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10 mar 2020

El vivo - Anna Starobinets

Dentro de un número no precisado de siglos en el futuro, la población fija de la Tierra la componen los tres mil millones de personas que sobrevivieron las múltimples epidemias y desastres medioambientales que se fueron a llamar la Gran Reducción. La sociedad que se ha creado en torno a este número se denomina el vivo, y ha logrado la inmortalidad sustituyendo cada muerte por un nacimiento que hereda la clave del fallecido. Que viene a ser su historia, sus recuerdos y el acceso a un mundo virtual que funciona como una red social, al cual se entra con un bioimplante. Al menos eso es lo que les cuentan a los ciudadanos en esta distopía tecnológica de tintes orwellianos.

Como puntos fuertes de la historia tenemos las múltiples capas y giros narrativos con que Anna Starobinets vapulea al lector. La autora rusa juega con la ambigüedad de tal forma que hasta prácticamente el último capítulo no sabes cuál es el discurso. En un primer instante te hace pensar que se han dinamitado con éxito los modelos tradicionales de convivencia: se fomenta el desapego familiar/emocional, los hijos se separan de las madres a los siete años, el ateísmo está institucionalizado, el sexo se disfruta en festivales-orgías como una opción de ocio más, etc. Poco después conoceremos grupos que están en contra de estas medidas que consideran antinaturales y por tanto promocionan la pareja estable, la fidelidad, la familia, la religión, etc. Y entre ambos extremos comprobamos que tanto unos como otros son despreciables por sus propios motivos y que el ser humano no tiene solución sean cuales sean sus creencias.

A los elementos más habituales de las distopías clásicas (modelado y manipulación de la realidad mediante el lenguaje, vigilancia estatal 24/7), el vivo impone un patrón de referencia tecnológico que en mi opinión falla por estar está muy anclado a las tendencias existentes en los años previos a la fecha de su publicación (2011). Así nos presenta una sociedad totalmente enganchada a redes sociales mezcladas con mundos virtuales que se experimentan en varias capas de (ir)realidad. Nueve años después de aquello, Facebook ya no tiene apenas presencia en los medios, aunque la balanza ahora se inclina por twitter, que sin duda seguirá su estela en pocos años. Y la superficialidad de Instagram solo sirve alimentar la vanidad de sus usuarios. Por otro lado los asistentes virtuales, la realidad aumentada o la realidad virtual solo tienen cierta implantación en el mercado de los videojuegos por más que de cuando en cuando las noticias hablen de su prometedor uso en la cirugía vascular cerebral más delicada. Con lo cual, ese futuro distópico propuesto por Starobinets resulta, menos de una década después, desfasado, anticuado y poco creíble. Lo cual no es óbice para que el texto funcione ya para que una novela tenga éxito no hay como recurrir a valores eternos: la miseria del ser humano en sus múltiples formas.

14 may 2019

Grobe Zusammenfassung (2)

Mucha literatura de género ha caído en las últimas semanas, en dos novelas y dos colecciones de relatos cortos. Vamos a ello:

La niña gorda y otros relatos inquietantes, de Marie Luise Kaschnitz. La ficha editorial dice que esta autora es la gran cuentista alemana de la segunda mitad del siglo XX. No sé si será entoces que no han elegido sus mejores relatos, porque a mí no me ha parecido tan grande. Claro que aquí hay dos sesgos implicados, por un lado, ¿qué otra cosa vamos a esperar de una editorial sino las mayores alabanzas de los autores que publica? Y por otro, ¿acaso estoy yo capacitado para desbancar a esta autora de ese puesto con mi limitadísimo conocimiento de literatura breve alemana de la segunda mitad del siglo XX? Los cuentos no están del todo mal. Algunos tienen un aire a sueño febril muy conseguido, logrando transmitir bastante desasosiego y sí, inquietud. Otros son más predecibles y tienen un enfoque algo pasado de moda. Eso sí, la portada es preciosa.

El libro de Joan, de Lidia Yuknavitch. Trinfador absoluto de este resumen de lecturas. Un sabrosísimo texto de ciencia-ficción post-apocalíptica, con transfondo post-género (omnipresente y muy bien traído), ecologista (mucho) y animalista (un poco nada más, pero lo justo para que yo me emocione, que en este tema cualquier apoyo me parece encomiable). En definitiva una crítica brutal al antropocentrismo con un poco de todo lo que más me gusta. Un libro que os recomiendo con todas mis fuerzas y que me da pena no haber podido reseñar a fondo porque da para mucho. Pero si no se puede, no se puede. ¡A leerlo todos ya, que os haréis un favor!

Experimental film, de Gemma Files. Una novela sorprendente que consigue transmitir las mismas sensaciones que un mockumentary, pero en versión impresa. Una mezcla muy bien resuelta de leyendas paganas centroeuropeas llevadas al Canadá por los emigrantes y que años después, con ayuda del séptimo arte, llegan hasta nuestros días. Muy entretenida y original.
Una edad difícil, de Anna Starobinets. Colección de relatos cortos de terror psicológico que yo pondría a la altura de El señor de las muñecas y otros cuentos de terror de Joyce Carol Oates, a quien me ha recordado en más de un momento. En ocasiones la escritora rusa coquetea con elementos inexplicables que entran de lleno en lo fantástico, revelando ciertas influencias de Stephen King. En otras es un desajuste en la mente humana lo que conduce a situaciones más allá de lo comprensible. Aunque hay un par de cuentos que destacan del resto, el nivel de todos ellos es bastante alto. Dejan bastante mal cuerpo pero un regusto delicioso, especialmente porque terminan con unos finales perturbadroes y sugerentes a partes iguales. Es decir: justo lo que yo espero de un buen cuento de terror.

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