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16 sept 2018

Remains - Steve Niles y Kieron Dwyer

La recién elegida presidenta de los EEUU propone un desarme nuclear unilateral que es apoyado e imitado por todas las naciones con arsenal atómico. El día en que por fin se van a inutilizar todo el armamento ocurre un suceso inesperado que provoca la detonación descontrolada de todas las cabezas nucleares. Así que la humanidad se va al garete. Solo unas pocas personas logran sobrevivir y el resto se transforman en zombies debido a una tecnología especial que se iba a emplear para inutilizar la radiactividad. Entre los primeros están Tom Bennet y Tori, que en el momento de la deflagración estaban drogándose y follando en la caja fuerte del casino de Reno (Nevada), en que trabajaban. Él era crupier y ella camarera y streaper ocasional. Tuvieron sexo en esa sola ocasión, quizás por aburrimiento o por el estímulo adicional de la coca, porque Tom nunca le había caído bien a Tori, y ella se lo había dejado bien claro desde el primer momento. Sin embargo tras el desastre se verán forzados a convivir juntos y a colaborar por su superviviencia en una ciudad atestada de muertos vivientes deseosos de devorar sus carnes frescas. Por si esa situación no fuera suficientemente intolerable, las cosas empezarán a complicarse cuando detecten que los no-vivos están empezando a actuar con lo que parece ser cierto nivel de inteligencia. Y a cada día que pasa, la desarrollan un poco más.

«¡Oh, no! ¡Otra vez zombies!», diréis. Pues esa misma actitud recelosa tenía yo al empezar Remains, un poco ya harto de una temática que lleva saturándonos desde hace más de 15 años. Y no podía haber elegido peor ocasión para hacerlo, la verdad. Aun siendo una historia de terror en un mundo postapocalíptico plagado de zombies, por encima de eso estamos ante un relato de convivencia entre dos personas que no se soportan y se ven obligadas a cooperar para mantenerse vivos en el más absoluto aislamiento y en un entorno terriblemente hostil. ¡Anda que no me gusta a mí que las miserias humanas queden al descubierto! Considerando la brevedad habitual de este formato (el volumen se fulmina en 30 minutos escasos), creo que es toda una proeza conseguir que te olvides del trasfondo de horror y una vez terminado, la idea que persiste en tu cabeza sea la dificultad de la convivencia.

El guión correa a cargo de Steve Niles, quien empieza a ser todo un habitual en este blog. Hasta el momento no se puede decir que sus tramas me hayan parecido especialmente originales, pero desde luego hoy no puedo decir lo mismo. Del apartado gráfico se encarga Kieron Dwyer, quien tiene un estilo poco pulido intencionadamente. Casi se diría que los dibujos en realidad son bocetos, borradores previos de las viñetas definitivas que no llegaron a realizarse. Su gran dominio a la hora de plasmar los paisajes, las perspectivas o las escenas de acción contrasta con unos trazos y unos colores que parecen terminados a toda prisa y sin interés. Que evidentemente no es el caso. Como ocurriera con Ben Templesmith en Manchada de sangre, a Dwyer no le tiembla el pulso a la hora de aplicar técnicas de postprocesado digital para manipular sus imágenes. Por ejemplo el efecto de desdenfocado que aplica a las viñetas con explosiones para darles realismo es convincente a más no poder.

Resumiendo, un cómic muy entretenido y bien planteado que me ha pillado totalmente desprevenido. Me he tenido que tragar una píldora de humildad por prejuzgarlo tan erróneamente antes de ni siquiera abrirlo. Por cierto, hay una adaptación homónima a la gran pantalla (Colin Theys, 2011). Lástima que la puntuación que recibe en las webs habituales no augure nada bueno de la película. Para otras opiniones podéis leer la entrada que le dedican en De fan a fan.

30 ago 2018

El clavo - Rob Zombie, Steve Niles y Nat Jones

Rex Hauser es más conocido como «El Clavo» en el marginal mundo de la lucha libre profesional norteamericana de cuarta o quinta categoría. Estando de gira por pueblos de Dakota del Norte, acompañado por su mujer e hija adolescente, se tropiezan con un mini ejército motorizado de seres salidos del infierno. Resultan ser los acólitos de El Inquisidor, un cazabrujas puritano que persiguió hasta esas tierras a algunos colonos acusados de brujería y huídos de Salem en el siglo XVII. Víctima de una maldición de aquellos a quienes pensaba ajusticiar, intentará volver a la vida consiguiendo 69 doncellas vírgenes. Pero lo que no sabe es que Rex es un tipo mucho más duro de lo habitual.

No me voy a andar con rodeos, si compré El Clavo fue por el morbo de leer un cómic de Rob Zombie, a quien sigo desde el álbum La Sexorcisto cuando White Zombie empezó a ser conocido fuera del underground. Que según consulta previa a la Wikipedia fue 1992, nada más y nada menos. Este cómic contiene un poco de todo lo que siempre le ha gustado a este artista tan polifacético: las historias de terror con satanismo, broncas y mucha acción. El guión lo coescribió con Steve Niles, tan popular en el medio que hasta en este blog se ha reseñado ya alguna de sus publicaciones. La verdad es la historia es bastante simple y predecible, pero siempre resulta entretenido volver al cliché de los moteros asesinos procedentes del averno (casco con los símbolos rúnicos de las Waffen-SS incluído, por supuesto).

El apartado gráfico es cosa de Nat Jones, quien colabora habitualmente con Niles. La verdad es que los dibujos son espectaculares, super detallados y capaces de expresar a la perfección el dinamismo que requieren las peleas. Se muestra especialmente habilidoso con los desmembramientos por traumatismo y las decapitaciones. Sin duda los estallidos de sangre que los acompañan harán las delicias de todos los aficionados al gore. Resulta difícil de creer que el corazón humano sea capaz de provocar esas explosiones incontrolables de fluidos acuosos más propias del espectáculo de la fuente mágica de Montjuïc, ¿pero a quién necesita verosimilitud en un cómic de terror satánico? Tenéis más reseñas en Cincodays.com, The Sky was Pink y Escrito en el viento.

16 jun 2018

Hyde - Steve Niles y Nick Stakal

Dos hermanos que trabajan en los laboratorios de una gran compañía farmacéutica ven como el departamento financiero cancela la línea de financiación de su investigación por falta de resultados. En un acto desesperado, se usan a sí mismos como cobayas de la droga que estaban intentando desarrollar. Momento a partir del cual los cadáveres de sus enemigos empiezan a aparecer por toda la ciudad. Supongo que nadie se sorprenderá cuando os revele que el asesino parece ser un tipo despiadado y práticamente sobrehumano que responde al nombre de Hyde.

Enésima reinterpretación de la obra de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, que a su vez, es una aproximación más al mito del Doppelgänger. Steve Niles no se ha roto los cuernos para escribir el guión, que no aporta absolutamente nada de interés a la historia original ni al mito. El apartado gráfico es cosa de Nick Stakal, quien con un estilo expresionista y oscuro logra dar un aire muy siniestro y sórdido a toda la obra. Un talento muy por encima de una historia que no hacía ninguna falta que se hubiera escrito.

Creedme, hay cosas mejores que hacer en la media hora escasa que se tarda en leer y en las que invertir los cuatro euros que pagué por él. En Zona negativa no han quedado muy convencidos pero en Goodreads no sale tan mal parado como yo esperaba.

27 ene 2018

Gigante - Steve Niles y Nat Jones

No pienso dedicar a este post más tiempo del que necesité para leer este cómic, que fueron unos 30 minutos. Por tanto para empezar voy a resumir la trama fusilando la contraportada:
Año 2013. El astronauta Don Maggert vuelve a casa. Inesperadamente, un terrible accidente le convierte en un monstruo gigante dispuesto a arrasar todo a su paso y a engullir a cuantos humanos se pongan en su camino. Y el único que puede detenerle es... ¿un robot nazi gigante?
Como acabáis de comprobar, el guión a cargo de Steve Niles es un despropósito divertidísimo que no busca más que hacer pasar un buen rato. ¡Y vaya si lo consigue! No solo por la acción desmadrada sino también por los golpes de humor negro muy, muy bruto, que abundan tanto como el omnipresente tono oscuro del las viñetas, de las cuales es responsable Nat Jones. El protagonista recuerda estéticamente a La Cosa de Los 4 Fantásticos pero con el tamaño de Godzilla. Y el robot nazi lo bordan, una especie de Boss Robot reinterpretado desde el retrofuturismo de los 1940s. Intrascendente, sí, pero muy gracioso y entrentenido. Conceptos dos que no son fáciles de mezclar con arte y salero. Tenéis otra reseña en Zona Negativa.
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