Para quienes no conozcan la lengua de Goethe, el título de la entrada viene a ser "Una despedida inesperada". Y es que en eso consiste este último post, en mi despedida de los blogs y el cierre definitivo de Das Bücherregal. Hasta ayer mismo no me lo había planteado seriamente, pero también mentiría si dijera que seguía subiendo las reseñas con el mismo entusiasmo de hace un lustro. Tengo que admitir que 2021, con ese reto absurdo autoimpuesto de leer y reseñar más de cien libros, se me hizo muy largo, de manera que en algún momento del año pasado escribir en el blog empezó a resultarme una obligación más que un entretenimiento. A pesar de que había decidido no presionarme durante este año, esa sensación todavía me dura. En lo que va de 2022, escribir la reseña de mi última lectura se me ha hecho muy cuesta arriba en la mayor parte de las ocasiones. Así que era solo cuestión de tiempo llegar al límite del hartazgo. Y eso ocurrió ayer. Pero la gota que colmó el vaso la puso Google.
Desde hace algo más de dos años (puede que tres incluso), cada vez que me conecto a Blogger recibo un email de Google avisándome de que hay un intento sospechoso de acceso a mi cuenta desde un dispositivo no reconocido. En ese mismo email se me informa de que si el intento de conexión es legítimo, lo siguiente que debo hacer es registrar el dispositivo en cuestión como un equipo autorizado. Ni que decir tiene, he estado ignorando esos emails desde el primer día en que los recibí. ¿Dispositivo no reconocido? ¿Te refieres al mismo portátil que llevo usando desde hace siete u ocho años, Google querido? No tengo ganas de indagar en cuál es el objeto de esta estrategia. Supongo que hay un lógico interés comercial, de fidelización, o puede que incluso un propósito real de garantizar seguridad a sus usuarios. Pero si habéis estado atentos estos doce años, ya sabréis de mis simpatías por el neoludismo y de mi rechazo a las tecnologías de la información y al (tecno)capitalismo. Así que en ningún momento me había planteado registrar el portátil como dispositivo autorizado. Lógicamente el usuario final tiene muy pocas posibilidades de vencer a un gigante tecnológico como Google, que ayer intensificó su ataque. Cuando intenté abrir sesión en Blogger recibí lo que yo pensé que era el email de siempre, pero no, había un detalle nuevo: la cuenta se había bloqueado por intento de acceso indebido y Google me obligaba a hacer una autenticación en dos pasos usando el móvil (autenticación multifactor que la llaman en el mundo TI). Y ya ahí dije basta. Bueno no del todo, porque evidentemente para subir este post he tenido que pasar por el aro.
Resumiendo, Das Bücherregal termina aquí. Ha sido un placer formar parte de la blogosfera de reseñas de libros durante estos años. Si miro hacia atrás la sensación que me queda es muy reconfortante, muy satisfactoria. Ni que decir tiene, he tenido opción a leer decenas y decenas de libros que venían recomendados desde vuestros blogs y cuya existencia muy probablemente nunca habría conocido si no fuera por tener esta presencia en Internet. Pero de igual forma, miro hacia adelante ahora que me voy y estoy igual de contento y satisfecho con esta decisión. Y aliviado, porque de verdad que ya no me lo estaba pasando bien.
Por no dejaros con la intriga de saber qué me ha parecido El nombre del mundo es Bosque, os diré que me ha gustado pero que es bastante maniqueo. Y muy hominidocentrista, que es una extensión del concepto de antropocentrismo para incluir todas las especies de homínidos inteligentes que pueblan el Ekunem. Y como no podía ser de otra forma, especista, porque ha de quedarnos muy claro que donde quiera que haya un humanoide bípedo e inteligente, el resto de especies animales se verán sujetas a sus caprichos, aunque sea en un millón de años en el futuro en galaxias a cientos de años luz de la nuestra.
Eso es todo. Muchas gracias a todos por la atención prestada y los buenos ratos pasados, y adiós
20 abr 2022
15 abr 2022
Cuentos escogidos - Shirley Jackson
Aunque el título de este tomo es Cuentos escogidos, además de ocho cuentos incluye tres textos de no ficción que tratan sobre diferentes temas relacionados con el acto de escribir. Los temas son variados aunque hay un tono general de costumbrismo mid-century aderezado en muchas ocasiones (pero no siempre) con elementos de terror/fantástico. Hay algunos relatos que me han parecido muy buenos y otros un poco más reguleros, hasta el punto que me han hecho cuestionarme cuál podría ser el motivo por que han sido seleccionados, porque lo que es a mí se me escapa.
Os dejo a continuación los títulos incluídos con una puntuación personal que empieza por un 'psché' (*), sigue por un 'está bien' (**) y termina por un 'me ha encantado' (***). Ojo que solo evalúo los cuentos, no los textos de no-ficción.
Os dejo a continuación los títulos incluídos con una puntuación personal que empieza por un 'psché' (*), sigue por un 'está bien' (**) y termina por un 'me ha encantado' (***). Ojo que solo evalúo los cuentos, no los textos de no-ficción.
- El amante demoníaco (***)
- La bruja (*)
- Después de Usted, mi querido Alphonse (**)
- Charles (*)
- Siete tipos de ambigüedad (*)
- La muela (***)
- La lotería (***)
- Experiencia y ficción
- La noche en que todos tuvimos gripe (*)
- Biografía de una historia
- Notas para un joven escritor
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*Shirley Jackson,
Relatos cortos
11 abr 2022
La cita - Katharina Volckmer
La contraportada de La cita se abre con este resumen:
El soliloquio de la protagonista es ágil, mordaz, divertido, irreverente, crudo, revelador. Las reflexiones que Volckmer nos hace llegar a través de esta mujer cuyo numbre no llegamos a saber me han parecido muy agudas y acertadas, y he disfrutado mucho de este librito que se lee en una sentada o poco más. Ahora bien, las notas de la contraportada también apuntan que el «tono vehemente y visceral» del texto «no [está] muy alejado del de Thomas Bernhard». En mi opinión se trata de una afirmación cogida con alfileres incluída como reclamo comercial sin base real. Porque el texto de Volckmer carece de la densidad, desesperación y horror característico del autor austriaco. Insisto en que la novela me ha parecido absorbente, pero compararla con Bernhard no le hace ningún favor.
Una joven alemana residente en Londres acude a la consulta de su médico, el doctor Seligman. Durante la visita empieza a hablar y sigue hablando y no para de hablar... El resultado es un torrencial monólogo en el que la chica habla sin tapujos mientras el médico la examina y ella ve tan solo la parte superior de su cabeza.De esto trata esta novela corta de poco más de 130 páginas escrita por Katharina Volckmer, que también es una joven alemana residente en Londres. ¿Y de qué habla su alter ego literario? Pues de muchas cosas, algunas tremendamente actuales (o quizás más bien eternas), como la familia, la maternidad, el machismo, los roles de género, la sexualidad o el feminismo; otras podrían parecernos superadas pero nada más lejos de la realidad, de hecho más de 75 años después de su finalización siguen condicionando la identidad alemana: su responsibilidad en la II Guerra Mundial (se podría trazar un paralelismo obvio con la Guerra Civil Española).
El soliloquio de la protagonista es ágil, mordaz, divertido, irreverente, crudo, revelador. Las reflexiones que Volckmer nos hace llegar a través de esta mujer cuyo numbre no llegamos a saber me han parecido muy agudas y acertadas, y he disfrutado mucho de este librito que se lee en una sentada o poco más. Ahora bien, las notas de la contraportada también apuntan que el «tono vehemente y visceral» del texto «no [está] muy alejado del de Thomas Bernhard». En mi opinión se trata de una afirmación cogida con alfileres incluída como reclamo comercial sin base real. Porque el texto de Volckmer carece de la densidad, desesperación y horror característico del autor austriaco. Insisto en que la novela me ha parecido absorbente, pero compararla con Bernhard no le hace ningún favor.
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*Katharina Volckmer,
Novela corta
7 abr 2022
Fuera de quicio - Karen Joy Fowler
Cuando Rosemary Cooke tenía unos 5 años su hermana Fern desapareció. Años después, cuando su hermano Lowell cumplió 18 años, se marchó de casa sin avisar, perdiendo el contacto con ella y sus padres, excepto por alguna que otra postal enviada de cuando en cuando desde diferentes lugares del mundo. A raíz de lo sucedido, la alegre y parlanchina Rose pasó a ser una chica muy callada y reservada, siempre tratando de pasar desapercibida y guardándose su opinión. Y por supuesto a sus padres también les afectaron estos acontecimientos. Su madre padeció una depresión y su padre tuvo problemas con el alcohol. Es en 1996 cuando conocemos a Rosemary, siendo una estudiante de la Universidad de California, en Davis. Han pasado 10 años desde que vió por última vez a su hermano y 17 desde que desapareció su hermana. Sin esperarlo un día Lowell se presenta en su apartamento de estudiantes, con lo que ella se verá obligada a afrontar esos dos sucesos tan traumáticos sobre los que ha evitado pensar prácticamente desde que ocurrieron.
Tengo la sensación de que Fuera de quicio es una de las novelas más asombrosas y absorbentes que he tenido la suerte de leer este año. Ya sé que estamos a principios de abril y que quedan muchos meses por delante para terminar 2022. Pero es que creo que va a ser muy difícil superar este libro. No solo por los temas que trata, en los que entraré un poco más adelante, sino por la habilidad con que Karen Joy Fowler ha construído una historia desde el centro de la misma. Y es que el grueso de la narración, relatada en primera persona por Rose, transcurre cuando la protagonista tiene algo más de veinte años y tiene que enfrentarse a un buen montón de realidades propias del mundo adulto, casi todas ellas tristes, amargas y descorazonadoras, pero totalmente imprescindibles para poder continuar viviendo y desprenderse de todo el dolor que tiene bloqueado dentro y le impide crecer. Desde ese punto temporal intermedio, la autora salta hacia atrás para ir revelándonos cada vez más información sobre la infancia de Rose y a medida que vamos avanzando y se va encauzando el conflicto inicial, veremos su resolución cuando la protagonista cuenta con cuarentaipocos años.
En más de un sitio he leído que es preferible no leer ninguna reseña sobre este título antes de empezarlo porque podría revelar aspectos de la trama que conocidos de antemano, destrozan la magia de su lectura. No puedo estar más de acuerdo con esa propuesta y estoy haciendo un esfuerzo muy consciente para no ser yo quien lo fastidie. Y es que la acción está llena de golpes de efecto, tan chocantes y sorprendentes que te noquean según van apareciendo. En especial hay una gran revelación en la página 85 que dota de un sentido totalmente inesperado al drama familiar. Es justo reconocer que viene precedida de bastantes pistas que Fowler va dejando muy sutilmente aunque yo no las he pillado, ¡qué le vamos a hacer! Ahora bien, justo al llegar a ese punto he entendido por qué ciertos pasajes me causaban extrañeza.
A los problemas de la familia Cooke y los aspectos propios de Bildungsroman hay que sumar un inequívoco y contundente alegato antiantropocentrista que cuestiona la ciencia y sus métodos de experimentación con animales. En efecto el padre de Rose es un reputado psicólogo experimental, así que este enfoque está perfectamente integrado en la historia, hasta el punto de ser uno de los motores que la hace avanzar. Por más que los mismos sean perfectamente contrastables, los datos que Fowler aporta para hacernos ver las infamias a que sometemos a los animales en nombre del progreso científico van a provocar que más de un lector la tache de exagerada, incluso de mentirosa. A la mayoría le provocará disonancia cognitiva, ya que por su insensatez y crueldad resultan imposibles de creer. Pero tampoco os asustéis, no estamos ante un ensayo y no creo que haya más de tres o cuatro breves enumeraciones wikipédicas de información al respecto. La novela tiene un final tremendamente agridulce que intenta redimir algo del sufrimiento por el que han pasado los Cooke. Un cierre maravilloso que viene a resumir la ruindad y la nobleza que son inseparables de la naturaleza humana.
Tengo la sensación de que Fuera de quicio es una de las novelas más asombrosas y absorbentes que he tenido la suerte de leer este año. Ya sé que estamos a principios de abril y que quedan muchos meses por delante para terminar 2022. Pero es que creo que va a ser muy difícil superar este libro. No solo por los temas que trata, en los que entraré un poco más adelante, sino por la habilidad con que Karen Joy Fowler ha construído una historia desde el centro de la misma. Y es que el grueso de la narración, relatada en primera persona por Rose, transcurre cuando la protagonista tiene algo más de veinte años y tiene que enfrentarse a un buen montón de realidades propias del mundo adulto, casi todas ellas tristes, amargas y descorazonadoras, pero totalmente imprescindibles para poder continuar viviendo y desprenderse de todo el dolor que tiene bloqueado dentro y le impide crecer. Desde ese punto temporal intermedio, la autora salta hacia atrás para ir revelándonos cada vez más información sobre la infancia de Rose y a medida que vamos avanzando y se va encauzando el conflicto inicial, veremos su resolución cuando la protagonista cuenta con cuarentaipocos años.
En más de un sitio he leído que es preferible no leer ninguna reseña sobre este título antes de empezarlo porque podría revelar aspectos de la trama que conocidos de antemano, destrozan la magia de su lectura. No puedo estar más de acuerdo con esa propuesta y estoy haciendo un esfuerzo muy consciente para no ser yo quien lo fastidie. Y es que la acción está llena de golpes de efecto, tan chocantes y sorprendentes que te noquean según van apareciendo. En especial hay una gran revelación en la página 85 que dota de un sentido totalmente inesperado al drama familiar. Es justo reconocer que viene precedida de bastantes pistas que Fowler va dejando muy sutilmente aunque yo no las he pillado, ¡qué le vamos a hacer! Ahora bien, justo al llegar a ese punto he entendido por qué ciertos pasajes me causaban extrañeza.
A los problemas de la familia Cooke y los aspectos propios de Bildungsroman hay que sumar un inequívoco y contundente alegato antiantropocentrista que cuestiona la ciencia y sus métodos de experimentación con animales. En efecto el padre de Rose es un reputado psicólogo experimental, así que este enfoque está perfectamente integrado en la historia, hasta el punto de ser uno de los motores que la hace avanzar. Por más que los mismos sean perfectamente contrastables, los datos que Fowler aporta para hacernos ver las infamias a que sometemos a los animales en nombre del progreso científico van a provocar que más de un lector la tache de exagerada, incluso de mentirosa. A la mayoría le provocará disonancia cognitiva, ya que por su insensatez y crueldad resultan imposibles de creer. Pero tampoco os asustéis, no estamos ante un ensayo y no creo que haya más de tres o cuatro breves enumeraciones wikipédicas de información al respecto. La novela tiene un final tremendamente agridulce que intenta redimir algo del sufrimiento por el que han pasado los Cooke. Un cierre maravilloso que viene a resumir la ruindad y la nobleza que son inseparables de la naturaleza humana.
3 abr 2022
Radio libre Albemut - Philip K. Dick
Berkeley, California, a finales de los 1940s. Nicholas Brady solo estudió un par de meses en la universidad de dicha ciudad porque se negó a seguir un cursillo de instrucción militar obligatorio por aquel entonces. Ese arriesgado y precoz gesto antimilitarista le puso en el punto de mira ante una sociedad profundamente anticomunista. En una tienda de libros que frecuenta entabla amistad con uno de los dependientes, Philip K. Dick, un autor de ciencia-ficción que está empezando a vender sus primeros cuentos. A principios de los 1950s Nicholas empieza a experimentar unas visiones que según le es revelado, proceden de una entidad extraterrestre que decide llamar Sivainvi (acrónimo de Sistema de Vasta Inteligencia Viva). Comparte la existencia de estas experiencias paranomales con su amigo Phil, confiando en que su bagaje como escritor de ciencia-ficción pueda ayudarle a ponerles algo de sentido. Con el paso de los años ambos empezarán a sospechar que dichas visiones pretenden ayudar a derrocar a Ferris F. Fremont, quien ha accedido a la presidencia de los EE.UU. tras los atentados a varios presidentes y candidatos, dando lugar a una deriva totalitaria en el país que no lo diferencia demasiado de la Unión Soviética.
Quien esté familiarizado con la biografía y/o la obra de Philip K. Dick advertirá rápidamente que Radio libre Albemut noveliza las experiencias paranormales que este autor padeció durante gran parte de su vida. Efectivamente, el libro relata de una forma sorprendentemente original y madura las mismas visiones que sus fans recordarán de Valis (que es el acrónimo inglés de Vast Active Living Intelligence System). Sin embargo, lo que en esta última era una exégesis desquiciada de la visión gnóstica de Dick tenía de Dios, se transforma aquí en un argumento perfectamente planeado y orquestado que recoge exactamente las mismas ideas. Así, los elementos autobiográficos sobre revelaciones asombrosas, paleocristianismo y misticismo se mezclan con una trama típicamente dickiana sobre totalitarismos y conspiranoias herederos de la tensión entre los dos bloques de la Guerra Fría.
Sin duda merece mención especial el giro metanarrativo del texto, con el propio Dick como uno de los personajes principales. Destacaría la fina ironía y el humor con que se trata a sí mismo: por un lado quiere transmitir la imagen oficial de escritor muy concienciado con la situación política de esos Estados Unidos ucrónicos que se han separado de la realidad de conocemos con la elección de Fremont; pero por otro deja bien claro que el mundo le conoce como el escritor de ciencia-ficción rara que hace apología de las drogas, cuestión a la que vuelven una y otra vez tanto él como los demás personajes. Por cierto que además de las visiones, también es fácil reconocer otros elementos autobiográficos relacionados con el mundo de la droga que ya aparecían en Una mirada a la oscuridad. Por último solo me queda reconocer mi admiración por la habilidad con que el gran PKD consigue compatibilizar las Sagradas Escrituras con sus (¿aparentemente?) disparatadas visiones provocadas por aliens del espacio profundo, pero bueno también es cierto que esto podría interpretarse como una crítica a la profunda ambigüedad de la Biblia, capaz incluso de dar cabida a una lectura en clave ciencia-ficción.
La contraportada de la edición de Ultramar nos informa que esta novela fue encontrada tras el fallecimiento del autor y publicada póstumamente. Me ha parecido tan absorbente y bien construída que no puedo evitar pensar qué otras maravillas podria haber escrito de no haber muerto con tan solo 53 años. Recomendadísima y super fácil de encontrar en las librerías de segunda mano por un par de euros o menos.
Quien esté familiarizado con la biografía y/o la obra de Philip K. Dick advertirá rápidamente que Radio libre Albemut noveliza las experiencias paranormales que este autor padeció durante gran parte de su vida. Efectivamente, el libro relata de una forma sorprendentemente original y madura las mismas visiones que sus fans recordarán de Valis (que es el acrónimo inglés de Vast Active Living Intelligence System). Sin embargo, lo que en esta última era una exégesis desquiciada de la visión gnóstica de Dick tenía de Dios, se transforma aquí en un argumento perfectamente planeado y orquestado que recoge exactamente las mismas ideas. Así, los elementos autobiográficos sobre revelaciones asombrosas, paleocristianismo y misticismo se mezclan con una trama típicamente dickiana sobre totalitarismos y conspiranoias herederos de la tensión entre los dos bloques de la Guerra Fría.
Sin duda merece mención especial el giro metanarrativo del texto, con el propio Dick como uno de los personajes principales. Destacaría la fina ironía y el humor con que se trata a sí mismo: por un lado quiere transmitir la imagen oficial de escritor muy concienciado con la situación política de esos Estados Unidos ucrónicos que se han separado de la realidad de conocemos con la elección de Fremont; pero por otro deja bien claro que el mundo le conoce como el escritor de ciencia-ficción rara que hace apología de las drogas, cuestión a la que vuelven una y otra vez tanto él como los demás personajes. Por cierto que además de las visiones, también es fácil reconocer otros elementos autobiográficos relacionados con el mundo de la droga que ya aparecían en Una mirada a la oscuridad. Por último solo me queda reconocer mi admiración por la habilidad con que el gran PKD consigue compatibilizar las Sagradas Escrituras con sus (¿aparentemente?) disparatadas visiones provocadas por aliens del espacio profundo, pero bueno también es cierto que esto podría interpretarse como una crítica a la profunda ambigüedad de la Biblia, capaz incluso de dar cabida a una lectura en clave ciencia-ficción.
La contraportada de la edición de Ultramar nos informa que esta novela fue encontrada tras el fallecimiento del autor y publicada póstumamente. Me ha parecido tan absorbente y bien construída que no puedo evitar pensar qué otras maravillas podria haber escrito de no haber muerto con tan solo 53 años. Recomendadísima y super fácil de encontrar en las librerías de segunda mano por un par de euros o menos.
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Novela,
Scifi
30 mar 2022
Middlemarch - George Eliot
Hace ya unos días que terminé de leer Middlemarch. Me ha dejado tan agotado que ningún momento me ha parecido adecuado para escribir la correspondiente reseña, así que con la clara intención de quitármela de en medio ha resultado esto que os disponéis a leer. Y no es que no me haya gustado, al contrario, prueba de ello es que he estado casi dos semanas en plan hormiguita dando cuenta de ella un buen rato todos los días. Pero también tenemos que reconocer que los gustos cambian con los tiempos y no se puede negar que estamos ante una novela decimonónica arquetípica de desarrollo lineal, personajes y acciones realistas, sobreabundancia de explicaciones y marcada intención didáctica. Y que no se nos olvide: casi 900 páginas en la edición de Alba. Conste que George Eliot domina a la perfección la narración y tiene una habilidad extraordinaria para diseccionar el comportamiento humano, regalándonos unos análisis y unos símiles muy agudos. De hecho podría decirse que estamos ante un compendio exhaustivo de los actos y pensamientos que nos caracterizan como especie, despreciables en su mayoría y nobles solo en contadísimas ocasiones. Además el personaje principal, la joven Dorothea Casaubon (de soltera Brooke), es una proyección de las ideas progresistas de la autora, ya que ansía un conocimiento y una libertad de acción que estaban vedadas a la mujer en aquellos días. Pero, pero, pero, a pesar de todos los aspectos positivos, son casi 900 páginas que a mí me han parecido algo folletinescas. Problemas en los matrimonios por un lado, tejemanejes de solteros para conquistar a sus amadas y a sus padres por otro, las dificultades para salir adelante de éstos y aquéllos, las fortunas amasadas por medios poco íntegros de alguno, los chantajes de personajes recuperados de un pasado oscuro, los cotilleos de provincias, las mansiones, etc. etc.
La BBC preguntó a 80 y pico críticos de fuera de UK cuál consideraban que era la mejor novela británica de todos los tiempos y eligieron ésta. Yo desde luego no soy ningún especialista y no he leído ni la mitad de la mitad de la mitad de lo que debería haber leído para tener criterio, pero sí puedo decir que Tristram Shandy me parece mucho más moderna, divertida e innovadora, todo ello habiendo sido escrita más de un siglo antes. Y ni siquiera aparece en esa lista con las 25 mejores.
Por cierto, si queréis haceros una idea de la trama y además conocer otra opinión, os recomiendo la reseña de En la ciudad sin cines. Es todo lo precisa y cabal que a mí me habría gustado hacer ésta, pero lo que estáis terminando de leer es prueba fehaciente de que no me han quedado fuerzas.
La BBC preguntó a 80 y pico críticos de fuera de UK cuál consideraban que era la mejor novela británica de todos los tiempos y eligieron ésta. Yo desde luego no soy ningún especialista y no he leído ni la mitad de la mitad de la mitad de lo que debería haber leído para tener criterio, pero sí puedo decir que Tristram Shandy me parece mucho más moderna, divertida e innovadora, todo ello habiendo sido escrita más de un siglo antes. Y ni siquiera aparece en esa lista con las 25 mejores.
Por cierto, si queréis haceros una idea de la trama y además conocer otra opinión, os recomiendo la reseña de En la ciudad sin cines. Es todo lo precisa y cabal que a mí me habría gustado hacer ésta, pero lo que estáis terminando de leer es prueba fehaciente de que no me han quedado fuerzas.
17 mar 2022
Para comerte mejor - Giovanna Rivero
Hay once relatos cortos en Para comerte mejor. De una manera u otra todos tocan algún género fantástico (terror y ciencia-ficción), lo que pasa es que Giovanna Rivero es tan sutil dando pistas y tan parca a la hora de dejar entrever algún dato al que agarrarse que en la mayoría de los casos he terminado los cuentos sin saber muy bien de qué van. Yo estoy tan a favor como el que más de que las narraciones no estén mascadas y que el lector tenga que poner de su parte para entrever qué ocurre en base de las pistas que nos deja el escritor. Pero es que en este tomo lo que parece más bien es que la autora boliviana se ha ido por las ramas, con una prosa etérea y evocadora que no está mal pero que no sustenta las historias. Todo lo más, en un buen número de cuentos he detectado cierto interés en la maternidad y sus problemas asociados, pero esto también es más o menos transversal y no da solidez a lo que cuenta. Os dejo los títulos a continuación.
- De tu misma especie
- Humo
- La piedra y la flauta
- Los dos nombres de Saulo
- Kè Fènwa
- Yucu
- Pasó como un espíritu
- Regreso
- El hombre de la Pierna
- En el bosque
- Albúmina
Ha sido una lectura bastante insustancial y prescindible, de hecho apenas un par de días después de terminarla no recuerdo gran cosa de los cuentos. La excepción son 'Yucu', que es una historia de vampirismo bastante chula, pero por desgracia Rivero aprovecha para mostrar hostilidad gratuita al veganismo (sin venir a cuento y solo por ridiculizar a los veganos, ¡qué feo está eso, Giovanna!), y 'Pasó como un espíritu' y 'Regreso', ambos ambientados en un mismo escenario 5 siglos en el futuro y donde se plantean ideas muy interesantes que lamentablemente no van a más. Diría que es un libro para olvidar si no fuera porque ya no me acuerdo de casi nada de lo que contiene. Todo lo contrario que 98 segundos sin sombra, que sigo recomendando cada vez que tengo ocasión.
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*Giovanna Rivero,
Fantástica,
Relatos cortos
13 mar 2022
Progenie - Susana Martín Gijón
Sevilla en pleno verano, o sea: mucho, mucho calor. La policía con el personal bajo mínimos por vacaciones y se produce un asesinato mediático: una mujer muere atropellada, el atropello resulta ser intencionado (la aplastaron dos veces) y la encuentran con un chupete en la boca. La inspectora Camino Vargas, jefa del Grupo de Homicidios, se encarga de caso junto con su equipo. Todo apunta a un asesinato machista a manos de su ex-pareja, pero en pocos días aparecen dos mujeres más asesinadas con elementos propios de bebés situados en la escena: un babero la segunda, patitos de goma la tercera. Y las tres estaban embarazadas. Así que resulta urgente resolver el crimen para evitar que el pánico cunda en la ciudad.
Novelas como Progenie son las culpables de que el género negro no se encuentre entre mis favoritos. No recuerdo haber leído nada tan infame en años. Es tan mala, tan cutre y tan ridícula que la indignación trasciende el hecho de que sea una novela negra, porque hay ejemplos de sobra de novelas criminales que son obras de arte. Pero esto que ha escrito Susana Martín Gijón es una auténtica tomadura de pelo. Me cuesta creer que un sello como Alfaguara lo haya publicado porque a nivel narrativo no vale ni el precio del papel en que está impresa. Así que me da que pensar que se trata de una estrategia comercial que claramente pretende aprovecharse del tirón que este género ha tenido en los últimos años, con el extra además de estar escrita por una mujer y tocar un buen montón de temas actuales de gran calado social.
La novela se desarrolla en torno al derecho de la mujer a tener y criar a un hijo por sí sola, sin participación ni injerencia de un hombre. En realidad este es el único aspecto reivindicativo que tiene justificación en la trama, y como era de esperar se aprovecha para incorporar varias soflamas feministas que no por ser ciertas resultan creíbles dentro del hilo narrativo. Sobre esta idea de maternidad hay un giro final que resuelve el caso que es de lo poco que salvaría de la historia si tuviera intención de salvar algo. La violencia machista es el segundo gran elemento que articula la acción, otra gran preocupación social que por desgracia llena los telediarios de noticias dramáticas y que también resulta coherente en la historia. Pero no contenta con estas dos reivindicaciones/denuncias, Martín Gijón introduce varios personajes accesorios e innecesarios en la trama a los que dota de características que traen cuestiones varias a la palestra: hombres gays en el armario; hombres gays fuera del armario; un matrimonio de lesbianas que quieren tener un hijo; la endogamia en el mundillo literario; el círculo vicioso pobreza-marginación-violencia, ¿se puede romper?; enfermedades raras; etc. Al final el libro habla de tantas cosas en tan poco espacio que nada de lo que cuenta resulta verosímil. El refranero español ya lo avisa: quien mucho abarca, poco aprieta.
Y luego tenemos a los personajes principales, todos ellos construidos sobre los clichés habituales del género. Hay divorciados que tienen mala relación con su ex-mujer y no saben cómo relacionarse con sus hijos; personajes casados con matrimonios en crisis; personajes casados con matrimonios de larga duración que ponen un contrapunto divertido y entrañable; personajes que tienen aventuras sexuales en el trabajo; y por fin, la inspectora Camino Vargas, sin duda uno de los personajes más desagradables con que me he topado en mucho tiempo. Ojo, que no digo que no puedan existir protagonistas que sean cargantes y de carácter arisco, ¡faltaría más! Pero nada de lo que llegamos a saber de la inspectora sugiere ni un motivo para explicar esa personalidad tan misántropa y con esa moral tan laxa que le permite saltarse todas las leyes de cara a resolver un caso. ¿Había comentado ya lo de los clichés? En realidad otro de los grandes problemas del libro es que los personajes pecan de una falta de verosimilitud absoluta. ¡Es que ni siquiera un gato que aparece a mitad del texto es creíble! Un gato que se deja coger por un desconocido que lo saca de su casa, un gato que andarea despreocupado por una oficina repleta de gente extraña, todo bastante inconceible si tenemos en cuenta el comportamiento habitual de estos felinos. Dudo mucho que Martín Gijón haya convivido con un gato en toda su vida.
A todos estos problemas de construcción de la acción y los personajes se suma una acción trepidante y sin descanso sustentada por una prosa como de redacción de escolar de primaria. Todo muy descriptivo y explicativo, muy mascado para que no perdamos el hilo. De verdad que no doy crédito, pero no contenta con una novela, la autora sevillana ya ha terminado una trilogía protagonizada por esta inspectora. Tenía cierto interés en leer la segunda entrega, Especie, que parece que tiene un trasfondo animalista. Visto el resultado con la primera, dudo mucho que llegue a hacerlo.
Novelas como Progenie son las culpables de que el género negro no se encuentre entre mis favoritos. No recuerdo haber leído nada tan infame en años. Es tan mala, tan cutre y tan ridícula que la indignación trasciende el hecho de que sea una novela negra, porque hay ejemplos de sobra de novelas criminales que son obras de arte. Pero esto que ha escrito Susana Martín Gijón es una auténtica tomadura de pelo. Me cuesta creer que un sello como Alfaguara lo haya publicado porque a nivel narrativo no vale ni el precio del papel en que está impresa. Así que me da que pensar que se trata de una estrategia comercial que claramente pretende aprovecharse del tirón que este género ha tenido en los últimos años, con el extra además de estar escrita por una mujer y tocar un buen montón de temas actuales de gran calado social.
La novela se desarrolla en torno al derecho de la mujer a tener y criar a un hijo por sí sola, sin participación ni injerencia de un hombre. En realidad este es el único aspecto reivindicativo que tiene justificación en la trama, y como era de esperar se aprovecha para incorporar varias soflamas feministas que no por ser ciertas resultan creíbles dentro del hilo narrativo. Sobre esta idea de maternidad hay un giro final que resuelve el caso que es de lo poco que salvaría de la historia si tuviera intención de salvar algo. La violencia machista es el segundo gran elemento que articula la acción, otra gran preocupación social que por desgracia llena los telediarios de noticias dramáticas y que también resulta coherente en la historia. Pero no contenta con estas dos reivindicaciones/denuncias, Martín Gijón introduce varios personajes accesorios e innecesarios en la trama a los que dota de características que traen cuestiones varias a la palestra: hombres gays en el armario; hombres gays fuera del armario; un matrimonio de lesbianas que quieren tener un hijo; la endogamia en el mundillo literario; el círculo vicioso pobreza-marginación-violencia, ¿se puede romper?; enfermedades raras; etc. Al final el libro habla de tantas cosas en tan poco espacio que nada de lo que cuenta resulta verosímil. El refranero español ya lo avisa: quien mucho abarca, poco aprieta.
Y luego tenemos a los personajes principales, todos ellos construidos sobre los clichés habituales del género. Hay divorciados que tienen mala relación con su ex-mujer y no saben cómo relacionarse con sus hijos; personajes casados con matrimonios en crisis; personajes casados con matrimonios de larga duración que ponen un contrapunto divertido y entrañable; personajes que tienen aventuras sexuales en el trabajo; y por fin, la inspectora Camino Vargas, sin duda uno de los personajes más desagradables con que me he topado en mucho tiempo. Ojo, que no digo que no puedan existir protagonistas que sean cargantes y de carácter arisco, ¡faltaría más! Pero nada de lo que llegamos a saber de la inspectora sugiere ni un motivo para explicar esa personalidad tan misántropa y con esa moral tan laxa que le permite saltarse todas las leyes de cara a resolver un caso. ¿Había comentado ya lo de los clichés? En realidad otro de los grandes problemas del libro es que los personajes pecan de una falta de verosimilitud absoluta. ¡Es que ni siquiera un gato que aparece a mitad del texto es creíble! Un gato que se deja coger por un desconocido que lo saca de su casa, un gato que andarea despreocupado por una oficina repleta de gente extraña, todo bastante inconceible si tenemos en cuenta el comportamiento habitual de estos felinos. Dudo mucho que Martín Gijón haya convivido con un gato en toda su vida.
A todos estos problemas de construcción de la acción y los personajes se suma una acción trepidante y sin descanso sustentada por una prosa como de redacción de escolar de primaria. Todo muy descriptivo y explicativo, muy mascado para que no perdamos el hilo. De verdad que no doy crédito, pero no contenta con una novela, la autora sevillana ya ha terminado una trilogía protagonizada por esta inspectora. Tenía cierto interés en leer la segunda entrega, Especie, que parece que tiene un trasfondo animalista. Visto el resultado con la primera, dudo mucho que llegue a hacerlo.
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