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25 dic 2017

Expedición a la Tierra - Arthur C. Clarke

Expedición a la Tierra es una recopilación de relatos cortos de Arthur C. Clarke. En total se incluyen once piezas de narrativa breve escritas entre finales de los 1940s y principios de los 1950s (ver ficha de la Tercera Fundación para más detalles). Los temas que tratan y el contexto de los cuentos son los habituales de la Edad de Oro de la Ciencia-ficción y comprenden la colonización del sistema solar, guerras interplanetarias y/o intergalácticas, exploración de los confines del universo, las posibilidades de la energía atómica, etc.

Hay que reconocer que para un lector actual la presencia de ciertos elementos especulativos resulta demasiado añeja y juega en contra de los textos: los marcianos, los océanos de la luna terrestre, las ciudades venusianas, etc. La componente belicista resulta agotadora, sin embargo su presencia es totalmente comprensible pues apenas había terminado la II Guerra Mundial y estaba recién estrenada la Guerra Fría. El antropocentrismo es, como no cabía esperar de otra forma, atroz: aunque Clarke acepta que existen otras especies inteligentes en el universo, que vistas las ideas de otros autores de la época ya su pone un logro, en casi todos los casos han reproducido el modelo fisiológico humano. Y las que no lo han hecho, se muestran en clara desventaja competitiva frente a las antropomorfas. Por no hablar de la superioridad moral que otorga siempre al ser humano, que interviene y modifica las especies inteligentes (humanos/humanoides en estadios evolutivos primitivos) a su favor, en aras de mayor gloria de la humanidad. También resulta inevitable torcer el gesto ante los cierres con giro inesperado, un elemento imprescindible que imponían las editoriales y revistas de la época.

Un inconveniente más sutil pero también habitual en las obras del género escritas en aquellos años es que a pesar de situar la acción a cientos de miles, incluso millones de años en el futuro, las acciones y reacciones de los protagonistas se rigen por parámetros y estándares de mediados del siglo XX. A mi esto me resulta bastante cargante. Puedo entender que el escritor necesite tocar la fibra sensible de sus lectores y para ello tire de recursos que le son conocidos, pero no me entra en la cabeza que un individuo que llega a la Tierra después de varias eras geológicas y cuando ya es un planeta desértico y estéril, se ponga a divagar sobre la antigua belleza y verdor del planeta azul cuyo esplendor solo ha conocido mediante archivos históricos y documentación al respecto. Lo siento pero desde el punto de vista emocional carece de coherencia.

De todas formas los relatos no han envejecido demasiado mal. En ese sentido es de mucha ayuda que Clarke otorge la importancia justa y desarrolle con rigurosidad pero sencillez los aspectos científicos y tecnológicos involucrados en la acción. En global y a pesar de tanta objeción en los dos párrafos anteriores, no puedo negar que la lectura me ha dejado cierto poso a satisfacción nostálgica. También como curiosidad de interés, el último relato que se podemos leer, 'El centinela', fue el germen de su posterior clásico 2001: Una odisea espacial. Tenéis más reseñas en La ruta de los libros y El solitario de Providence. Ambas incluyen un breve resumen de la trama de cada cuento.

20 dic 2016

Las arenas de Marte - Arthur C. Clarke

Martin Gibson es un conocido escritor de ciencia-ficción cuya popularidad, debida no solo a sus libros sino también a sus artículos de divulgación, le lleva a ser invitado al vuelo preinaugural de la primera nave espacial de viajeros que cubrirá la ruta La Tierra-Marte. Ya hace algunos años que existe una colonia humana en el planeta rojo, limitada por el momento a un par de miles de habitantes concentrados en dos enormes cúpulas geodésicas que les protegen de una atmósfera de oxígeno muy enrarecido. Todos los pioneros de la colonización marciana tiene una gran formación científica, técnica, tecnológica o simplemente cuentan con el mayor número posible de habilidades y conocimientos para ser autosuficientes. Cuando nuestro protagonista llega al planeta se encuentra con un sutil rechazo por parte del responsable de la colonia, Warren Hadfield. Él mismo adoptará una postura ligeramente arrogante en su trato con los colonos, en parte como reacción a esta actitud pero también por su forma de ser. Sin embargo al ir implicándose poco a poco en el día a día de la colonia, terminará por integrarse e identificarse con las necesidades y anhelos de los habitantes humanos del planeta, factores que se transmitirán en los artículos que irá enviando a las revistas y periódicos de la Tierra con quienes tenía comprometidos sus reportajes.

Arthur C. Clarke publicó Las arenas de Marte en 1951, por tanto, la imagen que nos ofrece del planeta rojo se enmarca en las expectativas de exploración de nuestro sistema solar propias de la Edad de Oro de la Ciencia-Ficción.

  • Marte fue un planeta cuya mayor esplendor data de miles de millones de años en el pasado.
  • Aún quedan trazas de oxígeno en su leve atmósfera.
  • De la vida inteligente originaria no queda ni rastro, pero aún existen ciertas plantas que consiguen extraer oxígeno de los minerales presentes en el suelo marciano. 
  • También se descubren unos pocos especímenes de una única especie animal hervívora que se alimenta y respira gracias a estas plantas. 
  • Etc.
El primer tercio de la novela transcurre en la nave de transporte de pasajeros Ares. Se trata de una trama muy ligera e insustancial con fondo de space-opera que se sitúa en el típico universo tecnológico clarkiano compuesto de bases espaciales y espaciopuertos que aprovechan la fuerza centrífuga para generar una falsa gravedad. Al aproximarnos a Marte se deja entrever que algo especial se cuece en Fobos, uno de sus satélites. Ya en la superficie y para completar los dos tercios restantes, durante unas exploraciones méramente turísticas se descubren otras cúpulas cuya presencia no está declarada en los planes de expansión terrestre y que hacen sospechar a Gibson que la colonia marciana tiene unos planes que se ocultan a la madre Tierra.

Según mi experiencia, en general las novelas de Clarke son bastante insípidas. Este autor parece escribir para un público que va de los 8 a los 90 años porque sus tramas suelen ser bastante neutras e inocentes, muy poco animadas, sin conflictos reales, faltas de gancho, aburridas vaya. Tampoco es que tenga mal estilo y la lectura sea irritante, no es eso. Es que es monocorde, átono, falto de entusiasmo. La novela que me ocupa hoy tiene tiene un poco de todo para tratar de despertar interés en un público lo más generalista posible desde diferentes apartados. Hay una trama amorosa totalmente inane entre el tripulante más bisoño de la Ares y la hija adolescente del ejecutivo en jefe de la colonia. ¿Qué aporta? Pues nada, ya lo digo yo. Por otro lado el pasado oscuro del escritor ficticio -que no es otra cosa que un primer desengaño amoroso que marcó su vida cuando era universitario-, le persigue hasta Marte. Admito que los aspectos de terraformación de Marte están bien ideados aunque sean totalmente irreales. De hecho hay ciertas características que repetirá en la saga de la Odisea espacial, pero no bastan para que el conjunto convenza. Eso sí, mi sorpresa ha sido mayúscula cuando tras pasarme todo el libro soportando pamplinas antropocentristas de todo tipo (en especial despreciando la inteligencia, las necesidades y la importancia de toda aquella especie que no sea el homo sapiens), el autor reflexiona por boca de Gibson para reclamar un comportamiento ético del ser humano con otros animales de cara a su trascendencia y evolución a estados superiores. Por supuesto, no puedo estar más de acuerdo con él, aunque me quede la sospecha de que su interés viene condicionado por el miedo al "qué dirán" unos seres superiores que nos pudieran estar observándonos. Se ve que muchas ideas presentes en 2001: Una odisea espacial (un libro redondo, en mi opinión) ya rondaban su cabeza casi veinte años antes. Más reseñas en el Sitio de Ciencia-Ficción, Rescepto y Cyberdark.

19 mar 2015

Cánticos de la lejana Tierra - Arthur C. Clarke

Año 3620: el Astro Rey se convierte en una supernova que se lleva por delante todo nuestro Sistema Solar, fulminando la vida en la Tierra y las colonias de Marte. Que dicho acontecimiento se produciría en poco tiempo a escala astronómica se sabía desde principios del S. XXI. Así que desde mediados del tercer milenio la especie humana se dedicó a esparcir su semilla embrionaria primero y genética después, en naves espaciales repobladoras lanzadas hacia posibles planetas habitables. Una vez alcanzados sus destinos, comenzarían las tareas de colonización humana, incubando los embriones previa síntesis en los casos más avanzados. En 3109 una de estas naves sembradoras llegó a Thalassa, un planeta acuático a 50 años luz, pero con una pequeñísima porción de tierra firme, apenas tres islas. La repoblación se completó con éxito y tras setecientos años y pico de existencia de esta nueva cultura humana extraterrestre, aparece en el cielo de este Waterworld lejano la Magallanes, con casi un millón de almas en hibernación dentro. Se trata efectivamente de la última gran nave que partió de la Tierra poco antes del Armagedón. En este primer trayecto han perdido gran parte de un escudo hecho a base de hielo que les protege frente a los impactos de partículas que sufren al viajar a 60.000Kms/s. Por tanto un grupo reducido de tripulantes y científicos es reanimado y entra en contacto con los thalassianos para pedir su ayuda y reconstruir un nuevo escudo usando el agua de sus océanos de agua dulce. Dicha estructura les permitirá continuar su viaje a Sagan Dos, a 75 años luz de esta primera parada. En el tiempo que les lleve la creación y el montaje del escudo, unos dos años, se establecerán relaciones entre los recién llegados y la limitada población del planeta. Es al desarrollo de las mismas y a otros acontecimientos varios a lo que asistimos en la trama.

Cánticos de la lejana Tierra es una novela bastante simplona. Tiene ideas originales, no lo niego, pero el desarrollo de la acción es en general plano y monocorde. Lo curioso es que a considerada a trozos tiene partes que no está mal. Por ejemplo ese punto hard cuando Arthur C. Clarke se pone docto y erudito y nos explica cómo los neutrinos ayudaron a detectar la proximidad del final del sol, o bien las bases científicas tras la propulsión cuántica, maravillosa tecnología que permite viajar por el espacio a velocidades de vértigo empleando la energía almacenada en el vacío, que no está tan vacío como pensamos. La descripción geomorfológica y zoológica de Thalassa también tiene sus cosas interesantes, especialmente esos extraños crustáceos que habitan en el fondo del mar y que cultivan algas, lo cual indica que poseen cierto grado de inteligencia. Y no digamos la especulación sociológica realizada sobre sus habitantes: una cultura atea, libre de frustraciones inútiles, pacífica, abierta y tolerante en temas sexuales. Resulta muy estimulante coincidir con el autor en que las religiones son dañinas al hombre e imaginar que el experimento de haber sembrado una colonia humana sin la lacra de dioses de ningún tipo ha originado una sociedad perfectamente equilibrada, tolerante, considerada, comprensiva, colaboradora y compasiva. Ahora bien, visto como una globalidad, el texto apenas tiene emoción y es muy contenido. Parece redactado para agradar a todos y no molestar a nadie, sin exabruptos ni salidas de tono. Con un candor, una ingenuidad y una bondad a todas luces imposible de creer, visto el mal bicho que es el ser humano. Es que ni el conato de motín que surge en la Magallanes es creíble por los comedido que es. ¿Pero cómo narices puede haber un motín moderado? ¡Un motín es sangriento o no es!
El teniente de comunicaciones Fletcher abordó al Capitán Bey en un pasillo de la nave después de haberle seguido discretamente y sin haber solicitado una reunión a su secretaria:

- Disculpe capitán. Verá, lo que tengo que decirle a continuación no resulta fácil, pero visto el caríz que ha tomado la situación, no me queda más remedio que hacerlo. Hablo en representación de un grupo de oficiales que está decidido a no continuar el viaje hasta Sagan Dos. Preferimos que la misión finalice en Thalassa, que tiene un clima muy agradable todo el año y unos nativos (ellos y ellas) de trato muy fácil, Vd. ya me entiende ¡je, je, je! - Un guiño picarón y un codazo en el costado del capitán acompañaron la risa socarrona con que el teniente finalizó la exposición de tan inaceptable petición.

- ¡Pero teniente Fletcher, qué me está dicendo! ¡Ay, qué disgusto, qué disgusto! ¡Por favor, acuérdese de sus familiares que están en hibernación! ¿Qué pensarían de Vd?  ¡Me alegro de que estén con Morfeo, así se ahorran la escena! ¡Pero no se da cuenta del mal rato que me está haciendo pasar! ¡Pienselo bien, teniente Fletcher! ¡Depongan su actitud inmediatamente!

- Por favor capitán no se altere, hemos venido con ánimo de colaboración total. No descarte nuestra idea sin más, dele una vuelta y verá como no está tan mal. Imagínese vivir en Sagan Dos, hielos perpetuos a veintitantos grados bajo cero durante décadas, hasta que lo terraformemos y regulemos su órbita... ¡Brrrrrrrr! ¡Qué desapacible! ¿No es mucho mejor este planeta con sus islitas, sus cocoteros y sus 22ºC de media todo el año? ¡Vamos capitán, seguro que Vd. también lo está deseando!

- ¡Ay teniente Fletcher, no me tiente, no me tiente! ¡Sabe Vd. muy bien que no es posible! ¡He adquirido unas obligaciones como capitán de esta nave estelar! ¡No puedo saltarmelas así como así! ¡La Humanidad confió en mi profesionalidad y mi curriculum! ¡No puedo fallarles! ¿Lo entiende Vd, verdad? ¡Me ha puesto Vd. en un compromiso terrible! ¡Ahora tendré que aplicar las directivas oficiales para los motines y conducirle al exilio!

- ¡Nada de violencia, capitán! ¡Por favor, se lo ruego tranquilícese! ¡El exilio! ¡Qué oprobio, qué ignominia, que deshonra! ¡¡No capitán, no nos haga eso!!

- ¡Ay teniente, qué imprudentes han sido Vds! ¡No hay vuelta atrás, ni hablar del caso! ¡Emitiré una orden de deportación inmediata para Vd. y sus seguidores! ¡Haberlo pensado dos veces, gañanes! ¡Siesos!

- Pero por lo más grande, capitán, ¿¡cómo puede firmar algo así sin que le tiemble el pulso!? ¿No se da cuenta del fastidio que...? -El teniente Fletcher reflexionó y detuvo sus lamentos, los cuales cambió por una pregunta emitida con un tono esperanzador- Oiga capitán Bey, ¿significa eso entonces que los amotinados nos quedamos en Thalassa?
En fin, la improvisación me ha quedado un poco Céline, pero supongo que se aprecia el sarcasmo. Poco más o menos estamos ante una historia bienintencionada apta para todos los públicos, incluso para niños de 7 años acompañandos de un adulto. Lo cierto es que desde que tengo el blog no recuerdo haber leído nada de este escritor que me haya convencido. Cita con Rama tuvo su áquel pero en el fondo no era más que la descripción de un objeto extraño que apareció de pronto por nuestro Sistema Solar. Mucho misterio y mucho no tener ni idea de lo que hay, que inquieta un poco, pero para de contar. Puesto a pensar creo que lo único que me ha gustado del británico es 2001: Una Odisea del Espacio, que leí hace la tira de años y que desde luego no voy a releer para mantener el buen recuerdo. Tenéis más reseñas en Literatura Prospectiva, el Sitio de Ciencia-Ficción y en Rescepto. Hay muchísimas más en la blogosfera, y en esta ocasión me he quedado bastante solo en mi juicio porque parece que todo el mundo viene a elogiar el 'sentido de la maravilla' que (dicen) transmite esta obra.

19 feb 2013

Tras la Caída de la Noche - Arthur C. Clarke y Gregory Benford

Empecemos con un poco de contexto. Arthur C. Clarke publica la novela corta 'A la Caída de la Noche' en 1948. Posteriormente (1956) la revisa y amplia dando lugar a 'La Ciudad y las Estrellas'. Pues bien, en 1990, Gregory Benford, con la aprobación del autor, escribe una secuela de la novela corta inicial, y ambas, la novela corta de Clarke y la secuela de Benford, se publican conjuntamente bajo el nombre Tras la Caída de la Noche, que es el libro que me ocupa hoy (info via Wikipedia).

Por tanto, tenemos dos textos completamente diferentes organizados en dos partes. La primera es el relato de Clarke, una fantasía muy de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción. La acción transcurre en la Tierra dentro de miles de millones de años en el futuro, donde el ocaso de la humanidad, que en el pasado ha conquistado el espacio y ha tenido que replegarse por complicaciones varias, es manifiesto. Solo queda una ciudad en pie: Diaspar; al resto del planeta se lo ha comido el desierto, o al menos eso nos hacen creer al principio. Los habitantes de esta ciudad son inmortales pero han perdido la chispa que se supone identifica la esencia del ser humano: la curiosidad, el ansia de conocer, de conquistar fronteras, etc. Hasta que aparece Alvin, el último niño nacido en dicho entorno, quien resulta ser un alma inquieta que quiere saltarse todas las normas y explorar el resto del planeta. Esto le lleva a descubrir que no son los únicos humanos que aún la habitan y un montón de sorpresas más.

La segunda parte, escrita por Benford, trascurre muchísimos años después del fin del primer relato. No sabría decir cuántos porque se hablan de miles de millones de años con una facilidad pasmosa. Alvin ha conseguido imprimir un poco de nueva energía en la humanidad, que ahora parece haber revivido su afán por los descubrimientos, la exploración y la experimentación. Sin embargo, se verá enfrentada a antiguos monstruos, que habiendo sido creados antes que empezase nuestra narración, retoman protagonismo y vuelven con sed de venganza.

El relato de Clarke ha envejecido regular, pero aún así no está mal del todo. Tiene muy buenas ideas y sobre todo el tono catastrofista y de resignación de la humanidad, que ya se considera prescindible en el universo, le da un toque muy atractivo. Para mi gusto se estropea al enfrentarlo a ese interés insano que tiene el protagonista en recuperar las supuestas características innatas que hicieron posible el progreso del ser humano. De todas formas admito que ese rechazo al antropocentrismo es una característica mia que no tiene por qué invalidar una novela (dicho queda). En cuanto a la continuación a cargo de Benford, para empezar está bastante más actualizada en cuanto a contenidos y lenguaje científico-tecnológico. Desde luego me ha parecido también interesante y original por momentos. El autor americano imagina entidades y seres espaciales multiformes, de escala planetaria y vida propia. Probablemente son producto de aquellos experimentos llevados a cabo por el ser humano antes de que comenzara la acción. Ahora bien, considerada como una unidad, Tras la Caída de la Noche es un verdadero despropósito. Yo ya vengo teniendo mis más y mis menos con el autor británico, pero vamos, que consintiese la publicación de este volumen conjunto no habla muy bien de su juicio. Hay un problema claro de continuidad y coherencia entre una sección y otra, algo que a mi me resulta irritante a más no poder. Muchos factores y sucesos que se narran en la primera parte se ningunean o contradicen posteriormente. La Luna, por ejemplo. Clarke nos dice que el ser humano tuvo que destruirla en el pasado porque se estaba precipitando sobre la Tierra; en la segunda el satélite terrestre no solo no ha desaparecido sino que está cubierta de vegetación tras milenios de terraformación por parte del hombre. Luego están los Lys, los humanos que descubrió Alvin al escapar de Diaspar. Dotados de capacidades psi (telepatía, control mental, etc.), en la primera parte se indica que son mortales, al contrario que los habitantes de Diaspar. Sin embargo, en la segunda, que transcurre eones más tarde, nos topamos con los mismos personajes con que el inmortal Alvin se encontró por primera vez. ¡Uh, uh, uh! ¡Esto es una tomadura de pelo al lector! ¡Un insulto a su inteligencia!

En fin, son solo un par de fallos detectados, no digo más. Ya sabéis con qué os vais a encontrar si os animáis a leerlo. Si no le damos importancia a las incoherencias en la trama, la historia tiene su gracia y desde luego, entretiene. Para consultar otras opiniones, os remito en esta ocasión a los comentarios que los usuarios de La Tercera Fundación hacen en la ficha dedicada a este libro.

2 sept 2012

El Fin de la Infancia - Arthur C. Clarke

Floja, muy floja me ha parecido esta novela de Arthur C. Clarke. Como ya pasaba en 2001: Una Odisea en el espacio, el autor especula sobre un salto evolutivo del ser humano, pero en mi opinión con bastante peor resultado que en aquella. En esta ocasión la transformación viene auspiciada por la intervención de unos aliens bondadosos aunque de aspecto repulsivo: los Superseñores. Así que el relato comienza el día en que un montón de enormes naves espaciales aparecen sobre las principales ciudades del mundo y estos seres venidos de otro planeta comienzan a hacer la vida más fácil al hombre proporcionandoles la tecnología y los medios de producción para liberarles del trabajo. Se fomenta la cultura del ocio y en menor medida la del trabajo, pero siempre que éste último sea del gusto de la persona que lo realiza y le proporcione alguna satisfacción personal, no económica, que por otro lado no tiene ningún sentido pues todas sus necesidades materiales están cubiertas.

Esta monitorización del ser humano por parte de los extraterrestres se prolonga durante siglo y medio, y al final se nos muestra el verdadero motivo de su presencia en la Tierra: los Superseñores no son más que unos enviados de una entidad superior cuyo propósito es el de observar y favorecer las condiciones para que el Homo Sapiens evolucione a una nueva especie muchísimo más avanzada, algo que les está vetado a los propios Superseñores.

En fin, en mi opinión El Fin de la Infancia va dando tumbos de un lado para otro sin llegar en realidad a ningún sitio. En los primeros años de la invasión pacífica da la impresión de que vamos a asistir a una novela bélica con grupos de resistencia que se oponen a la intervención paternalista de unos seres superiores. Décadas después aparece una componente de intriga y misterio cuando un personaje consigue llegar al planeta de los Superseñores embarcándose como polizón en una de sus naves. Al final resulta, pues esta tontuna, que el ser humano evoluciona a una nueva especie con conciencia colectiva que es capaz de modificar el espacio-tiempo, bla, bla.

A pesar de mi reseña, donde la falta de entusiasmo y el desafecto a la novela son protagonistas, tanto en Papel en Blanco como en La Biblioteca del Kraken el libro sale mucho mejor parado, a pesar de que cada redactor le encuentra algún que otro punto flaco.

21 sept 2010

Cita con Rama - Arthur C. Clarke

Cita con Rama es una interesante novela de ciencia ficción dura. Arthur C. Clarke justifica gran parte de los acontecimientos que se relatan en la misma desde una perspectiva científica, intercalando hábilmente explicaciones físicas o matemáticas al alcance de prácticamente cualquier lector.

Se podría decir que esta novela es una mera descripción del objeto espacial Rama y de los extraños seres de naturaleza híbrida entre lo mecánico y lo biológico ("Biots"), que empiezan a habitarlo al aproximarse a nuestro sol. Pero también hay que aclarar que tiene capítulos de verdadero infarto, en los cuales los humanos exploradores del interior de este mundo artificial se enfrentan al desconocido entorno alienígena. En verdad cuando terminas de leerla te quedas sin saber gran cosa de la raison d'être de ese enorme cilindro de más de 50 kilómetros de largo que atraviesa el Sistema Solar, totalmente indiferente al antropocentrismo de la civilización humana, que ya coloniza Marte, la Luna, Mercurio y algún que otro satélite de Saturno, Júpiter o Neptuno. Quizás precisamente por ese misterio no resuelto yo me he quedado con ganas de más, así que intentaré hacerme con la primera de las secuelas, escritas a medias entre Clarke y Gentry Lee.

Tenéis más reseñas de este libro en el Portal de Ciencia Ficción, La Biblioteca del Kraken y La cinta de Moebius.
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