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31 ago 2021

Grimscribe. Vidas y obras - Thomas Ligotti

Esta colección de cuentos gustará a los aficionados al terror cósmico lovecraftiano. Que digo gustará, ¡entusiasmará! ¡Inyectará miedos atávicos en sus venas para saciar sus ansias de oscuridad y pavor durante meses! Thomas Ligotti recoge toda la tradición y el estilo del malogrado autor de Providence para recrearla, incorporando a la vez elementos propios que sin embargo se alinean a la perfección con todo el horror que destilaban sus títulos. Grimscribe. Vidas y obras contiene un total de trece relatos cortos que vapulean al lector sin que, paradójicamente, lleguen a ofrecer nada demasiado concreto. Nos acercaremos a reservados ocultistas, inefables ritos paganos, misteriosos artilugios, seres salidos de las profundidades de la tierra o extraños portales a otros mundos. Y gracias a la habilidad de Ligotti, serán capaces de ponernos la piel de gallina más por los efectos que causan en la psique de los espectadores/víctimas que por lo que efectivamente llega a ocurrir. 

A nivel estilístico los cuentos comparten las características habituales de la obra de H. P. Lovecraft: adjetivación sobrecargada para expresar horror y repugnancia (tiene una especial querencia por las excrecencias, tumores y pústulas), ciudades de arquitectura y urbanismo inextricables cuyos elementos imposibles alteran la poca paz de que gozan los personajes, protagonistas depresivos e inestables llevados al límite de la cordura mediante mundos oníricos o visiones interdimensionales de espanto que cuestionan la seguridad de la realidad que conocemos. En fin, una maravilla, un atracón de miedo procedente de mundos ignotos y seres despiadados. Puedo entender sin embargo que no sea plato de gusto para muchos lectores, porque en realidad, los relatos no siguen el esquema tradicional de presentar un conflicto y resolverlo. De hecho en casi todos los casos (podríamos quitar el casi, no nos engañemos), la forma prima sobre el fondo. Yo soy el primero que se ha quejado en este blog cuando me he topado con textos así. Pero las circunstancias me fuerzan a hacer una excepción con el terror cósmico. Porque eso es justo lo que gusta a los aficionados. Así que no me importa demasiado si el 80% del relato es una mera descripción angustiosa y asfixiante de escenarios espeluznantes en los que ocurren sucesos fantásticos que quiebran la razón.

Por cierto que tras consultar La Tercera Fundación, mis sospechas se han confirmado: varios de los títulos compilados en este tomo se seleccionaron para aparecer en La fábrica de pesadillas. Seis de trece, casi la mitad. Se trata de 'La última fiesta de Arlequín', 'Los anteojos de la caja', 'Nethescurial', 'A la sombra de otro mundo', 'La escuela nocturna' y 'El glamour'. De todas formas hace siete años que lo leí, así que no me ha supuesto gran problema porque solo me resultaban vagamente familiares y al releerlos han recreado las mismas sensaciones de desazón e inquietud malsana que la primera vez.

31 oct 2020

La conspiración contra la especie humana - Thomas Ligotti

La primera sensación que me transmitió la lectura de La conspiración contra la especie humana fue la de alivio. Un tremendo alivio al saber que no soy el único que cree que la vida no es un regalo maravilloso, y que nuestra existencia en este planeta, salvo por momentos muy puntuales, se mueve en un rango de sentimientos perniciosos que abarcan desde el tedio a la desesperación. Naturalmente Thomas Ligotti comparte grosso modo esta forma de ver las cosas. Para desarrollar su ideario toma como punto de partida el trabajo de un oscuro filósofo pesimista y antinatalista noruego llamado Peter Wessel Zapffe. Como su olvido hace sospechar, las obras de Zapffe pasaron sin pena ni gloria por el mundo académico, no digamos ya el público general. Algo que no es de extrañar, pues incluso el pesimista más convencido comprende que un individuo que para eliminar el sufrimiento del ser humano propone la extinción voluntaria de nuestra especie mediante el sencillo acto de dejar de tener hijos, no va a ser tomado demasiado en serio por la corriente mayoritaria de pensamiento. Poco importa que su razonamiento sea imbatible desde un punto de vista filosófico.

Ligotti también incluye en este ensayo a otros pensadores que se han alineado con esta forma de entender la realidad última del ser humano. Entre ellos hay nombres que son fácilmente reconocibles (Arthur Schopenhauer, Miguel de Unamuno, Friedrich Nietzsche) y otros que no tanto (Joshua Foa Dienstag, William R. Brashear). Unos y otros se encuandran sin embargo en lo que el autor norteamericano denomina pesimismo heroico: por más que todos ellos reconocen la futilidad y la inutilidad de la existencia del hombre, no pueden evitar proponer la resistencia a dicho pensamiento como única salida digna.

También se expone en este trabajo la influencia del pensamiento pesimista en cierta literatura fantástica y de terror, uno de cuyos mayores exponentes es H. P. Lovecraft. La idea de "marioneta humana" que sobrevuela todo el tomo, y con la cual se quiere demoler la idea de libre albedrío manejada por los optimistas, encaja a la perfección dentro de la obra del creador de los Mitos de Cthulhu, con esos dioses primigenios procedentes del espacio exterior que viven totalmente al margen de las preocupaciones de los seres humanos. El vacío, el infinito y la tanatofobia que tanto horror provocan en el optimista medio, suponen uno de los mayores atractivos y fuentes de inspiración para todos estos autores de literatura de terror. Pero el pesimismo no es exclusivo del género fantástico y de terror. Ahí tenemos por ejemplo a Horace McCoy, un autor sobre cuya obra, enmarcada en el realismo más crudo, se hace también una aproximación. 

A pesar de que actualmente me alineo al 100% con el pesimismo filosófico (versión Zapffe, esto es, deberíamos desaparecer de la escena vía antinatalismo), he de reconocer que no siempre he sido así. Creo que fue Michel Houllebecq quien dijo en uno de sus libros poco más o menos que llegada cierta edad, la suma de recompensas que obtenemos por estar vivos queda muy por debajo de la suma de incomodidades que nos acarrea. Mi aproximación al pesimismo ha sido un poco ésa. Antes de despertar a este enfoque tampoco es que me considerase optimista, sino que simplemente no tenía las herramientas para ni tan siquiera plantearme que se puede cuestionar el mensaje oficial y ver la realidad desde otra óptica. Así pues, este libro ha supuesto para mí una suerte de epifanía pesimista. Una comunión con un pensamiento minoritario que evidentemente, en aras de mantener el statu quo global, se ha ninguneado e invisibilizado. De todas formas, no por ser pesimista, la lectura resulta fácil y agradable. Un análisis tan exhaustivo, formal y documentado del sinsentido que supone estar vivo no resulta agradable para nadie, ya compartas esa idea o no. A pesar de que hay toques de humor negro muy apropiados al tema que se trata, hay que reconocer que Ligotti resulta un poco cansino repitiendo una y otra vez las mismas ideas a lo largo del libro. De todas formas, como ya indiqué nada más al empezar el post, creo que se trata de una ensayo interesantísimo que a mí me ha servido para liberarme de esa dosis de angustia que siempre me ha provocado tener tan claro que la vida dista mucho, pero mucho, de ser un jardín de rosas.

14 ago 2015

La fábrica de pesadillas - Thomas Ligotti

Impresionante recopilación de historias cortas de terror a cargo de quien, curioseando por Internet, se revela como una de las plumas mejor consideradas en el género: Thomas Ligotti. Desde luego en lo que a mi respecta, tras leer La fábrica de pesadillas no puedo estar más de acuerdo con esa opinión. El libro incluye un buen número de cuentos (veintitrés para ser exactos) seleccionados de las que fueron sus tres primeras compilaciones de relatos, a los que se suman algunos inéditos hasta el momento de la publicación. La obra de Ligotti se caracteriza por por poner al lector en situaciones irreales, intangibles, inexplicables, la mayoría de las cuales transcurren solo en su cabeza, en devastadoras alucinaciones, en delirios psicóticos, en enfermizos sueños opresivos, o en una inaprensible semivigilia en donde se funden el mundo real con universos en otras dimensiones. La influencia de H.P. Lovecraft o Edgar Allan Poe es evidente en un gran números de textos que se construyen sobre antiguos y secretos cultos a dioses atávicos. Encubiertos en la sociedad contemporánea bajo el disfraz de festivales de origen pagano o religiones minoritarias, sus devastadores efectos sobre el mundo que percibe la psique del protagonista dejan una impagable sensación de desasosiego en el lector aficionado al género. En un par de ocasiones, las referencias a Clive Barker son también inevitables, pues las tramas transcurren en entornos contemporáneos en los que se juega con el terror psicológico provocado por sucesos que se ceban en los miedos domésticos, eso sí, activados desde hechos inexplicables: intrusos en casa, aunque no simples ladrones; secuestro de niños, pero no a cargo de delincuentes comunes, etc.

Que nadie busque sangre, crueldad, náusea o monstruos repugnantes en estos cuentos. Ligotti utiliza hábilmente recursos oníricos o sobrenaturales para meternos el miedo en el cuerpo. Sus protagonistas son seres solitarios, habitualmente relacionados con el mundo del arte y la literatura. Artistas de segunda o tercera categoría que malviven con empleos de baja cualificación. Desconocidos eruditos en algún extraño rito esotérico que pasan sus días buscando libros olvidados o malditos en librerías de lance con los que completar sus sesudos ensayos. Críticos literarios que forman parte de la camarilla cultural de ciudades de provincias. Aficionados a las almonedas que coleccionan extraños objetos de usos inesperados. La prodigiosa y retorcida imaginación del autor les hace pasar por experiencias que ninguno querríamos para nosotros mismos y que no obstante, desde la seguridad que proporciona la ficción, son capaces de provocarnos un delicioso y perverso regocijo masoquista.

Por otro lado, si en el fondo he detectado a Lovecraft, Poe o Barker (en menor medida), en la forma este escritor tiene muchísimos puntos de coincidencia con mi admirado James G. Ballard. Las imágenes que evoca su prosa son muy potentes; redactadas con un estilo denso y oscuro, su cadencia imprime un ritmo casi musical que consigue que el lector sintonice con las sombrías frecuencias del estado de ánimo del protagonista. Por si a estas alturas no es ya más que evidente, me declaro fan incondicional de este autor. Tenéis más reseñas de este volumen en El jardín del sueño infinito, donde piensan que los relatos seleccionados son demasiado parecidos en cuanto a ambientación se refiere y por tanto les ha resultado algo monótono. Les doy la razón en lo primero, pero para nada en lo segundo.
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