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28 ago 2014

Todas las Almas - Javier Marías

Mi toma de contacto con Javier Marías fue Corazón tan blanco, allá por septiembre de 2011. Si han tenido que pasar casi tres años para volver a intentarlo con él es porque no conseguí ver las supuestas maravillas que caracterizan su obra, más bien al contrario: todo lo que el resto de mundo aprecia se me atragantó. Si me he animado con Todas las Almas es porque se trata de un libro de aspecto ligerito, casi tamaño libro de bolsillo (al menos en su edición en Anagrama) con el cual me topé curioseando la biblioteca de mi vecinos, a quienes como recordaréis riego las plantas durante el mes de agosto.

Los años que Marías pasó en Oxford le sirven de inspiración para componer una novela donde se entremezclan con bastante buen tino relaciones personales por un lado, y cuestiones filosóficas y literiarias por otro. La trama comprende los dos años de estancia de un profesor español de literatura española en la universidad de dicha ciudad británica. Narrada en primera persona y sin que llegue a conocerse el nombre del protagonista, las experiencias por las que pasa nuestro hombre durante la duración de su contrato se desgranan capítulo a capítulo. La narración se centra principalmente en el endogámico y algo asfixiante ambiente académico que le toca vivir. Todo parece girar en torno a esta institución de enseñanza, de tal manera que cuando no se encuentra en ella, se tiene que enfrentar a una soledad descarnada que solo puede llenar con su afición a la literatura y la búsqueda de libros antiguos. Por otro lado, establece una sólida amistad con un par de profesores, uno en activo y otro jubilado, y además inicia una aventura con una profesora casada. Su relación con esta mujer es la parte que, en mi opinión, aporta los momentos más brillantes al texto. De hecho algunos de los diálogos entre ambos creo que destilan la genialidad que hasta el momento yo no había podido detectar.

Amor, deseo, amistad, desarraigo, crecimiento personal, interés por la literatura... Todo ello aparece en las páginas de este libro, que todo sea dicho me ha gustado bastante más que el único que llevaba en mi haber. Pero no nos emocionemos demasiado pronto. Su estilo sigue teniendo algunas características que al menos a mí me resultan muy molestas. Paréntesis (por ejemplo). Paréntesis, sí (a puñados). No hay una página que se libre de las frases entre paréntesis (bueno quizás alguna, pero muy, muy pocas). No voy a decir que hay paréntesis anidados (sería demasiado (¿verdad?)) pero he llegado a ver una frase que se cierra con una aclaración entre paréntesis, para a continuación encontrarnos con otro comentario entre paréntesis tras el punto seguido (para que quede claro a que me refiero incluyo un ejemplo). (Éste en concreto). Y digo yo, ¿no ha podido encontrar una forma más limpia de expresar lo mismo? La mayor parte de los paréntesis incluyen notas breves, pero algunos por su extensión, dificultan mucho la lectura y una vez cerrados me obligaban a retroceder a la frase principal para saber de qué narices había empezado a hablar. Luego está la cuestión símiles. Cuando Marías hace un símil no nos regala un par de comparaciones para que nos hagamos idea, no. Puede llegar a enumerar una decena, porque sí, porque él puede, porque tiene un registro muy amplio y así los paralelismos que quiere establecer llegan hasta a los lectores menos espabilados, si es que no los ha agotado en el camino. Y por último, las repeticiones. Este escritor desarrolla las ideas con bastante parsimonia y repite conceptos, palabras y expresiones a lo largo de los párrafos y entre los múltiples paréntesis que incluye. Es un poco lo que hace Thomas Bernhard cuando se pone obsesivo, pero con mucha menos gracia y con temas triviales que no justifican este erre que erre, como podría ocurrir con el austriaco.

A pesar de estos inconvenientes, reconozco que en esta segunda oportunidad me he reconciliado parcialmente con Javier Marías. Como he visto que en las estanterías de mis vecinos también está Los Enamoramientos, es muy probable que lo pida prestado de aquí a unos meses. Tenéis más reseñas en Críticas literarias Regina Irae, La Hierba roja y Un Libro al Día. Para mi sorpresa, veo que muchos bloggers al hablar de este autor se han quedado convencidos pero solo a medias, talmente como yo mismo.

14 sept 2011

Corazón tan Blanco - Javier Marías

Un dia encontré un libro de segunda mano de Javier Marías, y como tantas veces hago sin tener ni idea de en qué berenjenal me estoy metiendo, lo compré por la curiosidad de leer algo suyo y comprobar de primera mano si su valía como escritor está a la altura de su fama. Así que me enfrenté a Corazón tan Blanco desde el más absoluto desconocimiento su obra; ahora bien, una vez terminado puedo decir sin vergüenza alguna que su estilo no me gusta lo más mínimo, aunque visto el volumen de ventas de sus novelas debo de ser de los pocos que opinan así.

No es que Corazón tan Blanco no tenga una trama medianamente interesante, no es eso. Admito que sentía curiosidad por saber qué iba a ocurrir con el matrimonio de Juan (el narrador y protagonista) y Luísa, ambos traductores e interpretes de alto nivel. Quería saber del pasado oscuro de Ranz, el padre de Juan, que con anterioridad estuvo casado con otras dos mujeres, una de las cuales fue la hermana de la madre de Juan, y cuyo matrimonio acabó abruptamente con el suicidio de aquélla pocas semanas después de la boda. También me ha parecido muy original y adictiva la subtrama de los ligues y affaires sexuales de Berta, una amiga de Juan que vive en Nueva York y con quien se aloja cuando él acude a las Naciones Unidas de refuerzo temporal. En realidad lo que me ha molestado de Marías no es el argumento y todo el trasfondo filosófico que relaciona a la lengua hablada con el conocimiento y la realidad que percibimos, sino más bien sus recursos y peculiaridades narrativas. Marías repite frases constantemente, a veces incluso se atreve con párrafos enteros. Esta técnica me ha recordado levemente a Thomas Bernhard, pero lo que en el austriaco tiene sentido debido a que es una forma casi terapéutica de desahacerse de su traumático pasado, en Marías queda como una broma pseudopoética sin gracia. Luego están las frases explicativas, que este autor emplea hasta el agotamiento. Las aclaraciones entre paréntesis no fallan prácticamente en ninguna página del libro: tres, cuatro, cinco, demasiadas en cualquier caso porque tratan al lector condescendientemente, como si no fuese suficientemente inteligente para seguirle y por eso el escritor se ve obligado a clarificar temas a cada poco. Luego hay otras características menores de índole sintáctico que me han resultado muy cansinas, como por ejemplo el uso de la construcción "tanto... cuanto", que surge a cada poco como para elevar el tono culto del relato, efecto que también parece buscar a través de los constantes paralelismos que establece con algunos pasajes de Macbeth ya desde el título, extraído igualmente de la tragedia de Shakespeare.

Reconozco que visto así, no parece que estos pocos factores sean de la importancia suficiente como para provocar tanto rechazo, pero el hecho es que repetidos una y otra vez, a mi me han parecido agotadores y pedantes, con lo que aquí pongo el punto final al tiempo que he dedicado a este escritor. Creo que ni su cuenta corriente ni su prestigio notarán mi falta.

Las reseñas de la blogosfera, cómo no, son todo lo contrario a mis impresiones. Véase si no Perdida entre Libros o foro de literatura Yolje.com.
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