1 nov. 2018

Podemos fabricarte - Philip K. Dick

SAMA ASOCIADOS está perdiendo cuota de mercado en la venta de espinetas y órganos electrónicos psicoactivos. La competencia ha logrado incorporar los últimos avances sobre estimulación del hipotálamo en sus productos, así que ya están notando un descenso significativo en la venta de su producto estrella, el órgano Rosen. Maury Rock, uno de los propietarios, ha pensado en diversificar el negocio y con ayuda de su hija, Pris Frauenzimmer, y el ingeniero de la plantilla, Boundy, han creado un simulacro de Edwin M. Stanton, secretario de guerra de Lincoln. Si al multimillonario y emprendedor Sam K. Barrows le gusta la idea y aporta la financiación, quieren recrear la Guerra Civil estadounidense con simulacros de sus personajes. La cosa se complica cuando el otro socio de SAMA, Louis Rosen, se enamora perdidamente de Pris, quien recién curada de su esquizofrenia, acaba de recibir el alta de una clínica estatal para enfermedades mentales. Louis empezará él mismo a perder su estabilidad psiquica cuando vea que no es en absoluto correspondido por ella, mucho más interesada en el millonario.

Novedad editorial de hace poco más de un mes, Podemos fabricarte es la última incorporación a la extensa lista de títulos de Philip K. Dick que lleva publicados Minotauro. En esta ocasión nos encontramos ante una novela que partiendo de los planteamientos habituales en su obra, se centra principalmente en el proceso de caída del protagonista en la enfermedad mental. No es de extrañar que tarde o temprano este autor abordara la cuestión sin enmascaramientos alienígenas de por medio, como ocurre en muchas de sus otras novelas. Conociendo su historial de patologías psiquiátricas y abuso de drogas, resulta lógico pensar que muchas de las experiencias que se vuelcan en la trama hayan sido vividas por él mismo y que en cierta medida, Louis Rosen sea un trasunto suyo. La acción, que resulta angustiosa por momentos, tienen algunas escenas realmente inquietantes. Además de brotes psicóticos y violentos, se describen unas visiones producto de la esquizofrenia cuyo realismo no podría justificarse a menos que lo relate alguien que las ha sufrido en sus carnes.

En general mi impresión es que la historia es perturbadora y falta de interés a partes iguales. De hecho creo que es la novela más insulsa de Dick que he leído hasta el momento. Hay ciertos elementos de prospección científica que en mi opinión resultan desaprovechados. En concreto los simulacros están dotados de inteligencia artificial y desde el texto se especula muy brevemente si se les podría considerar humanos, ya que aunque sean artefactos mecánicos, piensan, sienten y se comportan como tales. Por otro lado, tenemos el clásico contexto dickiano de dispositivos, tecnologías y teorías (con base real o no) que el escritor usa a conveniencia y sin necesidad alguna de justificación. Y cómo no, el regusto retrofuturista de una acción que a fecha de hoy ya estaría situada en el pasado pero sigue trasladándonos a un futuro que nunca llegó a existir: planes de colonizacion de la luna, aviones-cohete, etc. Esto gusta si eres fan de su obra y sirve para crear ambiente, pero es poca ayuda si la narración no tiene sustancia. No obstante se ve que no todo el mundo piensa como yo, en Fantasymundo ponen a esta novela a la altura de El hombre en el castillo, que es pasarse bastante de frenada, creo yo. Sin embargo en Je dis ce que je sens son mucho más neutros, aunque evitan mojarse demasiado ni para bien ni para mal.

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