Mostrando entradas con la etiqueta *Joy Williams. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta *Joy Williams. Mostrar todas las entradas

1 abr 2021

Estado de gracia - Joy Williams

Kate es una joven que estudia Filología francesa en alguna universidad de un estado sureño de los EE.UU. Conoce a Grady en un cine, se enamoran, ella se queda embarazada, se casan. Los dos dejan la universidad por algún tiempo y se van a vivir a una destartalada roulotte en mitad del bosque. A pesar de este paisaje idílico, Kate ha tenido una infancia complicada marcada por su familia. Su padre era el predicador de una pequeña isla de la costa noreste de USA. Cuando ella tenía unos ocho años, su hermana mayor murió en un accidente de tráfico. Tenía tan solo once años y conducía su madre. La relación entre sus padres no era muy buena por aquel entonces. Su madre no parecía estar muy bien de la cabeza, y su padre tampoco, a qué engañarnos. Hablaba poco y siempre en términos religiosos. Aun así intentaron tener un niño después de perder a su hija mayor. Por desgracia la madre murió antes de dar a luz y se llevó el bebé consigo. Con este bagaje, está claro que las cosas no pintan bien para Kate y Grady.

La dupla "Joy Williams/autora de culto" aparece en casi cualquier referencia que busquemos sobre ella. Yo no tengo muy claro que sea positivo ganarse ese título, pero sus razones debe haber. Si no me equivoco, con el tomo que me ocupa hoy ya he leído todas las obras de esta escritora que se han traducido al castellano. Aunque los Cuentos escogidos me gustaron, sus novelas Los vivos y los muertos y El hijo cambiado me dejaron bastante indiferente. Lo que soy yo, no había visto motivos para considerarla autora de culto hasta haber leído Estado de gracia. Porque esta novela brilla con luz propia. Se trata sin duda del libro que le otorgó ese calificativo tan ambivalente. Porque estamos ante una de las obras más originales, innovadoras y sobresalientes que he leído en mucho tiempo. Solo por esta maravilla escrita en 1973, Joy Williams se merece un puesto en mi Olimpo personal de autores favoritos. Y a continuación voy a tratar de explicar por qué.

Dividida en tres partes, la primera y la última están narradas en primera persona por la protagonista adulta. En la central, con un narrador testigo en tercera persona, se nos relata su infancia, que revela datos de que nos darán pistas sobre su forma de ser. Aunque en realidad no podemos estar seguros. La información que se nos ofrece es parcial, sesgada y cada uno de los personajes expondrá su versión (interesada) de los hechos. Tendremos que asumir bien pronto que no hay una verdad única y que nadie nos va a solucionar la lectura. Que vamos a tener que esforzarnos en atar cabos. Y ni siquiera así se  garantiza nada. Lo que está claro es que Williams consigue infundir la sospecha sobre algún acto ominoso que preside la relación entre Kate y su padre. ¿O son solo imaginaciones nuestras? Porque cuando la joven toma la palabra, la ambigüedad y la indefinición siguen muy presentes en la páginas, solo que de una forma mucho más innovadora.

En segundo libro la narración es más convencional. Hay una cierta linealidad, y aunque haya saltos temporales, no dejan de ser nada a lo que no estemos acostumbrados. No plantean mayor dificultad. Pero los libros primero y tercero, con Kate como narradora, son dos piezas asombrosas en las que, por definirla de alguna forma, la linea temporal zigzaguea sin descanso. Nunca estaremos del todo seguros de si los acontecimientos son presentes, pasados o futuros. Esa incorporeidad del tiempo, junto con la más que cuestionable fiabilidad de la narradora, nos sumergen en una bruma que proporciona un innegable matiz onírico a estas dos secciones. Y la demoledora presencia de su padre consigue que esas imágenes salidas del inconsciente resulten pesadillescas a ratos. La fragmentación del texto permite a Williams escribir lo que podría ser el pensamiento de una joven perturbada. Le resulta casi imposible ser coherente, pero a medida que la narración avanza iremos adquiriendo cierta perspectiva y las cosas empezarán a cobrar sentido. O casi, porque como ya he dicho algo más arriba, la aproximación será incompleta, aunque suficiente para dejarnos la cabeza vibrando con la sensación de haber estado expuestos a una una historia sublime.

Para terminar no quiero dejar de hablar sobre un componente presente en la novela que ya conocía del resto de sus libros. Se trata de un innegable cuestionamiento de la relación del hombre con los animales desde una perspectiva claramente animalista. Esto también se suele mencionar en casi todas sus entrevistas y como ya he dicho en otras reseñas, tiene el mérito añadido de formar parte de su obra desde tiempos tan remotos en el movimiento de los derechos de los animales como principios de los 1970s. De todas formas que nadie se alarme, sus comentarios al respecto, aunque incomodan e incluso te dejan abatido en según que caso, encajan en el discurso de los personajes. No es que abunden pero se hacen notar, junto con otros tantos sobre ecologismo o racismo. En mi opinión estamos ante una obra imprescindible de la literatura estadounidense de la segunda mitad del siglo XX. Por su originalidad y singularidad me ha recordado a La subasta del lote 49 de Thomas Pynchon o Ruido de fondo de Don DeLillo. Si tuviera que definirla con una sola palabra, seguramente elegiría deslumbrante.

3 sept 2018

El hijo cambiado - Joy Williams

Pearl es una joven de poco más de veinte años que conoce a Walker, un hombre maduro muy rico que se enamora de ella. Como nuestra chica está bastante perdida (su madre acaba de morir y no tiene más familia, lleva apenas una semana casada con un joven sin futuro), Walter se la lleva a su isla privada, donde vivirá en el caserón construido por su abuelo, el fundador de la dinastía. Allí compartirá vivienda con Thomas, el hermano de Walter, cuyo carácter altruista le lleva a acoger niños con problemas de adaptación y a darles toda la libertad y el cariño que necesitan. Pearl empezará a sentirse asfixiada desde el primer momento por el entorno tan reducido en que se ve obligada a vivir. Cuando comienza la historia acaba de tener un bebé y ha huído con él a Miami. Alcohólica y deprimida, su pareja pronto dará con ella y la hará volver a la isla de Hart, donde las cosas no mejorarán demasiado que digamos.

El hijo cambiado es la segunda novela de Joy Williams, que por lo que podemos leer en la ficha editorial y el prefacio, ha sido considerada su obra maldita durante mucho tiempo. No me extraña, la verdad. Sin ser mala novela, hay que reconocer que no es precisamente unas castañuelas. Para empezar la protagonista y narradora es alcohólica y está deprimida, desorientada, perdida. No sabe qué hacer con su vida, pero no soporta dejarse conducir ni la posición tan aparentemente cómoda a la que ha llegado. Su familia política es muy desafecta y prácticamente la ignoran. Los niños que pululan descontrolados por la isla y se van renovando a medida que entran en la adolescencia establecen un vínculo especial con Pearl, pero ella apenas los aguanta. Y tampoco hay mucho más que contar, no hay una evolución significativa en los personajes. Solo un gran nubarrón negro que cubre toda la acción debido al estado psicológico de la protagonista. La visión que nos da de lo que ocurre es borrosa y está empañada por efecto del vodka, el vino o la ginebra que bebe desde primera hora del día.

Se podría decir que la narración se divide en dos grandes bloques. El primero hasta el nacimiento de Sam, su hijo, que se usa para ponernos en contexto y se cierra con un golpe de efecto de intención mágico-catártica. El segundo transcurre siete años después y entra de lleno en el vórtice destructivo que es la vida de Pearl. Sinceramente me resulta difícil de creer que en ese periodo tan largo no haya habido más que alcohol y depresión en la vida de la protagonista. No digo que algo así no pueda darse, pero para dar credibildad a la trama yo habría necesitado algunos contrapuntos. Estamos hablando de una persona que se pasa siete años deprimida y emborrachándose a diario. Es que ya solo a nivel físco y de salud me hace falta un ingreso en un hospital o un intento de suicidio. Pero no, ella se limita a coger cogorzas todos los días y a quejarse de su existencia. Luego tenemos la presencia de esos críos difíciles y pseudoasilvestrados. La constante idealización de la infancia que se quiere transmitir se me ha hecho muy cansina. Todo el potencial que pueden desarrollar, el ansia de saber, la curiosidad, bla, bla. Lugares comunes bienintencionados. ¿Y la crueldad, la desubicación o la dependencia propia de los niños? ¿Eso no cuenta? Su participación en la acción y los diálogos aporta la incoherencia propia de quienes no pueden alcanzar a comprender la mezquindad adulta. En ese sentido Williams se muestra especialmente habilidosa y verosímil, pero en cualquier caso no me ha resulta de interés. Sin duda se debe a que la psique infantil nunca me ha atraido lo más mínimo y siempre he tenido una opinión bastante pobre de los niños como personajes de novelas. Los últimos dos o tres capítulos son un desbarajuste lisérgico y experimental donde no se sabe si los pequeños están sacados de El señor de las moscas del William Golding o ¿Quién puede matar a un niño? de Narciso Ibáñez Serrador. En definitiva, la idea general es la de despropósito, un despropósito extraño y muy bien contado, pero despropósito al fin y al cabo. Sea cual fuera la intención de esta autora al escribir la novela, a mí se me ha escapado. Con todo me lo he terminado sin demasiados problemas, pero puesto que no sé muy bien qué he leído, no me atrevería a recomendar esta novela a nadie. Tenéis más reseñas en El momento de Raquel, Je dis ce que j'en sens y Página 12.

18 nov 2017

Cuentos escogidos - Joy Williams

Con la perra que me ha cogido con Joy Williams estaba claro que más pronto que tarde iba a dar cuenta de Cuentos escogidos. El volumen compila un total de 46 piezas de narrativa breve en dos bloques: 'Cuentos escogidos' el primero (33) y 'Cuentos nuevos' el segundo (13). He disfrutado mucho leyéndolo y he devorado las setecientas y pico páginas del libro porque en general, las tramas son bastante incómodas y exponen los conflictos en las relaciones humanas, ya sean de pareja o familiares. Pensando en este instante sobre las mismas no recuerdo ninguna que fuese minimamente alegre. Todo lo más tan gris como la mediocridad y la rutina de la vida de la mayoría de las personas, que solo rompen la monotonía de trabajos y vidas aburridas a base de perder el tiempo con habitos vacíos y sinsentido, cuando no directamente destructivos. ¿El la angustia existencial que expresan los personajes la causa o una consecuencia de los mismos? Me inclino por lo primero. También es verdad que casi todas las historias se caracterizan por esa particularidad tan postmoderna que son los finales inconclusos. Unos cierres que con algo de suerte te dejan meditabundo, pero que por lo general parecen más bien la interrupción de un flujo narrativo del que aún esperábamos más.

A medida que van cayendo los cuentos, no resulta nada complicado encontrar unos elementos transversales compartidos:

  • Alcoholismo. Raro es el cuento que no tiene un protagonista que bebe todo el rato, lo está dejándo, o fue alcohólico.
  • Cancer, afecciones raras en la sangre, trastornos psiquiátricos, enfermedades degenerativas. Dolencias graves y de diagnóstico difícil que bien remiten inexplicablemente, bien condenan al personaje, pero que en cualquier caso tienen resultados devastadores en su entorno afectivo más cercano.
  • Comentarios animalistas y ecologistas extemporáneos y molestos en boca de algún personaje secundario. Hoy día son cuestiones que tienen mayor difusión, pero no deja de resultar admirable que en fechas tan lejanas como 1972 esta autora ya mostrase interés por el trato infamante que damos a los animales o los constantes abusos del hombre sobre el medioambiente.
  • La repetición de una palabra o un sintagma nominal como punto sobre el que pivota la narración. Lo hacen tanto el narrador como los propios personajes. En respuesta a un comentario se limitan a repetir un elemento del discurso previo. Llegan incluso a señalar como manía la costumbre de reproducir sin más una de las palabras que han escuchado.
De igual manera hay ciertos elementos simbólicos que aparecen con frecuencia y que imprimen a los relatos un sutil aire ballardiano:

  • Vecinos fisgoneando por barrios residenciales en las últimas horas de la tarde.
  • Turistas, ferrys, visitas a viejos amigos, casas de vacaciones en las exclusivas islas de la costa de Maine.
  • Animales disecados, taxidermia.
Por resumir y como he dicho más arriba, los cuentos me han gustado por la infelicidad y miseria que destilan. Ahora bien, si tragar 46 dosis de la realidad más cruda y amarga no es algo que os apetezca, es muy probable que se haga pesado. Esta antología está reseñada en casi todos los grandes medios, pero por centrarnos en la blogosferea y en medios alternativos, os sugiero echar un vistazo a La antigua Biblos, La mirada actual e Indienauta.

21 oct 2017

Los vivos y los muertos - Joy Williams

Alice, Annabel y Corvus son tres amigas adolescentes que viven en un poblacho de la desértica Arizona. Están algo perdidas, como suele ocurrir siempre en la adolescencia. Las tres son huérfanas de madre y tienen familias que sin llegar a ser desestructuradas, sí que tienen muchas peculiaridades que las alejan del modelo tradicional. Las tres tienen además personalidades muy diferentes, con lo cual su amistad incorpora tensiones originadas por sus constantes desavenencias. A lo largo un verano seremos testigos de sus andanzas, que tanto por sus temperamentos como por el entorno en que transcurren, son cualquier cosa menos convencionales.

Debido a la reciente publicación de un volumen de Cuentos escogidos de Joy Williams en Seix Barral, empecé a toparme con artículos y entrevistas en torno a su persona por todo Internet como parte de la estrategia de promoción del libro. En dichos textos se dejaban claras sus simpatías y apoyo a la causa animalista, así que de pronto mi interés en acercame a su obra se hizo urgente. Y hete aquí que hoy me encuentro reseñando esta novela protagonizada por Alice, que como personaje de película indie sería fantástica (toda la novela promete como película indie multipremiada en el festival de Sundance). Segura de sí misma a ratos. Indecisa a otros, que al fin y al cabo tiene apenas 16 años. Animalista, ecoactivista y vegetariana, paradojicamente odia a los gatos. Annabel es la pija, la más superficial. Su objetivo en la vida es ser guapa, popular y deseada. Pero como acaba de mudarse a esta pequeña ciudad no ha conocido aún a nadie más. Los padres de Corvus acaban de morir en un accidente estúpido. El duelo por su pérdida le hace atravesar momentos muy oscuros y como expiación a su dolor trabaja de voluntaria en una residencia de ancianos. Allí conoceremos a Daisy, una enfermera cínica, irreverente y a vuelta de todo. La residencia es uno de los negocios de Stumpp, un tiburón de las finanzas aficionado a la caza mayor que deja al rey emérito Juan Carlos I, el Campechano, a la altura del betún. Su colección de animales salvajes disecados se expone en un grotesco museo. Emily Bliss Pickless, una niña prodigio de 8 años repelente y adorable a partes iguales, inicia una campaña contra dicho museo de los horrores. El nuevo novio de su madre es un antiguo vecino de Corvus, John Crimmins, quien mató al perro de ésta última harto de escuchar sus ladridos a varias millas de distancia. El padre de Annabel, Carter Vineyard, se ha encaprichado de su joven jardinero tras la muerte de su esposa, Ginger. Por cierto que la difunta progenitora se aparece a su marido por las noches para reprocharle lo mal esposo que fue. Y no nos olvidemos de este personaje, y aquél, y el de más allá. Y casi seguro que me dejo alguno.

No es por tirar del refranero, pero quien mucho abarca, poco aprieta. Como toma de contacto con la obra de esta autora de culto americana, Los vivos y los muertos me ha dejado bastante indiferente por muy finalista que quedara en el premio Pulitzer de 2001. Y no es que sea mala lectura, al contrario. Para empezar es muy crítica e incluye ácidas reflexiones sobre la naturaleza humana que ponen de manifiesto nuestra estupidez, dejando poco o ningún margen a la réplica. También es muy entretenida, abundan los momentos divertidos y ocurrentes, disparatados en muchas ocasiones. El problema es que no hay argumento. La trama a la que asistimos no es tal, sino una serie de relatos breves de una red de personajes relacionados entre sí en mayor o menor grado por mil motivos distintos. Que no es que no sea un formato válido dentro del amplio abanico de la creación literaria, ¡faltaría más! Pero después de tanta alabanza leída en Internet yo esperaba mucho más. Más cohesión. Más globalidad. Más intención. Pero no ha podido ser. Esto es lo que hay. No hay nada más que rascar. En cuanto a las reseñas de la blogosfera, hay división de opiniones. Por ejemplo en La medicina de Tongoy y Desde Otranto coinciden conmigo en que la falta de trama juega en contra del libro aunque no impide disfrutar de él. Sin embargo en Generación reader y Blisstopic solo leemos maravillas al respecto.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...