7 nov. 2015

Sí - Thomas Bernhard

El protagonista/narrador en primera persona de vive recluído en una casa en un poblacho infame de la Austria rural más despreciable y abominable. Buscando el aislamiento para progresar en un trabajo de investigación relacionado con los anticuerpos, ha ido perdiendo el contacto con la comunidad científica en particular y con el resto del mundo en general. Su única vía de escape con ese aislamiento atroz que le lleva intermitentemente a la depresión y le amenaza con la locura y el suicidio es Moritz, el corredor de fincas que le vendió la casa semiderruida que con los años ha conseguido hacer habitable de nuevo. Tras pasar tres meses sin tener contacto con nadie y en un último intento de huir del espanto en que se ha convertido su vida, visita a su único amigo para sincerarse con él exponiéndole su situación. Durante esta charla, que más bien parece una acusación, los Suizos hacen también una visita a Moritz. Se trata de una pareja madura que acaba de trasladarse al pueblo tras comprar un terreno húmedo, frío, desapacible, en el cual quieren construir una casa donde ¿disfrutar? de la jubilación. El protagonista de pronto se libera temporalmente de su dolor al comprobar que esta pareja, especialmente ella, que no es suiza sino persa, representan un nuevo punto de apoyo: personas cultas, instruídas e inteligentes que le pueden ayudar a hacer su existencia no ya más soportable, sino incluso agradable. Sin embargo, a través de la amistad que establecen y con el conocimiento más profundo de estos nuevos personajes, se irán revelando sorpresas que demostrarán que no es oro todo lo que reluce.

Retomo a Thomas Bernhard con una novela corta de la extensión de los relatos autobiográficos, así que no sé muy bien si he acertado con la etiqueta. Como podéis comprobar el argumento toca las obsesiones habituales del austriaco. Por el lado personal nos habla de penurias, de la soledad, la locura, la depresión, el envecimiento, la muerte... especialmente la muerte. Por el lado social de nuevo la profunda repulsión que siente por Austria y sus habitantes, su incultura, su ignorancia, su brutalidad, su crueldad. Estilísticamente nos encontramos con las habituales repeticiones y frases cíclicas que tan características son de su obra. A pesar de lo desmoralizadores que son los temas que trata, la lectura es bastante ágil (esos anidamientos sintácticos no son tan enrevesados como en otras ocasiones) e incluso se permite algún que otro golpe de humor, muy ácido y muy negro, pero humor al fin y al cabo.
"[...] por esa conciencia de no hacer otra cosa que ir hacia la muerte y porque sabemos lo que eso significa, intentamos disponer de todos los medios posibles para apartarnos de ese conocimiento y así no vemos en este mundo, si miramos bien, más que personas ocupadas continua y perpetuamente en ese apartamiento."
Bernhard realiza un análisis despiadado de la realidad. No deja títere con cabeza en sus observaciones sobre el individuo, la sociedad y las instituciones que se amparan en sus miserias. La relación que une al protagonista con los Suizos, que se aventuraban como redentores de su tormento, se descubre en realidad como una desdicha más en una lista interminable de miserias que le acompañarán mientras viva. Y qué decir del final, en mi opinión otro de esos cierres inmejorables que rubrica a la perfección el texto, dejandote aniquilado y renovado a partes iguales.

A veces pienso que este interés mio por la literatura más desgarradora, donde solo hay dolor y desgracia, tienen algo de patológico. Y de hipócrita también, porque es fácil aproximarse a la inmundicia humana desde un libro, cómodamente tirado en el sofá, ¿verdad? Pero luego recapacito y recuerdo que en casi todos los gestos diarios de mi interacción con el resto de la humanidad se despliegan estrategemas puramente egoistas e interesadas, cada una al nivel que permite el tipo de relación que me une con cada individuo, y a las mayoría de las cuales terminas siendo inmune. Aún así día tras día me veo expuesto a ellas. Es cierto que también hay cariño y sinceridad a veces, probablemente lo único que compensa el resto de la jornada, pero en global, ¿cuánta basura nos vemos obligados a tragar diariamente y a qué ridículo clavo ardiendo nos aferramos para no dejarnos arrastrar por la desesperación? Por eso necesito a Bernhard, porque me hace ver que mi interés malsano en despojar al ser humano de su máscara de humanidad no es una obsesión personal, sino lo único que me mantiene cuerdo. El autor austriaco no tiene pelos en la lengua, nos deja muy claro que esa patética visión ególatra y triunfalista del antropocentrismo que flota en el inconsciente colectivo es simple y llanamente mentira. Más reseñas de esta maravilla, que por cierto que la podéis conseguir por 10 euricos de nada en la nueva colección Edición Limitada de Anagrama, en El hundimiento de Kovalski y La periodica revision dominical. A destacar, no obstante, el vapuleo que recibe en Lecturas comentadas. No deja de ser curioso como un mismo texto provoca sentimientos tan encontrados a lectores diferentes.

2 comentarios:

Maqroll dijo...

Muy buenas. Soy seguidor habitual de este blog y no he podido evitar escribir algo, precisamente a colación de esta "obrita maestra", pues hemos coincidido exactamente en la lectura estos días. En mi caso puedo lamentar que ya sólo me quedan 2 obras por leer de Bernhard (otra exquisitez breve como "Los comebarato" y su en teoría GRAN obra "Extinción"), las voy retrasando por miedo a cuando no tenga nada más (y nada menos) que releer a este autor, tras extinguirme con Extinción.
Solamente destacar de Bernhard algo que siempre he defendido y discutido: su disimulado (a veces flagrante) sentido del humor, en unos textos que invariablemente tratan de la incomunicación del ser humano, de sus miserias y de su acabamiento, con reiteradas alusiones al suicidio y a la irrevocabilidad de la soledad humana.
De todo lo leído me quedo en primer lugar con sus "Relatos autobiográficos" y con "Corrección", pareciéndome precisamente esta "Sí" un complemento maquiavélico a "Corrección", su cara oscura, su reinterpretación dentro de la miseria de esas vidas que nos describe.

Enhorabuena por el blog. Seguiré visitándolo.

Cities: Moving dijo...

@Maqroll: Yo por suerte aún tengo bastantes obras de Bernhard que leer, Corrección y Extinción entre ellas (por cierto está última editada por Alfaguara en un volumen doble super jugoso junto con Hormigón, caerá en breve). De lo que he leído de momento me quedo con Tala y los Realtos autobiográficos, sin duda. Muchas gracias por tu comentario y encantado de tenerte como lector.

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