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2 abr 2020

La velocidad de la oscuridad - Elizabeth Moon

Sin profundizar demasiado y por dar una idea rápida y general de esta novela, se podría decir que La velocidad de la oscuridad es una versión de Flores para Algernon actualizada al siglo XXI. Aunque la acción transcurre en un futuro muy próximo sin concretar, el tono global del texto se alinea con el tratamiento contemporáneo que se da a las personas que sufren algún tipo discapacidad intelectual: una integración en la sociedad adecuada a sus limitaciones. El protagonista es un hombre adulto con autismo que trabaja en una empresa farmacéutica, en un departamento donde solo trabajan personas autistas en algún tema relacionado con la detección de patrones en grandes conjuntos de datos. El conflicto surge porque se ha descubierto un tratamiento que puede ser efectivo para curar este trastorno en los adultos que aún lo sufren, ya que desde hace algún tiempo los niños que nacen con esta enfermedad pueden tratarse precozmente con éxito. Y por razones bastante oscuras e interesadas, un directivo con muy pocos escrúpulos pretende obligar a todo este departamento a someterse a él.

Desde un punto de vista narrativo el libro es muy correcto. Tiene su trama principal, algunas subtramas que permiten crecer emocionalmente al protagonista, guiar sus decisiones, etc. Ahora bien, debido a la simpleza y poca profundidad de lo que se narra, todo tan lineal y explicado hasta el más mínimo detalle, tiene un aire a bestseller que no juega a su favor. Elizabeth Moon tiene un hijo autista, así que resulta fácil entender por qué el personaje principal está tan bien caracterizado. No obstante la autora explota hasta la saciedad las características más conocidas de este trastorno, que de una manera u otra están presentes en todo momento en el texto: una inteligencia lógico-matemática por encima de la media, las grandes dificultades para socializar, sus limitaciones en comunicación verbal, los tics nerviosos, etc.

El libro resulta fácil de leer pero es bastante intrascendente. Se apoya demasiado en la trama corporativa para guiar el desarrollo, y lo cierto es que no tiene demasiados visos de verosimilitud. Desde mi punto de vista quizás lo peor de todo sea el tono benvolente y optimista que rezuma la historia. Resulta muy positivo que como sociedad hayamos avanzado para tratar con todo respeto a cualquier persona y grupo; que como colectividad nos organicemos y pongamos los recursos necesarios para ayudar a la integración de quienes más problemas tienen. Esta aclaración es bastante innecesaria, pero dicha queda. De todas formas desde el punto de la ficción, resulta mucho menos intersante enfrentarse a buenas que a las peores intenciones. Por eso la novela de Daniel Keyes ha trascendido al público general al margen de la ciencia-ficción y ésta dudo mucho que lo haga a pesar de que también ha sido premiada con un Nebula.

7 feb 2018

Restos de población - Elizabeth Moon

La compañía Sims Bankcorp se dedica a explotar los recursos naturales y agrícolas de los planetas habitables que la humanidad ha ido descubriendo en su expansión por el universo. Debido a los escasa rentabilidad obtenida tras cuarenta años de colonización, decide abandonar el mundo en que la septuagenaria Ofelia ha pasado más de la mitad de su vida trabajando. Considerando lo mal que se lleva con su hijo y su nuera -única familia que le queda-, el alto riesgo de morir durante el viaje debido a los riesgo de la crionización en edades avanzadas, y que para colmo la corporación ya no la considera una empleada útil y que por tanto debe pagar su pasaje, la protagonista decide quedarse en lo que considera su hogar. Por fin podrá tener algo de libertad sin someterse a nadie, ni maridos, ni hijos, ni jefes, ni ridículas normas sociales. Solo ella, su huerta y las pocas vacas y ovejas que quedarán atrás. Tras unos meses en la más completa soledad, una nueva compañía que ha comprado los derechos sobre el planeta decide instalar una nueva colonia en una zona menos agitada por la metereología que el área tropical en que vive Ofelia. Durante el aterrizaje de las lanzaderas llenas de colonos, que ella escucha a través de un enlace satélite que sigue activo, se produce el ataque de una especie inteligente nativa del planeta con la que no se había establecido contacto anteriormente. Los indígenas masacran a los recién llegados, que no venían armados al no existir sospecha de enemigos hostiles. La carismática anciana, totalmente devastada por lo que ha ocurrido, toma concienca en ese momento de que ciertas irregularidades en su colonia, que había explicado por despistes suyos o la mala memoria, pueden haber sido causadas por esta especie inteligente local. Teme por tanto que en breve vengan a explorar su recinto y se produza un enfrentamiento en el que tiene todas las de perder.

Restos de población es una novela de ciencia-ficción que tiene un precioso mensaje optimista a pesar de reflejar lo peor del ser humano. Elizabeth Moon ha sabido componer una trama muy emotiva en la que expone críticas a ciertos aspectos despreciables de una sociedad futura que comparte aterradoras características con la actual. Los trabajadores son poco menos que esclavos de las grandes compañías. Estas organizaciones solo se atienen al beneficio económico, sin que aspectos como el respeto a los ecosistemas formen parte de su cultura corporativa. La discriminación está normalizada y a la orden del día: a la mujer, por edad, por baja cualificación profesional. El antropocentrismo domina todos los estamentos de la realidad. Por más que existen leyes que afirman respetar a otras especies inteligentes, el marco que deben aceptar dichas especies inteligentes no humanas es el que dicta el Homo sapiens. Capitalismo salvaje, discriminación, paternalismo antropocentrista,... Además de proyectar los aspectos más negativos en nuestra sociedad, Moon ha sabido captar a la perfección la manera de pensar del hombre para provocar indignación en el lector y forzar el conflicto en la historia. La evolución del protagonista en su relación con el Pueblo, nombre que recibe la especie inteligente originaria del planeta, me ha parecido super coherente y ajustada a la que podría experimentar cualquier persona al enfrentarse a tal situación. La comisión negociadora del Gobierno terrestre que contactará con el Pueblo es un cuadro ideal de prepotencia, arrogancia y egocentrismo humano. La relación de poder solo se equilibrará tras sutiles amenazas de conflicto armado si no se tienen en cuenta los intereses de la especie indígena. Algo que me ha parecido la esencia de lo que somos como especie.

La lectura es muy llevadera y ágil, si algún inconveniente puedo encontrar es cierto abuso de recursos para conmover e indignar, algunos de los cuales son poco creíbles. Un ejemplo de ello se produce cuando un militar golpea a Ofelia y la tira al suelo: que una persona de más de setenta años supere dicha agresión con solo un chichón y algunas magulladuras, qué queréis que os diga, no me cuadra. Los abusos del ejército sobre los más indefensos, sí, evidentemente. De todas formas, tengo que admitir que la novela me ha encantado. A pesar del sentimentalismo lacrimógeno que la inunda, hacía tiempo que un final feliz no me resultaba tan bien traído y placentero. Tenéis más reseñas en el Rescepto (con apuntes muy interesantes, como suele ser habitual en él), el Sitio de Ciencia-ficción y La vida sexual de una IA.
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