30 ago. 2018

El clavo - Rob Zombie, Steve Niles y Nat Jones

Rex Hauser es más conocido como «El Clavo» en el marginal mundo de la lucha libre profesional norteamericana de cuarta o quinta categoría. Estando de gira por pueblos de Dakota del Norte, acompañado por su mujer e hija adolescente, se tropiezan con un mini ejército motorizado de seres salidos del infierno. Resultan ser los acólitos de El Inquisidor, un cazabrujas puritano que persiguió hasta esas tierras a algunos colonos acusados de brujería y huídos de Salem en el siglo XVII. Víctima de una maldición de aquellos a quienes pensaba ajusticiar, intentará volver a la vida consiguiendo 69 doncellas vírgenes. Pero lo que no sabe es que Rex es un tipo mucho más duro de lo habitual.

No me voy a andar con rodeos, si compré El Clavo fue por el morbo de leer un cómic de Rob Zombie, a quien sigo desde el álbum La Sexorcisto cuando White Zombie empezó a ser conocido fuera del underground. Que según consulta previa a la Wikipedia fue 1992, nada más y nada menos. Este cómic contiene un poco de todo lo que siempre le ha gustado a este artista tan polifacético: las historias de terror con satanismo, broncas y mucha acción. El guión lo coescribió con Steve Niles, tan popular en el medio que hasta en este blog se ha reseñado ya alguna de sus publicaciones. La verdad es la historia es bastante simple y predecible, pero siempre resulta entretenido volver al cliché de los moteros asesinos procedentes del averno (casco con los símbolos rúnicos de las Waffen-SS incluído, por supuesto).

El apartado gráfico es cosa de Nat Jones, quien colabora habitualmente con Niles. La verdad es que los dibujos son espectaculares, super detallados y capaces de expresar a la perfección el dinamismo que requieren las peleas. Se muestra especialmente habilidoso con los desmembramientos por traumatismo y las decapitaciones. Sin duda los estallidos de sangre que los acompañan harán las delicias de todos los aficionados al gore. Resulta difícil de creer que el corazón humano sea capaz de provocar esas explosiones incontrolables de fluidos acuosos más propias del espectáculo de la fuente mágica de Montjuïc, ¿pero a quién necesita verosimilitud en un cómic de terror satánico? Tenéis más reseñas en Cincodays.com, The Sky was Pink y Escrito en el viento.

26 ago. 2018

Sin palabras - Edward St. Aubyn

Hoy me ahorro tener que resumir la trama de Sin palabras porque la sinopsis editorial está tan ajustada al contenido que voy a fusilarla tal cual:
"Cuando el parlamentario Malcolm Craig accede a presidir el comité del premio literario Elysian lo hace motivado por intereses que nada tienen que ver con la literatura. Junto a otros cuatro jueces deberá elegir el libro del año, y utilizará cualquier artimaña para lograr imponer su criterio. Los miembros del jurado discutirán, regatearán y se engatusarán unos a otros con el único objetivo de que su favorito obtenga el galardón. Y mientras los jueces discuten, negocian y regatean, un grupo de escritores desesperados espera impaciente el veredicto. Entre ellos se encuentra un maharajá millonario que aspira al estrellato literario, un autor primerizo que sufre de mal de amores y una escritora brillante y rompecorazones profesional que, gracias a la incompetencia de su editor, puede perder la oportunidad de adquirir tan preciada gloria."
Despues de exorcizar sus demonios personales y familiares con 'Las novelas de Patrick Melrose' (ver los volúmenes El padre y La madre), Edward St. Aubyn cambia complemente de registro y nos ofrece una sátira disparatada sobre el mundo de los premios literarios en la más genuina línea del humor británico. En su ficha editorial lo equiparan a Oscar Wilde, P. G. Wodehouse y Evelyn Waugh, que son sin duda palabras mayores, pero me alegra decir que por una vez, las referencias no son gratuitas ni un reclamo fácil para incautos. Es más, veo a esos tres ilustres literatos y añado a Tom Sharpe de mi cuenta, porque hace años que no recuerdo haberme reido tanto con un libro como con éste. El autor británico compone una novela coral plagada de personajes estrambóticos con personalidades contrapuestas con la intención de facilitar el choque y el desmadre. Los jueces tienen su propia agenda oculta para que el premio recaiga en sus preferidos, por lo que no dudarán en emplear todo tipo de tretas para condicionar el voto de sus colegas. Los escritores participantes, todos ellos dotados de egos hipertrofiados, se enfrentarán a acontecimientos fortuitos que complicarán todavía más la carrera para quedar ganadores. Evidentemente hay una crítica muy clara al mundillo de los premios literarios y también al negocio editorial. Sin embargo está hecha con tanta gracia y tanto ingenio que queda relegada a un segundo o tercer plano frente a las alocadas tramas.

St. Aubyn aprovecha muy bien todas las posibilidades que da el argumento para incluir referencias intertextuales. Así durante el demencial proceso de selección de finalistas podremos leer extractos de algunas de las obras concursantes. Por ejemplo 'questasmirando', realismo social sucio que emula el estilo de Irvine Welsh, solo que escrita por un aristócrata escocés. O 'Un año en la naturaleza', un absurdo canto a la vida en el bosque donde sólo hay descripciones y que nos hace pensar irremediablemente en David Henry Thoreau. Pero sin duda donde lo borda es en el personaje de Didier, un ensayista francés pedante a más no poder y a medio camino entre Michel Foucault y Jacques Lacan. Sus perspicaces pero contradictorias reflexiones sobre semiótica o el capitalismo me han hecho pasar vergüenza en el metro por las carcajadas incontenibles que me han provocado.

En definitiva, un libro que aúna golpes de humor desmadrado con una fina ironía para poner en evidencia las vergüenzas del mundo literario. ¿Puede haber mejor manera de hacernos ver que este tipo de premios no hay que tomárselos demasiado en serio? Yo diría que no, ¡bien por St. Aubyn! Tenéis más reseñas en Entre montones de libros y notodo.com, donde han disfrutado tanto como en mi caso. Ahora que no todo el monte es orégano: en Babelia ponen esta novela a caer de un burro, pero como no soy de enlazar a grandes medios, si tenéis interés en saber qué opinan de ella tendréis que buscar el artículo vosotros mismos.

22 ago. 2018

Todo lo que tengo lo llevo conmigo - Herta Müller

Rumanía participó en la II Guerra Mundial alineándose con los nazis. Hubo algunos movimientos políticos internos durante la contienda que provocaron un cambio de bando, y tras la victoria aliada, el país cayó en la órbita de supervisión de la URSS. Los soviéticos exigieron entonces la deportación de todos los rumanos de origen alemán para que ayudasen a la «reconstrucción» del estado comunista. El escritor y poeta Oskar Pastior fue confinado durante cinco años en un campo de trabajo en Ucrania. Todo lo que tengo lo llevo conmigo se basa en las experiencias que acumuló en ese trágico periodo de su vida, entre los 17 y los 22 años.

Herta Müller no es una desconocida en Das Bücherregal, aunque han tenido que pasar más de cuatro años para volver a animarme a leer otra de sus novelas. La premio Nobel de 2009 vuelve a ofrecernos en este libro una historia capaz de destrozar anímicamente al más optimista. No se trata de una lectura agradable, pero me parece que es completamente necesaria para que no se nos olviden las infamias que forman parte indisoluble de la esencia del ser humano. Porque si algo demuestra este libro es que la crueldad es probablemente el rasgo que mejor nos caracteriza como especie. Eso no quita que a nivel individual se den muestras de bondad, solidaridad y empatía. Pero se trata de actos singulares, que solo hablan bien de quien los realiza. Hambre, frío, enfermedad, muerte, vejaciones y humillaciones componen el día a día tanto de Leopold Auberg, protagonista y alter ego de Pastior, como del resto de trabajadores forzosos. Un trozo de pan por la mañana y un plato de sopa de col por la noche. Tareas de gran exigencia física en entornos insálubres, peligrosos y tóxicos. Condiciones climatológicas adversas todo el año. Turnos de 12 horas o más. Así día tras día durante cuatro años. El último año, probablemente con la vista puesta en su próxima liberación, empezaron a recibir un sueldo por su trabajo, lo cual les permitió comprar comida y ropa para de esa manera, resultar más presentables al volver con sus familias. La desvastación física, y sobre todo, psicológica, acompañó a los supervivientes el resto de su vida. Su forma de relacionarse y experimentar la realidad quedó por tanto herida de muerte, y actos tan simples como comer en familia se transformaron en torturas para todos los comensales.

Esta escritora se caracteriza por frases simples y breves que dispara como dardos. Sujeto, verbo y un par de complementos le bastan. Si hay subordinadas de relativo yo no las recuerdo. Enumeraciones y yuxtaposiciones le bastan para ir componiendo los capítulos, que por lo general y quizas para hacerlos medianamente soportables, también son bastante cortos. El texto gira y gira en torno a ideas obsesivas que se apoderan de Leopold debido a la brutalidad a que se ve sometido. Un Ángel del hambre que sobrevuela a todos los deportados y los persigue noche y día. La presencia constante de la muerte en los rostros de los internos a causa de la degradación física que provoca la enfermedad. Los actos ruines que los más desalmados llevan a cabo para sobrevivir a costa de los individuos más débiles. Las patéticas muestras de dignidad o actos puntuales de venganza con que intentan mantener la cordura ante las constantes abusos a que se ven sometidos. Y quizás lo que más doloroso me ha parecido: la indiferencia ante lo que sucede, bien del personal soviético que controla el campo, bien la que deben adquirir los propios internos para poder resistir.

Solo se me ocurre agradecer a esta autora que haya escrito este libro, imprescindible para que no olvidemos el grado de vileza que es capaz de alcanzar el hombre. Debido a su dureza he sido incapaz de leer poco más que unas cuantas páginas en cada sentada. Aun así estoy encantado de haberlo hecho. Más reseñas en Solo de libros, que suscribo de cabo a rabo, El placer de la lectura y Literatura Alemana. Curiosamente toda la blogosfera y medios digitales insisten en el carácter poético de la prosa de Frau Müller que, a decir verdad, yo no he visto por ninguna parte. Aunque tampoco hace falta para reconocer el mérito que tiene esta obra.

18 ago. 2018

El tren de las 3:10 a Yuma y otros relatos del Oeste - Elmore Leonard

Animado por la buena experiencia que supuso leer Hombre y Que viene Valdez el verano pasado, no me lo he pensado demasiado y este mes de agosto he dado cuenta del El tren de las 3:10 a Yuma y otros relatos del Oeste. Se trata de un volumen con quince relatos cortos a cargo de Elmore Leonard que al igual que ocurriera con sus novelas, me han dejado un excelente sabor de boca. Yo soy el primero que asociaba las novelas y relatos del oeste a literatura pulp de cuarta o quinta categoría. Ocurre sin embargo que los cuentos de tenemos opción a leer aquí tratan cuestiones de validez universal, con la particularidad de que transcurren en unas coordenadas espacio-temporales muy concretas: la segunda mitad del S. XIX en el estado de Arizona. Así pues, los protagonistas de los mismos entrarán dentro del rango de habitantes que podríamos encontar en ese contexto. Tenemos honestos tenientes destacados en alguna reserva india, exploradores indios o mestizos en nómina del ejército y comprometidos con el bienestar de los suyos, bienintencionados oficiales bisoños cuyo primer destino es un puesto fronterizo, ayudantes del sheriff de trato amable, vaqueros siempre dispuestos a echar una mano a sus compañeros, etc. El elenco de secundarios sigue esta estela pero al otro lado de espectro moral: violentos guerreros apaches, buscadores de minas de oro sin escrúpulos, salteadores de diligencias mezquinos, desertores asesinos, cuatreros perversos, etc. Evidentemente en estas condiciones el conflicto está servido y la diversión asegurada.

En el prólogo que antecede a esta colección se indica que Elmore se apoyaba en la Historia norteamericana para dotar de verosimilitud a sus relatos. Por tanto de cuando en cuando somos conocedores de la participación de algunos de los personajes en famosas batallas de la Guerra de Secesión o en las que diezmaron a las naciones indias, todo ello convenientemente aclarado en notas a pie de página. También se deja notar la proximidad de México tanto en los personajes como en el vocabulario, salpimentado de palabras en castellano. Incluso algún cuento de ambientación fantástica tiene elementos históricos procedentes de la época de los conquistadores españoles. Pero no solo en la recreación de la atmósfera se nota el gran talento de este autor. Los argumentos que se desarrollan son originales a más no poder, algo que sorprende en un subgénero que está super machacado por los miles de westerns que habremos visto en el cine y televisión. De todas formas aparecen con mucha frecuencia elementos de Bildungsroman (o Bildungskurzgeschichte, dada la extensión de los textos): ya sea como protagonista o secundario, suele aparecer casi siempre algún personaje joven que se ve enfrentado a la brutalidad del oeste y forzado a madurar a base de las experiencias más traumáticas. Por cierto que los finales están especialmente cuidados, muy inteligentes y coherentes con la realidad de los participantes en el relato.

La única objeción que puedo poner tiene que ver con las descripciones de los paisajes. Tengo que reconocer que la mayoría de las veces me ha resultado prácticamente imposible imaginar con cierta consistencia las praderas, los desiertos o los cañones en que se sitúa la acción. A medida que transcurre la acción, los desplazamientos de los personajes entre mesetas, desfiladeros, bosquecillos y torrenteras se me antojaban imposibles, aunque quizás se trate de una dificultad mía exclusivamente. La cuestión es que como tienen mucho peso, imagino que con ánimo también de hacer la narración más creíble, se me han hecho bastante pesadas. En cualquier caso este pequeño inconveniente no le resta ningún valor al tomo, y si os apetece leer algo ligero pero no insustancial, no os lo penséis dos veces y haceros con él. Tenéis una reseña de este libro, exhaustiva y completísima, en El mar de tinta.

14 ago. 2018

Satin Island - Tom McCarthy

A mediados de los 1990s, U. realizó un estudio académico sobre la cultura del clubbing durante 2-3 años que posteriormente condensó y publicó como libro. Esto le otorgó cierta notoriedad y llamó la atención de Peyman, jefe máximo de La Compañia, una firma especializada en estudios antropológicos empresariales, quien no dudó en ponerle en plantilla. Al margen de asignarle a diferentes proyectos, le dio total libertad para redactar El Gran Informe, un documento que habría de recoger la realidad de la sociedad del S. XXI. Cuando comienza la narración, La Compañía acaba de ganar el ambicioso proyecto Koob-Sassen, del que no se puede revelar gran cosa por cuestiones de confidencialidad, y en el cual U. por supuesto tomará parte.

No he terminado yo de cogerle el punto a Satin Island. En realidad y siendo honestos se me ha escapado por completo. No he visto ni por asomo esa obra maestra de la que hablan lo medios y la blogosfera. Nada de ingenio, nada de lucidez, nada. Si de verdad es cierto que Tom McCarthy ha logrado en este libro que data de 2015 explicar la sociedad contemporánea, entoces yo debo vivir totalmente al margen de ella. Y algo de eso hay en la medida que me es posible. Pero independientemente de mi desvinculación voluntaria de la realidad, la actualidad y el progreso, es que no he podido cogerla por ningún sitio. No le he encontrado sentido, ni me ha parecido inteligente. Y mucho menos me ha dado la impresión de que revele un pimiento sobre la época que nos ha tocado vivir.

Para empezar tanta vagedad en el planteamiento no ayuda nada a que se produzca una identificación con la historia. El protagonista es una inicial. El nombre de la compañia para la que trabaja no se da a conocer. De ese gran proyecto que acaban de ganar no se puede contar nada, ni tampoco es que se sepa gran cosa. El contexto en que se desarrolla es también bastante infame. No todo el mundo es consultor, lo cual no excluye que un consultor pueda ser un personaje interesante siempre que nos podamos reflejar en él, que no es el caso. Todo resulta muy ridículo y muy falso a poco que rasquemos: viajes, conferencias y grandes proyectos transnacionales no son más que vapor, humo, pamplinas. Ese escenario está tan agotado que su uso me ha causado mucho bochorno. La mayoría del mundo tiene trabajos totalmente intrascendentes en los que no se codean con las grandes esferas del poder y la economía. Y sus problemas, sus dinámicas, sus infamias en definitiva, nos quedan muy lejos. Todas estas situaciones de alto nivel estragégico en multinacionales, gobiernos y grandes corporaciones, bla, bla, bla, resultan muy poco atractivas y los personajes están muy lejos de provocar empatía. Y si es así es porque McCarthy ni siquiera lo intenta. 

Pero no nos estanquemos aquí, que hay mucha tela que cortar todavía. No contento con no decir nada sustancioso en todo el libro (me juego el cuello a que en algún sitio se podrá leer que precisamente ahí reside su magia, que justo ésa es la esencia de la realidad global actual), McCarthy nos quiere hacer más cultos aportando mucho contenido enciclopédico a través de cientos de párrafos que podrían ser artículos de antrolopología salidos directamente de la Wikipedia. La tribu aquella de Papúa Nueva Guinea, los instrumentos rituales de los aborígenes de allá, las aportaciones de Lévi-Strauss, Malinowski y otros tantos al desarrollo de esa ciencia. Y un larguísimo etcétera. Ni que decir tiene, estos artículos no tienen nada que ver con el argumento. Pero claro, si es que no hay argumento como tal, ¿qué más da entonces lo que se escriba? A los artículos wikipédicos se suman elementos de la vida personal del protagonista que le permiten también hacer exhibición vanidosa de sus habilidades a la hora de buscar información en Internet y de esa forma, generar el contenido a una novela. Bueno, es un poco arriesgado etiquetar esto como novela. Digamos mejor artefacto narrativo avant-garde. El cáncer de tiroides de su amigo Petr. Las bizarras aventuras de su amante Madison en una manifestación anti G8 en Italia. Los análisis sobre urbanismo y movilidad que hace su compañero de trabajo Daniel. Y sus cavilaciones sobre las mareas negras y los vertidos incontrolados de petróleo en el mar, o las generalidades que concurren en los accidentes de paracaidismo. Que por algo U. es antropólogo y su campo de interés es todo lo humano.

Si seguimos quitando cosas que sobran o no aportan nada, lo cierto es que nos quedamos sin libro. Por si todo lo anterior no fuera suficiente, hay tal sobreabundancia de símiles y comparaciones innecesarias que solo eliminándolas, nos fundimos aproximadamente el 50% de esta publicación tan inclasificable. Porque McCarthy es de esos autores que consideran que cada vez que expone una idea, tiene que incluir dos, tres o más frases aclaratorias para que no nos queden dudas sobre lo que trataba de decir:
[...] digamos que una de esas monedas está deteriorada, o es un poco diferente, debido a alguna rareza del acuñado -por cómo se encontraba una pare de la máquina el día que fue moldeada, porque una mota de gravilla se abrió paso hasta la mezcla, podríamos mencionar un centenar de factores distintos causantes de la permutación-, [...]
Estoy muy seguro de que efectivamene podria haber incluído al menos cien factores distintos, pero es que ni siquiera los dos que incluye, ni la aclaración que viene de seguido, aportan un pimiento a la narración. Sobran, Mr. McCarthy, sobran. Y por desgracia es así todo el rato. Ejemplos, aclaraciones y símiles inncecesarios todo el rato. Desde la primera hasta la última página. ¿No le han dicho nunca a este escritor que todo lo que aparece un una novela tiene que ser esencial para entenderla? ¿Que lo que se escribe no se debería poder eliminar porque supondría dejar de comprender el mensaje? Pues no es el caso que me ocupa hoy. Se puede sacar la tijera y cortar sin mesura que con la mitad de lo escrito el resultado sería el mismo. Igual de insustancial, por supuesto, pero menos arrogante, que no es poca cosa. Claro que si aceptamos que no se trata de una novela al uso, ¿quién soy yo para decir lo que se puede o no se puede hacer en una muestra de literatura conceptual como ésta? Resumiendo, una lectura de lo más enriquecedora y estimulante, pues sin duda simboliza la frustración del lector contemporáneo ante una gran estafa literaria. Y viene con el sello de "Recomendados 2016" de la red de bibliotecas de la Comunidad de Madrid. De chiste. Para loas y alabanzas, echad un vistazo tras los dos puntos: El lamento de Portnoy, Los libros de luces y Ni un día sin libro. Al menos en Notas literarias son conscientes de que el libro se escapa a lo convencional y es muy posible que no guste a todo el  mundo.

10 ago. 2018

El mejor de los mundos - Quim Monzó

El mejor de los mundos es otro volumen de narrativa breve a cargo del ínclito Quim Monzó. Incluye un total de trece cuentos y una novela corta. No voy a poder decir nada nuevo respecto a lo que ya comenté hace unos meses con Guadalajara, ya que tanto a nivel temático como estilistico, el conjunto de textos incluídos en este tomo repite las que parecen ser las características inequívocas de su obra. Así pues, las tramas reflejan situaciones muy cotidianas en las que se introduce un elemento extraordinario, tanto en el sentido de poco habitual como de sobrenatural. Pero la reacción de los protagonistas es aún más fuera de lo común, conduciéndose por sendas surrealistas y/o fantásticas que provocan el asombro en el lector. En ocasiones, Monzó retuerce las historias hasta extremos perversos, de manera que del asombro se pasa a la perplejidad, con giros de la acción inquietantes, capaces de demoler nuestro marco de referencia de la realidad y provocar cierta angustia ante lo desconocido. Algo que en mi opinión demuestra su gran creatividad y talento.

El libro se divide en tres partes. La primera comprende siete relatos en los cuales se pone de manifiesto la hipocresía inherente a las relaciones famliares y personales. La tercera incluye seis cuentos más, que despliegan temáticas más inclasificables pero siempre con tintes fantásticos e insólitos. Mención especial merece la novela corta, titulada 'Ante el rey de Suecia' y que se sitúa entre los dos bloques anteriores. En algo menos de cien páginas el autor catalán nos presenta a un poeta maduro, eterno aspirante al Nobel de literatura, que ante un cambio en la normativa legal sobre alquileres, se enfrenta a una subida la renta mensual que compromete su economía. Decidido por tanto a cambiar de vivienda, recorrerá Barcelona de cabo a rabo y en el proceso se enfrentará a las situaciones más dispares. Puesto que tengo El otoño en Pekín bien fresco, me ha resultado muy fácil reconocer en ella muchos de las características del surrealismo. Por un lado tienemos un humor extraño que explota elementos fuera de lo común; abundan las situaciones absurdas, imposibles; incorpora tipismos urbanos que se rizan hasta resultar perturbadores; imposible obviar la crítica a ciertos aspectos de la sociedad, en especial al mundo literario; y la acción va saltando entre asuntos relacionados entre sí, pero sin un leitmotiv concreto, haciendo pensar en la escritura automática. Una joya que me ha hecho pensar irremediablemente en Boris Vian.

En resumen, una maravilla; entretenidísimo y super fácil de leer. Con esa prosa clara y directa que tiene Monzó, las páginas pasan una tras otra sin que te des cuenta y cuando de pronto se acaba el libro solo se te ocurre preguntar: ¿no hay más? Tenéis otras reseñas en Cuchitril Literario, donde son muy fans del escritor catalán, La estantería de Núria y Revista de Libros.

6 ago. 2018

El Inca de Marte - Ian Watson

En su carrera expansionista por conquistar el Sistema Solar, la Unión Soviética se ha decidido por terraformar Venus y EEUU quiere hacer lo propio con Marte. No obstante, para dejar clara su posición dominante, los rusos han sido los primeros en enviar una nave no tripulada al planeta rojo. El centro de seguimiento soviético pierde el control de la Zayits cuando está regresando y entrando en la atmósfera terrestre, así que en lugar de aterrizar en cualquiera de las repúblicas que componen la URSS, acaba en el Altiplano boliviano. La sonda espacial se estrella junto a un pueblín andino donde Julio Capac, un joven y ambicioso lugareño, celebraba una fiesta a la que había invitado a todos sus conciudadanos. Ni que decir tiene, todos van rápidamente a ver qué es ese objeto que ha caído junto al cementerio. Los que entran en contacto directo con él y con los restos de arena roja que traía caen rápidamente enfermos. Tras avisar a las autoridades locales, el ejército monta un hospital de campaña, pero excepto dos personas, todos fallecen de lo que parece ser algún tipo de meningitis de origen desconocido. Uno de los supervivientes es Julio, que huye a las montañas y se oculta en una cueva antes de perder el conocimiento. La otra es Angelina Sonco, una joven de quien nuestro hombre está enamorado, que ha permanecido escondida en su casa protegida por sus padres y un curandero. Pasados unos días, saldrán del coma con una conciencia aumentada que les permitirá evaluar el mundo y sus condiciones cambiantes con unas habilidades sobrehumanas. Julio se autoeregirá como Rey Inca e intentará restablecer el poderoso imperio que diezmaron los conquistadores españoles en el S. XVI, poniendo así punto final a la inestabilidad política de su país. Mientras todo esto ocurre, la nave norteamericana Pionero, tripulada por tres hombres, se dirige a Marte con intención de modificar su clima y terraformar el planeta en un tiempo record. Lo ocurrido en Bolivia no escapa a los servicios de inteligencia estadounidenses, que ante el miedo a que sus astronautas sufran esa extraña enfermedad al llegar a Marte, iniciarán una carrera desesperada por descubrir las razones por que Julio y Angelina no se han visto afectados por la infección extraterrestre.

Me ha dado fuerte con Ian Watson. Difícil será que a final de año no reciba el galardón especial al mejor autor que he descubierto en 2018. El británico se lo está poniendo muy, pero que muy complicado al resto de autores que caen en mis manos. Para empezar, las tramas que ingenia son súper originales, hiladas a la perfección y con una prosa nítida, impecable, lo cual hace que la lectura sea un placer y los capítulos se ventilen a una velocidad de vértigo. En El Inca de Marte aparecen de nuevo tres hilos argumentales, al igual que ocurría en las dos anteriores que he leído este año. Sin embargo, en esta ocasión me ha quedado la sensación de que los límites no están tan marcados, por tanto no resulta descabellado agrupar en uno solo tanto la acción que transcurre en la Pionero, como las implicaciones del equipo de seguimiento e inteligencia de EEUU en relación a los sucesos de Bolivia. En cualquier caso, ya sean dos o tres, el resultado final no se ve afectado y sigue siendo tan adictivo como en aquellas.

Aunque estemos ante una obra de ciencia ficción, los aspectos especulativos relacionados con Marte se basan en información fidedigna, o al menos fidedigna en el momento en que se consultó, pues las teorías sobre la naturaleza de los planetas cambian a medida que hay medios más adecuados para su estudio. Tanto es así que Watson se vio obligado a reescribir parte de la novela con las galeradas ya impresas debido a un descubrimiento que echaba por tierra los fundamentos de lo que había escrito. En el prólogo que precede a la novela, el autor nos habla del proceso de documentación que llevó a cabo a mediados de los 1970s para poder escribirla y en sus dificultades para informarse sobre el Imperio Inca. La seriedad y rigurosidad con que este escritor abordó esta tarea en un mundo sin World Wide Web ni Wikipedia, da idea de su inigualable profesionalidad, por si con el talento no nos bastaba.  

Ian Watson siempre ha tenido inquietudes políticas (socialistas más concretamente, ver la entrevista de JotDown), así que no es de extrañar que la historia contenga muchos elementos que reflejan la realidad político-social del momento. Para empezar, la tensión que existía entre los dos grandes bloques durante la Guerra Fría se deja notar en todo momento. Igualmente, la violencia estructural endémica en América del Sur hace acto de presencia a lo largo del texto, aumentando de esta manera los visos de verosimilitud de la novela. También a través de los tripulantes de la nave norteamericana se dejan notar críticas veladas al imperialismo yanqui y a la hipocresía que destila el estilo de vida americano. En resumen una novela estupenda que vuelve a convencerme de la calidad de este escritor. Tengo más esperando en casa, pero por no repetirme y así reservarme las próximas para cuando necesite recurrir a un valor seguro (cruzo los dedos), me daré unos meses de margen hasta la siguiente. En esta ocasión no puedo recomendaros otras reseñas porque o no las hay, o no he podido encontrarlas.

2 ago. 2018

El otoño en Pekín - Boris Vian

Amadis Dudu sale a trabajar como todas las mañanas. Cuando depués de muchos intentos frustrados consigue coger el 975, no se puede bajar en su parada porque el autobús sigue circulando por la carretera sin parar hasta llegar al desierto de Exopotamia. Ana (que es un hombre) y su novia Rochelle salen a bailar y se pasan en su coche a recoger a Ángel, amigo íntimo del primero y enamorado perdidamente de la segunda. Cuando vuelven de la sala de fiestas atropellan a Cornelius Onte, que iba ser el ingeniero jefe encargado de la construcción de un ferrocarril en Exopotamia. Tras el accidente le será imposible hacerlo, así que convence a Ana, que también es ingeniero, para que ocupe su lugar. Con él se marcharán a trabajar al desierto su novia y su amigo como secretaria e ingeniero ayudante. Claude Léon es un oficinista insignificante que en un arrebato comete un crimen con la pistola que había adquirido en el mercado negro para su jefe. Como el ciclista a quien ha matado era un opositor al sistema, el abad Petitjean le ofrece un puesto vacante de anacoreta en el desierto de Exopotamia para evitar la prisión. Unos, otros y muchos otros personajes más terminarán juntos en ese extraño país, donde conocerán a Atanágoras Pórfirogeneta, arqueólogo jefe de una excavación que tiene lugar en aquellos lares.

De nuevo ocurre que no tengo ni idea de dónde cogí yo la referencia de Boris Vian. La cosa es que tenía pendiente acercarme a alguna de sus novelas porque en algún lado había leído maravillas de él, así que hete aquí que hoy estoy comentando El otoño en Pekín. Se trata de una novela coral, con una trama disparatada y sinsentido repleta de imágenes imposibles y actos irreverentes y absurdos. La narración tiene mucho de escritura automática, con desarrollos que van enlazando ideas relacionadas entre sí pero que se van dispersando del objetivo inicial. Súmale a esto los paisajes oníricos y la absoluta libertad moral de los temas tratados, y tenemos un texto que se encuadra perfectamente dentro de los parámetros literarios del Surrealismo.

Hay muchas características del libro dignas de mención. El humor es sin duda es una de las más importantes. Un humor muy poco convencional que utiliza enfoques alejados de la lógica y que provoca la risa por al extrañeza que causa en el lector. Vian hace un uso extraordinario de los dobles sentidos y los juegos de palabras para hacernos reír (lo cual me hace pensar en el excelente trabajo de traducción que lleva detrás). Por otro lado, el contenido es muy crudo y violento. Los insultos, las agresiones y los crímenes se suceden uno tras otro y son causados por accidentes, la pasión o como reacción a los abusos de los poderosos. ¿Y qué decir de total libertad y falta de tapujos con que se tratan temas sexuales? El malogrado escritor francés no se reprime lo más mínimo e incluye coitos, tocamientos a menores, exhibicionimo y homosexualidad en la trama. Con un lenguaje muy explícito, nada de sugerencias veladas o insinuaciones. Si mal no recuerdo hay al menos tres personajes homosexuales. El de mayor peso en la acción es despreciado constantemente por su condición, pero en uno de los últimos capítulos es merecedor de unas reflexiones estremecedoras por lo acertadas, progresistas y comprensivas que son con este colectivo marginado históricamente. Precisamente este sería uno de los ejemplos de otro de los rasgos a destacar en esta novela: la crítica descarnada que hace a las convenciones sociales. El efecto alienante del trabajo, la lacra que suponen las religiones, los abusos del capitalismo o la estupidez de la burocracia, todos reciben certeros comentarios que apuntan a su nefasta influencia a la hora de configurar la sociedad actual, que anula la posibilidad de ser feliz al ser humano.

En resumen, me ha resultado una lectura tremendamente original. Aunque hay partes algo más densas, ganan los diálogos por mayoría, lo que hace que se dé cuenta de ella con rapidez. Admito eso sí que la sobreabundancia de personajes hace que por momentos cueste saber quién es quién. Factor éste último que de ninguna manera afecta a la impresión final, que es positiva al cien por cien. Y un apunte final, ¿Pekín? ¿Por qué Pekín si yo juraría que esta ciudad no se menciona ni una sola vez? Y lo mismo pasa con el otoño... Bueno, no importa, sin duda volveré a su obra. Ya veremos si resiste. Tenéis más reseñas en Párrafos perturbados y Me encanta leer.
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