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6 sept 2016

La justicia de Selb - Walter Popp y Berhnard Schlink

Ferdinand Korten, director general de la poderosa compañía química Rheinische Chemiewerke (RCW a partir de ahora) de Ludwigshafen, recurre a su cuñado e investigador Gerhard Selb para que les ayude a localizar un hacker que lleva revolviendo sus sistemas de información los últimos meses. Lo cierto es que las intrusiones no han pasado de ser bromas pesadas, con un impacto económico relativamente bajo dada la altísima facturación de la compañía. Sin embargo, existe una lógica preocupación en la cúpula directiva sobre el caríz que podrían tomar los acontecimientos si en un momento dado las acciones de los hackers se embrutecen o bien, trascienden a la prensa las debilidades en materia de seguridad informática de la empresa. Klara, esposa de Gerd y hermana de Korten, murió hace algunos años, de ahí que la relación entre los que fueron grandes amigos de la infancia se haya enfríado últimamente. Ninguno de los dos es un jovencito, que digamos; Gerhard anda por los sesenta y muchos años y Ferdinand está a punto de  cumplir los setenta. Tras unas investigaciones preliminares, queda claro que hay un punto de acceso a la red informática de la RCW muy vulnerable: el nodo que envía la información sobre emisiones de agentes tóxicos al correspondiente instituto dependiente de Medio Ambiente del Land (Renania-Palatinado). Gerd descubre al hacker en un abrir y cerrar de ojos, pero la RCW prefiere no denunciarle por evitar un escándalo mediático y cuando todo parece que va a quedar resuelto de manera privada, el autor de la intrusión muere en un sospechoso accidente de tráfico. Esto lleva al detective a interesarse más en profundidad por Peter Mischkey, que así se llamaba el pirata informático, y descubre en su casa unos dossiers relativos a la implicación de la RCW en la política de trabajadores forzados del III. Reich. Y resulta además que Gerhard Selb fue un prometedor fiscal del régimen nazi entre 1942-1945, que curiosamente participó en una causa sobre dos investigadores de la RCW, compañeros de su cuñado por aquel entonces, acusados de traición al Reich y condenados a muerte gracias a su hábil instrucción. Así pues, de pronto el caso toma unos derroteros personales que vuelven a activar en nuestro hombre su sentimiento de culpa por su antiguo compromiso con el nacional-socialismo.

La justicia de Selb es la presentación en sociedad del atípico investigador privado Gerhard Selb, de quien hace tan solo unos meses reseñé la novela con que se cierra su trilogía: El fin de Selb. Bueno, atípico porque tiene sesenta y muchos años, pero por lo demás, su caracterización como personaje tira de tópicos baratos noir que es un primoir: fuma como un carretero, ¡y no pierde fuelle corriendo delante de un mastín amenazador!; disuelve sus dramas internos a base de alcohol, ¡y las resacas se le pasan con manzanilla o nadando en algún See en los alrededores de Mannheim!; raro es el personaje fememino al que no quiera echarle el guante, ¡un pichabrava que no necesita viagra!; etc. etc. En aquella otra novela ya indiqué que había algunos aspectos sobre su relación con su cuñado por un lado, y con el nazismo por otro, que se daban por conocidos y que efectivamente, se relatan en esta primera entrega.

La novela tiene algunos aspectos históricos de interés, no digo que no, pero en general es bastante insustancial y se adapta al formato estándar de los bestsellers: capítulos cortos, mucha acción, subtramas picantonas, pildorazos de información a cada poco para capturar la atención del lector constantemente, etc. Como ya comenté con la última entrega, el protagonista carece de toda credibilidad en tanto en cuanto tiene una energía, una vitalidad y una resistencia física tal, que ya quisiera yo haber tenido a mis veinte años la mitad de la que él exhibe. No duda en lanzarse al Rin huyendo de unos perseguidores para escapar nadando; se pasa el día haciendo kilómetros y kilómetros, recorriendo media Alemania, Europa o el mundo entero para esto o aquello; si tiene que hacer una vigilancia noctura se coje su termo repleto de café y a pasar la noche en vela sin problema; tropieza por unas escaleras y ni un simple esguince, todo queda un susto. Por otro lado, hay varios aspectos de la trama que no están convenientemente justificados. Sin ir más lejos, ¿cuál es el interés de Mischkey en el pasado oscuro de la RCW? No es una reacción para cubrirse las espaldas cuando descubren su intrusión en los sistemas de información porque venía de antes, sin embargo a mi no me ha quedado claro por qué estaba realizando esas pesquisas. Luego Selb está también investigando para una aseguradora lo que parece ser un caso fraude, un posible caso de autolesión en una pierna por parte de un bailarín de ballet ya en los últimos años de su carrera. Una vez terminado el libro uno se pregunta, ¿toda esta pamplina del bailarín, para qué? Lo sustituyes por otra cosa, yo qué sé, el relato de una indigestión de su vecina, la señora Weiland, y para lo que importa te quedas igual. En fin, bien es verdad que pagué poco más de 10,00€ por este libro, pero aún así no me cabe la menor duda de que se trata de dinero mal empleado. Tenéis más reseñas en Todo literatura y Novela negra. En ninguna de las dos hablan maravillas de ella desde luego pero parecen más convencidos de su calidad que yo

9 may 2016

El fin de Selb - Bernhard Schlink

Gerhard Selb es un detective privado muy entrado en años (en esta novela ya sobrepasa los 70 de largo) quien se dió a conocer a finales de los 1980s con la novela La justicia de Selb, escrita a cuatro manos por Bernhard Schlink y Walter Popp. Pudiendo haber empezado por el inicio de la trilogía, que compré junto con El fin de Selb aprovechando que Amazon festejaba el mes del libro en abril con un montón de ofertas -en concreto estos dos costaban poco más de 10€-, me decidí por la que cierra la saga símplemente porque abultaba menos. El error que supone hacer algo así es que hay aspectos de la vida del investigador que muy probablemente se habrán explicado en anteriores entregas, pero que claro, al empezar la casa por el tejado como he hecho yo, pues no los conozco y no me ha quedado más remedio que medio intuir. Por ejemplo está más o menos claro que fue ferviente seguidor del nacional socialismo en sus años mozos, también que tuvo diferencias importantes con su cuñado, pero bueno, al margen de un par de menciones a hechos pasados que me eran desconocidos, la novela se sostiene por sí sola y tiene sentido en un 95% independientemente del resto de la serie.

La trama a que asistimos mezcla un poco de todo de la historia reciente de Alemania: desde el Tercer Reich hasta la reunificación tras la caída del muro. Bertram Welker, director de la banca privada Weller & Welker, contrata a Selb para que le ayude a descubrir quién fue un socio secreto que a finales del S.XIX ayudó a mantener la entidad a flote durante aquellos tiempos tan revueltos en lo económico y en todo lo demás. La supuesta intención es rastrear sus posibles herederos y hacer frente a las demandas que podrían hacer a Weller & Welker exigiendo la parte del pastel que les corresponde, intereses incluídos. Pero claro, esto es novela negra, las intenciones manifiestas no tienen nada que ver con las intenciones verdaderas. Así que tras descubrir una trama de blanqueo de dinero para la mafia rusa, la cosa empieza a complicarse y queda patente que nadie es quien dice ser y que la historia del socio secreto, aún siendo cierta, es una cortina de humo para ocultar los verdaderos planes de Bertram Welker.

La novela es muy ligera y se construye a base de capítulos muy cortos en formato best-seller, algo que por lo que parece Schlink maneja a la perfección, visto el éxito que tuvo con El lector. Las revelaciones que van guiando la acción se dejan caer en los momentos adecuados para mantener el interés del lector, con un ritmo incansable. Quizás lo más original sea precisamente que el protagonista es un señor ya muy mayor y con una salud bastante precaria (sufre dos infartos ligeros a lo largo de la acción), junto con el elenco de secundarios amigos suyos, también lógicamente entrados en años. A decir verdad se hace difícil de creer que esta camarilla tenga tanto aguante y que este grupo de jubilados, que debería estar en Mallorca o Malta tostandose al sol, se embarque en aventuras de este calibre con la terrible mafia rusa sin que la tensión arterial les suba de 9/14. Por ejemplo durante una corta estancia en Berlín, el protagonista tiene un encontronazo con neonazis primero y con antifascistas después, y en ambos casos termina en el fondo del Landwehrkanal a la altura de la Hallesches Tor. En fin, no sé, yo entre el pánico que me supondría vivir una situación así, el zambombazo de la caída desde la estación de metro al canal, el frío de Berlín y todo lo demás no creo que pudiera apañarme con 2 aspirinas y 8 horas de sueño, pero bueno, también es verdad que siempre he sido un poco pupas. Es evidente que Herr Selb es como un viejo roble, recio y resistente, y que unos niñatos no van a poder con él. Resumiendo, un entretenimiento  insustancial que se lee casi sin darte cuenta. No he conseguido encontrar reseñas de esta novela en la blogosfera, así que la sección final de otras opiniones queda en esta ocasión desierta.

28 jun 2014

Mentiras de Verano - Bernhard Schlink

Mentiras de Verano es una colección de relatos cortos en la que Bernhard Schlink se esfuerza en buscar conflictos en situaciones de lo más cotidiano donde en mi opinión, no hay forma de encontrarlos. Los resultados, por forzados, son algo irregulares. La mayoría de ellos juegan con un contexto de 'alemán exiliado temporalmente en Nueva York por razones laborales' que me ha resultado cargante. Quizás tenga algo de autobiográfico, pero yo, que nunca he tenido ni la más mínima intención de vivir en Nueva York, no he podido conectar con la idea para nada. Con todo y eso hay dos-tres que no están mal del todo.

  • 'Temporada baja'. Chico alemán rozando los cuarenta y segunda flauta en una importante orquesta de N.Y.C. conoce a chica rica con algo más de cuarenta durante unas vacaciones. Al europeo le crea conflicto dejar su modesta vida, humilde pero autosuficiente, y marcharse a vivir con la acaudalada heredera, no porque le de miedo trasladarse un mundo que le queda grande (económica y socialmente) sino porque echará de menos esa existencia sencilla que se ha construído. Yo esta situación no llego a entenderla, aunque, ¿quién soy yo para juzgar?
  • 'La Noche en Baden-Baden'. Historia de amor y desamor de una pareja a distancia. Ya se sabe, pareja de fuera, contento cuando viene y contento cuando se va. Llevan ya muchos años así y ninguno de los dos está satisfecho con nada. Ni con el tiempo que pasan juntos ni con el que están separados. Él coquetea con otras, ella le espía el e-mail, el móvil y todo lo demás. La relación evidentemente no llega a ninguna parte pero es que tampoco va hacia ningún sitio. Para estar así mejor no estar con nadie, pero claro, esa es mi opinión personal.
  • 'La Casa en el Bosque'. Escritor alemán de poco éxito casado con una escritora estadounidense de mucho éxito. Dejan New York porque la vida allí era muy estresante y se trasladan a una casuca muy mona en el campo donde ella escribe una gran obra gracias al apoyo incondicional de su marido (que cuida de todo, la casa, la cocina, la pequeña, etc.). Él desarrolla una obsesión patológica por acaparar a su mujer y su hija y hace unas cuantas tonterías del tipo 'quiero y no puedo' a resultas de su inseguridad. Una versión muy light de Misery, sin gracia y sin credibilidad.
  • 'Un Extraño en la Noche'. Breve relación entre dos alemanes desconocidos en un vuelo trasatlántico entre N.Y.C. y Frankfurt a. M. Uno es un aburrido profesor universitario de teoría del tráfico (¿existe un campo de la ciencia más árido que la teoría del tráfico?) y el otro un prófugo de la justicia con una rocambolesca historia que incluye: secuestro de su novia por un diplomático kuwaití, posterior descubrimiento de una posible trata de blancas, la novia que escapa, la novia que muere accidentalmente, las sospechas de homicidio, etc. Insostenible.
  • 'El último Verano'. Un profesor de universidad jubilado y con osteosarcoma reúne a su familia en su maravillosa casa junto a un lago de ensueño para pasar el último verano feliz. Tiene preparado un cóctel de fármacos para quitarse la vida apaciblemente en el momento en que los dolores sean insoportables. Todo esto sin decir ni palabra a su familia, pero su mujer lo descubre y se produce un giro inesperado. Este no está mal.
  • 'Johann Sebastian Bach en Rügen'. Relación paterno-filial que nunca ha ido bien y que uno de los hijos pretende mejorar pasando unos días con su padre en un mini festival de Bach en la isla de Rügen. ¡Ay, la familia! ¡Cuánto daño puede llegar a hacer una familia! Otro que salvo de la quema.
  • 'El Viaje al Sur'. La abuela está harta de su familia. De los hijos, de los nietos, de su ex-marido. Hace un breve viaje con una de sus nietas para reencontrarse con su verdadero amor, de quién huyo por sus dudas y falta de decisión. Emotivo pero poco creíble. Con todo y eso, como aún me queda algo de ilusión en el corazoncito reconozco que me ha gustado, más que nada por el acto de redención que realiza die Oma.
Al margen de los conflictos algo forzados y de las temáticas aburridas que ya he señalado, otra de las dificultades de los textos viene por parte de la prosa del autor alemán. Está perfectamente construída pero es fría, aséptica, milimétricamente elaborada a base de una ordenación impecable de elementos gramaticales. Lo bueno es que se lee sin dificultad alguna, lo malo es que transmite la  misma emoción que una guía telefónica. Tenéis más reseñas de este libro en Lecturas rasantes, Sobre libros y algo más y Todo Literatura. Sólo el segundo se atreve a ser un poco más crítico con la calidad de algunos cuentos.

6 sept 2012

El Lector - Bernhard Schlink

Hace un año me leí El Fin de Semana, la que por aquel entonces era la novela más reciente de Bernhard Schlink editada en España. Al buscar reseñas de aquel libro me encontré con que casi todas decían poco más o menos que ni punto de comparación con El Lector, así que me quedé con las ganas de comparar. Y hoy es el día en que voy a comparar.

Dividida en tres partes, la primera transcurre en la posguerra, probablemente a finales de los 1950s y nos muestra el despertar sexual del narrador, Michael Berg. Se trata de un adolescente de unos 15-16 años que inicia una apasionada relación con Hanna Schmitz, una mujer unos 20 años mayor que él. El la segunda, que se desarrolla varios años después de que dicha relación se rompiera abruptamente tras la misteriosa desaparición de Hanna, Michael es un estudiante de derecho que dentro de un seminario sobre Nazismo en Alemania hace seguimiento de un juicio en el cual su antigua amante es una de las acusadas por crímenes de guerra, pues fue guardiana de un campo de concentración durante la II Guerra Mundial. En la tercera parte, con Hanna condenada y en prisión, Michael decide retomar su relación con ella pero con muy bajo nivel de implicación emocional. Esto le permite al menos eliminar algo del sentimiento de culpa que arrastra por no haber aportado al jucio ciertas pruebas que demostrarían no la inocencia de Hanna, pero que en todo caso sí que habrían rebajado sustancialmente su grado de responsabilidad en los hechos instruidos.

Pues bien, no me queda más remedio que rendirme incondicionalmente ante esta novela. Estamos ante una historia originalísima, interesantísima y a ver qué otro superlativo le encaja, uhm... entretenidísima. A pesar del ligero tufo a bestseller que rodea al libro (algo innegable si nos atenemos a esos capítulos cortos que van revelando información a cada poco), en mi opinión se trata de una obra muy bien escrita, directa, concisa, muy emocionante, con golpes de efecto muy coherentes y con una trama de interés universal. Por tanto, entiendo que en general guste mucho más que El Fin de Semana, pero vamos, con todo y eso ésta última a mi me parece también una propuesta muy buena.

Tenéis otras reseñas en Papel en Blanco y en Críticas Literarias Regina Irae. En ambos casos sale muy bien parada.

10 ago 2011

El Fin de Semana - Bernhard Schlink

Jörg, un ex-terrorista miembro de la Fracción del Ejercito Rojo (RAF) ha sido indultado por el Bundespräsident tras cumplir más de 20 años de condena, así que su hermana Christiane, que se asignó el papel de madre en su relación con él, le recoge a la salida de la cárcel y juntos se dirigen a una casa de campo en donde piensan pasar el fin de semana en compañía de sus antiguos amigos y camaradas de la época de la Baader-Meinhof.

Si en España tenemos a la Guerra Civil como elemento que define irremediablemente lo que somos y la sociedad en la que vivimos, en Alemania conforma la memoria colectiva tanto la II Guerra Mundial como su mucho más reciente pasado de terrorismo anticapitalista y antiimperialista de los 1970s y 1980s. Por lo tanto es normal que sea un tema que sirva de inspiración a muchos escritores y cineastas. En el caso que nos ocupa hoy, Bernhard Schlink examina con rigurosidad y meticulosidad todos los aspectos de interés en la vida de Jörg y su entorno, que incluye también a su abogado, a un joven militante anticapitalista que pretende aprovecharse de su mítico pasado para agitar la lucha actual y a su hijo (me temo que al informar sobre este último estoy revelando una de las sorpresas de la trama). El ritmo que imprime a la narración alternando entre los distintos personajes y la perspectiva de cada uno de ellos hace que nos enganchemos desde las primeras páginas. Desde la ingenuidad en los orígenes de su militancia hasta las dudas y decepciones tras largos años de prisión, el autor repasa en esos tres días un amplio catálgo de situaciones y sentimientos tanto del protagonista como del que fue su círculo íntimo: el rencor hacia quienes le denunciaron, el desencanto de los que fueron abandonando la lucha armada e integrándose en la sociedad que detestaban, las inseguridades de unos, el rechazo a la violencia de otros, el punto de no retorno que supone el primer asesinato, el posible arrepentimiento y la carga de la culpabilidad... Evidentemente el tránsito no es fácil pero facilitará la catarsis de todos los personajes y sobre todo la adaptación de Jörg a su recién recuperada libertad.

Hay un par de elementos de la novela que me han resultado fascinantes. Uno de ellos es la subtrama en que Ilse, también antigua integrante del grupo, y actualmente profesora de instituto en vías de convertirse en novelista, escribe sobre un antiguo miembro del RAF que desapareció en extrañas circunstancias. Ella ve probable que simulase su muerte para seguir actuando desde la más completa clandestinidad, y sobre esta idea construye un interesantísimo relato corto que se distribuye a lo largo de varios capítulos. El otro es el personaje del hijo, el único que no tiene pelos en la lengua a la hora de hablar sobre los horrores que provocó la lucha armada, consiguiendo de esa forma revolver y agitar la conciencia de su padre.

En fin, un libro muy interesante, más aún si os atrae la historia y la sociedad alemana, como me pasa a mi. Más reseñas de El Fin de Semana en Riverside-Agency y en Distrito Jazz.
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