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27 sept 2018

La pianista - Elfriede Jelinek

Erika Kohut es una pianista frustrada cuya carrera como solista no despuntó y tuvo que dedicarse a la enseñanza de este instrumento. A sus treinta y muchos años nunca ha tenido una relación sentimental porque su castrante, controladora y posesiva madre se ha cuidado siempre muy bien de mantenerla alejada del mundo y centrada exclusivamente en su profesión. Sin embargo uno de sus alumnos más aventajados, Walter Klemmer, de veintipocos años, se enamora perdida y obsesivamente de ella. El desinterés de Erika en ceder a su conquista no hace sino reforzar sus ánimos. Madre e hija son conscientes de las intenciones del joven universitario, las cuales es obvio que la protagonista no podrá resistir eternamente.

Elfriede Jelinek nos ofrece en La pianista el retrato de una de las relaciones madre-hija más insanas y tóxicas que se hayan podido escribir nunca. No cabe duda de que la dinámica interpersonal de las familias tiene tendencia a ser difícil y complicada, pero lo que leemos en esta novela es una hipérbole patológica de lo perversas que pueden llegar a ser. El desarrollo como persona de la protagonista ha sido cercenado por su progenitora desde que era una cría. Su obsesión en que ella triunfe en el mundo de la interpretación musical no es sino una mezquina táctica de compensación psicológica ante su propio fracaso. El férreo dominio que realiza sobre la vida de su hija, anulando toda posibilidad de expresión de su verdadero ser, crea un monstruo incapaz de ser feliz cuya existencia se reduce a mil formas inimaginables de sufrimiento.

El día a día de Erika consiste en chantajes emocionales, humillaciones y abusos verbales y físicos procedentes de quien la naturaleza y la sociedad afirman que debería ser la persona que más habría de querernos. La frustración (no solo sexual, que también) de la pianista se manifiesta a través de la violencia, no solo hacia lo demás (alumos, compañeros de conservatorio, simples desconocidos) sino también hacia sí misma mediante la autoagresión. A esto se suman parafilias sexuales y comportamientos límite en entornos sociales marginales. Incursiones nocturnas en el Prater para practicar el voyeurismo, visitas a peep-shows o cines porno en los peores barrios de Viena y prácticas sadomasoquistas o de bondage parecen ser la única vía de escape al dolor de una vida cuyo goce le ha sido negado. Y naturalmente para lograr rascar una hora al día y poder llevarlas a cabo sin que su madre lo descubra no le queda más opción que mentir, engañar y manipular a su reducido entorno personal, provocando de esta manera una espiral de depravación moral de la que no hay salida posible.

Tengo este libro pendiente de leer desde hace años, pero las referencias a la brutalidad de la adaptación a la gran pantalla que Michael Haneke realizó en 2001 no eran de mucha ayuda. Es cierto que la historia narrada por la premio Nobel de 2004 es extremadamente dura y desesperanzadora. No obstante, no creo que sorprenda a quien sea conocedor de su obra. Para empezar tenemos la abyección que rodea a los Kohut: por si no fuera bastante con la dinámica enfermiza entre madre e hija, recluyeron al padre en un centro psiquiátrico para pacientes incurables. Sin duda este panorama atroz no es sino una crítica contumaz a la familia y a la hipocresía que existe en torno a la institución que se considera pilar básico de la sociedad contemporánea. Pero es que el matrimonio y en general todos los estamentos sociales, que consideran que el papel de la mujer ha de ser el de sumisión al hombre, no salen mucho mejor paradas, para qué nos vamos a engañar.

A pesar del estómago y buenas tragaderas que la trama exige al lector, la prosa de Jelinek es arrebatadora. Con frases cortas de una precisión intachable el texto va desgranando las miserias, desgracias y vilezas de Erika. El lenguaje es tremendamente crudo y soez cuando trata temas sexuales, algo a lo que ya nos debería tener acostumbrados. Sin embargo la redacción aséptica nos indica que la intención no es molestar o desagradar, sino más bien deslumbrarnos al mostrar la realidad de la protagonista sin eufemismos ni medias tintas. De todas formas, lo que sin duda alguna más me ha soprendido es que entre tanto horror aparecen con mucha frecuencia elementos humorísticos desde una desvergüenza incontestable. Enfrentando puntos de vista diametralmente opuestos, la autora austriaca combina reflexiones de alto nivel estético e intelectual con actos y deseos prosaicos y egoistas. El efecto final es como una bofetada que aturde al lector: por un lado resulta imposible no reconocer la belleza e inteligencia que destilan los primeros; por otro, sería deshonesto con nosotros mismos no admitir lo humanos y cercanos que nos resultan los segundos. En definitiva, una novela extraordinaria, muy arriesgada pero muy necesaria a la vez. Hará las delicias de todos aquellos aficionados a las vidas extremas y a la crítica social más descarnada. Lo que viene siendo marca de la casa, vaya. Podría seguir cantando más alabanzas de este libro, pero prefiero cerrar la reseña recomendándolo sin reservas. Tenéis más reseñas en Crítica de libros, Voz de mujer y El blog del cresta.

2 jul 2014

Los Excluidos - Elfriede Jelinek

En Los Excluidos tenemos a un grupo de adolescentes vieneses de finales de los 1950s a punto de terminar sus estudios de secundaria y enfrentarse a un mundo de decisiones que condicionarán sus vidas. Son los gemelos Rainer y Anna Witkowski, Sophie Pachhofen y Hans Sepp. Los gemelos son hijos de un antiguo miembro de las SS y de clase media-baja, Sophie procede de la clase más acomodada de la capital, Hans es la excepción pues no estudia sino que hijo de activistas de clase obrera, trabaja en instalaciones de alta tensión. Puestos en manos de Elfriede Jelinek, estos jóvenes componen una camarilla empeñada en subvertir las convenciones sociales realizando actividades delictivas (principalmente atracos a transeúntes con intimidación y violencia) en las que muestran un rechazo visceral a un mundo adulto que no les ofrece alternativas. Entre los cuatro se establecen unas complicadas relaciones basadas tanto en la búsqueda y culminación de sus aspiraciones personales (deseo/atracción/amor, mejorar en la escala social, etc.) como en una exhibición de poder que se manifiesta en el liderazgo de la banda. Rainer se ha autoerigido jefe pero Sophie resulta indomable y tinene unas ideas propias muy claras. Excepto Hans que actúa un poco de comparsa buscando en el resto de sus compañeros un crecimiento intelectual que le ha sido vedado por sus orígenes obreros, lo demás son extremadamente inteligentes, apasionados por el jazz y los existencialistas franceses (Camus, Sartre). Por el momento temporal en que transcurre la acción podríamos calificarlos ideológica y estéticamente como beatniks austriacos.

Después de leer este libro entiendo perfectamente que esta autora recibiera el Nobel de Literatura en 2004. Mi limitado conocimiento de su obra se saldaba hasta el momento con un 1-1: Las Amantes a favor y Deseo en contra; sin embargo el que hoy me ocupa inclina la balanza muy positivamente y tanto en forma como en fondo es sin duda uno de los grandes aciertos en lo que llevo leído este 2014. Para empezar el tormento generacional adolescente está perfectamente reflejado los protagonistas: inseguridades, dudas, ansias de conocimiento, enfrentamientos con los progenitores, inocencia, autosuficiencia tramposa, afán por conocer y explorar. Resulta imposible que el lector no establezca un vínculo con alguno de los cuatro, cada uno lo hará por mil motivos diferentes. Por otro lado, de todos es conocido el fuerte transfondo crítico que hay en la obra de Frau Jelinek, así que era de esperar que el texto estuviese plagado de denuncias: al machismo, a los abusos familiares, a la opresión de la mujer en su papel de esposa y madre. Todas ellos se ven especialmente desarrolladas a través del padre de los gemelos. Antiguo número de las SS, hoy día no es más que un inválido de guerra con una pierna amputada que malvive con una pensión estatal y un trabajo extra de portero de noche en un edificio de viviendas. Toda la frustración que le provoca su patético estado la vuelca en su mujer, Margarethe, a base de palizas y humillaciones. Sus hijos interiorizan este comportamiento y se mantienen al margen en las constantes peleas. Aunque sienten cierta lástima por su madre, terminan tratándola mal a base de pequeños desprecios. Desprecios que son igualmente  habituales en la relación de Hans con su madre, de quien se avergüenza por su militancia de clase antes de la contienda. En resumen, este grupúsculo nihilista quiere romper el pasado que consideran completamente caduco, ya provenga de la lucha obrera o del nacionalsocialismo. Porque evidentemente, y como parece ocurrir con la mayoría de los escritores autriacos más conocidos, a lo largo de toda la novela se expresa una feroz e implacable censura al pasado nazi de este país. Recordemos que los protagonistas han heredado los efectos de la II Guerra Mundial: las fuerzas aliadas abandonaron Austria en 1955, tan solo unos años antes de cuando transcurre la acción.

El texto es bastante denso, la prosa me ha recordado por momentos a Thomas Bernhard. No obstante la escritora ha sabido imprimirle un ritmo muy ágil; así, las largas narraciones de los estados emocionales de la pandilla, sus acciones criminales o su ideario, se alternan con diálogos muy agudos e ingeniosos donde tiene cabida la sátira y la burla más descarnada, consiguiendo que queden ridículos sea cual sea su intención. F. Jelinek tiene una habilidad increíble para empezar un párrafo usando el narrador en tercera persona, ceder inmediatamente el protagonismo a unos de los personajes como narrador en primera persona y en ese momento iniciar un diálogo entre ellos. Y todos estos cambios, que se usan sin descanso, terminan siendo transiciones perfectamente lógicas y naturales. Y ojo al cierre marca de la casa. La premio Nobel se caracteriza por poner punto final a sus libros mediante actos de desesperación, horror y brutalidad. Algo que en este caso encaja a la perfección con el desarrollo de la novela. Una auténtica maravilla. Tenéis más reseñas en Solo de Libros, El Blog del Cresta  y La Siega.

24 abr 2012

Las Amantes - Elfriede Jelinek

Catorce años separan Las Amantes, escrita en 1975, de la que hasta el momento era mi única (y terrible) experiencia con la prosa de Elfriede Jelinek, Deseo, que data de 1989. Como ya adelanté en mi post sobre ésta última, me compré dos libros suyos a la vez, uno de los hábitos de consumo de los que no consigo deshacerme, así que estaba algo, uhm, digamos "inquieto" cuando empecé a leer la que hoy me ocupa. Por suerte para mi Las Amantes es, a nivel formal, mucho más ligera y fácil de llevar que Deseo. ¿Quizás porque es una de sus primeras obras? No lo sé, tal vez tenga algo que ver, lo cierto es que en cuanto al contenido ambas son muy críticas.

En esta ocasión es la sociedad patriarcal heteronormativa quien se encuentra en el punto de mira de la Nobel austriaca. La posición de la mujer es, en este contexto, la de sumisión al hombre a través del matrimonio. Ahora bien, en lugar de enforcar sus juicios desde una perpectiva asfixiante, obscena y brutal, como ocurría en Deseo, se hace desde la burla, el sarcasmo y la ridiculización extrema. Elfriede Jelinek se pitorrea de las protagonistas, Briggite y Paula, y de la forma de vida que han elegido, o que han sido condicionadas a llevar. La única via de escape a su gris existencia (trabajo alienante, familias disfuncionales) no es otra que la búsqueda y captura de un marido que les haga salir del espantoso entorno que su nacimiento les ha destinado. Ambas consiguen lo que quieren quedandose embarazadas, ya que no cuentan con ninguna otra arma para lograr lo que quieren. A Briggite, madura y calculadora, los planes le salen bien y consigue mejora económica y en estabilidad pasando por la vicaría. A Paula, joven e idealista, el amor no le soluciona nada, es más, solo le vale para empeorar su ya lamentable situación personal. Para la autora, el matrimonio es siempre una trampa que condena a todo el mundo (hombres y mujeres) y que perpetua un modelo de sociedad equivocado.

Hay varias cosas que sorprenden en esta novela. Lo primero es la ortografía, puesto que no hay mayúsculas ni tras los puntos ni en los nombres propios. Lo segundo es que cuesta imaginarse que en 1975 Austria fuese el país que refleja la trama. Los malos tratos familiares parecen ser la norma y estar a la orden del día, con palizas a diestro y siniestro para canalizar la frustración. De maridos a esposas, de padres a hijos, de madres a hijos, los hermanos/as mayores a hermanos/as menores. Y los últimos de esta cadena terminan maltratando animales, como ocurre con Erich, el futuro marido de Paula. También el lenguaje vulgar, irrespetuoso e irreverente tiene un papel destacado. Así las mujeres "se abren de piernas como pollos" (como pollos muertos en una bandeja de poliestireno, diría yo), o usan su "chichi" para lograr sus objetivos, que vienen a ser que el hombre les meta el "rabo" y las llene de "moco pestilente", etc. Tengo que admitir que en ciertos momentos este lenguaje tan zafio me ha parecido hasta divertido.

Resumiendo, una experiencia muy agradable e interesante, diametralmente opuesta a lo que recuerdo de Deseo. En la blogosfera hay infindad de reseñas sobre Las Amantes, que van del entusiasmo (véase si no Proscritos | La revista o Letras S5) al desinterés (Demasiado que leer o Críticas Literarias Regina Irae).

29 ene 2012

Deseo - Elfriede Jelinek

La historia que Elfriede Jelinek cuenta en Deseo es, simple y llanamente, terrible. Nos describe el matrimonio como una relación de dominación/sumisión mediante una situación extrema. Hermann, director de una fábrica de papel, domina la región como soberano absoluto. Posee y controla a su mujer Gerti como si fuese un objeto más que refuerza su estatus de poder. Debido al miedo a contraer SIDA en sus frecuentes relaciones con prostitutas, ya que no está dispuesto a usar preservativo, vuelca todas sus perversiones y pulsiones sexuales sobre su mujer, forzandola a sufrir todas las humillaciones y vejaciones sadomasoquistas que pululan en su turbio deseo. Ella consiente displicentemente como contrapartida a su privilegiada y desahogada situación, de hecho tras los ataques de su marido, él siempre le regala ropa y complementos de lujo como compensación. La situación se prolonga en el tiempo y deja de ser soportable para Gerti, que se refugia en el alcohol para anestesiar sus sentidos, y en su desesperación termina en brazos de un joven amante, Michael, que a la postre, también abusa vilmente de ella. Esta trama principal se ve reforzada por las constantes referencias a la deprimente existencia de los habitantes de la zona, condenados al fracaso, al paro o a un trabajo alienante en la fábrica de papel. Jelinek expone sus miserias, su patético servilismo y el aturdimiento existencial al que se entregan mediante el deporte o dejandose anular por la TV, el consumismo, etc. En definitiva, un infierno.

Pero para infierno la forma de escribir de la premio Nobel. Elfriede Jelinek ha conseguido que la prosa más retorcida de su compatriota Thomas Bernhard resulte en comparación, sencilla y accesible como un cuento infantil. Su estilo es plúmbeo, terriblemente denso y espeso, imposible de cortar como no sea con un Ginsu y una habilidad de la que yo carezco. Relatado en su totalidad por un narrador en tercera persona, el texto está inundado además de metáforas, paralelismos, insinuaciones y comparaciones solapadas. Me he perdido durante la lectura con una facilidad pasmosa. He tenido que releer, volver frases y párrafos atrás para al final, tirar la toalla desesperado en casi todos los casos. Con la inseguridad de un novato, no me ha quedado más remedio que resignarme a suponer que tal vez la autora quería decir esto o aquello, o quién sabe qué, pero renunciando a cualquier atisbo de actividad en mi, para ese entonces, mermada capacidad de comprensión. Con la de tiempo que llevaba yo queriendole meter mano a la austriaca (figuradamente, se entiende) y el chasco tan grande que me he llevado.

Tenéis más reseñas sobre esta novela en Solo de Libros, El Lamento de Portnoy o El Desván de los Libros. Todos alaban la obra y coinciden tanto en la dificultad del texto como en la valentía de la autora en su crítica a la repugnante sociedad que entre todos hemos creado. Para mi, este cuestionamiento del sistema, que aplaudo y comparto, no compensa para nada las confusas e intrincandas maneras.
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