las que más juego da es sin duda el protagonista. Nos encontramos ante la personificación de la sencillez (de la simpleza más bien), el anonimato, el regocigo autocomplaciente y la falta de ambiciones. Con cincuenta y pocos años, no tienen el más mínimo interés en salir de la burbuja de confort e indolencia en que logró entrar hace ya un par de décadas gracias a su esmero, dedicación y profesionalidad en el eslabón final del tráfico de drogas en Madrid durante sus años mozos. En su ánimo por ponerse fuera de la circulación una vez dejó el negocio, a Za Za no se le ocurre otra cosa que instalarse en Ibiza, capital veraniega del hedonismo, el desmadre sexual y la diversión potenciada por sustancias recreacionales. Un escritor del talento de Loriga es capaz de contraponer el carácter anodino de este personaje con la vanidad habitual de esta isla para generar decenas de situaciones ingeniosas y descacharrantes. A mí desde luego me ha sido imposible aguantar la risa. Y si a esto añadimos los avatares del azar y las casualidades, es descontrol está garantizado. Resulta que el neuropsicólogo sudafricano Zlatan Zalkenberg ha descubierto una fármaco psicoactivo totalmente inocuo para el hombre que estimula los mecanismos de la labilidad emocional para provocar una felicidad incontenible. Para darle salida comercial, denomina a su estupefaciente ZAZA. Una vez vendida la patente, las mafias se aprovecharán de la coincidencia entre el nombre de la droga y el del pobre diablo afincado en Ibiza para urdir un plan que les facilite la distribución de la misma. ¡Más madera!

Tras la decepción que me supuso Ya sólo habla de amor, Loriga ha vuelto a darme razones más que de sobra para demostrar por qué es uno de mis autores favoritos. La trama está perfectamente construída y me ha parecido super original. Todos los capítulos rebosan escenas que consiguen su objetivo de divertir y asombrar. He de admitir eso sí que el cierre de la historia me ha parecido un poco confuso y enrevesado, lo que le resta un poco de valor global pero no desvirtúa todo lo leído. De todas formas y pesar al claro contenido humorístico de esta obra, el texto está repleto de las habituales reflexiones agudas que caracterizan la prosa del escritor madrileño. Lo comento porque lo que a unos nos parece inteligente y acertado a sus detractores le resulta pedante y pretencioso. Avisados quedáis. Más reseñas en Cuéntate la vida, La orilla de los libros y el Club de lectura de Parla Este. En los dos primeros ha gustado, en el último no tanto.

7 sept. 2018

El lunes empieza el sábado - Arkadi y Boris Strugatski

Alexander Ivánovich Priválov conduce rumbo a Solovets para unas vacaciones cuando recoge a dos jóvenes autoestopistas. En la conversación intrascendente que se establece durante el breve trayecto que les queda para llegar a aquella ciudad, les informa de que es programador de ordenadores. Ambos resultan encantados de saberlo, puesto que necesitan un programador en su instituto. Para convencerle y no perderle de vista, le ofrecen alojarse en unas dependencias anexas a su centro de trabajo durante las dos noches que tenía pensado quedarse por allí. Una vez instalado empezarán a pasar cosas extraordinarias y totalmente fuera de lo normal. Un gato enorme que canta y toca una especie de cítara. Personas que aparecen en su habitación, discuten y se desvanecen sin previo aviso. Un lucio que habla. Voces que proceden del interior de un espejo. Una moneda de cinco kópeks que siempre vuelve a su bolsillo. Todo cobrará más de sentido, o puede que no, cuando el protagonista sepa que el instituto del que hablaban los dos autoestopistas no es otro que el NICASO: Nuevo Instituto Científico de Adivinación y Sortilegios.

En El lunes empieza el sábado, Arkadi y Boris Strugatski actualizan al S. XX las novelas de magia y fantasía, tomando como punto de partida muchos elementos del floklore ruso y la tradición europea de hechiceros y seres míticos sobrenaturales. El objetivo al contraponer modernidad y ciencia con tradición y taumaturgia no es otro que llevar al humor. No obstante lo que soy yo, no me he reído ni una sola vez. Digamos que el humor de los hermanos Strugatski es más bien absurdo y en lugar de carcajadas, lo que provoca es cierta sorpresa y admiración por lo enrevesado del mismo. Que no es que no tenga mérito, que lo tiene, pero hay que saber encontrarle la chispa para poder apreciarlo.

El libro está divido en tres partes, la primera como presentación transcurre en Solovets y las dos siguientes en el interior del instituto. La última es la que más me ha gustado, ya que aparecen ciertos elementos especulativos propios de la ciencia-ficción que elaboran una teoría muy interesante en torno a los viajes en el tiempo. Sin embargo no hay una trama definida y en realidad, podríamos decir que la narración no deja de ser una recopilación de anécdotas sobre sucesos increíbles protagonizadas por personajes de lo más original y extravagante. Así, capítulo tras capítulo tras capítulo tras capítulo. Esta impresión se confirma al llegar al posfacio escrito por Boris Strugatski, que viene a decir poco más o menos eso mismo. La lectura es muy fácil y entrenetida, aunque yo desde luego espero de un libro algo más que una relación inconexa de chascarrillos ocurrentes. Si tal y como se indica en el prólogo hay una crítica velada al modelo de vida soviético, o bien es muy sutil o bien hay un gap cultural que me ha impedido verlo. Otras opiniones en el Sitio de Ciencia-ficción, Crítica de libros y El anaquel, todos los cuales han quedado maravillados. Uno lee esas reseñas y da la impresión de que estamos ante una obra del calibre de Solaris o Stalker, ¡manda narices!

3 sept. 2018

El hijo cambiado - Joy Williams

Pearl es una joven de poco más de veinte años que conoce a Walker, un hombre maduro muy rico que se enamora de ella. Como nuestra chica está bastante perdida (su madre acaba de morir y no tiene más familia, lleva apenas una semana casada con un joven sin futuro), Walter se la lleva a su isla privada, donde vivirá en el caserón construido por su abuelo, el fundador de la dinastía. Allí compartirá vivienda con Thomas, el hermano de Walter, cuyo carácter altruista le lleva a acoger niños con problemas de adaptación y a darles toda la libertad y el cariño que necesitan. Pearl empezará a sentirse asfixiada desde el primer momento por el entorno tan reducido en que se ve obligada a vivir. Cuando comienza la historia acaba de tener un bebé y ha huído con él a Miami. Alcohólica y deprimida, su pareja pronto dará con ella y la hará volver a la isla de Hart, donde las cosas no mejorarán demasiado que digamos.

El hijo cambiado es la segunda novela de Joy Williams, que por lo que podemos leer en la ficha editorial y el prefacio, ha sido considerada su obra maldita durante mucho tiempo. No me extraña, la verdad. Sin ser mala novela, hay que reconocer que no es precisamente unas castañuelas. Para empezar la protagonista y narradora es alcohólica y está deprimida, desorientada, perdida. No sabe qué hacer con su vida, pero no soporta dejarse conducir ni la posición tan aparentemente cómoda a la que ha llegado. Su familia política es muy desafecta y prácticamente la ignoran. Los niños que pululan descontrolados por la isla y se van renovando a medida que entran en la adolescencia establecen un vínculo especial con Pearl, pero ella apenas los aguanta. Y tampoco hay mucho más que contar, no hay una evolución significativa en los personajes. Solo un gran nubarrón negro que cubre toda la acción debido al estado psicológico de la protagonista. La visión que nos da de lo que ocurre es borrosa y está empañada por efecto del vodka, el vino o la ginebra que bebe desde primera hora del día.

Se podría decir que la narración se divide en dos grandes bloques. El primero hasta el nacimiento de Sam, su hijo, que se usa para ponernos en contexto y se cierra con un golpe de efecto de intención mágico-catártica. El segundo transcurre siete años después y entra de lleno en el vórtice destructivo que es la vida de Pearl. Sinceramente me resulta difícil de creer que en ese periodo tan largo no haya habido más que alcohol y depresión en la vida de la protagonista. No digo que algo así no pueda darse, pero para dar credibildad a la trama yo habría necesitado algunos contrapuntos. Estamos hablando de una persona que se pasa siete años deprimida y emborrachándose a diario. Es que ya solo a nivel físco y de salud me hace falta un ingreso en un hospital o un intento de suicidio. Pero no, ella se limita a coger cogorzas todos los días y a quejarse de su existencia. Luego tenemos la presencia de esos críos difíciles y pseudoasilvestrados. La constante idealización de la infancia que se quiere transmitir se me ha hecho muy cansina. Todo el potencial que pueden desarrollar, el ansia de saber, la curiosidad, bla, bla. Lugares comunes bienintencionados. ¿Y la crueldad, la desubicación o la dependencia propia de los niños? ¿Eso no cuenta? Su participación en la acción y los diálogos aporta la incoherencia propia de quienes no pueden alcanzar a comprender la mezquindad adulta. En ese sentido Williams se muestra especialmente habilidosa y verosímil, pero en cualquier caso no me ha resulta de interés. Sin duda se debe a que la psique infantil nunca me ha atraido lo más mínimo y siempre he tenido una opinión bastante pobre de los niños como personajes de novelas. Los últimos dos o tres capítulos son un desbarajuste lisérgico y experimental donde no se sabe si los pequeños están sacados de El señor de las moscas del William Golding o ¿Quién puede matar a un niño? de Narciso Ibáñez Serrador. En definitiva, la idea general es la de despropósito, un despropósito extraño y muy bien contado, pero despropósito al fin y al cabo. Sea cual fuera la intención de esta autora al escribir la novela, a mí se me ha escapado. Con todo me lo he terminado sin demasiados problemas, pero puesto que no sé muy bien qué he leído, no me atrevería a recomendar esta novela a nadie. Tenéis más reseñas en El momento de Raquel, Je dis ce que j'en sens y Página 12.

30 ago. 2018

El clavo - Rob Zombie, Steve Niles y Nat Jones

Rex Hauser es más conocido como «El Clavo» en el marginal mundo de la lucha libre profesional norteamericana de cuarta o quinta categoría. Estando de gira por pueblos de Dakota del Norte, acompañado por su mujer e hija adolescente, se tropiezan con un mini ejército motorizado de seres salidos del infierno. Resultan ser los acólitos de El Inquisidor, un cazabrujas puritano que persiguió hasta esas tierras a algunos colonos acusados de brujería y huídos de Salem en el siglo XVII. Víctima de una maldición de aquellos a quienes pensaba ajusticiar, intentará volver a la vida consiguiendo 69 doncellas vírgenes. Pero lo que no sabe es que Rex es un tipo mucho más duro de lo habitual.

No me voy a andar con rodeos, si compré El Clavo fue por el morbo de leer un cómic de Rob Zombie, a quien sigo desde el álbum La Sexorcisto cuando White Zombie empezó a ser conocido fuera del underground. Que según consulta previa a la Wikipedia fue 1992, nada más y nada menos. Este cómic contiene un poco de todo lo que siempre le ha gustado a este artista tan polifacético: las historias de terror con satanismo, broncas y mucha acción. El guión lo coescribió con Steve Niles, tan popular en el medio que hasta en este blog se ha reseñado ya alguna de sus publicaciones. La verdad es la historia es bastante simple y predecible, pero siempre resulta entretenido volver al cliché de los moteros asesinos procedentes del averno (casco con los símbolos rúnicos de las Waffen-SS incluído, por supuesto).

El apartado gráfico es cosa de Nat Jones, quien colabora habitualmente con Niles. La verdad es que los dibujos son espectaculares, super detallados y capaces de expresar a la perfección el dinamismo que requieren las peleas. Se muestra especialmente habilidoso con los desmembramientos por traumatismo y las decapitaciones. Sin duda los estallidos de sangre que los acompañan harán las delicias de todos los aficionados al gore. Resulta difícil de creer que el corazón humano sea capaz de provocar esas explosiones incontrolables de fluidos acuosos más propias del espectáculo de la fuente mágica de Montjuïc, ¿pero a quién necesita verosimilitud en un cómic de terror satánico? Tenéis más reseñas en Cincodays.com, The Sky was Pink y Escrito en el viento.

26 ago. 2018

Sin palabras - Edward St. Aubyn

Hoy me ahorro tener que resumir la trama de Sin palabras porque la sinopsis editorial está tan ajustada al contenido que voy a fusilarla tal cual:
"Cuando el parlamentario Malcolm Craig accede a presidir el comité del premio literario Elysian lo hace motivado por intereses que nada tienen que ver con la literatura. Junto a otros cuatro jueces deberá elegir el libro del año, y utilizará cualquier artimaña para lograr imponer su criterio. Los miembros del jurado discutirán, regatearán y se engatusarán unos a otros con el único objetivo de que su favorito obtenga el galardón. Y mientras los jueces discuten, negocian y regatean, un grupo de escritores desesperados espera impaciente el veredicto. Entre ellos se encuentra un maharajá millonario que aspira al estrellato literario, un autor primerizo que sufre de mal de amores y una escritora brillante y rompecorazones profesional que, gracias a la incompetencia de su editor, puede perder la oportunidad de adquirir tan preciada gloria."
Despues de exorcizar sus demonios personales y familiares con 'Las novelas de Patrick Melrose' (ver los volúmenes El padre y La madre), Edward St. Aubyn cambia complemente de registro y nos ofrece una sátira disparatada sobre el mundo de los premios literarios en la más genuina línea del humor británico. En su ficha editorial lo equiparan a Oscar Wilde, P. G. Wodehouse y Evelyn Waugh, que son sin duda palabras mayores, pero me alegra decir que por una vez, las referencias no son gratuitas ni un reclamo fácil para incautos. Es más, veo a esos tres ilustres literatos y añado a Tom Sharpe de mi cuenta, porque hace años que no recuerdo haberme reido tanto con un libro como con éste. El autor británico compone una novela coral plagada de personajes estrambóticos con personalidades contrapuestas con la intención de facilitar el choque y el desmadre. Los jueces tienen su propia agenda oculta para que el premio recaiga en sus preferidos, por lo que no dudarán en emplear todo tipo de tretas para condicionar el voto de sus colegas. Los escritores participantes, todos ellos dotados de egos hipertrofiados, se enfrentarán a acontecimientos fortuitos que complicarán todavía más la carrera para quedar ganadores. Evidentemente hay una crítica muy clara al mundillo de los premios literarios y también al negocio editorial. Sin embargo está hecha con tanta gracia y tanto ingenio que queda relegada a un segundo o tercer plano frente a las alocadas tramas.

St. Aubyn aprovecha muy bien todas las posibilidades que da el argumento para incluir referencias intertextuales. Así durante el demencial proceso de selección de finalistas podremos leer extractos de algunas de las obras concursantes. Por ejemplo 'questasmirando', realismo social sucio que emula el estilo de Irvine Welsh, solo que escrita por un aristócrata escocés. O 'Un año en la naturaleza', un absurdo canto a la vida en el bosque donde sólo hay descripciones y que nos hace pensar irremediablemente en David Henry Thoreau. Pero sin duda donde lo borda es en el personaje de Didier, un ensayista francés pedante a más no poder y a medio camino entre Michel Foucault y Jacques Lacan. Sus perspicaces pero contradictorias reflexiones sobre semiótica o el capitalismo me han hecho pasar vergüenza en el metro por las carcajadas incontenibles que me han provocado.

En definitiva, un libro que aúna golpes de humor desmadrado con una fina ironía para poner en evidencia las vergüenzas del mundo literario. ¿Puede haber mejor manera de hacernos ver que este tipo de premios no hay que tomárselos demasiado en serio? Yo diría que no, ¡bien por St. Aubyn! Tenéis más reseñas en Entre montones de libros y notodo.com, donde han disfrutado tanto como en mi caso. Ahora que no todo el monte es orégano: en Babelia ponen esta novela a caer de un burro, pero como no soy de enlazar a grandes medios, si tenéis interés en saber qué opinan de ella tendréis que buscar el artículo vosotros mismos.
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