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24 mar 2019

Todos nuestros ayeres - Natalia Ginzburg

Estamos en una ciudad italiana de provincias próxima a Turín en los años previos a la II Guerra Mundial. Anna es una niña de unos diez años de edad cuando comienza Todos nuestros ayeres. Su padre es un antifascista obligado a vivir bajo la dictadura de Benito Mussolini. Trasmitirá su ideario progresista y de izquierdas a todos sus hijos, en especial al primogénito, Ippolito, quien pronto se interesará por la política junto con un par de muchachos de su edad: Emanuele, hijo de una familia burguesa vecina; Danilo, un ex-novio de su hermana Concettina. Las redes familiares y de amistad que se establecen entre unos y otros nos permitirán componer un cuadro de lo sucedido en Italia en aquellos tiempos tan convulsos y terribles. Y será Anna quien centrará toda la vision de los acontecimientos.

Hacía mucho que no leía una novela tan emotiva y tan bien escrita. En realidad, Natalia Ginzburg hace poco más que limitarse a narrar sin pausa, pero sin prisa, y con una habilidad pasmosa, unos serie de hechos que se van desplegando como una malla al involucrar a un buen número de personajes. Toda la narración tiene un aire a cuento clásico, yo diría que sin diálogos (no podría jurarlo, pero para mí que no hay), de tal forma que las pocas conversaciones que aparecen se integran en el texto como citas entrecomilladas en estilo directo. El hecho de que el narrador sea en tercera persona hace difícil advertir que en realidad, todo se desarrolla en torno a la figura de Anna. Esto es así hasta bien entrados en contexto, pues en los primeros capítulos se presentan tantos personajes que resulta complicado advertirlo.

El libro se divide en los partes, la primera transcurre en la casa familiar en el norte y en la segunda nos trasladamos a un pueblín del sur de Italia, de donde es natural Cenzo Rena, un antiguo amigo del padre de Anna con quien ella contraerá matrimonio con tan solo 16 años de edad. Si en la primera parte la autora italiana hace una denuncia demoledora del fascismo como concepto, en la segunda incluye además a una sociedad que imponía unas terribles condiciones al pueblo llano y los campesinos: pobreza extrema, enfermedad y muerte, incultura y analfabetismo. Los personajes están caracterizados con una sabiduría asombrosa. A pesar de la crítica frontal al totalitarismo fascista que realiza, Ginzburg nos deja muy claro que en cuestiones morales todos nos movemos en un rango de grises, excluyendo las visiones polarizadas de blanco o negro a las que es tan fácil llegar cuando se tratan estos temas. Que una mujer cuyo marido fue torturado hasta la muerte por antifascista tenga la entereza y el valor de afirmar algo así, nos habla de su grandeza como persona. Que de una manera u otra, es la que logra transmitir a todos los personajes del libro. En fin, una verdadera maravilla, no se me ocurre otra cosa que decir. Tenéis más reseñas en Devoradora de libros (excelente, completísima), El blog de fábula y El pájaro verde.

14 mar 2018

A propósito de las mujeres - Natalia Ginzburg

Cuando hace unos meses buscaba información sobre Lucia Berlin me topé con un artículo que recopilaba autores que tuvieron limitado éxito y presencia editorial en vida pero que años despues de su muerte habían sido rescatados del olvido. Entre ellos figuraba la italiana Natalia Ginzburg, una total desconocida para mí hasta ese momento. Asi que la puse en busca y captura y me decidí tomar contacto con su obra mediante A propósito de las mujeres, un volumen de poco más de cien páginas que incluye ocho relatos cortos y un artículo que resume su visión de la mujer y sus circunstancias en el siglo XX (que tampoco es que hayan cambiado mucho en el siglo XXI).

Las protagonistas de los cuentos abarcan prácticamente todas las edades y clases sociales, pero ya sean pobres o ricas, casadas o solteras, cultas o analfabetas, sus vidas se nos presentan como desgraciadas, vacías, carentes de sentido. Su subsistencia se ve supeditada a la presencia de los hombres, al matrimonio, y ven como las opciones de acceder a una educación o a una independiencia económica se ven restringidas -cuando no anuladas-, por el hecho de ser mujeres.

Luchadora antifascista durante la II Guerra Mundial y de claro perfil progresista, estos textos de Ginzberg no pueden entenderse sino como una clara denuncia de la desigualdad que padecen las mujeres. Son además tremendamente críticos con el amor y la pasión, detrás de los cuales hay siempre individuos cuyo bagaje personal condiciona sus actos y modea su afectividad de manera retorcida. Así pues la realidad se impone y choca frontalmente con las expectativas sociales, amargándoles la existencia y haciéndoles aún más infelices. No son historias alegres, pero me han parecido preciosas ya que consiguen reflejar con sabiduría, precisión y sencillez la complejidad de nuestros sentimientos. Tenéis más reseñas en Devoradora de libros, Una isla de papel y El buscalibros.
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