Mostrando entradas con la etiqueta *Caitlin R. Kiernan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta *Caitlin R. Kiernan. Mostrar todas las entradas

2 may 2021

La joven ahogada - Caitlin R. Kiernan

A India Morgan Phelps (Imp para los amigos) la locura le viene de familia. Que ella sepa, su madre, su abuela y una tía de su abuela también padecieron trastornos mentales de importancia. Por suerte su esquizofrenia está controlada con la medicación. Y su afición a la pintura y la escritura le sirven como terapia para canalizar sus problemas. Nada de lo cual impide que tenga delirios, manías u obsesiones que según en qué ocasión pueden ser preocupantes. Una de sus fijaciones es el cuadro de un pintor simbolista no demasiado conocido llamado Phillip George Saltonstall que se titula La joven ahogada. Lo vio por primera vez con tan solo once años, en una visita a un museo motivada por su afición vocacional a los pinceles. Y la verdad es que no puedo contar mucho más del argumento porque es tan lioso, tan inconsistente, tan, tan esquizoide, que solo puedo reconocerle el mérito a Caitlin R. Kiernan por su habilidad a la hora de transmitir la forma de actuar de un enfermo mental. Porque el relato al que asistimos son las memorias escritas por la protagonista y por tanto, sufre de todas las dificultades que desde mi total desconocimiento clínico y personal, podría suponer que tiene un enfermo de estas características. 

Para empezar la narradora no solo no es fiable sino que es contradictoria. No resulta difícil entender que las mentiras, omisiones y diferencias del discurso entre lo que nos cuenta en un capítulo y dos más adelante podrían ser producto de bloqueos, fantasías, alucinaciones, constructos mentales con que se intenta proteger o que simplemente toman control de sus actos. Hay un capítulo en concreto, supuestamente escrito después de haber abandonado la medicación sin conocimiento de su psiquiatra, que es, simple y llanamente, incomprensible. De los cut-ups de William s. Burroughs se pueden sacar más cosas en claro que de aquí. ¿Escritura automática de los surrealistas? Tan objetiva y unívoca como el prospecto de un medicamento en comparación con Imp sin sus pastillas. De todas maneras tengo la impresión de que llegar a escribir de manera tan ininteligible no deja de requerir un gran esfuerzo. Otra cosa es que el resultado final compense el tiempo dedicado a leerlo. Que en mi opinión es un NO rotundo.

En cualquier caso y al margen de mi total incapacidad para sacar nada en claro, el libro tiene ideas buenas. Kiernan trabaja sobre todo el concepto de hechizo o encantamiento como una idea perniciosa que se transmite y propaga contagiando a las personas. Es en cierta manera el efecto nocivo de una transmisión cultural maligna equiparable a un meme, y nos da varios ejemplos de ello. Así se refiere a Aokigahara, el famoso bosque de los suicidios de Japón. Lo interesante del caso es que dicho paraje solo empezó a ser destino de los suicidas tras la publicación en 1960 de la novela 'Kuroi Jukai' ('El Bosque Negro') de Seicho Matsumoto, en la cual dos amantes eligen ese bosque para quitarse la vida. Luego también me parece digo de mencionar que la protagonista sea lesbiana y que su pareja sea una mujer transexual. Que yo recuerde, es la primera obra de ficción en la que me encuentro un personaje transexual, al menos uno que tenga tanta importancia en la trama y a quien se otorge un enfoque tan normalizador y positivo (ninguna de las dos muere, tumbando así el tropo tan habitual de los personajes LGTB en la literatura). Como no podía ser de otra forma, hay una razón de peso para la elección de las protagonistas: la propia autora es una mujer transexual y lesbiana, aunque ahora prefiere denominarse a sí misma como género fluído (vía Wikipedia). De todas formas estas ganas de sacar algo de provecho son solo patéticos intentos de compensar lo que para mí ha resultado una pérdida de tiempo total. La historia no solo me ha resultado un lío sin pies ni cabeza, sino además, bastante pedante. Extractos de poemas a cada poco, insufribles incursiones en el mundo del arte, sesudos análisis de cuentos y leyendas tradicionales, sectas suicidas, bla, bla, bla. Un pastiche que debería haber aumentado mi lista personal de abandonos y que a decir verdad, todavía no entiendo por qué lo he terminado.

30 dic 2019

Grobe Zusammenfassung (10)

Último resumen de lecturas del 2019. La verdad es que todas las intenciones que tenía a principios de año se fueron al garete cuando decidí que tenía que prestar más atención a la literatura escrita por mujeres debido a su descarada e intolerable poca presencia en mis lecturas. Aquel propósito de empezar a leer todos los tochos inmanejables que voy acumulando (ver mención el Extinción), se perdió al segundo libro: Summa Technologiae. Luego en abril y por temas laborales y personales varios tuve que olvidarme del formato habitual de reseñar libros individualmente. Y en esas seguimos, y veremos a ver si salimos algún día. En todo caso no tengo intención de caer en la autocompasión, porque las cosas son como son y no hay que darle tantas vueltas. Así que sin más, os dejo unas breves y someras reseñas de los libros que he leído durante este mes.

Agentes de Dreamland, de Caitlin R. Kiernan. Esta novela corta mezcla sectas apocalítpicas con organizaciones gurbernamentales secretas y lo salpimenta todo con una posible epidemia de origen extraterrestre. Su mayor logro es que no se concreta nada y genera mil posibilidades que toman cuerpo en la cabeza del lector, que tiene que trabajar sin pausa para dar algo de sentido a lo que cuenta. Aunque tira de varios clichés para definir al personaje principal, un agente de alguna misteriosa organización indefinida, tampoco es que moleste mucho porque su extensión no da para descripciones proustianas. A los fans de Expediente X les encantará porque evoca a la perfección el aire inquietante y conspiranoico de aquella mítica serie de los 1990s.

Cómo ser mujer, de Caitlin Moran. Estamos ante un libro plagado de buenas intenciones pero totalmente equivocado. Para empezar es un fastidio que todo el texto esté lleno de referencias a personajes populares (reales y de ficción) del Reino Unido, lo cual, debido a las diferencias culturales entre UK y España, requiere de constantes aclaraciones a pie de página. Pero es peor todavía el tono de treintañera sabelotodo que rezuman todas las páginas. En plan cuando tú vas ella ya ha vuelto hace años. Algo que no ayuda precisamente a generar simpatías. A mí me parece estupenda la idea de difundir el feminismo entre las masas que no están muy al tanto de su razón de ser, que esa es la intención que subyace. Y si puedes hacerlo de manera divertida, mejor que mejor. Pero es que el mensaje pierde credibilidad cuando lo que haces es frivolizar. Que es lo que ocurre al mezclar discriminacion y desigualdad en la mujer con me agarro un pedo de éxtasis y bebo alcohol hasta caerme al suelo. O mostrarte orgulloso de tus orígenes humildes y de clase obrera con mira que super cool que soy que he entrevistado a Lady Gaga y me he ido con ella de fiesta a Berlín porque nos hemos hecho superamigas. Así pues, ¿cómo casar lucha feminista con vanidad y elitismo? Pues ya te digo yo que muy malamente. Esta alternancia de mensajes contradictorios hace que las ideas que se quiere defender pierdan fuerza. Claro que igual el problema está en que yo espero un mensaje académico y serio porque la cuestión me lo parece, pero probablemente ese enfoque aburre a Moran y estaba muy lejos de sus intenciones al escribir. En fin, el texto es pura literatura del yo sin ningún grado de elaboración o ficcionado. Es la autora hablando de sí misma, de su vida y sus cosas capítulo tras capítulo. En plan anécdota o confidencia. Admito que algunos de los temas expuestos tienen mucho mérito (por ejemplo confesar el aborto al que se sometió, algo que no debe de ser fácil para ninguna mujer), pero casi todo el rato es muy insustancial, superficial y también incoherente: no se puede defender por igual tener hijos y no tenerlos y pretender salir indemne de semejante ejercicio de esquizofrenia. Resumiendo, una pérdida de tiempo total y un libro que nunca debió cruzar el Canal de la Mancha.

Barras y estrellas, de William Boyd. Novela de humor en la más pura tradición británica. El autor emplea las diferencias culturales entre ingleses y norteamericanos para generar despropósitos y provocar la risa. Siguiendo más o menos los cánones de Tom Sharpe, el protagonista, quintaesencia de la flema y contención británica, se ve desbordado por las disparatadas ocurrencias de los neoyorquinos primero y los sureños después. Se agradece un poco de moderación en la trama, alejándose así del estilo de Sharpe, lo cual la dota de cierta credibilidad. No es que te partas y te mondes, pero resulta simpática.
La intersección de Einstein, de Samuel R. Delany. Vaya por delante que mi única experiencia previa con este autor fue bastante lamentable. No obstante esto no fue óbice para hacerme con este otro libro suyo al toparme con la edición de Minotaruo en tapa dura y perfecto estado en una de mis habituales incursiones en las tiendas Re-Read. Y qué bien hice, la verdad. Porque estamos ante una novela de factura impecable que recrea el mito de Orfeo y que gustará tanto a los aficionados a la ciencia-ficción como a los de la fantasía. La acción transcurre en un futuro muy lejano en la Tierra donde se han producido cambios tanto involutivos (feudalización de las grandes ciudades, sociedades rurales tribales basadas en el pastoreo, etc.), como un salto cuantitativo en la evolución humana que hace que un reducido pero no desdeñable porcentaje de la población haya desarrollado atributos físicos y psíquicos especiales. Lo mejor de la narración es su capacidad para sugerir y evocar, obligando así al lector a encajar todas las piezas para que el resultado cobre sentido en su cabeza. Muy, muy recomendable. Por cierto que la traducción excelente, lo cual refuerza mi sospecha de que el problema con Nova venía causado en gran parte por una traducción pésima.

¿Y ahora qué hacemos?, de Doris Dörrie. La primera novela de la autora y directora de cine alemana se centra en la crisis de la madurez. En el momento en que cobras conciencia de que tienes más años por detrás que por delante, te das cuenta de que ni tu carrera profesional, ni tu entorno, ni tu familia se parecen lo más mínimo a las proyecciones que concebías con veinte años. La vida encarga de poner en su sitio las fantasías megalómanas de juventud y se hace necesario aceptar que no has logrado ni el 10% de tu metas. Dörrie emplea el budismo como elemento central de la historia para componer una trama que es a la vez humorística y filosófica. Los golpes de humor a mí me han parecido un poco facilones y basados en los típicos prejuicios occidentales sobre dicha doctrina. Sin embargo la componente espiritual termina cogiendo fuerza y consigue poner en contexto la vida del protagonista. También es verdad que hay muchos capítulos que relatan sucesos que no encajan demasiado bien en el desarrollo de la trama. Estos golpes de efecto dan la sensación de falta de coherencia en la narración y hacen que la novela pierda empaque. Con todo y eso, se trata de un libro simpático que deja buen sabor de boca. Sobre todo si efectivamente tienes ya cuarentaimuchos años y necesitas perspectiva para apreciar las cosas son realmente importantes.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...