24 abr. 2017

Horrorama Vol. 7

El volumen 7 de la colección Horrorama publicado por Recerca es un homenaje a los clásicos del cómic de terror donde varios autores y artistas plasman sus creaciones en formato corto y en blanco y negro. Se incluyen un total de once episodios de diferentes procedencias y estilos gráficos que comparten el tema común del horror: sectas satánicas, misteriosas apariciones sobrenaturales, psicópatas, bestias del averno, terror gótico,... un poco de todo en definitiva. Se copia el esquema habitual de las publicaciones más populares de los 1950s y 1960s, como Creepshow o Tales from the Crypt de E.C. Comics, con un mostruoso anfitrión enlazando unas con otras y comentando el relato que viene a continuación, siempre con un sentido del humor muy siniestro.

El cómic es simplemente un entrenimiento rápido e insustancial que sin duda gustará a los amantes de las historias de miedo, pero que siendo honestos, no destaca ni por la calidad de los guiones ni por la originalidad de los mismos. Claro que igual es pedir mucho para las 12 páginas que ocupan los más extensos. Por otro lado la editorial no se molestó demasiado en cuidar la colección, que ni siquiera aparece numerada ni con el título de la serie visible en portada, excepto precisamente, en el que comento hoy. Si no hubiera sido por Tebeosfera, yo ni me habría enterado. Por resumir, si hay interés en el género creo que es mucho más recomendable y satisfactorio a todos los niveles buscar las películas y series de TV que desde los 1980s han llevado a la pantalla tramas que siguen este mismo modelo: Tales from the Crypt (1989–1996) de la prestigiosa cadena estadounidense HBO, o Creepshow (1982), Creepshow 2 (1987), Creepshow 3 (2006), las dos primeras de las cuales involucraron a dos grandes firmas del horror: George A. Romero y Stephen King, ¡ahí es nada!

Nota de última hora que no sé muy bien cómo encajar en el texto que ya tenía escrito, y que por no retorcerlo más aún va aparte: además de las expuestas, se ve que hay dos películas británicas de los 1970s que yo no conocía, Tales from the Crypt (1972) y The Vault of Horror (1973). Y seguro que me dejo alguna más.

20 abr. 2017

Eumeswil - Ernst Jünger

Martin (aka. Manuel) Venator es un historiador y profesor universitario que durante las noches trabaja como camarero para El Cóndor, el tirano que gobierna Eumeswil desde su alcazaba. Eumeswil es una ciudad-estado localizada en algún punto sin determinar que podríamos situar en el actual Marruecos sin temor a errar mucho el tiro. Surgida tras la guerra civil de escala planetaria que desbarató el Estado Mundial que se habia creado para hacer frente a los cientos de problemas que afectaban a la Tierra (inestabilidad política, conflictos armados, crisis medioambientales, agotamiento de recursos, etc.), solo sabemos que existe en un futuro no demasiado lejano en el que principios del S.XXI ya forma parte del pasado. Manuel, procedente de una familia de historiadores (su padre y su hermano también lo son), considera que su proximidad a la cúpula gobernante le garantiza una oportunidad excelente para conocer y documentar de primera mano el funcionamiento del poder despótico. No pierde detalle de lo que se habla en las  reuniones que tienen lugar tras las cenas en la alcazaba, y registra en sus notas todo lo que ocurre y se comenta. En esas tertulias nocturnas maceradas en alcohol son fijos Domo y Attila, jefe de seguridad y médico personal de El Cóndor, respectivamente. También se invita a la élite cultural de la ciudad cuando son requeridos: Vigo, reputado historiador; Bruno, filósofo; Thofern, experto en gramática. Esas notas de que Manuel/Martin tanto nos habla constituyen, a  modo de ficción narrativa, esta inclasificable novela.

Me enfrento hoy a uno de los textos más complicados de clasificar que he leído nunca. Puestos a definirlo yo diría que estamos ante un ensayo novelado, o bien, una novela filosófica, aunque me inclino más por lo primero. Lo que Ernst Jünger hace en Eumeswil es, básicamente, desarrollar el concepto de anarca, una suerte de anarquista sin ningún compromiso con el activismo político. El anarca, probable transunto de él mismo, se siente totalmente desvinculado de la sociedad en la que vive, aunque acepta su existencia y se adapta a ella sin ánimo alguno de realizar mejoras ni cambios en la misma. Rechaza cualquier modelo de gobierno que coarte su bien más preciado, su libertad individual, pero simultáneamente, dado que el goce de dicha libertad es un privilegio exclusivamente suyo, ésta no se puede ver amenazada por ninguno de ellos. De todas formas estas ideas generales son demasiado simplistas para abarcar todos los frentes que ataca el autor para plasmar sus ideas. El libro está plagado de referencias a movimientos filosóficos y políticos que se relacionan con este neologismo: anarquismo, solipsismo, comunismo, socialismo utópico, etc. También son legión los intelectuales que bien por alinearse con su ideas o bien oponerse a ellas se mencionan y tratan: Charles Fourier y Benjamin Tucker entre los primeros; Donoso Cortés, que ahora recuerde, entre los segundos. Pero si hay una figura que resulta imprescindible para el escritor es sin duda, Max Stirner, en cuyas reflexiones respecto a la individualidad y la libertad personal se encuentra la génesis del anarca.

Jünger expone los aspectos que le interesan sin demasiada linealidad ni continuidad temporal, lo que provoca cierta dispersión en la narración. Sin embargo, una vez tomas conciencia de que su objetivo real es filosófico, la trama, los personajes y el contexto se revelan como elementos de fondo que favorecen la comprensión de sus razonamientos. Al tratarse de una novela que transcurre en el futuro, los protagonistas emplean en su vida diaria ciertos dispositivos tecnológicos que evidencian el gran talento anticipativo del autor. De esta manera, no resulta complicado identificar el fonóforo con los actuales teléfonos móviles; mucho más interesante pero también difícil de concebir es el luminar, un complejo sistema de información que aúna elementos de bases de datos documentales e inteligencia artificial, pero que a la vez es capaz de sintetizar escenarios holográficos inmersivos basándose en todo el conocimiento que tiene almacenado. El acceso ilimitado de Manuel a este dispositivo, facilitado por su cercanía y buenas relaciones con El Cóndor, le garantiza disponer de una cantidad ingente de información con que madurar sus ideas.

La verdad es que no sabía muy bien a qué me enfrentaba al empezar este libro, pero dadas mis simpatías por el movimiento libertario y el anarquismo primitivista -al menos conceptualmente-, he de admitir que he disfrutado mucho con su lectura. Ya sea por los aspectos filosóficos, por los históricos (sin ir más lejos la dictadura fraquista y Franco se mencionan al menos en un par de ocasiones) o por esa sutil ambientación scifi de tintes distópicos, mi impresión es que estamos ante una obra brillante. Más reseñas en El Boomeran(g) y Crítica de libros.

17 abr. 2017

Llenos de vida - John Fante

Estamos en Los Angeles a principios de los años 1950s. John Fante y su joven esposa, Joyce, van a tener su primer hijo. El trabajo de escritor y sobre todo como guionista para unos grandes estudios de cine le han proporcionado la seguridad económica para decidirse a ello. También se han comprado una casa con jardín. Pero la venta no ha resultado todo lo conveniente que pensaban porque de pronto, el suelo de la cocina cede bajo el peso de la embarazada: hay una infestación grave de termitas. Como no se pueden permitir contratar a profesionales de la construcción, deciden pedir ayuda al padre de John, Nick Nante, que ya está jubilado pero ha trabajado en el sector durante décadas. Así que las circunstancias obligarán a nuestro protagonista a vérselas por un lado con el futuro abuelo, un emigrante italiano de armas tomar y con la emoción a flor de piel ante la perspectiva de tener su primer nieto varón, y por otro con su mujer, a quien el cóctel de hormonas pre-mamá ha despertado una, hasta entonces inexistente religiosidad, y está decidida a abrazar el catolicismo antes de dar a luz.

Hace unos días me tropecé con una entusiasta reseña de Llenos de vida en Cuchitril Literario. Empujado por no sé bien qué extrañas fuerzas de la psique, no han pasado ni dos semanas y ya he leído esta fantástica novela corta de John Fante. Ágil, ingeniosa, divertida o emotiva, son solo algunos de los calificativos que podríamos dar a esta sátira de la vida familiar en los EEUU de mediados del siglo XX. Fante, un completo desconocido para mí hasta ayer mismo como quien dice, tiene una pluma aguda y ácida pero también comprensiva y bondadosa, de manera que consigue hacerte sonreir exponiendo lo que en el fondo son las miserias de las relaciones familiares. Imposible no identificarse con el protagonista en las mil batallas con su padre, la conexión especial con su madre y las trifulcas de enamorado con Joyce. A pesar de ser vapuleado emocionalmente por sus seres queridos, que le tratan como un pelele de opiniones totalmente soslayables, el cariño que siente por ellos y un poco de cordura extra consigue que todo acabe bien en lugar de en batalla campal.

Una verdadera joya que se lee en un pispás y que deja un entrañable regusto agridulce. El único aspecto negativo es que esos diálogos cargados de réplicas y contra réplicas aproximan el texto a las sitcoms de TV, lo que tampoco sorprende sabiendo cual era el trabajo del autor en aquellos años. De todas formas esta queja no es óbice para que os recomiende su lectura con tanto ahínco como el propio Palimp. Además de la suya, tenéis más reseñas en Monólogo interior, Un libro al día y Papel en blanco.

12 abr. 2017

Memoria de unos ojos pintados - Lluís Llach

Barcelona, mediados de los años 1930s. Dos chicos y dos chicas de clase trabajadora que nacieron en 1920 se incorporan a un mundo adulto convulso y altamente politizado. El protagonista de la historia es Germinal Massagué i Guillaume, hijo de un obrero anarquista catalán de la CNT y una francesa. A sus ochenta y pico años relata todas sus vivencias de aquellos años a Lluís Sedan, un director de cine que pretende sacar de ellas un buen guión para su próxima película.

Memoria de unos ojos pintados es una entretenida y emotiva novela escrita por Lluís Llach, mucho más conocido creo yo por su faceta de cantautor contestatario de los 1960s-1970s, aunque su carrera musical continuó durante muchos años. El libro me ha resultado muy interesante desde el punto de vista histórico, ya que la acción se desarrolla a lo largo de una época que a nivel argumental da muchísimo juego. De la II República Española, uno de los momentos más prometedores e ilusionantes vividos en España desde el punto de vista progresista, pasamos a la Guerra Civil Española y tras la derrota del bando republicano, a la  dictadura y la ideología nacional-católica del Franquismo. Con los antecedentes anarquistas de Germinal, no resulta complicado imaginar que las cosas no van a ser fáciles para él y sus amigos.

Por si lo anterior no fuese bastante, la trama principal se basa en una historia de amor homosexual entre el protagonista y su amigo de siempre, David Baster, hijo de un humilde pescador de la Barceloneta. Con estos elementos no cabe esperar más que un drama como la copa de un pino y emociones desbordadas en todas las páginas. Y para mi gusto, ése es el principal problema: el texto es lacrimógeno a más no poder. Todo es sufrir y padecer penurias por un lado, y la comprensión y el amor de los amigos y la familia por otro; los horrores de la guerra aniquilando esperanzas y vidas humanas; los sueños de modernidad, igualdad y progreso frustrados por un golpe de estado de los sectores más reaccionarios de la sociedad, etc. Sin ánimo de hacer un spoiler, es que no pasa nada agradable. Y aunque suceda, se ve malogrado inmediatamente por algún acontecimiento de un orden cósmico superior irremediable: asesinatos políticos, guerra, enfermedad, hambre, etc. Ya sé que siempre repito que me gustan las historias donde se muestra lo peor del ser humano, pero es que en esta se cuentan con los dedos de una mano los párrafos que no exponen una desgracia. Raro es el capítulo en que no se te coge un nudo en el estómago por las calamidades que se ven forzados a vivir los personajes.

Si a pesar de tantas desdichas no me ha gustado es porque hay un problema de fondo que ensombrece la narración: su maniqueísmo, un elemento que suele ser habitual en las obras que en enmarcan en la Guerra Civil Española. Me temo que yo soy más de la opinión de que nadie es totalmente inocente y que la maldad es intrínseca al hombre. No es que el autor no explique varias tropelías cometidas por alguno de los agentes de la II República considerados como progresistas; y el papel activo de Francia cerrando sus fronteras a la ayuda internacional también se pone en entredicho, por dar un par de ejemplos. Sin embargo en su libertad como creador, Llach prefiere que estos aspectos no formen parte de la trama y sean elementos ajenos a la acción. Y ya por terminar, el cierre con venganza me ha resultado bastante poco creíble y una manera un poco infantil de intentar compensar todo el dolor que han experimentado los personajes. En definitiva, una novela bien escrita, con un lenguaje muy accesible y que a mi juicio destaca por los aspectos históricos; no obstante, siempre también en mi opinión personal, el resultado global se ve lastrado por el desgaste emocional brutal a que somente al lector. Si Lluís Sedan saca una película de todo esto, aquellos que vayan a verla tendrán que ir cargados de pañuelos de papel. Avisados quedáis. Tenéis un par de reseñas positivas en La tormenta en un vaso y A leer que son dos días, y otra más algo más crítica en Libre y salvaje.

8 abr. 2017

Tratado de la infidelidad - Julián Herbert y León Plascencia Ñol

Colección de relatos cortos a cargo de Julián Herbert y León Plascencia Ñol que comparten como tema común la infidelidad. Puesto que no están firmados individualmente, he de entender que están escritos a cuatro manos, signifique esto lo que signifique. Lo cierto es que no he encontrado información al respecto así que se trata de una mera especulación por mi parte. Viendo la cubierta tiene todo el sentido del mundo imaginar que estamos ante historias de cuernos (entendiendo en este caso "infidelidad" como falta de lealtad al cónyuge). Bien, así es en la mayoría de los casos, sin embargo en Tratado de la infidelidad también hay algún cuento que se desarrolla sobre el significado de falta de exactitud o veracidad. El volumen se articula en tres partes, no me preguntéis el motivo porque si lo hay, a mí se me ha escapado.

RASTROS EN EL SENDERO
  • Tarjeta postal con el Tajo al fondo (***)
  • Gymnopedias (***)
  • Los sentidos
  • Aspirinas (***)
SERIE B
  • Una horda de locos
  • Clementina
CASI UNA NOVELA
  • A Hard Rain's (***)
  • Palabras mucho más cortas que un sentimiento abatido
  • Tokyo Big Diary (***)
He marcado con tres asteriscos mis preferidos: historias de amor/odio que mezclan locura, celos, pasión, BDSM y el cóctel habitual de desajustes emocionales que se presenta cuando hay sexo entre dos personas que se atraen físicamente. Por cierto que la generalización de "personas" sobra porque siempre ocurre entre hombre y mujer, pero bueno, así so yo, ¡inclusivo por naturaleza! El resto no me ha impresionado tanto y algunos tienen cierto aire experimental. Pero que no cunda el pánico, se trata en todo caso de una lectura rápida y ágil con la única posible pega de que sabe a poco. Al menos yo me he quedado con ganas de más historias en que los demás sufren terremotos emocionales, porque desde luego yo no tengo ningún interés en padecerlos en mis carnes. Tenéis más reseñas en Devaneos, donde no han terminado muy contentos, y en Libros y Literatura.

4 abr. 2017

Una afición peligrosa - Patricia Highsmith

Hasta el momento y por más que admire profundamente su faceta de novelista, la calidad de los relatos cortos de Patricia Highsmith me ha parecido demasiado variable, con algunas colecciones muy buenas y originales (Pequeños cuentos misóginos, Crímenes bestiales) y otras no tanto (Sirenas en el campo de golf, Catástrofes). Una afición peligrosa junto con Pájaros a punto de volar son libros póstumos que incluye cuentos inéditos hasta la fecha, o sólo publicados en revistas, nunca en otras de sus compilaciones de narrativa breve. Un interesantísimo artículo de Paul Ingendaay que aparece a modo de epílogo nos indica que los textos que aparecen en este volumen datan de un periodo que abarca las décadas de 1950, 60 y 70 y añade que las razones que llevaron a la escritora a no intentar publicarlos siguen siendo un misterio.

Este libro inclina la balanza positivamente a favor de Highsmith en mi experiencia con su obra corta, ya que el nivel de los cuentos -de todos ellos-, me ha parecido insuperable. Son como sus espeluznantes y maravillosas novelas, solo que condensadas en unas pocas páginas: una prosa perfecta que imprime un ritmo trepidante, una colección impagable de personajes trastornados capaces de casi todo o a quienes les ocurre casi de todo, unas temáticas asfixiantes, turbias y opresivas en las que hay un poco de todo: intriga psicológica, tramas noir protagonizadas por psicópatas, cuentos de animales, etc. Los catorce relatos del volumen son:

  • El problema de la señora Blynn, el problema del mundo
  • Nada extraño a simple vista
  • El retorno
  • Un completo fracaso
  • El mejor amigo del hombre
  • Pájaro en mano
  • Una afición peligrosa
  • El segundo cigarrillo
  • Las cosas salieron mal
  • Dos palomas muy desagradables
  • Trato hecho
  • Música que mata
  • Variaciones sobre un juego
  • Una chica como Phyl
Independientemente de los protagonistas o la trama, los cuentos comparten un leitmotiv común: la decepción y el fracaso. El ser humano decepciona a sus congéneres (y por supuesto también a los animales) y tanta decepción desemboca en una sensación de fracaso tal, que resulta imposible de asumir, lo cual conduce a un final trágico. Además, por el camino los personajes secundarios se revelan como individuos mezquinos, inútiles, despreciables. Evidentemente con este sustrato de podredumbre humana, violencia, sufrimiento y desgracia con finales infelices en 12 de los 14 cuentos, no me quedaba más remedio que maravillarme por todos y cada uno de ellos. Quizás el único fallo que en mi opinión se podría mencionar es que en muchas ocasiones los cierres son un poco forzados y no están muy bien traídos. En especial, cuando Highsmith recurre al suicidio de los protagonístas, las circunstancias a las cuales les había abocado eran ya suficientemente dramáticas. Solo se me ocurre que se pueda tratar de una forma de expiar su culpa, pero francamente, esta explicación no encaja demasiado bien con una autora que alcanzó fama mundial haciendo que Tom Ripley asesinara a un millonario, le suplantase y consiguiera que su delito quedara indemne. Tenéis otra reseña en La toalla del boxeador.

31 mar. 2017

El Uno - Rick Veitch

A mediados de los 1980s un empresario capitalista sin escrúpulos llamado Itchy Itch provoca una batalla naval entre los EEUU y la URSS. Como una de sus compañías fue adjudicataria de los sistemas de control de todos los buques de la armada norteamericana, aprovechó para introducir  software malicioso que le permitiera apoderarse de ellos. El objetivo de esta acción tan destructiva no es otro que chantajear a los gobiernos mundiales y hacerse aún más rico y poderoso. Al primer ministro soviético Mikhail Kubalov no le tiembla la mano a la hora de atacar con misiles nucleares y el presidente de USA McKenzie hace lo propio en respuesta. El pánico ante el holocausto atómico se apodera de la población de la Tierra. Sin embargo, las cabezas atómicas no estallan. En ninguno de los bandos. En el caos que acompaña el inicio de esta contienda de escala global conoceremos a Egypt, una joven e irresponsable artista con un hijo de 8-10 años al que presta poquísima atención. Junto con sus compañeros de piso, Doc Benway, que sigue idolatrando el movimiento hippy, del que formó parte en los 1960s, el hijo de este último, Jay-Hole, un delincuente de tres al cuarto, y Guda, una joven afroamericana, entrarán en contacto con El Uno, un superhéroe desdoblado en dos cuerpos. Por un lado es un extravagante y místico cuarentón, y por otro, un hombre volador de fuerza extraordinara que viste unas mallas ajustadas que le cubren de la cabeza a los pies y que como se demuestra bien pronto, es quien ha inutilizado el arsenal nuclear de los dos grandes bloques.

Se me acumulan los cómics y como no tengo costumbre de leerlos no les doy salida. Así que voy a enmedar esta situación y me he propuesto leer al menos uno al mes, empezando muy por los pelos en marzo. A Rick Veitch le conocí hace tan solo unos meses cuando me leí The Supreme-El retorno de Alan Moore, ya que es uno de los principales dibujantes de esa serie. No obstante, en El Uno firma tanto el guión como la parte gráfica. Estamos ante una obra que según palabras de Moore en el prólogo a esta edición, revolucionó el concepto de cómics de superhéroes apenas un año antes (se publicó en 6 entregas entre 1985–1986) que su aclamada obra Watchmen. A mí no me ha extrañado encontrarme con una demencial crítica a la guerra fría y al capitalismo salvaje por mucho que se trate de una novela gráfica de superhéroes. Con ello quiero indicar que me parece un formato tan válido como cualquier otro, porque de hecho la mayoría de cómics que he leído, que no son muchos, han sido casi siempre sátiras o dramas. En cualquier caso, entiendo que esta obra conmocionara el género si anteriormente se venía asociando a la simple aventura, porque si por algo destaca esta historia es porque no de deja títere con cabeza. Se trata de una feroz crítica al capitalismo gestada en los oscuros años del presidente Reagan, cuando la escalada de tensiones entre los dos bloques sociopolíticos mundiales hacía pensar que el enfrentamiento a gran escala era inevitable. El Armaguedón atómico se detiene por la intervención de El Uno, que recoge toda la influencia de la espiritualidad New Age y la hipótesis Gaia que considera a la Tierra como un organismo vivo. Sin embargo las hostilidades continúan mediante supersoldados resultado de experimentos secretos de muy dudosa ética llevados a cabo en ambos lados: los supestos hermanos Charlie y Amelia desde EEUU y el Übermensch Bog por la Unión Soviética. Por otro lado nuestro superhéroe de doble entidad tendrá que enfrentarse además a El Otro, personificación del lado malvado que todos los humanos llevamos dentro.

En el apartado gráfico, todo el volumen se compone de viñetas en abundantísima tinta negra, adoptando el feísmo típico del cómix underground cuando se quiere transmitir desagrado y asco, algo que funciona de maravilla con las expresiones de los rostros. La única excepción se da al recurrir a unas imágenes digitales en forma de círculos concéntricos que cubren la cara de El Uno, y además funcionan como su marca de identidad. En realidad las viñetas son diametralmente opuestas al perfeccionismo y alto grado de detalle y cuidado del color de Supreme, lo cual demuestra el gran talento y versatilidad como dibujante de este artista. En resumidas cuentas, una obra interesantísima y totalmente recomendada cuyo mensaje comparto de cabo a rabo. El único punto negativo es que me deja un ligero poso de nostalgia por no haber podido leerlo en su momento, cuando fue realmente pionera cuestionando la sociedad occidental basada en el capitalismo y el consumismo, críticas que afortunadamente hoy día tienen mucha mayor difusión. Esa sensación de llegar tantos años tarde a un trabajo tan preclaro me jode, la verdad. Tenéis más reseñas en Zona negativa y Sobre historieta.

28 mar. 2017

Edicto siglo XXI - Max Ehrlich

En un futuro no demasiado lejano la Tierra ha sufrido una debacle ecológica a causa de la contaminación, la superpoblación y la falta alimentos. El GobMund que se creó para hacer frente al desastre se ve obligado a tomar medidas urgentes y desesperadas para evitar que la población siga aumentando, pues en caso contrario la ración diaria de calorías tendrá que ser reducida más de lo que ya lo está. Entre las varias soluciones que se manejan se opta finalmente por prohibir la procreación durante 30 años bajo penas de muerte a los infractores (la otra alternativa con más peso era eliminar a la población mayor de 70 años, muy numerosa debido a los avances médicos han hecho posible que se llegue a vivir hasta 150 años o más). Ocho años después de entrar en vigor este edicto de control de la población, conocemos a Russ y Carole Evans, una joven pareja que vive en una situación privilegiada: unas viviendas adosadas a modo de urbanización norteamericana de mitad del siglo XX que forman parte de una pequeña reserva natural-museo. Todo un lujo considerando la jungla de hormigón de mini apartamentos en enormes bloques de más de 100 plantas de altura donde vive el ciudadano medio. Russ, como FuncSeg de este MusEst tiene derecho a ello, al igual que el resto de sus compañeros y su jefe, George Borden. La relacion entre George y Edna Borden, y sus vecinos los Evans es muy cercana, tanto como que suelen practicar el intercambio de parejas, una medida fomentada por el estado, que consideró que relajar las costumbres sexuales facilitaría alternativas al ocio y evitaría la tentación de los embarazos. Edna tiene un pequeño robot-bebé llamado Peter que le permite vivir la fantasía de que es madre (con ayuda eso sí de terapia y psicofármacos). Carole intenta también resistir su ganas de tener un bebé con ayuda de estos robots humanoides, pero fracasa, su psique no acepta el engaño. Así que tras quedarse embarazada intencionadamente, trama un plan para criar a su hijo en el que involucra a su marido. Pero como cabe imaginar, dada la deriva distópica que ha experimentado el planeta lo van a tener muy difícil, si no imposible.

Edicto siglo XXI es una novela muy ligera que incluye prácticamente de todas las temáticas tabú habituales en la literatura de ciencia-ficción de los años 1960s-1970s: superpoblación, desastre ecológico, normalización de costumbres sexuales al margen de la pareja estable, eutanasia voluntaria, uso generalizado de drogas tanto para uso terapeútico como recreacional, etc. A pesar del sustrato new wave en el argumento, todas esas capas de modernidad y progreso social en las costumbres son absolutamente hipócritas y falsarias. Max Ehrlich envía en realidad un claro mensaje reaccionario con la intención de reafirmar que el modelo social presente (presente cuando se escribió el libro, quiero decir) es el único válido: la familia heterosexual tradicional que trae niños al mundo y se quiere con exclusividad hasta que la muerte los separe. Ni las mayores amenazas, ya provengan del estado o de la naturaleza, podrán detener el impulso del ser humano a buscar una pareja con quien encontrar el Amor y tener descendencia que garantice la continuidad de la especie. Asi que nada de orgias en lupanares estatales, nada de polvos casuales en clubs de sexo, nada de intercambios de pareja con tus vecinos. Por supuesto nada de métodos anticonceptivos. Y desde luego cero intromisión del estado en la vida privada, especialmente si pretenden anular el instinto de reproducción, que es lo que nos hace realizarnos como personas. ¡Qué importa si el planeta se va al garete!

No se puede decir que Ehrlich fuera muy original, mientras iba leyendo no he podido evitar pensar en otros libros o películas anteriores y de mayor repercusión que trataban estos mismos temas pero con más destreza. Supongo en definita que se trata de un producto cultural resultado del Zeitgeist (hablamos de 1971). Tanto debió gustar en su momento que incluso hubo una adaptación al cine llamada Z.P.G. (Zero Population Growth) / Edicto Siglo XXI: Prohibido tener hijos. El lenguaje empleado es muy sencillo, lleno de diálogos y descripciones de costumbres sociales, nuevas (retro) tecnologías o nuevos organismos gubernamentales, casi todas los cuales podrían haberse suprimido porque solo pretenden ponernos en un contexto y epatar. Un ejemplo claro es la explicación sobre las Casas del Adiós, centros estatales que proporcionan un suicidio asistido a los ancianos que desean morir. Lo que me ha resultado más molesto han sido los neologismos. Con ánimo de imprimir un aire futurista al texto, el autor abusa hasta al agotamiento de términos de su invención, formados en primer lugar apocopando palabras, para posteriormente componerlas en un solo término: PolEst por policía estatal, GobMund por gobierno mundial, MusEst por museo estatal, SatComGobMund por satélite de comunicaciones del gobierno mundial, o el dudoso psiconarcosintetista, que yo diría es una especie de terapeuta/psiquiatra. Ni que decir tiene, la técnica resulta ingenua y cansina, y a partir de la segunda aparición consigue provocar poca o ninguna sorpresa.

Resumiendo, pasados más de 45 años el libro ha quedado muy desfasado, muy anticuado, aunque más en la forma que en el fondo: no olvidemos que en el intervalo también de 45 años la problación mundial se ha duplicado, pasando de los 3.685 millones en 1970 a 7.347 millones en 2015. Por no hablar de la devastación del medio ambiente producida por la deforestación de las selvas tropicales y los gases de efecto invernadero, ambos resultado principalmente de un modelo de ganadería intensiva insostenible. Mi recomendación es que en lugar de leero, sale más a cuenta ver la película protagonizada por Oliver Reed y Geraldine Chaplin. Al menos tiene un look retrofuturista impagable. En esta ocasión, no incluyo otras reseñas porque no las he encontrado, todos lo resultados de Google hacen referencia al film.

23 mar. 2017

Milenio negro - James G. Ballard

Londres un par de años despues del 11-S. Un atentado terrorista con bomba en el aerpuerto de Heathrow causa 3 víctimas mortales y más de 25 heridos. Entre los fallecidos se encuentra Laura, ex-mujer del psicólogo David Markham. Casado en segundas nupcias con Sally, antigua paciente suya e hija de un rico industrial de Birmingham, es precisamente ella quien le insiste para que investigue sobre el ataque, cuya autoría no ha sido reivindicada. Henry Kendall, uno de los compañeros de trabajo de David en el Adler Institute con contactos en el Ministerio del Interior, le facilita la única pista que existe al respecto: una cinta con una grabación en contra de los viajes de vacaciones al Tercer Mundo encontrada en los baños del aeropuerto. Nuestro protagonista empieza a acudir a todas las manifestaciones convocadas a lo largo y ancho de Londres por grupos de todo pelaje. En una convocatoria animalista contra una exposición de gatos, unos supuestos activistas montan alboroto y David es detenido. En el juicio rápido a que le someten un par de días después coincide con tres personas que han sido juzgadas por una pequeña acción contra una agencia de viajes. Se trata de Kay Churchill, Stephen Dexter y Joan Chang. Los tres son residentes en la exclusiva urbanización Chelsea Marina en el este de Londres, y andan metidos en mil actos de protesta contra los gestores de la misma y el ayuntamiento local por lo que ellos consideran abusos contra la clase media: instalación de parquímetros, cuotas abusivas por un mantenimiento deficiente, etc. Aunque las protestas en Chelsea Marina parecen lideradas por Kay, el artífice original de las mismas es Richard Gould, un pediatra que dedica su vida a los bebés con enfermedades terminales. Richard resulta ser un tipo de lo más carismático y con un ideario ambiguo respecto al uso de la violencia. David se implica en las reivindicaciones de Chelsea Marina y a medida que las acciones en la urbanización se intensifican (enfrentamientos con la policía, destrozo de parquímetros, quema de coches de residentes, etc.), la violencia terrorista de propaga por Londres, con incendios provocados en el National Film Theatre, una bomba en la Tate Modern que provoca 3 muertos y el asesinato a sangre fría de una popular presentadora de la BBC. Todo apunta a que los atentados con pérdidas de vidas humanas han sido ejecutados por un Gould fuera de control, momento en que David empieza a ser consciente de que todo apunta a qué la autoría de la explosión en Heathrow también es suya.

Milenio negro es la penúltima novela que escribió James G. Ballard. Se trata, en mi opinión, de uno de los textos más verosímiles que ha escrito el británico, ya que no nos movemos en escenarios post-apocalípticos ni en la Tierra bajo extrañas deformaciones del deformaciones del espacio/tiempo, tan habituales en sus títulos de los 1960s y 1970s. La trama se desarrolla en una sociedad que debe vivir en un clima de pánico terrorista y control gubernamental con que se pretende hacerle frente, ambos producto de los atentados de Al-Qaeda contra el World Trade Center de Nueva York. Por una vez todo lo que se narra podría ocurrir en la realidad,  El argumento juega por un lado con el descontento de la clase media profesional británica(1), personificada en Kay, profesora universitaria de cine en paro. Este colectivo, tradicionalmente responsable, dócil, virtuoso, cívico, comprometido y culto, pasa a percibirse a si mismo como la nueva clase obrera oprimida, debido en parte a su autocomplacencia y en parte a causa de su miopía e indulgencia a la hora de considerarse uno de los elementos clave en la estabilidad social. Por otro lado, la radicalización de ideas que representa Gould, está cada vez más a la orden del día y comprende ideas que van desde el neoludismo al anticapitalismo, pasando por el vacío existencial de la cultura del ocio y el consumismo, el rechazo al elitismo cultural excluyente de las clases acomodadas o los abusos económicos y ecológicos sobre los países en vías de desarrollo. De hecho, muchas de las reflexiones que hacen los personajes respecto a la desesperación a que nos conduce la sociedad actual evocan irremediablemente a Plataforma de Michel Houellebecq, aunque Ballard imprime su clásico sello involutivo al añadir la violencia ciega, gratuíta y sin sentido en forma de terrorismo, cuyo resultado no es otro que desvirtuar  por completo el significado de las protestas. Muy hábilmente, el autor británco genera en el protagonista cierta ambivalencia, ya que como muchos experimientos psicológicos han demostrado(2), el ser humano no puede evitar verse seducido por la violencia. Por tanto David llega a participar y justificar actos terroristas, aunque sólo con ánimo de provocar daños en bienes materiales.

Resumiendo, una obra brillante, fiel reflejo se la sociedad que estamos viviendo el las primeras décadas del Siglo XXI, a pesar de que el escritor británico cae en uno de los vicios que más detesto, esto es, dotar de referencias urbanas locales al texto: la rotonda del Lambeth Palace, la pequeña casa adosada de Henry en el Swiss Cottage, bajo el puente de Blackfriars, iba al trote por Summer Street, por el puente Putney, por mencionar sólo unos pocos. Me parece ridículo pensar que todos los potenciales lectores se conocen Londres al dedillo, así que tantas localizaciones en realidad no oportan gran cosa. En cualquier caso la novela demuestra que Ballard conocía a la perfección la conducta humana, especialmente cuando se trata de sus aspectos más oscuros y turbios. Más reseñas en el Sitio de Ciencia-Ficción y Cyberdark, aunque en este caso no se trate de literatura prospectiva.



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(1) Por lo que se puede leer en la novela, en base al nivel de ingresos, los hábitos de ocio que se describen, la educación privada, los barrios y los inmuebles en que habitan, etc. etc. estaríamos más bien ante el equivalente de la clase media-alta española.
(2) Veáse por ejemplo el experimento de la cárcel de Standford

18 mar. 2017

La casa de los encuentros - Martin Amis

Unión Soviética a finales de la década de los 1940s. Dos hermanos (hermanos de madre siendo más exactos) son acusados arbitrariamente de fascistas por las autoridades con una diferencia aproximada de un año. Casualmente coinciden en el mismo campo de trabajos forzados de la tundra ártica de Siberia. Lev, es el más joven y el último en llegar. Debido a su pacifismo y su inexperiencia recibirá la soterrada y a veces indeseada protección del mayor, antiguo héroe de la II Guerra Mundial, protagonista y narrador, y cuyo nombre no llegamos a conocer. Lev se presenta con una noticia que resulta un mazazo para su hermano: se acaba de casar con su antigua novia, Zoya. A mediados de la década de los 2000s, el protagonista, que emigró a EEUU a finales de los 1980s, se volvió a casar y logró amasar una buena fortuna en la industria armamentística, regresa a su Rusia natal siendo casi nonagenario para redimirse antes de morir. Durante este viaje y de forma epistolar, relatará la historia de su vida a su hijastra Venus, empezando poco más o menos en los hechos descritos. Como no podía ser de otra forma, comprobaremos que su historia está irremediablemente asociada a la de la URSS y la Federación de Rusia.

La casa de los encuentros es una extraordinaria novela donde Martin Amis realiza una crítica despiadada al sistema político de la Unión Soviética mediante elementos de drama y de comedia negra. La trama desarrolla un triángulo amoroso compuesto por dos hermanos y una atractiva y desinhibida rusa de origen judío, lo cual le permitirá hacer un recorrido histórico por Rusia (no solo la URSS), haciendo que los tres experimenten en toda su brutalidad los episodios más oscuros de aquel país, algo de lo cual este autor ya demostró ser un experto en Koba el Terrible.

En mi opinión estamos ante una de las obras más redondas del escritor británico, al menos de las que yo he leído. No solo nos muestra lo inextricable y contradictorio de las relaciones personales, ya difíciles de por sí, pero mucho más todavía si se trata de dos hermanos enamorados de la misma mujer. Es también una maravillosa demostración de la gran capacidad de ser humano para resistir las situaciones más duras, tanto física como emocional y psicológicamente. De cómo pequeños actos de resistencia y dignidad, aparentemente pueriles y ridículos, pueden conseguir que mantengamos la cordura incluso siendo esclavos del estado en el infierno helado del permafrost. Por otro lado el texto, entendido como aproximación histórica a Rusia, es un magnífico documento que abarca desde mediados de los 1940s hasta mediados de los 2000s. Pero si algo destacaría de Amis es su habilidad para buscar un lado cómico a las situaciones más crueles e inhumanas, y aquí se incluye la descripción de violaciones y otros crímenes de guerra o de las terribles condiciones de vida de los gulags; vivir bajo la represión, la persecución y el terror arbitrario de los gobiernos totalitarios; las hambrunas o los estertores de la muerte en un miserable hospital ruso. El británico consigue imprimir a cada una de sus perspicaces frases un giro irreverente y perversamente ingenioso que en un primer instante provoca la risa, pero evidentemente esa risa, que en parte tienen mucho de mecanismo de defensa ante las atrocidades que acabamos de leer, se nos hiela en un instante y nos hace reflexionar sobre los impensables niveles de degradación y degeneración que el hombre es capaz de alcanzar. Lo mejor que he leído de este novelista hasta el momento, en serio. Tenéis más reseñas en Confieso que he leído, Un libro al día y La tormenta en un vaso. Los primeros son especialmente críticos con el libro y aunque no comparto su opinión, admito que se trata de un análisis muy interesante. Las otras dos son igual de entusiastas que la mía.

14 mar. 2017

En movimiento. Una vida - Oliver Sacks

Finales de los 1980s, probablemente el último trimestre de 1989 si me viera forzado a precisar algo más. En mis tiernas veinte primaveras un compañero de clase me comenta el libro que se está leyendo, repleto de extrañas patologías médicas de origen neurológico. Toma el título de uno de los casos, que recoge el cuadro clínico de una persona incapaz de reconocer a los objetos ni a las personas, y despierta inmediatamente un interés morboso en mi: se trata de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Meses después, pasados lo exámenes de febrero, me lo presta y tal y como sospechaba, genera en mí un malsano placer resultado de aunar el miedo cerval provocado por esas extrañas enfermedades, a las que imaginaba esperándome amenazadoramente detrás de cualquier esquina, y el alivio relativo que suponía el acto innegable de no padecerlas, al menos por el momento. Casi treinta años después, mientras curioseo las novedades en una librería del centro de Madrid no puedo evitar fijarme en un libro de cubiertas negras ilustrado con la foto de una leatherona sixties que podría perfectamente haber inspirado alguno de los trabajos de Tom of Finland. Le echo un vistazo a la contraportada, donde se explica que En movimiento. Una vida es, en lugar del tratado sobre prácticas BDSM en el mundo gay que yo esperaba, la autobiografía de Oliver Sacks, el mismo autor de aquel libro que tanto espanto me provocó y sobre el cual, quien sabe si como mecanismo inconsciente de autoprotección, apenas había vuelto a pensar.

La carrera literaria de Oliver Sacks se ha caracterizado por la divulgación científica. Con formación de neurólogo y apasionado por la literatura, fue autor de un buen número de libros donde se describían los sorprendentes efectos de las enfermedades y lesiones neurológicas en la percepción física del entorno, la experimentación de las sensaciones y la conducta humana. Entusiasta de su trabajo y dotado de una profunda nobleza y bondad, Sacks insiste en la importancia de escuchar al paciente y establecer una relación de proximidad y confianza con él. Fue esa honestidad y ese afán de conocimiento lo que le impulsó a escribir sobre las enfermedades que padecían y si tuviera que destacar una sola cosa de este libro, sin duda es que ha despertado mi interés en repasar su obra divulgativa, porque está claro que hace veintimuchos años no estaba preparado para leerla.

Respecto a los detalles biográficos al margen de lo profesional, pues me temo que en comparación han resultado de bastante menor interés para mí. A ratos es ameno y curioso, por ejemplo cuando describe su vida en el Londres y la Inglaterra de finales de los 1950s, o en California a principios de los 1960s. Pero en general la impresión que me transmite su escritura si no trata de temas profesionales es la de desafección, de distanciamiento sobre la gente que le rodea. De hecho él mismo reconoce su timidez y sus problemas para relacionarse con los demás, conjeturando además que tal vez su estancia en un internado al que fue evacuado junto con su hermano Michael durante la II Guerra Mundial, y que estaba dirigido por un sádico maltratador, pudo influir en su caracter distante y solitario, hasta tal punto que durante los 1960s le condujo a una grave dependencia de las anfetaminas. Solo en ciertas historias familiares sus palabras me parecen minimamente emotivas: cuando habla de su hermano Michael y de la esquizofrenia que padeció desde crío, por ejemplo; o la devoción por sus progenitores y en especial por su madre, a pesar del rechazo frontal que le manifestó al saber que era homosexual. Por lo demás, su afición por las motos de gran cilindrada y los viajes, la natación o el culturismo a mí, sinceramente, no han logrado seducirme prácticamente nada.

En general me ha parecido una lectura entretenida y muy interesante cuando trata temas neurológicos. De hecho, se podría decir que estamos ante un resumen de los procesos de creación de todos sus libros, al que se añaden detalles biográficos. En todo caso, para que a nadie coja por sorpresa, abundan las notas a pie de página, que Sacks emplea para desarrollar un tema o contar una anécdota en lugar de aclarar alguna cuestión, algo que me ha resultado bastante fastidioso. También hay un constante goteo de nombres de conocidos, amigos, colegas y pacientes que dan forma a su vida pero en mi opinión, lastran la lectura. Tenéis más reseñas en Un libro al día y Ciencia, no ficción.

9 mar. 2017

Los peligros de fumar en la cama - Mariana Enriquez

Cuando leí en la nota editorial de Anagrama que Los peligros de fumar en la cama recopilaba relatos cortos que Mariana Enriquez había escrito con anterioridad a los recogidos en Las cosas que perdimos en el fuego no pude evitar cierta suspicacia. Visto el éxito que supuso el anterior volumen de cuentos de terror, ¿no estarían aprovechando el tirón para colarnos textos primerizos de menor o dudosa calidad? Bien, solo había una forma de comprobarlo: haciéndome con este nuevo tomo y leyéndolo. Por suerte mis temores eran totalmente infundados y más que leerlo, lo he devorado.

Los doce relatos que se incluyen son tan inquietantes, perturbadores y escalofriantes como los de su anterior libro y se desarrollan con una agilidad y una soltura tal, que las páginas vuelan ante los ojos. Se mantienen las temáticas que mezclan hábilmente el lado más oscuro del ser humano con hechos sobrenaturales. Santería, apariciones, espectros y fantasmas que toman represalias sobre los vivos conduciéndoles a la desesperación y la locura. Parafilias sexuales, abusos familiares, venganzas, rituales caníbales, peligrosos coqueteos con la muerte y el suicidio. Tramas muy singulares pero que incluyen elementos con que todos nos podemos identificar; tengo la certeza de que gustará a cualquier aficionado al género. Los títulos incluídos son:

  • El desentierro de la angelita
  • La Virgen de la tosquera
  • El carrito
  • El aljibe
  • Rambla Triste
  • El mirador
  • Dónde estás corazón
  • Carne
  • Ni cumpleaños ni bautismos
  • Chicos que faltan
  • Los peligro de fumar en la cama
  • Cuando hablábamos con los muertos
Da gusto encontrarse con historias de miedo tan originales, tan bien contadas y que generen tanta desazón, tanto espanto. Totalmente recomendado. Más reseñas en Anika entre libros, Un libro al día y Un perro romántico, éste último con un pequeño resumen de cada uno de los relatos recopilados.

6 mar. 2017

Cuentos completos V - Philip K. Dick

Con Cuentos completos V de Philip K. Dick finalizo toda la producción breve de este ínclito escritor de ciencia ficción. Bueno, al menos todo lo que se ha publicado en castellano de lo que se ha conservado. Este volumen incluye 24 cuentos escritos entre mediados de los 1960s y principios de los 1980s (ver detalle en la web Tercera fundación). Se completa con un prólogo a cargo de Thomas M. Disch y unas notas finales del propio autor, en las cuales comenta brevemente algunos de los relatos. Destacaría varios datos curiosos que pueden interesar al aficionado a su obra. Por un lado aparecen tres relatos que no habían sido publicados previamente ('Una odisea terrícola', 'Cadbury, el castor necesitado' y 'El ojo de la sibila'). También y en base a mis lecturas previas de sus novelas, supeditadas a mi poco fiable memoria, he podido detectar que algunos se usaron o desarrollaron posteriormente en formato largo: es fácil reconocer 'La cajita negra' en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?; de igual manera, 'Una odisea terrícola' se escribió a partir de fragmentos de Dr. Bloodmoney. Las notas finales aclaran que 'Su cita será ayer' forma parte de El mundo contra reloj (que no he leído) y 'Cadenas de aire, redes de éter' hace lo propio en La invasión divina, que leí hace mil años y de la cual, según parece, recuerdo más bien poco. Por último, también encontramos en este volumen el relato 'La fe de nuestros padres', que se incluyó dentro de la prestigiosa compilación de relatos cortos Visiones peligrosas, que popularizó mundialmente el movimiento New Wave dentro de la ciencia ficción.

Como no podía ser de otra forma, los cuentos tocan los temas habituales de este autor. Uno tras otro vamos conociendo a personajes -humanos, sintéticos o animales- con problemas psicológicos serios (neuróticos, psicóticos, paranoicos, etc.) que se ven inmersos en situaciones complicadas dentro de los contextos más o menos habituales de la scifi: apocalípsis nucleares, ucronías, distopías y cualquier posible combinación de las tres, interrupción accidental de la animación suspendida en viajes espaciales de larga duración, bucles temporales, aislamiento en colonias espaciales, invasiones alienígenas, etc. Y como si su existencia no fuese todavía suficientemente insoportable, el autor los enfrentan a durísimas cuestiones que los obligan a reevaluar sus creencias sobre percepción y realidad, el sentido de la vida, la supervivencia, etc. En este sentido, 'Las prepersonas' me ha parecido uno de los más desasosegantes, pues plantea un escenario en que por razones de sostenibilidad en una Tierra con superpoblación y desabastecimiento de alimentos, es posible deshacerse de un niño no deseado hasta que cumple los 12 años, en una perversa extensión del ya de por sí controvertido concepto de aborto.

Aunque admito que muchos relatos son demasiado acelerados, pues concentran muchas ideas y acción en pocas páginas, para mi ha sido una gozada leerlos. Por lo que he podido comprobar curioseando la blogosfera, la edición de este quinto volumen causó mucho revuelo porque Minotauro, debido a una confusión con las ultimas ediciones norteamericanas de estas colecciones de cuentos, eliminó el relato 'Recuerdos al por mayor' en él incluido. Para corregir su error, lo añadió en reediciones posteriores del segundo tomo (al igual que en USA). En el blog Pájaros en la cabeza hablan de estafa y en Memorias de un friki de escándalo, ahí es nada. Yo, ajeno a esta inmoralidad, ya mencionaba en mi reseña de Cuentos completos II que extrañamente, los cuentos no coincidían con la lista de la ficha de la Tercera fundación, desemejanza que con esta explicación queda totalmente aclarada para mí. Más opiniones en el Sitio de Ciencia-ficción y Literatura prospectiva. Volveré a Dick tan pronto com Minotauro reedite Los jugadores de Titán, para lo cual ya no queda mucho.

3 mar. 2017

El fuego secreto - Fernando Vallejo

Segunda entrega de la autobiografía novelada de Fernando Vallejo. Bueno, novelada un poco de aquella manera, porque aquí no hay hechos compilados y narrados cronológicamente. El fuego secreto recoge la juventud del autor (16-20 años, por dar unas cifras orientativas), pero el hilo que guía la exposición de los asuntos de su propia vida que el escritor tiene a bien contarnos no se somete a las convenciones habituales del espacio y el tiempo. Así que le acompañamos dando tumbos principalmente entre Medellín y Bogotá y adelante y atrás en esos agitados años según los recuerdos se van llamando los unos a los otros. Esto se traduce en una no linealidad de la narración que a veces se hace pesada de seguir. En realidad más que a veces, es prácticamente todo el rato, a lo cual se unen de cuando en cuando unas parrafadas con mucha intención de alta literatura pero que lejos de aportar información, solo consiguen transmitir desconcierto y la certeza de una enorme cultura y un léxico abundantísimo:
«Sobre el ritmo de sus formas, silencioso, en la áspera quietud, vuelto el último eco del combate rumor de mar salobre, el viento acre hincha la clámide y mi turbación se embriaga.»
Por suerte el grueso del texto es mucho más directo y explícito. Se compone principalmente de sus correrías homosexuales en la Colombia de finales de los 1950s-principios de los 1960s. Los locales que frecuentaba y los amigos que hizo. Los jóvenes amantes que conquistó y sus irreflexivas y casi suicidas aventuras por la ciudad, ya sea en su Lambretta o en el Studebaker de su hermano Darío (ver El Desbarrancadero), quien se convirtió en compañero inseparable en todas las fiestas y saraos a que fue invitado. Como no podía ser de otra forma, Vallejo sigue denunciando la violencia del país que le vio nacer, y que un alarde de homogeneización impensable en otros aspectos sociales, afectaba por igual a hetero y homosexuales, conservadores y progresistas, viejos y jóvenes, población urbana o campesinos.

Por otro lado, y no es algo que me sorprenda a fecha de hoy, el escritor colombiano-mexicano no puede evitar esa arrogancia elitista propia de sus orígenes socio-económicos y familia conservadora. Así que tenemos que aguantar sus diatribas liberales y capitalistas contra la pobreza y los pobres, culpabilizandolos de su propia suerte y ridiculizando y despreciando su existencia con un odio y una inquina que molestan por partida doble al proceder de alguien que forma parte de un colectivo tan ampliamente marginado como el homosexual, y de quien por tanto uno esperaría mayor comprensión con las desgracias ajenas. Estamos ante un ejemplo que viene a demostrar que ser maricón (incluso en la Sudamérica más violenta de los 1960s), no tiene mayor importancia si ademas de maricón eres rico. Poco más puedo comentar; el autor incide también en este volumen en la devoción que tenía por su abuela materna (ver Los días azules), y en su pasión por la música clásica, comparable solo con el rechazo que profesa a los sistemas educativos en todos sus niveles. Resumiendo, un compendio de rarezas igual que tiene todo hijo de vecino. Quiero pensar que terminaré la serie 'El río del tiempo'  por curiosidad y porque son unos libritos muy llevaderos, porque a decir verdad cuando Vallejo se pone neoliberal me enerva casi con tanta facilidad como Vargas Llosa, de quien termina siendo poco más que una versión gay y ligeramente pro-animalista. Tenéis más reseñas en Viandante y Prezi.

24 feb. 2017

Matar a un ruiseñor - Harper Lee

Estamos a principios de los años 1930s en Maycomb, en el condado de igual nombre, una pequeña población de Alabama profunda. Atticus Finch es un abogado viudo a cargo de dos hijos, Jem (Jeremy), un jovencito de unos 13 años cuando comienza la acción, y Scout (Jean Louise), una niña en torno a los 8. Durante los 2-3 próximos años asistiremos a la vida de esta familia y los trastornos que les ocasionará que Atticus sea elegido abogado de oficio para defender a Tom Robinson, un negro que vive en las afueras del pueblo, de la acusación de violación de Mayella Ewell, la hija de 19 años de Robert Ewell, un personaje marginal (pero de raza blanca) con una progenie asalvajada que también vive en el extrarradio y malgasta en alcohol el cheque mensual de la beneficencia con que debería mantener a su numerosa prole.

Imagino que a casi todo el mundo le resultará conocida Matar a un ruiseñor de Harper Lee a través de la adaptación homónima al celuloide, protagonizada por el impecable Gregory Peck en 1962. Al menos en mi caso era así, pero aunque soy plenamente consciente de que la vi en mis años mozos, no recordaba absolutamente nada de la trama. Con el breve resumen que figura en el párrafo anterior ya intuimos que se trata de un drama racial que contiene una contundente crítica a esta clase de discriminación. Sin embargo hay que esperar aproximadamente hasta el segundo tercio del libro para abordar el tema principal. Curiosamente la narradora no es otra que la pequeña Scout, que con su corta edad y la inocencia propia de la infancia, irá exponiendo poco a poco y desde su incredulidad, las injusticias que se cometerán contra el pobre inculpado. Personalmente siempre he creído que contar una historia desde el punto de vista de un niño supone correr el riesgo de caer en una pastelada ridícula e insoportable. Para mi sorpresa, no es el caso de esta novela, donde Lee ha sabido aúnar a la perfección la perspectiva infantil idealista y sin prejuicios de Scout con el contrapunto que ofrece Atticus con sus opiniones sobre la realidad de la vida, por dura e inexplicable que pueda resultar a los ojos de su hija. Con todo eso, me ha costado encontrarle sentido al primer tercio de la novela, donde asistimos a una presentación de los habitantes de Maycom innecesariamente larga a mi juicio, una interminable retahíla de historias infantiles cuyo objetivo es simplemente ponernos en contexto.

En cualquier caso, la novela es apasionante y el desarrollo de la misma a raíz del comienzo de juicio, absorbente y conmovedor hasta la médula. Después de leer cosas así a uno no le extraña el número tan alto de disturbios raciales que hay en EEUU. Aunque social y jurídicamente se haya avanzado muchísimo respecto a la situación relatada en el libro, el racismo parece seguir profundamente instalado en la conciencia colectiva del norteamericano WASP, mucho más en ciertos estados. Por tanto las escandalosas desigualdades y abusos que provoca no encuentran otra respuesta que la violencia, violencia que por otro lado los cuidadanos afroamericanos llevan experimentando en sus vidas desde incluso antes de nacer. Muy entretenida, didáctica a más no poder y totalmente recomendada. Tenéis más reseñas en La medicina de Tongoy, Deborah libros y Volando entre páginas, muy completa y detallada.

18 feb. 2017

Calle de los ladrones - Mathias Énard

Lajdar es un joven tangerino, poco más que un adolescente, que es repudiado por su familia cuando su padre le sorprende in fraganti manteniendo relaciones sexuales con su prima Meryem. Obligado por tanto a vivir de la mendicidad y a dormir en la calle, deambula sin objetivo alguno por Marruecos durante unos meses hasta que decide volver a su cuidad natal. Allí retoma el contacto con Basam, su mejor amigo a quien conoce desde la infancia y quien le presenta al jeque Nuredine, un seductor individuo de 40 y pocos años procedente de algún estado de la pensínsula arábiga que está al frente del «Grupo Musulmán para la Difusión del Pensamiento Coránico», en cuyas instalaciones hay una mezquita y una pequeña librería en donde empezará a trabajar nuestro protagonista. Acogido por estos islamistas, Lajdar logrará la estabilidad suficiente como para fantasear con un salto a Europa, a lo cual ayudará que inicie tímidamente una relación amorosa con Judit, una joven catalana que estudia filología árabe y a quien ha conocido mientras ella recorría Marruecos de vacaciones. A todo esto se suma que la acción transcurre en 2011, con los efectos de la denominada Primavera Árabe desestabilizando regímenes con las libertades muy restringidas y exigiendo la apertura democrática del mundo árabe. Las actividades del carismático jeque, su grupo y su amigo Basam, quien parece totalmente anulado por la personalidad del árabe, empiezan a leavantar sospechas en Ladjar cuando los actos violentos, comenzando por palizas a infieles, entran a formar parte de sus actividades. El joven se desvincula del grupo, cuya sede es destruida por un misterioso incendio pocos días después de un atentado terrorista en Marrakech, y cambia de trabajo, lo cual le permitirá, con el tiempo, trasladarse a España y tras pasar algún tiempo en Algeciras, marcharse a Barcelona en busca de Judit. Pero lamentablemente para él y aunque en global su experiencia en la ciudad condal le está resultando positiva, las cosas se complicarán tras la inesperada aparición del jeque y Basam en Barcelona por un viaje de negocios, tanto que conducirán a Lajdar a un callejón sin salida.

Para quien no lo recuerde, mi toma de contacto con Mathias Énard hace unos años fue de lo más insulsa (El alcohol y la nostalgia). Sin embargo tras la concesión del premio Goncourt de 2015 a Brújula me quedé con las ganas de reintentarlo, y creo que he acertado de pleno con Calle de los ladrones. Para empezar la trama general sobre la atribulada vida del joven protagonista, tanto en sus numerosas desgracias como en sus contadas fortunas, ha conseguido rememorar las mismas estúpidas -pero agradables- sensaciones asociadas a la ilusión por empezar a vivir la vida adulta, promesa de una felicidad que en realidad difícilmente existe (una revelación que yo he tardado en aceptar pero que el protagonista se verá forzado a asumir bien pronto). A esa edad todos hemos experimentado las ganas de comernos el mundo en mayor o menor grado; lo terrible en mi caso es que incluso el simple recuerdo de dichas ansias por vivir, de la cuales se me van agotando las reservas, había sido totalmente enterrado por toneladas de actos rutinarios acumulados durante años. Y aunque en perspectiva no puedo evitar pensar que resultan ingenuas, me siguen pareciendo estimulantes. Es evidente por otro lado que el origen y contexto en que se mueve Ladjar es probablemente más complicado que el de la media, o al menos la media de la población de los países occidentales. Mayor es por tanto el mérito de sus incansanbles intentos de mejorar su existencia y también la habilidad de Énard a la hora de transmitirlo. Tanto es así que no en pocas ocasiones ha conseguido conmoverme a mí, que ando todo el día jactándomoe de una pretendida misantropía sin otra manifestación real que algún exabrupto cuando se tratan cuestiones animalistas. Y es que en el fondo soy un pedazo de pan, aunque con cortezones muy resecos por según que zonas, tampoco nos engañemos.

Dejando confesiones personales a un lado y volviendo a la reseña, la narración destaca igualmente por su fiel reflejo de la actualidad política mundial. Las revueltas aperturistas árabes y la crisis económica mundial tienen una presencia importante que, como no podía ser de otra forma, condicionan los hechos recogidos en la ficción. También brillan con luz propia las dos principales ciudades en las que transcurre la acción: Tánger y Barcelona. La descripción de las mismas, en tanto en cuanto forman la geografía vital del protagonista, juega un discreto papel que sin embargo enriquece enormemente la lectura. Ahora me diréis que yo siempre critico las novelas en las que se citan plazas, avenidas o calles de las ciudades en que se desarrolla la acción (especialmente Nueva York o Londres), como si su sola mención debiera despertar una conexión mística inmediata con el acontecimiento narrado. Sí, no lo voy a negar, así es; me he quejado de ese vicio más de una vez y más de dos. Se me podría echar en cara que conozco relativamente bien Barcelona, una ciudad que me encanta, de ahí que cuando Lajdar se mueve por sus barrios, esquinas o calles (incluso el carrer d'En Robador origen del título de la novela) no pueda evitar que sus imágenes aparezcan en mi mente. Sin embargo nunca he visitado Tánger, y a pesar de que temporalmente aparece en la trama antes que Barcelona, los efectos de las referencias urbanas que el escritor incluye eran exactamente los mismos.

En fin, para qué enrollarme más, podría seguir mencionando cosas que me hen encantado de esta historia, como la pasión de su protagonista por la literatura y los libros, pero voy a dejarlo aquí. Por si a alguien le quedan dudas, me acabo de convertir en el fan número uno de Mathias Énard de mi bloque y probablemente de mi calle. Recomendada sin reserva alguna, volveré sin duda a su obra y espero que no me defraude, porque el único fallo que puedo poner a esta novela es que el desenlace final me parece un poco forzado, aunque el experto en cuestiones árabes y persas es el autor, sin duda sabrá mejor que yo lo que podría pensar un tipo como Lajdar. Tenéis más reseñas en Fantasymundo y Universo la Maga, ambas tan entusiastas como la mía y la última, bastante extensa además.

14 feb. 2017

Comer animales - Jonathan Safran Foer

Alimentarse a base de animales habia supuesto un conflicto para Jonathan Safran Foer en mayor o menor medida prácticamente durante toda la vida. Así pues había seguido una dieta vegetariana intermitentemente, con periodos en que se lo tomaba más en serio y otros en que lo relajaba tanto como ese grupo especial de autodenominados "vegetarianos" que comen ocasionalmente pollo o pescado, nunca le dicen que no al estofado de la abuela, ni a las tapas de jamón del bar, etc. Sin embargo cuando nació su hijo su percepción del problema ético y de salud que lleva implícito comer animales se hizo manifiesto. Ya no se trataba sólo de su elección personal, se trataba de criar a su hijo en las mejores condiciones posibles. Así que decidió investigar cómo se produce la carne que llega a los supermercados y darlo a conocer en Comer animales.

Al tratarse de un autor norteamericano todo el estudio se centra obviamente en la industria y normativa de aquel país, aunque ocasionalmente se hace referencia al modelo europeo de la UE. Se usan datos oficiales del gobierno estadounidense y diferentes organizaciones, ya sean gubernamentales u ONGs, para cuantificar el alcance del negocio de cría de animales, pero solo puntualmente y cuando es necesario, así que nadie se asuste porque no hay interminables tablas llenas de cifras áridas. Foer hace un recorrido del sector empezando por las granjas intensivas avícolas (pollo, pavo), a las que siguen las porcinas y las piscifactorías, para finalizar hablándonos del vacuno y la cría de terneras. El panorama es desolador, algo que todos sospechamos pero que la mayoría de las personas prefiere ignorar voluntariamente. El modelo capitalista de producción intesiva cosifica a los animales y los considera elementos de una cadena cuyo objetivo final es generar riqueza a la empresa. Esto ha conllevado cambios en el modelo tradicional de crianza (defendido por el autor) que han transformado en un holocausto la breve vida de los animales, e incluye:

  • Selección genética para lograr un crecimiento rápido en condiciones de alimentación escasa, hasta tal punto de que los animales criados para consumo humano no pueden sobrevivir fuera de los estrictos controles medioambientales de las granjas, y mucho menos reproducirse por sí mismos
  • Masificación de las granjas para optimizar el espacio, con unas pérdidas asumidas por muertes debidas a las malas condiciones de vida que giran en torno al 10-15%
  • Uso indiscriminado y profiláctico de antibióticos para contrarrestar las pésimas condiciones de vida de los animales que les generan de estrés, ansiedad, depresión y cientos de enfermedades (incluidas gripes aviares, porcinas, etc.). Al margen del problema de salud pública que supondría su posible salto al ser humano, afecta directamente a la resistencia de los patógenos a los medicamentos y por tanto, a su capacidad de curar también en el hombre.
  • Volumen inmanejable de heces que se vierte al medio ambiente sin control causando contaminación del suelo, ríos, acuíferos,etc.
  • Contribución al calentamiento global debido a la emisión de gases de efecto invernadero un 40% superior a todo el sector transporte
Y un largo etcétera del que en absoluto se puede excluir la crueldad implícita en dicho modelo. Foer destaca el oscurantismo y opacidad de las granjas industriales, las cuales intentó visitar sin éxito dado que los reponsables desatendieron sus múltiples peticiones de acceso (solo con la ayuda de una activista animalista pudo colarse en una granja intensiva de pavos). Una vez recorrido el infierno de las granjas de producción intensiva de animales para alimentación humana (sin ahorrarnos descripciones exhaustivas de lo que ocurre en los mataderos), el escritor busca alternativas que velen por el bienestar animal, de las cuales nos muestra un par de ejemplos. Estos productores explotan granjas que siguen el modelo tradicional que no busca un beneficio máximo, sino criar a los animales en condiciones «dignas» para garantizar la calidad del producto al consumidor y de camino calmar su parcialmente atribulada conciencia. Como ya he comentado anteriormente, Foer es vegetariano pero defiende estos modelos tradicionales aunque lamentablemente, nos indica que el poder de las grandes corporaciones dificulta en grado extremo su mera existencia.

El autor cede puntualmente la voz a diferentes actores implicados con el ánimo de que cada uno pueda exponer su punto de vista, algo que indica el ánimo constructivo del libro. Desde activistas animalistas independientes, a granjeros que defienden modelos más próximos al tradicional pasando por representantes de la organización de defensa de derechos de los animales PETA. Solo se echa de menos la opinión de las grandes empresas del sector, que no han dado señales de interés por más que Foer ha intentado contactar con ellas. Si algo se puede decir de este ensayo es que es veraz e implacable. Los riesgos de salud pública y contaminación del medio ambiente que llevan implícitos comer animales se suman a la crueldad y el despiadado e ignominioso tratamiento que el ser humano ejerce sobre los animales solo porque puede. Sinceramente no entiendo como alguien puede leer este libro y seguir comiendo animales procedentes de granjas intensivas, bueno y no solo de éstas, ya que Foer también nos avisa de los engaños que hay detrás de las etiquetas Eco, Bio u Organic, puestas más bien para tranquilizar las conciencias de los consumidores que para gantizar una crianza de animales en condiciones mínimas de bienestar. Mi desolación y desesperación ante la indiferencia del ser humano frente a tanto sufrimiento queda expuesta en la siguiente cita:
"¿Qué grado de destrucción debe conllevar una preferencia culinaria antes de que decidamos comer otra cosa? Si contribuir al sufrimiento de miles de millones de animales condenados a vidas miserables y (bastante a menudo) a muertes horribles no nos motiva a ello, ¿qué lo hará? Si ser el contribuyente número uno a la amenaza más seria que se cierne sobre el planeta (el calentamiento global) no basta, ¿qué más necesitamos? Y si os veis tentados a aplazar estas cuestiones de conciencia, a decir: «Ahora no», ¿cuándo será el momento?"
Tenéis más reseñas en El ojo en la paja y Un libro al día. No puedo quedarme con las ganas de enlazar a la reseña de Frédéric Beigbeder en Le Figaro, quien falto de réplicas objetivas contra los hechos que recoge Foer en el libro, tuvo lo ocurrencia de titular su reseña del libro 16 raisons de manger les animaux e incluye el imbatible argumento (número 14) "Ningún animal ha escrito 'Las flores del mal'". Lo cierto es que leer algo así de un escritor cuyo mayor logro literario es jactarse de las rayas de coca que se mete en la vía pública y de las modelos que se liga en los fiestones que se pega cualquier fin de semana, no me parece que tenga mucha fuerza. 

9 feb. 2017

La ratesa - Günter Grass

Desorientado, extenuado y perdido en las intenciones de Günter Grass cuando escribió La ratesa, consulto la Wikipedia para contemplar, impávido y desolado, que este extenso e incomprensible texto aparece en su bibliografía en el apartado de novelas. "¡Ah, era eso! ¡Una novela! ¡Qué bobo soy!", me digo a mi mismo confiando en que los restos de la resaca literaria que me aturde una vez terminada su lectura desaparezcan pronto. Como no tengo ganas de dar más vueltas al asunto, le añado sumisa e indiferentemente la etiqueta correspondiente al post. "No te preocupes", intento calmarme sin demasiado éxito, "seguro que unos días está todo olvidado y de este libro quedarán tan pocos recuerdos como de lo que has soñado esta noche". Aún así todavía tengo que terminar este post, ¿y qué puedo decir, si en realidad no tengo ni idea de lo que he leído? No sé qué saldrá de aquí, en todo caso tengo que exorcizar esta pesadilla que me he metido en la cabeza o las toneladas de confusión que llevan consigo acabarán conmigo.

La idea que sobrevuela el libro es que el ser humano es, en esencia, un ser despreciable que con su forma de actuar va a conseguir eliminar todo rasto de vida en la Tierra. O al menos eso creo yo que es lo que el flamante premio Nobel de literatura de 1999 quiere expresar. Para ello, Grass compone una línea argumental principal en la que el autor-narrador establece un diálogo de tintes filosóficos con una rata que a modo de mascota, ha recibido como regalo de Navidad. El protagonista, sin que sepamos cómo ni por qué, se encuentra en órbita en una cápsula espacial y es, seguramente, el último hombre vivo. Esto de debe a que la humanidad, en su descerebrada pero característica lucha por el poder, ha desencadenado un holocausto atómico al que solo han sobrevivido las ratas, eternas compañeras-subproducto de la civilización, y unas pocas especies animales más sin mayor relevancia. Sin embargo, a este hilo conductor acompañan unos cuantos más a cuya presencia no siempre es fácil encontrar sentido. Se desarrolla por ejemplo la historia de Lothar Malskat, un pintor que falsificó los frescos medievales de la iglesia de Santa María de Lübeck en los años 1950s, cuando su labor real era restaurarlos. Tenemos también un grupo cinco mujeres capitaneado por una tal Damroka, que a bordo de una antigua gabarra rehabilitada están realizando aparentemente un estudio sobre la presencia de medusas en el mar Báltico, pero que en realidad buscan la localización exacta de la mítica ciudad de Vineta, ejemplo de buen gobierno repartido entre hombres y mujeres. Por otro lado a ratos somos testigos de una fantasía donde se mezcla ecologismo y los cuentos de hadas de los hermanos Grimm. Oskar Matzerath, el protagonista de El tambor de hojalata, también aparece como un hombre de negocios de casi 60 años que anda metido en las producciones audiovisuales para el mercado de video doméstico. Y claro, habiendo ratas y tratándose de una obra salida de la pluma de un escritor alemán, a nadie debería extrañar que la leyenda del flautista de Hamelin se trate desde mil perspectivas distintas, incluyendo influencias contemporaneas de la subcultura punk. Y la cosa no se queda aquí, no, hay más, pero ¿para qué seguir?

Estoy seguro de que el nobel alemán tenía sus intenciones al escribir sobre cada uno de estos temas. En algunos casos están bastante claras, sobre todo por su insistencia machacona a repetir lo mismo una y otra vez. La subtrama del falsificador de Lübeck (que todo hay que decirlo, se descubrió porque el propio pintor se autoinculpó) viene a denunciar la corrupción del gobierno de la RFA durante los 1950s. La lluvia ácida que asoló los bosques centroeuropeos durante los 1980s (recordemos que esta novela data de 1986) como ejemplo de catástrofe medioambiental es sin duda el porqué de esa pesadillesca, gilipollesca, soplapollesca trama donde pululan los altos cargos de la Alemania occidental junto a Hänsel, Gretel, Rapónchigo (más conocida como Rapunzel), Rúmpeles-Tíjeles (Rumpelstiltskin en su versión original), Caperucita Roja, Blancanieves, los siete enanitos y una interminable lista de personajes de cuentos de hadas. El diálogo principal autor-narrador y rata, así como otro hilo argumental que no he comentado sobre unos seres mutantes que comparten rasgos y características tanto de hombres como de ratas cuestiona el alcance de la ciencia y la tecnología humanas. Bueno, por no seguir aburriendo y también porque no he podido sacar mucho más en claro, quiero entender que habrá una crítica detrás de cada relato abordado. Pero es que la narración está muy hinchada. Es un hablar por no parar de hablar, sin freno ni mesura. Y el estilo no ayuda ni un ápice. Todo el texto está muy fracturado, no hay continuidad entre esas tramas inconexas, ni  coherencia en su desarrollo. Que habrá a quien le guste y le encuentre la gracia, pero desde luego yo no estoy en dicho grupo. El momento de terminarlo ha sido una liberación, dejar atrás un lastre, una carga pesada y agobiante con la que no he conectado lo más mínimo. Como resultado de tanto sufrir no me queda más opción que decir adiós a este autor por una larga temporada: Auf Wiedersehen, Herr Grass. Tenéis más reseñas en Footprints y Homo Libris, ambos encantados.

6 feb. 2017

Infancia. Escenas de una vida de provincias - John M. Coetzee

Primera parte de la biografía novelada de John M. Coetzee. Como su propio nombre indica, Infancia recoge los recuerdos y experiencias vitales del autor sudafricano como escolar, empezando a principio de los 1950s, cuando tiene unos diez años de edad. La trama comienza con su familia recién instalada en Worcester, una ciudad a unas dos horas al noreste de Ciudad del Cabo, donde su padre, que en realidad es abogado, ha conseguido un puesto en el departamento financiero («lleva los libros») de Standard Canners, una empresa de conservas de fruta. Como es habitual a esa edad, gran parte del texto tiene que ver con su paso por el colegio, aunque en este caso aplican las particularidades propias de un país con una situación social complicadísima. El régimen discriminatorio del Apartheid se había hecho oficial en 1948, existían tensiones entre afrikáners y británicos, también había claras diferencias sociales entre protestantes y otras religiones minoritarias (católicos, judíos, etc.); pues bien, en este estado de las cosas, el pequeño John crea su propia identidad sobre la mentira: se define como católico cuando su familia es atea, se considera británico a pesar de apellido afrikáner. Coetzee reconoce también casi desde el primer párrafo la complicada relación de amor/admiración-odio/desprecio que le une con su madre. Tras su estancia en esta ciudad durante una larga temporada, su padre decide retomar su profesión de abogado y para ello abre un bufete en Plumstead, un barrio de Ciudad del Cabo, adonde se muda toda la familia. El negocio es un desastre pues su padre resulta ser un pésimo administrador, así que entra bien pronto en bancarrota y su padre cae en la depresión y el alcoholismo. De esta etapa de su vida el autor también destaca su relación con la vejez y la muerte a través de su tía abuela (y madrina) Annie. Sus pensamientos al respecto son una mezcla típicamente infantil de asco, miedo y superioridad.

Si bien estamos ante un libro que recoge y ficciona parte de la infancia del nobel de literatura de 2003, que por otro lado no es particularmente escabrosa, me ha resultado muy interesante por varios motivos. El primero es el contexto histórico en que transcurre, en un país tan peculiar políticamente como Sudáfrica y con su vergozoso régimen racista, en vigor hasta principio de los 1990s. Por otro lado, brilla con especial resplandor la honestidad con que se recogen las dificultades y las frustaciones que suponen el matrimonio y formar una familia. Al igual que Coetzee mantiene una relación contradictoria con su madre, ella no duda en informar a sus dos hijos del cambio a peor que ha sufrido su vida tras traerles al mundo, sin olvidar las malas relaciones que tiene con su familia política, quienes no le ayudaron lo más mínimo durante los tiempos difíciles que pasó durante la II Guerra Mundial, cuando se quedó sola con los niños porque su marido servía como soldado en la contienda.

Por lo demás, la prosa de este autor es limpia e impecable, con frases tan aparentemente sencillas, fáciles de leer y asimilar que solo han podido redactarse desde el talento y el esfuerzo. Estaría tentado a decir que su manera de escribir es casi periodística porque va directamente al asunto que quiere relatar, dando las explicaciones y haciendo las descripciones necesarias para comprender su alcance. Sin embargo me abstendré de decirlo porque hoy día el lenguaje periodístico es tan pomposo y abigarrado que es justo lo contrario que encontramos en este libro. No me cabe la menor duda de que seguiré con el resto de entregas que componen la trilogía Escenas de una vida de provincias. Más reseñas en Cuéntate la vida y Club de catadores.
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