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8 nov 2021

La muerte me da - Cristina Rivera Garza

Una profesora universitaria encuentra a un hombre asesinado y castrado mientras hace jogging. Al lado del cuerpo hay escritos unos versos de la malograda poeta argentina Alejandra Pizarnik. En poco tiempo aparecen por la ciudad otro más, y aún otro, hasta un total de tres cadáveres más de hombres con la misma mutilación genital junto a fragmentos de poemas de Pizarnik. Se da la circunstancia de que la profesora -y además escritora-, conoce muy bien su vida y su obra, por lo que para la detective de Homicidios asignada al caso, la que en un principio parecía una testigo casual se vuelve una persona relevante en el caso. Y también para una misteriosa periodista de sucesos que está escribiendo un libro sobre los crímenes. Entre las tres y el ayudante de la detective se creará una misteriosa red de intereses con el ánimo de descubrir al asesino o asesina en serie, pero que por desgracia dejará más incógnitas que respuestas.

Resumido así podría parecer que La muerte me da es una novela negra con posibilidades. Y lo es, solo que las posiblidades son de desesperar al lector, no de entretenerlo. Cristina Rivera Garza da la voz a cada uno de los personajes para exponer una visión personal de la historia en la que no se saca nada claro. Ni por separado ni en conjunto. Y es que da la sensación de que el crimen en realidad no interesa lo más mínimo a la escritora mexicana, mucho más volcada en realizar un ejercicio de estilo que abarca diferentes formatos narrativos desde una posición que cae de lleno en la literatura experimental. Hay una fuerte intención lírica en muchos capítulos, pero de una poesía totalmente fuera de los cánones clásicos (por lo que se da a entender podría emular la de Pizarnik). Otros bloques nos traen un ensayo sobre la poeta argentina, más adelante hay un poemario transgresor tanto en la forma y el fondo, personajes inexistentes que acercan el relato al surrealismo,... Y todo ello con un insufrible aire intelectual de prosa fragmentada, frases inacabadas, etc. etc. Lo que viene siendo un despropósito.

La pregunta de rigor después de la última frase del párrafo anterior es, ¿por qué lo he terminado sin tan indefendible me parece? Pues porque hay muchos capítulos que son apenas un párrafo, y hasta la sección IV (que empieza en el capítulo 51 de un total de 97), que es la recoge la transcripción del estudio académico sobre Pizarnik, tanta extrañeza llamaba la atención. Justo antes de alcanzar ese punto todavía pensaba que la trama noir tenía peso e intención. ¡Si hasta las frases sin terminar o los versos incomprensibles me hacían pensar que estaba ante un texto original, inteligente! ¡Que merecía la pena seguir porque algo así sin duda tenía mucha enjundia! Pero ese cambio de registro fue la gota que colmó el vaso y algo en mi cabeza hizo catacrocker. Terminarlo fue ya una simple constatación del fracaso de esta lectura. El interés en comprender nada de lo que leía desapareció, evidentemente. Y los capítulos más densos cayeron en ráfagas transversales. La sensación final es la de estupefacción: me resulta inconcebible que algo así se haya publicado. Aunque, ¿quién soy yo para juzgar el negocio editorial?

24 ene 2021

La cresta de Ilión - Cristina Rivera Garza

Un hombre espera en su casa junto al mar a una antigua amante, con quien tiene asuntos sentimentales pendientes de resolver. Es de noche y hay tormenta, así que cuando llaman a la puerta abre rápidamente esperando que sea ella. Sin embargo es una mujer joven y muy atractiva que dice llamarse Amparo Dávila y ser una gran escritora. O haberlo sido en el pasado. Un rato después aparece por fin su antigua amante, febril y a punto de desmayarse. La instalan en un dormitorio, donde será cuidada por Amparo mientras el hombre se marcha al hospital para enfermos terminales en donde ejerce de médico. Las dos mujeres empezarán a tomar posesión de su hogar ignorando su presencia, con lo cual se verá forzado a confrontar a la extraña para saber qué ha venido a hacer allí.

La cresta de Ilión es una extraña pero fascinante novela de misterio. Misterio que abarca todos y cada uno de los aspectos de misma: trama, personajes, transfodo, desenlace. Todos y cada uno de ellos se perfilan de manera ambigua, incierta, inespecífica. Las refencias contextuales al espacio y el tiempo en que transcurre la acción son reconocibles pero completamente genéricas, no ancladas a ninguna geografía existente ni momento histórico real. Sabemos que el gobierno que rige la sociedad tiene tintes totalitarios por los controles militares en las ciudades y las patrullas en las carreteras. Esa misma rigidez y control se percibe en la dirección de hospital Granja del Buen Descanso. Por otro lado el invierno, que ya dura demasiado, el frío y la lluvia nos agotan e incomodan. La soledad de las viviendas junto al mar y el aislamiento del sanatorio nos angustian. No cabe duda de que Cristina Rivera Garza ha sabido crear una historia con la que envolver al lector y atraparle, por más que no lleguemos a saber con certeza cuáles son las razones que guían el desarrollo de la misma. Se perciben unas frangancias kafkianas que nos hacen intuir la existencia de un orden superior que por desgracia no vamos a poder reconocer. Quizás más que desgracia es una suerte, porque desde luego a mí me ha resultado tremendamente atractivo.

Puestos a buscar significados, ya que se nos revela muy poco o nada de la intención del libro, he querido percibir cierto cuestionamiento de la identidad que creamos de nosotros mismos en base a nuestros recuerdos y nuestro pasado. Hay algo de eso en la elección de la escritora Amparo Dávila como personaje y también en sus motivaciones. Pero esto es un poco hablar por hablar porque en mi opinión no hay necesidad de darle vueltas, ni se obtiene ningún beneficio extra en descubrir intenciones. El texto se disfruta a la perfección como una obra de misterio, intriga y terror psicológico. Y ello se debe a la portentosa imaginación de la autora y a su prosa impecable, sin un frase de más ni de menos. A destacar el español tan neutro con que está escrito, algo que sin duda ayuda a que la novela no sea fácil de situar en unas coordenadas espaciales. En definitiva una sorpresa extraordinaria que me ha dejado bastante desubicado pero como me pasa con el arte abstracto, he disfrutado por las sensaciones que evoca, más que por lo que objetivamente pueda significar.
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