Tres mil y pico años en el futuro hay una solución muy sencilla al problema de superpoblación que experimenta la Tierra. Cada persona está autorizada a vivir un solo día de la semana y el resto, se petrifica en un proceso que la mantiene en un estado de suspensión reversible del que saldrá pasados seis días. La vivienda tampoco es problema, ya que son compartidas por hasta siete familias, parejas o individos diferentes, que evidentemente van a disfrutar de ella un solo día a a semana. Sin embargo existe un nuevo tipo de delincuente, los denominados quebrantadías. Se trata de personas que eluden deliberadamente el proceso de petrificación que se produce al final de la jornada, y de esa manera pueden vivir con el transcurso natural de los días. Además del proceso de petrificación reversible de los organismos vivos, se ha descubierto una técnica que detiene el envejecimiento. Ésta sin embargo permanece en secreto y es utilizada únicamente por un grupo secreto elitista cuyos integrantes se denominan immers. El objetivo principal de su agenda es el derrocamiento de los gobiernos, ya que consideran que su deriva autoritaria y todas las estrategias de control y vigilancia que tienen establecidas suponen la eliminación práctica de las libertades del individuo.
Mundo de día es una novela de ciencia-ficción con un transfondo de aventuras y vagamente noir que parte de unas premisas muy originales. De hecho, antes de conocer su existencia, yo había fantaseado con puntos de partida similiares y me había preguntado cómo a nadie se le había ocurrido algo así. Pues mira por dónde, sí que se le había ocurrido a alguien, nada más y nada menos que al famoso e infame Philip J. Farmer. Por desgracia, al margen de esta idea tan ingeniosa, la novela no tiene mucho que rascar. Ahora mismo voy a explicar el porqué.
La trama gira en torno a Jeff Caird, un agente de policía que vive los martes, pero que además es immer y quebrantadías. Por tanto su existencia se expande a lo largo de los siete días de la semana, aunque se ve obligado a vivir bajo diferentes identidades para eludir el control estatal. La acción se dispara debido a un científico immer enloquecido que ha escapado de un centro de reclusión y amenaza con matarlo, ya que fue Caird quien le arrestó. A mi esto ya empezó a parecerme un poco insostenible, como sacado de un episodio de los Looney Tunes. Por no decir que encaja muy mal en la idea que yo tengo de sociedad supersecreta y todopoderosa. Pero es que además, se descubre otro pastelazo cuando las autoridades hallan un monigote hinchable (tal cual), en el cilindro petrificador que corresponde a alguna de sus siete personalidades. Súmale a todo esto la descripción y trivialidades de sus siete vidas (su esposa del martes, la del miércoles, el matrimonio múltiple del jueves... agotador y sin interés para la acción), un nuevo caso que tiene asignado (detener a un quebrantadías judío ortodoxo), una agente de policía que se desplaza también horizontalmente a lo largo de la semana tras no se sabe bien de quién ni por qué (todo muy secreto), páginas y páginas de persecuciones y correrías por las calles o el subsuelo... En fin, lo que viene a ser dar bandazos sin orden ni concierto e improvisando para salir de cada berenjenal en que se mete. Tampoco voy a hacerme el sorprendido, es marca de la casa Farmer.
Lo único que me ha parecido bien orquestado son todas las trabas administrativas y burocráticas que supone que los representantes de los diferentes poderes estatales (ejecutivo, administrativo, judicial), se vean también confinados a vivir un solo día de la semana. A efectos prácticos, esto supone que se vive en siete mundos diferentes, uno por día, que apenas están interconectados por los únicos hechos comunes a todos ellos: los delincuentes quebrantadías. Pero vamos, que estamos ante una novela súper estúpida resultado de meter en un saco demasiadas ideas sin conexión ninguna, agitarlas y escribir según recuperamos trozos.
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17 ago 2020
29 nov 2019
Grobe Zusammenfassung (9)
Me estoy dando cuenta de que cada vez me enrollo más en las mini reseñas. Bueno, no en todas pero en algunas sí. ¿Será que voy a volver al formato habitual de una reseña por libro? Pues no lo sé, aunque ganas no me faltan. De momento aquí os dejo el resumen de lecturas de noviembre de 2019.
Mañana tendremos otros nombres, de Patricio Pron. Pues como nunca había leído nada de este autor me dije ahora que ha ganado el premio Alfaguara de novela de 2019 es la ocasión perfecta. ¿Lo era, realmente? Ya os avanzo que no. Estamos ante un soporífero elogio al amor de pareja y una glorificación sin fundamento de la vida en común entre dos personas que se quieren. Está aderezado con alguna que otra crítica a la situación socioeconómica del mundo al finales de la década de los 2010: la pose afectada y carente de principios (a ojos de autor, claro) de los modernos/hipsters, la gentrificación de las ciudades, la precariedad del trabajo, bla, bla, bla. Los juicios que emite resultan innecesarios por manidos y en muchos casos, totalmente equivocados por falta de conocimiento del tema que se trata. Querido Patricio, ¿todavía no te has enterado de que la soja que se planta en el Amazonas previa deforestación de la selva tropical, no se transforma en leche vegetal para el latté de los hipsters, sino en pienso para alimentar las vacas que luego os coméis los omnívoros del primer mundo? ¿Es posible que un tipo tan culto y leído como tú siga ignorando este hecho y recurra a prejuicios reaccionarios e irreales para autoexculparse de responsabilidad en la crisis medioambiental del planeta? Pues anda que hay documentales informando al respecto, te recomiendo que veas Cowspiracy cuando tengas un rato. Errores e imprecisiones al margen, lo más desesperante de la novela es que transmite la idea de que el amor triunfa. El amor triunfa, por dios, me lo dice alguien en sus tiernos veinte años y hasta lo considero encantador por la ingenuidad en que se sostiene esa afirmación. Si me lo dice un tío de cuarentaipico pienso que es imbécil. Es lo más baboso que he leído, yo qué sé, en 5 años por lo menos. Una pérdida de tiempo que por su tibieza triunfará entre los mediocres. Fijo.
Prestigio, de Rachel Cusk. Cierre de la trilogía que no aporta ninguna novedad ni en el fondo ni en la forma a las dos anteriores entregas (ver resúmenes de lecturas de junio y octubre). Hay una clara sensación de globalidad que permitiría publicarlas en un volumen único por su coherencia. Me han encantado las tres novelas. Las he leído con auténtica fruición y he disfrutado de todas las historias que narran. El cierre de ésta última es particularmente memorable por perturbador y nihilista.
Tengo miedo torero, de Pedro Lemebel. Llegué a este libro a raíz de una reseña super entusiasta de Cuchitril Literario hace tan solo unos meses y hoy me toca a mí verter toneladas de alabanzas acerca de esta novela; emotiva, dolorosa, divertida, cruda, idealista, apasionada, encantadora. La acción transcurre a finales de los 1980s en un Chile que está experimentando los últimos coletazos de la dictadura de Pinochet. El protagonista es un marica viejo (cuarentaipocos años, ojo), enamorado hasta las trancas de un joven estudiante universitario hetero miembro de un núcleo de resistencia comunista. El segundo se aprovecha de la situación y su grupúsculo revolucionario toma el piso del antiguo transformista como cuartel de operaciones. Este último se hace el ingenuo y disfruta de las mariposas en el estómago como si tuviera veinte años menos. A destacar el lenguaje empleado por el autor chileno, capaz de transmitir a la perfección la vitalidad del protagonista y repleto de características super originales, como un uso exhaustivo de aposiciones con un potentísimo efecto visual (manos araña, manos gaviota, etc.). Por no hablar de una divertidísima trama secundaria protagonizada por el dictador, a quien se ridiculíza presentándolo como un personaje miserable, ruín y atemorizado. Desde hoy mismo me declaro fan número uno de Lemebel, por lo menos en mi bloque.
Las ballenas volantes de Ismael, de Philip J. Farmer. Yo tengo un problema con las librerías de segunda mano, en especial con la cadena Re-Read. Los libros son tan baratos, los títulos están tan bien clasificados y ordenados, y las tiendas tienen ese aspecto tan pulcro como salido de un anuncio de Ikea que siempre que voy, arramplo. Y voy muy a menudo. Cinco, siete, diez. El máximo por el momento son diez libros de golpe. Y claro, si entras en esa dinámica de comprar por comprar encuentras tanto joyas como bodrios. Que es el caso de esta novelucha de Philip J. Farmer, cuya mera existencia solo se sostiene pensando que va destinada al público juvenil con cero criterio y deseoso de aventuras. Pero si te paras reflexionar en esa posiblidad, la conclusión es que estás insultando al público juvenil sin criterio y deseoso de aventuras. Ya sabemos que ser joven es estúpido, pero me cuesta creer que se pueda llegar a estos niveles de estupidez ni aun siendo joven. Una space-opera que transcurre en un futuro muy lejano en la Tierra, con un marco de referencia evolutivo/involutivo que es ridículo, incoherente, absurdo e insostenible. Se mire por donde se mire. Para olvidar o más bien, para no haber leído nunca.
Mundos cálidos y otros, de James Tiptree Jr. Otra colección de relatos a cargo de Alice Bradley Sheldon, más conocida por su pseudónimo masculino. Comprende los cuentos publicados en los primeros años de su carrera, así que quizás por su falta de experiencia, en general me ha parecido algo más floja que Cantos estelares de un viejo primate, que ya comenté brevemente en septiembre. Hay relatos que no están mal y otros que son bastante inanes. Eso sí, merece la pena solo por leer la introducción de Robert Silverberg: según deduce él, Tiptree escribe tan virilmente que las sospechas de que tras ese nombre tan infrecuente se esconde una mujer son pamplinas. Memorable.
Riesgos de los viajes en el tiempo, de Joyce Carol Oates. Floja, muy, muy floja. No creo yo que ésta sea la mejor novela de la autora norteamericana. No es que haya leído otra, solo dos libros de cuentos, pero aunque no tenga con qué comparar, esta novela es terriblemente floja por sí misma. La acción transcurre en una distopía originada como reacción a la amenaza terrorista que se inició el 9/11. Esto conduce a un estado totalitario que condena a los disidentes del pensamiento único a diferentes formas de olvido: desde reacondicionamientos a desapariciones pasando por un exilio en el pasado mediante un viaje en el tiempo. Un batiburrillo de ideas ya muy trabajadas en la ciencia-ficción, que no solo no aportan nada nuevo, sino que además no van a ninguna parte. Lo único medianamente de interés es que se plantea la duda de si el viaje temporal no será sino una realidad simulada mediante software. De todas formas la trama, ademas de zigzaguear sin ningún interés, se resuelve de manera ridícula. Un libro totalmente prescindible.
Lancha rápida, de Renata Adler. Se preguntan en la editorial Sexto Piso por qué esta novela, que fue un boom de ventas en EEUU hace cuarennta años, no se ha editado antes en español. Como insinuando que se nos ha negado una joya de la hostia demasiado tiempo. Ahí va mi interpretación de los hechos. Para empezar no es una novela. Es una colección de anécdotas. Una colección de textos sin gracia que alcanzan unos pocos párrafos en la mayoría de los casos. Sin demasiada continuidad ni coherencia entre unos y otros, además. Todo lo más que involucran al entorno de la protagonista, una reportera que vive en Nueva York y recorre el mundo para cubrir las noticias más actuales. Bueno actuales a mediados de los 1970s, fecha de su publicación original. Y ese es precisamente el siguiente impedimiento que le pongo al libro. Es un producto de su época, y tantas referencias contextuales lo vuelven añejo. Como un vino malo que encima se ha pasado. Moshé Dayán, Patty Hearst y el Ejercito Simbiótico de Liberación, la Ciudad del Miedo, etc. Un viaje a mi más tierna infancia que solo me ha valido para perder el tiempo. Eso sí, como soy muy fan de la abstracción geométrica y del color, la portada me encanta.
Mañana tendremos otros nombres, de Patricio Pron. Pues como nunca había leído nada de este autor me dije ahora que ha ganado el premio Alfaguara de novela de 2019 es la ocasión perfecta. ¿Lo era, realmente? Ya os avanzo que no. Estamos ante un soporífero elogio al amor de pareja y una glorificación sin fundamento de la vida en común entre dos personas que se quieren. Está aderezado con alguna que otra crítica a la situación socioeconómica del mundo al finales de la década de los 2010: la pose afectada y carente de principios (a ojos de autor, claro) de los modernos/hipsters, la gentrificación de las ciudades, la precariedad del trabajo, bla, bla, bla. Los juicios que emite resultan innecesarios por manidos y en muchos casos, totalmente equivocados por falta de conocimiento del tema que se trata. Querido Patricio, ¿todavía no te has enterado de que la soja que se planta en el Amazonas previa deforestación de la selva tropical, no se transforma en leche vegetal para el latté de los hipsters, sino en pienso para alimentar las vacas que luego os coméis los omnívoros del primer mundo? ¿Es posible que un tipo tan culto y leído como tú siga ignorando este hecho y recurra a prejuicios reaccionarios e irreales para autoexculparse de responsabilidad en la crisis medioambiental del planeta? Pues anda que hay documentales informando al respecto, te recomiendo que veas Cowspiracy cuando tengas un rato. Errores e imprecisiones al margen, lo más desesperante de la novela es que transmite la idea de que el amor triunfa. El amor triunfa, por dios, me lo dice alguien en sus tiernos veinte años y hasta lo considero encantador por la ingenuidad en que se sostiene esa afirmación. Si me lo dice un tío de cuarentaipico pienso que es imbécil. Es lo más baboso que he leído, yo qué sé, en 5 años por lo menos. Una pérdida de tiempo que por su tibieza triunfará entre los mediocres. Fijo.
Prestigio, de Rachel Cusk. Cierre de la trilogía que no aporta ninguna novedad ni en el fondo ni en la forma a las dos anteriores entregas (ver resúmenes de lecturas de junio y octubre). Hay una clara sensación de globalidad que permitiría publicarlas en un volumen único por su coherencia. Me han encantado las tres novelas. Las he leído con auténtica fruición y he disfrutado de todas las historias que narran. El cierre de ésta última es particularmente memorable por perturbador y nihilista.
Tengo miedo torero, de Pedro Lemebel. Llegué a este libro a raíz de una reseña super entusiasta de Cuchitril Literario hace tan solo unos meses y hoy me toca a mí verter toneladas de alabanzas acerca de esta novela; emotiva, dolorosa, divertida, cruda, idealista, apasionada, encantadora. La acción transcurre a finales de los 1980s en un Chile que está experimentando los últimos coletazos de la dictadura de Pinochet. El protagonista es un marica viejo (cuarentaipocos años, ojo), enamorado hasta las trancas de un joven estudiante universitario hetero miembro de un núcleo de resistencia comunista. El segundo se aprovecha de la situación y su grupúsculo revolucionario toma el piso del antiguo transformista como cuartel de operaciones. Este último se hace el ingenuo y disfruta de las mariposas en el estómago como si tuviera veinte años menos. A destacar el lenguaje empleado por el autor chileno, capaz de transmitir a la perfección la vitalidad del protagonista y repleto de características super originales, como un uso exhaustivo de aposiciones con un potentísimo efecto visual (manos araña, manos gaviota, etc.). Por no hablar de una divertidísima trama secundaria protagonizada por el dictador, a quien se ridiculíza presentándolo como un personaje miserable, ruín y atemorizado. Desde hoy mismo me declaro fan número uno de Lemebel, por lo menos en mi bloque.
Las ballenas volantes de Ismael, de Philip J. Farmer. Yo tengo un problema con las librerías de segunda mano, en especial con la cadena Re-Read. Los libros son tan baratos, los títulos están tan bien clasificados y ordenados, y las tiendas tienen ese aspecto tan pulcro como salido de un anuncio de Ikea que siempre que voy, arramplo. Y voy muy a menudo. Cinco, siete, diez. El máximo por el momento son diez libros de golpe. Y claro, si entras en esa dinámica de comprar por comprar encuentras tanto joyas como bodrios. Que es el caso de esta novelucha de Philip J. Farmer, cuya mera existencia solo se sostiene pensando que va destinada al público juvenil con cero criterio y deseoso de aventuras. Pero si te paras reflexionar en esa posiblidad, la conclusión es que estás insultando al público juvenil sin criterio y deseoso de aventuras. Ya sabemos que ser joven es estúpido, pero me cuesta creer que se pueda llegar a estos niveles de estupidez ni aun siendo joven. Una space-opera que transcurre en un futuro muy lejano en la Tierra, con un marco de referencia evolutivo/involutivo que es ridículo, incoherente, absurdo e insostenible. Se mire por donde se mire. Para olvidar o más bien, para no haber leído nunca.
Mundos cálidos y otros, de James Tiptree Jr. Otra colección de relatos a cargo de Alice Bradley Sheldon, más conocida por su pseudónimo masculino. Comprende los cuentos publicados en los primeros años de su carrera, así que quizás por su falta de experiencia, en general me ha parecido algo más floja que Cantos estelares de un viejo primate, que ya comenté brevemente en septiembre. Hay relatos que no están mal y otros que son bastante inanes. Eso sí, merece la pena solo por leer la introducción de Robert Silverberg: según deduce él, Tiptree escribe tan virilmente que las sospechas de que tras ese nombre tan infrecuente se esconde una mujer son pamplinas. Memorable.
Riesgos de los viajes en el tiempo, de Joyce Carol Oates. Floja, muy, muy floja. No creo yo que ésta sea la mejor novela de la autora norteamericana. No es que haya leído otra, solo dos libros de cuentos, pero aunque no tenga con qué comparar, esta novela es terriblemente floja por sí misma. La acción transcurre en una distopía originada como reacción a la amenaza terrorista que se inició el 9/11. Esto conduce a un estado totalitario que condena a los disidentes del pensamiento único a diferentes formas de olvido: desde reacondicionamientos a desapariciones pasando por un exilio en el pasado mediante un viaje en el tiempo. Un batiburrillo de ideas ya muy trabajadas en la ciencia-ficción, que no solo no aportan nada nuevo, sino que además no van a ninguna parte. Lo único medianamente de interés es que se plantea la duda de si el viaje temporal no será sino una realidad simulada mediante software. De todas formas la trama, ademas de zigzaguear sin ningún interés, se resuelve de manera ridícula. Un libro totalmente prescindible.
Lancha rápida, de Renata Adler. Se preguntan en la editorial Sexto Piso por qué esta novela, que fue un boom de ventas en EEUU hace cuarennta años, no se ha editado antes en español. Como insinuando que se nos ha negado una joya de la hostia demasiado tiempo. Ahí va mi interpretación de los hechos. Para empezar no es una novela. Es una colección de anécdotas. Una colección de textos sin gracia que alcanzan unos pocos párrafos en la mayoría de los casos. Sin demasiada continuidad ni coherencia entre unos y otros, además. Todo lo más que involucran al entorno de la protagonista, una reportera que vive en Nueva York y recorre el mundo para cubrir las noticias más actuales. Bueno actuales a mediados de los 1970s, fecha de su publicación original. Y ese es precisamente el siguiente impedimiento que le pongo al libro. Es un producto de su época, y tantas referencias contextuales lo vuelven añejo. Como un vino malo que encima se ha pasado. Moshé Dayán, Patty Hearst y el Ejercito Simbiótico de Liberación, la Ciudad del Miedo, etc. Un viaje a mi más tierna infancia que solo me ha valido para perder el tiempo. Eso sí, como soy muy fan de la abstracción geométrica y del color, la portada me encanta.
29 oct 2017
Venus en la concha - Kilgore Trout
Los Hoonhors son una especie extraterrestre que recorre el universo impartiendo una suerte de justicia cósmico-ecológica: provocan un diluvio masivo y global en todos aquellos planetas cuyas especies dominantes han causado desastres medioambientales graves. La medida es drástica aunque expeditiva, ya que la mayoría de las especies desaparecen (sobre todo la causante de los problemas), pero siempre sobreviven algunos individuos de algunas de ellas. Súmale a esto la resistencia propia de las especies vegetales y en unos pocos miles de años el equilibro ecológico se habrá restablecido. Como no podía ser de otra forma, los Hoonhors dan un merecido repaso al homo sapiens en la Tierra, pero en esta ocasión hay un superviviente humano: Simon Wagstaff. Nuestro protagonista abandonará el planeta azul en una nave espacial encontrada flotando a la deriva. Su intención en un constante ir y venir por todos los confines del cosmos (hecho que le hará ser conocido como 'El vagabundo espacial'), no será otra que encontrar a otras especies inteligentes que den respuesta a la gran incógnita que ha preocupado a la humanidad desde sus orígenes.
Imaginad mi sorpresa cuando una mañana de domingo pasando el rato en el mercadillo de libros de la Cuesta de Moyano de Madrid, me tropiezo con un libro de Kilgore Trout. Sí, sí, Kilgore Trout. El escritor maldito de ciencia-ficción salido de la pluma de Kurt Vonnegut y a quien éste hace referencia en casi todas sus novelas. La excitación y la emoción fue tal, que me aislé fuera del tiempo hasta que deduje que debía tratarse de alguna broma literaria urdida por el propio Vonnegut y Philip J. Farmer, que figuraba como coautor en la portada. Una posterior búsqueda en Internet me aclaró que efectivamente Venus en la concha la escribió Farmer bajo ese seudónimo con la autorización incial de Vonnegut, aunque una vez publicada y visto (más bien leído) el percal ya no le pareció tan buena idea, de ahí que en sucesivas reediciones tuviera que aparecer también el nombre de Farmer.
Conociendo el perfil literario que Vonnegut imprimió a Trout y que el mismo Farmer tiene novelas infames, no resulta difícil imaginar que no nos encontramos ante una pieza de alta literatura, sino ante una novela de ciencia-ficción intrascendente y disparatada que podríamos encuadrar en el subgénero de la space-opera. Al fin y al cabo, lo único que hace Simon es explorar el universo por zonas aún no cartografiadas y visitar planetas y civilizaciones donde le puedan ayudar en su búqueda de tintes filosóficos. Algunos mundos explorados resultan más interesantes que otros, pero en general las descripciones de las exoespecies y sus formas de vida se vuelven terriblemente aburridas nada más comenzar. Habrá quien piense que en realidad esas sociedades y seres imaginarios ocultan críticas veladas a los males propios de las sociedades humanas (machismo, las carencias de la administración de justicia, la hipocresía con que se tratan las relaciones sexuales, etc.). Estoy de acuerdo en que dicha idea no se puede despachar muy a la ligera, pero no por ello las explicaciones y detalles sobre las mismas dejan de ser tediosas.
Hay no obstante otros elementos que aportan atractivo al texto. De hecho hay golpes de humor muy trabajados, en especial los que toman como referente la guerra entre los sexos. También apuntes filosóficos fuera de lugar que exponen el buen juicio del autor. Y si Vonnegut incluía citas y menciones a las obras de Trout en sus novelas, en este caso es el protagonista quien en un nuevo giro de tuerca ficcional nos da a conocer en varias ocasiones las historias publicadas por un tal Johnatan Swift Somers III, su autor de ciencia-ficción favorito. Por cierto que si habéis leído la Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams, habréis apreciado ciertas semejanzas en las tramas que van más allá de lo casual. Según la Wikipedia, el autor británico pretendió con ello homenajear esta novela. Por ir acabando ya, estamos ante un experimento que ya solo como concepto es digno de tener en cuenta. A nivel literario no es gran cosa, pero desde luego está por encima de otras obras con más intención más elevada del propio Farmer (no digo ya de otros autores). Tres euros que pagué. Un chollazo. Yo en vuestro lugar no me lo pensaría ni un segundo si me topara con ella en cualquier librería de lance, pero bueno ya sabemos del pie que cojeo. Tenéis más reseñas en Cuásar. Ciencia-ficción y y literatura fantástica y Sevilla escribe. Colectivo Literario. Pero para que no todo sean elogios, echad un vistazo a este foro de Meristation.
Imaginad mi sorpresa cuando una mañana de domingo pasando el rato en el mercadillo de libros de la Cuesta de Moyano de Madrid, me tropiezo con un libro de Kilgore Trout. Sí, sí, Kilgore Trout. El escritor maldito de ciencia-ficción salido de la pluma de Kurt Vonnegut y a quien éste hace referencia en casi todas sus novelas. La excitación y la emoción fue tal, que me aislé fuera del tiempo hasta que deduje que debía tratarse de alguna broma literaria urdida por el propio Vonnegut y Philip J. Farmer, que figuraba como coautor en la portada. Una posterior búsqueda en Internet me aclaró que efectivamente Venus en la concha la escribió Farmer bajo ese seudónimo con la autorización incial de Vonnegut, aunque una vez publicada y visto (más bien leído) el percal ya no le pareció tan buena idea, de ahí que en sucesivas reediciones tuviera que aparecer también el nombre de Farmer.
Conociendo el perfil literario que Vonnegut imprimió a Trout y que el mismo Farmer tiene novelas infames, no resulta difícil imaginar que no nos encontramos ante una pieza de alta literatura, sino ante una novela de ciencia-ficción intrascendente y disparatada que podríamos encuadrar en el subgénero de la space-opera. Al fin y al cabo, lo único que hace Simon es explorar el universo por zonas aún no cartografiadas y visitar planetas y civilizaciones donde le puedan ayudar en su búqueda de tintes filosóficos. Algunos mundos explorados resultan más interesantes que otros, pero en general las descripciones de las exoespecies y sus formas de vida se vuelven terriblemente aburridas nada más comenzar. Habrá quien piense que en realidad esas sociedades y seres imaginarios ocultan críticas veladas a los males propios de las sociedades humanas (machismo, las carencias de la administración de justicia, la hipocresía con que se tratan las relaciones sexuales, etc.). Estoy de acuerdo en que dicha idea no se puede despachar muy a la ligera, pero no por ello las explicaciones y detalles sobre las mismas dejan de ser tediosas.
Hay no obstante otros elementos que aportan atractivo al texto. De hecho hay golpes de humor muy trabajados, en especial los que toman como referente la guerra entre los sexos. También apuntes filosóficos fuera de lugar que exponen el buen juicio del autor. Y si Vonnegut incluía citas y menciones a las obras de Trout en sus novelas, en este caso es el protagonista quien en un nuevo giro de tuerca ficcional nos da a conocer en varias ocasiones las historias publicadas por un tal Johnatan Swift Somers III, su autor de ciencia-ficción favorito. Por cierto que si habéis leído la Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams, habréis apreciado ciertas semejanzas en las tramas que van más allá de lo casual. Según la Wikipedia, el autor británico pretendió con ello homenajear esta novela. Por ir acabando ya, estamos ante un experimento que ya solo como concepto es digno de tener en cuenta. A nivel literario no es gran cosa, pero desde luego está por encima de otras obras con más intención más elevada del propio Farmer (no digo ya de otros autores). Tres euros que pagué. Un chollazo. Yo en vuestro lugar no me lo pensaría ni un segundo si me topara con ella en cualquier librería de lance, pero bueno ya sabemos del pie que cojeo. Tenéis más reseñas en Cuásar. Ciencia-ficción y y literatura fantástica y Sevilla escribe. Colectivo Literario. Pero para que no todo sean elogios, echad un vistazo a este foro de Meristation.
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18 jun 2015
La imagen de la bestia - Philip J. Farmer
Vistas mis experiencias previas con Philip J. Farmer, hasta hace tan solo unas semanas estaba totalmente convencido de que nunca más volvería a leer nada suyo. Sin embargo buscando por Internet libros descatalogados me tropecé con el volumen que me ocupa hoy. Su infame portada, el hecho de que fuese uno de los primeros lanzamientos de la colección Contraseñas de Anagrama (el nº 38 para ser exactos, en 1981) y un precio más que razonable me bastaron para decidir su compra. Por tanto muy probablemente os estaréis preguntando: ¿Ha merecido la pena? ¿O tal vez ha sido una tomadura de pelo más que añadir al resto de las obras que conozco de este autor? ¿Qué se oculta, en defitiva, detrás de esta cubierta de tan pésimo gusto? Bueno empecemos como casi siempre por dar un breve resumen de la trama.
En un Los Ángeles asediado por una intensísima oleada de smog, la policía recibe una copia de una película porno de aficionados con una componente fetichista muy alta. A la proyección de la misma es invitado el detective privado Herald Childe, pues su socio Matthew Colben es el protagonista indiscutible de este cortometraje de bondage que acaba en snuff con la brutal mutilación de su pene a manos de una felatriz dotada de una dentadura postiza de colmillos de hierro. Childe emprenderá una investigación en solitario para descubrir a los autores de un crimen tan atroz solo por lealtad a su ex-socio, pues su historial personal y profesional dejaba bastante que desear (sospechas de violaciones, abusos a menores, consumo de narcóticos, etc.); de hecho tenían pensado disolver su sociedad en poco tiempo. La única pista que tiene para empezar el caso está relacionada con el bizarro escenario en que transcurre el film: un decorado macabro, con detalles de terror gótico y la aparición en las últimas escenas de un tipo disfrazado de vampiro que se lanza a chupar la sangre que brota de la base del miembro viril recién amputado. Así pues, tras consultar a un especialista en temas de ocultismo, a quien accede por ser un profesional de muchos recursos, sus pesquisas le conducen al barón Igescu, un reservado millonario de pasado misterioso que vive en una oculta mansión en Beverly Hills, sobre la que recaen también rumores de encantamientos y fantasmas. Childe logrará concertar una entrevista con el elusivo noble de ascendencia rumano-transilvana y a partir de ahí la acción se tornará sobrenatural, poblandose de insondables peligros para el atrevido investigador.
La imagen de la bestia, subtitulada 'Un exorcismo: Ritual uno', ha resultado ser una magnífica obra de pulp del bueno, esto es, una auténtica basura a nivel literario pero con tal cantidad de despropósitos argumentales y una mezcla tan disparatada de estilos, todos combinados sin pudor ninguno, que termina siendo una obra cumbre dentro de tan infravalorado estilo. Hay horror gótico con caserones malditos, pasadizos secretos y apariciones de espectros que hielan la sangre, y terror ya sea basado en monstruos clásicos (vampiros y licántropos), ya en seres mutantes concebidos por la fértil imaginación de Farmer. Además, el origen de estos seres no-humanos se enlaza muy hábilmente con un trasfondo de ciencia-ficción. Hay sexo, sexo sin descanso, descripciones pornográficas de relaciones sexuales de todo tipo y condimentadas con mucha violencia y todos los fetiches habidos y por haber. Pollas empalmadas durante días, huevos doloridos por haber follado y no haber culminado, eyaculaciones retardadas por drogas que sacuden al protagonista a destiempo. Sueños húmedos que dejan las sábanas acartonadas a base de corridas, mucho sadomasoquismo y role play con escenas de dominación/sumisión, amo/esclavo, inmovilizaciones y cadenas. Ninfómanas insaciables, escenas lésbicas, sexo hetero y homo, zoofilia y un largo etcétera. Y por supuesto el hilo principal de novela negra que incorpora elementos de terror psicológico mediante asesinos en serie y psicópatas. Vamos una verdadera joya, nunca me había encontrado con algo tan falto de lógica, tan absurdo, un batiburrillo tan febril y descabellado donde todo vale para entretener. Y lo cierto es que lo hace con mucha gracia, porque los recursos que emplea son tan zafios, tan de baratillo, que no deja de ser sorprendente que el resultado no solo no moleste, sino que gusta y engancha. Y lo mejor de todo una vez acabado: hay una segunda parte titulada ¡Cuidado con la bestia! A ver quién es el guapo que se resiste a otro cóctel con estos ingredientes. Yo voy de cabeza a por él, avisados estáis. Tenéis un par de reseñas de esta novela en el Sitio de Ciencia-ficción y Retrospectiva Coreana.
En un Los Ángeles asediado por una intensísima oleada de smog, la policía recibe una copia de una película porno de aficionados con una componente fetichista muy alta. A la proyección de la misma es invitado el detective privado Herald Childe, pues su socio Matthew Colben es el protagonista indiscutible de este cortometraje de bondage que acaba en snuff con la brutal mutilación de su pene a manos de una felatriz dotada de una dentadura postiza de colmillos de hierro. Childe emprenderá una investigación en solitario para descubrir a los autores de un crimen tan atroz solo por lealtad a su ex-socio, pues su historial personal y profesional dejaba bastante que desear (sospechas de violaciones, abusos a menores, consumo de narcóticos, etc.); de hecho tenían pensado disolver su sociedad en poco tiempo. La única pista que tiene para empezar el caso está relacionada con el bizarro escenario en que transcurre el film: un decorado macabro, con detalles de terror gótico y la aparición en las últimas escenas de un tipo disfrazado de vampiro que se lanza a chupar la sangre que brota de la base del miembro viril recién amputado. Así pues, tras consultar a un especialista en temas de ocultismo, a quien accede por ser un profesional de muchos recursos, sus pesquisas le conducen al barón Igescu, un reservado millonario de pasado misterioso que vive en una oculta mansión en Beverly Hills, sobre la que recaen también rumores de encantamientos y fantasmas. Childe logrará concertar una entrevista con el elusivo noble de ascendencia rumano-transilvana y a partir de ahí la acción se tornará sobrenatural, poblandose de insondables peligros para el atrevido investigador.
La imagen de la bestia, subtitulada 'Un exorcismo: Ritual uno', ha resultado ser una magnífica obra de pulp del bueno, esto es, una auténtica basura a nivel literario pero con tal cantidad de despropósitos argumentales y una mezcla tan disparatada de estilos, todos combinados sin pudor ninguno, que termina siendo una obra cumbre dentro de tan infravalorado estilo. Hay horror gótico con caserones malditos, pasadizos secretos y apariciones de espectros que hielan la sangre, y terror ya sea basado en monstruos clásicos (vampiros y licántropos), ya en seres mutantes concebidos por la fértil imaginación de Farmer. Además, el origen de estos seres no-humanos se enlaza muy hábilmente con un trasfondo de ciencia-ficción. Hay sexo, sexo sin descanso, descripciones pornográficas de relaciones sexuales de todo tipo y condimentadas con mucha violencia y todos los fetiches habidos y por haber. Pollas empalmadas durante días, huevos doloridos por haber follado y no haber culminado, eyaculaciones retardadas por drogas que sacuden al protagonista a destiempo. Sueños húmedos que dejan las sábanas acartonadas a base de corridas, mucho sadomasoquismo y role play con escenas de dominación/sumisión, amo/esclavo, inmovilizaciones y cadenas. Ninfómanas insaciables, escenas lésbicas, sexo hetero y homo, zoofilia y un largo etcétera. Y por supuesto el hilo principal de novela negra que incorpora elementos de terror psicológico mediante asesinos en serie y psicópatas. Vamos una verdadera joya, nunca me había encontrado con algo tan falto de lógica, tan absurdo, un batiburrillo tan febril y descabellado donde todo vale para entretener. Y lo cierto es que lo hace con mucha gracia, porque los recursos que emplea son tan zafios, tan de baratillo, que no deja de ser sorprendente que el resultado no solo no moleste, sino que gusta y engancha. Y lo mejor de todo una vez acabado: hay una segunda parte titulada ¡Cuidado con la bestia! A ver quién es el guapo que se resiste a otro cóctel con estos ingredientes. Yo voy de cabeza a por él, avisados estáis. Tenéis un par de reseñas de esta novela en el Sitio de Ciencia-ficción y Retrospectiva Coreana.
24 jul 2011
Mundo Infierno - Philip J. Farmer
La trama de Mundo Infierno plantea una situación muy bizarra: Jack Cull murió en un accidente de tráfico pero resucitó en un extraño mundo de piedra y arena que se alza en el interior de una esfera de proporciones planetarias. En ese peculiar infierno de altas temperaturas lleva nuestro protagonista viviendo ya muchos años, lleno de dudas sobre su situación, de preguntas e incógnitas sin resolver sobre los motivos por que se encuentra en ese lugar. Las condiciones en ese desértico entorno son durísimas y los humanos se ven obligados además a convivir con un menguante número de seres de aspecto demoníaco que según se cree, eran los habitantes primigenios del lugar, aunque a lo largo de la narración veremos que las cosas son más complejas y no todo es lo que parece.Mi impresión es que esta historia parece más bien un ejercicio con las primeras ideas que el autor luego volcaría a la saga Mundo del Rio, por la que alcanzó bastante fama. Desde luego argumentalmente comparten una base común muy similar y dado que no he leído ninguna de las obras que la componen, confío en que estén más trabajadas que Mundo Infierno, ya que había momentos en que no sabía si el libro era una chifladura genial o directamente una tomadura de pelo. Con todo, no es lo peor que he leído de Mr. Farmer.
No he conseguido encontrar prácticamente ninguna reseña de esta novela en Internet, no obstante, cuando se trata de Farmer siempre recurro a planells fact&fiction, de hecho nuevamente en su blog tenemos una breve entrada sobre la misma (cuidado, incluye spoiler). Por otro lado, no hay como echar un vistazo a las opiniones de los usuarios de La Tercera Fundación. Por cierto, estamos ante una pieza de su bibliografía muy difícil de conseguir. Yo me hice con ella hace más de un año junto con Slan, otra joyita que comenté hace un par de meses. Ambas pertenecen a una colección super añeja de ciencia ficción editada por Producciones Editoriales.
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2 nov 2010
Los Amantes - Philip J. Farmer
Muy buena esta novela, ¡buenísima! Por muchos motivos, el principal la capacidad del argumento para sorprender. Ha sido increíble experimentar la revelación del nudo central de historia, como un mazazo, ¡BOUM!Me enfrenté a esta lectura con bastante recelo, vistas las decepciones que me llevé con las dos anteriores novelas de Farmer que me he leído y que he comentado puntualmente en el blog (Noche de Luz y Dare). Sin embargo nada más empezar Los Amantes ya noté algunos cambios sutiles que me dieron muy buenas vibraciones. El primero es la sociedad distópica en que transcurre la acción, una estado teocrático totalitario con una rigurosa jerarquía piramidal de supervisores que velan por el mantenimiento de una estricta moral. El objeto de tanto control es, obviamente, anular psicológicamente al individuo desde su más tierna infancia, de forma que sea sometido al Iglestado sin escapatoria posible. No hay nada que me guste tanto como un futuro distópico, ¡BRRRRRRRRRRR! ¡Se me ponen los pelos como escarpias! También hay una reorganización sociopolítica mundial consecuencia de una gran guerra biológica acaecida siglos atrás, tras la cual unos pocos grandes estados se repartieron la totalidad del planeta. Otro componente de gran originalidad es el protagonista, aparentemente lo más alejado del héroe de acción que nos podamos imaginar: ¡un lingüista! Tenemos la colonización de nuevos planetas que permiten desalojar un poco a una Tierra superpoblada, unos humanoides con características propias de insectos como especie dominante en dicho planeta, y cuyo estado de evolución tecnológica es aproximadamente el terrestre de principios del S. XX, y para aportar la guinda extra de misterio, hay restos arqueológicos que indican que también hubo habitantes humanos,... En definitiva, algunas zonas comunes de la ciencia ficción y muy buenas dosis de innovación. A pesar de datar de 1961, a mi me ha parecido terriblemente emocionante y fresca, como una jarra de agua fría que te tiran por sorpresa, ¡FLOASH!
En cuanto a otras referencias a esta novela en Internet, me pasa como con las dos anteriores novelas de Farmer que he subido, esto es, que no he encontrado casi nada. En el Sitio de Ciencia Ficción no la comentan, así que el único e interesante link que incluyo el de El Trasgu Probabilista.
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25 jul 2010
Noche de Luz - Philip J. Farmer
Despropósito. Sé que es una palabra un poco fuerte para describir un libro, pero tras terminar Noche de Luz de Philip Jose Farmer, no se me ocurre una mejor.Construida en dos partes, admito que la primera me hizo pensar que la historia no iba a estar mal. El protagonista es John Carmody, un asesino psicópata puesto a las órdenes de una Iglesia Católica evolucionada, cuyo objetivo es aniquilar a un dios-hombre cabeza visible y viva del Boontismo, la religión mayoritaria en el planeta Alegría de Dante. El planteamiento global de lucha de intereses entre religiones tiene bastante gracia, hay que reconocerlo, al fin y al cabo es lo que ha intentado hacer el Catolicismo siempre que ha tenido opción: desacreditar, o mejor, aniquilar a la competencia. Sin embargo, la segunda parte no hay por dónde cogerla. Carmody no solo se ha reformado y se ha vuelto bueno después de pasar por el rito boontista de la Noche de Luz, sino que nos cuenta una y otra vez que tras su estancia en la Johns Hopkins, una institución de reeducación/reprogramación de criminales, se ha ordenado sacerdote católico debido a una experiencia mística que atravesó en dicho instituto. El problema es que se hace referencia a esa revelación para justificar mil cosas, pero no se llega a explicar nunca. A eso hay que añadir la aparición de una sus víctimas de su época de pirado en busca de venganza, que está metida con calzador. La verdad es que a nivel técnica narrativa me parecen dos recursos muy flojos para construir una historia.
En fin, ya llevo dos novelas de Farmer y me podría haber ahorrado ambas. Espero al menos que Los Amantes esté a la altura de todas las críticas y comentarios que he leído/escuchado por ahí.
He buscado otras reseñas de este relato en Internet y vuelvo a recurrir a los mismos blogs que usé cuando comenté Dare. Por un lado, en Velero25 tienen una opinión muy diferente de la mía. Por otro, J.C.Planells está más en mi línea: la primera parte bien, la segunda nada de nada.
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28 jun 2010
Dare - Philip J. Farmer
Sigo comprando libros por Internet, de hecho llevo unos meses rastreando la colección de ciencia ficción que la editorial Acervo lanzó a mediados de los 1970s y fue completando con un total de 101 títulos publicados hasta los 1994. Aún no había leído nada de Philip José Farmer y en el primer lote que he conseguido había un par de novelas suyas, así que me dejé llevar por la portada de Mati Klarwein y la elegida fue Dare.Dare es una novela de aventuras algo simple, la verdad. Es entretenida y se deja leer sin problemas, eso está claro, pero la sensación al terminar de leerla es de absoluta indiferencia. Ni fu ni fa. Ni chicha ni limoná. Como curiosidad que quizás sí merezca la pena comentar, me da la impresión de que Dare ha servido de inspiración a James Cameron para Avatar. No es que Avatar sea la versión cinematográfica de Dare, pero que hay semejanzas muy obvias es innegable. Para empezar en las dos obras aparecen los humanos abusando de los habitantes de otro planeta. Da la casualidad además de que estos alienígenas humanoides tienen en ambos casos características asimilables con animales, mucho más acusadas para los seres gatunos de Pandora, desde luego. Por no hablar de la integración y equilibro armonioso que mantienen las dos sociedades con la Madre Naturaleza. En fin, una y otra historia tienen puntos en común, es cierto, pero también es verdad que difieren en muchos otros. Sin ir más lejos, Avatar es mucho más compleja desde un punto de vista de ciencia especulativa y transcurre en el futuro, mientras que en Dare la acción transcurre en un mundo que tecnológicamente ni siquiera ha llegado a la revolución industrial.
Alguien que ya haya leído alguna de mis reseñas sobre ciencia ficción ambientada en otros universos (Dune o La Mano Izquierda de la Oscuridad, por ejemplo), podrá preguntarse si he tenido dificultades con los nombres propios de los lugareños o los términos ideados para describir conceptos alienígenas. Pues bien, en esta novela no se da el caso, ya que son muy pocos y enseguida te familiarizas con ellos. La verdad es no sé qué mas comentar y tampoco voy a hacer un resumen de la trama. Los temas de fondo de la obra son más o menos los mismos que en Avatar: conciencia ecológica y sostenibilidad de los extraterrestres frente a ambición y codicia humana, respeto a la diversidad en lugar discriminación, el amor como mecanismos para superar los prejuicios, etc.
No he conseguido encontrar muchas reseñas de esta novela en la red. En Velero 25 hay una reseña bastante completa de esta novela. También J.C.Planells la comenta junto con otro buen puñado de obras de Farmer.
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