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6 dic 2020

Vida y época de Michael K - J. M. Coetzee

En Sudáfrica se está librando una guerra civil. Michael K. todavía mantiene su puesto de jardinero del ayuntamiento de Ciudad del Cabo, pero ya se escuchan rumores de que va a haber despidos. Es un hombre de treintaipocos años con discapacidad intelectual que pasó su infancia en instituciones del estado. Además tiene un labio leporino, así que se ha vuelto muy reservado con la gente debido a su aspecto tan peculiar. Su madre, Anna K., ya es bastante mayor y tiene serios problemas circulatorios, así que no puede continuar trabajando como asistenta doméstica. Empieza entonces a recordar la granja en la que nació, cerca de una pequeña ciudad del interior llamada Prince Albert. Según dice, los únicos días felices de su vida los pasó allí. Michael cree que sería buena idea que los dos se marcharan para allá, donde podrán escapar de la inseguridad y el peligro constante de Ciudad del Cabo, Así que parten rumbo a Prince Albert sin ser muy conscientes de las dificultades que les esperan en el camino.

Vida y época de Michael K narra la odisea de un hombre por huir del horror de la guerra e intentar volver a una vida más sencilla y honesta. La utopía de extraer los frutos de la tierra con el propio esfuerzo se revelará como una gesta titánica, cuyas probabilidades de éxito se verán mermadas precisamente por el caos que engendra un conflicto armado.

Divida en tres partes, en la primera y última un narrador en tercera persona relata las vicisitudes por que pasa el protagonista. En la segunda, el médico de un centro de readaptación en el cual Michael ha sido internado, nos cuenta en primera persona lo complicado que resulta ayudarle. La prosa de John Maxwell Coetzee es tan pura, sencilla y acertada como siempre. Sorprende el desapego y distanciamiento del narrador de las secciones uno y tres, en contraste con el tono desesperado y impotente de la segunda. En mi opinión, en la parte central donde asistimos a los mejores momentos de esta obra. En ella tenemos acceso a los habituales despliegues de genialidad del Nobel sudafricano, que a base de enfrentar dialécticamente al doctor y Michael, desmonta todas nuestras ideas preconcebidas acerca de cómo se debe vivir la vida. Todas la prioridades y metas que sin duda hemos interiorizado por crecer en sociedad se derrumban de un plumazo en ese toma y daca que se establece entre ambos.

Frente a la segunda parte, las otras dos pierden algo de fuerza. Consisten en un relato lineal de acontecimientos, con una fuerte componente descriptiva. A pesar de que asistimos a momentos muy duros, esa separación emocional que el narrador establece con el protagonista, que prodíamos incluso calificar de frialdad, logra que no nos afecten sus desgracias. Ese lenguaje tan preciso, tan cuidado pero a la vez impersonal, de alguna forma nos protege de los graves problemas por que pasa el Michael. Lo cual no es óbice para que su caracterización sea magnífica. Su registro es directo, sus reacciones transparentes y humildes, sus réplicas imbatibles. Justo lo que podríamos esperar de alguien con discapacidad intelectual. También el médico es totalmente veraz. Tanto su idealismo como sus esfuerzos por ayudar, resultan creíbles por inútiles y patéticos. En definitiva a pesar de que fue galardonada el premio Booker de 1983, no está entre mis novelas favoritas de Coetzee. Y aun así, sobresale muy por encima de la media de lo que he leído este año.

20 ene 2019

Siete cuentos morales - John M. Coetzee

John Maxwell Coetzee vuelve a tomar como protagonista de sus relatos cortos a la escritora australiana ficticia Elizabeth Costello (a quien nos presentó en Elizabeth Costello pero que también aparece en Hombre lento). Bueno al menos lo hace en cinco de los siete cuentos que recoge este breve volumen de literatura breve. Los dos primeros no mencionan el nombre de las protagonistas pero por el contexto yo diría que no tienen nada que ver con dicha autora y filósofa. Los cinco últimos están protagonizados por una Elizabeth Costello de edad avanzada y en una situación bastante complicada con respecto a sus dos hijos. Ellos quieren que se vaya a vivir con alguno de ellos o a un centro tutelado para personas mayores pues aunque todavía se desenvuelve moderadamente bien por sí misma, su salud ya le está jugando malas pasadas debido a su edad. Los dos primeros sin embargo tratan de dos mujeres jóvenes y desde mi punto de vista no hay nada que haga pensar en que se trata de Costello en otros momentos de su vida.

Ese conflicto sobre la senectud, la familia, la decadencia física y la dependencia es el telón de fondo de los planteamientos filosóficos que expone la escritora inventada por Coetzee. Lógicamente abarcan esas cuestiones pero también el proceso de creación literaria y sobre todo, la relación del hombre con los animales, que probablemente sea el aspecto que más ha trascendido de su obra. Su aproximación a la cuestión no es siempre animalista y política (que por supuesto aparece), sino que en ocasiones adopta también un enfoque puramente basado en la empatía y en la conexión que se puede establecer con un individuo de otras especies, lo cual puede llegar a ser contradictorio con la defensa de los derechos de los animales. En una suerte de meta-análisis metaliterario, el Nobel sudafricano explora, a través de la protagonista, los trabajos de otros filósofos que han tratado la relacion del hombre con los animales en su obra (René Descartes, Martin Heidegger o la menos conocida Marian Dawkins). En ellos cuestiona sus opiniones que como es de esperar, son antropocentristas y por tanto limitadas en el espectro de temas a tratar si queremos abordar este asunto correctamente. Al hacer partícipe del contenido de sus textos a John, uno de sus hijos, se establece una lucha dialéctica entre ambos en la cual el vástago expone los puntos de vista más cercanos al pensamiento mayoritario. Sin duda uno de los mayores logros de Coetzee es la naturalidad con que establece el toma y daca de opiniones, que resulta una maravilla leer.

El libro me ha encantado pero me ha sabido a muy poco. Apenas sobrepasa las cien páginas de extensión y siendo malpensado, tiene toda la pinta de ser una maniobra editorial para aprovechar la gallina de los huevos de oro. Luego está la traducción, que aunque está muy próxima a la norma neutra, tiene ciertos elementos de la variedad dialectal de Argentina que han logrado que me resulte mucho más extraña que si fuera 100% argentino. Las particularidades léxicas son menores (ciertos términos y giros que aparecen muy ocasionalmente), pero las sintácticas me han hecho perder un poco la atención. Y es que aunque no se usan las formas verbales propias del español de América del Sur (voseo, imperativo), el pretérito perfecto brilla por su ausencia. El pasado simple lo sustituye siempre. Donde estoy acostumbrado a emplear "he desayunado" aquí se lee "desayuné", aunque hayan terminado de tomarse las tostadas y el café hace cinco minutos. Por supuesto es perfectamente válido usar el pasado simple, de hecho si nos atenemos al número de hablantes que lo utilizan, su uso es muchísimo más frecuente (por ahí dicen incluso que el pretérito perfecto está en franca retirada en el lenguaje hablado). Pero a mí en una situación de proximidad temporal me resulta adecuado usar este tiempo verbal compuesto, ¡qué le voy a hacer! En fin una rabieta inofensiva y absurda a la que no hay que hacer mucho caso porque el libro se disfruta igual con el perfecto que con el pasado simple. Tenéis más reseñas en Anika entre libros, El blog de Juan Herranz o Culturamas. Curiosamente los dos primeros no consideran de interés mencionar la relevancia que los derechos de los animales tienen en los textos. No son los únicos, he curioseado otros blogs de reseñas y lo mismo. Parece que lo evitan aunque lo cierto es que por destacarlo no estás obligado a compartir su opinión ni a hacerte activista del FLA.

12 dic 2017

Diario de un mal año - J. M. Coetzee

La editorial berlinesa Mittwoch Verlag ha invitado a una serie de escritores reconocidos mundialmente a poner sus opiniones sobre temas de actualidad en papel con total libertad, que ellos publicarán en un volumen conjunto que se habrá de llamar 'Opiniones contundentes'. Un escritor septuagenario que vive en Sidney pero es de origen sudafricano y de quien solo sabemos sus iniciales, J.C., es uno de los participantes en este proyecto. El señor C. vive en los bajos de un enorme bloque de apartamentos y haciendo la colada se topa con Anya, una atractiva joven de veintimuchos años vecina del mismo edificio, por quien experimenta un flechazo instantáneo. Haciéndose el encontradizo, logra entablar conversación con ella. Cuando se entera de que está sin trabajo, le propone que transcriba las grabaciones en las cuales está dejando registrados sus jucios sobre diferentes aspectos de la sociedad actual y el ser humano. De esta manera podrá verla con frecuencia y tenerla cerca. Anya vive en el ático con su pareja, Alan, un agente de bolsa sin escrúpulos de poco más de cuarenta años. El señor C. no es tonto y sabe que no tiene ninguna posibilidad con Anya, pero la compañía de la joven hace sus días mucho más soportables. Anya no es tonta y sabe que el señor C. está loco por ella. Alan tampoco es tonto y sabe que Juan, como empieza a llamarle, desea a su chica en la forma en la que alguien de esa edad pueda desear. A medida que los textos para 'Opiniones contundentes' van desgranándose, la relación entre los tres irá tomando unos derroteros que no prometen nada bueno para alguno de los componentes del triángulo. Sin embargo para otros, serán un revulsivo necesario para seguir viviendo.

Otro libro más de J.M. Coetzee que leo que resulta ser una maravilla. Desde la primera página del primer capítulo ha conseguido que oleadas de emoción me recorran la espina dorsal de arriba abajo. Para empezar, esta rompedora novela/ensayo recopila una serie de opiniones extremadamente críticas con temas de lo más espinoso. A la cabeza va la política, abarcando desde demoledores análisis filosóficos de las autodenominadas sociedades democráticas que ponen de manifiesto sus falacias, a casos reales que muestran la nefasta situación del supuesto "mundo libre" en base a los actuales recortes de libertardes en nombre de la suguridad ante la amenaza del terrorismo islamista. Sorprende la valentía de este autor al no dejar títere con cabeza y señalar la culpabilidad de la clase política, no amilanándose a la hora de dar nombres propios: Tony Blair, Donald Rumsfeld o George Bush hijo, que eran los dirigentes mundiales en el momento en que escribió dichas opiniones. Sus juicios sobre temas de lo más dispares (y aquí hablamos de anarquismo, diseño inteligente, crueldad con los animales, la sociedad australiana y un largo etcétera que incluye la pedofilia), aportan una perspectiva nada complaciente con la corriente de pensamiento mayoritaria y hace tambalear las estructuras llenas de prejuicios sobre las que se asienta nuestra visión personal sobre estos asuntos. Precisamente una de las funciones de la trama de ficción es recoger el conflicto que las opiniones del señor C. provocan en Anya al pasarlos a texto y en Alan en la medida en que su pareja se los transmite.

Por si esto no fuera bastante, el desarrollo de toda la historia es tremendamente original. Los escritos se van viendo interrumpidos tanto por pensamientos del señor C. sobre Anya, como de reflexiones de ésta sobre los pasajes que va transcribiendo. Este narrador doble en primera persona obliga al lector a poner mucha atención para saber quién es el responsable de esta suspensión temporal de las disquisiciones del escritor, si es que quiere encontrar un sentido global a la lectura. Lo que más cuesta arriba se me ha hecho es retomar los razonamientos una vez terminado el paréntesis. Y es que en más de una ocasión he tenido que volver atrás para enlazar con la frase en la que se produjo el corte. A pesar de las molestias que me ha supuesto, a nivel estructural me parece que consigue plasmar muy convincentemente un flujo global de conciencia(s) dentro de la narración. En resumen, un libro fascinante en el fondo y en la forma. Una prueba más de que John Maxwell Coetzee es un individuo terriblemente inteligente y uno de los mejores escritores vivos. Tenéis más reseñas en Letras libres, Un libro al día y Leer sin prisa.

10 jul 2017

Verano - John M. Coetzee

Un experto en la obra de Coetzee, fallecido a mediados de los 2000s en Australia, está preparando una biografía autorizada de este escritor. Para ello decide entrevistar a personas que fueron importantes en su vida, información que ha obtenido de las notas que el autor sudafricano había tomado probablemente para continuar su autobiografía, que hasta el momento de su muerte comprendía los volúmenes Infancia y Juventud. Los entrevistados conocieron a Coetzee a lo largo de los años 1970s, tras la vuelta de éste a Sudáfrica después de haber pasado unos años en EEUU, donde cursó estudios de postgrado. Así pues, sucesivamente, tomarán la palabra para hablarnos de él Julia, con quien tuvo una aventura amorosa cuando ella era una joven casada de 26 años; Margot, su prima, a quien tenía un gran cariño y con quien pasó muchos buenos momentos en su infancia; Adriana, una inmigrante brasileña con una terrible historia detrás y de quien Coetzee se enamoró perdidamente sin ser correspondido; Martin, un profesor universitario a quien conoció durante una entrevista de trabajo; y finalmente Sophie, también una profesora universitaria compañera suya en la Universidad de Ciudad del Cabo, con quien además tuvo un breve affair sexual. El libro se completa con notas tomadas por el propio Coetzee, transcritas tal cual al texto.

Cierre de la trilogía autobiográfica 'Escenas de una vida de provincias' a cargo de J. M. Coetzee. Si ya en las dos anteriores se intuía que jugaba con la ficción a la hora de contar su historia personal, en ésta, con este formato tan tremendamente original, uno ya no sabe qué pensar de todo lo que lee. Varios aspectos sí que quedan bastante claros. El primero es que durante los 1970s el Nobel de Literatura 2003 vivió con su padre y tuvo que cuidar de él, ya enviudado y con ciertos problemas de salud derivados de la edad a pesar de que contaba con poco más de 60 años de edad por aquel entonces. Su relación se presenta como distante, fría y cargada de reproches acumulados durante toda la vida, aunque ya sabíamos por el volumen anterior que ése era el tono general del trato con su padres. La frialdad, las dificultades para abrirse a las personas y para mostrar sus sentimientos también ser perciben claramente en sus relaciones con las mujeres, quienes le recuerdan como un hombre muy seco y bastante inepto sexual y emocionalmente. Por último, a pesar de su ideario progresista y antirracista (recordemos que la acción relatada transcurre en la Sudáfrica de apartheid), su reserva se extiende igualmente al activismo político.

El libro se lee prácticamente de un tirón (bueno, dos en mi caso), gracias a esa prosa tan precisa, sencilla y certera que tiene Coetzee. Si algo le puedo reprochar es que algunos momentos el lenguaje empleado por los entrevistados resulta un poco más afectado de la cuenta, con expresiones, giros y un registro que resulta descaradamente literario más que propio de una conversación. Pero por lo demás, estamos ante otra fantástica obra del multi laureado literato sudafricano que recomiendo sin reservas. Tenéis más reseñas en Un libro al día, El lamento de Portnoy y Cuéntate la vida.

25 may 2017

Juventud - John M. Coetzee

John M. Coetzee relata en Juventud sus años de joven adulto, cuando en 1959 y con unos tiernos 19 años dejó Sudáfrica para establecerse en Londres, dispuesto a labrarse una carrera como poeta y escritor. Sin embargo, es su recién obtenida licenciatura en matemáticas la que le permite conseguir lo que en principio parece un buen trabajo: programador de ordenadores en IBM. No está especialmente interesado en la informática, pero cree que este empleo le permitirá ahorrar dinero para poder centrarse en la literatura en un futuro muy próximo. En las oficinas del gigante americano de las -por aquel entonces- incipientes tecnologías de la información, se combinan el carácter reservado de los británicos con la frialdad innata del autor, lo cual no hace sino acentuar su soledad y aislamiento. Mientras la juventud londinense se divierte a comienzos de la loca década de los 1960s, Coetzee pasa su tiempo libre curioseando librerías, en la biblioteca del British Museum (donde aprovecha para progresar en su tesis doctoral sobre la obra de Ford Madox Ford) o en cines donde se proyectan películas europeas. Las jornadas laborales de 9 a 5 empiezan a resultarle un obstáculo para lograr su sueño de ser escritor, así que tras algo más de un año como pionero de la programación renuncia a su puesto. Pero por aquel entonces las leyes de inmigración de UK eran muy rigurosas con los extranjeros, así que tras un pequeño paréntesis de apenas unos meses desempleado se ve obligado a buscar otra ocupación remunerada si no quiere que el expulsen de las islas británicas. Es así como termina en plena campiña trabajando para International Computers, la competencia inglesa de IBM, alejado de la vida cultural de Londres y sin escribir ni un mal poema.

En la segunda parte de la autobiografía novelada del Nobel de Literatura de 2003 nos enfrentamos a sus pasiones, sus miedos e incertidumbres cuando ha de asumir que ya es un adulto y debe ganarse la vida. El objetivo de dedicarse al arte de la escritura no hace sino ponérselo más difícil, ya que ha de luchar con uñas y dientes para no dejarse llevar por la corriente, que le invita olvidar sus aspiraciones literarias y por el contrario, llevar una existencia mediocre propia de la clase media. Comprarse un coche. Casarse y tener hijos. Hipotecarse con una casa. Coetzee rechaza visceralmente renunciar a su deseo de ser un artista, pero su temperamento apocado, reservado y frío le impiden llevar la tormentosa vida de sus idolatrados modelos: Baudelaire, Picasso, Rimbaud. En su opinión, solo si consigue experimentar la vida en todos sus aspectos, especialmente los más oscuros, los más turbios, contará con las bazas necesarias para convertirse en un buen poeta, en un artista de verdad. No es consciente por tanto de que ya está inmerso en un infierno propio que está forjando su carácter como escritor. No bebe alcohol ni se droga, sus experiencias sexuales son vacías y desapasionadas, intrascendentes a más no poder. Sin embargo pelea por lo que cree, a pesar de tener frente a él a toda la sociedad invitándole a olvidar su quimera y ser uno más.

El autor sudafricano emplea un narrador en tercera persona para contar su propia historia, lo que fomenta la duda de si todo lo que leemos es cierto o tal vez, haya partes de ficción. Demuestra una vez más su gran maestría con las palabras, consiguiendo que sus frases se entiendan con total naturalidad y facilidad por más compleja que sea la idea que quiera transmitir. Pero a esto ya estoy acostumbrado, aunque no pretendo quitarle importancia, todo lo contrario; he de admitir eso sí, que reseña tras reseña repito poco más o menos lo mismo sobre su estilo. Si hay algo por lo que destaca este libro es porque Coetzee demuestra ser tener una capacidad crítica imbatible, capaz de desmantelar todas las convenciones sociales y defender con una coherencia aplastante aquello que considera justo. Y lo hace con una habilidad tal que inutiliza cualquier defensa de lo que bajo su pluma se nos revela como una gran mentira parte de un sistema de valores falso y miserable. Poco le importa que lo siga y acepte la inmensa mayoría. Temas tan diversos como el ideal de establecerse y crear una familia, la situación de su país y la idea de patriotismo, o la pasión y el amor como motores del arte son analizados y deconstruidos para poder despojarlos de su alienante poder destructivo. Y eso no es algo que pase todo los días, no al menos en los libros que me voy encontrando yo. No recuerdo haber experimentado más momentos sublimes de emoción en todo el año que leyendo esta pequeña obra maestra. Breves instantes que se prolongan solo unos segundos y en los que tengo que parar para ser plenamente consciente del placer que me proporciona lo que acabo de leer, para decirme a mí mismo que estoy ante una obra de arte. Que es exactamente lo que Coetzee se proponía conseguir cuando era un joven veinteañero. Tenéis más reseñas en Cuéntate la vida, Libros y literatura y Ni un día sin libro.

6 feb 2017

Infancia. Escenas de una vida de provincias - John M. Coetzee

Primera parte de la biografía novelada de John M. Coetzee. Como su propio nombre indica, Infancia recoge los recuerdos y experiencias vitales del autor sudafricano como escolar, empezando a principio de los 1950s, cuando tiene unos diez años de edad. La trama comienza con su familia recién instalada en Worcester, una ciudad a unas dos horas al noreste de Ciudad del Cabo, donde su padre, que en realidad es abogado, ha conseguido un puesto en el departamento financiero («lleva los libros») de Standard Canners, una empresa de conservas de fruta. Como es habitual a esa edad, gran parte del texto tiene que ver con su paso por el colegio, aunque en este caso aplican las particularidades propias de un país con una situación social complicadísima. El régimen discriminatorio del Apartheid se había hecho oficial en 1948, existían tensiones entre afrikáners y británicos, también había claras diferencias sociales entre protestantes y otras religiones minoritarias (católicos, judíos, etc.); pues bien, en este estado de las cosas, el pequeño John crea su propia identidad sobre la mentira: se define como católico cuando su familia es atea, se considera británico a pesar de apellido afrikáner. Coetzee reconoce también casi desde el primer párrafo la complicada relación de amor/admiración-odio/desprecio que le une con su madre. Tras su estancia en esta ciudad durante una larga temporada, su padre decide retomar su profesión de abogado y para ello abre un bufete en Plumstead, un barrio de Ciudad del Cabo, adonde se muda toda la familia. El negocio es un desastre pues su padre resulta ser un pésimo administrador, así que entra bien pronto en bancarrota y su padre cae en la depresión y el alcoholismo. De esta etapa de su vida el autor también destaca su relación con la vejez y la muerte a través de su tía abuela (y madrina) Annie. Sus pensamientos al respecto son una mezcla típicamente infantil de asco, miedo y superioridad.

Si bien estamos ante un libro que recoge y ficciona parte de la infancia del nobel de literatura de 2003, que por otro lado no es particularmente escabrosa, me ha resultado muy interesante por varios motivos. El primero es el contexto histórico en que transcurre, en un país tan peculiar políticamente como Sudáfrica y con su vergozoso régimen racista, en vigor hasta principio de los 1990s. Por otro lado, brilla con especial resplandor la honestidad con que se recogen las dificultades y las frustaciones que suponen el matrimonio y formar una familia. Al igual que Coetzee mantiene una relación contradictoria con su madre, ella no duda en informar a sus dos hijos del cambio a peor que ha sufrido su vida tras traerles al mundo, sin olvidar las malas relaciones que tiene con su familia política, quienes no le ayudaron lo más mínimo durante los tiempos difíciles que pasó durante la II Guerra Mundial, cuando se quedó sola con los niños porque su marido servía como soldado en la contienda.

Por lo demás, la prosa de este autor es limpia e impecable, con frases tan aparentemente sencillas, fáciles de leer y asimilar que solo han podido redactarse desde el talento y el esfuerzo. Estaría tentado a decir que su manera de escribir es casi periodística porque va directamente al asunto que quiere relatar, dando las explicaciones y haciendo las descripciones necesarias para comprender su alcance. Sin embargo me abstendré de decirlo porque hoy día el lenguaje periodístico es tan pomposo y abigarrado que es justo lo contrario que encontramos en este libro. No me cabe la menor duda de que seguiré con el resto de entregas que componen la trilogía Escenas de una vida de provincias. Más reseñas en Cuéntate la vida y Club de catadores.

17 oct 2014

Foe - J. M. Coetzee

Foe es una novela que ficciona y reinventa el mito del náufrago que Daniel Defoe narró en 'Robinson Crusoe'. Para ello, el Nobel sudafricano John Maxwell Coetzee introduce una tercera persona en la historia. Se trata de Susan Barton, quien tras un motín en el barco que la devolvía a Europa después de pasar dos años en Bahía (Brasil) buscando a su hija desaparecida, es abandonada en una barca en las proximidades de una desolada isla que resulta estar habitada por dos naúfragos: Cruso y Viernes, su esclavo negro. Susan es artífice y narradora de una versión completamente diferente del clásico: la isla donde ha ido dar con sus huesos es prácticamente un páramo sin vida azotado constantenmente por el viento. Su alimentación se basa en leguchas, huevos de pájaros y pescado. Unos pequeños primates parecen ser la única amenaza real, pues de los caníbales que tanto habla Cruso no hay rastro alguno. Durante un año de convivencia las esperanzas de la protagonista y su ganas de mejorar las condiciones de existencia en su nuevo hogar entran en conflicto con el desinterés y la apatía que Cruso experimenta por cambiar la espartana vida a que se ha acostumbrado con los años. Transcurridos esos doce meses y con Cruso en grave estado de salud por unas fiebres intermitentes, los tres son rescatados por un buque mercante que los devuelve a Inglaterra, aunque el enfermo morirá en la travesía.

Una vez en Inglaterra, la trama cambia completamente y somos conocedores del proyecto de Susan por novelar su historia, algo para lo que ella no se considera capaz, de forma que recurre a la ayuda de un afamado escritor, el Sr. Foe. El trasfondo de la novela a partir de aquí se vuelve muy filosófico. Según mi parecer, el autor trata de hacernos ver lo complicado que resulta la comunicación entre las personas, que a veces se plantea como una imposibilidad absoluta. Para ello se centra principalmente en la relación entre Susan y Viernes. El esclavo negro tiene una doble dificultad, pues por un lado, su antiguo amo no se molestó más que en enseñarle un inglés muy básico. Pero es que por el otro, los tratantes de esclavos que lo capturaron le mutilaron la lengua, probablemente cuando era todavía un niño, así que no puede hablar. Gran parte de esta segunda parte se centra en el interés de Susan por conseguir comunicarse con él, para así obtener más información de interés que volcar en el libro. Lamentablente, le resultará imposible hacerlo, dado que Viernes tiene sus propios intereses y además, las barreras culturales entre ambos no facilitan la labor. También por momentos Coetzee teoriza sobre el arte de escribir, haciendo que el Sr. Foe y la protagonista discutan sobre técnicas, habilidades, motivaciones y en última instancia, sobre la esencia del oficio.

Al contrario que con el resto de novelas de Coetzee que llevo en mi haber, ésta no me ha resultado particularmente interesante, y ni siquiera las ideas vertidas sobre la incomunicación, tema que siempre me ha atraído, me parecen destacables. En mi opinión Houellebecq ha sabido expresarse al respecto con muchísimo más acierto en sus primeras obras. El tono a todo lo largo del texto es bastante pesimista y opresivo, claustrofóbico incluso. Los personajes pasan por mil dificultades durante toda la narración, así que podría decirse que desde luego trasmite con bastante fidelidad cómo deberían transcurrir los días de los menos afortunados a principios del siglo XVIII. En resumen, yo diría que hay otros Coetzees mejores para leer. Tenéis un acertado y erudito análisis en la revista de estudios literarios de la UCM Espéculo y otro mucho más breve -con cuyo contenido no coincido tanto- en El Lamento de Portnoy.

8 jun 2014

Hombre lento - John M. Coetzee

Resumamos rápidamente la trama de Hombre lento a modo de comienzo. Paul Rayment, un fotógrafo de sesenta y pocos años, cierto renombre y ya retirado, es atropellado cuando iba en bici a hacer la compra. Iba o volvía más probablemente, porque tras el topetazo recuerdo la imagen de un queso derretido bajo el sol que pega en Adelaida (AU). A resultas del golpe le tienen que amputar una pierna por encima de la rodilla. Así que su vida se ve sometida a un cambio no esperado y no deseado que hará que tenga que plantearse su existencia en este planeta hasta el momento.

¿Qué trae a la palestra John M. Coetzee a través de la voz del protagonista? Muchas cosas, pero casi ninguna es plato de buen gusto. En el puesto número uno tenemos a la soledad de la vejez y el súbito papel de dependiente que asigna a todos aquellos que la alcanzan. Cierto es que en el libro se fuerza debido a una experiencia terriblemente traumática, pero entre líneas se deja ver que aunque Paul era bastante autónomo hasta el momento del accidente, a la larga todos los seres humanos estamos abocados a depender de alguien en el tramo final de nuestras vidas. Para su desgracia, el protagonista está divorciado, sin hijos y sin familia cercana (tan solo unos parientes en Francia con quienes no mantiene contacto), por tanto, debe confiar en los servicios sociales y en una enfermera/asistente que le cuide. Y aquí es donde aparece el conflicto: en su desesperación y aislamiento interior, el enfermo se enamora loca y patéticamente de su enfermera, Marijana, una profesional como la copa de un pino que procedente de Croacia, se instaló hace unos años en esta ciudad del sur de Australia junto con su marido e hijos. La angustia y el miedo se mezclarán junto con la vergüenza y la determinación a hacer que esa mujer sea suya aunque tenga que pagar un precio indigno.

El nobel sudafricano tiene un talento impresionante para expresar la desolación y confusión del protagonista. Habrá a quien le parezca un cenizo, pero yo al contrario, le agradezco la franqueza de ponernos en sobreaviso de lo que se nos viene encima. Sin caer lo más mínimo en sensibilerías, los sentimientos más complejos aparecen redactados con una prosa cristalina y certera. El golpe que supone enfrentarnos a las penas de Paul es muy doloroso, una pedrada contundente e inesperada en la cabeza. Sin embargo, a pesar de que la situación sobre la que se crea la novela es totalmente verosímil, tengo que hacer una objeción de cierto peso. Aproximadamente en mitad de la novela y sin previo aviso se incorpora un personaje nuevo: Elizabeth Costello. Sí, sí, la popular escritora de ficción que se hiciera famosa por 'La Casa de Eccles Street' a finales de los 1960s. Aparece de la nada, llama al timbre del apartamento de Paul, quien solo la conoce vagamente por ser un personaje mediático, y para sorpresa del lector, tiene conocimiento de muchos de los intereses y debilidades de todos los implicados en la acción. Su cometido es el de narrador secundario y co-protagonista a partes iguales. La escritora se erige como un catalizador metaliterario, por un lado influyendo y por otro acelerando reacciones en el protagonista que de otra forma hubiesen quedado ocultas bajo el manto de miseria que le acompaña. El porqué de su aparición, las causas que explican su conocimiento de las intimidades de los personajes, su especial interés en la vida de Paul,... Nada de esto se justifica en ningún momento. Imagino que simplemente se trata de un recurso estilístico del que se vale Coetzee. En la vida real esa función la podría haber desempeñado un buen amigo, un familiar cercano, tal vez un psicólogo... Puesto que Paul no tiene a ninguno de ellos, ¿por qué no asignarselo a una famosa novelista de ficción? Vaya, al final resulta que tampoco tengo tanto que objetar.

Libro totalmente recomendado, habida cuenta del shock que supone asimilar a la Costello. Tenéis más reseñas en El Lamento de Portnoy, Un Libro al Día y la revista Letras Libres.

27 dic 2013

Elizabeth Costello - J. M. Coetzee

Elizabeth Costello es una escritora australiana que saltó mundialmente a la fama a finales de los 1960s con su cuarta novela, "La Casa de Eccles Street", protagonizada por Marion Bloom, la mujer del protagonista de "Ulises" de James Joyce. Siendo ya una anciana y como reconocimiento a toda una carrera, la novelista de dedica a recoger premios honoríficos, participar en ponencias y aceptar invitaciones de renombradas universidades para dar conferencias. Así pues, en cada capítulo de este libro vemos como la protagonista se enfrenta a alguno de estos eventos en la que ella es bien homenajeada, bien una invitada más y como pago por su parte, expone en un discurso algún tema de su interés.

  • Realismo
  • La Novela en África
  • Las Vidas de los Animales (I y II)
  • Las Humanidades en África
  • El problema del Mal
  • Eros
  • En la Puerta
  • Epilogo
Los capítulos son independientes, excepción hecha a los dos dedicados a los derechos de los animales, y en cada uno de ellos J. M. Coetzee desarrolla alguna de sus motivaciones bajo la apariencia de una escritora inexistente. Sin duda debido a mi interés en el animalismo, los dos capítulos a que he hecho referencia anteriormente han destacado muy por delante del resto. En ellos, se exponen tesis filosóficas antiespecistas y pro derechos de los animales, repletas de ideas y argumentos de uso común en el movimiento animalista. Por supuesto también abundan las declaraciones controvertidas que desde turnos de preguntas, en debates o cenas homenaje, reciben las réplicas antropocentristas y especistas que son mayoritarias en la sociedad actual.

El resto de los capítulos me han parecido correctos, por lo general el autor relaciona la literatura con diferentes aspectos de la realidad. Admito eso sí que los dos finales y el epílogo han pasado por mis neuronas con más pena que gloria. ¿Un libro recomendable entonces? Pues, sí, especialmente para veganos, animalistas, antiespecistas y activistas del ALF. Y por supuesto también a todo aquél que quiera tener una aproximación al movimiento de defensa de los derechos de los animales desde la ficción y sin tener que enfrentarse a un texto estrictamente filosófico. Además, como no se trata exclusivamente este tema, el posible lector tendrá opción a distraerse con otras obsesiones de Costello/Coetzee. Tenéis otras opiniones de esta colección de ensayos ficcionados en el blog de Javier Agreda y La Caja está vacía.

18 nov 2013

Desgracia - J. M. Coetzee

Acabo de revisar todo lo que llevo leído este año porque no quiero hacer afirmaciones a tontas y a locas, así que lo que voy a decir a continuación es producto de una reflexión muy profunda. Profunda, pero no prolongada, porque unos segundos me han bastado para tenerlo claro: Desgracia de John Maxwell Coetzee es, junto con los Cuentos de Askildsen y Viaje al Fin de la Noche de Céline lo mejor con que me he topado en 2013. Es muy poco probable que me encuentre con otro libro que pueda poner al nivel de estos tres en el mes y medio escaso que queda hasta 2014.

Muy brevemente, la historia que el Nobel sudafricano nos cuenta es la siguiente: David Lurie es profesor de "Comunicación" en la Universidad Técnica de Ciudad del Cabo, aunque en realidad las asignaturas que imparten están directamente relacionadas con la literatura inglesa (poesía a la cabeza). Tiene 52 años y su trabajo nunca le ha entusiasmado. Ha estado casado dos veces y tras el segundo divorcio, lleva viviendo solo ya varios años. Una tarde, volviendo de las clases, se encuentra con una de sus alumnas e incapaz de resistir el impulso, la seduce. La historia con la chica se complica y ésta presenta una queja sobre él a la Universidad. Lurie, a medio camino entre la arrogancia y la dignidad, se niega a arrepentirse de su actitud ante la comisión formada para estudiar el caso, siendo por tanto obligado a dimitir de su puesto. Tras el descalabro emprende un viaje a la provincia del Cabo Oriental para visitar y pasar unos días con Lucy, su única hija fruto de su primer matrimonio. Lucy huyó de la ciudad al campo y tiene una granja junto con unos amigos, aunque nada más llegar, Lurie comprobará que las cosas han cambiado desde la última vez que se vieron. Ahora su hija está sola en la propiedad y la vida allí se ha vuelto más complicada, más peligrosa. A pesar de lo cual, lo más difícil está aún por venir.

La narración a que nos enfrentamos es Literatura con mayúsculas, una narración que procede de la miseria y de la desgracia más absoluta. ¿Qué otra cosa podíamos esperar si no, de semejante título? Indefensión, incomunicación, mezquindad, servilismo, contradicciones y engaños. Basura, mucha basura emocional y muchas relaciones de mierda. Violencia y odio, aunque también cariño, afecto y amor. Mentiras. Mentiras compasivas y mentiras autoindulgentes. El protagonista está increíblemente bien construído. Dentro de su singularidad y sus rarezas, es verosímil al 100%. Vapuleado por los años y harto de hipocresía, se presenta como un cínico que ya no está dispuesto a hacer concesiones para agradar a la sociedad o encajar en lo políticamente correcto. Su enorme desafección hacia el mundo me ha recordado irremediablemente a los protagonistas de los relatos de Askildsen o al Ferdinand Bardamu de Céline. A veces he compartido sus planteamientos, otras veces los he rechazado de plano. Sin embargo y para mi sorpresa, me he sentido identificado con el personaje en todo momento. He llegado a entender con una lucidez pasmosa su ideario, el porqué de su actitud y su forma de ser, indepedientemente de que yo, como lector, pudiese estar a favor o en contra de uno u otros.

Por otro lado, hay un fondo filosófico en la obra que no se puede ignorar. Muy en la línea de lo que recuerdo de las primeras novelas de Houellebecq, los diálogos o los pensamientos del protagonista y del narrador en su nombre, enmascaran crudas reflexiones sobre el ser humano que a nadie dejan impasible por el descarnado conocimiento que demuestran nuestra naturaleza. Por si esto no fuese suficiente, Coetzee incluye también con una naturalidad y habilidad conmovedora la realidad de los animales que comparten el planeta con el hombre. Me ha asombrado que exponga sin tapujos la existencia miserable que les damos, no solo cuando nos deshacemos de las mascotas que nos aburren, algo que en general puede provocar rechazo, sino que nos enfrente a las incoherencias en que incurrimos cuando por un lado nos apiadamos de ellos pero por otro no nos privamos utilizarlos como comida. Me ha resultado evidentemente desde el primer momento que dicha sensibilidad solo podía proceder de alguien que simpatiza con el movimiento animalista, aspecto que ha quedado confirmado tras consultar la Wikipedia.

Resumiendo, una lectura que me ha fascinado, un autor que se ha encaramado por derecho propio al Olimpo de mis favoritos. Tenéis más reseñas de esta novela en Mike & Libros (donde yo he tenido la fortuna de descubrirlo) o El Desván de los Libros. Por cierto, hay una adaptación al cine de 2008 que mantiene el título y está protagonizada por el ínclito John Malkovich. Sin haberla visto, me parece difícil que pueda superar al original impreso.
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