El Doctor Mallory es un médico rural de la OMS destinado en Port-la-Nouvelle, una ciudad al norte de un país centroafricano cuyo nombre no se llega a mencionar. Sometida a constantes asaltos de una guerrilla comunista, la que en otro tiempo fuera un próspero enclave al lado del lago Kotto, hoy desecado, se encuentra prácticamente deshabitada y tan solo unos pocos europeos resisten aún entre sus límites. Durante las obras de ampliación de una pista provisional de aterrizaje, un soldado a cargo de Mallory arranca un tocón y sus raíces con una excavadora, lo cual libera la presión de una napa de agua que de pronto encuentra vía libre por la superfice. Poco a poco el equilibrio de las capas freáticas se rompe y aparece un río que vendrá a proporcionar a esa zona al sur del Sáhara la probabilidad de escapar a la nefasta influencia del desierto. Cada actor de este drama intentará sacar el máximo provecho de la situación: el general Harare y su guerrilla hará que sus simpatizantes usen las aguas para cultivar la tierra; el capitán Kagwa de la gendarmería nacional oculta el secreto del río a sus superiores porque planea gobernar y secesionar la que ahora va a ser una próspera provincia. Sin embargo el doctor Mallory, quien había sido reclutado como ingeniero aficionado pero malogró el intento de inundar el lago Kotto mediante pozos artesianos, se siente creador y dueño del río (tanto es así que la recién aparecida corriente recibirá su mismo nombre). Avergonzado y frustrado al ver como el Mallory pone de manifiesto su fracaso, en un arrebato demente decidirá remontar su curso para encontrar su fuente y acabar con él. Dicha obsesión le llevará al límite de la cordura, dejando tras de sí un rastro de desolación y de cadáveres.
Bajo mi punto de vista hay dos maneras de enfrentarse a una novela de James G. Ballard. A la primera la denominaré la forma objetiva. Ya aviso que por aquí no vamos a llegar a ningún lado y probablemente terminemos cogiéndole ojeriza al autor británico. La segunda consiste en abordarla desde una visión subjetiva. Esta es, creo yo, la única forma posible no ya de terminar sus libros, sino además de disfrutarlos. Mientras leía El Día de la Creación he tenido que plantearme este doble enfoque porque los capítulos iban cayendo uno tras otro y yo me sentía cada vez más estafado. Si bien las bases de la novela son plausibles (en África existen ríos acaudalados como el Mallory, capaces de presentar un lecho seco en cuestión de horas después de haber llevado aguas procedentes de lluvias estacionales durantes semanas), Ballard abusa de ellas para llevar al límite al protagonista. En los escasos seis meses en que transcurre la acción, el río es capaz de moldear el paisaje de una forma que resulta difícil de creer: bosques tropicales plagados de árboles, plantas y fauna salvaje rodean lo que antes era el lecho seco de un río. Tomarse las cosas al pie de la letra, por tanto, provoca un rechazo consciente que no compensa con la fantástica prosa del británico, obsesiva, asfixiante, cargada de certeras imágenes oscuras impregnadas de belleza... simpre que seas capaz de disfrutar de la locura, claro está. Porque así es como se nos presenta al protagonista, como un individuo que ya desde joven mostró la actitud equivocada rechazando jugosas becas de investigación, para posteriormente embarcarse en empleos cada vez más alejados del ejercicio real de la medicina: director de una revista médica, jefe de investigación de una farmaceútica, etc. Su fijación insana por el río y por una joven niña guerrillera (Noon) que le acompañará durante todo el viaje harán de este periplo por el río un tour de force irreal, de pesadilla febril, con un resultado que no dejará buen sabor de boca a nadie.
Tengo que admitir que Ballard no me parece un autor fácil, al menos en su faceta de novelista. Me parece mucho más accesible cuando escribe relatos cortos, donde plasma sus obsesiones de una manera más sencilla y asimilable. La sensación durante la lectura de esta novela me ha recordado a la que experimenté en La Isla de Hormigón: las situaciones se fuerzan más allá de lo razonable. Bueno, pues ahí precisamente está la solución, en ver sus obras como una transgresión de los límites de la razón para embarcarnos en un viaje a la total enajenación de los protagonistas. De esta forma sí que he conseguido empaparme de la densa atmósfera de la narración y gozar con la lectura. Tenéis otras reseñas de este libro en el Sitio de Ciencia-ficción y els orfes del senyor Boix (en catalán).
26 may 2014
20 may 2014
Espejismo (Wool) - Hugh Howey
Estamos ante el que sin duda es el hype de la temporada, con toda su carga negativa asociada: un producto (cultural en este caso) encumbrado artificialmente por una publicidad machacona y omnipresente tras el cual realmente no hay nada. Espejismo (Wool) es la novela más mal escrita, más aburrida, inane, vacía y sin chispa que llevo en lo que va de año. Y eso que según la promoción tiene todo lo necesario para que me guste: intriga y ciencia ficción post-apocalíptica. ¿Qué falla entonces? Pues prácticamente todo lo que puede fallar. Pero empecemos por el principio, ¿de qué va este libro? ¿Por qué narices la han titulado 'Espejismo' cuando el título original es 'Wool'? Bueno, cada cosa a su tiempo.
La acción transcurre en la Tierra en un futuro no determinado, aunque no muy lejano, unos pocos siglos nada más. La superficie de nuestro planeta se ha vuelto estéril y está contaminada con gases tóxicos que la hacen inhabitable. Tardaremos bastante en conocer el porqué, aunque tampoco es que importe. Unos cuantos miles de humanos han logrado sobrevivir en una enorme estructura de hormigón que, a modo de silo invertido, se adentra cientos de metros en el suelo. En este último reducto humano existe una triple autoridad constituída por el Comisario de policía, la Alcaldesa y el Jefe de Informática. El férreo control que se ejerce sobre la libertad de pensamiento de sus habitantes está aparentemente destinado a evitar los motines y mantener la paz y la vida en común, aunque nada ha evitado que se hayan producido levantamientos cruentos. Evidentemente ninguno de ellos ha triunfado, sino que han terminado con sus líderes y participantes condenados a lo que se denomina la "limpieza": los habitantes encontrados culpables de crímenes contra el orden del silo -no sólo los que se amotinan, sino aquellos que públicamente se cuestionan la realidad oficial- son expulsados del habitáculo y se les pide que como último favor, limpien las pocas cámaras de TV que ofrecen a sus habitantes una visión del exterior en tiempo real. No hay forma de obligarles, pero curiosamente todos lo hacen. Para ello les facilitan un traje estanco hecho a medida y una bayerina (bueno más que una bayeta es un paño de lana, de ahí el 'Wool' del título creo yo) para que le den unas friegas a las lentes. Una vez desterrados han de sobrevivir por sus propios medios, pero lo cierto es que todos mueren a los pocos minutos y su cuerpos inertes quedan formando parte del paisaje que se muestra en las pantallas de la zona de esparcimiento situada en una de las plantas más próximas a la superficie. Evidentemente, esas imágenes que muestran a los ajusticiados yaciendo sobre las desoladas laderas sirven de escarmiento y aviso al resto de los habitantes. Algo que al poder le va de perlas para conseguir la sumisión a la ley que tan necesaria es para mantener bajo control un sistema tan cerrado. En la novela asistimos a uno de estos golpes de estado populares, protagonizados por Juliette, una hábil y experta joven treintañera que trabaja en el Dpto. de Mecánica y Lukas, un brillante ingeniero del Dpto. de Informática de unos veintitantos años.
Visto así la verdad es que la trama no suena del todo mal, ¿por qué no me ha gustado nada entonces? ¿Por qué he vapuleado la novela de esa manera nada más empezar? Atentos ahora aunque aviso: voy a desvelar misterios que se incluyen en la acción. Para empezar Hugh Howey da toneladas de información que no aportan nada de interés y simplemente se emplean en hinchar artificialmente el texto y dar volumen y empaque al libro: 5 partes, la primera de las cuales, a modo de contextualización e introducción, no aporta absolutamente nada el resto de la trama; 82 capítulos y un epílogo; unas 550 páginas útiles. El gran triunfador de la autoedición de Amazon de la temporada pasada rellena a base de hacer descripciones y aclaraciones muchísimo más extensas de lo necesario. Cada capítulo desarrolla hasta la saciedad una aventurilla en un cansino tono dominado por el presente de indicativo. Si hay que mover un tornillo para desbloquear una puerta, podemos estar seguros de que se incluirá:
Por otro lado al texto le falta rigurosidad a nivel científico y tecnológico, lo cual en mi opinión tiene mucha importancia si la novela plantea una continuidad con el presente que conocemos. Otra cosa sería si transcurriese miles de años en el futuro y se pudieran transitar agujeros de gusano o teletransportarnos a otras galaxias. Por ejemplo, aunque el sustento básico del silo es de origen vegetal, también crían animales para comerselos. Dejando al margen de consideraciones éticas, la cría de animales para usar como alimento humano es un proceso con que consume muchísimos recursos: miles de litros de agua(1) sin ir más lejos. También alimento vegetal que podría utilizar directamente el ser humano. Pero bueno, como no voy a poder sacar la calculadora para hacer un desmentido oficial lo dejaremos pasar porque es verdad que se plantea como un lujo muy racionado y poco accesible. No importa, hay mil fallos más. En un momento dado se habla de minas situadas al fondo del silo de donde obtienen acero, ¿desde cuando el acero, una aleación, sale de las minas? Más adelante la protagonista da un repaso y unas puntadas a uno de los trajes que usan para salir al exterior y se sumerge con él varias plantas en un silo inundado de agua. Lo siento pero resulta difícil de creer que ese trajecillo con visor de plástico pueda soportar la presión de tantos metros de agua, recordemos que se usa para salir a la atmósfera terrestre, así que nunca se indica que estén presurizados. Pero lo más insalvable de todo son las telecomunicaciones. Según se revela, el proyecto original consta no de un silo, sino de muchos más, unos cincuenta, cada uno con la misma estructura y distribución de elementos y plantas. Los diferentes silos se comunican entre sí por radio, por frecuencia modulada, llegandose a describir situaciones tan absurdas como que desde una de las plantas inferiores de un silo de hormigón armado (es decir, reforzado interiormente con una malla de barras de acero), a ciento treinta y pico pisos de profundidad, que además tiene las paredes y suelos de muchos recintos cubiertos de planchas de acero, encienden una radio portátil y seleccionando la banda de frecuencia adecuada, consiguen hablar con un receptor de radio situado en... ¡otro silo enterrado en la tierra a un par de kilómetros de éste! ¿Qué pasa con la potencia y la atenuación de la señal? ¿Qué pasa con la jaula de Faraday? ¿No juegan éstos y muchos otros conceptos de electromagnetismo básico en contra de semejante despropósito?
En fin, no me voy a enrollar mucho más porque voy a parecer el propio autor. A todo lo anterior se suman personajes sacados de la manga a cada poco, cuya presencia es irrelevante y cuya desaparición es tan súbita como su aparición. Para cerrar el libro, tenemos un final improvisado y cogido con alfileres, que todo hay que decirlo, tiene todo el sentido del mundo dadas las evidentes carencias en el desarrollo de la novela. Ni que decir tiene, conmigo que no cuenten ni para precuelas ni para cualquier otra producción del señor Howey. Tenéis más reseñas en Con un libro en la mano, El rincón de libros y Alas de papel. Los dos primeros han caído rendidísimos a los pies del libro, el tercero es un poco más crítico y aporta información de interés, por ejemplo que las cinco partes se concibieron como cinco relatos cortos independientes. Ahora bien, en los tres casos definen la historia como distópica,... ¿Distópica? ¿¿¿Distópica??? Yo de verdad que no lo entiendo, ¿tan difícil es distinguir una distopía de la ciencia ficción post-apocalíptica? ¿No será tal vez que 'distopía' y sus derivados visten mejor los posts?
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(1) Para obtener un kilo de carne, arroz o trigo se necesitan, respectivamente, 20.000, 454 y 227 litros de agua. Además, la producción ganadera contamina el agua diez veces más que los humanos y tres veces más que la industria. Fuente: liberaong
La acción transcurre en la Tierra en un futuro no determinado, aunque no muy lejano, unos pocos siglos nada más. La superficie de nuestro planeta se ha vuelto estéril y está contaminada con gases tóxicos que la hacen inhabitable. Tardaremos bastante en conocer el porqué, aunque tampoco es que importe. Unos cuantos miles de humanos han logrado sobrevivir en una enorme estructura de hormigón que, a modo de silo invertido, se adentra cientos de metros en el suelo. En este último reducto humano existe una triple autoridad constituída por el Comisario de policía, la Alcaldesa y el Jefe de Informática. El férreo control que se ejerce sobre la libertad de pensamiento de sus habitantes está aparentemente destinado a evitar los motines y mantener la paz y la vida en común, aunque nada ha evitado que se hayan producido levantamientos cruentos. Evidentemente ninguno de ellos ha triunfado, sino que han terminado con sus líderes y participantes condenados a lo que se denomina la "limpieza": los habitantes encontrados culpables de crímenes contra el orden del silo -no sólo los que se amotinan, sino aquellos que públicamente se cuestionan la realidad oficial- son expulsados del habitáculo y se les pide que como último favor, limpien las pocas cámaras de TV que ofrecen a sus habitantes una visión del exterior en tiempo real. No hay forma de obligarles, pero curiosamente todos lo hacen. Para ello les facilitan un traje estanco hecho a medida y una bayerina (bueno más que una bayeta es un paño de lana, de ahí el 'Wool' del título creo yo) para que le den unas friegas a las lentes. Una vez desterrados han de sobrevivir por sus propios medios, pero lo cierto es que todos mueren a los pocos minutos y su cuerpos inertes quedan formando parte del paisaje que se muestra en las pantallas de la zona de esparcimiento situada en una de las plantas más próximas a la superficie. Evidentemente, esas imágenes que muestran a los ajusticiados yaciendo sobre las desoladas laderas sirven de escarmiento y aviso al resto de los habitantes. Algo que al poder le va de perlas para conseguir la sumisión a la ley que tan necesaria es para mantener bajo control un sistema tan cerrado. En la novela asistimos a uno de estos golpes de estado populares, protagonizados por Juliette, una hábil y experta joven treintañera que trabaja en el Dpto. de Mecánica y Lukas, un brillante ingeniero del Dpto. de Informática de unos veintitantos años.
Visto así la verdad es que la trama no suena del todo mal, ¿por qué no me ha gustado nada entonces? ¿Por qué he vapuleado la novela de esa manera nada más empezar? Atentos ahora aunque aviso: voy a desvelar misterios que se incluyen en la acción. Para empezar Hugh Howey da toneladas de información que no aportan nada de interés y simplemente se emplean en hinchar artificialmente el texto y dar volumen y empaque al libro: 5 partes, la primera de las cuales, a modo de contextualización e introducción, no aporta absolutamente nada el resto de la trama; 82 capítulos y un epílogo; unas 550 páginas útiles. El gran triunfador de la autoedición de Amazon de la temporada pasada rellena a base de hacer descripciones y aclaraciones muchísimo más extensas de lo necesario. Cada capítulo desarrolla hasta la saciedad una aventurilla en un cansino tono dominado por el presente de indicativo. Si hay que mover un tornillo para desbloquear una puerta, podemos estar seguros de que se incluirá:
- Características industriales y de fabricación del tornillo
- Herramientas empleadas para hacerlo girar, fabricantes, valores máximos tolerados
- Técnicas que facilitan el desbloqueo
- Posibles implicaciones morales y éticas del uso de coadyuvantes químicos y/o lubricantes (el clásico aceite '3 en 1')
- Sentimientos del protagonista durante el proceso de desatornillamiento
- Vínculos de dicha tarea con su vida y su crecimiento como persona
- Etc.
Por otro lado al texto le falta rigurosidad a nivel científico y tecnológico, lo cual en mi opinión tiene mucha importancia si la novela plantea una continuidad con el presente que conocemos. Otra cosa sería si transcurriese miles de años en el futuro y se pudieran transitar agujeros de gusano o teletransportarnos a otras galaxias. Por ejemplo, aunque el sustento básico del silo es de origen vegetal, también crían animales para comerselos. Dejando al margen de consideraciones éticas, la cría de animales para usar como alimento humano es un proceso con que consume muchísimos recursos: miles de litros de agua(1) sin ir más lejos. También alimento vegetal que podría utilizar directamente el ser humano. Pero bueno, como no voy a poder sacar la calculadora para hacer un desmentido oficial lo dejaremos pasar porque es verdad que se plantea como un lujo muy racionado y poco accesible. No importa, hay mil fallos más. En un momento dado se habla de minas situadas al fondo del silo de donde obtienen acero, ¿desde cuando el acero, una aleación, sale de las minas? Más adelante la protagonista da un repaso y unas puntadas a uno de los trajes que usan para salir al exterior y se sumerge con él varias plantas en un silo inundado de agua. Lo siento pero resulta difícil de creer que ese trajecillo con visor de plástico pueda soportar la presión de tantos metros de agua, recordemos que se usa para salir a la atmósfera terrestre, así que nunca se indica que estén presurizados. Pero lo más insalvable de todo son las telecomunicaciones. Según se revela, el proyecto original consta no de un silo, sino de muchos más, unos cincuenta, cada uno con la misma estructura y distribución de elementos y plantas. Los diferentes silos se comunican entre sí por radio, por frecuencia modulada, llegandose a describir situaciones tan absurdas como que desde una de las plantas inferiores de un silo de hormigón armado (es decir, reforzado interiormente con una malla de barras de acero), a ciento treinta y pico pisos de profundidad, que además tiene las paredes y suelos de muchos recintos cubiertos de planchas de acero, encienden una radio portátil y seleccionando la banda de frecuencia adecuada, consiguen hablar con un receptor de radio situado en... ¡otro silo enterrado en la tierra a un par de kilómetros de éste! ¿Qué pasa con la potencia y la atenuación de la señal? ¿Qué pasa con la jaula de Faraday? ¿No juegan éstos y muchos otros conceptos de electromagnetismo básico en contra de semejante despropósito?
En fin, no me voy a enrollar mucho más porque voy a parecer el propio autor. A todo lo anterior se suman personajes sacados de la manga a cada poco, cuya presencia es irrelevante y cuya desaparición es tan súbita como su aparición. Para cerrar el libro, tenemos un final improvisado y cogido con alfileres, que todo hay que decirlo, tiene todo el sentido del mundo dadas las evidentes carencias en el desarrollo de la novela. Ni que decir tiene, conmigo que no cuenten ni para precuelas ni para cualquier otra producción del señor Howey. Tenéis más reseñas en Con un libro en la mano, El rincón de libros y Alas de papel. Los dos primeros han caído rendidísimos a los pies del libro, el tercero es un poco más crítico y aporta información de interés, por ejemplo que las cinco partes se concibieron como cinco relatos cortos independientes. Ahora bien, en los tres casos definen la historia como distópica,... ¿Distópica? ¿¿¿Distópica??? Yo de verdad que no lo entiendo, ¿tan difícil es distinguir una distopía de la ciencia ficción post-apocalíptica? ¿No será tal vez que 'distopía' y sus derivados visten mejor los posts?
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(1) Para obtener un kilo de carne, arroz o trigo se necesitan, respectivamente, 20.000, 454 y 227 litros de agua. Además, la producción ganadera contamina el agua diez veces más que los humanos y tres veces más que la industria. Fuente: liberaong
6 may 2014
Vacío perfecto - Stanisław Lem
Vacío perfecto es una colección de reseñas de libros inexistentes. Impresionantes reseñas de impagables libros inexistentes, para ser más exacto. Cada una de estas publicaciones ficticias ideada, resumida y criticada por Stanisław Lem, le da opción a desplegar ideas de lo más variopintas en torno diferentes temas. Yo en mis limitadas entendederas he detectado tres tipos de textos:
- (1) Burla, sátira, coñas intelectualizadas sobre nuevos enfoques de la literatura o visiones heterodoxas del arte que parecen no imponer mucho respeto a Lem
- (2) Especulación pura y dura a través de impensables teorías científicas, rompedoras interpretaciones del universo completamente al margen de lo convencional, demenciales teorías para explicar el mundo y la existencia en las que hay mucho de la filosofía y creencias personales del autor: antropocentrismo, ateísmo, etc. En estas reseñas el polaco desarrolla en sus razonamientos una profundidad y complejidad tal, que exige la máxima atención del lector para poder seguirle. Y aun así cuesta lo suyo.
- (3) Al tercer bloque yo no le he encontrado un punto en común. Me han parecido reseñas de obras sin escribir, símplemente por el gusto de poner ideas a circular. Por lo general giran en torno a la ciencia-ficción. En la edición de Impedimenta, la introducción de Andrés Ibáñez nos da unas pistas que se confirman tras curiosear la entrada de este libro en el website oficial de Lem: efectivamente, el autor planteó este tercer grupo de textos como borradores de posibles novelas a escribir.
- Vacío perfecto, de Stanislaw Lem (reseña-prólogo del libro a cargo de un autor desconocido) (1)
- Les Robinsonades, de Marcel Coscat (1)
- Gigamesh, de Patrick Hannahan (1)
- Sexplosión, de Simon Merrill (3)
- Gruppenführer Louis XVI, de Alfred Zellermann (3)
- Rien de tout, ou la conséquence, de Solange Marriot (1)
- Perycalypsis, de Joachim Fersengeld (1)
- Idiota, de Gian Carlo Spallanzani (3)
- Do Yourself a Book (1)
- Odis de Itaca, de Kuno Mlatje (2)
- Toi, de Raymond Seurat (1)
- Being, Inc., de Alistar Waynewright (3)
- Die Kultur als Fehler, de Wilhelm Klopper (2)
- De Impossibilitate Vitae / De Impossibilitate Prognoscendi, de Cesar Kouska (2)
- Non Serviam, de Arthur Dobb (2)
- La nueva Cosmogonía, de Alfredo Testa (2)
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Relatos cortos
26 abr 2014
Tonto, muerto, bastardo e invisible - Juan José Millás
Primera novela de Juan José Millás que tengo el gus..., que tengo la suer... Primera novela de Juan José Millás que leo. No me ha parecido gran cosa, bastante flojilla la verdad. Tampoco voy a juzgar muy severamente al autor porque cogí el libro de un montón de mercadillo, sin tener ni idea de a qué me iba a enfrentar, solo por completar la oferta 7 libros / 20,00€. He de suponer que se trata de una alegoría sobre la crisis de identidad de los cuarenta, personificada en el protagonista Jesús. Tras haber disfrutado de una carrera profesional de bastante éxito en el Dpto. de RRHH de una empresa papelera pública, nuestro hombre se ve repentinamente en la calle debido a una "optimización" de puestos de trabajo tras la llegada del nuevo Gobierno socialdemócrata. Jesús está felizmente casado con Laura (forense) y tienen un hijo (David) de unos 8-10 años. En lugar de contar a su mujer que ha sido despedido y aprovechando la seguridad y tranquilidad de una buena indemnización, se alquila un apartamento adonde se dirige cada día laborable simulando así ante su familia que todo sigue igual.
El hilo conductor de la narración es un bigote postizo que adquirió en su peluquería. Cuando se lo pone se tranquiliza y se cree una persona nueva. Con la prótesis capilar sobre el labio superior la imaginación del protagonista vuela de forma delirante, de manera que mediante mundos paralelos, viajes astrales y lecturas del tarot es capaz de recordar puntos críticos de su vida que su memoria había bloqueado. Todo está muy entroncado con lo onírico y lo paranormal. También hay mucho de metaliteratura, con narración dentro de la propia narración (a base de cuentos que Jesús improvisa para que su hijo se duerma) y llegado un momento, resulta que es el propio protagonista quien empieza a escribir la historia que estamos leyendo en papel de su antigua empresa. Tras analizar su vida al completo (sus padres, sus orígenes socioeconómicos, su amistades, su carrera profesional, etc.), consigue eliminar capa tras capa de represión para finalmente transformarse en quien de verdad es. Si hay una cita que resume la novela es sin duda la siguiente:
El hilo conductor de la narración es un bigote postizo que adquirió en su peluquería. Cuando se lo pone se tranquiliza y se cree una persona nueva. Con la prótesis capilar sobre el labio superior la imaginación del protagonista vuela de forma delirante, de manera que mediante mundos paralelos, viajes astrales y lecturas del tarot es capaz de recordar puntos críticos de su vida que su memoria había bloqueado. Todo está muy entroncado con lo onírico y lo paranormal. También hay mucho de metaliteratura, con narración dentro de la propia narración (a base de cuentos que Jesús improvisa para que su hijo se duerma) y llegado un momento, resulta que es el propio protagonista quien empieza a escribir la historia que estamos leyendo en papel de su antigua empresa. Tras analizar su vida al completo (sus padres, sus orígenes socioeconómicos, su amistades, su carrera profesional, etc.), consigue eliminar capa tras capa de represión para finalmente transformarse en quien de verdad es. Si hay una cita que resume la novela es sin duda la siguiente:
Toda la vida pendiente de la calificación de los otros, de su mirada, para construirme una identidad, que resultó ser una prótesis, con la que poder salir de aquel barrio y triunfar, y ahora resulta que no había salido o que había abandonado en él al niño que me lloraba por las noches, ese niño minusválido y bastardo y muerto e invisibleComo ya he dicho, ni fu ni fa. Se lee en dos tardes y sin molestias, pero para mi gusto dista mucho de entrar en la categoría de recomendables. He encotrado una par de reseñas de Tonto, muerto, bastardo e invisible en El lector impaciente y Lector voraz. Las dos son más entusiastas que la mía, de hecho el último blog lo considera una 'novela mayúscula' y hace un recorrido muy exhaustivo por la trama, que dicho sea de paso, me parece muy acertado.
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*Juan José Millás,
Novela
22 abr 2014
Cambio de Bandera - Félix de Azúa
Cambio de Bandera no tiene nada que ver con las otras novelas de Félix de Azúa que había leído. De aquellas historias contemporáneas de corte nihilista (Diario de un Hombre humillado o Historia de un Idiota contada por él mismo) o que supuestamente pretendían explicar la transición española (Demasiadas Preguntas) pasamos a una novela bélica ambientada en plena Guerra Civil española. Y no en cualquier sitio, no, sino en la mismísima Euskadi, algo que evidentemente le va a dar mucho juego a poco que conozcamos el rechazo visceral del autor a los nacionalismos periféricos españoles(1), tanto al catalán como al vasco.
La trama nos presenta a una pareja de novios, por un lado Luís Larrazábal, perteneciente a la burguesía industrial vasca, militante del PNV ya tirando a maduro, diplomático del gobierno autónomo vasco en China; por otro, la joven Carmen, una veinteañera navarra de buena familia y de armas tomar. Cuando estalla el conflicto, Luís ha de volver a su tierra y es entonces cuando otro conflicto, esta vez interior, le empieza a destrozar por dentro: quedarse a vivir en España, sometido a quienes son ya virtuales ganadores, o bien huir a Francia para establecer un punto de resistencia a los fascistas desde alguna localidad del País Vasco francés. Si se queda contará con la ayuda de su íntimo amigo el abogado colaboracionista Aurerio Arrarás para obviar su pasado nacionalista; si se marcha, también será gracias al salvoconducto que aquél le proporcionará. Ganan sus ideales y huye al país vecino, donde comenzará una vida de exiliado repleta de dramas y aventuras extravagantes compartidas con elementos de lo más peculiar.
La verdad es que para mi sorpresa después del truño que supuso mi última incursión en su obra, estamos ante una historia muy original y bien desarrollada. Hay amor, intriga, acción, sabotage y quintacolumnistas; personajes inocentes, encantadores, adorables; también los hay que nadan a dos aguas e intentan mantenerse cuerdos entre tanta locura; finalmente otros despreciables, psicópatas, temibles. Azúa hace una descripción escrupulosa del contexto histórico en que transcurre la acción y me ha descubierto detalles estratégicos del enfrentamiento de lo más curioso. Por otro lado, no cuesta conectar con la prosa elegante con que está escrito, aunque admito que al principio y por contraste con mi anterior lectura me resultó algo forzada y más poética de lo que me apetecía. Lo que estropea la experiencia es que la historia esté impregnada hasta la saciedad de las ideas personales del autor. No hay facción implicada en la contienda que no reciba una buena dosis de mamporros literarios de Azúa y que quede claro que no se decanta por ninguna. Sublevados y republicanos; fascistas, comunistas, socialistas y anarquistas; burgueses y clase obrera; franceses, ingleses y alemanes; católicos y ateos; vascos, catalanes, andaluces, castellanos y murcianos, y por supuesto cualquier combinación de las clasificaciones indicadas anteriormente que se nos ocurra. Y es precisamente ahí donde está el problema en mi opinión personal. Es posible que la sociedad española sea histórica e intrínsecamente despreciable. Es posible que cualquier hijo de vecino, independientemente de su ideología, aproveche la menor oportunidad para desplegar todas sus habilidades y chupar de lo público para su enriquecimiento personal. Tal vez sea así, tal vez la corrupción haya pasado de ser un rasgo cultural a formar parte de nuestra memoria genética. Pero la cuestión es que por muy asesinos que resultasen ambos bandos, fueron los fascistas quienes se sublevaron contra un régimen establecido democráticamente, con miles de fallos, sí, pero elegido en libertad. Así que si hubo unos señores malos malísimos que quemaban iglesias y mataban curas fue porque otros, aún más perversos que éstos, decidieron un día que había que parar una República progresista y asesinar a todas las personas que luchaban por la igualdad, los avances sociales, el laicismo, etc. Todo esto por supuesto así, grosso modo, como concepto global y sin entrar en las particularidades de la situación española previa al alzamiento de 1936. Así que el mantra de 'todos eran malos' que inunda los capítulos no me vale. Ni de coña.
Resumiendo y para que no haya lugar a equívocos: a mi la novela me ha encantado, una aventura amarga muy bien contada y con cierto aire cinematográfico. Eso sí, no hay que hacer ni caso a la obsesión de Azúa por mostrar a todo el mundo igual de responsable en ese desastre que fue la Guerra Civil española. Es muy fácil ignorarle porque se le ve venir a kilómetros de distancia. El apartado de otras reseñas queda hoy desierto porque no he encontrado reseñas en la blogosfera.
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(1) Ver sus artículos en Jot Down magazine
La trama nos presenta a una pareja de novios, por un lado Luís Larrazábal, perteneciente a la burguesía industrial vasca, militante del PNV ya tirando a maduro, diplomático del gobierno autónomo vasco en China; por otro, la joven Carmen, una veinteañera navarra de buena familia y de armas tomar. Cuando estalla el conflicto, Luís ha de volver a su tierra y es entonces cuando otro conflicto, esta vez interior, le empieza a destrozar por dentro: quedarse a vivir en España, sometido a quienes son ya virtuales ganadores, o bien huir a Francia para establecer un punto de resistencia a los fascistas desde alguna localidad del País Vasco francés. Si se queda contará con la ayuda de su íntimo amigo el abogado colaboracionista Aurerio Arrarás para obviar su pasado nacionalista; si se marcha, también será gracias al salvoconducto que aquél le proporcionará. Ganan sus ideales y huye al país vecino, donde comenzará una vida de exiliado repleta de dramas y aventuras extravagantes compartidas con elementos de lo más peculiar.
La verdad es que para mi sorpresa después del truño que supuso mi última incursión en su obra, estamos ante una historia muy original y bien desarrollada. Hay amor, intriga, acción, sabotage y quintacolumnistas; personajes inocentes, encantadores, adorables; también los hay que nadan a dos aguas e intentan mantenerse cuerdos entre tanta locura; finalmente otros despreciables, psicópatas, temibles. Azúa hace una descripción escrupulosa del contexto histórico en que transcurre la acción y me ha descubierto detalles estratégicos del enfrentamiento de lo más curioso. Por otro lado, no cuesta conectar con la prosa elegante con que está escrito, aunque admito que al principio y por contraste con mi anterior lectura me resultó algo forzada y más poética de lo que me apetecía. Lo que estropea la experiencia es que la historia esté impregnada hasta la saciedad de las ideas personales del autor. No hay facción implicada en la contienda que no reciba una buena dosis de mamporros literarios de Azúa y que quede claro que no se decanta por ninguna. Sublevados y republicanos; fascistas, comunistas, socialistas y anarquistas; burgueses y clase obrera; franceses, ingleses y alemanes; católicos y ateos; vascos, catalanes, andaluces, castellanos y murcianos, y por supuesto cualquier combinación de las clasificaciones indicadas anteriormente que se nos ocurra. Y es precisamente ahí donde está el problema en mi opinión personal. Es posible que la sociedad española sea histórica e intrínsecamente despreciable. Es posible que cualquier hijo de vecino, independientemente de su ideología, aproveche la menor oportunidad para desplegar todas sus habilidades y chupar de lo público para su enriquecimiento personal. Tal vez sea así, tal vez la corrupción haya pasado de ser un rasgo cultural a formar parte de nuestra memoria genética. Pero la cuestión es que por muy asesinos que resultasen ambos bandos, fueron los fascistas quienes se sublevaron contra un régimen establecido democráticamente, con miles de fallos, sí, pero elegido en libertad. Así que si hubo unos señores malos malísimos que quemaban iglesias y mataban curas fue porque otros, aún más perversos que éstos, decidieron un día que había que parar una República progresista y asesinar a todas las personas que luchaban por la igualdad, los avances sociales, el laicismo, etc. Todo esto por supuesto así, grosso modo, como concepto global y sin entrar en las particularidades de la situación española previa al alzamiento de 1936. Así que el mantra de 'todos eran malos' que inunda los capítulos no me vale. Ni de coña.
Resumiendo y para que no haya lugar a equívocos: a mi la novela me ha encantado, una aventura amarga muy bien contada y con cierto aire cinematográfico. Eso sí, no hay que hacer ni caso a la obsesión de Azúa por mostrar a todo el mundo igual de responsable en ese desastre que fue la Guerra Civil española. Es muy fácil ignorarle porque se le ve venir a kilómetros de distancia. El apartado de otras reseñas queda hoy desierto porque no he encontrado reseñas en la blogosfera.
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(1) Ver sus artículos en Jot Down magazine
16 abr 2014
Los Monederos falsos - André Gide
La acción de Los Monederos falsos de André Gide se ajusta la tendencia que pareció existir en el periodo de entreguerras, según la cual muchos los autores más o menos simultáneamente quisieron plasmar la rabiosa actividad y dinamismo que caracterizó aquellos agitados años. Publicada en 1925, otros ejemplos evidentes que me han venido a la cabeza durante su lectura son Manhattan Transfer (también de 1925) de John Dos Passos y cómo no, Contrapunto (1928) de Aldous Huxley. Al igual que en esas dos novelas ya reseñadas en Das Bücherregal, el número de personajes que pueblan la páginas es bastante elevado, aunque en este caso no tanto como para no hacerse una composición de lugar sin demasiados problemas (podéis consultar la entrada de este libro en la Wikipedia en francés para haceros una idea de ellos así como de sus vínculos). La historia central gira en torno a Eduardo, un escritor de cierto nombre que está trabajando actualmente en su próxima novela, titulada precisamente 'Los Monederos falsos', Oliverio, bachiller y sobrino del anterior, y Bernardo, amigo íntimo de éste último. Eduardo es hermano por parte de padre de Paulina Moliner, con quien ha retomado recientemente el contacto, casada a su vez con Óscar Molinier. En una de sus visitas se quedó absolutamente prendado de su sobrino adolescente, atracción que resultó mutua por lo que se ve. Bernardo por su parte acaba de descubrir que es el resultado de una aventura extramatrimonial de su madre y que su padre, el juez de instrucción Alberico Profitendieu (colega a su vez de Monsieur Molinier), se ha limitado a acogerle como un hijo más. Dicha revelación enfurece a Bernardo, quien se decidirá de inmediato a abandonar el hogar familiar. Su aventura en la vida real se verá desde el primer momento guiada por Eduardo, a quien conoce el mismo día que vuelve a París.
Es bastante complicado explicar mucho más de la trama sin resultar pesado, lo que no sería justo porque el libro no lo es para nada. Hay muchísimo drama cotidiano de validez universal, con omnipresentes expresiones del amor y el desamor entre familias, amigos, cónyuges y amantes. La frustración y la resignación campan a sus anchas, también el dolor, la soledad y las mentiras acumuladas que van socavando la idea de felicidad a que cada personaje se había hecho. Hay algunos destellos puntuales de felicidad, pero pocos, la verdad, como en la vida misma. A destacar también que la acción está repleta de insinuaciones homoeróticas hechas desde una perspectiva positiva, algo que no es de extrañar dado que el autor era gay y fue pionero en el activismo homosexual (si mal no recuerdo, el propio Aldous Huxley se encargó de ironizar en Contrapunto sobre los alegres muchachos que poblaban el París de Gide). Por otro lado, la toma de contacto de los muchachos con el mundo real está repleta de momentos agridulces, pero al final comprobamos que les permitirán enriquecerse como personas.
Desde un punto de vista técnico, la novela juega con múltiples formatos. Quizás el más curioso sea el metaliterario: por momentos todo parece girar en torno a la literatura. Escritores, revistas literarias, aspirantes a poetas, la crítica, estudiantes con alma de narradores. A la cabeza tenemos a Eduardo hablando sobre su novela homónima, sirviendose además de los sucesos que se van narrando para inspirarse. El resto de personajes se interesan por la literatura, quieren saber de su novela. Quizás demostrando que la idea estaba en el aire, nada más empezar el libro un personaje muy secundario amigo de Oliverio (casi todos ellos con ínfulas de escritores) comenta que querría narrar la historia no de un personaje sino de un lugar, por ejemplo de una avenida, ¿casualidad o tal vez un guiño a la obra de Dos Passos? También abunda el formato epistolar, aunque prinicipalmente la mayor parte de la información se nos descubre a través de las entradas del diaro personal de Eduardo. Señalar por último que la acción no concluye, no hay hechos significativos que permitan finalizar todas las subtramas expuestas, aunque algunas en concreto sí que lo hacen, de manera indiscutible además. Queda la impresión de que durante la lectura nos hemos acercado a los personajes y sus vidas durante unos meses, el autor transmite la idea de que sus vidas siguen una vez cerramos el tomo.
Resumiendo, dentro de ese supuesto subgénero que he descrito al comenzar el post, ésta es la novela que más me ha gustado. A nivel desarrollo es la más moderada, con menor número de personajes, abarca un periodo de tiempo más corto, etc. Sin embargo y debido a la validez general de los asuntos tratados y a no enredar la acción con acontecimientos históricos (algo muy presente en las otras dos), es la que me ha resultado más veraz y entretenida de las tres. Tiene eso sí, un problema serio con la traducción de los nombres propios, todos han sido castellanizados cuando quedarían mucho más naturales y agradables en francés: Olivier suena muchísimo mejor que Oliverio, y en cuanto a Albéric/Alberico, la verdad no sé que decir, nunca lo había escuchado. Tenéis más reseñas en El Blog del Cresta y The Sense Of The Past, con un extensísismo artículo.
9 abr 2014
Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos: Philip K. Dick 1928-1982 - Emmanuel Carrère
Como fan declarado que soy de Philip K. Dick no sé cómo he podido tardar tanto tiempo en leerme una de las biografías más reconocidas del maestro americano de la ciencia-ficción: Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos: Philip K. Dick 1928-1982 de Emmanuel Carrère. Por pereza, dejadez o simplemente cosas del destino, la he abordado después de haber dado cuenta de gran parte de la obra dickiana publicada en español, principalmente en Minotauro. Esto al final ha resultado ventajoso, puesto que Carrère va enlazando la vida personal de Dick con sus novelas, que para mi sorpresa, y supongo que para la de cualquiera conociendo las temáticas habituales que trata, tienen mucho de vivencia personal. Así pues, capítulo tras capítulo se van revelando datos que destripan la trama de muchos de sus clásicos, con lo cual yo no la recomendaría si tenéis en la lista de espera El hombre en el Castillo, Ubik, Tiempo desarticulado, Los tres Estigmas de Palmer Eldritch, La Transmigración de Timothy Archer, La Invasión divina, Una Mirada a la Oscuridad, Los Clanes de la Luna alfana, Fluyan mis Lágrimas, dijo el Policía, y alguna otra más.
Si algo queda claro tras leer este libro es que Philip K. Dick fue durante casi toda su vida una persona con serios problemas mentales. Quizás su historial psicológico venga marcado por la muerte de su hermana gemela a los pocos días de nacer por descuido de su madre con la alimentación, tal y como se comenta en este volumen. En cualquier caso, ya desde adolescente se nos presenta como un chico solitario, que disfrutaba leyendo y escuchando música clásica y con una marcada tendencia a la paranoia, que se manifestó desde muy joven en un cuestionamiento patológico de la realidad del mundo físico que aprehendemos con los sentidos. Dicha tendencia no hizo sino empeorar debido al constante abuso de todo tipo de medicamentos (ansiolítiocos, tranquilizantes y sobre todo estimulantes) a lo largo de los años, especialmente en los 1960s. Su relación con las mujeres también tiene algo de enfermiza. Enamoradizo y voluble, no dudaba en flirtear descaradamente con todas las chicas en presencia de su pareja, y aún peor, en abandonar a su familia (tuvo hijos con casi todas ellas) si las cosas no le iban bien. Y a ver, con tantísimo fármaco psicoactivo que se metía, resultaba una persona de trato difícil la mayor parte del tiempo. Por lo general se relacionó siempre con mujeres bastante más jóvenes que él, a quienes por un lado exigía devoción absoluta y por otro ataba muy, muy corto, dándoles poquísimo margen de libertad, algo que a la larga conducía a que le abandonaran. Para finalizar, otro de los rasgos característicos de Dick es su búsqueda de dios y su espiritualidad, que aunque transcurrió por vías poco convencionales (no hay más que intentar comprender Valis), tomó como punto de partida el catolicismo, religión a la que se convirtió a mediados de los 1960s. Una vez cumplidos los 44-45 años, se centró casi exclusivamente en dar a conocer al mundo su cosmogonía particular a través de una exégesis de más de 8000 páginas que al parecer, nadie ha leído en su totalidad. Esta parte final de su vida coincide con el periodo de mayor estabilidad física y emocional.
No voy a engañar a nadie: he disfrutado mucho dando rienda suelta al cotilla que llevo dentro. Eso de asomarte a la vida privada y conocer las intimidades de uno de tus autores favoritos resulta muy estimulante. Aunque también es cierto que en el sentido puramente técnico he echado de menos algo más de rigurosidad en el texto. Fechas, lugares, referencias, citas, opiniones puestas en boca de sus autores. La verdad es que el libro parece más bien escrito por un fan sobreexcitado por hablar de su ídolo que por un biógrafo concienzudo. De todas formas, me ha resultado muy enriquecedor aproximarme a sus novelas desde el conocimiento de su vida. Tenéis un par de reseñas más en el Sitio de Ciencia-ficción y Gigamesh. Ésta última revela que Dick no estaba tan sonado como Carrère nos quiere hacer creer.
Si algo queda claro tras leer este libro es que Philip K. Dick fue durante casi toda su vida una persona con serios problemas mentales. Quizás su historial psicológico venga marcado por la muerte de su hermana gemela a los pocos días de nacer por descuido de su madre con la alimentación, tal y como se comenta en este volumen. En cualquier caso, ya desde adolescente se nos presenta como un chico solitario, que disfrutaba leyendo y escuchando música clásica y con una marcada tendencia a la paranoia, que se manifestó desde muy joven en un cuestionamiento patológico de la realidad del mundo físico que aprehendemos con los sentidos. Dicha tendencia no hizo sino empeorar debido al constante abuso de todo tipo de medicamentos (ansiolítiocos, tranquilizantes y sobre todo estimulantes) a lo largo de los años, especialmente en los 1960s. Su relación con las mujeres también tiene algo de enfermiza. Enamoradizo y voluble, no dudaba en flirtear descaradamente con todas las chicas en presencia de su pareja, y aún peor, en abandonar a su familia (tuvo hijos con casi todas ellas) si las cosas no le iban bien. Y a ver, con tantísimo fármaco psicoactivo que se metía, resultaba una persona de trato difícil la mayor parte del tiempo. Por lo general se relacionó siempre con mujeres bastante más jóvenes que él, a quienes por un lado exigía devoción absoluta y por otro ataba muy, muy corto, dándoles poquísimo margen de libertad, algo que a la larga conducía a que le abandonaran. Para finalizar, otro de los rasgos característicos de Dick es su búsqueda de dios y su espiritualidad, que aunque transcurrió por vías poco convencionales (no hay más que intentar comprender Valis), tomó como punto de partida el catolicismo, religión a la que se convirtió a mediados de los 1960s. Una vez cumplidos los 44-45 años, se centró casi exclusivamente en dar a conocer al mundo su cosmogonía particular a través de una exégesis de más de 8000 páginas que al parecer, nadie ha leído en su totalidad. Esta parte final de su vida coincide con el periodo de mayor estabilidad física y emocional.
No voy a engañar a nadie: he disfrutado mucho dando rienda suelta al cotilla que llevo dentro. Eso de asomarte a la vida privada y conocer las intimidades de uno de tus autores favoritos resulta muy estimulante. Aunque también es cierto que en el sentido puramente técnico he echado de menos algo más de rigurosidad en el texto. Fechas, lugares, referencias, citas, opiniones puestas en boca de sus autores. La verdad es que el libro parece más bien escrito por un fan sobreexcitado por hablar de su ídolo que por un biógrafo concienzudo. De todas formas, me ha resultado muy enriquecedor aproximarme a sus novelas desde el conocimiento de su vida. Tenéis un par de reseñas más en el Sitio de Ciencia-ficción y Gigamesh. Ésta última revela que Dick no estaba tan sonado como Carrère nos quiere hacer creer.
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*Emmanuel Carrère,
Biografía
3 abr 2014
Ruido de Fondo - Don DeLillo
Ruido de Fondo es otra de esas novelas extrañas pero fascinantes en las que me cuesta ser consciente de qué narices he leído, pero que sin embargo me dejan una agradabilísimo regusto. La trama, así muy en pocas frases: familia compuesta por una pareja próxima a los 50 con un largo historial de matrimonios y aún más larga progenie engendrada en cualquiera de su relaciones. Viven en una pequeña ciudad universitaria estadounidense de provincias donde papá es profesor de especializado en estudios sobre Hitler y mamá es un ama de casa con multitud de intereses altruistas en su comunidad. Sin saberlo ambos comparten un visceral e incontrolable miedo a la muerte. A raíz de un accidente ferroviario en las proximidades con escape de productos tóxicos a la atmósfera se ven obligados a evacuar sus viviendas, lo que favorecerá que a la larga terminen revelándose mutuamente la existencia de ese temor irracional y se vean forzados a enfrentarlo. En el camino serán convenientemente desveladas un montón de sorpresas (investigaciones farmacéuticas, infidelidades, crímenes varios, etc.) que harán que la trama sea muy entretenida.
A lo largo de toda la narración se percibe una crítica descarada a la sociedad norteamericana contemporánea (y por extensión, occidental): hiperconsumista, crédula, manipulable. La prosa de Don DeLillo es limpia, sin sofisticaciones ni florituras innecesarias. Esta característica va estupendamente para que los personajes se cuestionen la realidad que les ha tocado vivir con un entusiasmo y una precisión envidiable, difícilmente rebatible. Este análisis puede esperarse sin dificultad de Jack y Babette (los protagonistas), o de otros docentes de la universidad. Sin embargo el personaje estrella a la hora de enjuiciar la arbitrariedad de las normas, usos y costumbres sociales e incluso la incertidumbre del mundo físico es Heinrich, el hijo adolescente de Jack. Líder indiscutible del sarcasmo entre todos los personajes, a cuál más ocurrente y más ácido, no le tiembla la voz al lanzar perlas del tipo:
A lo largo de toda la narración se percibe una crítica descarada a la sociedad norteamericana contemporánea (y por extensión, occidental): hiperconsumista, crédula, manipulable. La prosa de Don DeLillo es limpia, sin sofisticaciones ni florituras innecesarias. Esta característica va estupendamente para que los personajes se cuestionen la realidad que les ha tocado vivir con un entusiasmo y una precisión envidiable, difícilmente rebatible. Este análisis puede esperarse sin dificultad de Jack y Babette (los protagonistas), o de otros docentes de la universidad. Sin embargo el personaje estrella a la hora de enjuiciar la arbitrariedad de las normas, usos y costumbres sociales e incluso la incertidumbre del mundo físico es Heinrich, el hijo adolescente de Jack. Líder indiscutible del sarcasmo entre todos los personajes, a cuál más ocurrente y más ácido, no le tiembla la voz al lanzar perlas del tipo:
Los animales cometen incesto constantemente. ¿Hasta qué punto puede ser antinatural?En fin, como he dicho al principio, no puedo afinar más. El desarrollo de esta novela de tintes filosóficos y humor sarcástico transcurre entre críticas y análisis de las relaciones humanasy y prodigiosas revelaciones existenciales, que no por estar hechas desde una cotidianeidad pasmosa son menos certeras. Tenéis mas reseñas en:
- El Niño Vampiro lee, que aporta una interpretación de la novela tal, que cualquiera diría que hemos leído libros distintos
- El Lamento de Portnoy, donde parece hacer referencia a una tercera novela, que no es la que he leido yo ni la del niño vampiro, sino una de ciencia-ficción de inspiración dickiana. Lo curioso del caso es que en cierta forma lleva razón.
- La Tormenta en un Vaso, que coincide en parte con la mía y la del niño vampiro, porque reconozcamos que hay que ser todo un iluminado para detectar a Philip K. Dick entre las líneas.
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