Segunda incursión en la obra de Lorrie Moore. Si Gracias por la compañía me gustó, Pájaros de América me ha encantado. Me ha parecido magnífico, impresionante. Doce cuentos que son doce auténticas maravillas por los que campan algunos de los temas que más me atraen. Personas cuyas vidas, sin ser calamitosas, se ven abocadas a existencias alejadas de la felicidad y las satisfacciones que se nos prometían de jóvenes.
Entre el elenco de personajes tenemos a bibliotecarias anodinas, profesoras de instituto en ciudades pequeñas del medio oeste de EEUU, mujeres que han superado un cáncer, o mujeres que deben cargar con las consecuencias de haber dado muerte al bebé de una amiga en un accidente estúpido. No resulta un panorama demasiado animado, no lo voy a negar, pero Moore consigue transmitir veracidad en unos relatos en que las relaciones humanas (familiares, de pareja, de amistad), muestran sus lado menos idealizado. En estas condiciones será imposible que no nos veamos reflejados en unos u otros en mayor o menor medida. La intensidad a la hora de reconocernos en ellos dependerá de nuestras propias experiencias, pero sin duda los sentimientos que experimentan nos resultarán demasiado próximos, demasiado dolorosos. Como salidos de nuestras propias vidas. Frustración, dolor, miedo, infelicidad, desesperanza... y también unas pocas píldoras de alegría extraídas de las situaciones más nimias. Que en realidad es lo que deberíamos hacer en todo momento, y no confiar en que un acontecimiento externo (¿Un gran amor? ¿Seis aciertos en la lotería primitiva? ¿Un trabajo fantástico?), nos solucione la vida.
Sorprende también la gran habilidad de la escritora estadounidense para caracterizar sus personajes en textos tan cortos. Sus personalidades son fuertes y están muy bien marcadas. Algo que encaja muy bien con el lenguaje directo y crudo de sus textos. Me ha gustado en especial que no hagan concesiones a la corrección política. Que sean mezquinos o rencorosos en las ocasiones en que tú mismo reaccionarías con mezquindad o rencor. Que sean cobardes y quieran huir de historias que los están aniquilando. Que tengan que reprimir sus ansias de escapar para quedarse con las personas a quienes quieren. De nuevo insistiré en que no resulta agradable verse en esos contextos, pero por desgracia tarde o temprano todos pasaremos (o hemos pasado ya) en alguna de ésas. En parte el hecho de toparse con estas vivencias en forma de ficción (¿ficción? ¿Estás seguro?), ayuda a superarlas y a aceptar que hemos construido una sociedad que tiene defectos graves que a veces nos toca sufrir.
Como ya he comentado nada más empezar, los doce cuentos me han parecido soberbios. Por mencionar algunos que me han dejado sin palabras, destacaría 'Dispuesta', 'Si es lo que te apetece, vale' y 'Gente así es la única que hay por aquí: farfullar canónico en oncología pediátrica'. El primero es el retrato impagable y patético del fracaso de una actriz de segunda que abandona Hollywood y vuelve a su Chicago natal con el rabo entre las piernas. El segundo es una historia agridulce y muy emotiva en la que dos hombres supuestamente heterosexuales se enamoran. Y el tercero, quizás el más duro de toda la colección, nos cuenta la experiencia de una pareja a cuyo hijo de poco más de un año le diagnostican cáncer. En fin, si sois habituales de Das Bücherregal no os sorprenderá que este libro me haya entusiasmado tanto. En todo caso y sean cuales sean vuestros gustos habituales, yo que vosotros le daría una oportunidad.
La reina de la montaña
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