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15 abr 2022

Cuentos escogidos - Shirley Jackson

Aunque el título de este tomo es Cuentos escogidos, además de ocho cuentos incluye tres textos de no ficción que tratan sobre diferentes temas relacionados con el acto de escribir. Los temas son variados aunque hay un tono general de costumbrismo mid-century aderezado en muchas ocasiones (pero no siempre) con elementos de terror/fantástico. Hay algunos relatos que me han parecido muy buenos y otros un poco más reguleros, hasta el punto que me han hecho cuestionarme cuál podría ser el motivo por que han sido seleccionados, porque lo que es a mí se me escapa.

Os dejo a continuación los títulos incluídos con una puntuación personal que empieza por un 'psché' (*), sigue por un 'está bien' (**) y termina por un 'me ha encantado' (***). Ojo que solo evalúo los cuentos, no los textos de no-ficción.

  • El amante demoníaco (***)
  • La bruja (*)
  • Después de Usted, mi querido Alphonse (**)
  • Charles (*)
  • Siete tipos de ambigüedad (*)
  • La muela (***)
  • La lotería (***)
  • Experiencia y ficción
  • La noche en que todos tuvimos gripe (*)
  • Biografía de una historia
  • Notas para un joven escritor
También es verdad que una vez he llegado a los textos ensayísticos me he dado cuenta de que es necesario cierto contexto histórico para entender el impacto que estos cuentos de Shirley Jackson pudieron tener en su momento. Es verdad que al lector contemporáneo ciertas características del estilo de esta autora nos pueden resultar de lo más habitual, en especial esa querencia suya por lo raro y lo espeluznante, cuyo efecto más directo es la ausencia de justificación de los hechos que se narran. Por lo que leemos en 'Biografía de una historia', esto causó un revuelo tremendo con la publicación del clásico 'La lotería' en 1948. Por tanto, visto así hay que reconocerles el mérito a la hora de ir rompiendo moldes narrativos y ampliando las posibilidades de la ficción.

11 nov 2020

Siempre hemos vivido en el castillo - Shirley Jackson

Casi todos los Blackwood murieron envenenados hace seis años. Se acusó del crimen a la hija mayor, Constance, pero en el jucio no se pudo probar su culpabilidad. Desde entonces los tres supervivientes viven semiencerrados en la casona familiar de su pequeña ciudad. Constance, su hermana menor Mary Katherine y el tío Julian, viejo y enfermo. Merricat es la única que se aventura al exterior para hacer la compra un par de veces por semana. A través de ella conoceremos el odio que los lugareños profesan a esa familia, considerada por todos ellos altiva y arrogante mucho antes incluso de aquella desgracia.

Siempre hemos vivido en el castillo es la versión oscura de un cuento de hadas. Un cuento de brujas, un cuento perverso donde la maldad y la locura campan a sus anchas dentro y fuera de esa mansión donde los protagonistas se han visto abocados a vivir. La mente retorcida de la ínclita Shirley Jackson compone una historia enfermiza pero absorbente en la que el odio, la maldad y el miedo se enfrentan al amor, el cariño y la culpa o el arrepentimiento. Ganan los primeros por goleada, claro.

Merricat es sin duda uno de los mejores psicópatas descritos en la literatura. Una psicópata adolescente, que resulta todavía más espantoso. Desde la primera página asistimos sin descanso a un odio incontenible, unas fantasías tenebrosas y unos rituales retorcidos cuyas ceremonias resultan aún más siniestras por los elementos infantiles con que se revisten. Pero no es solo la protagonista el personaje que Jackson logra perfilar a la perfección. También Constance y el tío Julian resultan admirables en su patetismo, en su dolor, en el amor que se entregan y que los daña a todo por igual. Y por su puesto los habitantes del pueblo. Una masa abominable que proyecta sus miserias hacia los Blackwood en un odio que se realimenta con el desprecio que ellos les devuelven. La historia es fascinante y repulsiva a la vez. Los rasgos más infames del ser humano expuestos a la luz del día para su propia vergüenza, para vergüenza de todos nosotros. Es la génesis perfecta de una leyenda urbana sobre mujeres dementes que habitan casas destrozadas por el fuego. Y bastan un par de sentadas para terminarla. ¿Qué más se puede pedir?

2 mar 2020

La maldición de Hill House - Shirley Jackson

La maldición de Hill House es un clásico del terror, subgénero "casas encantadas". Para mi gusto destaca por la sencillez de su planteamiento y la coherencia de la trama. De nuevo tenemos a un investigador de lo paranormal (el Dr. Montague) que se interesa por los fenómenos sobrenaturales que ocurren en una vieja casona y que decide pasar todo el verano allí para experimentarlo en primera persona. Con la loable y académica intención de publicar un libro que le lauree entre sus colegas, que no se toman muy en serio su especialidad. Para ello se acompañará de un grupo de colaboradoras de claro perfil receptivo a los fenómenos psíquicos: Eleanor Vance y Theodora, así sin más. Y claro, estas dos mujeres, que catalizarán los procesos del otro mundo, tienen un historial emocional detrás de lo más agitado, con lo cual no se sabe bien si son ellas mismas quienes generan toda esa actividad extraordinaria. Todo esto es un poco cliché visto desde la óptica de 2020, pero claro, Shirley Jackson tiene el mérito de haberse convertido en el referente de todas las obras similares. En un patrón de medida, diríase. Al menos para las que no incluyen una familia feliz que se muda ilusionadísima a su nueva casa, que ¡vaya por dios, está maldita! Y sufren entonces el tormento de los fantasmas que la habitan, que es la otra vía habitual por que puede discurrir una novela de este tipo.

Resulta imposible no comparar este libro con La casa infernal de Richard Matheson, ya que comparten muchos planteamientos. La de este último pisa de lleno en esa tierra de nadie que limita al norte con el homenaje y al sur con el plagio. Porque una cosa es que el escenario no dé opción a demasiada originalidad, y otra es que también incluya personajes homosexuales atormentados. Eso resulta ya particularmente sospechoso. Y es que la novela de Jackson juega con la posible homosexualidad de Eleanor (reprimida) y Theodora (no tanto) como elemento clave para condicionar las manifestaciones sobrenaturales que ocurren en Hill House. En mi opinión el perfil psicológico que la autora imprime a sus personajes hace que la historia sea más verosímil. Por no hablar de todas las incursiones en lo paranormal, que aun saliéndose del marco de referencia del mundo físico que se puede medir y predecir, resultan mucho más comedidas que las de Matheson. Para finalizar destacaría que Jackson no cierra la trama ni da demasiadas explicaciones. Sólo nos muestra los efectos de este experimento parapsicológico sobre los participantes, alguno de los cuales no terminará bien. Y eso deja mucho espacio libre al lector para que imagine, lo que siempre resulta mucho más atractivo. Porque miedo, lo que se dice miedo, mucho no da. Las cosas como son.
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