19 feb. 2020

El mundo que Jones creó - Philip K. Dick

Otra novela de Philip K. Dick a la buchaca. La verdad es que ya no se me ocurre nada nuevo que decir sobre este autor. Bueno no creo que haya dicho nada nuevo sobre su obra en años. El mundo que Jones creó es más de lo mismo. Trama 100% dickiana que incluye sus elementos habituales: una sociedad en la postguerra de un enfrentamiento mundial con armas atómicas, mutantes resultado de la radioactividad, individuos con capacidades precognitivas, exploración del espacio y colonización del sistema solar, alienígenas de fondo, etc. etc. Un conjunto de ideas tan enorme que habría dado para desarrollar un libro comparable a los decimonónicos en cuanto a extensión, y que como no podía ser de otra forma, el autor estadounidense desarrolla en poco más que una novela corta.

Como novedad en cuanto a las ideas que maneja, me ha sorprendido el claro mensaje de amenaza que suponen los totalitarismos populistas (representados por el precog Jones del título), enfrentados a la sociedad  inclusiva e igualitaria que existía antes de su ascenso al poder. De todas formas el control del Estado sobre el individuo existe en ambas. En la supuesta sociedad progresista se materializan en forma de leyes imprecisas que pretenden garantizar la no discriminación de nadie, junto con un cuerpo de policía dedicado exclusivamente a la verificación de su cumplimiento. Típica expresión del pensamiento paranoico del autor, presente en cualquiera de sus títulos y que se ha desmostrado no andar muy lejos de la realidad actual. Trabaja también con la marginación que el ser humano impone al diferente (ya sean mutantes o extraterrestres), se plantea la inevitabildad del destino y la imposibilidad de cambiarlo por más que conozcamos el futuro, expone que las instituciones manipulan y engañan al individuo, etc. Ya sabéis que soy muy fan de este escritor y que leeré cualquier cosa que haya escrito, pero a mí personalmente ésta no me ha parecido que destaque dentro de su producción.

15 feb. 2020

Al faro - Virginia Woolf

No es que esté en contra de los temas que se tratan en Al faro. De hecho encajan a la perfección en mis gustos. Conflictos familiares. Cómo se puede torcer la vida de los vástagos por los errores cometidos en su educación. Por la frialdad o exceso de autoridad de uno de los progenitores. La eterna confrontación padres-hijos. La hipocresía del matrimonio. De las relaciones humanas, si queremos ir un poco más allá. Muy bien también por Virginia Woolf por mostrarnos sin ambages ni medias tintas que una mujer puede ser feliz y tener una vida completa sin necesidad de casarse con un hombre. ¡Bravo por ella!

De lo que estoy en contra es del estilo, de las yuxtaposiciones, explicativas, interminables, separadas por comas, símiles, con transfondo lírico, que no aportan nada, a la historia que se narra; la cosa no acaba aquí, porque después de una yuxtaposición de seis, de siete, de ocho elementos, o de más, que te obligan a detenerte, una y otra vez, para intentar tomar conciencia de qué se está hablando en realidad, hay un punto y coma, y de nuevo, más enumeraciones, de elementos, sin apenas verbos conjugados, con una intención poética, repletas de sensaciones, de emociones, con imágenes intensas, que por supuesto, se separan por comas.

De lo que estoy también en contra es del cambio de narrador, cada tres o cuatro frases, me obliga a alterar el contexto a cada poco, adaptarme al punto de vista de quien habla, sin descanso, nuevas perspectivas, sin parar, diferentes enfoques, según nos hable la madre, un poco después el padre, la invitada solterona, el hijo pequeño, la hija mayor, el invitado pobre y cascarrabias, el ama de llaves, los jóvenes casamenteros, también alojados en la casa de verano, sin aviso previo, en la mayor parte de los casos, poco más que una referencia al siguiente narrador, con algo de suerte.

Todo el rato así, el libro se me ha hecho interminable, insoportable. Y por momentos con tantas flores, campo, mar, playa, excursiones, pájaros, insectos, libros y comidas, ninguno de los cuales vienen a colación de nada, yo no sabía dónde estaba, quién hablaba, qué nos intentaba decir. Lo mismo que en La Señora Dalloway. Que no es que no tenga mérito o no sea válido, más bien me resulta muy pesado, nada atractivo, a mí no me gusta, no aguanto este tipo de prosa; con este libro de hoy he tenido más que suficiente, me despido de la obra de Virgina Woolf. No pudo ser, Mrs. Woolf, adiós.

11 feb. 2020

El Tercer Reich - Roberto Bolaño

Para no andarme por las ramas voy a empezar diciendo que El Tercer Reich me ha parecido una novela bastante floja. Escrita a modo de diario, el protagonista es Udo Berger, un veinteañero campeón de Alemania del juego de rol bélico que titula el libro. A través de las notas que vuelca en su cuaderno durante unas vacaciones en la Costa Brava, nos acercaremos a su obesión por dicho juego, a la relación con su novia y a una serie de personajes que irán conociendo durante esos días en la playa. En realidad todo el relato es bastante intrascendente y no termina de despegar. No hay un conflicto que sustente la acción y en definitiva asistimos poco más que  los devaneos del protagonista y sus acompañantes por la costa gerundense. Todo el rato un ir y venir de los entornos turísticos a las zonas del pueblo que quedan al margen de hoteles, playa y discotecas de verano.

De todas formas, Roberto Bolaño escribe de maravilla. A pesar de que la trama está a años luz de la brillantez de Los detectives salvajes o Estrella distante, las páginas caen con una rapidez asombrosa. Y algo que me ha sorprendido muy positivamente es el innegable aire lynchiano de toda la narración. Para empezar hay muchos personajes que encajarían a la perfección en el perturbador universo del director estadounidense. Luego tenemos la fijación insana de Udo por ese war game tan filonazi (temática ésta que es constante en su obra), que constituye su único interés incluso durante las vacaciones. También forman parte del texto varios sueños, extraños e inquietantes, reveladores a veces. Y para terminar la amenaza de una violencia que no acaba de manifestarse por un lado, y por otro la atracción sexual insatisfecha del protagonista por Frau Else, la directora del hotel donde se alojan. A medida que leía se generaban en mi cabeza las típicas imágenes asfixiantes y surrealistas de David Lynch, lo cual resulta gratificante si eres fan de sus películas. Pero por desgracia a la historia le falta empaque, no tiene para nada la fuerza a que este autor me tenía acostumbrado. Pero todo tiene una explicación: aunque escrita en 1989, fue la segunda que se publicó tras el fallecimiento del escritor. En fin, ¿para qué insistir en el tema de las obras inéditas publicadas póstumamente? No es que me haya aburrido leyéndola, pero al final me ha quedado una clara sensación de insatisfacción. Por supuesto en la blogosfera y medios digitales se leen maravillas de este título, aunque no en todos. En Revista de Libros le han hecho una crítica bastante atinada, por lo menos así lo veo yo.

7 feb. 2020

Y mañana serán clones - John Varley

Da la sensación de que John Varley puso un poco de todo lo que se le ocurrió para idear la trama de Y manaña serán clones. Alienígenas en estado gaseoso que habitan el contínuo espacio-tiempo y que invaden la Tierra para salvar a las ballenas y delfines de la plaga que supone el ser humano. La humanidad que huye del planeta para sobrevivir, colonizando el Sistema Solar. Una señal procedente de una estrella a 17 años luz que lleva 400 años emitiendo información sobre avances tecnológicos impensables para el hombre. Sexo. Diversidad sexual. Homo y bisexualidad. Mutaciones y mejoras genéticas conseguidas gracias a la información recibida de esa extraña fuente de datos. Cambios de sexo, por supuesto. Ingeniería plantearia, agujeros negros, campos de vacío para no someterse a la tiranía de la gravedad. Viajes en el tiempo. Y cómo no: clonación humana, factor este último que permite desarrollar muchas tramas paralelas con el mismo personaje que no se interrumpen por más que muera en un accidente o sea asesinado una y otra vez. Como podéis ver hay un poco de las temáticas habituales en la Edad de Oro de la Ciencia-Ficción (invasiones, colonización del espacio, etc.), pero con un enfoque más propio de la New Wave (ecología, cuestiones filosóficas sobre la individualidad, normalización de la diversidad sexual, etc.). A nivel formal también muestra características habituales de la New Wave, ya que combina diferentes formatos dentro de cada capítulo: notas de prensa, extractos de libros de historia o resoluciones judiciales se mezclan con la acción para dar al lector un contexto que permita entender lo que se cuenta.

La novela es absurda, inútil y totalmente prescindible. No es más que una space-ópera, una serie de aventuras intrascendentes que pretenden generar asombro pero que no conducen a ningún sitio. Ahora bien, es tan desmadrada y tan disparatada que hace gracia. Un poco como me pasó con La imagen de la bestia de Philip J. Farmer. Y eso a pesar de la confusión que generan las tres o cuatro tramas paralelas simultáneas que se desarrollan en torno a la protagonista, clonada hasta la saciedad. Y de los múltiples narradores (no solo los clonados en primera persona, también está el omnisciente en tercera). Y de esos golpes de efecto inesperados que el autor se saca de la manga y que le permiten salir de apuros. Total, ¿qué más da? Partiendo de que el libro se articula sobre civilizaciones extraterrestres desconocidas y muy avanzadas tecnológicamente, cuando no casi omnipotentes, si hay un sitio adecuado para meter deus ex machina sin complejos es en una narración como ésta. Así que una vez aceptas que la historia no tiene ni pies(1) ni cabeza, incluso lo puedes pasar bien leyéndola.



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(1) Los pies, las piernas y el resto de extremidades sufren amputaciones sin parar, bien por moda, bien para hacer más fáciles los viajes espaciales.

3 feb. 2020

Los huérfanos - Jorge Carrión

Un poco de contexto para empezar. Principios del año 2048, año arriba, año abajo. Interior de un refugio nuclear trece años depués de que la III Guerra Mundial haya arrasado con el planeta a base de pepinazos de superbombas atómicas (conocidas también como Bombas Y). El protagonista-narrador en primera persona, Marcelo, chatea con otro superviviente que está en un búnker en la otra punta del mundo. Yo me pregunto, ¿de qué está hecha la infraestructura de Internet en el 2035? Porque ahora mismo es fibra óptica y centros de datos que suelen estar más o menos protegidos contra catástrofes. Pero estamos hablando de superbombas atómicas. ¿Cómo es que bastan dos para borrar a Buenos Aires del mapa, pero aun así, todavía podemos chatear por Internet? Las Bombas Y que han provocado el Armaguedón, ¿no deberían haber derretido hasta lo infinitesimal también todo lo demás? No me cuadra. Al menos con la información que Jorge Carrión da, ese planteamiento no tiene ningún sentido. Y claro si empezamos así, mal vamos.

Los huérfanos es una novela de ciencia-ficción post-apocalíptica que hace aguas por los cuatro costados. No se trata solamente de la incapacidad de lograr la suspensión de la incredulidad en el lector. Las incoherencias y disonancias narrativas están por todos lados. Marcelo, que es un porteño muy internacional que toda su vida ha renegado de su argentinidad, escribe como un español haciéndose pasar por un argentino que quiere hacernos creer que rechaza sus orígenes. Porque no basta con decir coger en vez de follar, remera en lugar de camiseta y concha por coño para dárselas de argentino. Por más que Marcelo insista todo el rato en que su español es mucho más neutro que el que se le supone por su lugar de nacimiento, su supuesta nacionalidad es muy poco creíble. Y a pesar de que corre el año 2048, el protagonista, que tiene cuarenta y tantos años, se empeña en citar referentes culturales que serían fácilmente conocidos por los lectores contemporáneos (mediados de los 2010s): Messi, Juego de Tronos, Sharon Stone en Instinto básico. Una película estrenada más de 10 años antes de que él naciera. Con semejante pastiche yo no puedo entrar en la narración. Imposible.

¿Cómo es entonces que he aguantado hasta el final? La novela se hace medianamente soportable por el concepto de Reanimación histórica. Se trata de una tendencia surgida a partir de la Memoria histórica, a la que suma elementos teatrales de recreación y viviencia en primera persona. Se refuerza además por una novedosa técnica de cirugía estética denominada facing. El facing permite a los integrantes de estas asociaciones transformar sus rostros en los de los personajes originales de los acontecimientos históricos que quieren mantener vivos. No es solo que la Reanimación histórica condujo a la III Guerra Mundial tras décadas de escalamiento y refinamiento en las recreaciones (proceso que está muy bien ideado y relatado por Carrión, las cosas como son). Es que además hay momentos verdaderamente soprendentes, originales y divertidos cuando Marcelo describe los grupos existentes en los informes que redacta para la Comisión de Naciones Unidas en que trabaja. El Black Ku Klux Klan por ejemplo. Brillante. Reconozco también que la estructura me ha percido muy lograda, con secciones que alternan entre la acción en el interior del búnker y los flasbacks sobre la Reanimación histórica. Al final ambas convergen en el desenlace de la III Guerra Mundial y el de la trama post-hecatombe. Pero es que la acción en el interior del refugio nuclear es tan absurda, tan vacía, tan condenadamente aburrida. Un elogio ridículo a la escritura y las palabras por un lado, y a las relaciones humanas y al sexo por otro. Todo ínfulas y muy pretencioso. Una pérdida de tiempo absoluta. No hay idea, por muy original y ocurrente que sea, que pueda levantar una narración basada en un conflicto sin fuerza, sin entidad. Y éste es el caso de este libro. Lo peor del caso es que no se puede decir que no estaba avisado. En La medicina de Togoy ya lo dijeron hace casi cinco años y yo lo visé con un comentario. Y para que no me vengáis que ya sabemos cómo se las gasta Tongoy, en Revista de letras también sale bastante malparado.

30 ene. 2020

El cuento de la criada - Margaret Atwood

La verdad es que venir a comentar El cuento de la criada después de tres temporadas de la serie de HBO no es lo que se dice darse mucha prisa en leer la fuente original. Así que poca novedad va a haber en este post. Que estamos ante una distopía (en el sentido clásico del concepto, que ahora a cualquier cosa la llaman distopía), que está maravillosamente escrita y que es espeluznante por lo próxima a la realidad que está en ciertos aspectos ya se habrá escrito en todos los artículos periodísticos, reseñas en blogs y críticas literarias habidas y por haber. Pero no me queda más opción que repetirlo para hacer justicia a esta maravillosa novela de Margaret Atwood. A pesar de los devastador que resulta contemplar la aniquilación de la protagonista bajo la dictadura teocrática de Gilead (bueno, de la protagonista y del resto de las mujeres principalmente), la narración es super absorbente y atractiva.

La autora canadiense logra mantener la tensión en todo momento, por un lado transmitiendo el miedo e indefensión del individuo ante la maquinaria totalitaria del estado, y por otro revelándonos poco a poco los acontecimientos históricos que condujeron a esa situación. Por no hablar de la originalidad de los planteamientos, sobre todo en la perversa identidad corporativa de esa vil república: los colores de la vestimenta de cada grupo de población, el despliegue escénico de la Ceremonia (repugnante eufemismo para la violación de las criadas con el elevado propósito de dejarlas embarazadas), la teatralidad y magalomanía de los actos públicos, etc. ¿Y qué decir de la capacidad de análisis de Atwood sobre la sociedad ? Fue capaz de intuir ya a mediados de los 1980s por dónde irían los tiros en cuanto a politica internacional en el futuro: represión de las libertades en nombre de la seguridad ante la amenaza del terrorismo islámico. Esto es para ovacionarla, en serio. Si sois reacios a ver la serie de TV, no sé qué estáis esperando a leerla. Si ya la habéis visto y también os animáis a hacerlo, comprobaréis que se corresponde con la primera temporada y que han hecho un sublime trabajo de adaptación, merecedor de tantos elogios como el libro en que se basa.

26 ene. 2020

Sánchez - Esther García Llovet

¡Qué historia tan, tan bonita! Sánchez es una novela corta con unos personajes que se mueven en la marginalidad y la delincuencia. Pero por suerte Esther García Llovet se guarda muy bien de mostrarnos la violencia que suele acompañar a ambas. Todo lo más se deja entrever en las maneras desconfiadas, recelosas y extremadamente cautelosas que exhiben los protagonistas. A lo largo de la noche de verano en que transcurre la acción, recorreremos el Madrid que no se promociona entre los turistas siguiendo el desesperado intento de estafa de Nikki (la narradora) y Sánchez a la organizadora de una carrera ilegal de galgos. Unos y otros resultan ser unos perdedores entrañables y de buen corazón a los que resulta imposible no querer. Si a esto le añades unos toques de misterio inexplicables con tintes sobrenaturales, la combinación compone una trama terriblemente atractiva.

Y centrándonos en la prosa de esta autora, es sencilla, directa, de frases cortas cargadas de sentido e intención. Con unos diálogos que sorprenden por su naturalidad y credibilidad, ¡da gusto leer cosas así! El único pero que puedo ponerle es la frustración que supone vertilarse el libro en un ratito. Bueno eso y que los hechos se asocian a nombres propios de la geografía urbana de la ciudad en que se desarrollan: Tetuán, la Dehesa de la Villa, Pitis, Hermanos García Noblejas, Urgel... Yo llevo viviendo en Madrid desde finales de los 1980s y no sabría decir por dónde cae Urgel, así que a un cordobés, ya sea de España o Argentina, no sé si le dirán gran cosa. No es la primera vez que comento que en mi opinión este tipo de referencias tan precisas juegan en contra de una narración. También aquí la enturbian un poquito, pero solo un poquito, porque a pesar de ello me he rendido complentamente a esta obra, que me ha parecido preciosa. No miento, ¡¡¡es preciosa de verdad!!!
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