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6 may 2013

El Koala asesino - Kenneth Cook

Estoy seguro de que todo el mundo tiene el típico amigo/conocido que a la más mínima se pone a contar anécdotas. De la mili los más viejunos, de una Erasmus en la Universidad de Osnabrück (Baja Sajonia) los más jovenzunos, o algo que te petas de risa que pasó en aquellas vacaciones para el resto. Si estás tomando unas cervezas en un ambiente distentido tienen su gracia, y cuando hay confianza llega un momento en que el pozo se agota y ya te las conoces todas. Pero bueno, el alcohol tiende a relativizar esos aspectos y sigues riendote igual, incluso aprovechas para enlazarlas con las propias, improvisar alguna mezclando ficción y realidad, etc. Ahora bien, poner esas anécdotas por escrito y tratar de hacerlas pasar por relatos cortos humorísticos son palabras mayores. Lo que puede hacerte reír mientras tomas una caña con tus amigos pierde totalmente la gracia y el sentido cuando lo lees disfrazado de narrativa. Y justamente eso es lo que recopila Kenneth Cook en El Koala asesino: un total de quince anécdotas sin demasiada chispa que al transcurrir en Australia cuentan con el atractivo de lo inusual e inhóspito de aquel territorio, pero que en el fondo, resultan tan pesadas, cansinas y faltas de interés como las historietas del pariente lejano que por sorpresa visita a tu familia una tarde de domingo.

El 100% de las anécdotas se cuentan en primera persona por el autor y responden al siguiente formato: fauna autóctona mortífera que pone en peligro la vida del narrador y de la que se da buena cuenta a base de disparos, explosiones, golpes y lo que haga falta. Hablamos de cocodrilos estuarios, serpientes venenosas, tiburones, cerdos asilvestrados, incluso los koalas se revelan como unas bestias desalmadas. Todo ello va aderezado con tipismo australiano basado en el consumo desorbitado de alcohol, hombres rudos y curtidos por la dureza del desierto y/o aborígenes de aspecto lelo y ausente que timan a los europeos que se las dan de listillos. Además, Cook se describe a sí mismo siempre que puede como un individuo de barba poblada y gran tamaño (no llega a quedar claro si es corpulento, obeso o una mezcla de ambos), de carnes blancas y flácidas y en muy baja forma física. Supongo que así pretende provocar la simpatía del lector, presentandose como un gran oso simpático y bonachón al que dan ganas de abrazar y compadecer por su mala suerte. Pero de eso nada: se trata de un individuo con propensión a la ingesta de alcohol y muy débil de carácter, incapaz de decir que no(1). Esto hace que se vea envuelto en situaciones muy peligrosas que por norma habitual siempre se resuelven masacrando animales. Y lo que es resultado de una actitud irreflexiva y cobarde nos lo vende como un acto de supervivencia del más fuerte. En fin, puede que a quien le vaya el rollo paleolítico del macho cazador en un entorno hostil le hagan gracia. Yo desde luego no se la he encontrado, ni en el fondo ni en la forma.

Tenéis más comentarios sobre esta tomadura de pelo en El Placer de la Lectura, Un pickwickiano en Blandings y Me Libro. Con sus más y sus menos, todos recomiendan su lectura. Creo que a estas alturas del post huelga decir que yo no.

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(1) Pues sí, poco más o menos como el protagonista de Pánico al Amanecer.

1 ago 2011

Pánico al Amanecer - Kenneth Cook

Pánico al Amanecer es un clásico de la literatura australiana elevado a la categoría de obra de culto, o al menos eso decían en el artículo del diario Público que me lo dio a conocer. Como lo describían como una historia de autodestrucción, acto que siempre ha despertado en mí una curiosidad mórbida, me decidí a comprarlo. Desde luego no puedo sentirme estafado porque eso es sencillamente lo que he encontrado: autodestrucción, misera, crueldad y brutalidad humana al 100% todas ellas y a lo largo de todo el texto.

El protagonista se embarca en un viaje al infierno de la degradación al que llega aniquilandose a sí mismo sin piedad. John Grant, que así se llama, se ve desbordado por los acontecimientos debido principalmente a su falta de carácter y a la ingesta continuada de alcohol. Su envilecimiento alcanza las cotas máximas cuando se ve arrastrado a una cacería noctura de canguros junto con un par de mineros desalmados y un repulsivo médico adicto a las drogas. Primero a tiro limpio y finalmente cuchillo en mano, la imagen de esos inocentes animales siendo masacrados tanto por él mismo y como por los demás degenerados le perseguirá a partir de ese momento, conduciéndole a un desenlace fatal, amortiguado en parte en el último capítulo casi a modo de epílogo.

En fin, en el Blog de Metrópolis Libros dicen que todo el desarrollo de la novela es bastante previsible y que no encierra grandes sorpresas al lector curtido. No les falta razón, aunque no por ello podré olvidar fácilmente el horror que encierra. No sé si felicitar a Kenneth Cook por ello, o bien no volver a leer nada que haya escrito.

Hay un montonazo de reseñas de Pánico al Amanecer en Internet, buscando buscando me ha resultado especialmente interesante y completa la que hacen en Sin Fin.
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