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29 oct 2019

Grobe Zusammenfassung (8)

Dos meses y se acaba el año. Da un poco de vértigo, ¿verdad? Espero poder retomar el formato clásico de reseñas para cada libro en 2020, pero sinceramente, no las tengo todas conmigo. Bueno en unos meses lo comprobaremos. Por el momento, aquí va el resumen de octubre.

Almas, de Joana Russ. Ya dije el mes pasado que El hombre hembra es una novela bastante insoportable. Sin embargo mi honestidad en cuanto a las opiniones que vierto en el blog debería ser, a estas alturas, conocida por todos. Por eso espero que me creáis si digo que esta colección de textos de género fantástico/scifi es todo lo contrario. El enfoque feminista que parece característico de la autora está también muy presente en estos títulos. Por suerte para el lector son muy originales y tienen desarrollos lineales y coherentes. Nada de experimentos 'New Wave' como el citado un poco más arriba. El volumen incluye una novela corta y cuatro cuentos que datan de principios de los 1980s y abordan cuestiones de género, identidad sexual y las convenciones sociales en cuanto al sexo (creo que hay un par de protagonistas gays, y otra juega con algunas ambigüedades sobre el sexo con menores). Resumiendo, parecen haber salido de la pluma de una persona a quien le gusta escribir y sabe cómo hacerlo bien.

El imitador de voces, de Thomas Bernhard. Relatos cortos a cargo de mi escritor austriaco preferido. Sus temáticas habituales condensadas en un par de páginas como máximo. Críticas a su país y toda la sociedad. El horror de la soledad, la incomunicación, la enfermedad, la muerte. Y con alguna que otra pincelada de humor que sirve de contrapunto a tanta desesperación. Muy recomendable.
Tránsito, de Rachel Cusk. Faye. La escritora protagonista de esta trilogía se llama Faye. El nombre aparece una sola vez en esta segunda entrega, que repite en cuanto a forma el planteamiento de la primera. Estos tres volúmenes se podría definir como una colección de relatos cortos centrados en las relaciones humanas (familiaries, amistosas, de pareja). El nexo común a todos ellos es Faye, quien se encarga de ir introduciendo en la narración a diferentes personas con quienes se va topando a lo largo del día y cuyas historias van componiendo el texto. Y que conste que he dicho los tres con conocimiento de causa: mientras escribo estas notas estoy leyendo precisamente la última entrega: Prestigio. Ni que decir tiene, me está gustanto tanto como los otros dos.

Serotonina, de Michel Houellebecq. ¡Qué ganas tenía de leer este libro! Lo compré en febrero y he estado retrasando la recompensa todo lo posible. En octubre ya no he podido resistirme más. Es la novela de Houellebecq que más me ha gustado desde Plataforma. Volvemos a enfrentarnos a otro de sus personajes protagonistas hundido en la desesperación porque la vida se le está escapando de las manos. Las más de cuatro décadas de existencia en nuestro planeta viviendo en ese monstruo que denominamos sociedad ya no le dejan espacio para la esperanza, mucho menos para la felicidad. Todas las reflexiones que el autor francés nos trae por boca del protagonista, Florent-Claude Labrouste, se sienten como puñaladas y no dejarán indiferente a nadie. Magnífico. ¿Qué consuelo me queda hasta que vuelva a publicar algo nuevo? Más aún, ¿quién me garantiza que mantega este nivel tal excelso?

Una noche en el paraíso, de Lucia Berlin. Más cuentos de esta malograda autora que vienen a rebufo del éxito de Manual para mujeres de la limpieza de hace un par de años. Los relatos no están mal, no es que sean unas castañuelas pero en general tiene un sabor menos amargo que los del volumen anterior. Sabiendo del pie que cojeo, comprenderéis entonces por qué me ha parecido más flojo. El transfondo autobiográfico es bastante evidente, sin embargo casi todos ellos tiene como protagonistas a mujeres jóvenes (todas ellas alter ego en mayor o menor medida de Berlin), que por aquello de la vitalidad propia de los años mozos, todo lo ven con ánimo y esperanza, incluso situaciones y experiencias que observadas desde la distancia resultan bastante amargas. No insisto, se deja leer y entretiene pero como imprescindible, el otro y no éste. 

Nada, de Carmen Laforet. Para empezar esta novela tiene el mérito de haber ganado el primer Premio Nadal que se concedió. Luego hace un retrato magnífico de las miserias de la postguerra en la Barcelona de los 1940s. El hecho de que la protagonista sea una joven adolescente no me ha resultado tan cargante como esperaba. Es verdad que el argumento también recoge los problemas habituales de esa etapa tan complicada del ser humano, que por lo general tienden a interesarme bastante poco. Sin embargo la autora catalana consigue que el drama familiar y existencial se imponga a las pamplinas de la edad del pavo, que incluso en ese contexto tan sobrecogedor de miseria y devastación moral, resultan bien traídas.

24 ene 2019

Extinción - Thomas Bernhard

Franz Josef Murau acaba de regresar a Roma tras asistir a la boda de su hermana Caecilia en su localidad natal, Wolfsegg, en la Alta Austria. Hace años que vive cómodamente autoexiliado en la ciudad eterna, lejos de su adinerada familia, a la que no soporta y que le ha tratado como a un paria desde pequeño. Se disponía a olvidarse de su agotadora y asfixiante estancia en el hogar paterno cuando un telegrama de sus hermanas le informa de que sus padres y su hermano Johannes, futuro heredero de las numerosísimas propiedades, han muerto en un accidente de tráfico. Por tanto se ve obligado a volver de inmediato a Wolfsegg para el entierro y además, para asumir el papel de nuevo señor de la enorme explotación agrícola y ganadera familiar.

Uno de mis propósitos para el 2019 es dar cuenta de todos esos libros que se me van acumulando año tras año ya que por su tamaño, no son prácticos para leer en los trayectos de metro hacia/desde el trabajo. Extinción es uno de ellos y ha sido el primero de muchos (o eso espero), que he leído exclusivamente en casa. Incluído en un volumen doble que también recoge Hormigón, se trata de la novela más extensa de Thomas Bernhard. Más de 400 páginas en las que se despliega su vertiginosa prosa a modo de hilo de conciencia del protagonista-narrador en primera persona. Divida en dos partes, cada una de ellas consta de un sólo párrafo. No hay puntos y aparte. Solo el imparable pensamiento de Murau que al igual que un alud de nieve, resulta incontenible una vez que se lanza a explorar su situación personal y familiar a raíz del desgraciado acontecimiento. La primera, titulada 'Telegrama', transcurre en Roma y le sirve de recapitulación de su vida hasta el momento. La segunda 'El testamento', que se desarrolla en Wolfsegg durante el entierro, le obligará a tomar conciencia del gran cambio que se va a producir en su vida debido a las propiedades que va a recibir.

Creo que ésta es una de las novelas más absorbentes y accesibles de Bernhard. Es cierto que a simple vista la densidad de la escritura y la composición de las páginas impresionan. No hay huecos para descansar la vista, no hay separaciones entre párrafos (¡no hay párrafos¡), no hay espacios vacíos con el fin de línea en los diálogos. Apenas los hay, pero los pocos que aparecen no se despliegan con guiones, cada frase en una línea, sino que se integran en la narración en estilo indirecto. Es decir, nos enfrentamos a 400 y pico páginas repletas de texto desde la primera hasta la ultima. Algo que no es muy habitual hoy día. Y no obstante el autor austriaco exhibe una habilidad asombrosa para hacernos llegar un texto que see lee con una facilidad incomparable, rebosante de su habitual vehemencia a la hora de enjuiciar la sociedad actual. Porque si hay algo que le resulta totalmente necesario es dejar claro los seres tan despreciables que somos. Así pues, palabras de gran significación inundan los pensamientos del protagonista que se debate en actos abyectos, individuos mezquinos, injusticias intolerables, rostros aniquilados o mentiras repugnantes. Y lo terrible del caso es que tiene razón. A pesar de que pueda hacernos ver que su propia existencia le resulta insoportable, el narrador/protagonista nos sorprende a cada poco con divertidísimas reflexiones en las que por lo general, bromea con su propia desgracia o se burla de la mediocridad de todo su entorno. A medida que el grado de indignación va subiendo, llega un momento en que no le queda más remedio que romper bruscamente con esa irritación con un comentario que aunque sin duda resulta  gracioso y ocurrente, esconde un profundo análisis de la naturaleza humana.

Pero que nadie se llame a engaño. Estamos ante una obra que es 100% bernhardiana, así que su objetivo principal es la crítica, una crítica dirigida a la sociedad, empezando por Austria y su pasado nazi (llegando a cotas de infamia muy superiores a las de otras de sus novelas), y continuando con la Iglesia Católica y sus intrigas de poder. Una reprobación del dinero y sus privilegios, un jucio sumarísimo contra la familia y la manera en que los padres o un hogar inapropiado puede llegar a anular a sus hijos. Un grito feroz a favor de la cultura y en contra del desprecio a las artes. La prosa exhibe también sus características habituales, con esas frases larguísimas que dan vueltas y vueltas sobre una misma idea pero que basculan sobre una única palabra. Donde cualquier otro escritor emplearía sinónimos, pronombres o elipsis para no repetirse, Bernhard nos machaca reiterando el mismo término espaciadamente una y otra vez, imprimiendo de esta manera a la lectura una musicalidad y un ritmo inequívos. Una auténtica maravilla, no la puedo calificar de otra manera. Ha sido otra de esas pocas veces en que a medida que he ido vanzando en la lectura, me he empezado a poner de muy mal humor porque era consciente de que me aproximaba irremediablemente al final. Y como por otro lado me era imposible parar, cada vez lo tenía más cerca. A pesar de lo que he disfrutado del libro, no deja de ser una mierda. Tenéis más reseñas en La ciudad sin cines, con un extenso y completo post donde se comentan las dos obras de este volumen, els orfes del Senyor Boix (en catalán) y La guía.

5 may 2016

Hormigón - Thomas Bernhard

Rudolf, 48 años, escritor, enfermo de sarcoidosis pulmonar y a todas luces alter ego de Thomas Bernhard, padece un bloqueo de escritor y no consigue ni siquiera empezar su ambiciosa obra sobre Felix Mendelssohn. Ha pasado los 10 últimos años de su vida recopilando información sobre él, pero aún no ha escrito ni una palabra. Durante ese tiempo ha escrito sobre (Arnold) Schönberg, (Max) Reger y Nietzsche solo por no enfrentarse al hecho de que no es capaz de comenzar su libro del compositor romántico. Refugiado en un caserón familiar en el desapacible invierno del campo austriaco, ha pasado las últimas semanas aguantando las burlas y sutiles desprecios de su hermana mayor, único pariente con vida que le queda y con quien le une una relación de amor-odio desde que eran pequeños. No pueden ser más diferentes, ella triunfadora en el mundo de los negocios inmobiliarios, excelentemente relacionada con las clases más pudientes; él un fracasado, solitario e introvertido escritor dedicado a las actividades intelectuales gracias a que procede de una familia acomodada. Su hermana le sugiere que haga un viaje para desbloquearse, despejarse, huir del frío. Entre otros destinos menciona Palma de Mallorca, que a Rudolf le parece el mejor lugar de todo el Mediterráneo y donde su temperatura incluso en enero le vendrá de perlas a su enfermedad. Así que hace las maletas, una grande con toda la documentación sobre Mendelssohn, otra más pequeña con la ropa y se marcha a la ciudad balear.

Vuelta a mi autor austriaco preferido tras unos meses de ausencia. Hormigón es una novela corta que yo clasificaría entre las más accesibles de su obra. Obsesivo e insistente, vuelve a tocar los temas que le son habituales. Se muestra por un lado misántropo y solitario, insiste en poner de manifiesto su desprecio a Austria, a su sociedad, a sus políticos, a la iglesia católica que todo lo controla. Pero por otro lado se nos presenta como un individuo perseverante que a pesar de sus aparentes actitudes asociales y rarezas como ser humano (que por cierto a mí me parecen que deberían ser los atributos normales de cualquier hijo de vecino, visto el grado de podredumbre que nos rodea a todos los niveles), se resiste a perder del todo la esperanza en sus congéneres. Así pues, reconoce que su hermana no es tampoco la mala influencia que se ha empeñado en vendernos, se muestra encantado con poder pasar una temporada en Palma, no desiste en su empeño de escribir su gran obra. Se repite tanto y se contradice tanto, pero lo hace con tanto desparpajo y con tanto arte, zarandeando al lector de un lado a otro, que incluso me ha hecho reír por momentos.

Resumiendo, me ha encantado. ¿Pero cuándo me ha dejado de gustar nada de lo que escribe Bernhard? Aun en los casos en los que te deja devastado, me parece un escritor extraordinario, tanto en forma como en fondo. Más reseñas en Solo de libros, muy convencional y ligerita, un poco como esta misma; El hundimiento de Kovalski, extensísima, completísima, trata en profundidad todos los aspectos de la novela; y El lamento de Portnoy, muy original y con un sorprendente enfoque a la hora de analizar este libro, que por otro lado es lo habitual en ese blog.

7 nov 2015

Sí - Thomas Bernhard

El protagonista/narrador en primera persona de vive recluído en una casa en un poblacho infame de la Austria rural más despreciable y abominable. Buscando el aislamiento para progresar en un trabajo de investigación relacionado con los anticuerpos, ha ido perdiendo el contacto con la comunidad científica en particular y con el resto del mundo en general. Su única vía de escape con ese aislamiento atroz que le lleva intermitentemente a la depresión y le amenaza con la locura y el suicidio es Moritz, el corredor de fincas que le vendió la casa semiderruida que con los años ha conseguido hacer habitable de nuevo. Tras pasar tres meses sin tener contacto con nadie y en un último intento de huir del espanto en que se ha convertido su vida, visita a su único amigo para sincerarse con él exponiéndole su situación. Durante esta charla, que más bien parece una acusación, los Suizos hacen también una visita a Moritz. Se trata de una pareja madura que acaba de trasladarse al pueblo tras comprar un terreno húmedo, frío, desapacible, en el cual quieren construir una casa donde ¿disfrutar? de la jubilación. El protagonista de pronto se libera temporalmente de su dolor al comprobar que esta pareja, especialmente ella, que no es suiza sino persa, representan un nuevo punto de apoyo: personas cultas, instruídas e inteligentes que le pueden ayudar a hacer su existencia no ya más soportable, sino incluso agradable. Sin embargo, a través de la amistad que establecen y con el conocimiento más profundo de estos nuevos personajes, se irán revelando sorpresas que demostrarán que no es oro todo lo que reluce.

Retomo a Thomas Bernhard con una novela corta de la extensión de los relatos autobiográficos, así que no sé muy bien si he acertado con la etiqueta. Como podéis comprobar el argumento toca las obsesiones habituales del austriaco. Por el lado personal nos habla de penurias, de la soledad, la locura, la depresión, el envecimiento, la muerte... especialmente la muerte. Por el lado social de nuevo la profunda repulsión que siente por Austria y sus habitantes, su incultura, su ignorancia, su brutalidad, su crueldad. Estilísticamente nos encontramos con las habituales repeticiones y frases cíclicas que tan características son de su obra. A pesar de lo desmoralizadores que son los temas que trata, la lectura es bastante ágil (esos anidamientos sintácticos no son tan enrevesados como en otras ocasiones) e incluso se permite algún que otro golpe de humor, muy ácido y muy negro, pero humor al fin y al cabo.
"[...] por esa conciencia de no hacer otra cosa que ir hacia la muerte y porque sabemos lo que eso significa, intentamos disponer de todos los medios posibles para apartarnos de ese conocimiento y así no vemos en este mundo, si miramos bien, más que personas ocupadas continua y perpetuamente en ese apartamiento."
Bernhard realiza un análisis despiadado de la realidad. No deja títere con cabeza en sus observaciones sobre el individuo, la sociedad y las instituciones que se amparan en sus miserias. La relación que une al protagonista con los Suizos, que se aventuraban como redentores de su tormento, se descubre en realidad como una desdicha más en una lista interminable de miserias que le acompañarán mientras viva. Y qué decir del final, en mi opinión otro de esos cierres inmejorables que rubrica a la perfección el texto, dejandote aniquilado y renovado a partes iguales.

A veces pienso que este interés mio por la literatura más desgarradora, donde solo hay dolor y desgracia, tienen algo de patológico. Y de hipócrita también, porque es fácil aproximarse a la inmundicia humana desde un libro, cómodamente tirado en el sofá, ¿verdad? Pero luego recapacito y recuerdo que en casi todos los gestos diarios de mi interacción con el resto de la humanidad se despliegan estrategemas puramente egoistas e interesadas, cada una al nivel que permite el tipo de relación que me une con cada individuo, y a las mayoría de las cuales terminas siendo inmune. Aun así día tras día me veo expuesto a ellas. Es cierto que también hay cariño y sinceridad a veces, probablemente lo único que compensa el resto de la jornada, pero en global, ¿cuánta basura nos vemos obligados a tragar diariamente y a qué ridículo clavo ardiendo nos aferramos para no dejarnos arrastrar por la desesperación? Por eso necesito a Bernhard, porque me hace ver que mi interés malsano en despojar al ser humano de su máscara de humanidad no es una obsesión personal, sino lo único que me mantiene cuerdo. El autor austriaco no tiene pelos en la lengua, nos deja muy claro que esa patética visión ególatra y triunfalista del antropocentrismo que flota en el inconsciente colectivo es simple y llanamente mentira. Más reseñas de esta maravilla, que por cierto que la podéis conseguir por 10 euricos de nada en la nueva colección Edición Limitada de Anagrama, en El hundimiento de Kovalski y La periodica revision dominical. A destacar, no obstante, el vapuleo que recibe en Lecturas comentadas. No deja de ser curioso como un mismo texto provoca sentimientos tan encontrados a lectores diferentes.

31 jul 2014

En las Alturas - Thomas Bernhard

Publicado en 1959, 'En las Alturas' es una de las primeras obras de Thomas Bernhard. Aunque en las etiquetas al final del post he seleccionado 'novela' para definirlo, lo cierto es que no es tan fácil de clasificar. Por un lado se trata de un volumen del tamaño aproximado de sus relatos autobiográficos, en torno a las 120 páginas. Por otro, el contenido no encaja con el concepto estandar de narrativa. Estamos más bien ante un intento de poner por escrito el hilo de pensamiento del autor. Todo lo que le viene a la cabeza, las situaciones a que se enfrenta, las  conversaciones que tiene... todo lo apunta, sin descanso, sea lo que sea. Esta parte está bastante clara porque asistimos a la habitual exhibición de desprecio hacia el ser humano, Austria, la existencia en general. Sus agudos e imbatibles razonamientos ponen contra las cuerdas la omnipresente hipocresía y abyección a que debe (debemos) enfrentarse todos los días.

La redacción se basa en frases cortas dentro de párrafos pequeños que enlazan unos con otros con cierto ritmo e intenciones poéticas. Sin embargo el contenido va cambiando casi a cada par de frases. Esto hace que la lectura sea muy rápida y ágil, aunque cuesta cambiar de contexto con tantísima frecuencia. Podemos identificar una serie de personajes: un profesor del Mozarteum, un mujer casada (y judía) con quien yo diría que éste tiene una aventura, un escritor/periodista, un posadero. La acción se entremezcla a su vez en varias localizaciones: una modesto establecimiento hotelero en un entorno boscoso, los juzgados donde el escritor metido a periodista realiza su trabajo informativo, una ciudad opresiva que no soporta. En fin, todo muy bernhardiano pero en mi opinión, sin pulir. Recomendado por tanto solo para los muy fans. Tenéis una interesante reseña de este libro en El mundo de Kovalski y otra en Miedo a la Literatura, donde se expone una teoría muy atrevida que no está nada mal.

23 dic 2013

Tala - Thomas Bernhard

Tala es un impresionante monólogo interior de mi admirado Thomas Bernhard, en el cual, el narrador/autor da un repaso exhaustivo a la amistad y las relaciones sociales y en menor medida, afectivas. Y lo hace desde la perspectiva y madurez, pues se enfrenta, durante una cena artística en Viena, a quienes eran su camarilla cuando él tenía poco más de 20 años, unos 20-30 años atrás, y a quienes abandonó sin mediar explicación para marcharse a vivir a Londres.

Naturalmente y como no podía ser de otra forma, el austriaco se dedica a revelar las infamias ocultas tras la hipocresía social que dinamiza las relaciones humanas, que si bien está cargada de particularidades por centrarse en la gente y el mundillo del arte (esnobismo, pose, vanidad, superficialidad, búsqueda de la admiración y el reconocimiento público, etc.), puede extrapolarse sin problema a cualquier grupo de amigos, independientemente del rasgo común que les una. En resumen todo el mundo intenta sacar provecho de todo el mundo para satisfacer sus propios intereses, sin remordimientos, sin preocuparse por los devastadores resultados que dicha agresión tiene en las víctimas. Cada uno de los asistentes a dicha cena le permite poner de manifiesto su propia evolución como persona. Así los anfitriones, el matrimonio Auersberger, fueron sus mecenas, pero una vez el narrador ha logrado el éxito más que protectores aparecen como unos monstruos que intentan vampirizar los talentos ajenos. El invitado de gala es un actor del Burgtheater que inicialmente parece un simple totem y fetiche de la vida cultural vienesa, pero que al final se comporta como un bufón que puede permitirse decir unas cuantas verdades sobre la miseria que rodea la existencia de todos ellos. Joana, bailarina y actriz que nunca logró el éxito, su reciente suicidio es el acontecimiento que les ha vuelto a reunir; ella representa el dolor y el fracaso más absoluto del ser humano en todos los aspectos. Jeannie, escritora que fue pareja del narrador y que sigue despertando en él un rechazo insoportable, por la mediocridad de su talento y por personificar su propia decepción del amor. Todo ello por supuesto para regalarnos certeras reflexiones sobre sus obsesiones habituales: la amenaza de la vejez y  muerte y a la vez su poder liberador, el dolor de estar vivo contrapuesto a las pequeñas recompensas que podemos obtener mientras lo estamos, la vileza del ser humano enfrentada a su ocasional genialidad, etc.

En fin, me ha parecido una auténtica maravilla. Además, en esta novela en concreto Bernhard usa con particular habilidad esa característica tan suya que son las palabras que se repiten y anidan cíclicamente en frases consecutivas para resaltar ideas una y otra vez. La lectura pasa a tener algo de experiencia plástica y espacial, con volutas, espirales y cicloides creandose espontáneamente en la cabeza para albergar las ideas expresadas en cada párrafo. Tenéis otras reseñas en Condón Umbilical y en liber, libro, libre. Esta última imita con muy buenas maneras el estilo repetitivo del autor austriaco. Por cierto, el diseño gráfico de la portada de esta edición de Alianza Editorial me parece chulísimo.

3 feb 2013

Helada - Thomas Bernhard

Que Thomas Bernhard no es un autor fácil no es ninguna novedad. Que su prosa puede llegar a ser enrevesada y difícil, tampoco. Como tampoco digo nada nuevo al comentar que se dedica a plasmar en sus obras sus obsesiones particulares: la soledad, la enfermedad, la muerte, la vejez, la locura, el rechazo al Estado, a la vida en el campo, etc. Quizás la única primicia que pueda incorporar en esta reseña es que todos esos componentes alcanzan en Helada proporciones que no había visto en las otras novelas y relatos suyos que he leído con anterioridad.

En esta ocasión, el protagonista es el Sr. Strauch, un pintor ya anciano que pasa sus días en Weng, un desolador pueblo de montaña que en el momento en que trascurre la trama, pleno invierno, sufre temperaturas muy bajas, grandes nevadas y constantes heladas. Sus reflexiones al límite de la cordura nos llegan a través de un estudiante de medicina de veintipocos años que sigue al artista a petición de uno de sus hermanos, cirujano en el hospital en donde el joven hace sus prácticas. La intención del doctor es que su pupilo analice discretamente el estado mental y físico del excéntrico artista, puesto que ambos no se hablan desde hace años.

Al igual que ocurría en Transtorno con el hijo del doctor y el Principe Saurau, en esta ocasión es el estudiante-narrador quien se dedica a transcribir las conversaciones y confidencias que el pintor le hace durante los desesperados paseos que comparten a través de la montaña devastada por el frío y la nieve. Lo cierto es que el clima extremo imprime unas opresivas y claustrofóbicas condiciones de supervivencia tanto a los protagonistas como a los embrutecidos habitantes de la zona, algo que inevitablemente termina por transferirse al lector. Sólo al final y a través de las cartas que escribe a su mentor, conocemos su opinión personal sobre el artista retirado. Pero en esos momentos está ya tan impregnado de su lógica enfermiza e irracional, que en realidad parecen redactadas por el propio pintor.

En fin, no es una lectura sencilla. Por momentos resulta muy complicado seguir los razonamientos del viejo, que tan pronto afirma un hecho como lo niega como deduce la nulidad del mismo a través de una retorcida argumentación. En esos casos nos sentimos como el estudiante, que en sus propias notas indica que no consigue entenderle. Sin embargo por lo general es un placer entregarse a los dictados autodestructivos del pintor, pues ponen de manifiesto la falta de sentido de la vida, la podredumbre de la sociedad, su crueldad, etc. Algo que desde luego, siempre será bienvenido en este humilde blog.

Más reseñas de este libro en El Diletante de Kobernauss y Sólo de Libros.

4 dic 2011

Trastorno - Thomas Bernhard

En uno de los comentarios de mi última reseña sobre un libro de Thomas Bernhard (El Malogrado), otro entusiasta del austriaco recomendaba leerlo al menos cada dos meses. Desde entonces han pasado nueve, así que ya era hora de ponerle remedio. Trastorno es una de las primeras novelas de Bernhard. Formalmente es bastante más accesible que por ejemplo los relatos autobiográficos, ya que el estilo es mucho más sencillo y directo, ¡tiene incluso párrafos y puntos y a parte! Carece además de esas repeticiones obsesivas que caracterizarían su obra posterior, aunque los temas que trata sí que son los mismos con que ya me he topado en el resto de novelas y relatos de su autoría en mi haber: enfermedad y locura, brutalidad y misantropía, aislamiento y soledad del ser humano, el lenguaje y la imposibilidad de la comunicación, la vida en sociedad como manifestación del infierno en la tierra, las primeras pinceladas de su aversión a Austria, etc.

Organizada en dos partes, en la primera el protagonista y narrador, un joven estudiante de Ingeniería de Minas que está visitando a su padre, médico rural, acompaña a éste en sus visitas por la región, siendo testigo toda la miseria y opresión de las vidas de sus habitantes. Al final de la jornada, nuestro doctor tiene previsto visitar al Príncipe Saurau, actual señor de Hochgobernitz (un castillo-fortaleza imaginario pero inspirado al parecer en Burg Hochosterwitz), cuyo relato compone la segunda parte del libro. En ella el narrador se limita prácticamente a transcribirnos las impresiones del Príncipe, que desde una posición de superioridad, tanto física debido a la ubicación del castillo como figurada debido a su privilegiada extracción social y su vastísima cultura, se dedica a dar su opinión sobre los temas que le preocupan, y que en realidad enmascaran apreciaciones filosóficas de interés universal: relaciones familiares, Estado, economía, vejez, enfermedad y muerte, etc. Ni que decir tiene que el Príncipe se encuentra a mitad de camino de la genialidad y la locura, haciendo apreciaciones que a veces he encontrado muy acertadas y en otras ocasiones me han parecido tan vívidas que sólo pueden provenir del delirio de un maníaco-depresivo.

Sobre mi (limitado) conocimiento de Bernhard, diría que esta es una novela perfecta para tomar contacto su estilo, minimizandose el riesgo de que al terminarla reneguemos de él por el resto de nuestros días.

Otras visiones de este libro en Solo de Libros y en Críticas Literarias Regina Irae. En mi opinión los dos blogs han hecho un análisis excelente de Trastorno.

3 mar 2011

El Malogrado - Thomas Bernhard

Tengo la impresión de que El Malogrado es una novela llena de las experiencias personales de Thomas Bernhard. Imagino que realidad cualquier ficción debe contener obligatoriamente al autor en menor o mayor medida, es solo que en este caso me ha resultado muy evidente por haberme zampado recientemente sus Relatos Autobiográficos junto con El Sobrino de Wittgenstein, que no llegué a comentar en el blog por no resultar pesado.

El Malogrado tiene como interés añadido el mezclar personajes reales y ficticios. Así el famoso pianista Glenn Gould, que ilustra la portada de la edición de Alfaguara, es uno de los tres actores principales. Los otros dos son creaciones literarias, o no tanto: Wertheimer como hilo conductor de toda la narración, apodado el malogrado por el anterior, y el narrador, quien comparte muchos aspectos de la personalidad del escritor. A partir de ahí y girando en torno al enfrentamiento vital de los protagonistas con los conceptos de fracaso (Wertheimer, el narrador) y la genialidad (Gould), la novela discurre por los temas y obsesiones habituales de la obra bernhardiana: enfermedad, locura, muerte, soledad, aislamiento, incomprensión, inviabilidad de la comunicación, aversión por Austria y los austriacos, efecto devastador del campo sobre el ser humano, las grandes ciudades como único lugar donde la vida se hace soportable, etc. Estilísticamente tampoco hay sorpresas: ausencia de puntos y a parte, constantes idas y venidas sobre un misma idea a base de retomarla y repetirla cuando ya la creíamos analizada hasta la extenuación, abundancia de frases subordinadas que a veces convierten en una tortura saber de qué demonios habla,... En fin, justo lo que esperaba de mi austriaco preferido.

Más comentarios sobre esta misma novela en Libros y Literatura, La Bitácora de Alena Collar, El Mundo de Kovalski.

23 nov 2010

Un Niño - Thomas Bernhard

Me ha costado, pero por fin he terminado todos los relatos autobiográficos de Thomas Bernhard. Ha sido mi toma de contacto con el autor austriaco, no ha sido una lectura fácil ni agradable, pero es que ni su vida ni su infancia fueron fáciles ni agradables (vaya, sin darme cuenta me ha salido una repetición típicamente bernhardiana). A pesar del mal trago, me declaro desde ya admirador incondicional de su obra. Me rindo a esa mezcla de amargura y lucidez, a sus reiteraciones y sus piruetas con las palabras, a su inmediatez y a la denuncia inmisericorde de la hipocresía de la sociedad. Su facilidad para llamar a las cosas por su nombre -sin metáforas, sin dobles sentidos-, ha conseguido cautivarme.

Curiosamente, en Un Niño, el último del lote, la prosa de Bernhard se vuelve sencilla en comparación con las primeras entregas. Han desaparecido practicamente por completo aquellas frases que giraban, se retorcían y se repetían a lo largo de toda la historia. Nos enfrentamos a una redacción bastante clara y directa. Los dos primeros tercios del relato son además bastante simpáticos, sorprende leer páginas y páginas en que se narran historias de su infancia y que presentan al escritor como un pilluelo, un niño tremendamente revoltoso, impulsivo, alocado e inteligente que hace una trastada tras otra. No obstante, en el tercio final esta aparente felicidad se quiebra brutalmente. Las travesuras en realidad desesperan a su madre, que no sabe qué hacer con su hijo. El maltrato físico y psicológico a que ella le somete cae como un mazazo sobre el lector. También sufre abusos en colegio y por parte del régimen nacionalsocialista. Toneladas de la peor mierda de la que es capaz el ser humano se vierten sobre nuestras conciencias. No puedo sino admirar que de tanta fatalidad, de tantísima desgracia y humillación haya podido salir alguien tan entero, tan admirable.

Ya estoy seleccionando algunas novelas suyas para regalarmelas en Navidad.

5 nov 2010

El Frío - Thomas Bernhard

A pesar de que días atrás dije que aparcaría momentaneamente esta lectura, la curiosidad y la tremenda atracción que siento por sus reflexiones han hecho que vaya leyendo a ratitos la siguiente entrega de los relatos autobiográficos de Thomas Bernhard: El Frío. Un Aislamiento. La técnica ha sido sencilla, leer hasta empezar a notar el malestar que provocan todas las desgracias acumuladas en sus páginas. No sé si a base de exponerme cada vez a más cantidad de penas y horrores estoy inmunizandome, pero lo cierto es que he podido con las apenas cuarenta páginas en tan solo tres intentonas. Y eso que para empezar, el austriaco se recrea sin miramientos en el sufrimiento físico de los tuberculosos del sanatorio de Grafenhof, describiéndonos con pelos y señales su miserable existencia y haciendo que durante páginas y páginas todo gire en torno a las analíticas, la expectoración, los esputos, las manchas de los pulmones en los rayos-X, la muerte de pacientes.

El análisis implacable de la conducta ser humano está presente de nuevo a lo largo y ancho de todo el relato. Dada su delicada salud y forma de ser, Bernhard se centra sobre todo en sus vilezas, a veces como espectador y en muchas otras ocasiones como actor que las sufre en sus carnes, pero también es cierto que hay numerosos ejemplos de la nobleza que ocasionalmente va encontrando aún en los lugares más inhóspitos. A pesar de su desdichada situación, deteriorada por un mal diagnóstico de los responsables de Grafenhof, empeorada por nefastos profesionales médicos que le aplican incorrectamente nuevos tratamientos y agravada por la muerte de su madre por cáncer (enfermedad que le fue diagnosticada demasiado tarde), Bernhard decide luchar contra el trágico destino que todos suponen ya irremediable. Harto de tratamientos y de envenenar su cuerpo con medicamentos de dudosa efectividad, consigue sutilmente que se los retiren ya que advierte que solo él puede ser el artífice de su mejoría. Como bien cita el propio autor a modo de prefacio del libro:

Toda enfermedad puede llamarse enfermedad del alma.
(Novalis)

15 oct 2010

El Aliento - Thomas Bernhard

Si en El Sótano Thomas Bernhard nos contaba cómo había logrado encontrar algo de felicidad en la Austria de la postguerra, en El Aliento. Una Decisión nos relata la manera en que la fatalidad vuelve a apoderarse de su existencia.

Lo que en principio fue un simple resfriado se transforma, por ser ignorado durante meses, en una grave afección pulmonar que casi termina con su vida. En esta nueva entrega, Bernhard nos cuenta su terrible experiencia en la sala de desahuciados de un hospital de Salzburgo, de cómo desde allí lo trasladaron a una habitación especial a donde sólo iban aquellos pacientes cuya muerte se consideraba inminente, y de como solo su voluntad irreductible de no dejar de respirar fue lo que evitó su deceso. Por si esto no fuera suficiente desgracia, su abuelo, la persona a quien más quería y con quien tan unido se encontraba, fallece mientras él estaba ingresado. El lado bueno de todo esto es que consigue acercarse afectivamente a su madre, pero excepto quizás este detalle, todo se presenta muy negro para el austriaco. Durante su estancia en el hospital se crea una imagen nefasta sobre los profesionales médicos: le resultan engreídos, arrogantes y totalmente indiferentes al sufrimiento de los pacientes. En definitiva, despreciables. Para empeorar aún más su impresión, tras superar las fases más graves de su enfermedad Bernhard es trasladado a un sanatorio para pacientes con problemas respiratorios, donde lamentablemente se contagiará de tuberculosis.

Me temo que de momento no puedo seguir afrontando lecturas tan deprimentes, así que al terminar este libro decidí cambiar a algo más ligero en lugar de continuar con las dos últimas entregas. Y que conste que me gusta su estilo, con esas repeticiones de palabras y esa densidad intelectual presente en cualquiera de sus frases. Me gusta, sí, incluso coincido con él en muchos de sus análisis despiadados de la humanidad, pero es que estamos en octubre, hace frío, muchos días llueve y hay cada vez menos horas de luz. Prefiero atravesar el otoño con algo que me entretenga y me haga evadirme, aunque sea sólo un poquinín. Con lo que llevo leído hasta el momento, tengo claro que Bernhard no es una buena opción.

Otras reseñas en Melibro.com y en Brecha, aunque en realidad en este último se comentan los cinco relatos que forman esta autobiografía de su juventud.

1 oct 2010

El Sotano - Thomas Bernhard

"Mi familia, que no fue jamás una familia, porque todo en aquellas personas, interior y exteriormente, estuvo siempre, y siempre durante toda la vida, en contra del concepto de familia, era una colección de parientes consanguíneos, que se alojaban en el único piso que todavía tenían a su disposición, nueve personas que no podían verse ni soportarse ya, y que sólo esperaban de mi madre y de su marido, mi tutor, que los mantuvieran con vida, que mi tutor, qué ocurrencia, ganase dinero para los nueve, y mi madre, qué ocurrencia, cocinase día tras día para los nueve. Detestaban su situación, pero no la cambiaban. Todos se habían hecho con el tiempo molestos para todos, y la falta de esperanzas había consumido pronto su capacidad afectiva e intelectual"

Esta era la situación familiar de Thomas Bernhard cuando tenía unos dieciséis años. Es esta época su familia se reune al completo y se van a vivir todos juntos a Salzburgo. La pequeña vivienda en la que se instalan hacen que la convivencia no sea especialmente fácil, sin embargo es en esa época cuando el autor pudo ser felíz por primera vez en su vida. El instituto católico le estaba amargando la existencia y le dejaba prácticamente como única salida el suicidio, así que el austriaco decidió tomar las riendas y romper con todo lo que le venía dado. Una mañana en lugar de entrar a las clases, se dio la vuelta, abandonó los estudios y acudió a la oficina de empleo, donde encontró su primer trabajo: aprendiz en una tienda de comestibles situada en un sótano de Scherzhauserfeld, el barrio más marginal de todo Salzburgo.

A pesar de la dramática situación personal de sus moradores, rodeados de delincuencia, alcoholismo, enfermedad y muerte, Bernhard se sorprende de su franqueza y falta de hipocresía, tan habitual en la sociedad bien y tan destestada por él. El trabajo en los ultramarinos es duro y muy exigente físicamente, sí, pero lo disfruta. Se da cuenta de sus habilidades comerciales y para tratar con la gente. Los clientes le aprecian, buscan su compañía y sus comentarios y bromas son siempre bien recibidos. En definitiva, ha escapado del infierno salzburgués y en ese foco de marginalidad que la ciudad considera el infierno (o la antesala del infierno), Bernhard es felíz.

Esto sí que no me lo esperaba, El Sótano. Un Alejamiento es un contrapunto de esperanza tras la vorágine de deseseperación que supuso el comienzo de la autobiografía de Bernhard. Miedo me da pensar en lo que me puedo encontrar en la siguiente entrega, El Aliento. Una Decisión.

Otras reseñas en La Coctelera, y en Solo de Libros, donde se comentan todos los relatos.

27 sept 2010

El Origen - Thomas Bernhard

En la primera entrega de su autobiografía, Thomas Bernhard repasa sus experiencias mientras era escolar y estudiante de secundaria. La verdad es que no estaba muy seguro de cómo abordar las reseñas sobre estos relatos, si comentarlos uno a uno o bien con un solo post una vez finalizados los cinco. Tras terminar El Origen. (Una Indicación) me he quedado tan desolado que he preferido ir poco a poco para poder asimilar más facilmente tantísimas desgracias. Y es que haber vivido la II Guerra Mundial en la Austria anexionada al III Reich no debió de ser plato de buen gusto para cualquier persona con un mínimo de sensibilidad, y menos todavía para un joven solitario que acaba de entrar en la adolescencia.

El libro se compone de dos relatos, Grünzkranz y El Tío Franz. En el primero arremete contra la brutalidad del nazismo desde la perspectiva del alumno que es educado en dicho régimen; en el segundo hace lo mismo contra las maneras del catolicismo, que tomó control de Salzburgo tras la victoria aliada. Según el autor, aunque distintos en el fondo, eran idénticos en las formas. Citando sus propias palabras:

"Así, en el internado y en esa, como se denomina a Salzburgo con clarividencia, Roma alemana, fuimos primero educados para nuestra perdición y, día tras día, para la muerte en nombre de Adolf Hitler, y luego, después de la guerra, en nombre de Jesucristo, y el Nacionalsocialismo tuvo en todos esos jóvenes el mismo efecto devastador que ahora el Catolicismo."

No hay ni un solo punto y aparte en ninguna de las dos mitades. Por suerte la densidad de la prosa de Bernhard se combina con la brillantez de su análisis. Estilísticamente este escritor es muy particular, ya que sus textos se desgranan repitiendo cada poco alguna palabra clave de la narración, retomando así con frecuencia una idea ya expuesta con anterioridad. Buscar una similitud visual comparándolo con volutas o espirales no me resulta suficientemente preciso. Yo mas bien lo equiparo a una trocoide lingüística (y perdón por el palabro), porque como en estas curvas, se avanza en los hechos, sin embargo llegado un momento y con cierta periodicidad se vuelve a zonas que ya habíamos recorrido, y por tanto se retrocede, aunque sólo para seguir progresando tras dar una vuelta extra sobre algún punto que ya se había tratado, pero que es necesario recordar brevemente para que sepamos por qué estamos en este punto de la narración.

Todo el libro es terriblemente sombrío y deprimente, repleto de sufrimiento, desgracias y muerte. Un horror vaya, pero también es de una lucidez extrema, porque Bernhard no deja títere con cabeza y denuncia sin miramientos la hipocresía de la sociedad de su ciudad, Salzburgo, que por extensión es la hipocresía de toda la humanidad. Me ha gustado tanto y hago propias tantas de sus observaciones, que habría copiado extractos del mismo hasta casi reproducirlo por entero. Y tampoco es eso.

Hay una reseña de estos dos primeros relatos en MeLibro. En Literaturas hay un artículo sobre este autor que da buenas pistas sobre su vida y su obra, y para terminar, en la Revista de Cultura Ñ también podemos leer sobre este conjunto de relatos.
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