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6 mar 2022

Guignol's band - Louis-Ferdinand Céline

Seiscientas cuarenta páginas. Esa es la extensión de la edición de Lumen que he leído de Guignol's Band. El tamaño de las páginas es generoso, no lo es tanto el del tipo de letra. Tampoco el interlineado desaprovecha mucho espacio. Acostumbrado a novelas en torno a las 300 páginas de media, he decir que me sentía un poco abrumado al empezar esta lectura por su densidad y volumen. Incluso en algún momento he tenido mis dudas sobre si iba a terminarla (os adelanto que así ha sido). Así que vamos a ver en qué ha consistido la experiencia recurriendo al formato de reseñas extendidas que estrené en 2020. De hecho la cosa ha cobrado tanta entidad que he decidido asignarles una nueva etiqueta: EP.

I. Antecedentes
Mi toma de contacto con la obra de Louis-Ferdinand Céline a principios de marzo de 2013 fue absolutamente asombrosa. Nunca había leído nada tan apasionado, tan inmediato, tan vertiginoso. Tanto es así que un mes después repetía con él y conocía a Ferdinand Bardamu, cuya historia finaliza en el libro que me ocupa hoy. La razón por que llegué a plantearme no terminar el libro es exactamente la misma que maravilló cuando lo conocí: el estilo tan particular de este autor. No es que no me guste la voracidad que transmite, la rabia que destila o la angustia tan vital y reconocible que proyecta. ¡Al contrario, me encanta! Es descarnada, sí, pero es honesta. El problema es que evoca exactamente las mismas sensaciones que las otras tres otras novelas suyas que he leído. ¿Que cambian los acontecimientos que se narran? Eso desde luego, pero al fin y al cabo el autor francés está repitiendo un modelo que le reportó notoriedad, pero que para mí ya ha perdido la chispa de novedad.

II. La trama
Un tribunal médico militar ha declarado inútil para el servicio a Ferdinand (Bardamu), a quien ya conocíamos de Viaje al fin de la noche y Muerte a crédito. Las heridas sufridas en la I Guerra Mundial le han dejado un brazo inservible, tiene metralla en la cabeza que le provoca migrañas diarias y acúfenos que apenas le dejan dormir, sufre caídas contínuamente debido a pérdidas del equilibrio. En definitiva se le ha reconocido una discapacidad del 80% con tan solo 22 años. Cuando sale del hospital se marcha a Londres. Allí entrará en contacto con los bajos fondos y el mundo de la prostitución de la mano de Cascade, un proxeneta francés pariente de un soldado al lado de quien Ferdinand combatió. La precariedad de la vida en esa gran ciudad, las malas relaciones y la inconsciencia e impetuosidad propia de la juventud le harán vivir experiencias arriesgadas, peligrosas y dementes.

III. Estilo
No me queda más remedio que repetir las características de su prosa, tal cual las señalaba en las reseñas de las otras obras suyas que he leído. Como mencionaba más arriba, no hay variación alguna: frases cortas separadas por puntos suspensivos, abuso de interjecciones llenas de imprecaciones; cero sofisticación sintáctica, que aun así es capaz de transmitir emociones complejas, contradictorias, absurdas, auténticas, reconocibles por todos nosotros; uso constante de insultos, groserías, lenguaje arrabalero y un argot con abundantísimos préstamos de caló.

IV. Análisis
Los hechos que se relatan se inspiran en la vida del autor, quien residió en Londres entre 1915-1916. El libro se divide en dos partes; es más, Céline tenía planes de escribir una tercera pero no llegó a hacerlo. En la primera asistimos a una serie de peripecias protagonizadas por Ferdinand y otros personajes del entorno de Cascade. Vividores, delincuentes, prostitutas, policías corruptos o incendiarios simpatizantes del anarquismo se lanzan a aventuras disparatas y cruentas que terminan convenciendo a nuestro hombre de la necesidad de alejarse de ese grupo tan poco recomendable. Es entonces cuando conoce a Sosthène, un aventurero cincuentón que le propone viajar al Tíbet en busca de una flor mística. Para financiar dicha expedición, en la segunda parte (titulada originalmente 'El puente de Londres'), ambos empezarán a trabajar en el desarrollo de máscaras de gas como ayudantes de un adinerado inventor inglés que quiere presentarse al concurso organizado por el Ministerio de Guerra para descubrir la máscara más segura y eficaz.

El nivel de violencia que se expone en esta novela supera con creces a lo que recuerdo de las anteriores entregas. Es verdad que las otras dos narraciones destilan mucha amargura, dolor, frustración y pena, y que los acontecimientos no son precisamente amables con Ferdinand en ninguna de ellas. Pero es que aquí asistimos a palizas, incendios provocados, atentados con explosivos, violaciones y asesinatos brutales sin descanso. Si a esto le sumamos toda la marginación, la pobreza, el hambre y la enfermedad que los rodea se concluye que no es una lectura agradable, por más que por momentos pueda resultar disparatada. De hecho hay varios episodios alucinatorios que aproximan el relato a lo fantástico, sin que en ningún momento Céline se ofrezca ni la más ligera pista del origen de los mismos (¿quizás otro problema más de salud del protagonista?). Esto hechos inexplicables se me han hecho basante pesados, lo reconozco, pero al final me he terminado acostumbrando al ritmo y el tono y no me ha supuesto ningún esfuerzo terminar de leer el libro. Además de fondo tenemos el propósito incansable del protagonista por obrar correctamente a pesar de su desdichas y de un entorno que lo lleva por el mal camino. Esa batalla está inclinada hacia el mal por todo el rencor que le guarda a la vida por lo mal que lo ha tratado. Pero al verse contra las cuerdas, surge una bondad brusca y repentina que no puede acallar. Y ese conflicto me resulta tremendamente adictivo.

V. Conclusión
Visto en restrospectiva, Viaje al fin de la noche me parece más que suficiente para aproximarse a la obra de Céline. Si no fuera porque en su momento me compré también 'Fantasía para otra ocasión' y 'Normance', no tengo del todo claro que volviera a leerlo.

VI. La edición de Lumen
Me compré la primera edición de Lumen, que es una auténtica maravilla. Sus buenos euros que pagué por ella en Iberlibro, aunque desde luego nada que ver con las tres cifras que se piden por las que hay a la venta en el momento de redactar esta reseña. A pesar de lo voluminoso de su tamaño es super cómoda de manejar. Viene repleta de información en las notas al pie de página, que por suerte aparecen en su justa medida para no cansar ni interrumpir la lectura a cada frase. Por un lado nos aclaran las refencias históricas que menciona el texto, y por otro nos revelan información de interés sobre Céline y su obra, ya sea para referenciar los otros dos tomos protagonizados por Ferdinand, o para revelar fallos y errores narrativos en ésta. Un trabajo bárbaro del ínclito Carlos Manzano que fue reconocido con el premio de traducción Ángel Crespo en 1998.

21 dic 2021

Valle inquietante - Anna Wiener

No tenía intención de hacer una reseña tan larga, pero como me he ido enredando sin darme cuenta he preferido retomar el formato de epígrafes numerados que he estrenado en 2021 para intentar agrupar ideas y que sea más comprensible (o eso espero). Allí voy, pues.

I. La trama
La autora/protagonista de Valle inquietante se incorporó al mercado laboral como asistente en una editorial de Nueva York. A pesar de que tanto su vocación como su formación universitaria la situaban en ese sector, tras dos años en ese puesto no le quedó más remedio que reconocer que su carrera no tenía muchos visos de progresar. Así que en 2013 decidió probar suerte en el mundo de las startups tecnológicas, tan en auge en aquellos años. Empezó en una empresa que prometía revolucionar el mercado editorial a través de un modelo de suscripciones, pero duró bastante poco. Animada por sus tres jóvenes ex-jefes se mudó a San Francisco, cuna de Silicon Valley y meca de miles de recién titulados en carreras técnicas, que peregrinaban a esa ciudad de la costa oeste dispuestos de aplicar sus grandes conocimientos a ideas rompedoras destinadas a mejorar el mundo. A lo largo del libro veremos como Anna Wiener toma conciencia del verdadero papel de las startups en la sociedad, que por desgracia se caracterizará más por las sombras que por las luces.

II. Fundamentos
Para alguien con un rechazo tan marcado a las tecnologías de la información y las comunicaciones como yo, un libro que se presenta como el relato en primera persona de una trabajadora de las startups se prometía una joya. Es cierto que llevan años escuchandose voces críticas sobre los riesgos de las redes sociales, la captura de datos no autorizada de los navegadores o la publicidad no deseada en Internet (por mencionar solo unas pocas prácticas habituales pero cuestionables), con lo cual no es que fuera a contar nada nuevo. Pero en cualquier caso al tratarse de una experiencia contada desde dentro, tenía toda la pinta de ser una delicatessen para quienes escoramos al neoludismo. Bien, no voy a negar que Wiener apunta cuestiones de gran calado sobre la ética de las startups, los inversores de capital riesgo que las financian o la moral super laxa de los jovencísimos CEOs, CTOs y empleados, pero por desgracia se pierden en el marasmo de preocupaciones propias de una mujer adulta joven que está buscando su lugar en el mundo y enfrentándose por primera vez con las dificultades propias del mercado laboral. Y ese interminable girar en torno a sí misma, que por darle un nombre innovador podríamos calificar de 'autobiografía de crecimiento' o Bildungsautobiografie, consituye el 80-90% del libro. Supongo que a los lectores en la veintena-treintena, algo así les será de utilidad porque les permite reconocerse. Pero a mí personalmente toda esa problemática me queda muy lejos, de ahí que la lectura me ha resultado tremendamente insustancial. Aunque no todas las molestias vienen por el tema tratado (que se resume en 'Anna Wiener y sus cosas'), sino también por el estilo.

III. La obra
Wiener escribe sobre su vida y su experiencia en las startups como si de un folleto de marketing de una empresa tecnológica se tratara. Es aséptica y simple. No transmite emoción ninguna. Da la sensación de querer exponer los problemas que causa este modelo empresarial, pero desde un distanciamiento y con una frialdad tal que hace que te preguntes si de verdad le importan los terribles efectos de sus aplicaciones y productos en la sociedad. Ese papel de observador no participante, sin implicación, se complementa con su marcado interés en no molestar. En no decir nada demasiado visceral que pueda ofender a alguien o bien crearle problemas a ella misma. De ahí por ejemplo que no se mencione el nombre de ninguna compañía en todo el libro. Se limita a repetir constantemente descripciones para que podamos identificarlas: la super tienda online; un conglomerado de software con sede en Seattle; la red social que odiaba todo el mundo; el gigante de los buscadores de Internet; la compañia de análisis de datos; la plataforma de microblogging, y un largo etcétera. Por otro lado, su prosa exhibe características muy molestas y por desgracia habituales en muchos escritores jóvenes pero que se pueden resumir con una sola palabra: vanidad. Un claro ejemplo es la exhibición gratuita e innecesaria de sus conocimientos (name y brand dropping para que sepamos la marca de un vino, el tipo del restaurante al que van o el plato que se van a comer, pasando por el nombre del cantante o del grupo que están escuchando). Detalles totalmente irrelevantes que inundan todos los párrafos y que no aportan ab-so-lu-ta-men-te-na-da. Y tampoco nos olvidemos de la sobreabundancia de símiles y comparaciones para que reconozcamos su gran inventiva y originalidad, ¿para qué poner solo uno si podemos poner tres? Pues bien, para Babelia estamos ante uno de los 50 mejores libros de 2021. Ahí es nada.

IV. Contexto socioeconómico
La propia autora se encarga de hacernos sabe que procede de una familia de clase acomodada, tanto es así que casi se disculpa por no haber tenido que pedir un préstamo para afrontar sus estudios universitarios, que pagaron sus padres al completo. No resulta extraño pues, que sus críticas al sistema sean tan tibias. Por más que mencione el machismo y la discriminación que sufre la mujer en las startups, no deja de presentarlo como un problema coyuntural contra el que poco puede hacer ella. Su toma de conciencia con los problemas reales que estas empresas están creando en San Francisco (gentrificación, alquileres desorbitados, especulación inmobiliaria, desplazamiento de los residentes originales, etc.) se expone con una indiferencia que resulta ofensiva. En todo caso esa indolencia resulta más fácil de entender al conocer sus orígenes. He de reconocer que lo más probable es que la culpa de haber sufrido este descalabro sea mía por haber esperado un panfleto incendiario en contra del tecnocapitalismo después de leer el resumen editorial, cuando en realidad de lo que se trata es de las afectadísimas memorias de una pija que trabajó en Silicon Valley cuando era veinteañera.

V. Conclusión
En definitiva, el interés de este libro, si es que tiene alguno, lo encontrarán los millenials que quieran verse reflejados en una de los suyos en uno de sus momentos de gloria, aunque sean de un agridulce relativo que solo apreciarán los que han nacido en muy buenas familias. Wiener ha tenido una oportunidad estupenda para poner en entredicho el modelo capitalista que conduce a que jóvenes de poco más de veinte años manejen millones de dólares y busquen riqueza y poder sin mostrar muchos escrúpulos a la hora de conseguirlo. Pero acomodada en el colchón de un sueldo de seis cifras, y con una red de seguridad familiar muy bien afianzada, lo ha dejado pasar y se limita a narrar su crecimiento personal con algunas pinceladas críticas aunque muy respetuosas con todo el mundo. Las frustraciones que se producen inevitablemente tras entrar en el mundo adulto han sido narrada por todas las generaciones. Visto el resultado aquí, no creo que resulte difícil encontrar obras de escritores de más talento.

14 mar 2021

Amatka - Karin Tidbeck

No hay premeditación alguna, pero desde que empezó 2021 es un hecho que una vez al mes las cosas se conducen de tal manera que me veo escribiendo una reseña especialmente larga, la cual, por intentar ordenar, prefiero redactar con apartados. Aquí va la de marzo.

I. Preliminares
Hubo un tiempo en que el aficionado a la ciencia-ficción lo tenía muy fácil y muy claro cuando se trataba de distopías. 1984, Un mundo feliz y Fahrenheit 451 eran las referencias canónicas que existían en el subconsciente colectivo como arquetipos de este subgénero. De esa manera era fácil reconocer que La fuga de Logan y Edicto Siglo XXI: Prohibido tener hijos también lo eran. Pero las cosas han cambiado mucho desde aquel entonces. Entre finales de los 1990s y principios de los 2000s, el término distopía ha perdido su significado original, que se ha difuminado y desvirtuado hasta límites insospechados. Con la proliferación de medios culturales digitales y blogs, a fecha de hoy se califica de distopía a cualquier obra de ficción que transcurra en un futuro no muy lejano, independientemente de cual sea la realidad humana en ese contexto que se anticipa. Hay quien incluso considera que ni siquiera es necesario que una obra sea de ciencia-ficción para etiquetarla como distopía. Caso especial lo tenemos en lo que anteriormente se definía como ciencia-ficción post-apocalíptica, que ha pasado a ser denominada sistemáticamente distopía, o en el mejor de los casos distopía post-apocalíptica. La serie original de películas de Mad-Max se catalogó en los 1970s y 1980s como lo que es: ciencia-ficción post-apocalíptica. Sin embargo a la superproducción de 2015 Mad Max: Furia en la carretera, esa etiqueta se le quedaba pequeña y en muchos medios catalogó como distopía. Y a nadie chistó. Otro tanto pasó con La carretera: Google me devuelve 58.300 entradas si añado "distopía" al título y menos de la mitad, 27.800, si lo sustituyo por "apocalíptica".

A partir de ahí y una vez abierta la veda, no hay límites a los tipos de distopías que existen si falta el criterio. Hay artículos y reseñas que hablan de distopías totalitarias (adjetivo muy necesario para no confundirla con las popularísimas distopías democráticas o las libertarias), distopías juveniles, distopías románticas de viajes en el tiempo (???), e incluso rizando el rizo, distopías utópicas, que es el supuesto género de Amatka según leemos en la entrada de Karin Tidbeck en la Wikipedia en español.

II. Distopía clásica.
Ante este desbarajuste, creo que es necesario empezar a hablar de distopías clásicas para poner un poco de orden en este sindiós. ¿Y qué sería una distopía clásica, entonces? En su post El género distópico (a vueltas con la distopía), Rescepto hacía a mediados de 2015 un breve pero en mi opinión certero análisis de la distopía, definiéndola como evolución de la utopía, que la precedió históricamente, y en contraposición a ella:
«[...] aunque desde un punto de vista etimológico “distopía” sería cualquier descripción de una sociedad indeseable, su fuerte asociación con su hermana mayor, la utopía, añade algunos requisitos a la caracterización, no por vagos menos importantes. Así, en general, se espera que la situación descrita haya evolucionado (negativamente) a impulso de condicionantes principalmente sociales (políticos, económicos, filosóficos…) o cuando menos por influencia directa (y prevenible) del ser humano (dando lugar, por ejemplo, a distopías de corte ecológico).»
Sin embargo la preeminencia en el género de las tres grandes distopías del S.XX que he mencionado al principio del post, suma una condición más extra para catalogar una obra como distopía clásica:
«[1984, Un mundo feliz y Farenheit 451] han influido en el género, hasta el punto de añadir, de forma oficiosa aunque muy extendida, un nuevo requisito a la etiqueta de distopía: que aquellos que la sufren no sean conscientes de ello y crean mayoritariamente habitar el mejor mundo posible (o, en otras palabras, que se asemejen a un utopía).»
No podría estar más de acuerdo con este influente blogger y autor. Por tanto, sobre este marco de referencia en torno a lo que podemos enterder como una distopía clásica, pasemos por fin al libro que me ocupa hoy.

III. La trama.
Los orígenes de la colonia se han perdido con el tiempo. Se habla de una pionera que halló un túnel al final de cual estaba el mundo que ahora habitan los humanos. Se fundaron cinco ciudades, cada una de las cuales tenía una función específica: cultivo de alimentos, extracción de recursos, administración, etc. Pero una de ellas se destruyó en un gran incendio. Aunque eso es algo que ya apenas se menciona. En realidad hay muchas cosas de las que no se debe hablar de cara a garantizar la estabilidad y la existencia del este nuevo asentamiento humano. Y muchas cosas que es necesario nombrar constantemente para que no pierdan su esencia. Brilars Vanja Dos viaja a la ciudad de Amatka para realizar un estudio de mercado. El objetivo del mismo es conocer las necesidades de productos higiénicos de sus habitantes. Algo a todas luces innecesario porque todas las ciudades se autoabastecen de ellos. Una vez instalada en la vivienda compartida que le ha sido asignada, entablará amistad con sus ocupantes. Una de ellas es Sarols Ulla Tres, una médica jubilada que aparentemente sufre cierto grado de senilidad. Ulla le dará a conocer la obra de una de las pocas poetas que han existido y aún se permiten en las bibliotecas: Berols Anna. La poeta estaba entre los cien habitantes de Amatka que perecieron en el incendio de un centro comunal unos veinte años atrás. Aunque también se dice que en realidad el incendio fue una tapadera, y que esas cien personas no murieron, sino que se marcharon a fundar su propia colonia. Pero de eso tampoco se puede hablar so pena de ser denunciado a las autoridades.

IV. La obra.
Amatka es una de las novelas de ciencia-ficción más asombrosas que he leído en muchos años. La colección de cuentos que leí hace apenas dos meses ya dejaban ver que Karin Tidbeck tenía talento, pero nada me hacía imaginar que me iba a topar con una historia tan fascinante. En mi opinión estamos ante un texto que se adscribe a la perfección a la distopía clásica: una sociedad a la que se ha llegado tras una evolución indeterminada, un gobierno totalitario que limita las libertades en aras de la armonía de la sociedad, la historia se reescribe a conveniencia del poder, el lenguaje se remodela y se adapta a las funciones designadas por el poder, colectivización de la sociedad, aceptación de esa existencia como la mejor posible por parte de los ciudadanos, purgas de los elementos críticos, etc. Sobre esta base, la autora sueca aporta una interesantísima capa de análisis y modelado lingüístico de la realidad como elemento clave, algo que no es nuevo en la ciencia-ficción pero que yo nunca había visto bajo ese prisma hasta este momento.

Tidbeck es extremandamente sutil a la hora de avanzar en la trama. Desde casi la primera página se deja entrever que se ha gestado una gran mentira en este nuevo planeta. El misterio sobrevuela toda la narración y las claves para entender lo que ocurre se nos van desvelando con cuentagotas. Poco a poco las prohibiciones y limitaciones en las libertades hacen que vayamos confirmando nuestras impresiones. El gran mérito de la escritora es hacerlo con un ritmo extremadamente pausado, coherente con la prudencia necesaria para que los protagonistas no sufran la represión del estado. Hay una brizna de esperanza en cada acción que emprenden, pero también hay toneladas de miedo, desconfianza, traiciones, engaños, desesperación, muerte. En fin, lo que un aficionado al género espera de una distopía clásica.

V. El desenlace.
Un acierto más, sin duda, es ese final agridulce. Estamos acostumbrados a que las distopías clásicas terminen imponiendo un final penoso para los protagonistas. No hay solución posible, no hay escapatoria. La única alternativa posible a la vida tal y como se entiende en una distopía es, lógicamente, la muerte. Algo que me ha hecho disfrutar siempre. Tidbeck deja abierta una puerta al optimismo, pero para ello deja un rastro de desolación que te hace que te cuestiones si merecía la pena. En resumen, una novela magnífica. Y además, es una distopía (clásica) con todas las de la ley.

15 feb 2021

Bajo la piel - Michel Faber

Retomo hoy el formato que estrené hace un mes con Nefando de Mónica Ojeda. Como en aquella ocasión, se debe a las sensaciones que se me iban generando incontroladamente a medida que leía este libro y que para mi desgracia, se vieron materializadas en cuanto lo hube terminado y pude curiosear qué se decía al respecto por Internet. Empecemos pues.

I. La trama
Isserley es una mujer de aspecto muy, muy raro. Es bajita, de piernas cortas, brazos delgados y cubiertos de cicatrices. Da la impresión de tener algún problema de columna por sus extraños movimientos. Tiene el pelo muy mal cuidado, ocultando una cara que sin embargo resulta dulce y coqueta. Ahora bien, tiene unos pechos espectaculares que luce sin recato alguno mientras conduce por las carreteras de Escocia. Porque si su aspecto es extraño, más extraña es su afición a recoger autoestopistas. Y no cualquier autoestopista. No le interesan ni las mujeres ni los hombres delgados o de aspecto enquencle. Solo ofrece su vehículo a hombres de constitución fuerte, corpulentos, con aspecto de sanos. Cuando se decide a recoger a alguien así, inicia una conversación aparentemente intrascendente con la intención de recabar una serie de datos sobre su pasajero. ¿Tiene trabajo o está en paro? ¿Tiene pareja y/o hijos o está soltero y sin familia? ¿Qué va a hacer en la ciudad a la que se dirige? ¿Lo esperan allí? Los hombres intentan corresponder a la amabilidad de la mujer contestando a sus preguntas. Ella observa además si se están fijando en sus pechos. Si dedice que el autoestopista en un ser solitario sin vínculos con sus congéneres, pulsa una palanca del salpicadero y unas agujas ocultas en el asiento del copiloto le inyectan icpathua, un sedante muy potente. Una vez el acompañante está fuera de combate, Isserley pone rumbo a la granja donde vive y una vez allí, entrega a la víctima a sus compañeros, que lo procesarán para obtener su carne.

II. La premonición
Que nadie piense que he destripado el argumento. Los cuatro primeros capítulos se limitan a repetir la dinámica de los secuestros que lleva a cabo la protagonista con apenas algunas variaciones menores. Pero el hecho de que los autoestopistas son tratados como animales de granja se deja entrever bien pronto, en el capítulo dos. No se trata en absoluto de una revelación final de tintes dramáticos ni catastrofistas. Bajo la piel es una fábula de ciencia-ficción que pone de manifiesto las perversas contradicciones de la sociedad humana. Son muchos los aspectos que reciben un buen repaso. Capitalismo, consumismo, agotamiento de recursos, brecha social y económica, machismo, discriminación. Eso es innegable, desde luego. Pero también es innegable que todas ellas se articulan sobre la explotación de los animales de granja, cuya carne empleamos para alimentarnos, así como del trato infame, cruel, y despiadado a que los sometemos. Michel Faber recurre a una especie extraterrestre que, afincada secretamente en nuestro planena, hace con los humanos exactamente lo mismo que los humanos hacemos con los animales de granja. Esclavizarlos, mutilarlos, aislarlos, cebarlos, matarlos y transformarlos en un objeto de consumo disociado de la realidad de que procede. Todo ello para satisfacer un placer que curiosamente, también resulta perjudicial para ellos en tanto en cuanto afecta a su salud. No sé si el autor de origen holandés simpatizará con el veganismo, pero de lo que no cabe duda es de que estamos ante una obra de ficción que solo se puede entender como una herramienta de denuncia. De denuncia de muchas cosas, sí, pero principalmente de la injusticia que supone la ganadería industrial y el consumo de carne. Y quienes no somos nuevos en el activismo pro derechos de los animales sabemos que este enfoque no es muy bien recibido por el público general. Para comprobar si tenía razón o estaba equivocado, nada más terminar de leerlo exploré un poco Internet. Pero sobre eso hablaré un poco más adelante.

III. La obra
Desde el punto de vista narrativo la novela es bastante simple. El desarrollo es bastante lineal, con solo algunos flashbacks para mostrarnos cuál era la realidad de Isserley en su planeta de origen. Como ya he comentado algo más arriba, en mi opinión no habría sido necesario relatar tantos secuestros, pero tampoco resultan pesados. Los mensajes y los paralelismos que Faber establece son muy claros y no dejan lugar a interpretaciones rebuscadas. Se critica el antropocentrismo o el capitalismo y sus vergüenzas sin más que mostrarnos una sociedad extraterrestre que ha diezmado su propio planeta y arruinado la vida en él. Existe una sociedad de clases que replica la nuestra, exagerando las diferencias y la brecha entre élites y lumpen. Tanto es así que para escapar a su miserable destino como esclava en las profundidades de su planeta, Isserley ha aceptado una cirugía que la ha mutilado para parecerse a una mujer, y así poder emigrar al planeta Tierra. Resumiendo, los mensajes no pueden ser más obvios, más innegables. Pero precisamente esa es una de las características más interesantes de la ciencia-ficción especulativa, que es capaz de mostrarnos lo que somos jugando con elementos que están más allá de la realidad física que conocemos del universo.

IV. Las reseñas
En La política sexual de la carne, Carol J. Adams nos advertía de las estrategias que usa el sistema para debilitar los argumentos que justifican la existencia del movimiento animalista. Una de las más elaboradas consiste en ocultar el corpus literario que difunde sus ideas. La blogosfera y los medios culturales me han dado casos más que suficientes que corroboran dicha afirmación(1), así pues y por desgracia, no me ha sorprendido ni un ápice haberme encontrado con lo mismo al buscar otras opiniones sobre la que me ocupa hoy. La reseña que hiceran en El País allá por 2002 solo habla de 'exclusión', 'diferencia', 'jerarquías' y 'capitalismo'. En Papel en blanco, Entre montones de libros y Literatura en los talones no aportan gran cosa en ningún sentido, supuestamente con la noble intención de no destripar la trama. En Los tipos duros también leen se menciona 'consumo', 'explotación de los recursos', 'vida', 'soledad', 'búsqueda de la identidad'. Ninguna mención a las granjas industriales, donde los animales no ven la luz hasta el momento del transporte al matadero. Sólo en Por un puñado de libros se indica a las claras el mensaje animalista del libro. Y también en C, el hijo de Cyberdark, aunque requiere un análisis extra por lo perversa que resulta. En ella se indica que las analogías que se quieren establecer al hablar de derechos de los animales o la crueldad con que los tratamos son, nada más y nada menos que pueriles. En base a qué argumentos se demuestran que son pueriles no lo llegamos a saber, pero supongo que al reseñista no le ha parecido necesario justificarlo con argumentos lógicos, sino que con sus prejuicios debe bastarnos. Ojo, aun así han tenido la honradez de reconocerlas y mencionarlas. De visibilizarlas. Algo que como he podido comprobar casi nadie se ha atrevido a hacer. Pero despachar la que a todas luces es la cuestión principal de la novela con esa condescendencia no habla demasiado bien de la perspicacia del articulista.  

Curisamente, el malogrado Mark Fisher analizaba la película Under the skin (Jonathan Glazer, 2013) en su ensayo Lo raro y lo espeluznante. En realidad la novela de Faber se emplea como una mera inspiración para el guión del filme. Comparten ciertos elementos clave (el secuestro de autoestopistas por las carreteras de Escocia, una protagonista extraterrestre que se enfrenta a un cuerpo que no reconoce como suyo), pero el mensaje tan frontal y directo del libro se pierde. En su lugar, el director recurre a imágenes inquietantes, elipsis brutales y una abrumadora escasez de diálogos para crear una película espeluznante cuyo significado el espectador deberá deducir. Pero lo que me interesa ahora mismo es el resumen que Fisher hace de la novela en su ensayo. Lo que otros blogs y medios ignoran, descartan o ningunean (no sé si por incompetencia, malicia o disonancia cognitiva), para él se revela como la esencia de la misma, así que lo indica sin ambages:
«Al poco podemos reconocerla como una sátira de ciencia ficción sobre el consumo de carne y la industria cárnica; así, se exponen y se ridiculizan las incongruencias de la ética carnívora humana cuando los humanos se convierten en presa de comerciantes alienígenas de carne.»
V. Corolario
La novela fue publicada en el año 2000. Por aquel entonces el veganismo y el movimiento animalista eran muchísimo más minoritarios que ahora. No es que haya habido muchos avances para los animales en estos 21 años, pero al menos el mensaje se está difundiendo, y el hecho de que existan alternativas a la carne de origen vegetal es una clara señal del progeso de estas ideas. Sin embargo Faber sabía muy bien lo que hacía y empleó las estrategias cognitivas y lógicas de uso habitual cuando se trata de polemizar sobre carne, animales y mataderos. Para empezar, los extraterrestres se refieren a sí mismos como seres humanos y al homo sapiens lo consideran un animal inferior al que denominan vodsel. Pues bien, hay un personaje que defiende a los vodsels y denuncia la crueldad del trato que reciben, además de señalar los riesgos que implica el consumo de su carne al no estar adaptada a su fisiología. Ante estas denuncias, Isserley reflexiona:
«[...] en realidad, los vodsels no sabían hacer ninguna de las cosas que definían realmente a un ser humano. No sabían siuwilar, no sabían mesnistilar, no poseían el concepto de slan. Estaban en un estadio tan primitivo, que no habían alcanzado el desarrollo necesario para usar utilizar el hunsur. Sus comunidades eran tan rudimentarias, que no existían los hississins y parecía que aquellas criaturas no veían la necesidad del chail ni siquiera la del chailsin.»
Pues bien, en 2011 Frédéric Beigbeder escribía en Le Figaro un artículo que tituló 16 raisons de manger les animaux, que ya traje a colación cuando reseñé Comer animales de Jonathan Safron Foer. El texto del francés viene a ser un calco de la cita sin más que cambiar algunos verbos y sustantivos para que encajen en conceptos antropocentristas. No se trata de burlarse de Beigbeder, aunque parece que es lo que está buscando. La intención al referirme a él otra vez es destacar que existen escritores tan lúcidos como Faber.




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(1) Ver Siete cuentos morales de J. M. Coetzee o La vegetariana de Han Kang

12 ene 2021

Nefando - Mónica Ojeda

En esta ocasión, y sin que sirva de precedente, voy a optar por un formato de reseña totalmente diferente a lo que tengo por costumbre. La necesidad de dividirla en partes y titularlas se me fue haciendo cada vez más evidente a medida que avanzaba en la lectura, pero ya desde el primer párrafo de la primera página algo fuera de lo corriente fue generando esta necesidad. El resultado lo tenéis a continuación.

I. La trama

Nefando fue un videojuego on-line cargado en la deep-web que durante su breve periodo de existencia alcanzó una fama mítica en círculos especializados debido a sus particularidades. Una de ellas, quizás no la más interesante para los aficionados aunque sí para la Ley, es que incluía varios videos con abusos sexuales a menores. A lo largo de esta obra conoceremos a seis jóvenes que comparten piso en Barcelona. Se trata de los hermanos Irene, Emilio y Cecilia Terán, quienes idearon el proyecto del videojuego; el Cuco Martínez, quien lo desarrolló y publicó en la dark-net; y por último Iván Herrera y Kiki Ortega, ambos universitarios de posgrado cursando estudios relacionados con la Literatura. A través de entrevistas, reflexiones, recuerdos y textos escritos por algunos de ellos se tratará de explicar el porqué de un entretenimiento digital tan despreciable.

II. La premonición
Como decía un poco más arriba, nada más empezar el libro una frase me reveló que no estaba ante una obra cualquiera. En concreto se trata de la segunda frase que aparece, que dice:
'Escribir era renombrar el espacio circundante para describirlo como si fuera otra cosa.'
El rechazo que semejante pedantería me provocó fue tal, que tuve que controlarme para no dejar de leer ahí mismo. Sin embargo hice un esfuerzo por continuar, a pesar del malestar que se manifestaba en mis tripas en forma de rabia por prever que me iban a tomar el pelo. Ayudó que son apenas 200 páginas y que queramos que no, todavía no estoy preparado para abandonar con solo haber leído dos frases. Insisto en el todavía.

III. La obra.
No sé si os habéis fijado pero hasta el momento no me he referido a este libro como novela, sino como obra. ¿Qué es entonces Nefando? En mi opinión no es más que un instrumento para que Mónica Ojeda ejercite y exhiba todas las habilidades adquiridas en sus estudios universitarios, másters de escritura creativa, doctorados en filología o lo que sea. De ahí que sea multivocal, multiformato, metaliterario, intertextual, autoreferencial y seguramente muchas cosas más que se me escapan porque yo no soy ningún experto en teoría literaria. El resultado es lo de menos. La cohesión una restricción de mentes cuadriculadas. De hecho, el libro se termina y en realidad no importa ni el videojuego, ni los seis protagonistas, ni sus vidas, ni nada de nada. A la autora ecuatoriana solo le importa dejarnos bien claro que es extraordinariamente culta, que ha leído miles de autores interesantísimos, que domina la técnica para dotar a los personajes de voces diferentes, que maneja como nadie todo tipo de formatos narrativos, y en especial que no se amedrenta ante ningún tema por escabroso que sea. De hecho cuanto más escabroso mejor. ¿Que las piezas no encajan y no forman un todo? ¡Eso son plamplinas decimonónicas! El único propósito es levantar ampollas entre los bienpensantes a base de trabajar con temas como los abusos sexuales a menores en la familia, la pornografía, las psicopatías, el maltrato animal, la automutilación, la violencia, el racismo, etc. etc.

IV. La autenticidad.
La falta de verosimilitud de todos los narradores es tan exagerada que prácticamente nada de lo que se cuenta resulta creíble. No por imposible, ojo, sino por impostado y afectado. La única excepción son las partes en que toma la palabra el personaje del Cuco Martínez. Pero ni siquiera lo logra en todas ellas. Las de Iván Herrera son innecesarias, así sin más. Sin conexión con la teórica línea argumental principal; parecen que solo se incluyen con el ánimo de incomodar todavía más. En general todos ellos hablan usando unas expresiones tan faltas de naturalidad y tan presuntuosas, tan carentes de espontaneidad y con tales ínfulas de erudición que provocan vergüenza ajena y bochorno. Que siendo universitarios y forzando la máquina, en un momento dado podría entenderse (nunca hasta este punto en realidad; digamos que sí sólo para poder contrastar con la idea que viene a continuación), pero es que incluso en dos ocasiones en que los narradores enfocan a un adolescente de 17 años y a una niña de 8, emplean ese lenguaje deleznable. Ya me explicaréis a mí como una niña de 8 años puede hacer estas reflexiones:
'Estaba segura de que cuando fuera mayor podría decir todo lo que percibía, nombrarlo con las palabras adecuadas, hacer una verdad convincente, darle cierto sentido al caos. Quería crecer y que su cerebro floreciera en el ruido. Quería saber por qué se sentía despojada de su identidad cada vez que se quedaba sola con el padre. Había llegado a la conclusión de que los adultos no se sentían confundidos por lo real; todos respiraban por la boca para formar un sólido nido de conceptos articulables con los que moldeaban lo que veían, lo que escuchaban y lo que decían. '
Pues así todo el tiempo. En mi opinión que algo tan ridículo se haya publicado es muy preocupante. Por no hablar de todas las maravillas que se han comentado en los medios y blogs de reseñas. Aunque por otro lado, salvo excepciones, eso suele lo habitual independientemente del libro que se trate.

V. ¿Novela millenial?
Todo apunta a que la propia estructura de Internet y la World Wide Web están cambiando la forma de pensar del ser humano. Es muy probable que este libro guste a millenials y otras generaciones posteriores precisamente porque cada capítulo es totalmente diferente al anterior tanto en la forma como el fondo. Todo embutido en no demasiadas páginas, que no se puede aburrir al personal porque de hacerlo no tendrás suficientes visitas. Muchos temas, muchos enfoques, mucha variedad, mucha polémica. Ya sea porque físicamente se localizan en Barcelona o México DF, en un pasado lejano o próximo, en el presente o en un universo literario sin tiempo, esta narración es un ir y venir sin parar, sin descanso. De alguna manera me ha recordado a una página web llena de hiperlinks, publicidad contextual y botones de like. Además, maneja con mucho desparpajo realidades con que este público objetivo podrá identificarse fácilmente: las becas de posgrado en otros países, los entornos multiculturales (personajes ecuatorianos, mexicanos y españoles), los videojuegos como componente habitual del ocio, cuestionamiento de la industria cultural por sus críticas a la piratería, etc.

y VI. Corolario.
En realidad yo quería leer Madíbula, de esta misma autora. La recomendaban recientemente en C, el hijo de Cyberdark, incluso por encima del último título de Ojeda que ha llegado al mercado, la colección de cuentos Las voladoras. Pero como no estaba disponible en la biblioteca pública que frecuento me hice con este título. Hace dos años me pasó exactamente lo mismo con El matrimonio de los peces rojos, de Guadalupe Nettel, que leí porque no pude llevarme El huésped. Estas situaciones me ponen en una disyuntiva: ¿hasta qué punto puede ser un libro recomendado desde medios y blogs esa supuesta maravilla que dicen, si leyendo otro título del mismo autor no ves nada, absolutamente nada que demuestre que sabe escribir? Está claro es que fracasos tan estrepitosos como esta lectura abonan el terreno para la desconfianza, y te vuelves indiferente a todas las alabanzas que se puedan verter sobre cualquier otra publicación de los escritores afectados. Sin ir más lejos, en ningún momento me he preocupado en comprobar si 'El huésped' ha vuelto a estar disponible para préstamo. Que nadie se extrañe entonces de que de pronto haya perdido el interés en 'Mandíbula'.
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