Saqueando la sinopsis del libro para ahorrarme parte del trabajo de resumir la trama, diré que «Saul Karoo, [es] un guionista en la cincuentena, un cínico retorcido y egoísta, un mentiroso patológico. Lo único que hace bien es destrozar el trabajo ajeno: transforma guiones para amoldarlos a la fórmula hollywoodiense, salvarlos de la ruina económica y convertirlos en una ruina artística. Su vida da un vuelco el día que se embarca en su mayor excentricidad: dejar de pensar en sí mismo y hacer algo por otra persona». Es difícil hacer una descripción más certera del protagonista con menos palabras. No recuerdo haberme encontrado con un personaje más impresentable y despreciable en todas mis lecturas, aunque las cosas como son, esto de por sí no habla de la calidad de la novela. El protagonista puede ser un desalmado o un inepto emocional y encontrarnos ante una historia maravillosa. Recurriendo de nuevo a la reseña editorial ocurre que «Entre carcajadas, acompañamos a Karoo en esta accidentada odisea, incapaces de separarnos de él. Porque aunque es totalmente detestable, Karoo también es terriblemente humano, una versión deformada de nosotros mismos, una víctima de sus miedos y sus defectos, un aspirante fracasado a la felicidad». Según lo veo yo, no es el caso. Este Saul Karoo es un enfermo a todos los niveles: emocional, psicológico y físico. Es egoista, débil de carácter, vanidoso, manipulador, mentiroso, cínico. No solo se deleita en la miseria que él mismo ha ido creando en torno a su persona sino que además rechaza la ayuda que se le intenta prestar para salir de ella. Pero lo peor de todo es que carece de toda empatía y usa a todo
aquél que tiene alrededor en su propio beneficio, sin que los sentimientos de la persona usada/abusada le importen un pimiento y los resultados de su acción parezcan
ocasionarle el menor conflicto moral. Karoo está más cerca de ser un psicópata que alguien «terriblemente humano, [...] una víctima de sus sus miedos y sus defectos». Me temo que me resulta imposible identificarme ni encontrar una versión deformada de mi mismo en un personaje que se dedica a hacer sufrir a todo el mundo debido a que no sabe enfrentarse a sus propias inseguridades.
Pero repito, un protagonista despreciable, malvado, inepto no tiene por qué significar que la novela sea mala. Y sin embargo no se me ocurre calificarla de ninguna otra forma que basura. Nunca he estado más cerca de abandonar un libro en los últimos cinco años y medio que al terminar la primera parte. En ella, Steve Tesich introduce al personaje principal en su medio habitual, Nueva York, y se dedica a rellenar página tras página de estupideces sin gracia que pretende hacer pasar por agudos, divertidos e inteligentes comentarios de la vida moderna (finales de los 1980s-principios de los 1990s) en la capital del mundo. No daba crédito, no podía creer las pamplinas que estaba leyendo, me sentí insultado al leer que comparaban esta bazofia con La conjura de los necios. Algunas técnicas que usa el autor me estaban poniendo de los nervios, por ejemplo, dar ejemplos hasta el aburrimiento después de cada gracieta. Otra que ya he mencionado en otras ocasiones, anclar la acción a la geografía urbana de la ciudad para establecer una conexión entre trama y lector que va más allá de las palabras. La Ochenta y seis con Broadway. El edificio Dakota. Un apartamento en Riverside Drive. El Upper West Side. La calle Ochenta y cuatro, justo al oeste de Broadway. Ni que decir tiene, a mi esas localizaciones no me dicen nada, es más, me molestan por la falta manifiesta de estilo que conllevan.
Total, toda la primera parte aguantando escoria y detritus emocionales procedentes de Karoo, que huelga decir, no me han sacado ni una sonrisa. Le dí una oportunidad a la segunda parte y ahí la cosa tuvo una ligera mejora. Conocemos a personajes que sienten dolor, nos enfrentamos a sus vidas torcidas en mayor o menor medida por el destino, aparece gente normal (y mira que odio este adjetivo) que sufre por problemas reales,... pero ahí sigue Karoo, insistiendo en vivir una vida ficticia sin conexión con la realidad, solo porque él cree que encaja en la idea que tiene de lo que debería haber sido su existencia. Se siguen sucediendo las partes del libro, hasta cinco. La tercera transcurre en España, puro relleno. Un par de líneas revelan a cualquier lector con un mínimo de bagaje y perspicacia el que se supone será el gran conflicto al que tendrá que enfrentarse el protagonista. Cuarta parte, deus ex machina que permite al autor evitar el berenjenal al que se dirigía la trama con ese gran problema que se estaba gestando. Quinta parte, la novela termina de manera absurda y por más que nos haga ver que Karoo sufre, no hay redención posible para él. Junto con el personaje de su ex-mujer, es quizás lo único coherente visto en las más de 550 páginas de una lectura que nunca debería haber abordado. Luego miro reseñas en Internet y la mayoría de los blogs y revistas no muestran reparo alguno en llamar a esta mamarrachada obra maestra. Aquí van como ejemplo un par de entradas que me ha devuelto Google en la primera página: Los tipos duros también leen y Fantasymundo. Que conste que no me sorprende quedarme solo en mi apreciación personal, al menos en Revista Krítica, también entre los diez primeros resultados, tienen la decencia de destacar los aspectos más endebles a su juicio.
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