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17 jul 2018

La hermandad de la uva - John Fante

Nicholas y Maria Molise son una pareja italoamericana que lleva más de cincuenta años casados. Infelizmente casados. El fervoroso catolicismo de ella ha impedido el divorcio durante todo ese tiempo, pero ante la última sospecha de infidelidad por parte del casi octogenario cabeza de familia, Maria parece por fin completamente decidida a solicitarlo. A la vista de la debacle familiar que se aproxima, Mario, uno de sus hijos llama a su hermano Henry pidiendo ayuda. El escritor de éxito que vive en la costa californiana se coge un vuelo al día siguiente para intentar resolver la crisis familiar. Una vez en San Elmo, su pueblo natal, donde aún viven sus padres y sus tres hermanos, las cosas se irán complicando debido al carácter intransigente de Nick, que incapaz de asumir las limitaciones propias de su avanzada edad, le enreda para que le eche una mano con una cámara para ahumar carne que se ha comprometido a construir en un motel de las montañas. Poca cosa según su padre, un trabajo rápido y simple que ventilarán en cinco días.

John Fante repite en La hermandad de la uva muchos planteamientos que ya aparecieron en Llenos de vida, la que era hasta hoy mi única experiencia con su obra. Argumentalmente, el protagonista vuelve a ser un escritor de éxito que reside en la costa oeste de California; su padre es anciano y se ha retirado del negocio de la construcción; surgen problemas en el entorno familiar y tiene que volver a la ciudad donde nació para tratar de solucionarlos, etc. A nivel estilítico la lectura es muy ligera y está plagada de diálogos, como pasaba en la anterior. El país de origen de los personajes permiten al autor deplegar toda una serie de lugares comunes y clichés sobre los italianos: la pasta, la dieta mediterránea, el Chianti, el catolicismo, las mamma histriónica que prepara unas comidas de rechupete, etc. Sin embargo y a pesar de las situaciones con trasfondo humorístico, el tono general del libroe es muchísimo más crudo, porque Nick Molise es simple y llanamente un maltratador. Sus constantes aventuras extramatrimoniales han amargado la existencia de su sufrida esposa. Ha humillado y ridiculizado a sus hijos cuando han tirado por tierra su sueño personal de crear una empresa de construcción bajo su paraguas. Los problemas económicos en casa han sido constantes debido a su afición al juego y a su alcoholismo.

En mi opinión no es una lectura agradable, aunque quizás ese sea su mayor logro: poder reflejar las contradicciones y los problemas emocionales y de conducta a que da origen haber tenido un padre maltratador. Sus cuatro vástagos se debaten entre un odio visceral y la obligación de honrar a su progenitor según dicta el cuarto mandamiento católico. Uno de ellos, un adulto hecho y derecho, le tiene verdadero pánico y le lleva rehuyendo casi toda su vida. Especialmente devastadoras me han parecido algunas frases de Maria, que reflejan toda la vida de sufrimiento que le ha causado su cónyuge. El principal problema es que este de drama abuso en el entorno familiar casa bastante mal con el tono frívolo y las constantes gracietas. En ocasiones y para entrar en temas sexuales se apoya en un registro vulgar que resulta forzado dentro del tono coloquial general de la narración. Y el protagonista tiene unos tics infantiloides que uno diría que prentenden ganarse las simpatías del lector, pero que a mí por el contrario lo que han conseguido es provocarme todavía más rechazo. Me da la impresión de que las intenciones de Fante eran muy ambiciosas pero en lugar de una novela agridulce sobre las relaciones familiares le ha quedado un pastiche inestable que hace aguas por los cuatro costados. Llenos de vida me pareció mucho más simpática, sencilla y creíble. Tenéis un par de reseñas muy entusiastas en La pasión inútil y La esquina de ese círculo. Pero para compensar e inclinar la balanza hacia mi lado, os dejo también la de Solo de libros.

17 abr 2017

Llenos de vida - John Fante

Estamos en Los Angeles a principios de los años 1950s. John Fante y su joven esposa, Joyce, van a tener su primer hijo. El trabajo de escritor y sobre todo como guionista para unos grandes estudios de cine le han proporcionado la seguridad económica para decidirse a ello. También se han comprado una casa con jardín. Pero la venta no ha resultado todo lo conveniente que pensaban porque de pronto, el suelo de la cocina cede bajo el peso de la embarazada: hay una infestación grave de termitas. Como no se pueden permitir contratar a profesionales de la construcción, deciden pedir ayuda al padre de John, Nick Nante, que ya está jubilado pero ha trabajado en el sector durante décadas. Así que las circunstancias obligarán a nuestro protagonista a vérselas por un lado con el futuro abuelo, un emigrante italiano de armas tomar y con la emoción a flor de piel ante la perspectiva de tener su primer nieto varón, y por otro con su mujer, a quien el cóctel de hormonas pre-mamá ha despertado una, hasta entonces inexistente religiosidad, y está decidida a abrazar el catolicismo antes de dar a luz.

Hace unos días me tropecé con una entusiasta reseña de Llenos de vida en Cuchitril Literario. Empujado por no sé bien qué extrañas fuerzas de la psique, no han pasado ni dos semanas y ya he leído esta fantástica novela corta de John Fante. Ágil, ingeniosa, divertida o emotiva, son solo algunos de los calificativos que podríamos dar a esta sátira de la vida familiar en los EEUU de mediados del siglo XX. Fante, un completo desconocido para mí hasta ayer mismo como quien dice, tiene una pluma aguda y ácida pero también comprensiva y bondadosa, de manera que consigue hacerte sonreir exponiendo lo que en el fondo son las miserias de las relaciones familiares. Imposible no identificarse con el protagonista en las mil batallas con su padre, la conexión especial con su madre y las trifulcas de enamorado con Joyce. A pesar de ser vapuleado emocionalmente por sus seres queridos, que le tratan como un pelele de opiniones totalmente soslayables, el cariño que siente por ellos y un poco de cordura extra consigue que todo acabe bien en lugar de en batalla campal.

Una verdadera joya que se lee en un pispás y que deja un entrañable regusto agridulce. El único aspecto negativo es que esos diálogos cargados de réplicas y contra réplicas aproximan el texto a las sitcoms de TV, lo que tampoco sorprende sabiendo cual era el trabajo del autor en aquellos años. De todas formas esta queja no es óbice para que os recomiende su lectura con tanto ahínco como el propio Palimp. Además de la suya, tenéis más reseñas en Monólogo interior, Un libro al día y Papel en blanco.
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