15 oct. 2010

El Aliento - Thomas Bernhard

Si en El Sótano Thomas Bernhard nos contaba cómo había logrado encontrar algo de felicidad en la Austria de la postguerra, en El Aliento. Una Decisión nos relata la manera en que la fatalidad vuelve a apoderarse de su existencia.

Lo que en principio fue un simple resfriado se transforma, por ser ignorado durante meses, en una grave afección pulmonar que casi termina con su vida. En esta nueva entrega, Bernhard nos cuenta su terrible experiencia en la sala de desahuciados de un hospital de Salzburgo, de cómo desde allí lo trasladaron a una habitación especial a donde sólo iban aquellos pacientes cuya muerte se consideraba inminente, y de como solo su voluntad irreductible de no dejar de respirar fue lo que evitó su deceso. Por si esto no fuera suficiente desgracia, su abuelo, la persona a quien más quería y con quien tan unido se encontraba, fallece mientras él estaba ingresado. El lado bueno de todo esto es que consigue acercarse afectivamente a su madre, pero excepto quizás este detalle, todo se presenta muy negro para el austriaco. Durante su estancia en el hospital se crea una imagen nefasta sobre los profesionales médicos: le resultan engreídos, arrogantes y totalmente indiferentes al sufrimiento de los pacientes. En definitiva, despreciables. Para empeorar aún más su impresión, tras superar las fases más graves de su enfermedad Bernhard es trasladado a un sanatorio para pacientes con problemas respiratorios, donde lamentablemente se contagiará de tuberculosis.

Me temo que de momento no puedo seguir afrontando lecturas tan deprimentes, así que al terminar este libro decidí cambiar a algo más ligero en lugar de continuar con las dos últimas entregas. Y que conste que me gusta su estilo, con esas repeticiones de palabras y esa densidad intelectual presente en cualquiera de sus frases. Me gusta, sí, incluso coincido con él en muchos de sus análisis despiadados de la humanidad, pero es que estamos en octubre, hace frío, muchos días llueve y hay cada vez menos horas de luz. Prefiero atravesar el otoño con algo que me entretenga y me haga evadirme, aunque sea sólo un poquinín. Con lo que llevo leído hasta el momento, tengo claro que Bernhard no es una buena opción.

Otras reseñas en Melibro.com y en Brecha, aunque en realidad en este último se comentan los cinco relatos que forman esta autobiografía de su juventud.

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