18 nov. 2018

Oh, luminosa y brillante estrella - Alfred Bester

Oh, luminosa y brillante estrella es una compilación de relatos cortos de ciencia-ficción salidos de la pluma de Alfred Bester. Bueno, en realidad del total de once textos que incluye, nueve son cuentos y los dos restantes son, una breve entrevista que realizó a Isaac Asimov en la época en que trabajó para la revista Holiday por un lado, y por otro un ensayo titulado "Mis amoríos con la ciencia-ficción", en el cual expone sus experiencias como escritor del género. Los relatos propiamente dichos están fechados en los 1940s y 1950s (todos los detalles están en la ficha de la Tercera Fundación). Nos enfrentamos por tanto a las temáticas habituales de la Edad de Oro de la Ciencia-ficción y a muchos de los tics obligatorios para que los escritores pudieran vender sus textos a las revistas de la época; me refiero naturalmente a esa obsesión de los editores por dejar los finales muy bien masticaditos a los lectores.

Hay algunos elementos comunes a casi todos los relatos. En primer lugar Bester tiene propensión a dar un leve sustrato científico hard a los relatos, y claro, con los años que han pasado desde que se escribieron sus explicaciones han quedado bastante anticuadas. También le gusta introducir elementos de psiquiatría para justificar las tramas; esto ocurre con mucha menos frecuencia pero al menos es un componente muy original. En la lista con los títulos de los cuentos y artículos que os incluyo un poco más abajo señalo también la temática tratada, que excepto en el caso extemporáneo que supone "Mi amigo de arriba", que data de 1973, son las típicas de la ciencia-ficción clásica: postapocalipsis, mutantes, viajes en el tiempo y para de contar. Salvo por dos de los títulos (el primero y el que titula al volumen), he tenido que retomar el libro y hacer un repaso rápido para poder recordar los siete cuentos restantes. Eso da una idea de la nula impresión que me han causado, no sé si porque son tramas machacadas hasta la extenuación, o quizás porque simplemente no destacan por su calidad.

  • Adán sin Eva / Postapocalíptico
  • El tiempo es el traidor / Mutantes+Psiquiatría
  • Odi e Id / Mutantes+Psiquiatría
  • Elección forzosa / Viajes en el tiempo
  • Oh, luminosa y brillante estrella / Mutantes
  • Antes la vida era distinta / Postapocalíptico   
  • Del tiempo y la Tercera avenida / Viajes en el tiempo
  • Isacc Asimov / Entrevista
  • El hombre Pi / Mutantes   
  • Mi amigo de arriba / Inteligencia artificial
  • Mis amoríos con la ciencia-ficción / Ensayo
Los cuentos están prologados por el autor. La impronta que dejan los comentarios que hace a su propia obra es la de un individuo con cierta megalomanía y aires de grandeza que paradójicamente se percibe a sí mismo como un tío franco, honesto, sencillo, bonachón y simpático. Esta sensación se hace patente al leer "Mis amoríos con la ciencia-ficción", donde todo el rato es yo, yo, yo, y luego Robert (Heinlein) esto, Ike (Asimov) aquello, Arthur (C. Clark) era un tipo raro pero cuando entrevisté a Sofía Loren o Sir Larry (Laurence Olivier), yo, yo, yo, ¡ja, ja,ja! He triunfado en la vida, ¿no se nota, pardillos? Su insistencia por dejar patente su ansia de conocimiento, mejora continua de las habilidades y pasión por el cambio me han hecho pensar en programas inspiracionales para el empleado lanzados desde el departamento de RRHH de una multinacional. Sin duda son prueba patente de que su actitud ante la vida se anticipó muchas décadas. Hoy lo habría petado en las charlas TED conferenciando acerca de romper la zona de confort, mindfulness, mejora del rendimiento laboral cultivando el aburrimiento en las horas de ocio, etc. etc. En definitiva, un libro totalmente prescindible, no porque a nivel personal Bester me haya parecido un poco imbécil, sino porque los cuentos dejan mucho que desear. Lo cual no quita que El hombre demolido y Las estrellas, mi destino me sigan pareciendo dos novelas estupendas. La única reseña que he encontrado está en el Sitio de Ciencia-ficción, donde consideran que ningún aficionado debe perderse esta antología.

14 nov. 2018

El Palacio de la Luna - Paul Auster

Llega un día cualquiera y me sorprendo con ganas de leer algo de Paul Auster. Su relatos mezclan cotidianeidad y azar de una manera intrincada pero creíble. Por más que a veces (todo el rato más bien), las casualidades sean demasiadas, nunca puedes decir que no sean viables y que lo narrado no pueda ocurrir en realidad. ¿Por qué resistir este impulso si resulta además que tenía en casa El Palacio de la Luna?  Comprado de segunda mano en alguno de mis arrebatos ocasionales (en realidad bastante frecuentes), esperaba desde hacía meses amontonado con otros libros en su misma situación e igual procedencia. Pero no sigamos por aquí, mejor hagamos la vista gorda y vamos a considerar el "ocasional" como una metira piadosa hacia mí mismo y mi bolsillo.

En esta novela conoceremos la historia de Marco Stanley Fogg, hijo de madre soltera y padre desconocido (no por ella pero sí por su hijo y el resto de su exigua familia). Para desgracia suya se quedó huérfano a los once años cuando un autobús atropelló a su progenitora. A partir de entonces se marchó a vivir con su tío (huelga decir que por parte de madre, ¿verdad?), un clarinetista clásico cuyo carácter inseguro y disperso le hace perder su puesto en una orquesta de renombre y se vuelca de lleno en el proceloso mundo del jazz. A partir de la segunda mitad de los 1960s, M.S. se marcha a estudiar a la Universidad de Columbia en Nueva York, lujo que puede permitirse gracias a la sustancial indemnización que recibió de la compañía de autobuses de Boston. Seguiremos sus vicisitudes durante esos años tan agitados en lo político, en especial a partir de 1969 una vez consiga su licenciatura, se quede sin dinero, sin familia (su tío también se muere en un momento dado, algo que nos pasará a todos), y tenga que entrar en la vida adulta a las bravas.

Como ya adelantaba en el primer párrafo, estamos ante otra obra de Auster que se articula sobre las casualidades y que transcurre principalmente en N.Y. Caracteristicas estas dos que ya puedo decir oficialmente que son marca de la casa. Y ojo, la técnica le funciona y no puedo negar que la lectura es muy entretenida y placentera, a lo que ayuda sin duda su estilo: claro, directo y sin artificio alguno. A pesar de las desgracias a que asistimos (que no faltan), siempre hay un transfondo optimista que deja muy buen poso al cerrar las tapas. No hay que abusar de tanta bonhomía pero de cuando en cuando es agradable enfrentarse a un relato bien estructurado que te haga creer en el buen espíritu y carácter de ciertos individos (porque de la humanidad en global no se puede esperar nada bueno).

Tengo dos peculiaridades a destacar de este título. La primera es que he percibido un paralelismo muy patente con el formato de los cuentos infantiles de tradición occidental. El pobre niño huérfano recibe duros reveses del destino que le permitirán conocerse a sí mismo y madurar. Para compensar tantos infortunios disfrutará del amor incondicional de sus amigos y de la amabilidad y buen corazón de desconocidos. Y también golpe de suerte tras golpe de suerte que le irán llenando los bolsillos de fajos de billetes cuando ya parecía que no había solución a sus problemas. Que a mi parecer es un poco Dollar ex machina, pero, ¿quién soy yo para juzgar las técnicas narrativas de Mr. Auster, visto su éxito y lo bien que me siento después de leerlo? La segunda característica enlaza también con los cuentos clásicos, pues la trama incluye varias historias independientes enmarcadas en la trama general y contadas por diferentes personajes secundarios. En definitiva una lectura emotiva con toques agridulces en que el autor norteamericano vuelve a derrochar imaginación y buenas formas (un poco de aquella manera, las cosas como son). Aunque no aporta muchas novedades ni es el colmo de la originalidad, la sensación final es muy satisfactoria. Mäs reseñas en Confieso que he leído, Libros y Literatura y Adivina quién lee. Los dos primeros la recomiendan sin reservas y el último también lo hace, pero poniendo algunas.

11 nov. 2018

2020 Visions. La tormenta - Jamie Delano y Warren Pleece

Tras la muerte de Fidel Castro en 2003, el poderoso exilio cubano conservador de Florida se secesiona de EEUU. Posteriormente se anexiona Cuba y otras islas del Caribe para formar el Estado Católico Independiente de Nueva Florida. En 2020 el cambio climático y el calentamiento global han transformado la geografía de sus costas al inundarlas con el deshielo. Los caimanes campan a sus anchas por la ciudad, los huracanes son constantes y la población de Miami espera una gran tormenta que arrase con ese infierno de una vez por todas. La forma de gobierno de Nueva Florida ha devenido un estado pseudo feudal con unos cuantos cárteles de familias muy ricas e influyentes que imponen una moral reaccionaria. El pueblo malvive trabajando para ellas y escapa de la rutina con sesiones de sexo virtual, que por supuesto son ilegales. Jack Atlanta es una detective privada de rasgos andróginos que acude dos veces por semana a desfogarse on-line al antro de Claude. La hermana adolescente de éste ha desaparecido y debido a la deuda que Jack ha adquirido por tantas horas enganchada a la realidad virtual, le propone dar con ella para así saldar su cuenta.

La tormenta es la segunda entrega del cómic 2020 Visions, que como ya comenté hace un par de semanas, se compone de un total de cuatro historias independientes de ciencia-ficción distópica que transcurren en el año 2020. De nuevo me he encontrado con un guión que sobresale muy por encima de la media de lo que me vengo encontrando en los cómics que he leído en los últimos dos años. En esta ocasión, el británico Jamie Delano ha planteado una trama criminal en la que se incluye fundamentalismo católico, represión sexual, disminución de la natalidad, tráfico de bebés y asesinos psicópatas. A pesar de este totum revolutum, para mi sorpresa el resultado deja un excelente sabor de boca. Ahora bien que meter tantos hilos argumentales en poco más de sesenta páginas obliga a un ritmo acelerado en exceso. Como suelo decir en estas ocasiones, creo que un poco más de margen habria favorecido al producto final, que en todo caso y para mi gusto ha sido una gran lectura.

Hay dos cosas que me han sorprendido especialmente. La primera es que al igual que en Renegado, la protagonista también es homosexual, con un aire butch propio de los cabarets del Berlin de los 1920s (viste trajes masculinos y se deja crecer un bigote fino). Bien es verdad que su pasado traumático podría levantar las iras de lo colectivos LGTBQ+ por asociaciones indebidas (fue violada en grupo durante el periodo de formación en el FBI), pero hay que reconocer que para un volumen que se publicó originalmente entre 1997-1998, el tratamiento de la homosexualidad que Delano previó para 2020 está totalmente normalizado. El otro aspecto que me ha parecido muy original es el modus operandi del asesino psicópata. Inflige a sus víctimas una cirujía enfermiza que las transforma en extrañas quimeras parte animal, parte humana, condenandolas a una muerte dolorosa y traumática. Algo bastante recurrente en la ciencia-ficción y el género fantástico y que me ha traído a la memoria algún relato corto incluído en Axiomático, de Greg Egan.

En el apartado gráfico pasa como en la tercera entrega. Según se nos indica en el prólogo originalmente era coloreado, pero por discrepancias con el resultado y disponibilidad de los originales de Warren Pleece, la editorial Recerca perfirió publicarlo solo con tinta negra. La verdad es que los dibujos no son nada del otro mundo y simplemente sirven de soporte visual muy básico a una historia muy original y entretenida. En Aburreovejas hay una reseña múltiple que incluye un breve comentario de este cómic.

7 nov. 2018

Desorden moral - Margaret Atwood

Desorden moral es mi toma de contacto con la obra de Margaret Atwood. A pesar de los múltiples premios que tiene a nivel mundial (Príncipe de Asturias de las Letras de 2008, sin ir más lejos), yo la he conocido hace apenas un par de años a través de la adaptación que HBO ha hecho de su novela distópica El cuento de la criada. Me encontré con este libro en La Casquería del Mercado de San Fernando de Madrid y como en la contraportada se indicaba que era una novela que podia verse también como una colección de relatos cortos, no me lo pensé demasiado ya que la narrativa breve es mi manera preferida de abordar a un autor que desconozco. Una vez terminada la lectura no me queda más opción que rendirme al increíble talento de la escritora canadiense y admitir que ésta es una de las ocasiones en que los premios literarios son un justo reconocimiento a una gran capacidad artística.

Efectivamente estamos ante una colección de relatos que tienen como protagonista a Nell. En las once piezas que la componen iremos adentrándos en la vida de esta mujer desde que es una niña pequeña a finales de los 1940s/principios de los 1950s, hasta cuando ya anda por los sesenta y muchos. Atwood obliga al lector a prestar atención a lo que lee si quiere hacerse una idea global de la narración entendida como novela. Para empezar, la secuencia cronológica que siguen los cuentos/capítulos no es lineal. Sin ir más lejos empezamos conociendo a Nell siendo una anciana para toparnos en el segundo relato con una cria de nueve años que se ve conmocionada por el embarazo de su madre y la próxima llegada de un hermanito (que será hermanita). A partir de ahí sí hay cierta linealidad aunque bastante difusa. Llega un momento cuando ella es una mujer joven en que el contexto temporal se difumina y no siempre es posible precisar en qué instante de su vida están ocurriendo los acontecimientos. Pensándolo bien podría decirse que la madurez es ese estado en que los sucesos se acumulan y entremezclan año tras año, haciendo que la fecha exacta en que tienen lugar pierda importancia. La escritora canadiense tampoco nos da mascado el contexto familiar, lo que nos exige ir atando cabos a medida que van cayendo las páginas. Hasta el capítulo tres yo no he empezado a tener la impresión de que estábamos ante una histora centrada en un único personaje. Incluso hay ciertos factores que me han hecho dudar, como la aparición casi testimonial de un hermano mayor en tan solo un par de menciones, que me invitaba a pensar también en un posible narrador no fiable.

Las historias que Atwood nos cuenta sobre Nell son de una cotidianeidad abrumadora y tienen validez universal. Celos infantiles por un lado, rebeldía y actos desconsiderados propios de la adolescencia por otro. Inseguridades en adultos jóvenes y conflictos en la madurez, ya sea con amigos, parejas o familia; problemas con parientes enfermos o padres ya ancianos. En los once relatos se asiste a una colección de situaciones en las que todos nos vamos a ver reconocidos en mayor o menor medida. Y en el caso poco probable de que no sea así, es solo cuestión de tiempo que nos toque la papeleta. En ese sentido me ha recordado a su compatriota Alice Munro en títulos que tienen un planteamiento muy parecido: La vida de las mujeres y en menor medida, La vista desde Castle Rock. Por otro lado la prosa de esta autora es directa, sencilla y totalmente accesible. El texto se asimila con tal naturalidad que la sensación es la de estar asistendo a un relato oral. Atwood consigue transmitir las ideas e imágenes con una habilidad pasmosa. Por ejemplo en el cuento que da título al volumen, se muestran las contradicciones a que se enfrenta el ser humano por críar animales para usarlos como alimento. La protagonista se ve vapuleada por el espanto que le supone tener que llevar un cordero al matadero y contemplar personalmente el horror que supone la mera existencia de unas instalaciones concebidas con ese fin tan abyecto. Sin embargo poco después y tras un magistral ejercicio de cinismo que se lleva a cabo a diario por casi toda la humanidad, termina disfrutando de unas deliciosas chuletillas junto con su familia. ¿Qué se puede hacer ante algo así, sino admirar su tino? Tenéis más reseñas en Lecturas errantes, La tormenta en un vaso y Cuentos pendientes. Por una vez y sin que sirva de precedente, la opinión respecto a este volumen es unánime.

5 nov. 2018

La paloma - Patrick Süskind

Jonathan Noel es un invididuo anónimo de algo más de ciencuenta años que vive una vida anodina y simple en París. Después de unos treinta años trabajando como guardia de seguridad en una sucursal bancaria, no posee más que una chambre de bonne en regimen de alquiler con opción a compra, que habrá completado para su jubilación en 1998. Los días transcurren sin altibajos para nuestro hombre, sin amigos ni otra ambición que seguir existiendo de manera tranquila pasando desapercibido. Pero una mañana cuando se dispone al ir al retrete compartido con el resto de miniapartamentos, encuentra a una paloma en el pasillo. Este suceso aparentemente intrascendente rompe todos sus esquemas y le provoca un ataque de pánico. Después de tranquilizarse un poco, logra salir de su habitación con una maleta llena de ropa. Está decidido a instalarse en un hotel económico hasta que se asegure de que esa depreciable ave haya desaparecido junto con sus excrementos, que ya ensucian el corredor. Durante las veinticuatro horas que acompañaremos a Monsier Noel, veremos cómo ese acontecimiento trivial le obligará a reflexionar sobre la vida que ha llevado hasta ese día.

La paloma es una novela corta que expone con muy pocos preámbulos el vacio existencial a que nos enfrentamos en la sociedad actual. Patrick Süskind usa esta parábola para manifestar la indefensión del ser humano ante la realidad que hemos creado. Por más que pensemos que tenemos el control de lo que nos ocurre, el acto más nimio puede minar los cimientos sobre los que nos levantamos y desmoronar nuestra estabilidad. Se podría pensar que el desencadenante elegido es demasiado intrascendente, pero es precisamente por su insignificancia por lo que me ha parecido perfecto: es la perspectiva personal sobre cualquier incidente la que en definitiva determina su relevancia y su capacidad para demolernos o pasar inadvertido. El protagonista, forzado a tomar conciencia de su situación en el mundo, no deja títere con cabeza y aprovecha para criticar las convenciones sociales que no hacen más en encorsetarnos y restringir nuestra libertad de acción. 

El libro se lee en una sentada y está escrito con una prosa simple y directa. Süskind logra transmitir con una nitidez asombrosa tanto el absurdo de la existencia como los horrores cotidianos a que nos vemos sometidos: soledad, rutina, miedo, hipocresía, etc. En definitiva una excelente alegoría de la vida contemporánea que deja al descubierto las miserias de un mundo del cual nosotros mismos somos responsables. Estoy seguro de que no a todas las personas les gusta enfrentarse a esta realidad, pero a mí me parece muy necesario exponerla. Tenéis un par de reseñas muy entusiastas en Letralia y No tan resumido, y una bastante menos en Un libro al día.

1 nov. 2018

Podemos fabricarte - Philip K. Dick

SAMA ASOCIADOS está perdiendo cuota de mercado en la venta de espinetas y órganos electrónicos psicoactivos. La competencia ha logrado incorporar los últimos avances sobre estimulación del hipotálamo en sus productos, así que ya están notando un descenso significativo en la venta de su producto estrella, el órgano Rosen. Maury Rock, uno de los propietarios, ha pensado en diversificar el negocio y con ayuda de su hija, Pris Frauenzimmer, y el ingeniero de la plantilla, Boundy, han creado un simulacro de Edwin M. Stanton, secretario de guerra de Lincoln. Si al multimillonario y emprendedor Sam K. Barrows le gusta la idea y aporta la financiación, quieren recrear la Guerra Civil estadounidense con simulacros de sus personajes. La cosa se complica cuando el otro socio de SAMA, Louis Rosen, se enamora perdidamente de Pris, quien recién curada de su esquizofrenia, acaba de recibir el alta de una clínica estatal para enfermedades mentales. Louis empezará él mismo a perder su estabilidad psiquica cuando vea que no es en absoluto correspondido por ella, mucho más interesada en el millonario.

Novedad editorial de hace poco más de un mes, Podemos fabricarte es la última incorporación a la extensa lista de títulos de Philip K. Dick que lleva publicados Minotauro. En esta ocasión nos encontramos ante una novela que partiendo de los planteamientos habituales en su obra, se centra principalmente en el proceso de caída del protagonista en la enfermedad mental. No es de extrañar que tarde o temprano este autor abordara la cuestión sin enmascaramientos alienígenas de por medio, como ocurre en muchas de sus otras novelas. Conociendo su historial de patologías psiquiátricas y abuso de drogas, resulta lógico pensar que muchas de las experiencias que se vuelcan en la trama hayan sido vividas por él mismo y que en cierta medida, Louis Rosen sea un trasunto suyo. La acción, que resulta angustiosa por momentos, tienen algunas escenas realmente inquietantes. Además de brotes psicóticos y violentos, se describen unas visiones producto de la esquizofrenia cuyo realismo no podría justificarse a menos que lo relate alguien que las ha sufrido en sus carnes.

En general mi impresión es que la historia es perturbadora y falta de interés a partes iguales. De hecho creo que es la novela más insulsa de Dick que he leído hasta el momento. Hay ciertos elementos de prospección científica que en mi opinión resultan desaprovechados. En concreto los simulacros están dotados de inteligencia artificial y desde el texto se especula muy brevemente si se les podría considerar humanos, ya que aunque sean artefactos mecánicos, piensan, sienten y se comportan como tales. Por otro lado, tenemos el clásico contexto dickiano de dispositivos, tecnologías y teorías (con base real o no) que el escritor usa a conveniencia y sin necesidad alguna de justificación. Y cómo no, el regusto retrofuturista de una acción que a fecha de hoy ya estaría situada en el pasado pero sigue trasladándonos a un futuro que nunca llegó a existir: planes de colonizacion de la luna, aviones-cohete, etc. Esto gusta si eres fan de su obra y sirve para crear ambiente, pero es poca ayuda si la narración no tiene sustancia. No obstante se ve que no todo el mundo piensa como yo, en Fantasymundo ponen a esta novela a la altura de El hombre en el castillo, que es pasarse bastante de frenada, creo yo. Sin embargo en Je dis ce que je sens son mucho más neutros, aunque evitan mojarse demasiado ni para bien ni para mal.
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