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8 oct 2021

Un castillo en Suecia (y tres obras de teatro más) - Françoise Sagan

Hace unos días hice la visita inaugural a una tienda Re-Read relativamente nueva y me vine a casa con diez libros, tres de ellos de Françoise Sagan. El hecho de que éste recopilase obras de teatro me llamó especialmente la atención por ser un género al que apenas he dedicado lecturas, quizás simplemente porque apenas se encuentran. Este tomo de 1967 incluye cuatro piezas que la contraportada describe como comedias, pero una vez leídas se comprueba que en la mayoría de ellas el tono general no es alegre sino amargo, y que el desenlace de feliz tiene poco, como mucho agridulce en el mejor de los casos.

  • 'Un castillo en Suecia' (1960). Disparatada comedia negra y de enredos amorosos protagonizada por una familia noble, excéntrica y alocada. La nieve tan de esperar en ese país escandinavo provoca el aislamiento de la residencia del título, provocando que su invitado, un joven primo lejano, se enamore perdidamente de su anfitriona.
  • 'El vestido malva de Valentine' (1963). De nuevo enredos amorosos, esta vez en París. Testamentos impugnados y jovencito que se enamora de una tía lejana a quien su madre ha alojado debido a problemas en su matrimonio. La protagonista es apenas unos años mayor que él y también menos inocente de lo que pretende.
  • 'Felicidad, impar y pasa' (1964). Drama protagonizado por la nobleza de la Rusia zarista. Un joven príncipe presa de la melancolía se enamora de una condesa cuyo marido violento la desprecia por un desliz amoroso hace ocho años, por el que ella ya se está cansando de pedir perdón. Poca comedia en esta ocasión, aunque sí elementos humorísticos puntuales protagonizados por el hermano homosexual del marido y la madre de ambos.
  • 'Los violines, a veces...' (1961). Una pareja madura de malhechores no recibe la herencia que esperaban de un acaudalado industrial a quien la mujer había seducido. La suerte quiere que el heredero único sea un joven sobrino, un individuo apocado, bondadoso y sin interés en el dinero. El chico cederá la gestión y dirección de todos los negocios a la mujer se enamorará de ella, lo cual tendrá un efecto balsámico sobre la amargura y los sinsabores que su modo de vida le ha provocado.
Incluso con estas descripciones tan breves de las tramas resulta fácil encontrar grandes similitudes entre las cuatro obras teatrales. El ímpetu y el candor de la juventud frente a la serenidad y desengaño de la madurez. El egoísmo, la posesividad y el demonio de los celos como elementos inseparables del amor. La pobreza como catalizador de todo lo anterior. No voy a negar que me ha sorprendido muy positivamente la madurez de Sagan al describir los infiernos a que puede conducirnos el amor romántico. Sus diálgos están repletos de acertadas reflexiones sobre la naturaleza humana, que brillan en especial a la hora de mostrar la crueldad de que podemos ser capaces en nuestras relaciones amorosas. Saber que escribió las cuatro piezas antes de los 30 años aporta un asombro extra que no puede dejarse de lado.

Mi preferida ha sido 'Felicidad, impar y pasa', no solo porque junto a 'Los violines, a veces...' es la más cruda, sino porque las pinceladas de humor están muy bien traídas y las que incumben al hermano gay del protagonista están tratadas con una sensibilidad extraordinaria. También es verdad que los cuatro textos tratan exactamente el mismo tema con pequeñas variaciones, y que los planteamientos son más bien maniqueos. No por ello dejan de reflejar muy bien las facetas más oscuras del ser humano, y algo así, especialmente cuando se exponen las miserias del amor, es siempre muy bien recibido en este blog.

8 jun 2021

Un disgusto pasajero - Françoise Sagan

A primera hora de una mañana de principos de otoño, Matthieu Cazavel recibe una noticia devastadora de su médico: padece un cáncer de pulmón inoperable y le quedan unos seis meses de vida. No puede asimilar el diagnóstico a pesar de ser un fumador empedernido desde siempre: él se encuentra perfectamente, es fuerte como un roble y siempre ha tenido una salud de hierro. En todo caso, saber que va a morir con cuarenta años de edad aniquila sus ilusiones y sus esperanzas. Le acompañaremos a lo largo de ese día fatídico, donde irá dando la noticia a algunos de sus seres  queridos buscando consuelo, aunque no todos tendrán las reacciones que él esperaba.

Cuatro décadas separan Buenos días, tristeza (1954), de Un disgusto pasajero (1994). Si aquélla se caracterizaba por emplear unos recuros literarios que reflejaban la insultante juventud de la autora, que la escribió cuando tenía 18 años, en la que me ocupa hoy Françoise Sagan demuestra que ha sabido aprovechar los años transcurridos. Se trata de una historia perfectamente construida y con una carga contundente de reflexiones muy acertadas y bien expuestas, aunque terriblemente amargas. Que no es algo que a mí me moleste lo más mínimo, antes al contrario. Para ello nada mejor que enfrentar a un hombre recién entrado en la madurez, el que tradicionalmente se considera el mejor momento de una trayectoria vital masculina, a uno de esos golpes del destino que resultan incuestionables, implacables. Nuestro arquitecto disfruta una existencia terriblemente aburguesada, con esposa oficial, una amante de veintipocos años y una prometedora proyección profesional basada en su trayectoria. Sin embargo el diagnóstico le forzará a enfrentarse su vida y a comprobar los cimientos tan débiles y ridículos sobre los que se construía. En ese sentido, la prosa de Sagan se desarrolla con la agilidad y densidad propia de un flujo de conciencia, aunque el narrador sea en tercera persona. Y naturalmente el cuadro humano que contemplamos es de lo más patético, con todos los personajes alrededor de Matthieu mostrando las actitudes más abyectas que ofrece el espectro de sentimientos humanos: del egoísmo a la indiferencia pasando por la evasión y el rechazo frontal de una noticia que no se puede procesar ni tan siquiera.

He disfrutado mucho el libro, muchísimo, pero tengo que reconocer que el final no me parecido a la altura. De hecho me ha decepcionado una barbaridad y me parece una solución de lo más chapucera. De todas formas parte de la culpa por el desengaño es mía. Si hubiera prestado más atención al título lo habría visto venir. Pero estaba tan asombrado del estercolero de desdicha y mezquindad en el que nos zambulle la escritora francesa que no me he fijado. Al llegar al último capítulo y terminar la novela me he sentido timado. No se pueden enfrentar al lector a tantas miserias humanas, demostrar esa sabiduría al exponer nuestro comportamiento más falsario, y cerrar el texto sin dejarnos ver que ha provocado un cambio en el protagonista. Se puede entender que ha sido así, desde luego, pero en todo caso a mí la experiencia en lugar de sobrecogedora, que es a lo que apuntaba desde la primera página, ha terminado resultándome incompleta.

29 may 2015

Buenos días, tristeza - Françoise Sagan

Imaginaos el escenario: una preciosa villa en la costa mediterránea francesa durante los dos meses de verano, un año cualquiera a mediados de los 1950s. Los protagonistas: Cécile, una adolescente de 17 años que acaba de suspender los exámenes. Su padre, Raymond, viudo, afectuoso y trabajador, pero también frívolo y vividor. A sus 40 años de edad colecciona novias más jóvenes que él, que cambia cada pocos meses. La última, Elsa, les acompaña en las vacaciones. Guapa, pelirroja, indolente, despreocupada, aún no ha cumplido los 30. Cyril, un estudiante de derecho de veintitantos años. Pasa los veranos en casa de su madre en la Costa Azul y se enamora perdidamente de Cécile. Un par de semanas después de comenzar el descanso veraniego se presenta en la casa Anne, antigua amiga de la familia por parte de la difunta madre. También en los 40, guapa, elegante, sofisticada, culta. En pocos días el ambiente se agria, pues Raymond planta a Elsa y anuncia que Anne y él se casarán a principios de octubre en París. Cécile ve amenazado su estilo de vida distendido y sin preocupaciones por este matrimonio. Sin ir más lejos Anne no tarda en pedirle que se olvide de Cyril y  estudie para los exámenes de septiembre, cosa que a tanto a ella como a su padre les traía totalmente sin cuidado. A corto plazo ve sus vacaciones arruinadas; a largo considera que la fuerte personalidad y carácter de Anne va a anularles como individuos. Así pues, decide que ha de deshacerse de ella y para ello maquina un plan demencial -implicando en el mismo a Elsa y Cyril-, para forzarles a romper el compromiso.

Hay un factor muy importante a la hora de evaluar la calidad de esta novela: Françoise Sagan la escribió cuando tan solo tenía 18 años. Al margen de posibles referencias autobiográficas, (que sin duda las hay, pues la novelista era hija de unos adinerados empresarios y ella misma llevaba una azarosa vida repleta de fiestas, alcohol y drogas), Buenos días, tristeza destila una inmadurez y candidez literaria producto inevitable de la extrema juventud de su autora. Esta característica se revela al lector al primer intento de Cécile de perfilar la personalidad de Anne: abundan las frases con ínfulas y los calificativos presuntuosos; el resultado deja bastante que desear porque le falta la experiencia necesaria para caracterizar con acierto sus motivaciones. Con todo y eso, no me parece que sea una mala novela si no olvidamos precisamente que la escribió una adolescente de 18 años. Es más, sin duda es éste el factor que la hace atractiva: refleja exactamente el tipo de preocupaciones e intereses que puede tener una jovencita bien acomodada, caprichosa y de vida resuelta cuando las cosas se le ponen en contra. Y además usa exclusivamente el lenguaje y los recursos al nivel de su madurez. En definitiva, un retrato fidedigno de la edad del pavo y por extensión, de lo ridículo que resulta el comportamiento humano en todos los estadios de la vida. Más reseñas en Un libro al día, que no fallan en mis últimos posts, y Bibliolocura.
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