19 jul. 2017

Karney - Bryan Johnson y Walter Flanagan

El circo de las rarezas de Othello llega a una pequeño pueblo de paletos al principio del verano. Lógicamente los lugareños se emocionan ante la perspectiva de romper las aburridas rutinas agrícolas que marcan sus jornadas, aunque sea tan solo por un par de noches. Lacey Ann y Manley, una joven pareja de enamorados que no tienen aún ni 18 años, serán los primeros en comprobrar en sus propias carnes que los freaks que componen el festival tienen unas mentes aún más retorcidas que sus contrahechos cuerpos.

Karney es un cómic ultraviolento ambientado en el mundo de los espectáculos ambulantes de fenómenos de la naturaleza. Localizado en los EEUU rurales y en una fecha sin determinar (principios del S. XX, a juzgar por la ropa de los personajes) juega con todos los tópicos del género de monstruos de circo: marginación, violencia, sexo, canibalismo, etc. El guión corre a cargo de Bryan Johnson y aunque entretiene, no aporta absolutamente ninguna idea original a nivel argumental. Por otro lado, el apartado gráfico es cosa de Walter Flanagan, quién no parece estar especialmente dotado para el dibujo. El volumen viene prologado por Kevin Smith, quien es amigo de los autores desde la escuela secundaria. No hace más que verter alabanzas sobre los mismos que provocan vergüenza ajena, ya que se fundamentan en su historial de buenos ratos pasados juntos. Los elogios se aderezan además con estereotipados chistes de pajas entre tíos, actividad que se ha aposentado en el inconsciente colectivo como la única práctica sexual de esta subcultura.

No tengo mucho más que decir, excepto que estamos ante una novela gráfica para olvidar. Lo único bueno es que no requiere ni una hora de tiempo para leerla, así que tampoco es tan grave. En la misma línea hay propuestas muchísimo más interesantes a las que dedicar nuestra atención, como la serie Carnivàle de HBO o el clásico de 1932, Freaks, de Tod Browning. Tenéis otra reseña en Abandonad toda esperanza, donde opinan poco más o menos igual que yo.

15 jul. 2017

Cabal. Razas de noche - Clive Barker

Aaron Boone tiene serios problemas psicológicos, así que lleva años en tratamiento con el doctor Philip Decker. Su psiquiatra parece haber descubierto que las pesadillas que Boone sufre, en donde visualiza atroces asesinatos, reflejan de hecho las terribles matanzas que su paciente lleva realizando varios años. Este hallazgo termina por vencer la poca resistencia que le quedaba y acosado por el rechazo que se provoca a sí mismo, decide quitarse la vida. No obstante, su intento de suicidio fracasa y una vez en el hospital, nuestro hombre coincide en la sala de urgencias con Narcisse, un extraño individuo que también parece haberse autolesionado de alguna forma. En su delirio paranoide, su compañero de habitación no hace más que hablar de Midian, un lugar mítico donde habitan los que sufren, los marginados, seres singulares que no pueden vivir en la sociedad que conocemos. Boone consigue recopilar algunos detalles sobre la localización de este extraño paraje entresacados del parloteo inconexo de Narcisse. Es cuando sin más, decide huir precipitadamente en busca de la única idea que ha conseguido inspirarle un poco de consuelo desde hace mucho tiempo. Sin embargo las cosas no le resultarán fáciles. Decker revela a la policía sus sospechas, así que los agentes de la ley saldrán en su búsqueda. Cuando por fin llega a Midian, para su desgracia advertirá que las cosas no siempre son lo que parecen, teniendo que asumir por las malas que ha sido la cabeza de turco de una descomunal mentira.

A principios de los 1990s ví una película que se llamaba Razas de noche y que resultó ser obra del mismo director de una de las películas más perturbadoras e inquietantes que había visto hasta entonces: Hellraiser. Años después me tropiezo con Cabal. Razas de noche curioseando libros de segunda mano en el Rastro. Clive Barker me parece muy bueno cuando se trata de relatos cortos, pero sus novelas se me hacen bastante insufribles, de hecho todavía recuerdo la malísima impresión que me causó la primera parte de Imajica, tan fresca la tengo que parece que la hubiera terminado hace sólo un par de días. La que hoy me ocupa hace aguas por todos lados: personajes sin caracterizar, falta de coherencia en el desarrollo, capítulos que no aportan nada a la trama, relato de sucesos que parecen pensados exclusivamene para su posterior guionización (sexo, visiones sobrenaturales, etc.), diálogos epatantes, final abierto para opción a segunda parte, etc. Lo único que creo que merece la pena destacar es el tema central que trata, ya conocido por otros textos del británico: la marginación y el rechazo que la sociedad biempensante muestra hacia los que son diferentes. De nuevo el ser humano exhibe una crueldad y un sadismo que supera con creces al más terrible engendro del averno. Las alegorías aquí son tantas como queramos pensar, aunque sabiendo que Barker es gay y que en 1988 (fecha en que escribió la novela), estabamos en plena crisis del SIDA, todo hace pensar en una crítica a la despreciable homofobia imperante que no hacía sino diezmar a los homosexuales enfermos a causa del VIH.

En definitiva, creo que debería haber dejado el libro apilado en el montón en que estaba tirado. No es que pagara mucho por él, pero como experiencia literaria ha sido bastante inútil, muy vacía. Si no habéis visto la película, en mi opinión y según la recuerdo es mucho más recomendable. Aunque esa es otra, en plena crisis de los 40 hice propósito de volver a ver films de terror/fantásticos que me impactaron a finales de los 1980s-principios de los 1990s, pensando no sé, que me rejuvenecería volver a experimentar las mismas sensaciones que entonces. Pues bien, no pasé de la primera (Society, de Brian Yuzna). Veinte años despúes me pareció insoportable y ridícula, ¿cómo podía haberme gustado a mí semejante pamplina? Así que preferí mantener el buen recuerdo de las restantes, y es que admitámoslo: todo tiene su momento y veinte años solo se pueden tener una vez. Volviendo al tema que me ocupa, en general las reseñas de la blogosfera son mucho más benévolas que la mía, os dejo las de El jardín del sur y Rescepto, que como suele ser habitual en él, es muy completa y aporta opiniones muy interesantes.

10 jul. 2017

Verano - John M. Coetzee

Un experto en la obra de Coetzee, fallecido a mediados de los 2000s en Australia, está preparando una biografía autorizada de este escritor. Para ello decide entrevistar a personas que fueron importantes en su vida, información que ha obtenido de las notas que el autor sudafricano había tomado probablemente para continuar su autobiografía, que hasta el momento de su muerte comprendía los volúmenes Infancia y Juventud. Los entrevistados conocieron a Coetzee a lo largo de los años 1970s, tras la vuelta de éste a Sudáfrica después de haber pasado unos años en EEUU, donde cursó estudios de postgrado. Así pues, sucesivamente, tomarán la palabra para hablarnos de él Julia, con quien tuvo una aventura amorosa cuando ella era una joven casada de 26 años; Margot, su prima, a quien tenía un gran cariño y con quien pasó muchos buenos momentos en su infancia; Adriana, una inmigrante brasileña con una terrible historia detrás y de quien Coetzee se enamoró perdidamente sin ser correspondido; Martin, un profesor universitario a quien conoció durante una entrevista de trabajo; y finalmente Sophie, también una profesora universitaria compañera suya en la Universidad de Ciudad del Cabo, con quien además tuvo un breve affair sexual. El libro se completa con notas tomadas por el propio Coetzee, transcritas tal cual al texto.

Cierre de la trilogía autobiográfica 'Escenas de una vida de provincias' a cargo de J. M. Coetzee. Si ya en las dos anteriores se intuía que jugaba con la ficción a la hora de contar su historia personal, en ésta, con este formato tan tremendamente original, uno ya no sabe qué pensar de todo lo que lee. Varios aspectos sí que quedan bastante claros. El primero es que durante los 1970s el Nobel de Literatura 2003 vivió con su padre y tuvo que cuidar de él, ya enviudado y con ciertos problemas de salud derivados de la edad a pesar de que contaba con poco más de 60 años de edad por aquel entonces. Su relación se presenta como distante, fría y cargada de reproches acumulados durante toda la vida, aunque ya sabíamos por el volumen anterior que ése era el tono general del trato con su padres. La frialdad, las dificultades para abrirse a las personas y para mostrar sus sentimientos también ser perciben claramente en sus relaciones con las mujeres, quienes le recuerdan como un hombre muy seco y bastante inepto sexual y emocionalmente. Por último, a pesar de su ideario progresista y antirracista (recordemos que la acción relatada transcurre en la Sudáfrica de apartheid), su reserva se extiende igualmente al activismo político.

El libro se lee prácticamente de un tirón (bueno, dos en mi caso), gracias a esa prosa tan precisa, sencilla y certera que tiene Coetzee. Si algo le puedo reprochar es que algunos momentos el lenguaje empleado por los entrevistados resulta un poco más afectado de la cuenta, con expresiones, giros y un registro que resulta descaradamente literario más que propio de una conversación. Pero por lo demás, estamos ante otra fantástica obra del multi laureado literato sudafricano que recomiendo sin reservas. Tenéis más reseñas en Un libro al día, El lamento de Portnoy y Cuéntate la vida.

5 jul. 2017

La náusea - Jean-Paul Sartre

Antoine Roquentin es un historiador que vive de las rentas y está escribiendo una biografía sobre el Marqués de Robellon, un aristócrata de finales del S. XVIII envuelto en mil amores turbulentos y en otras tantas intrigas políticas propias de la época que le tocó. Vive en Bouville porque allí nació dicho noble y su biblioteca y museo mantienen archivos relevantes para su investigación. Pasa los días centrado en su trabajo, entre la habitación del hotel donde se aloja y la biblioteca, sin apenas cruzar palabra con nadie. Cuando empezamos a leer su diario una extraña desazón le ha sobrecogido, de ahí que decida volcar sus pensamientos en el mismo. Este malestar le impide tomar la más mínima decisión, no consigue encontrar sentido a la gente, a sí mismo, a sus acciones. El ambiente provinciano y burgués de la ciudad en que reside le asfixia, pero también le horroriza el anonimato y la agitación de París. Todas estas sensaciones de angustia se somatizan en lo que él donomina «la náusea», una súbita indisposición que le inmobiliza, le bloquea, le anula.

La náusea es una novela de trasfondo filosófico que reflexiona sobre el significado (o más bien la falta del mismo) de la existencia humana. Me ha costado bastante entrar en ella porque poco más o menos hasta la mitad no arranca. Es necesario pasar prácticamente el ecuador del texto para que Jean-Paul Sartre empiece a analizar todo el sinsentido que es la sociedad y todas las falacias sobre las que se construye la vida del hombre. Hasta ese momento no nos queda más remedio que asistir a una narración bastante inconsistente en la que se combinan descripciones interminables del entorno del protagonista. Visitas a los cafés de Bouville; inventariado de sus calles, sus edificios, sus parques; explicación de la tediosa vida de sus habitantes y de sus personalidades históricas ilustres. Es cierto que esto nos ayuda a llegar a entender el estado de desesperación en que se sume Roquentin, a quien no sería difícil de calificar como depresivo, pero esto no quita que se haga bastante pesado. En cualquier caso, una vez que el autor entra de lleno en sus razonamientos y nos enseña que nuestra presencia en el mundo es un acto absurdo al cual no es posible encontrar sentido, el libro se vuelve absorbente y su lectura se transforma en un placer.

Como nota curiosa, se indica que Roquentin es un hombre maduro, con gran experiencia y muchos viajes a sus espaldas, tanto por placer como por razones profesionales, sin embargo casi al final del libro nos enteramos de que  tiene poco más de treinta años. Esto no deja de sorprender aun sabiendo que la novela fue escrita los años 1930s y que sin duda por aquel entonces el proceso de maduración personal era mucho más rápido. Yo desde luego reconozco que me ha costado bastante asimilar que alguien de esa edad pueda estar tan hastiado, tan profundamente agotado de existir. La brecha cultural tan profunda que se muestra respecto a un treintañero actual, no digamos ya la económica, es insalvable. Quizás nos resulte más fácil asociar esta apatía y rechazo a la vida tan vacía que vivimos con la crisis de los cuarenta. En fin, bobunas mías. Tenéis más reseñas en Solo de libros y El habla.
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