31 may. 2018

El cielo protector - Paul Bowles

A Port y Katherine (Kit) Moresby les gusta pensar que son viajeros, no turistas. Según él, la diferencia radica en que el viajero no tiene prisa en regresar a su casa, se desplaza sin prisa entre destinos cualesquiera y puede hacer de todos ellos su hogar. Seguiremos a esta acomodada pareja neoyorquina en su viaje por el norte de África (Argelia diría yo), poco después de finalizar la II Guerra Mundial. En su itinerario por el Sáhara les acompaña Tunner, un amigo del matrimonio que ofrece una vía de escape a la crisis que vive la pareja últimamente. Pero el desierto impone unas condiciones durísimas, para las que quizás no están preparados. El exceso de confianza les llevará a experimentar situaciones extremas de las que muy probablemente no van a salir indemnes.

El cielo protector es una novela con un alto contenido filosófico entremezclado en una trama de viajes y exploración, también interior. Es mi segunda experiencia con Paul Bowles y ha resultado mucho más satisfactoria que anterior. La prosa es sencilla, directa, certera. No hay excesos verbales ni florituras, no sobra ni una palabra. Los diálgos me han parecido naturales, verosímiles a más no poder. Y las descripciones del los paisajes y las ciudades norteafricanas son a la vez gráficas y poéticas, pero sin caer en el empalago. Aunque en realidad en este sentido coincide con mi recuerdo de La casa de la araña. La principal diferencia con aquélla es que como obra, ésta resulta mucho más lograda, más redonda. Las historias que se cuentan, los personajes (secundarios incluidos) y el desarrollo de la acción están redactados con una habilidad asombrosa, haciendo que todas las piezas que se manejan encajen a la perfección.

Las reflexiones de carácter existencial se dejan caer de boca de Port y Kit desde el primer capítulo. No podría decir si las motivan las penurias que el viaje les obliga a padecer (la soledad del desierto, lo inhóspito del paisaje, las incomodidades y privaciones físicas, etc.), o bien son rasgos innatos de su personalidad. Me inclino más a pensar que es lo segundo lo que en el fondo les lleva a ponerse en apuros voluntariamene, para de esa forma, obligarse a tomar conciencia de ellos mismos y del mundo. No llegué a ver la adaptación al cine que hizo Bernardo Bertolucci en 1990 y ya no creo que haga el esfuerzo de verla, pero como fue bastante famosa en su momento sí recuerdo que todas las menciones a la misma hablaban de paisajes insondables, la exploración del desierto y el conflicto matrimonial. Así que no me esperaba nada parecido, la verdad, y tengo que admitir que me ha sorprendido muy gratamente. Pero por si esto no fuera suficiente, lo que me ha pillado completamente desprevenido es el caríz dramático que toma el texto en la segunda mitad. El tratamiento que Bowles hace primero de la enfermedad (unas fiebres tifoideas que contrae Port) y luego de la desesperación y la locura (Kit) ha sido un mazazo sublime que me ha dejado destrozado y maravillado a la vez. Por algo esta novela se considera la mejor de su producción.

Pero los sobresaltos no han acabado aún, ¡qué va! De las reseñas que he podido rescatar de la primera página de resultados de Google, hay más valoraciones negativas que positivas. En 19 Magazine la dejan a la altura del betún:
"[...] no llega a la excelencia y está sobrevalorada. Demasiadas páginas de relleno en las que no se cuenta nada imprescindible; poca amplificación en las ideas centrales."
En El rincón del libro son menos afectados pero tampoco convence:
"[...] no pude simpatizar con ninguno de los protagonistas la verdad y aunque la narración contiene grandes dosis de drama no consiguió llegar a emocionarme."
Solo en Leer clásicos la recomiendan, al igual que hago yo. Me alegra ver que una  vez más, Das Bücherregal nada contracorriente.

28 may. 2018

Caín - Ricardo Barreiro y Eduardo Risso

Unos marginados que malviven en los arrabales de un Buenos Aires distópico en el futuro, rescatan una caja de lo que piensan que es un envío de ayuda lanzado desde un avión. Sin embargo dentro no hay más que dos bebés mellizos. Solo uno ha sobrevivido al impacto de la caída, así que deciden llamarlo Caín y venderlo a El Gitano por unos gramos de droga. Con apenas diez años y tras haber sido utilizado de todas la formas posibles para obtener dinero, Caín acaba en el reformatorio. Allí sufrirá los abusos de El Capo, un delicuente juvenil que controla el tráfico de sintecoca en el interior del recinto, y el propio director del centro, el Dr. Guardaportal. Durante un motín es apaleado por un policía, quien le destroza la mitad del cerebro. Los médicos forenses lo venden a un oscuro instituto de medicina experimental que le implanta medio cerebro electrónico, pero es dado por muerto tras la operación y de nuevo arrojado fuera de la ciudad. Allí recobra el sentido y tras deambular sin memoria durante años como un paria,  por azar se topa con un periódico donde ve las fotos de El Capo, el Dr. Guardaportal y una misteriosa joven que tiene exactamente sus mismos rasgos. La noticia aclara que se trata de la hija de Bunge de Hoz, el fundador de uno de los entramados empresariales más poderosos de todo BB.AA. Las imágenes le harán recobrar la memoria y emprenderá una carrera en pos de la venganza y el descubrimiento de sus orígenes familiares.

El guión de Caín corre a cargo de Ricardo Barreiro. Como habéis podido comprobar por el resumen de la trama, no se ha molestado demasiado en salirse fuera de los clichés del género. La población y la ciudad dividida en dos. Los ricos dentro, protegidos por la policía militarizada. Un gobierno totalitario disfrazado de democrático. Los pobres fuera de la zona segura, malviviendo y/o delinquiendo y/o ambas. Crisis medioambiental y contaminación que han provocado que apenas se produzcan embarazos y menos aún nacimientos. Los mass-media como herramienta de control de la opinión. Existencia de grupos de resistencia. Población idiotizada por la televisión. Venganza, violencia, sexo. Pero tampoco nos pongamos tiquismiquis. Estamos ante un cómic que apenas pasa de las noventa páginas y no hay necesidad de hacerse el ofendido. La idea es desconectar con una trama simple y mucha acción. El apartado gráfico es cosa de Eduardo Risso, quien emplea exclusivamente tinta negra y dibujos muy próximos a la línea clara pero con ciertas libertades formales (encuadres imposibles, onomatopeyas de aire pop, etc.). A mi personalmente me ha encantado y creo que sobresale muy por encima del argumento, previsible a más no poder. Como dato curioso, yo destacaría el aire descaradamente ochentero que lucen los atuendos de todos los personajes, que te retrotraen automáticamente a la estética de la Movida Madrileña.

A ver, que yo he pasado un rato revivalero entretenido, pero que el volumen no da para mucho más. Tenéis más reseñas en Xonx World, El lector impaciente y el Blog de Ricardo Bosque. Son tan breves como la mía, pero bastante más entusiastas.

25 may. 2018

El viaje de Chéjov - Ian Watson

En 1890 el archiconocido literato ruso Antón P. Chéjov atravesó Siberia con rumbo a Sajalín. Rusia había establecido una colonia penitenciaria en dicha isla situada al norte del archipiélago de Japón, y el objetivo del escritor era estudiar y documentar la realidad de la misma. Sin embargo cuando aún estaba a mitad de camino tuvo noticia de un extraño fenómeno ocurrido en Tunguska un par de años antes. Una explosión de origen desconocido y una potencia inconcebible para la época destruyó una enorme zona de la taiga a mediados de 1888. Así que se decide a montar una expedición con  ayuda de la nobleza local de la pequeña ciudad donde está haciendo un alto en el camino. Pero espera un momento, el incidente de Tunguska tuvo lugar en 1908, no en 1888 según se plantea en la trama. ¿Cómo es posible entonces que pudiera ocurrir lo que se relata? ¿Y qué tiene que ver con todo ello un grupo de cineastas, guionistas y actores rusos que a principios de los 1980s está ultimando los detalles del rodaje de una película llamada El viaje de Chéjov, con la que pretenden llevar al celuloide precisamente su aventura de Saljalín?

Ian Watson vuelve a componer una fascinante novela de ciencia-ficción que partiendo de hechos reales, juega con la posibilidad de existencia de universos alternativos en que la Historia se desarrolla siguiendo cursos diferentes al que conocemos. Sin embargo no voy a ocultar que he estado algo perdido durante el primer tercio de la narración. Me ha costado un poco entrar en los diferentes hilos argumentales, que alternan principalmente entre el relato del viaje del autor ruso y la trama del equipo de rodaje, que además de personal técnico y artístico incluye a un misterioso doctor en psiquiatría especialista en la liberación de habilidades mediante la hipnosis. Posteriormente se suma una tercera historia que nos cuenta el que va a ser el primer intento de colonización de mundos habitables por parte de la URSS, viable a finales del S.XXI gracias a una tecnología que permite los viajes espaciales sublumínicos gracias al control de los flujos del tiempo. Paradójicamente es este tercer hilo el que de pronto conseguirá que todas la piezas del puzzle encajen y que el texto cobre sentido en su globalidad, en uno de esos momentos mágicos que algunos autores logran con sus novelas.

Además de los elementos históricos y especulativos, la acción está repleta de elementos humorísticos desmadrados y divertidísimos. En definitiva se trata de un libro muy entretenido, planificado y ejecutado sin tachas, y con una trama súper original. La única objeción que puedo ponerle viene por los constantes laísmos que he detectado en la traducción (impecable por lo demás, aunque con algunos modismos demasiado propios de español europeo). Como ya veía venir, creo que he acertado al 100% en mis predicciones sobre la calidad de la obra del británico, de quien de pronto empiezo a descubrir que se ha (re)editado mucho material recientemente. Así que mis queridos lectores, es oficial: tengo nuevo autor fetiche que incorporar a la lista. Y me quedan casi todos sus títulos por leer. ¿No os parece que la vida es en ocasiones maravillosa? Tenéis una reseña estupenda de esta novela en El quimérico lector, donde se nota la admiracion que el redactor profesa a este escritor. Y otra más en el Sitio de Ciencia-ficción, donde leemos que también ha convencido a un aficionado al género algo reacio a Watson.

21 may. 2018

El día eterno - James G. Ballard

Aprovechando que la red de bibliotecas públicas de la Comunidad de Madrid tiene un catálogo de lo más completo, he vuelto a picar con uno de esos títulos prácticamente inencontrables de James G. Ballard (aunque este en concreto se puede conseguir de segunda mano; en La casa del libro hay uno por 30€ y en amazon otro por más de 350€, ¡glups!). El día eterno es una recopilación de relatos cortos de ciencia-ficción y género fantástico que según se indica en el propio volumen ya habían sido recopilados con anterioridad por Minotauro en otras antologías (excepto un par de ellos). Como hace mucho que no incluyo los títulos, aprovecho esta ocasión para hacerlo informando además de en qué otros libros aparecen:

Ocurre además que el título Playa terminal hace referencia a dos ediciones distintas que recopilan cuentos diferentes. La que yo he leído es la más reciente (1987) y ninguno de los doce cuentos que recoge están en los de esta compilación. Por tanto para mí son todos novedades, aunque tampoco es que cuatro años después hubiera podido acordarme de 'El último mundo del señor Goddard' y 'La tarde repentina' en caso de que hubiera leído el otro.

Los nueve cuentos están fechados entre finales de los 1950s y mediados de los 1960s, uno de los periodos más fructíferos del autor. El tono general de los mismos es el habitual de su obra, esto es, historias asfixiantes sobre personajes extraños en mundos que experimentan cambios fuera de lo común. Así, en 'El día eterno' la rotación de la Tierra se ha detenido, haciendo que sus habitantes deambulen por toda su superficie desolada buscando un lugar donde poder conciliar el sueño. La presencia de la memoria de las diferentes eras geológicas de la Tierra en un fósil marino da cuerpo a 'Prisionero de los abismos de coral'. Unos viajeros espaciales varados en un planeta desierto donde los recuerdos se materializan es el telón de fondo de 'Mañana es un millón de años'. Una angustiosa vengaza la de 'El piso 99'. Muchos misterios sobre el universo y sus posibles habitantes nos esperan en 'Zona de espera'. 'El último mundo del señor Goddard' es un ejemplo perfecto de cuento fantástico con un protagonista que controla a su pueblo y vecinos mediante una maqueta del mismo. 'El asesino bondadoso' desarrolla una paradoja clásica de los viajes en el tiempo. En 'La tarde repentina' los extraordinarios conocimientos de las ramas más oscuras del yoga permiten a un médico hindú evitar las consecuencias de un crimen. Por último 'Los locos' plantea una distopía en que un gobierno totalitario ha prohibido el ejercicio de la psiquiatría en aras del respeto a la libertad del individuo.

No voy a decir que sean sus mejores cuentos (en global me gustó mucho más Las voces del tiempo), pero no es fácil encontrar un Ballard malo. En todo caso me muero de ganas de que Alianza Editorial publique de nuevo a este autor y sus Cuentos completos, noticia que lleva dando vueltas por la red casi dos años. A ver si de una vez se hace justicia con la obra breve del británico. De momento la web de esta editorial ya indica que Rascacielos está disponible, aunque a fecha de hoy yo no he conseguido verlo ni en amazon ni en La casa del libro. Tenéis más reseñas de esta edición en particular en Authomathic for the people y KMX Magazine, aunque esta última apenas son cuatro frases.

16 may. 2018

Middlesex - Jeffrey Eugenides

En Middlesex comparten espacio dos hilos argumentales simultáneos. Por un lado está la saga familiar de los Stephanides, fundada por Lefty y Desdémona a principios de los 1920s tras emigrar desde Grecia a EEUU huyendo de las barbaries de la Guerra greco-turca. Una vez en Norteamérica se instalan en Detroit porque allí reside una prima de ambos, Lina Zizmo. En dicha ciudad vivirán, trabajarán y tendrán a sus hijos, y éstos a su vez, los suyos. Su nieta Calliope será la narradora de la historia familiar, aunque para sorpresa del lector, en el momento de la narración y con algo más de cuarenta años, Callie ya no es una chica, sino un hombre, Cal. Debido a un problema genético el protagonista nació con genitales ambiguos de aspecto femenino y los testículos y demás gónadas masculinas ocultas. Tras el nacimiento del bebé, el médico que atendió el parto hizo una exploración rutinaria y superficial que no detectó este hecho, con lo cual se entendió que se trataba de una niña y como tal fue criada. Sin embargo con la llegada de la pubertad y el aumento de testosterona que la acompaña se hizo patente su verdadero sexo e identidad de género, lo que llevó a la hasta entonces jovencita a tomar la decisión de pasar a ser un hombre.

No voy a andarme por las ramas: esta novela de Jeffrie Eugenides es tan entretenida como insustancial. Ya solo el título se queda en poco más que pretencioso aunque tiene la intención de ser sugerente y jugar con el doble sentido (podríamos traducir literalmente middlesex por 'sexo intermedio', al margen de ser el nombre de la calle del barrio residencial donde Callie vive con sus padres). Es verdad que se tratan muchos temas delicados, pero quien mucho abarca poco aprieta. ¡Ah, ese refranero español, cuánta sabiduría encierra! Quizás si este escritor se hubiera centrado en algún tema y lo hubiera tratado con más profundidad el texto habría ganado empaque. Pero no, tenía que tocar todos los palos posibles para hacer una especie de epopeya carente de interés pero que potencialmente tiene algo para todo el mundo. Incesto, conflictos armados, emigración, EEUU como la tierra de las oportunidades que no lo es tanto, activismos políticos y de minorías sexuales y raciales, amor, religión, historia contemporánea, el crecimiento como persona, la aceptación de uno mismo, etc.

Un vistazo rápido a la página del libro en la Wikipedia en inglés confirma algo que su apellido ya me hacía sospechar: Eugenides es de origen griego y además nació y se crió en Detroit. Hay por tanto mucho de autobiográfico en estas páginas. Sin embargo, la intersexualidad de Callie, que es lo que le otorga la originalidad, es lo que menos creíble resulta. Un descubrimiento tan traumático sobre un aspecto determinante a la hora de definir la realidad del ser humano, y que encima ocurre en una época tan delicada para el protagonista, tiene por contra un peso secundario en la acción. La trama se desarrolla en tres cuartas partes con Cal relatando la odisea familiar, con los abuelos, los tíos abuelos, los padres, los tíos, los primos, toda la parentela y no nos olvidemos de los trabajos, los golpes del destino, bla, bla. A esto hay que superponer brevísimas pinceladas de la vida adulta de Cal en su actual residencia en Berlín (más referencias autobiográficas). Es solo en el cuarto final del libro cuando el escritor intenta desarrollar el conflicto del protagonista, pero en mi opinión falla estrepitosamente. Todas las dificultades del paso por la pubertad de Callie durante principos de los 1970s tienen las carencias propias de alguien que no ha pasado por ese proceso y que por tanto, no puede transmitir la angustia que se debe experimentar. Yo iba leyendo y era incapaz de creerme nada, ¡qué poco gracejo, qué poco chiste! Aunque también puede ser que haya querido ahorrarse los detalles más morbosos y escabrosos para no caer en el drama. O bien simplemente que Eugenides carezca del talento suficiente para hacerlo aunque conozca de primera mano de qué está hablando (que conste en acta que esto último no me lo creo, pero lo pongo aquí para evitarme la vergüenza si dentro de unos años el escritor decide salir del armario y confesar que es intersexual).

En definitiva, fácil de leer pero con personajes y situaciones triviales. Lo que es a mí, no me ha emocionado ni en una sola página, ¡ni una sola! Ahora bien, ya sabemos cómo son estas cosas. Para empezar la novela ganó el premio Pulitzer y para continuar las reseñas en la blogosfera son de lo más elogioso (por poner algunas: A través de otro espejo, Kaleidoscope, MarinaEscribe, Un libro al día). Así que para equilibrar un poco la balanza, aquí queda la mía.

7 may. 2018

Nicht beendet

Tengo buenas tragaderas para terminar libros, así que por lo general acabo casi todo lo que empiezo. Me cueste más o me cueste menos, suelo llegar hasta el final porque una novela que no he ha gustado me da mucho juego a la hora de soltar improperios en la reseña correspondiente. Me relaja, incluso me puede llegar a compensar cuando el autor es admirado por el público (me viene Vargas Llosa a la cabeza sin tener que pensar demasiado). Pero ocurre que desde mediados de marzo estoy viviendo un momento bastante convulso en lo personal, con varios frentes abiertos que me tienen los nervios desquiciados. Asi que llevo varios abandonos acumulados desde hace algo más de un mes, sin haber pasado más allá del capítulo dos en todos los casos. Ahí va la lista:

Andaba yo buscando en la biblioteca Sorgo rojo del Nobel chino Mo Yang y como en aquel momento no recordaba su nombre, hice una búsqueda por título en el catálogo. Un artículo determinado de más al que no presté atención provocaron que me llevara a casa El sorgo rojo de Ya Ding. Antes de empezar a leerlo ya había detectado el error, pero pensé, ¡bah, qué más da! Así que me puse con él solo para dejarlo a las pocas páginas. Una familia campesina que se traslada a un pueblo donde el padre va a ejercer de enlace con el partido comunista chino. Todo ello relatado por el hijo pequeño. No sé si el libro será bueno o malo, pero no me apetecía nada meterme en esa historia. Por cierto que en las últimas ediciones, el libro del Nobel de 2012 se titula El clan del sorgo rojo, algo que puede ayudar a evitar confusiones como la que sufrí yo.

Clarice Lispector es otra autora con excelentes referencias que descubrí cuando buscaba información sobre Lucia Berlin. Me dije, venga, voy a leer algo suyo, pero como siempre en mis tomas de contacto, que no sea muy voluminoso. El título (des)afortunado fue La pasión según G. H. Insoportable, un constante reflexionar sobre algo intangible, inasible, inconcebible. Renuncié antes de la página 30. ¿Volveré a intentarlo de nuevo? En lo que queda de 2018 no creo.

En una de mis habituales incursiones en La casquería del mercado de San Fernando me hice con La hora de la cerveza, primer volumen de la Trilogía malaya de Anthony Burgess. Ambientado en alguna colonia del imperio cuando ya le quedaban pocos años por mantener dicho estatus, está repleta de términos en diferentes idiomas locales que obligan a consultar el glosario a cada poco. Supongo que al escritor le parecería que algo así aportaría veracidad y originalidad al crisol de razas y lenguas que bla, bla, bla. A mí me saturó desde el capítulo uno. En el dos la cosa seguía igual y puesto que mi retentiva para recordar los significados era nula, lo devolví a la estantería donde estaba y allí sigue a día de hoy.

Empiezo a leer Hozuki. La libreria de Mitsuko de Aki Shimazaki y tras dos capítulos no encuentro nada que me despierte mínimamente el interés. La protagonista es una madre soltera que vive con su madre e hija pequeña (¿o era hijo?) en la planta superior de la librería que regenta. Añade una reflexión completísima sobre la elección y el significado del nombre del comercio, sin olvidar mencionar las razones por que escogió escribirlo en caracteres kanji frente a la escritura silábica del japonés (o al revés, no me acuerdo), y para mí fue suficiente para decir: hasta aquí hemos llegado.
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