24 ago. 2016

Karoo - Steve Tesich

Saqueando la sinopsis del libro para ahorrarme parte del trabajo de resumir la trama, diré que «Saul Karoo, [es] un guionista en la cincuentena, un cínico retorcido y egoísta, un mentiroso patológico. Lo único que hace bien es destrozar el trabajo ajeno: transforma guiones para amoldarlos a la fórmula hollywoodiense, salvarlos de la ruina económica y convertirlos en una ruina artística. Su vida da un vuelco el día que se embarca en su mayor excentricidad: dejar de pensar en sí mismo y hacer algo por otra persona». Es difícil hacer una descripción más certera del protagonista con menos palabras. No recuerdo haberme encontrado con un personaje más impresentable y despreciable en todas mis lecturas, aunque las cosas como son, esto de por sí no habla de la calidad de la novela. El protagonista puede ser un desalmado o un inepto emocional y encontrarnos ante una historia maravillosa. Recurriendo de nuevo a la reseña editorial ocurre que «Entre carcajadas, acompañamos a Karoo en esta accidentada odisea, incapaces de separarnos de él. Porque aunque es totalmente detestable, Karoo también es terriblemente humano, una versión deformada de nosotros mismos, una víctima de sus miedos y sus defectos, un aspirante fracasado a la felicidad». Según lo veo yo, no es el caso. Este Saul Karoo es un enfermo a todos los niveles: emocional, psicológico y físico. Es egoista, débil de carácter, vanidoso, manipulador, mentiroso, cínico. No solo se deleita en la miseria que él mismo ha ido creando en torno a su persona sino que además rechaza la ayuda que se le intenta prestar para salir de ella. Pero lo peor de todo es que carece de toda empatía y usa a todo aquél que tiene alrededor en su propio beneficio, sin que los sentimientos de la persona usada/abusada le importen un pimiento y los resultados de su acción  parezcan ocasionarle el menor conflicto moral. Karoo está más cerca de ser un psicópata que alguien «terriblemente humano, [...] una víctima de sus  sus miedos y sus defectos». Me temo que me resulta imposible identificarme ni encontrar una versión deformada de mi mismo en un personaje que se dedica a hacer sufrir a todo el mundo debido a que no sabe enfrentarse a sus propias inseguridades.

Pero repito, un protagonista despreciable, malvado, inepto no tiene por qué significar que la novela sea mala. Y sin embargo no se me ocurre calificarla de ninguna otra forma que basura. Nunca he estado más cerca de abandonar un libro en los últimos cinco años y medio que al terminar la primera parte. En ella, Steve Tesich introduce al personaje principal en su medio habitual, Nueva York, y se dedica a rellenar página tras página de estupideces sin gracia que pretende hacer pasar por agudos, divertidos e inteligentes comentarios de la vida moderna (finales de los 1980s-principios de los 1990s) en la capital del mundo. No daba crédito, no podía creer las pamplinas que estaba leyendo, me sentí insultado al leer que comparaban esta bazofia con La conjura de los necios. Algunas técnicas que usa el autor me estaban poniendo de los nervios, por ejemplo, dar ejemplos hasta el aburrimiento después de cada gracieta. Otra que ya he mencionado en otras ocasiones, anclar la acción a la geografía urbana de la ciudad para establecer una conexión entre trama y lector que va más allá de las palabras. La Ochenta y seis con Broadway. El edificio Dakota. Un apartamento en Riverside Drive. El Upper West Side. La calle Ochenta y cuatro, justo al oeste de Broadway. Ni que decir tiene, a mi esas localizaciones no me dicen nada, es más, me molestan por la falta manifiesta de estilo que conllevan.

Total, toda la primera parte aguantando escoria y detritus emocionales procedentes de Karoo, que huelga decir, no me han sacado ni una sonrisa. Le dí una oportunidad a la segunda parte y ahí la cosa tuvo una ligera mejora. Conocemos a personajes que sienten dolor, nos enfrentamos a sus vidas torcidas en mayor o menor medida por el destino, aparece gente normal (y mira que odio este adjetivo) que sufre por problemas reales,... pero ahí sigue Karoo, insistiendo en vivir una vida ficticia sin conexión con la realidad, solo porque él cree que encaja en la idea que tiene de lo que debería haber sido su existencia. Se siguen sucediendo las partes del libro, hasta cinco. La tercera transcurre en España, puro relleno. Un par de líneas revelan a cualquier lector con un mínimo de bagaje y perspicacia el que se supone será el gran conflicto al que tendrá que enfrentarse el protagonista. Cuarta parte, deus ex machina que permite al autor evitar el berenjenal al que se dirigía la trama con ese gran problema que se estaba gestando. Quinta parte, la novela termina de manera absurda y por más que nos haga ver que Karoo sufre, no hay redención posible para él. Junto con el personaje de su ex-mujer, es quizás lo único coherente visto en las más de 550 páginas de una lectura que nunca debería haber abordado. Luego miro reseñas en Internet y la mayoría de los blogs y revistas no muestran reparo alguno en llamar a esta mamarrachada obra maestra. Aquí van como ejemplo un par de entradas que me ha devuelto Google en la primera página: Los tipos duros también leen y Fantasymundo. Que conste que no me sorprende quedarme solo en mi apreciación personal, al menos en Revista Krítica, también entre los diez primeros resultados, tienen la decencia de destacar los aspectos más endebles a su juicio.

5 comentarios:

Molina De Tirso dijo...

A mí me pasa igual con ese tipo de personajes. Me pasó con La conjura de los necios, de la que me estaba acordando antes de ver que la mencionabas, me pasó con El hombre de mazapán y con Un detective en Babilonia. Con este algo menos, pero que es más bien flojilla. Las otras dos son buenas novelas, por lo que siempre he pensado que es un problema mío como lectora, que debería aceptar todo tipo de personajes, pero sus autores los han hecho tan reales que no lo puedo evitar. En mi experiencia, es un mèrito de las novelas en cuestión pero, por lo que cuentas, esta ni siquiera esta a la altura. Una menos.

el convincente gon dijo...

Cuánta inquina, ¿no? Has hecho que dude de mi criterio, porque yo sí que recuerdo haber disfrutado bastante con la novela (por lo menos hasta el deus ex machina que mencionas). Eso sí, creo que es un error venderla como una comedia graciosísima porque, efectivamente, no es una comedia ni pretende serlo. Si lo leíste esperando reírte tanto como con 'La conjura de los necios' no me extraña nada que te decepcionase.


No coincido contigo tampoco en la visión que das del personaje. En mi opinión (y hablo de memoria, así que puedo estar muy pero que muy equivocado), Karoo es un tipo despreciable que sabe que es despreciable e intenta redimirse a través de la relación con su hijo y con la aspirante a actriz. De eso trata la novela: de su intento de redención. Esa es la vía de enganche del libro en cuanto al argumento. En ese sentido no creo que Tesich pierda el rumbo de lo que está contando hasta, por lo menos, la última parte.

La "gran sorpresa", por ejemplo, no creo que sea tal sorpresa, sino más bien un elemento de suspense. Tesich confía en que el lector se huela la tostada. Lo que hace en realidad es ir generando expectación.

El gran fallo es precisamente que Tesich se saca de la manga un deus ex machina para no tener que enfrentarse al lío que ha ido montando y encima abandona la primera persona por una tercera persona mucho menos carismática.

Y ya para ir terminando, diré que la arquitectura de frases y párrafos (por no llamarlo estilo) cuando es Karoo el que narra me parece francamente buena. Acabo de ojear el libro para refrescar la memoria y sigo pensando que la prosa de Tesich es muy rítmica. A mí, al menos, me engancha.

En resumen, no creo que sea una obra maestra, ni mucho menos, pero llamarla basura me parece muy exagerado (con la de novelas de ciencia ficción coñazo que te has tragado sin rechistar, Cities...).

Cities: Moving dijo...

@el convincente gon: ¿Qué puedo decir? Coincido contigo en que promocionar este libro como humor no ha sido muy acertado. Pero al menos la primera parte sí que tiene esa intención de provocar la risa mostrandonos el patetismo de Karoo (que en mi opinión es lo que ahora se denomina "gente tóxica"), pero a base de golpes de efecto que a mí no me han hecho ninguna gracia. Del resto, sólo la segunda parte me dio algo de esperanza en que al final se podría salvar la historia, pero rápidamente la tercera con esas vacaciones en España acabó con ellas. A eso súmale el estilo, con prácticamente toda la narración en presente de indicativo, los cientos de relatos que no aportan nada, absolutamente nada a la trama (así a bote pronto: la revisión médica necesaria para obtener un nuevo seguro de salud, la visita a su madre en Chicago, toda la tercera parte de vacaciones en España, etc.), y ¿qué queda? Pues para mi gusto, nada que merezca la pena.

Pero bueno, es sólo mi opinión, no es dogma de fe. Un poco de disensión es necesaria en la blogosfera para que posibles nuevos lectores no lleguen a este libro o a cualquiera, tan desprevenidos como yo, que juro pensaba que estaba ante otro exitazo del tipo 'La conjura de los necios'. Por cierto, ¿que truños de ciencia-ficción coñazo me he tragado yo sin rechistar? ¡Si solo en 2014 seleccioné 5 novelas de scifi como lo peor del año!

el convincente gon dijo...

Bueno, a lo mejor no ha sido "sin rechistar", pero compara el tono airado de la reseña de 'Karoo' con el tono benevolente de la reseña de 'Fundación y Tierra'. Y no creo que la novela de Asimov sea mejor que la de Tesich...

Cities: Moving dijo...

@el convincente gon: Vaya, no recordaba nada en absoluto de esa reseña y me ha encantado releerla. Que conste que tampoco me tembló la mano repartiendo cizaña con Fundación y tierra. Haciendo una lectura transversal rápida he visto sintagmas como 'chorrada descomunal', 'error insalvable', 'Patético, miope y grotesco a partes iguales' o 'para olvidar'. Es verdad que el tono general es, más que benevolente, yo diría condescendiente, en plan 'bah, no pasa nada, si es que en realidad las space-operas no dan para más'. Quizás mi inquina en el caso de 'Karoo' se deba a que la decepción ha sido más grande por aquello de pensar que iba a leer algo del nivel de 'La conjura de los necios'. O igual es por el calor, que me ha hecho hervir las neuronas y lo he pagado con la novela de Tesich, ¡qué sé yo!

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