28 jul. 2016

Padres e hijos - Iván S. Turguénev

Yevgueni Vasílich Bazárov, o Bazárov a secas por lo que a nosotros respecta, es un estudiante de medicina extremadamente inteligente y procaz que, siguiendo la ola del positivismo que se extendió por toda Europa en la la segunda mitad del S. XIX, mantiene una actitud extremadamente crítica e irreverente ante la realidad y las normas establecidas. Según su propia ideología, sólo el método científico permite conocer nuestro entorno y la sociedad en que vivimos, así que debido a su constante cuestionamiento de la misma se llama a sí mismo nihilista.
"El nihilista es un hombre que no acata ninguna autoridad, que no tiene fe en ningún principio ni les guarda respeto de ninguna clase, ni se deja influir por ellos."
El protagonista y uno de sus discípulos, Arkadi Kirsánov, comienzan el que se revelará a posteriori como un viaje iniciático por una Rusia que ya ha comenzado tímidamente a implantar reformas liberales, en concreto mediante la eliminación por parte de algunos nobles y terratenientes del régimen de semiesclavitud en que vivían los campesinos. El padre de Arkadi, Nikolái Petrovich Kirsánov, a quien primero visitan los dos nihilistas, es uno de ellos. Tras pasar varias semanas en la hacienda familiar y después de múltiples encontronazos con el tío de Arkadi, Pável Petrovich Kirsánov, los jóvenes se marchan a la ciudad aprovechando que un pariente influyente de los Kirsánov estará por allí una temporada. Una vez en la gran urbe, son invitados a una fiesta en honor a esta relevante figura del gobierno, en donde conocen a la bella y carismática Anna Serguéievna Odintsova, algo mayor que ambos pero de quien los dos se enamorarán. La joven viuda les invitará a su casa en el campo y será en la residencia de la Odintsova donde Bazárov tendrá que enfrentarse a la realidad más física e incontrolable del ser humano, cayendo perdídamente en el romanticismo que más detesta, como se espera del gran iconoclasta que pretende ser.

Padres e hijos es mi toma de contacto con la obra de Iván S. Turguénev. Desde el punto de vista temático, he de reconocer que todo el supuesto conflicto generacional y el choque provocado por las diferentes visiones del mundo entre unos y otros me ha parecido bastante inocente en tanto en cuanto las cuestiones sobre las que se plantea están más que asumidas siglo y medio después. Por tanto la primera parte, basada en constantes enfrentamientos dialécticos en casa de los Kirsánov, me ha resultado algo floja. Sin embargo, cuando la acción se traslada a casa de la rica y joven viuda Odintsova la trama da un giro de 180º y se centra en el conflicto personal de Bazárov ante el amor, cuya existencia no niega ni ignora, aunque sí lo considera un sentimiento carente de relevancia en el nuevo mundo al que necesariamente se ha de evolucionar. A partir de entonces el texto me ha parecido una verdadera maravilla, plagado de dolor, de felicidad, de intensidad, de rechazo, con extraordinarias descripciones de la turbación y el desconcierto de un personaje arrogante que se pensaba en control de la situación y se encuentra de repente con el barro de la realidad más simple llegándole hasta el cuello. Una situación deliciosa por la amargura que transmite desde la sencillez de ideas más absoluta.

Independientemente de mi falta de interés sobre los problemas sociales y éticos planteados al principio de la trama, hay que admitir que como documento histórico sobre al rusia zarista el libro es imbatible. Por otro lado la prosa del autor ruso es pulcra, limpia, impecable. Todas las ideas se exponen con un lenguaje sencillo y directo, con una claridad aplastante. Los diálogos son auténticas joyas que me han sorprendido por lo fácilmente que me han emocionado. Como resultado, los capítulos caen a una velocidad de vértigo, haciendo que la lectura sea una auténtica gozada. Volveré a leer a Turguénev, no tengo ni la más mínima duda. Más reseñas de este libro en Solo de libros y Club de catadores, este último con un extensísimo post que revela información de la trama más allá de la estrictamente necesaria, diría yo.

22 jul. 2016

Catástrofes - Patricia Highsmith

Los diez relatos incluidos en Catástrofes tienen en general un aire muy a guión de serie de televisión de misterio de los 1960s-1970s, tanto que me ha resultado inevitable pensar en Dimensión desconocida, La hora de Alfred Hitchcock y similares en muchos momentos. Por norma, los protagonistas pasan por situaciones muy complicadas y difíciles, viendose obligados a enfrentarse a fuerzas ocultas muy por encima de la capacidad de maniobra del individuo (ya sean organismos gubernamentales secretos, poderosos grupos de presión o plagas bíblicas de insectos). El proceso es angustioso, a veces kafkiano, y el resultado final no suele ser bueno para casi ningún implicado: desapariciones, abandonos, asesinatos, enfermedades mortales, suicidios. Los temas que tocan son interesantes aunque han quedado algo desfasados por estar muy anclados al momento histórico en que fueron portadas de periódicos y telediarios: corrupción tras la independencia de las antiguas colonias africanas, la gestión de residuos nucleares, el impacto social de la Teología de la liberación, la Guerra Fría y la amenaza de holocausto atómico, etc. También es verdad que hay otros que siguen perfectamente vigentes (ecología y maltrato animal, límites éticos de la experimentación científica, brecha social, etc.), pero en los contextos en que se desarrollan sigue notándose cierto tufo a añejo. Los títulos de los cuentos son:

  • El cementerio misterioso
  • Operación Bálsamo; o «no me toques»
  • Nabuti: Calurosa bienvenida a un comité de la ONU
  • !Dulce libertad¡ Y una merienda en el jardín de la Casa Blanca
  • Complicaciones en las Torres de Jade
  • Úteros de alquiler contra la derecha poderosa
  • Moby Dick II; o la ballena misil
  • Nadie ve el final
  • Sixto VI, Papa de la zapatilla roja
  • El presidente Buck Jones defiende la patria
Creo que Patricia Highsmith está entre los más grandes autores del género negro. Lamentablemente cuando se trata de narrativa corta las cosas no le salen tan rendondas como en la novela, según mi opinión personal claro. Yo esperaba encontrar en estos cuentos el habitual giro perverso y despiadado que caracteriza sus libros y sin embargo no ha llegado en ningún caso. Son historias que no están mal y entretienen, pero a las que les falta gancho, pegada, así que ninguno me ha dejado KO. Y los cierres suelen ser más sosos que una dieta para controlar la hipertensión. El de 'El presidente Buck Jones defiende la patria' por poner un ejemplo: durante un arrebato alcohólico, una primera Dama aficionada al whiskey ejecuta la orden de lanzamiento del primer misil atómico estadounidense contra la extinta URSS, lo cual provoca un holocausto nuclear y todos mueren. Vaya historia, ¿verdad? Se trata sin duda de algo que nadie hubiera esperado, por mucho que hasta llegar ahí ocurran cosas de cierto interés. En fin, que mira que lo he pasado yo bien con los ladrones y asesinos pirados de Highsmith, pero sus relatos cortos me cuestan. Ya lo entreví con el primero que leí, Sirenas en el campo de golf, aunque con Pequeños cuentos misóginos me despistó un poco. De todas formas debo de ser de las pocas personas que no se entusiasman con ellos, mirad si no, las opiniones que en tienen de este libro en Cuchitril literario y A la bim bom bao.

4 jul. 2016

Héroes y villanos - Angela Carter

La acción de Héroes y villanos transcurre en un escenario post-apocalíptico en un futuro no demasiado lejano pero sin determinar. Una guerra nuclear ha acabado con la sociedad tal y como la conocemos. Los supervivientes se han organizado de formas diferentes, por un lado hay pequeñas poblaciones fortificadas donde se cultiva el terreno y se cría ganado. Estas colonias están dirigidas por los Profesores, que son los encargados de mantener la cultura en la medida de sus posibilidades. Luego están los Bárbaros: nómadas y guerreros, sobreviven a base de saquear las poblaciones ya comentadas. Y luego están los Parias, mutantes enfermos aunque terriblemente belicosos, son el lamentable resultado de las armas empleadas en la contienda. Malviven en cualquier agujero y usan flechas infectadas en sus propias pústulas para atacar a todo el que se cruce en su camino. Marianne es una mujer joven de 16 años que se ha criado en una de las aldeas fortificadas. Perdió a su hermano mayor en una trifulca con los bárbaros cuando ella tenía tan solo 5 años. Su madre se murió de pena un par de años después de morir su hijo. Y su padre acaba de ser asesinado por la antigua niñera de Marianne en un arrebato de locura. Así que como no tiene a nadie y la vida en este entorno rural agrario no le atrae en absoluto, decide escaparse con uno de los bárbaros que ha quedado atrapado en la aldea tras una incursión. Le ayudará a huir y ambos iniciarán una vida en común con los salvajes, donde Marianne tendrá ocasión de comprobar que ni los Profesores eran tan sabios, ni los Bárbaros tan simples e incultos.

Hace un par de años por estas mismas fechas reseñaba en el blog La cámara sangrienta, una estupenda compilación de relatos cortos donde Angela Carter reinterpretaba un puñado de cuentos clásicos desde una perspectiva adulta, femenina, feminista y turbia. Me quedé con ganas de leer más obras de esta autora y en una reciente visita a una biblioteca pública he pillado entre otras la que me ocupa hoy. Pues bien, poco que ver con aquel volumen. Estamos ante una novela de ciencia-ficción soft que se centra en imaginar los aspectos socioculturales, antropológicos o etnográficos de ese mundo tras la gran hecatombe nuclear. No he encontrado nada digno de mención; para empezar los personajes no tienen demasiada profundidad, por más que Carter también aquí imprima un toque claramente feminista a la chica protagonista: fuerte, autosuficiente, no necesita al hombre a su lado pero le acompaña voluntariamente cuando se siente a gusto con él. Para continuar, el argumento va dando tumbos sin querer ir a ningún sitio para terminar abruptamente y sin chispa alguna. Todo lo más y por querer extraer alguna idea interesante de un texto bastante inane, la autora imagina que el ser humano va a reproducir siempre los mismos esquemas y relaciones de poder. Si en las aldeas es un hecho que existe una jerarquía trasladada del mundo antior a la guerra (ejército/policía, clase culta, clase trabajadora, administración, etc.), los vándalos tienden a lo mismo pero evolucionando desde más atrás en la historia: clanes dominantes, dinastías, etc. Resumiendo y desde mi perspectiva personal, un libro cuya lectura podía haberme ahorrado. De forma totalmene diferente piensan en Crítica de libros y El jardín del sueño infitito, blogs donde podréis obtener otras opiniones de esta novela.

27 jun. 2016

La bendición de la tierra - Knut Hamsun

En la Noruega profunda y a principios del S. XX, Isak, joven, decidido y fuerte como un roble, toma posesión de unas tierras del estado para cultivarlas y fundar una granja. Empieza solo y en condiciones muy difíciles; un par de años después de asentarse se le une Inger, una joven también decidida y fuerte como un roble pero que al tener un defecto de nacimiento, un labio leporino, es consciente de que no va a tener muchas oportunidades mejores. La alquería crece poco a poco, al igual que la familia, que pronto tendrá a dos pequeños vástagos: Eleseus y Sivert. Con la ayuda de Geissler, el antiguo comisario de la población más cercana, Isak adquiere las tierras al estado, y es el propio ex-comisario quien bautiza la explotación agrícola como Sellanrå. Geissler descubre una posible veta de mineral de cobre dentro de los límites de la propiedad de Isak y le compra el terreno por un buen dinero. Y los años pasan y también ocurren cientos de acontecimientos de mayor o menor gravedad entre los protagonistas; los colonos que empiezan a asentarse en las proximidades atraídos por la riqueza de las tierras; los vecinos del pueblo más cercano chismorrean y el yacimiento minero se ponen en producción y luego la producción se detiene. No voy a dar más detalles por no reventar los aspectos más interesantes de la trama, que no hace sino exponer la bondad (a ratos) de la vida simple y esforzada del campo, frente a la vorágine vacía de valores que hay en la ciudad.

No es que La bendición de la tierra me haya parecido un mal libro, pero tampoco llego a entender ese entusiasmo que despierta entre miles de lectores que se quedan sin palabras ante este panegírico de la nobleza que hay en la vida sencilla del campo mientras consultan Google maps en su iPad con 4G para llegar al último restaurante de moda donde por el módico precio de 200,00€ van a zamparse un menú de degustación lleno de sugerentes platos fusión de varias concinas internacionales que mantienen una base claramente meditarránea -faltaría más-. En favor de la prosa de Knut Hamsun habla el hecho de que las casi 400 páginas que tiene la edición de Nórdica se despachen con una facilidad pasmosa. A pesar de que a lo largo de todo el texto lo único que se hace es elogiar la vida recta, correcta, sencilla y honesta basada en el esfuerzo y compromiso personal con la Tierra, las distintas aventuras y dificultades que se presentan año tras año consiguen que la lectura sea muy entretenida. Aunque por otro lado son variaciones de lo mismo todo el rato: la sirvienta me sisa gallinas que regala a su familia, los lapones pasan mendigando, al niño leído lo que le gusta es la ciudad y no sabe dar palo al agua, los colonos nuevos no tienen ni pajolera idea de cómo desecar terreno pantanoso, yo me basto y me sobro para levantar un pajar, etc. etc.

Me ha resultado particularmente interesante el retrato de la realidad social noruega que se puede contemplar entre líneas. Y no solo entre líneas, de hecho el impacto de los infanticidios en la criminalidad ocupa un porcentaje importante del argumento. No sólo se pone de manifiesto su alta incidencia, sino que se cuestionan y valoran las causas que llevaban a las mujeres, especialmente las mujeres solteras, a decidirse por una salida tan terrible a su embarazo no deseado. Por lo demás, y salvando las distancias espacio-temporales y de índole economico-social de base capitalista, la verdadera protagonista es la explotacion Sellanrå, que resulta ser una especie de Falcon Crest con avena y barbecho en lugar de viñas. Tenéis más reseñas menos irreverentes en Solo de libros y La tormenta en un vaso. En Un libro al día aprecian la obra, pero reconocen que el autor es un poco cargante y se pasa todo el rato repitiendo lo mismo.

21 jun. 2016

Las cosas que perdimos en el fuego - Mariana Enriquez

Hoy toca una colección de relatos cortos de terror intrigante y desasosegante que nos llega desde Argentina. Jóvenes adolescentes con graves problemas de comportamiento causados no se sabe bien si por un trastorno psiquiátrico o espectros amenazantes. Críos que juegan con fuerzas desconocidas. El horror de los abusos de la dictadura de la junta militar viajando a través del tiempo. Marginación, drogadicción y pobreza conducen a muertes rituales, dioses paganos, posesiones a cargo de espíritus malignos. Relaciones de pareja tóxicas que actúan como catalizador de lo sobrenatural. Este es un pequeño resumen de las temáticas que baraja Mariana Enriquez en los doce cuentos que contiene Las cosas que perdimos en el fuego:

  • El chico sucio
  • La Hostería
  • Los años intoxicados
  • La casa de Adela
  • Pablito clavó un clavito: una evocación del Petiso Orejudo
  • Tela de araña
  • Fin de curso
  • Nada de carne sobre nosotras
  • El patio del vecino
  • Bajo el agua negra
  • Verde rojo anaranjado
  • Las cosas que perdimos en el fuego
La verdad es que todas las historias dejan bastante mal cuerpo, que yo diría que es el mejor elogio que se puede dar una compilación de relatos de terror. Quizás ayuda que el contexto en que se desarrollan es totalmente urbano y contemporáneo, repleto de situaciones cotidianas que los acercan a la experiencia diaria de cualquiera de nosotros. Los finales suelen ser abiertos, algo que encaja perfectamente con la temática, porque a ver, ¿qué sentido tiene explicar lo sobrenatural, lo que queda fuera del control de la física que moldea la realidad? El texto resultará especialmente sexy si como a mí, os gusta la variedad dialectal del español de Argentina, no solo por el uso del léxico propio (remera, colectivo, subte, heladera, etc.) sino especialmente por el voseo y sus fantásticas conjugaciones verbales. Tenéis más reseñas en La medicina de Tongoy, que fue donde lo descubrí, y Desde Otranto.

17 jun. 2016

Birlibirloque - Kurt Vonnegut

Eugene Debs Hartke, nacido en 1940 y protagonista de 'Birlibirloque',  narra su biografía en primera persona en esta novela. Su vida es poco más o menos la vida que podríamos haber llevado cualquiera de nosotros. Sus ilusiones juveniles de lograr el éxito en un grupo de jazz y ser periodista, de pronto se ven truncadas y entra en West Point a hacer carrera militar por no decepcionar a su padre y por falta de decisión, a partes iguales. Entre los 21 y los 35 fue oficial del ejército de los EEUU y sirvió con honores en la guerra de Vietnam, si es que tal cosa es posible en cualquier guerra en general y en la de Vietnam en particular. Al volver a su país tras la derrota se encuentra totalmente desubicado, pero por casualidad se tropieza con el militar que le reclutó originalmente, un coronel que ha abandonado el ejército y ahora es el presidente del Colegio Tarkington para jóvenes acomodados con problemas de aprendizaje, quien le contrata como profesor de Física. En Scipio, NY, que es donde se encuentra la escuela, pasará los próximos 25 años de su vida, casi todo el tiempo como docente del centro, pero los últimos los dedicará a formar a los reclusos de una cárcel que hay al otro lado del lago y también en otros empleos obligado por las demenciales circunstancias que se irán planteando.

Kurt Vonnegut, que siempre simpatizó con el socialismo (en el sentido original y utópico de la palabra, no como en esa broma de mal gusto que es la etiqueta de 'socialista' del actual PSOE, evidentemente), desmonta  el modelo economico-social capitalista existente en su país a lo largo y ancho del texto. No le tiembla el pulso a la hora de ridiculizar a las clases dirigentes y acomodadas, censurando su modo de vida endogámico, elitista y colonialista. Nos deja bien claro que la lucha de clases es absolutamente necesaria, poniéndose por su puesto del lado del obrero, del pobre, del marginado. Sin duda es la novela más política y más anti-antropocentrista de Vonnegut que he leído, donde se critica desde el horror de la guerra, hasta -para mi sorpresa más absoluta- la crueldad de la industria cárnica. Y todo ello lo hace empleando un humor, una agudeza y una ironía que solo se me ocurre calificar como amable. No hay odio, no hay rencor y sobre todo, el autor no intenta dogmatizar. Y es que los hechos que exponen son tan evidentes que intentar negarlos no puede ser sino un acto interesado de trasfondo egoista, algo por otro lado tan habitual en el ser humano.

Este es probablemente uno de los libros más bonitos que he leído nunca. Sí, bonito y no maravilloso, espectacular o sobrecogedor. Es bonito porque es sencillo, porque inspira ternura, porque transmite sabiduría, porque las críticas a la humanidad que contiene son implacables pero están expuestas con la resignación y la amargura de quien ha llegado a la inexorable conclusión de que la especie humana es estúpida, limitada, arrogante y peligrosa. Que dichas características están marcadas a fuego en nuestros genes y es imposible hacer nada para cambiarlas. Y por tanto lo único que puede hacer un individuo de buen corazón es actuar conforme a su conciencia y confiar en que la mayoría de sus congéneres obren igual motu proprio. Da gusto leer algo así; sé que no servirá para cambiar nada, pero al menos es una chispa de inteligencia que conforta ante la pena de vivir expuesto a tanta miseria. No he conseguido encontrar muchas reseñas de este libro en la blogosfera en español, por no dejar este apartado desierto os dejo la de Espacios en blanco.

13 jun. 2016

Cuando llegue el momento - Josef Winkler

No puede ser verdad, así de sencillo. No puedo creer que la vida en la Austria rural, en los pueblos más pequeños del estado federado de Carintia, sea el infierno que Josef Winkler refleja en Cuando llegue el momento. Infierno en la Tierra que paradójicamente se ha encargado de crear la iglesia católica con sus intolerantes dogmas y mandamientos. El relato de las mil y una desgracias y de los mil y unos sinsabores que hemos venido a padecer en la Tierra para que podamos purificarnos y ser dignos de la presencia del Señor una vez hayamos fallecido (una contradicción que resultará familiar a todos los que crecimos en el catolicismo), llena las páginas de la novela. Ludmilla Felfernig, la adolescente de quince años que al tener su primera menstruación se creyó poseída y se arrojó al río Drave. Lukas, de doce años, que cruzó la carretera sin mirar para comprar un pan con salchicha y fue atropellado por un coche que lo dejó en el sitio. Los dos jóvenes homosexuales de diecisiete años, Jonathan y Leopold, que se suicidaron juntos ahorcándose en un granero, saltando al vacío abrazados. La madre de Jonathan, que se vuelve loca de dolor y no deja de pedirle que se levante del ataud hasta que lo cubren de tierra (años más tarde morirá de cancer de mama). El padre, que roto por el dolor también se suicidará pocos años después que su hijo. Ancianos que parecen salir por primera vez del pueblo ficticio de Pulsnitz (transunto del pueblo del autor, Kamering), donde transcurre la acción, para ir a morir al hospital de la vecina ciudad de Villach. Hermanos que se retiran la palabra y solo se saludan en los entierros familiares. Vecinos que se amenazan y dejan de hablarse el resto de sus vidas. Supongo que no hace falta que siga, me imagino que os habréis hecho una idea.

Pero no sólo la trama es reiterativa y obsesiva, si es que esta relación interminable de desdichas se puede denominar trama. El estilo de Winkler también lo es. Para empezar el nivel de anidamiento de frases de relativo aclarativas, explicativas y todo lo demás es tal, que en ocasiones no se llega a entender de qué narices había empezado a hablar, por más que insisteas releyendolo. Conste que en otras muchas logra cierto ritmo y cadencia que da gusto, porque cuando llegas al final del párrafo la idea completa cobra sentido en su globalidad, pero por lo general este tipo de composición recursiva no ayuda nada a la lectura  sino que la dificulta.

Por otro lado hay varios elementos que se repiten a lo largo de todo el texto y que lo vuelven doble, triplemente angustioso. En primer lugar, todos los personajes cuya miserable vida o muerte se relata se presentan indicándonos su grado de relación con Maximilian (con gran probabilidad alter ego del escritor). Todos son hijos, primas, maridos, esposas, vecinos, criadas, arrendatarios, o mozos de cuadra del tío, padre, compañero de colegio, nieta, médico, maestro, abuela o el cuñado de nuestro hombre. Cuesta por tanto situar temporalmente cada accidente, enfermedad o suicidio enumerado, en un periodo que abarca dramas desde la I Guerra Mundial hasta el presente. En segundo y a modo de letanía maldita, después de describir cada calamidad se repite palabra por palabra, un párrafo en el que se detalla cómo se acumulan los restos de los fallecidos en el caldero donde el carbonero de huesos elaboraba el «pandapigl», un repugnante, apestoso y viscoso líquido obtenido de la deccocción de huesos de animales que se utilizaba en verano para ahuyentar los tábanos y otros insectos de los animales de tiro. Poco más o menos a cada par de páginas tenemos que asistir a un calco en el que solo cambian los nombres de los dos últimos desgraciados cuyos despojos han ido a parar al perol. El tercer y último elemento constante es la representación del infierno que el obtuso y enfermizo párroco del pueblo Balthasar Kranabeter, ha pintado con sus propias manos en una ermita de calvario situada en el centro del pueblo a modo de recordatorio de la que nos espera si no seguimos la palabra de Dios. A cada poco se indica cómo Lucifer "se inclina sobre el atormentado, con sus alas de diablo rojas que aletean en el calor como alas de murciélago y en las que se pueden contar las venas, y le vierte en la boca una copa de hiel", con alguna que otra variación sobre las serpientes que se enroscan aquí o allá o las flores rojas que a modo de sangre lo adornan en verano.

Resumiendo, una alegría para el cuerpo que ya la quisiera para sí un coro rociero con su griterío polifónico, sus cascabeles y sus panderetas, ¡óle óle óle! Ahora en serio, va a pasar mucho tiempo antes de que vuelva a leer alguna obra del autor austriaco. Reconozco que tengo cierta querencia por todo aquel que cuestione y ponga en entredicho las miserias del catolicismo, pero esto de hoy es demasiado, no solo por la desbordante cantidad de miserias humanas a que te enfrenta sino además, por la tortuosa forma de escribir de Winkler. No quiero ni imaginarme cómo debe ser el original en alemán; su traductor, el archiconocido Miguel Sáenz, que estará bien curtido con Thomas Bernhard, ha debido de pasarlas canutas con el carintio. Más reseñas en Letras libres, a cargo del ínclito Vicente Molina Foix. En Como una metáfora hay un artículo muy chulo que habla de este escritor y comenta alguna de sus obras, incluida ésta. Por último, El País tiene un artículo muy breve e interesante en el que Winkler comenta este libro. Os lo recomiendo también, pero como viene siendo habitual no voy a incluir el link al tratarse de un gran medio.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...