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11 sept 2017

Barba Azul - Max Frisch

Felix Schaad es acusado del asesinato de Rosalinde Zogg, una de sus ex-mujeres. En total ha estado casado seis veces, como seis fueron las esposas a quienes mató Barba Azul, de ahí que durante el juicio la prensa le apode con ese sobrenombre. Rosalinde Z. y el Sr. Schaad mantenían buena relación, y la actual esposa de este último sabía que la visitaba con frecuencia en su apartamento para charlar, ayudarle con los impuestos o cualquier otra bobada. Por cierto que Frau Zogg se ganaba la vida como prostituta de lujo, cosa que no ocultaba y era sabida por su entorno más cercano, que no parecía tener conflicto moral alguno con ello. Durante el proceso asistiremos al interrogatorio del fiscal, que tratará de indagar en los hechos ocurridos el sábado en que se produjo el crimen. Todo hace pensar que el protagonista ha bloqueado el recuerdo de lo que hizo en esa fecha, así pues serán principalmente los testigos quienes irán recreando la personalidad del encausado.

En Barba Azul se desarrolla de nuevo uno de los temas que más preocupó a Max Frisch, esto es, la construcción de la identidad del individuo. En ello influye los condicionamiento sociales por un lado (familiares, de pareja, legales, laborales, etc.), y las diferentes experiencias de cada uno de los posibles observadores que han tenido contacto con él, siendo estos dos aspectos los que empleará el autor suizo para narrar los acontecimientos.

Se trata de un relato corto de lectura muy rápida debido principalmente a que se estructura en numerosos diálogos entre el fiscal y los testigos. Como ya ocurriera con Mi o el viaje a Pekín, hay una parte importante de experimentación en el texto, ya que ni las indagaciones a los declarantes pretenden tener la rigurosidad que uno espera de un pleito formal, ni las reflexiones de Herr Schaad intercaladas intentan seguir un curso lógico con lo que se haya podido leer hasta el momento. Aunque la obra mencionada un poco antes me resultó convincente a pesar de sus peculiaridades, en esta ocasión me temo que me he pasado casi todo el libro pensando: ¿de verdad era necesario publicar esto? No hay apenas reseñas de esta novelita en la blogosfera, os recomiendo eso sí, que echéis un vistazo a la opinión de uno de mis habituales, La esquina de ese círculo, para que podáis comprobar qué dos impresiones más distintas puede causar un mismo escrito.

29 jul 2017

Mi o el viaje a Pekin - Max Frisch

Kilian, un arquitecto maduro originario de Suiza, va de camino a Pekin cargando bajo el brazo con el rollo de un proyecto importante. A ratos le acomapaña Mi, quien no sabemos si es humano, un espírtu o sólo una evocación de su propia conciencia con quien mantiene un diálogo mental. Durante este viaje que parece nunca va a llegar a completar (se desplazan pausadamente en barca o caminando, cuando no se detienen durante días), reflexiona sobre su propia vida, la naturaleza humana o un amor perdido en la juventud.

Mi o el viaje a Pekin es una de las primeras obras que publicó Max Frisch. Se trata de un texto corto de poco más de 100 páginas bastante difícil de clasificar. Tiene un importante contenido filosófico, ya que el autor medita sobre la sociedad contemporánea y sus lacras (materialismo, incomunicación), o las más deleznables características del ser humano (vanidad, ambición, hipocresía). Por otro lado está cargado de simbolismos, y claro, si entramos en el proceloso mundo del simbolismo la cosa se vuelve un poco turbia. ¿Qué significa ese viaje a un Pekin que resulta inaccesible y cuyas primeras casas apenas consiguen alcanzar? ¿Por qué parece estar esta ciudad siempre detrás de una última montaña, tras el recodo de un río que ya vamos a tomar u oculta tras una niebla a punto de despejarse? ¿Y los planos enrollados que tanto le preocupan y condicionan su avance, qué vienen a representar? ¿Por qué a veces los deja enterrados sin más en cualquier parte del camino para que no le retengan y sin embargo en otras ocasiones no duda en parar durante días hasta que puede dejarlos bien custodiados en casa de algún lugareño? Y si hablamos de Maya, su gran fracaso amoroso de la juventud, ¿qué trata de transmitirnos el escritor rememorando este personaje? ¿Y por qué casi toda la acción transcurre en otoño? ¿Cuál es el objetivo de mencionar todo el rato puestas de sol con colores rojizos cuando las tardes ya refrescan, árboles cubiertos de hojas en tonos ocres y frutos caídos al suelo ya casi totalmente podridos? Bueno, lo cierto es que en este caso no es difícil dar con interpretaciones bastante evidentes para tanta imágen simbólica.¿No resulta la vida un sinsentido, un viaje sin propósito claro, por no decir inexistente? Pues por eso Pekín podría ser un destino al cual nunca se llega. ¿No asumimos como propias cargas impuestas socialmente que nos impiden desarrollarnos como personas y ser medianamente felices? Yo diría que eso simbolizan los planos que el protagonista acarrea de un lado a otro. ¿Por qué tanta imagen otoñal? Pues en mi opinión porque solo con la madurez algunas personas reaccionan y se plantean la vida tan absurda que llevamos, que no es gran cosa, pero al menos sirve de pequeño consuelo frente a todo el fracaso que hemos acumulado. ¿Y Maya, el amor juvenil, no podría interpretarse como las ilusiones perdidas? Bueno, estas son algunas interpretaciones que se me han ocurrido a mí, ¡que vaya luego Vd. a saber! Por cierto, ¿habré conseguido por fin establecer un nuevo record de oraciones interrogativas en el blog con el post de hoy?

En definitiva una obra corta de relativo interés y que expone aspectos filosóficos sobre la realidad del ser humano con un formato bastante experimental. Porque no se trata sólo de que a nivel argumental y de desarrollo no haya mucha coherencia ni continuidad, es que además, depués de pasar casi todo texto con Kilian haciendo el papel de narrador en primera persona, cuando ya estamos cerca del final de pronto un narrador omniscente en tercera persona le sustituye para seguir detallando aspectos de la vida del protagonista. El libro está descatalogado y sólo se encuentra de segunda mano, así que mi recomendación de hoy es centrarse en las grandes obras reconocidas de este reputado literato, Homo faber a la cabeza. Creedme cuando os digo que resultará más práctico y gratificante. En cuanto a las reseñas que enlazo siempre al final de mis comentarios, hoy no va a poder ser ya que esta obrita no parece haber despertado la curiosidad entre la blogosfera.

28 sept 2016

Digamos que me llamo Gantenbein - Max Frisch

No me va a ser nada fácil empezar la reseña con mi habitual mini resumen de la trama porque 'Digamos que me llamo Gantenbein' es un libro bastante extraño. Si mal no recuerdo uno de los temas claves en la obra de Max Frisch es la construcción de la identidad humana, sobre lo cual trata uno de sus libros más conocidos, No soy Stiller. Pues bien, no hay que ser un lince para ver los paralelismos semánticos entre aquél título y el que me ocupa hoy. Es cierto que en esta novela el escritor suizo vuelve a interesarse sobre la identidad, sobre quienes somos, sobre cómo las personas construyen una imagen propia de cara a la sociedad cuyas características pueden cambiar según el entorno en que se mueven. La particularidad de este texto, es que el protagonista-narrador en primera persona, va creando personajes e identificándose con ellos según transcurre la narración. Cada uno de ellos se adapta a sus intereses en cada momento y los usa para reflexionar sobre diferentes aspectos que componen la figura humana.

Así pues aparece Theo Gantenbein, que se hace pasar por ciego para poder observar libremente a las personas sin que su presencia influya en sus actos. Pero nuestro hombre descubre su patraña a cada poco en pequeños detalles que olvida o no quiere fingir. Quienes le rodean los advierten con facilidad, pero prefieren obviarlos. Gantenbein conoce accidentalmente a Camilla Huber, una prostituta que se hace pasar por manicura, a quien visita con cierta frecuencia, lo que le permite simular que realiza la profesión que figura en la placa de su domicilio. Simultáneamente se casa con Lila, una famosa actriz que desde el primer momento le engaña durante sus estancias en el extranjero para rodar películas. El narrador es también Felix Enderlin, científico y editor de una revista especializada que recibe una oferta de Harvard y tiene una aventura con Lila, quien en esta línea argumental es la esposa de un reconocido arquitecto de origen checo llamado Svodoba. Lila y Enderlin no quieren prolongar su aventura pues saben que la separación es inevitable, pero se enamoran y Svoboda (en cuyo pellejo también se mete el narrador) experimenta todo el rango posible de sentimientos ante esta situación: celos, resignación, indiferencia, aceptación, etc. El suizo aprovecha cada personaje que idea y cada historia en que los sitúa para poner de manifiesto características sociales que afecta al ser humano y moldean su identidad, y viceversa.

Estamos ante un texto de contenido filosófico y sociológico. No me tiembla el pulso al escribir que me ha resultado muy, muy espeso. Si en los otros títulos de Frisch que he leído (el mencionado anteriomente y Homo Faber) el desarrollo era convencional, en este no hay nada que se le parezca. Las historias me han resultado bastante inconexas y sólo en una ocasión he conseguido detectar una chispa de genio. Hay una fiesta que aparece relatada desde diferentes perspectivas y por diferentes personajes; pues bien, una de las últimas veces que se menciona me dejó la sensación de haberla percibido como una globalidad. Esto me hace pensar que si este autor fue capaz de crear algo tan brillante, quizás el resto sea similar en calidad, pero a mí se me ha escapado. No lo descarto, en absoluto. En cualquier caso, mi sensación al terminarlo ha sido de zozobra total. Al margen de interesantes reflexiones sobre lo que supone el moldeado de la personalidad y críticas certeras a los convencionalismos sociales, no sé muy bien qué he leído. Para opiniones menos dispersas que la mía, os recomiendo echar un vistazo a Un libro abierto.

24 dic 2011

No soy Stiller - Max Frisch

El señor White, un americano de viaje por Suiza, es detenido tras un altercado con la policía zuriquesa y es obligado a permaner varias semanas en prisión preventiva hasta que se aclare su posible identidad, pues según un viajero que le acompañaba en el tren y avisó a las fuerzas del orden, Mr. White es en realidad H. Stiller, un escultor de cierta fama que desapareció sin dejar rastro hace algunos años. Según comprobamos a medida que leemos las notas que redacta Sam White durante su reclusión, Anatol Stiller era un tipo muy difícil: contradictorio, mendaz, inseguro, arrogante, inestable psicológicamente, huidizo y casi siempre hosco. En esos meses pasados entre rejas, Sam White traba amistad con el fiscal de su caso, que está especialmente interesado en él por motivos que se nos irán revelando poco a poco. Las visitas y los careos con sus antiguos amigos y sus familiares se van sucediendo, y cada vez parece más claro que Mr. White es, tal y como todos aseguran, Herr Stiller, ¿o no es así?

De nuevo un escritor en lengua alemana en Das Bücherregal. Repito con Max Frisch, en esta ocasión con el título que le consagró como escritor: No soy Stiller. Me he cansado de leer aquí y allá que esta novela es una crítica a la pacata sociedad Suiza, y bueno, es cierto que inicialmente la sátira a las peculiaridades de dicho país sobrevuela el texto, pero en mi opinión hay mucho más que eso. En realidad, y siempre bajo mi punto de vista, se trata de una historia de gran complejidad en la que se realiza un demoledor análisis psicológico y filosófico del ser humano y de la construcción de la identidad de una persona. Evidentemente el autor toma como caso particular al protagonista, quien concentra en su ser todas las contrariedades y dificultades inherentes a la vida en sociedad. Frisch se toma su tiempo en poner de manifiesto la ridícula idiosincrasia del país y el momento en que a cada uno le ha tocado nacer, eso es indudable, pero tiene mucho más peso el necesario enjuiciamiento de las expectativas y presiones procedentes del entorno más cercano (familia y amigos) e incluso las ideológicas interiorizadas como propias.

Ni que decir tiene, la novela me ha encantado. Los relatos que nos van perfilando a Stiller desde los cuadernos de Sam White abarcan multitud de personajes y situaciones: su participación en las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil Española, su matrimonio y la frágil salud de su bellísima y adorable esposa, sus aventuras extramatrimoniales, su relaciones familiares con su único hermano y su difunta madre, su entorno de amigos, etc. Todos componen un cuadro que nos permite situar a Stiller/White, sus contradiciones, su dramática historia personal y la resolución de la misma.

El apartado de otras reseñas se reduce hoy únicamente a la que podéis encontrar en Critica de Libros. Os la recomiendo.

20 jun 2011

Homo Faber - Max Frisch

Walter Faber es un ingeniero suizo de 50 años que trabaja para la Unesco en proyectos relacionados con la industrialización y mejoras tecnológicas de países emergentes (eso sí, emergentes según la situación económica en 1957 que es cuando transcurre la acción). Estamos ante un tipo muy metódico, muy racional, muy científico; vive su vida de acuerdo a probabilidades, cálculos y análisis estadísticos. Debido a su empleo viaja mucho por motivos profesionales, y por un cúmulo de casualidades o quizás porque así lo ha querido el destino, en un vuelo a Caracas para montar unas turbinas se sienta junto a un alemán que resulta ser hermano de un antiguo amigo de su época universitaria en Zúrich. Y a partir de ahí, los hados van enmarañando su ordenada vida de profesional técnico para hacer que se enamore de Sabeth Piper, una joven que conoce en un crucero y que resulta ser, gran casualidad de nuevo, hija de quien fue su gran amor: Hanna Piper.

En fin, poco más puedo contar sobre el argumento sin desvelar datos importantes sobre la trama. El protagonista parece no haber prestado demasiada atención a su lado emocional en los últimos 20-25 años, y de repente, se ve inmerso en una avalancha de sentimientos totalmente incontrolable, que le va alejando cada vez más de su mundo perfectamente describible en magnitudes físicas, funciones matemáticas y coordenadas cartesianas. En Homo Faber pasan cosas muy, muy fuertes, pero su impacto sobre el lector se ve amortiguado por el enfoque simple, directo y descriptivo que Walter Faber imprime a la narración en primera persona. La brillantez de Max Frisch al hacerlo puede deberse en parte a que él mismo era arquitecto, una profesión que exige habilidades artísticas y científico-tecnológicas a partes iguales.

Tengo cierta tendencia a la literatura en alemán, y reconozco que de momento en pocas ocasiones me ha defraudado (bueno, esto es un poco hablar por hablar, tampoco he leído tanta literatura escrita en alemán). Junto con Opiniones de un Payaso de Heinrich Böll, creo que Homo Faber tiene uno de los mejores finales que he leído nunca, ideado a la perfección y ejecutado magistralmente. Tenéis una reseña muy interesante de esta obra en Solo de Libros.
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