30 oct. 2014

Enemigos. Una Historia de Amor - Isaac Bashevis Singer

Herman Broder es un judío polaco superviviente a la WWII. Pudo evitar los campos de concentración nazis gracias a que Yadwiga, antigua criada polaca de sus padres, le ocultó durante tres años en un henil. La mujer e hijos de Herman murieron durante la contienda, así que tras el final del conflicto y como agradecimiento a su ayuda, se casa con la campesina y emigran a los EEUU. Se instalan en NY, en Coney Island (Brooklyn), donde no son muy felices porque Yadwiga sigue siendo una pueblerina austadiza y simplona que solo tiene ojos para su marido y porque Herman en realidad está perdidamente enamorado de Masha, una judía superviviente al Holocausto arrebatadora y terriblemente atractiva que vive en el Bronx con su madre, también rescatada in extremis de algún campo de concentración. Herman lleva una doble vida, mantiene dos apartamentos, miente a su mujer, a su amante, a su jefe el rabino Lampert. La red de mentiras que debe mantener activa se extiende y vuelve más complicada a cada minuto que pasa. Su disparatada, ajetreada y agotadora vida se le empieza a escapar de las manos cuando resulta que Tamara, su mujer antes de la guerra, aparece de pronto en Nueva York procedente de un campo de trabajo ruso.

Enemigos es efectivamente y como indica su subtítulo, una brutal historia de amor desesperado, de amor entre personas traumatizadas y marcadas ya de por vida por las experiencias inhumanas que padecieron en la Segunda Guerra Mundial. Isaac Bashevis Singer caracteriza a cada uno de los personajes con una habilidad muy fuera de lo común y digna de todo un Nobel de Literatura. Es capaz de hacernos reír al describir sus reacciones al límite ante la más mínima contrariedad. Instantes después, la monstruosidad que se oculta detrás de ese humor negro nos golpea para hacer que la carcajada que nos acaba de provocar se congele instantáneamente. Y a continuación se nos instala un nudo en la garganta al adquirir conciencia del infierno en que se ha transformado la existencia de los personajes tras pasar por campos de concentración nazis y/o campos de trabajo stanilistas. Pogromos, atrocidades nazis o muertes en los Gulags se entremezclan con naturalidad en conversaciones sobre Bar Mitzvah, comida kosher o el ayuno durante el Yom Kipur. A pesar de sus taras psicológicas probablemente insalvables, hacen lo posible por ser felices y salir adelante en un país que les da todas las oportunidades que nunca tuvieron en Europa. Lo cual no es óbice para que se viertan toneladas de críticas durante la trama: a la religión, al comunismo, al capitalismo. El autor, vegetariano convencido, aprovecha para introducir hábilmente por boca de Herman una demoledora censura al trato que el ser humano da a los animales. De hecho, hay un montón de citas de uso común entre los activistas antiespecistas que están extraídas directamente de este libro.

Una lectura ágil y absorbente. Un libro impresionante con un argumento construído sin fallo alguno y capaz de vapulear emocionalmente al lector varias veces en cada capítulo. Con unos personajes agridulces cuya desolación les hace entrañables e inolvidables. Sin duda de lo mejorcito que llevo en todo el año. Tenéis más reseñas en El Placer de la Lectura, donde por una vez he conseguido encontrar una opinión positiva expresada sin ambages. Sin embargo, en Entre el Olor de un Libro viejo no ha gustado, considerándola «una historia regular, con situaciones muy por debajo de las espectativas (sic)», donde esperaban encontrar «un poco más de dramatismo» (!!!).

2 comentarios:

Only Bea dijo...

Suena y pinta muy bien. Por lo general, me gustan los libros que critican aspectos sociales, y este, por lo visto, está lleno. Aunque no estoy familiarizada con las costumbres judías -ni con sus palabros-, no creo que sea inconveniente.

Cities: Moving dijo...

Only Bea: Los ritos judíos son verdaderos desconocidos también para mí. Me enfrento de nuevas a ellos a cada libro que leo y resulta que los toca, y si además añades las prendas de vestir que les son propias es para volverse loco. Y todo depende además si el autor escribe en yiddish (como en este caso) o en hebreo, porque claro, excepto para términos religiosos de uso general, lo más probable es que el nombre cambie. Yo tiro de wikipedia pero aún así, cuando termino el libro ya los he olvidado. O incluso mientras lo estoy leyendo, no te voy a engañar ;)

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