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2 ene 2022

Vozdevieja - Elisa Victoria

Dos capítulos me han bastado para descartar Vozdevieja. Ya lo tenía claro con el primero y lo vi venir con una breve introducción que a modo de prefacio da voz a la protagonista cuando tiene tan solo cuatro años. Ahí podemos leer perlas del tipo «Yo tengo mi propia habitación. Eso me hace sentir culpable. Un lujo desagradable». Algo así, antes incluso de empezar la novela, ya adelanta la nula credibilidad de la narradora en primera persona. Cuatro años, no lo olvidemos. Cuando Elisa Victoria da por comenzado el libro, la narradora tiene ya nueve años y como era de esperar, continúa haciendo uso de unas capacidades cognitivas y del lenguaje totalmente inverosímiles para la edad que tiene. «Cuando estoy sola siento que soy yo misma, pero tengo que luchar contra el abismo de libertad y terror que se abre sobre el suelo que piso», dice nuestra querida Marina, que así se llama esta niña tan culta y tan sabihonda. Visto ese derroche intelectual a tan joven edad, supongo que hacia el final del libro será capaz incluso de continuar el trabajo de Ludwig Wittgenstein donde él lo dejó.

La total falta de verosimilitud de la narradora ha sido más que suficiente para que pierda el interés desde el principio. Pero es que aun así hay más características que me han provocado rechazo. Para empezar, la accion transcurre en Sevilla en el verano de 1993, así que Victoria inunda el texto de refencias culturales ancladas en ese momento del tiempo con una clara intención nostálgica. Por lo menos ha tenido la coherencia de centrarse en juguetes, series infantiles de TV y dibujos animados, que sería lo de esperar en una protagonista que no tiene ni diez años. Esto cabe la posibilidad de que cree un vínculo emocional con aquellos lectores que fueron niños en esos años, pero en el resto de nosotros tiene muy poco o nulo interés. Y para continuar, ya como último incoveniente que me ha hecho torcer el gesto antes de terminar el segundo capítulo, tenemos otro caso de vanidad desmedida, tan frecuente en escritores en la treintena: ocurre que Marina, con nueve añitos, no solo sabe que Jesús (Jess) Franco hace películas de bajo presupuesto sobre vampiras lesbianas, sino que además lee a escondidas comics underground para adultos, de ahí que sus autores favoritos son (lista incompleta): Liberatore, Tamburini, Manara, Nazario, Charles Burns, Robert Crumb, Horacio Altuna, Max, Silvio Cadelo, Moebius, Crepax, Toshio Saeki, Richard Corben y Otomo (el de Akira, como nos aclara convenientemente por si no lo sabíamos). ¿Tienen lo uno o lo otro interés para la trama, o son meras exhibiciones de conocimiento para (supuesta) mayor gloria de la autora? Mi opinión es que algo así no tienen ningún sentido en una narración. Es paja. Sobra. Es prescindible y no debería aparecer. Quizás sea un poco atrevido por mi parte hacer esta afirmación habiendo leído apenas unas páginas y podría estar equivocado. Pero me da que no.

En resumen un despropósito que a nivel narrativo se encuentra a miles de años luz de lo que yo considero que merece mi tiempo y atención. La siguiente novela de Victoria, El evangelio, aparece en la lista que en Esquire han hecho con lo mejores libros de 2021. Desde ahí llegué yo hasta la que me ocupa hoy, pero después de semejante descalabro y con todo lo que hay por descubrir, veo prácticamente imposible darle otra oportunidad a esta escritora.

5 dic 2021

Las Décadas Púrpura - Tom Wolfe

Ya es oficial: no soporto a Tom Wolfe. No soporto sus artículos enmarcados en el «nuevo periodismo». No soporto ni su estilo insufrible de aires épicos y gloriosos, ni sus temas típicamente estadounidenses donde se ensalza al capitalismo sin la menor intención crítica. Su papel de bufón de la clase alta, contra la que lanza su sarcasmo pero a la cual es más que evidente que admira, me resulta patético. Ese rollo "me empapo de los asuntos a investigar en primera persona para transmitiros las sensaciones y sentimientos que provocan de manera fidedigna" me parece un peñazo y lo que es a mí, no me aporta nada, pero nada de interés, básicamente porque lo que experimente Wolfe en su persona no tienen por qué coincidir con lo que experimente yo en la mía. 

Las Décadas Púrpura recoge un total de 21 artículos que escribió en las décadas de los 1960s y 1970s. Lo he dejado en el segundo texto, "El último héroe americano". Se trata de un relato pesadísimo sobre una carrera de coches donde no solo no he visto nada que me interese lo más mínimo, sino que Wolfe se masturba sin descanso con su prosa pseudoheróica para no narrar más que bobada tras bobada. Pamplinas sobre el "ambiente" del circuito, pamplinas acerca de los "muchachos y muchachas" que han acudido a ver las competiciones, más pamplinas de las barbacoas de los espectadores y un tal Junior Johnson que es ese piloto a quien se refiere el título y que nos presenta como un semidiós salido de los arrabales pero que personifica la esencia de una subcultura que vive al margen del establishment cultural bla, bla, bla. Poco más de cincuenta páginas han bastado para aceptar que no es lo que ando buscando en un libro.

En mi descargo diré que me costó solo dos euros y que mis intenciones eran las mejores. No pongo en duda que estos artículos sean de interés para analizar fenómenos socioculturales de los 60s y 70s del siglo XX (fenómenos socioculturales estadounidenses, claro). De hecho supongo que por eso lo compré, a pesar de que tanto La banda de la Casa de la Bomba y otras Crónicas de la Era Pop como La palabra pintada & ¿Quién teme al Bauhaus feroz? dejan entrever sin el menor atisbo de duda el enfoque caduco, arrogante y condescendiente de Wolfe. ¿Pero qué puedo decir? Han pasado tres años desde la última vez que leí uno de sus ensayos, y en este tiempo me he dado cuenta de que no merece la pena perder ni un minuto leyendo libros que no te gustan. Le he dado margen de sobra a éste y no he sacado nada bueno. Así que punto final para Tom Wolfe en Das Bücherregal.

2 jul 2021

Arcano trece - Pilar Pedraza

Hay trece relatos cortos de terror en Arcano trece. Aunque yo no lo puedo asegurarlo de primera mano porque solo he leído los dos primeros. En cualquier caso si nos fiamos del resumen editorial de la contraportada, se trata de trece cuentos que giran en torno a la muerte desde diferentes enfoques y tradiciones literarias y que además, reelaboran los mitos del género. Dicho así debería haberlo devorado, sin embargo el estilo de Pilar Pedraza se me ha atragantado desde el primer momento. Los dos únicos relatos que he terminado ('Mater tenebrarum' y 'Tristes ayes del águila mejicana') desbordan descripciones a base de frases ostentosas y epatantes. Sin embargo el endeble hilo argumental no las necesita, porque solo se incluyen con la intención de crear un ambiente apropiado: tenebroso, misterioso, pesadillesco. Estoy hablando de momentos tipo:
«Haces de luz blanca se filtraban a través de las copas de los árboles, trazaban en el suelo un encaje cambiante, volvían de mármol los toscos arcos de ladrillo y los brocales de los pozos, y de diamante las lágrimas que rezumaban las piedras. Sobre el mundo había caído un manto mercurial.»
Soy consciente de que muchos lectores priman un estilo ampuloso sobre la historia, o quizás para ellos ambos se complementan y forman un bloque indivisible digno de admiración. Pero yo soy de la opinión de que si podemos eliminar una frase del relato sin que éste pierda su esencia no es que haya que eliminarla, es que no tendría que haberse incluído. Y de los dos primeros relatos, aproximadamente el 70% del texto es como la cita. Por tanto 49 páginas han sido suficientes para decir que no.

26 jun 2021

La creación de Gabriel Davenport - Beverley Lee

No voy a poder decir gran cosa de La creación de Gabriel Davenport porque he abandonado la lectura en la página 86. Por lo que he visto la historia trata de una pareja londinense de treintaipocos años (Stu y Beth Davenport) que junto con su bebé (el Gabriel del título), se han marchado de la City para ir a vivir a una antigua granja rehabilitada en el campo. Un día compran una cajita en una tienda de antigüedades y para su desgracia resulta ser la prisión de algún tipo de entidad maligna. Una vez liberado de su encierro de siglos, este demonio (o lo que sea), intentará poseer al pequeño. Su primer intento de encarnación en este ser inocente fracasa, pero se producen una serie de acontecimientos sobrenaturales terribles que dejarán a los padres del pequeño fuera de juego. Así pues, el bebé termina siendo acogido por un filántropo local que ya tiene experiencia en tratar con niños que has sufrido experiencias fuera de lo común. Lo poco que he aguantado depués de esta puesta en situación me ha enfrentado a un Gabriel ya adolescente que convive con otro par de jóvenes en casa del adinerado erudito. La revelación final antes de dejarlo es que se trata de un centro donde se trabaja con niños con facultades psiónicas (telequinesis, precognición, etc.) y que Gabe busca sentido a su presencia en esa mansión, ya que es obvio que no tiene ninguna capacidad psíquica paranormal.

Las abundantes escenas cliché no motivan, todo el rato imágenes ya muy machacadas en la literatura de horror sobrenatural. La velocidad a la que suceden los acontecimientos, que es más propia de una novela de aventuras que de terror, sigue en esa linea pro-abandono. En definitiva la sensación es que la novela de Beberley Lee está dirigida al público juvenil. Y luego la traducción, que sin ser mala, tiene algunas expresiones no demasiado afortunadas en mi opinión. Traducciones muy directas del inglés que requieren un trabajo extra para que suenen naturales en castellano: 'Es por eso que me he puesto en contacto...', 'Cuando hayáis terminado vuestro té, por supuesto', '...que Stu les llamara de vuelta' (p. 54); 'El teléfono de ella no está funcionando' (p. 55). Construcciones y expresiones propias de ese idioma que se trasladan palabra por palabra al castellano, tiempos verbales erróneos, los posesivos usados forzadamente, etc. Yo desde luego no escucho a nadie hablar así, aunque por desgracia cada día resulta más demoledoramente habitual ver artículos en medios on-line así de mal escritos. Pero eso no implica que haya que aceptarlos como normativos, aunque de seguir así el panorama con el tiempo todo se andará. Lo más gracioso del caso es que de pronto en la página 58 me encuentro con 'lingotazo de güisqui', que con esa grafía 100% RAE es como un mazazo capaz de descolocar a cualquiera.

Resumiendo, creo que ha sido uno de los libros que he abandonado con más facilidad por la sencilla razón de que no le he visto nada de interés. Nada. Seguro que tiene su público, pero desde luego yo no me incluyo en ese grupo. Ahora bien, que nadie se piense tampoco que es la obra maestra que sugiere el desbordante número de reseñas positivas que tiene en Goodreads.

9 dic 2020

Seis formas de morir en Texas - Marina Perezagua

Dos historias se entrelazan en Seis formas de morir en Texas. La primera está protagonizada por Xinzàng, el nieto de un preso chino. El corazón de su abuelo fue empleado en el oscuro negocio de tráfico de órganos que se atribuye al gobierno de aquel país asiático. El budismo que practica la familia prescribe que el cuerpo al completo debe reposar si queremos proporcionar paz al alma del difunto, así que el joven se embarca en la búsqueda del órgano, algo que su propio padre no pudo completar. En la otra conocemos a Robyn, una joven estadounidense de poco más de treinta años que con tan solo dieciseis años fue acusada del asesinato de su madre y condenada a la pena capital. Desde el corredor de la muerte de una cárcel de Texas establece una relación epistolar con su padre y con Zhao, un joven cuya papel en la trama no he podido averiguar porque como podéis comprobar por las etiquetas de la entrada, no he terminado el libro. De hecho lo he dejado apenas pasadas las cincuenta páginas, una muestra de precocidad que es sin duda lo único bueno que puedo asociar a esta lectura. Quiero pensar que en algún momento las dos tramas convergen de alguna forma, pero, ¿quién sabe? Yo desde luego no, y me importa cero absoluto.

La prosa de Marina Perezagua es densa, rebuscada, artificiosa. Se compone de frases interminables en las que se combinan yuxtaposiciones, conjunciones y subordinadas de relativo. Y no solo la forma es cargante, más aún lo es el fondo. Son pomposas y afectadas, tanto que me provocaban un gesto de rechazo físico en la cara, retirándola incoscientemente para alejarme de ese texto repulsivo. La autora sevillana peca de sabionda y sabelotodo. Es sentenciosa y se expresa con una gravedad impostada y forzada. Con un registro presuntuoso que no encaja ni con los personajes (especialmente con Robyn), ni con la  historia. Su rimbombancia resulta cargante y poco creíble. Los símiles con que decora la narración son más numerosos de lo necesario,y lo peor del caso es que en muchos casos son inexactos, imprecisos o directamente erróneos. En concreto y sin entrar en muchos ejemplos, actividad que me resulta mezquina e inútil, Robyn demoniza los alimentos basados en soja y enaltece el consumo de carne hasta cuatro veces en las cincuenta páginas que he resistido. Por un lado resulta difícil entender que una joven que se ha pasado más de la mitad de la vida en la cárcel tenga esas preocupaciones. Y por otro tampoco se entiende cómo es que reproduce todos los prejuicios y bulos que se oyen de cuando en cuando en torno a la soja. Y todo ello simplemente para rellenar espacio y epatar, porque no aporta nada de nada de nada a la trama.  

Y luego está la cuestion del sexo. Por lo que parece la nueva narrativa femenina otorga al sexo una relevancia incuestionable que yo encuentro difícil de justificar desde un punto de vista literario y narrativo. Quizás se deba a una necesidad de expresar su sexualidad de primera mano y no vista como objeto de deseo del hombre, que queranos que no, ha venido siendo lo habitual durante siglos. Si hace tan solo unos días me quejaba de la zafiedad de muchas descripciones de diferentes prácticas sexuales en Su cuerpo y otras fiestas, de Carmen Maria Machado, en la única carta que Robyn escribe a Zhao antes de abandonar la lectura me he encontrado con poco más o menos lo mismo. En esta ocasión, una mezcla insufrible de lirismo y vulgaridad permiten a Perezagua expresar el deseo de la condenada por entregarse carnalmente a Zhao. Imágenes de mástiles enhiestos y puentes sólidos y resistentes se mezclan con semen, flujos vaginales y exhibiciones de lujuria fetichista de sadomaso soft y fantasías de dominación/sumisión. Ni que decir tiene, tan pronto como me percaté del panorama recorrí muy, muy por encima el resto del capítulo en forma de misiva. Pocas páginas después decidí renunciar a terminar este truño. He curioseado por Internet y en general los medios son bastante ambiguos al reseñar este libro, algo que como poco debería activar las alarmas del posible lector. De todas formas en ABC y la Revista Contrapunto se expresan con claridad y no tienen reparos en señalar los numerosos defectos que han encontrado.

14 nov 2020

Como la vida misma - Gwyneth Jones

Cuando conocemos a Anna Sedoz es una estudiante de Biología de primer curso. Desde que se incoporó a la universidad ha destacado entre los primeros de clase por su inteligencia, esfuerzo y dedicación, que van más allá incluso de las lecturas recomendadas para ampliar conocimientos. Pasan los años y se gradúa. Entra como becaria en una empresa dedicada a problemas de fertilidad y esterilidad en humanos, donde con el beneplácito de su jefe, aprovecha para también realizar investigaciones al margen de dicha actividad. Es entonces cuando logra hacer un descubrimiento que resulta inquietante, algo que denomina el «cromosoma Y transferido» y que a mí, a pesar de la más que evidente transcedencia que tiene en la trama, se me ha escapado en qué consiste. No sé si ha debido a mi falta de atención, a la poca claridad de las explicaciones, a fallos en la traducción o a la carencia de conocimientos en genética de mi persona. Lo mismo da, porque el resto de la historia, que por lo que he podido aguantar giraba en torno a la incorporación de la protagonista en el mundo adulto y laboral, me ha resultado insoportable a más no poder. Tanto que cuando llevaba más de un tercio del libro pero me faltaba todavía un trecho para llegar a la mitad, he dejado de leer tremendamente frustrado por el tiempo perdido. Para liberarme de un poco de esa frustración he murmurado algunos improperios entre dientes, aunque no sabría decir si el destinatario de los mismos era quien escribe estas líneas, la autora o más probablemente, la industria editorial por considerar que semejante bazofia merecía publicarse.

Una vez más, el reclamo de un premio con que Como la vida misma fue galardonada en 2005 (el Premio Philip K. Dick nada menos, detalle éste que se refleja discretamente en la portada), ha tenido mucho que ver en que me decidiera a leerla. A intentar leerla más bien. Para empezar y hasta donde he aguantado, yo no he visto ningún elemento de ciencia-ficción. Quiero creer que se trata del «cromosoma Y transferido» mencionado más arriba, pero en serio que no hay nada que lo haga sospechar. Al menos hasta el punto en que he abandonado la lectura. Lo qué sí hay son adultos jóvenes haciendo cosas estúpidas de adultos jóvenes, y otorgándose a ellos y sus acciones una importancia inexistente y patética, tal y como solo los adultos jóvenes pueden hacer. Estoy hablando aquí de primeras relaciones sexuales, consumo de drogas, la incorporación al mercado laboral, relaciones de pareja y un largo etcétera de actos a los cuales la presión social nos empuja. Es posible que a lectores en un rango de edad más próximo al de la protagonista y sus fascinantes amigos esta narración les resulte todo lo contrario que a mí. Esto es: cautivadora, atractiva, reflejo de sus inquietudes. No lo descarto porque yo también he pasado por ahí y las novelas de Frédéric Beigbeder me gustaban precisamente porque se limitaban a poco más que repetir una y otra vez me voy de fiesta, me meto una raya, me follo a una top model. Pero como en Das Bücherregal quien escribe es el yo de ahora, que hace mucho tiempo que dejó la universidad y también de gustarle lo que escribe el fantoche de Beigbeder, solo puedo decir que todo lo que he leído en este libro hasta donde he podido resistir me ha resultado una pamplina. En la forma, en el fondo. Pam-pli-na.

Me da la sensación de que estamos ante un texto en la que Gwyneth Jones ha incoporporado vivencias propias de cuando tenía veintipocos años. Luego las ha aderezado con "cosas técnicas y científicas" de mucho empaque en el momento de su escritura (genética y clonación, todo muy final-de-milenio-post-oveja Dolly), así como con elementos de ciencia-ficción, que a sabér cuáles son, y ahí lo tenemos. Un truño más dispuesto a comerse el mercado editorial y a engañar a incautos como yo. Por cierto que la traducción tiene algunos términos que resultan hirientes. 'Mascota del profesor' en lugar de 'enchufado' por 'teacher's pet'. 'Planta araña' en lugar de 'cinta/malamadre' por 'spider plant'. 'Trenza francesa' en lugar de 'trenza de raíz' por 'French plait/braid'. En fin, para qué seguir. Si es que no hay nada, absolutamente nada que me haya gustado en esta novela.

2 sept 2020

El arte de tener razón - Arthur Schopenhauer

Como me pasa tantas veces con tantos libros, compré El arte de tener razón solo porque el título me parecía atractivo. El título, el diseño de la portada y la tipografía, las cosas como son. Si hubieran usado un tipo serif seguro que no lo compro. Nada más empezar, en el prólogo a cargo de Franco Volpi, se nos advierte (no en vano 'Advertencia' es como se titula el prólogo), que estamos ante una obra de extensión corta que Arthur Schopenhauer no llegó a publicar en vida. Su contenido formó parte, eso sí, de sus clases, y también se incluyeron partes de ésta en una obra más extensa llamada 'Parerga y Paralimónema'.

Este tomito, al que yo me enfrentaba con un desconocimiento total de su contenido, es poco más que un manual breve que recoge 38 estratagemas diferentes que nos permitirán ganar en una discusión sobre el tema que sea. Tengamos o no razón. Hay bastante referencias a los clásicos griegos de la dialéctica y mucho término culto que puede llegar a despistar, pero en realidad se habla de cosas como dar la vuelta a la tortilla, marear al contrincante mediante palabrería sin sentido, elegir términos que nos hagan parecer mejores que al oponente y escoger para él los que tengan una connotación negativa, etc. etc. Así hasta la 38. La última se recomienda si vamos perdiendo la batalla verbal y tenemos pocas opciones de ganar. Consiste en olvidarnos del tema de la discusión e insultar a nuestro adversario. Ser grosero, maligno, ofensivo. No voy a negar a ratos tiene gracia, y además hay algún apunte de interés sobre la naturaleza humana. Algo que hace la lectura más o menos entretenida. Pero en general resulta un poco tomadura de pelo, la verdad.

El opúsculo de Schopenhauer no llega ni a 80 páginas. El resto del libro hasta completar casi 130 es una aproximación histórica a la dialéctica por parte del prologista, experto en filosofía alemana. Empecé a leerlo y no pasé de la tercera página. Ni lectura transversal, ni nada. Lo cerré.

3 ene 2019

Nicht beendet (2)

El segundo y el cuarto trimestre de 2018 han sido especialmente turbulentos en casi todos los ámbitos de mi vida. Eso ha provocado que mi umbral de irritabilidad descendiera casi a cero, de ahí que no haya aguantado la lectura de libros que en condiciones de mayor calma quizás no me hubiera importado acabar pacientemente. Como resultado de toda esta inestabilidad, impaciencia e inapetencia, resulta que el año pasado no terminé de leer un total de siete novelas, cuando en toda la vida anterior del blog solo había dejado sin terminar dos. Aquí dejo unas breves notas sobre los dos que me faltan para completar los siete abandonos del 2018:

Tengo pendientes en casa varios libros de Louis-Ferdinand Céline. Como Cartas de la cárcel es el más manejable, intenté leerlo sin demasiado éxito. El principal motivo para renunciar a hacerlo es que el contenido no es precisamente unas castañuelas. En esos días mis problemas propios y mi decaimiento personal me bastaban y me sobraban para arrastrarme por el fango anímico. Así que decidí rápidamente que no era el momento de zambullirme en un drama de ese calibre. Colaboracionismo con los nazis, revanchas de los vencedores, incertidumbre ante una reclusión en prisión y una posible condena a muerte, enfermedad, ostracismo. No es que mi situación fuera en absoluto comparable a la del autor francés, pero desde luego no me apetecía vivir una desgracia de prestado, sobre todo sabiendo que fue real. ¿Volveré a intentarlo? No estoy muy seguro. Lo cierto es que me parece que este libro tiene más interés morboso que literario. Pero bueno, ahí sigue esperando en alguna estantería, así que, ¿quién sabe?

Hace mil años (5/9/2017), el ínclito Tongoy subió una reseña muy favorable de El archivo de atrocidades, de Charles Stross. Tanto es así, que ratificaba la nota editorial que lo etiquetaba de "fascinante combinación de techno-thriller de espionaje, comedia y horror lovecraftiano". Como en mi biblioteca pública de base no lo tenían, un  año después me decidí a tomar contacto con este autor a través de otro de sus libros: Accelerando. El hecho de que fuese una colección de relatos cortos relacionados entre sí inclinó la balanza a su favor. Leídas apenas treinta páginas mandé al garete al libro, a Stross y por supuesto a la balanza, por su más que evidente calibrado defectuoso. La peste a cyberpunk facilón a la que tuve que asistir ya solo en el primer relato fue suficiente para no querer saber nada de hackers, inteligencias artificiales rusas y la red global de datos durante al menos un par de siglos. Para cuando me apetezca leer algo de este subgénero ya tiraré de algunas novelas de William Gibson que andan por casa. Será más de lo mismo, pero al menos me voy a una de las fuentes originales.

8 jul 2018

Brújula - Mathias Énard

Franz Ritter es un reconocido musicólogo austriaco. La reciente confirmación del grave diagnóstico de una enfermedad que padece le provoca una noche de insomnio, durante la cual se dedicará a rememorar su historia de amor con Sarah. Esta joven especialista en Oriente medio coincide con Ritter en su pasión por esos países y su cultura. Así que el vienés aprovechará la falta de sueño para hacer un recorrido por los mismos, contándonos su propia historia y la de tantos otros que le precedieron en su amor por  Oriente próximo.

Me cuesta creer que esta novela haya salido de la misma pluma que Calle de los ladrones, un libro arrebatador que no me he cansado de recomendar y regalar. Bien es cierto que El alcohol y la nostalgia me pareció más bien anodina, pero es que Brújula me ha resultado tan insoportable, tan densa y a la vez carente de interés, que no he llegado ni a la mitad de sus casi 450 páginas. Me he pasado unos 10 días intentando leerla pero encontrando las excusas más absurdas para evitarlo. Hacer la compra, poner una lavadora, ¡hasta planchar, que lo odio, me parecía mejor opción!  Cada rato que he pasado con su lomo entre las manos ha sido una auténtica tortura. Lo único que conseguía motivarme era la trama de ficción protagonizada por Ritter. Descubrir más detalles de su relación con Sarah despertaba al cotilla que llevo dentro. Saber cuál era su enfermedad alimentaba mi lado morboso. Solo estos dos aspectos lograban darme el empujón necesario para seguir dándole una oportunidad. Pero este contenido no supone ni el cinco por ciento del texto. El grueso de argumento consiste en una letanía interminable de nombres, lugares e historias sobre hombres y mujeres apasionados por Oriente próximo. Músicos, compositores, arqueólogos, pintores, historiadores, escritores, poetas o aventureros inundan las páginas con los detalles más nimios sobre su relación con Turquía, Siria, Irak o Irán. Me imagino que quien tenga paciencia para terminarlo se encontrará con más paises y más anécdotas.

Yo no nunca he tenido especial interés por el orientalismo, pero esto tampoco debería haber sido óbice para disfrutar del libro. Sin embargo las constantes menciones de Mathias Énard a éste personaje, áquel o el de más allá en sus andanzas por la zona se me han hecho extremadamente pesadas. Por poner un ejemplo, ahí va la frase que me hizo decidir dejar de leer el libro:
Para él, el destino de Marguerite d'Andurain llamada Marga representaba la antítesis de Stanhope, del de Eberhardt o del de Schwarzenbah, su doble oscuro, su sombra.
Cuatro nombres propios que comparten el entusiasmo del protagonista por los países del cercano Oriente. Cuatro nombres en una sola frase, a los que se suman otras cuatro mil frases más con una lista interminable de individuos y experiencias que lo único que han conseguido es recordarme a artículos sacados de la Wikipedia. Algunos famosos, otros semidesconocidos o marginados. Que vivieron el el S. XIX, el XX o el XXI. Estupendo.

El nivel de erudición de Énard es apabullante, avasallador, solo comparable en magnitud a la poca gracia que le he encontrado yo a sus vastísimos conocimientos. En ocasiones me he visto tentado a acusarle de pedante, pero en realidad es mucho más sencillo que eso. Es evidente que este autor está especializado a nivel académico en estos temas, pero el hecho de que yo haya sido incapaz de conectar lo más mínimo con la historia tampoco es razón para insultarlo. Quizás haya sido el formato que ha adoptado en la narración. Tal vez se han juntado el hambre con las ganas de comer: desinterés mío y estilo farragoso. Tampoco importa, lo verdaderamente relevante del caso es que yo no soy el tipo de lector destinado a este libro. Y en ocasiones como ésta lo mejor es cerrar las tapas y pasar a otra cosa. Tenéis más reseñas en Entre montones de libros, Libros y literatura y La finestra digital. Los tres coiciden en que la lectura no es ágil y que cuesta cogerle el ritmo, a pesar de todo lo cual, nos dicen que es un gran libro. Tan grande como una guía telefónica, sí.

7 may 2018

Nicht beendet

Tengo buenas tragaderas para terminar libros, así que por lo general acabo casi todo lo que empiezo. Me cueste más o me cueste menos, suelo llegar hasta el final porque una novela que no he ha gustado me da mucho juego a la hora de soltar improperios en la reseña correspondiente. Me relaja, incluso me puede llegar a compensar cuando el autor es admirado por el público (me viene Vargas Llosa a la cabeza sin tener que pensar demasiado). Pero ocurre que desde mediados de marzo estoy viviendo un momento bastante convulso en lo personal, con varios frentes abiertos que me tienen los nervios desquiciados. Asi que llevo varios abandonos acumulados desde hace algo más de un mes, sin haber pasado más allá del capítulo dos en todos los casos. Ahí va la lista:

Andaba yo buscando en la biblioteca Sorgo rojo del Nobel chino Mo Yang y como en aquel momento no recordaba su nombre, hice una búsqueda por título en el catálogo. Un artículo determinado de más al que no presté atención provocaron que me llevara a casa El sorgo rojo de Ya Ding. Antes de empezar a leerlo ya había detectado el error, pero pensé, ¡bah, qué más da! Así que me puse con él solo para dejarlo a las pocas páginas. Una familia campesina que se traslada a un pueblo donde el padre va a ejercer de enlace con el partido comunista chino. Todo ello relatado por el hijo pequeño. No sé si el libro será bueno o malo, pero no me apetecía nada meterme en esa historia. Por cierto que en las últimas ediciones, el libro del Nobel de 2012 se titula El clan del sorgo rojo, algo que puede ayudar a evitar confusiones como la que sufrí yo.

Clarice Lispector es otra autora con excelentes referencias que descubrí cuando buscaba información sobre Lucia Berlin. Me dije, venga, voy a leer algo suyo, pero como siempre en mis tomas de contacto, que no sea muy voluminoso. El título (des)afortunado fue La pasión según G. H. Insoportable, un constante reflexionar sobre algo intangible, inasible, inconcebible. Renuncié antes de la página 30. ¿Volveré a intentarlo de nuevo? En lo que queda de 2018 no creo.

En una de mis habituales incursiones en La casquería del mercado de San Fernando me hice con La hora de la cerveza, primer volumen de la Trilogía malaya de Anthony Burgess. Ambientado en alguna colonia del imperio cuando ya le quedaban pocos años por mantener dicho estatus, está repleta de términos en diferentes idiomas locales que obligan a consultar el glosario a cada poco. Supongo que al escritor le parecería que algo así aportaría veracidad y originalidad al crisol de razas y lenguas que bla, bla, bla. A mí me saturó desde el capítulo uno. En el dos la cosa seguía igual y puesto que mi retentiva para recordar los significados era nula, lo devolví a la estantería donde estaba y allí sigue a día de hoy.

Empiezo a leer Hozuki. La libreria de Mitsuko de Aki Shimazaki y tras dos capítulos no encuentro nada que me despierte mínimamente el interés. La protagonista es una madre soltera que vive con su madre e hija pequeña (¿o era hijo?) en la planta superior de la librería que regenta. Añade una reflexión completísima sobre la elección y el significado del nombre del comercio, sin olvidar mencionar las razones por que escogió escribirlo en caracteres kanji frente a la escritura silábica del japonés (o al revés, no me acuerdo), y para mí fue suficiente para decir: hasta aquí hemos llegado.

26 nov 2013

La Niña del Pelo raro - David Foster Wallace

Otro de los autores comentado y elogiado por toda la blogosfera y de quien tampoco había leído nada: David Foster Wallace. Tiene hasta su propio acrónimo: DFW, lo cual a) le otorga cierto caché como escritor de culto y b) permite ahorrar 15 letras al mencionarle. Como suelo hacer casi siempre al enfrentarme a un autor desconocido, me he decido por un libro de relatos: La Niña del Pelo raro. Los textos incluídos en este volumen son:

  • Animalitos inexpresivos
  • Por suerte, el Ejecutivo de Cuentas sabía practicar la Reanimación Cardiopulmonar
  • La Niña del Pelo raro
  • Lyndon
  • John Billy
  • Aquí y allí
  • Mi Aparición
  • Di nunca
  • Todo es verde
  • Hacia el Oeste, el Avance del Imperio continúa
Los nueve primeros son relatos cortos de diferente extensión, mientras que el último es claramente una novela corta. Los cuentos me han parecido todos muy correctos, tanto a nivel técnico como por las tramas. Algunos me han gustado más y otros me han gustado algo menos, pero todos destilan calidad y muy buenas maneras. Historias cotidianas aderezadas puntualmente con ciertos giros retorcidos muy bien introducidos y que curiosamente, les aportan credibilidad. Porque admitámoslo, hay detalles turbios dentro de cada uno de nosotros que apenas se hacen notar porque casi siempre los podemos mantenemos a raya. Casi siempre. Pues bien, a mi me ha encantado la forma en que DFW proporciona vía de salida estas pequeñas infamias para dar empaque a la narración. Algunos ejemplos:

  • La madre que abandona a sus dos hijos pequeños (el menor autista) en mitad de la carretera porque el novio de turno no los aguanta ('Animalitos inexpresivos', probablemente el relato que más me ha gustado)
  • Los hermanitos (niño y niña) que excitados por las revistas porno que han encontrado casualmente en su casa intentan practicar el coito. El padre los sorprende y castiga al niño, que es el mayor de los dos, quemándole el pene con un mechero y no contento con ello, le amenaza con abrasarlo entero si vuelve a repetirlo. El niño crece y se convierte en un yuppie ochentero incapaz de mantener relaciones con penetración con mujeres y se limita a recibir felaciones. Se excita además quemandolas con cerillas y mecheros mientras se la chupan ('La Niña del Pelo raro', que lamentablemente desprende de un apestoso tufo a Menos que cero).
  • La incapacidad y torpeza de todo un doctorando del MIT para arreglar una simple cocina eléctrica y el pánico que le desborda cuando intenta asumir sus limitaciones ('Aquí y allí')
Prácticamente todos los relatos tratan las relaciones amorosas/personales, aunque cada uno en un marco de referencia completamente diferente. Una pareja de lesbianas en 'Animalitos inexpresivos'. Dificultades de pareja desde el primer momento de la relación en 'Aquí y allí'. La infidelidad matrimonial vista desde diferentes puntos de vista en 'Di nunca'. Admiración y afecto que quizás oculta un amor gay en 'Lyndon'. Aún cuando los cuentos datan de finales de los 1980s, el tratamiento es muy, muy contemporáneo.

Resumiendo, el nivel es bastante alto. Si hubiese dejado de leer en 'Todo es verde' estaría más que convencido de querer seguirle la pista a DFW. Ahora bien, aún no me he pronunciado sobre la novela corta, y me temo la novelita en cuestión es harina de otro costal. A mí me ha parecido simple y llanamente insoportable. Tanto es así, que no he terminado de leerla. ¿Alguien conoce el horror de leer algo que no te interesa una mierda, que no te llama lo más mínimo la atención? ¿Que aburre, cansa, hastía, fastidia y disgusta? ¿Que exige un esfuerzo supremo pero no devuelve ni la más mínima gratificación?
Paréntesis totalmente innecesario pero no por ello irrelevante: Soy plenamente consciente del riesgo en que incurro con las preguntas que acabo de hacer. Esa retórica de segunda con la que pretendo poner de manifiesto mi repulsa a esta novela corta, pone en bandeja a los fanboys más radicales de DFW una réplica para mandarme a paseo. Lo sé. No importa. No tengo miedo. Lo acepto humildemente.
Pues así me he sentido yo con 'Hacia el Oeste, el Avance del Imperio continúa'. No llevaba ni 50 páginas (bueno, a saber cuántas llevaba) y ya había comprobado unas 20 veces cuánto me quedaba por leer. No ha habido nada, absolutamente nada, que me haya gustado de lo poco que he conseguido leer de esta historia en que se mezcla creación (meta)literaria, el mundo de la publicidad, una fiesta con todos los actores que han salido en spots de McDonald's y una franquicia de discotecas llamada 'Casa Encantada'. Nada. Creo que el detonante para tomar la decisión de abandonar y dejar de sufrir ha sido un momento metaliterario que aperece por sorpresa y que el autor, en un alarde de sinceridad, titula: 'Una Interrupción verdaderamente descarada y maleducada'. Eso ha sido ya la gota que colma el vaso. La sensación de liberación y de paz al cerrar el libro en ese momento ha dado sentido a este día.

Resumiendo, a fecha de hoy y a pesar de que los nueve primeros textos me han gustado, no tengo el más mínimo interés en DFW. Tenéis mas comentarios de esta compilación en El blog del Cresta, Listas de libros y El increíble Mike. A los dos primeros les ha gustado mucho, el tercero es muchísimo más crítico y la considera irregular, especialmente por el rimto cansino que impone el último texto.

30 dic 2010

Pensad en Flebas - Iain M. Banks

Absurda. Vacía. Intrascendente. Prescindible. Hinchada artificialmente. Mala.

Estos son sólo algunos de los motivos por que he abandonado la lectura de Pensad en Flebas. Solo me parecían interesantes los planteamientos de "La Cultura", esa sociedad avanzada en que conviven humanos/humanoides y máquinas en perfecta armonía, y donde se ha logrado alcanzar la utopía de igualdad entre todos sus integrantes al confiar el gobierno a las mentes artificiales que han creado, dotadas de una increíble inteligencia y capacidad de análisis. Sin embargo en las casi docientas páginas que he aguantado no se profundiza prácticamente nada en ella, y no hay más que capítulos y más capítulos de aventuras espaciales ridículas. Es el primer libro de scifi que leo (que intento leer, más bien) que cae de lleno el subgénero de la space opera, así que me queda la duda: ¿son todas así de infumables? ¿La space opera consiste símplemente en escribir capítulos inconexos en los que se cuentan historias triviales sin orden, ni sentido, ni originalidad, ni interés para hacerlas pasar por "aventuras"? Me queda una sensación increíble de horas perdidas y esfuerzo inútil, ¡vaya sandez de novela! No le llega ni a la suela de los zapatos a la primera entrega de Imajica, y mira que esta otra me pareció mala. Hacía muchísimo tiempo que no me sentía tan timado por un autor. Desde luego como esto sea todo lo que Iain M. Banks tiene que ofrecer, yo renuncio a intentarlo de nuevo.

Por si esto fuera poco, cuando he ido a buscar otras reseñas de esta tomadura de pelo, me encuentro que en Fantasymundo dicen lo siguiente de ella:

"El innovador esquema narrativo de Banks es [...] dotar a la historia de un motor narrativo lo suficientemente potente como para sostener una trama fundamentada en las batallas espaciales."

"‘Pensad en Flebas’ [...] tiene la virtud de ser una perfecta carta de navegación del motor narrativo, y del posterior transcurso de la saga."

Y el último párrafo lo tengo que copiar entero porque no tiene desperdicio:

"La saga de ‘La Cultura’, por tanto, es una muestra de la mejor space opera de los últimos años. Tiene todo eso que una gran novela debería tener: una profundidad argumentativa que lleva al lector a la reflexión, unos personajes perfectamente trazados y atrayentes, una trama con una complejidad a la altura del motor narrativo que se emplea y, por supuesto, originales e intensas aventuras espaciales. ‘Pensad en Flebas’ tiene la virtud de poder identificarse como space opera y, al mismo tiempo, poseer las virtudes literarias suficientes como para trascender el subgénero. Dando como resultado Ciencia Ficción en mayúsculas."

¿Están hablando en serio? Entiendo que Fantasymundo tiene su propia tienda on-line, y que como todo negocio debe publicitar los productos que comercializa, pero me resulta completamente inconcebible que alguien pueda considerar "gran novela" a esta piltrafa. ¿1984, La Naranja Mecánica o 2001 entonces, qué son? Al menos una cosa me queda muy clara, si esta saga es 'una muestra de la mejor space opera de los últimos años', yo no vuelvo a leer nada mínimamente relacionado con el subgénero en mi vida. Mucho menos interesados se revelan en Al otro lado del mostrador, pues a pesar de declarase fans de las space operas, tienen la suficiente capacidad crítica como para reconocerle bastante poca profundidad.
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