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4 abr 2021

Poemas - Jean Genet

Hay un total de seis poemas de Jean Genet en este tomo denominado simplemente, Poemas. Son seis piezas bastante extensas que enlazan temáticamente con sus novelas Santa María de las Flores y El milagro de la rosa. Así pues, en ellos nos encontramos con delincuentes, marginalidad, camaradería y un erotismo y deseo homosexual descarnado que se exalta y contrapone a la sociedad, pues excluye su mera  expresión y termina cercenándolo mediante la cárcel y la pena capital. Algunos de estos poemas se dedican a personajes que aparecían en los libros mencionados anteriormente: Pilorge y Harcamone, individuos de la peor calaña que robaron el corazón al autor francés. Los títulos son:

  • El condenado a muerte
  • Marcha fúnebre
  • La galera
  • El desfile
  • Un canto de amor
  • El pescador del suquet
El librito no llega ni a las cien páginas, pero no puedo decir mucho más de él. Lo único que me ha resultado inteligible es el breve prólogo a cargo del traductor, Antonio Martínez Sarrión, donde nos da unas pocas pistas para entender la obra poética de Genet. Pero me temo que estar avisado de sus particularidades no es de mucha ayuda de cara a comprenderla, no digo ya disfrutarla. Si su prosa resulta difícil de seguir por ese lirismo que la caracteriza, cuando se pone a escribir versos es prácticamente incomprensible. Se altera la sintaxis de manera inconcebible, no hay signos ortográficos a excepcion de los puntos, la adscripción a una métrica se consigue a base de trocear convenientemente frases que se pueden extender a lo largo de varias estrofas. Y las únicas imágenes que he conseguido entrever tienen que ver con el sexo, ya sea porque incluyan directamente los genitales masculinos o porque tengan un simplismo manifiesto. Reconozco que nunca se me ha dado bien la poesía, pero desde luego Genet se lleva la palma. Nunca me había topado con versos más obtusos. La verdad es que no sé por qué insisto con este género, si es que a siete libros de poemas en once años se le puede llamar insistir.

22 may 2016

Milagro de la rosa - Jean Genet

Milagro de la rosa es una peculiar novela autobiográfica en la cual Jean Genet vuelca sus experiencias durante sus largos internamientos en diferentes centros penitenciarios franceses. Si bien el libro comienza con su supuesta entrada en la cárcel de Fontevrault siendo adulto, el texto incorpora también los días que pasó en el correccional de menores de Mettray. Con su estilo habitual, Genet enreda al lector en un relato no lineal de tintes oníricos en el que maleantes de todo perfil establecen relaciones sexuales y afectivas. La mayoría de las veces la hábil y fantasiosa pluma del escritor francés nos presenta una versión muy edulcorada de estos vínculos entre reclusos, pero como a Genet le gusta retorcer las convenciones morales, no duda en aclararnos a continuación que se trata de un simple acto de dominación del más fuerte combinado con la admiración del débil al poderoso. En una de sus ya habituales subversiones de la escala de valores que rigen la vida en sociedad, veremos como el abuso, el sometimiento o la humillación se ven encumbrados a la cima de su particular moral, que a pesar de fundamentarse en la brutalidad, mantiene sin embargo a la amistad, la camaradería y la ternura como características identitarias de la misma.

Página trás página, el escritor relata sus turbias e intensas relaciones con otros delicuentes con quien comparte reclusión, algunos de los cuales ya eran conocidos suyos del reformatorio y han compartido su mismo triste sino: Botchako, Bulkaen, Divers, Vilerroy, Rocky, etc. Unos y otros formarán parte de las jerarquías internas que se crean en las cárceles y que determinan la función y el papel de cada uno de sus integrantes. Los bravos son el grupo dominante, los delicuentes más peligrosos. Los bardajas son internos más jóvenes y atractivos que se ven obligados a desmpeñar el papel de compañeros sexuales de los anteriores. Lilas y arrugas son los marginados entre los presos: afeminados, débiles y/o viejos, deben sufrir los insultos, humillaciones y vejaciones según el capricho de los bravos. Habría que hacer mención especial al misterioso Harcamone: condenado por asesinar a una niña de 11 años siendo un adolescente de 16, tiene aún tiempo para degollar a uno de los guardias más amables de la prisión antes de ser ejecutado en la guillotina. Como no podía ser de otra forma, Genet encumbra en su olimpo particular a este criminal, a quien atribuye todas las cualidades que le atraen: belleza, atractivo y masculinidad por un lado; crueldad, frialdad, delicadeza por otro.

Para huir de la angustia de su encierro, Genet usa dos recursos de manera constante a lo largo de toda la narración. El más frecuente pasa por evocar sus vivencias adolescentes en Mettray. En ellas no es extraño tropezarse con la agonía e incluso la muerte de los chavales debido bien a las duras condiciones impuestas o por intervención directa de los pequeños criminales. Enfermedad, venganza, privaciones o accidentes sesgan la vida de quienes fueron sus compañeros, por cuya desgracia son inmediatamente ascendidos a las posiciones más altas de su personalísimo santoral canalla. La virtud y el sufrimiento del débil se manifiestan tan dignos de adoración como la vileza y el goce sensual del fuerte, en un cuadro costumbrista de obvias influencias sadomasoquistas. El segundo método empleado para evadirse del horror de la prisión pasa por inventar situaciones imaginarias, la cuales, como si de ensoñaciones se tratara, le permiten crear un mundo con los mismos padecimientos de la prisión pero elegidos voluntariamente. Así de cuando en cuando le vemos tomar parte en una travesía en un galeón, o bien resulta un narrador tan poco fiable que la misma historia del homicida Harcamone tiene tantas contradicciones y lagunas que nos hace sospechar que efectivamente, no es más que un mecanismo de evasión psicológica.

La repetición de temas, la falta de cohesión y linealidad, así como los constantes cambios de contexto y las idas y venidas de Mettray a Fontevrault y viceversa han conseguido que la lectura se me haga bastante pesada. Genet tiene la habilidad de hacernos conectar con su moral retorcida, en la cual no resulta difícil encontrar la coherencia considerando las terribles condiciones en las que vivió toda su vida. Sin embargo es necesario pararse a reflexionar y ser conscientes de que el afecto y la ternura de que los delincuentes hacen gala se complementan con una crueldad y abyección que les hará mutilar, torturar o asesinar sin la menor vacilación y por cualquier nimiedad a destiempo. Aun cuando el texto también incluye aspectos  históricos de interés (el funcionamiento de las prisiones por un lado, pinceladas de la II Guerra Mundial por otro), la sensación final que me queda es la de agotamiento. Con la mitad de páginas, Genet habría dicho exactamente lo mismo; otra cosa es que la novela fuese una terapia personal para soportar la privación de libertad, por lo cual se entiende perfectamente su extensión. Tenéis más reseñas en Escrito para..., 1001 libros y Varadero. Días tranquilos en Clichy.

25 oct 2013

Diario del Ladrón - Jean Genet

Diario del Ladrón es la primera parte de una autobiografía inconclusa(1) en donde Jean Genet nos relata su agitada vida al margen del sociedad. La narración empieza por sus días de vagabundeo por Barcelona y otras localidades de España a pricipios de los 1930s, cuando es un joven de apenas 20 años. Desde ahí traslada sus recuerdos a lo largo y ancho de toda Europa, sin demasiado orden ni concierto: Alemania, Polonia, Bélgica, Holanda, Francia. No hay fechas aunque sí ocasionales referencias temporales (el Berlín de los nazis, el París ocupado). En las páginas finales y de manera anecdótica, nos hace saber que ya ha escrito varias novelas y que ha dejado de tener problemas económicos, así que es de suponer que el periodo cubierto por las mismas abarca más o menos hasta finales de los 1940s.

Si algo transmiten estas memorias es que el autor es plenamente consciente de ser un paria por partida doble: no solo se mueve fuera de las convenciones sociales, malviviendo como un pordiosero, ya sea mendigando limosnas o bien deliquiendo, sino que además su homosexualidad le posiciona en el último escalón de la débil e inestable jerarquía del lumpen. Pero que no haya lugar a engaño, tanto la deslumbrante atracción que siente por mundo del crimen como la exultante intensidad de su sexualidad/afectividad prohibida son partes esenciales de su ser, y sobre ambas establece los principios que rigen su mundo. Sin ir más lejos, la descorazonadora honestidad de sus sentimientos le permiten establecer relaciones muy profundas con los malhechores que forman parte de su entorno más íntimo. Genet no les oculta la pasión y amor que siente por ellos, por su poderosa masculinidad y por sus peligrosos hábitos criminales: robos con intimidación, contrabando de drogas, asaltos a joyerías, prostitución, extorsión a viejas maricas ricas, etc. Los maleantes aceptan al autor sin poner reparos a su orientación sexual, incluso algunos se convierten en sus amantes. No obstante, la durísimas condiciones que impone la vida al margen de la legalidad hacen que nunca se pueda estar seguro de si a la más minima dificultad la traición o la delación va a hacer acto de presencia. Stilitano, Armand, Roger,... cualquiera de sus amigos/amantes/amados y más que ninguno el propio autor se saben protagonistas de un drama en el cual pueden ser víctimas de un golpe perpetrado por sus compinches más cercanos. No es extraño por tanto que en su retorcida escala de valores, Genet considere la traición gratuita como el acto más abyecto y simultáneamente, también el más loable y puro.

Enfrentarse a un libro de Jean Genet es siempre un reto porque este autor es cualquier cosa menos convencional. Por un lado, en cuanto a la forma, tenemos un lirismo desbordado que paradójicamente se emplea en embellecer hechos por lo general muy crudos: la pobreza más terrible, la soledad más angustiosa, el delito más vil. Por otro, respecto al fondo, el marco de referencia de este autor es completamente marginal: sus convicciones, su ética y su lógica subvierten los principios de la sociedad biempensante para transformar en grandiosos todos los actos que aquella considera despreciables. Genet, plenamente consciente de sus orígenes en el arroyo y de sus tendencias perversas opta por la automarginación, sitúandose voluntariamente fuera de un modo de vida que le asquea: el del lector (el 'vuestro'), entendido como el que cumple los preceptos de la ley y el orden, ya sea la escrita o la que mandan los hipócritas dictados morales mayoritarios. La libertad con que ha elegido su forma de vida le permite echarnos en cara nuestras miserias a cada pocos párrafos. Y claro, tener que vérselas con algo así incomoda bastante.

Tenéis otras reseñas en Un libro al día y El placer de la lectura. Al margen de estas dos entradas de la blogosfera, hoy os recomiendo echar un vistazo tanto al artículo La santidad de Genet que Juan Goytisolo publicó en Babelia (sí, sí, ya lo sé, un gran medio y no me gusta enlazar a los grandes medios pero esta vez merece la pena hacer una excepción), como al blog Cosas de Absenta, donde hace un interesantísimo recorrido geográfico urbano por la Barcelona que conoció Genet.

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(1) El propio Genet indica que segunda parte iba a denominarse 'Atentado a las buenas costumbres'

14 mar 2011

Santa María de las Flores - Jean Genet

Santa María de las Flores es una novela que difícilmente deja indiferente porque supone la elevación de la homosexualidad más marginal a la categoría de arte. Y data de 1942, casi nada. En sus páginas no hay insinuaciones veladas de amor entre hombres, en absoluto, aquí lo que aparecen son relaciones personales y sexo explícito entre maricas que a la postre resultan ser asesinos, chaperos, chulos, ladrones y otros individuos de similar calaña que pululaban por Pigalle a finales de los 1930s y principios de los 1940s. Jean Genet no se averguenza de su orientación sexual contra natura y lejos de ocultarla o disfrazarla, la muestra tal y como es: voraz, vital, imperiosa, insaciable.

Evidentemente Santa María de las Flores tiene mucho de autobiográfico. Los antros, las fiestas, el mariconeo, la pluma, el travestismo, el uso constante del género femenino en el vocabulario... Todas las particularidades del submundo homosexual se muestran sin duda desde el conocimiento que solo puede proporcionar formar parte de él. Es muy probable incluso que los apodos empleados por Genet para referirse a los desviados que protagonizan la novela (Divina, Mimosa I, Mimosa II, Primera Comunión, el propio Santa María de las Flores, etc.) fuesen reales.

Pero que nadie se llame a engaño, el rigor, la transparencia, la crudeza con que Genet aborda las traiciones y lealtades de los maricas del hampa parisina se acompaña de una sensibilidad prácticamente poética. De hecho este es uno de los principales problemas que he tenido durante la lectura. No importa si nos enfrentamos a un párrafo en donde se describe una fantasía masturbatoria carcelaria o si se está evocando la infancia o la adolescencia de alguno de los personajes, el autor siempre hace gala de un lirismo que en momentos me ha sido difícil de seguir. En todo caso, mi impresión general del libro no se ha visto demasiado empañada por esta incapacidad mia para asimilar la prosa poética. La narración derrocha alegría, frustración, deseos, amargura, excesos, penas, transgresiones, etc. y eso la hace tremendamente interesante. Por no hablar del mérito que supone haber redactado un texto tan honesto desde la total exclusión social.

Por segunda vez me veo obligado a dejar desierto el apartado dedicado a enlaces a otras reseñas. He revisado alguna que otra página pero en general los artículos que he visto que me han parecido medianamente decentes no estaban dedicados a este libro, sino al autor y su relación con la cultura gay.
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