29 mar. 2020

Madrid, Costa Fleming - Ángel Palomino

Publicada en 1973, Madrid, Costa Fleming es una novela coral que muestra una instantánea de la sociedad española urbana del tardofranquismo. Para ello Ángel Palomino nos acerca a los residentes del recién inaugurado «Edificio Zivago», un bloque de viviendas de alto standing situado en uno de los barrios de mayor nivel socioeconómico de la capital de España de aquel entonces. Localizada entre el estadio Santiago Bernabeu y Plaza de Castilla, a la derecha del Paseo de la Castellana (Avenida del Generalísimo en aquel momento), esta zona estaba en pleno desarrollo urbanístico en esos años, siendo su centro neurálgico la calle Dr. Fleming. Como bien titula el libro, este ensanche se vino a conocer popularmente como Costa Fleming y se convirtió en uno de los principales centros de ocio del Madrid de los 1970s. Por desgracia la Costa Fleming se caracterizó por la abundancia de de bares de alterne donde se fomentaba la prostitución. Estas whiskerías, término que hoy día suena muy desfasado, se nutrían de los tecnócratas y empresarios surgidos a finales del desarrollismo que caracteriza la última fase del franquismo.

Palomino usa varios elementos para generar el conflicto en la trama y componer una historia que me ha sorprendido de manera muy positiva. El primero y más obvio es la prostitución, que de una manera u otra se adueña de casi todos los apartamentos del edificio. Esta actividad no regulada le complica la vida a los pocos residentes que no se dedican a ella, sacados de entre lo más tradicional y conservador del Madrid de los setenta. También nos da a conocer los tejemanejes de la constructora del Zivago, integrada por arquetipos de la nueva clase empresarial surgida del desarrollismo. Aquí desde luego el autor lo clavó, pues asistimos a un precoz show de especulación urbanística que con los años se ha convertido en habitual en nuestro país (seguramente peco de ingenuo y venía ya de antiguo). Hay más subtramas sobre delicuencia internacional, relaciones prematrimoniales, madres solteras, hippies, progres, maricas y curas amancebados, las cuales terminan de construir un mosaico de una sociedad que se ve abocada a la modernidad. Palomino resulta muy habilidoso y ambiguo en la redacción del texto, de tal forma que no llegamos a saber si es partidario de este cambio (quizás por el progreso económico asociado al mismo), o simplemente lo acepta como signo de los tiempos que le tocaron vivir. Lo cierto es que el escritor es muy respetuoso con todos los personajes independientemente de su pelaje, algo que es de agradecer si tenemos en cuenta que la mitad  pertenecía bien a grupos perseguidos, bien a colectivos criminalizados.

25 mar. 2020

Antes del huracán - Kiko Amat

En su momento dije que no iba a dedicar mi tiempo a este libro, pero poco después de aquello encontré Antes del huracán en el Rastro de Madrid por un precio muy asequible. Así que como siempre he querido que las novelas de Kiko Amat me gusten, la compré para darle otra oportunidad. No me ha ido mal del todo: debo admitir que aun con sus fallos, que en mi opinión los tiene, me ha parecido lo mejor que he leído de este autor hasta el momento.

El texto se articula en un par de hilos argumentales que narran la vida del protagonista, Curro Abad Colet. Uno nos cuenta su pre-adolescencia en Sant Boi (Barcelona) a principios de los 1980s; en el otro estamos en 2017, nuestro hombre tiene ya unos 46-47 años y lleva la mitad de su vida internado en el hospital psiquiátrico Santa Dympna de ese pueblo del extrarradio barcelonés. El objetivo del primero es darnos a conocer el origen de los problemas mentales de Curro, a los cuales tratará de ponerles fin el el segundo con la simple intención de conseguir un poco de paz.

No voy a negar que la novela me ha parecido demasiado extensa para lo que se quiere contar. Para empezar parece que Amat se deleita de manera morbosa en prolongar la agonía del pequeño Curro, cuyas desgracias parecen no tener fin. Admito que en ciertos momentos me ha llegado a emocionar el relato de las mismas, no en vano se trata de un crío rarito de unos doce años con una situación terrible en casa y que además sufre acoso en el colegio. Imposible no verse identificado, no digo con todo, pero sí con parte de lo que se cuenta. Imposible reprimir la frustración de no poder formar parte de la trama para echarle una mano, para ayudar a esa familia a salir de ese pozo. Pero no habría sido necesario explayarse tanto, nos habríamos hecho a la idea con la mitad de las penurias. Por otro lado y supongo que para compensar tanta congoja y tanta tristeza, el hilo con Curro en el hospital tiene una gran componente humorística (también la tiene la del niño, pero menos). La cuestión es que todos los personajes y situaciones que nos hacen reír están totalmente desvinculados de la historia. Y luego, tanto en uno como en otro asistimos al sempiterno despliege de fobias y filias de este escritor: la vida en el extrarradio de una gran ciudad, guiños a las subculturas mod/sixties y skinhead, la anglofilia, el elogio de aquellos cuyos gustos y aficiones no encajan en los de la mayoría, etc. Nada de eso me parece mal, siempre y cuando encaje en lo que se está contando. Y aquí no siempre es el caso.

Sin ser una novela redonda, no está mal. Te divierte y también te emociona. Tiene risas y lágrimas, aunque más de las estrictamente necesarias y las primeras están metidas con calzador. Pero en global, me dejado una buena impresión. Si tenéis intención de leer algo de Amat, a fecha de hoy yo iría sin duda a por ésta.

23 mar. 2020

10. Jahrestag

Parace que fue ayer pero no: mi primera reseña la subí a Das Bücherregal hace ya diez años (y dos días, perdón por el despiste). En realidad el blog lo empecé unos días antes con el acerca de; de hecho he venido celebrando otros aniversarios en esa fecha. Sin embargo para esta efeméride he preferido tomar el 21 de marzo como la fecha oficial de inicio, que es cuando escribí la reseña número uno: David Safier y su Maldito Karma. No acerté con mis vaticinios pero desde luego el autor alemán se me atragantó: ni por un momento se me ha ocurrido repetir con él.

El décimo aniversaro parece ser una fecha aciaga. Muchos blogs escogen esta ocasion tan emblemática para echar el cierre, amparándose en motivos de lo más variopinto. Todos ellos son respetables, ¡faltaría más! Como si no quieren dar ninguno y simplemente dejan de actualizarlo. Precisamente en los últimos meses he eliminado de mi lista de seguimiento dos o tres que caían de lleno en esta categoría (a decir verdad creo que uno cumplía ocho). Ni siquiera recuerdo cuáles eran, ahora es como si no hubieran existido nunca. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. Por suerte para aquellos que todavía nos lo pasamos bien curioseando la blogosfera literaria, hay otros muchos que superan esta crisis de edad madura de los blogs y resisten. De momento podéis contarme entre ellos.

20 mar. 2020

From hell - Alan Moore y Eddie Campbell

Alan Moore recrea en From hell los asesinatos de Jack el Destripador bajo un escrupuloso análisis de los hechos. Todos los personajes que nos trae a este fabuloso cómic son reales y sus acciones encajan en los acontecimientos, por más que no haya pruebas que lo confirmen. Naturalmente Moore tiene que poner algo de su cosecha para dotar de sentido y globalidad a lo que cuenta. Para que las piezas encajen. Pero ni siquiera los aspectos de ficción se alejan demasiado de las biografías de sus protagonistas y mucho menos del escenario que representa el Londres victoriano. Ya sea la realeza (la Reina Victoria, el príncipe Alberto, nieto de la anterior), personajes históricos (Joseph Merrick -el Hombre Elefante-, Oscar Wilde, Aleister Crowley), la arquitectura ocultista de las iglesias de Londres, las sociedades secretas de masones,... La suma de estos elementos componen una historia ideada a la perfección y adictiva como pocas.

La parte gráfica corre a cargo de Eddie Campbell, que usa solo tinta negra para recrear el espanto de la época en que ocurrieron los crímenes. Los personajes se dibujan muchas veces de manera muy tosca, casi como si se hubiera hecho deprisa y sin demasiado interés. Esto evidentemente no es así, para demostrar lo contrario hay viñetas de sobra que están perfectamente planificadas y dibujadas, detalladas minuciosamente. Sin embargo al emplear esos rasgos feos y casi sin terminar en los personajes se consigue trasmistir la dureza de la vida en las calles y el horror de la sociedad victoriana. Las páginas se articulan en tres viñetas de ancho por tres de alto. Esto es así en prácticamente el 90% del libro. Sin embargo cuando una escena necesita más espacio se fusionan varias viñetas respetando siempre los tamaños originales de 3x3.

El libro es espectacular, no sólo en contenido, sino también en el continente. La edición de Planteta deAgostini Cómics es un poco cara, casi 30€, pero sin duda están bien pagados. Incluye un extensísimo apéndice en el cual Moore nos da un registro pormenorizado, capítulo a capítulo y página a página, de las fuentes bibliográficas que empleó para guionizar los hechos. La única pega que le puedo poner es que el tamaño de las letras en los bocadillos es muchas veces extremadamente pequeño y los textos resultan difíciles de leer. Con todo y eso, está más que recomendado. Pero bueno, que este libro es una maravilla ya se lleva repitiendo desde la fecha original de su publicación como serie entre 1989 y finales de los 1990s, así que poca novedad traigo hoy al blog.

Para terminar no puedo dejar de comentar algo sobre la adaptación homónima a la gran pantalla de 2001. Yo la ví en su momento y no me pareció mala película. Ahora que comparada con el cómic son como la noche y el día. La trama del film es que no tiene prácticamente nada que ver con la obra de que me ocupa hoy.

16 mar. 2020

Nido de pesadillas - Lisa Tuttle

Regular. La mayoría de los relatos cortos recopilados en Nido de pesadillas me ha parecido regular nada más. Se trata de trece cuentos de terror que están fechados entre 1972 y 1985 y que evocan atmósferas que podemos reconocer en otros autores del género, como Clive Barker o Thomas Ligotti. Lo curioso del caso es que muchas veces Lisa Tuttle incluye algunas de mis temáticas preferidas: ritos paganos, misteriosas deidades pretéritas o perversos seres arcanos que sin razón aparente se cruzan con los protagonistas. No es un problema de ambientación tampoco, de hecho está muy lograda. La pluma de esta autora es capaz de transmitir bastante bien el desasosiego o la sensación de irrealidad y extrañeza arrollando lo cotidiano. Entonces si algunas tramas incluyen ideas muy poderosas y originales, -ojo, que otras trabajan ideas super manidas que se ven venir a la legua y no sorprenden lo más mínimo-, ¿por qué fallan si tiene esa base tan potente? Pues quizás porque son demasiado breves para poder desarrollar todas esas ideas con la fuerza necesaria para convencer. Y el hecho de que casi siempre se cierren de manera imprecisa no ayuda mucho. Cuando hay potencial la sensación que queda al terminarlos es que Tuttle no consigue llevar el relato a buen puerto. Salvo de la quema sólo tres títulos (tenéis la lista completa en la ficha de la Tercera Fundación):

  • 'Nido de bichos', con una carga de violencia que destaca muy por encima de los demás.
  • 'Recorriendo el laberinto', donde la verdadera protagonista es una antigua ceremonia pagana.
  • 'El nido', con un extraño ser mitológico ocupando el ático de una casona de campo inglesa.
En definitiva una lectura que no me va a dejar huella, ni por sublime ni por decepcionante.

13 mar. 2020

El cerebro del más allá: Una opereta espaciotemporal - Ian Watson

Como recordaréis (es una forma de hablar, por supuesto; no espero que nadie recuerde las tontunas que escribo aquí), en 2018 Ian Watson se me reveló como el más grande descubrimiento de la ciencia-ficción afín a mis gustos después de Philip K. Dick. Después en el sentido temporal, ojo; no prentendo entablar una competición entre uno y otro. No en vano en aquel año me leí cinco libros suyos sumando novelas y compilaciones de relatos cortos. Ni que decir tiene, este atracón vino acompañado de una búsqueda febril de sus libros en Internet. Durante unos meses anduve como loco rastreando iberlibro y haciéndome con todo lo que encontraba de este autor. Uno de los tomos que compré fue El cerebro del más allá, que con el subtítulo de 'Una opereta espaciotemporal', ya deja bastante claro por dónde van los tiros. De hecho, ya sea por adoptar un formato breve o bien por el desparpajo de Watson, hasta el momento es la única space-opera (¿space/time-opera?) que no me ha parecido un insulto a la inteligencia.

El escritor británico, con esa desenvoltura suya tan dicharachera, nos trae una historia de aventuras que está plagada de temas propios del género en su versión más clásica, entre las que se incluyen:

  • Alienígenas hibernando en las profundidades de la Antártida
  • Viajes en el tiempo (con ese subtítulo solo faltaría que no los contemplase).
  • Meteoritos impactando con la Tierra
  • Artrópodos mutantes hipertróficos
  • Colonización de nuestro sistema solar
  • Etc.
Estos elementos se mezclan sin descanso y sin pudor ninguno. Y por si eso no fuera suficiente, Watson imprime a la novela su toque personal característico al incluir también inteligencias artificiales, cuestiones medioambientales o filosófico-religiosas y mucho humor. El enfoque de este último comprende por un lado juegos de palabras, supuestamente ingeniosos pero bastante simplones en mi opinión, y por otro planteamientos que entroncan con el absurdo y la intertextualidad. Sin duda estos últimos son los que más me han hecho disfrutar. Por lo demás el libro se lee en un par de sentadas y no deja de ser un divertimento sin demasiadas pretensiones. Aun así hay que reconocer que a nivel narrativo es muy compacto y coherente, cosa que según en qué casos al escritor afincado en Gijón le cuesta conseguir.

10 mar. 2020

El vivo - Anna Starobinets

Dentro de un número no precisado de siglos en el futuro, la población fija de la Tierra la componen los tres mil millones de personas que sobrevivieron las múltimples epidemias y desastres medioambientales que se fueron a llamar la Gran Reducción. La sociedad que se ha creado en torno a este número se denomina el vivo, y ha logrado la inmortalidad sustituyendo cada muerte por un nacimiento que hereda la clave del fallecido. Que viene a ser su historia, sus recuerdos y el acceso a un mundo virtual que funciona como una red social, al cual se entra con un bioimplante. Al menos eso es lo que les cuentan a los ciudadanos en esta distopía tecnológica de tintes orwellianos.

Como puntos fuertes de la historia tenemos las múltiples capas y giros narrativos con que Anna Starobinets vapulea al lector. La autora rusa juega con la ambigüedad de tal forma que hasta prácticamente el último capítulo no sabes cuál es el discurso. En un primer instante te hace pensar que se han dinamitado con éxito los modelos tradicionales de convivencia: se fomenta el desapego familiar/emocional, los hijos se separan de las madres a los siete años, el ateísmo está institucionalizado, el sexo se disfruta en festivales-orgías como una opción de ocio más, etc. Poco después conoceremos grupos que están en contra de estas medidas que consideran antinaturales y por tanto promocionan la pareja estable, la fidelidad, la familia, la religión, etc. Y entre ambos extremos comprobamos que tanto unos como otros son despreciables por sus propios motivos y que el ser humano no tiene solución sean cuales sean sus creencias.

A los elementos más habituales de las distopías clásicas (modelado y manipulación de la realidad mediante el lenguaje, vigilancia estatal 24/7), el vivo impone un patrón de referencia tecnológico que en mi opinión falla por estar está muy anclado a las tendencias existentes en los años previos a la fecha de su publicación (2011). Así nos presenta una sociedad totalmente enganchada a redes sociales mezcladas con mundos virtuales que se experimentan en varias capas de (ir)realidad. Nueve años después de aquello, Facebook ya no tiene apenas presencia en los medios, aunque la balanza ahora se inclina por twitter, que sin duda seguirá su estela en pocos años. Y la superficialidad de Instagram solo sirve alimentar la vanidad de sus usuarios. Por otro lado los asistentes virtuales, la realidad aumentada o la realidad virtual solo tienen cierta implantación en el mercado de los videojuegos por más que de cuando en cuando las noticias hablen de su prometedor uso en la cirugía vascular cerebral más delicada. Con lo cual, ese futuro distópico propuesto por Starobinets resulta, menos de una década después, desfasado, anticuado y poco creíble. Lo cual no es óbice para que el texto funcione ya para que una novela tenga éxito no hay como recurrir a valores eternos: la miseria del ser humano en sus múltiples formas.
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