21 feb 2021

Doctor Rat - William Kotzwinkle

El Doctor Rat es una rata de laboratorio que afectada por una suerte de Síndrome de Estocolmo, está del lado de los científicos que experimentan con ella, sus compañeras y el resto de animales que se encuentran confinados en un centro de investigación. Cínica y desalmada, se jacta de la importante labor que sus vidas desempeñan en el bienestar y progreso humano. Así que invita a todos los animales a aceptar su sino sin lamentaciones y a considerar que «la muerte es la libertad». Sin embargo, el resto de animales se niega en redondo a hacerlo, tanto es así que inician una revuelta. Una revuelta que viene provocada por un sentir animal colectivo de rebelión contra el yugo de los humanos. De esta manera, los animales domésticos y salvajes empezarán a reunirse y generar una conciencia única con la intención de convocar al hombre. Su objetivo es hacernos ver que todos tenemos derecho a disfrutar de la vida y este planeta, y que en ese sentido, no hay una especie superior a las demás.

Doctor Rat es una demoledora novela que desde el sarcasmo más doloroso, expone sin tapujos la vergonzante y despreciable actitud del ser humano hacia el resto de animales que habitan la Tierra. Como ya he adelantado en el primer párrafo, la acción se desarrolla en dos líneas argumentales. Por un lado se denuncia el trato cruel y abyecto que les damos. Esta parte se articula principalmente sobre el sadismo y la inutilidad de experimentar con ellos, pero también en las granjas industriales, los mataderos, los zoos o la caza de ballenas. Por otro, se intenta despertar la conciencia de la humanidad para que entienda que es necesaria una comunión con el resto de los animales que habitan este mundo. Por más esperanzador que resulte este hilo, William Kotzwinkle no tiene mucha fe en el ser humano y el final servirá para demostrar, una vez más, la brutalidad, violencia y egoísmo que nos caracteriza como especie.

Hay varios puntos polémicos en esta novela. El primero es la descarada proliferación de analogías entre el nazismo y el especismo. Así, el Doctor Rat habla de la solución final (formalaldehído al 5%), hornos que funcionan como cámaras de gas, el Zyclon-B, ratas homosexuales con identificativos rosa, etc. Y ya sabemos que hablar de holocausto animal no suele tener muy buena prensa, por más que las similitudes sean más que evidentes, hasta el punto que los mataderos de Chicago fueran el referente del nazismo para la industrialización del exterminio de judíos, gitanos y homosexuales. El segundo pasa por exponer las vergüenzas de la ciencia y ridiculizarla sin ningún tapujo. No en vano tortura y masacra a millones de animales al año para realizar experimentos de dudosa o nula validez, más allá de mantener un statu quo necesario para facilitar el progreso profesional de los científicos y la pervivencia de una serie de industrias vinculadas. Las descripciones de los tests que se llevan a cabo sobre los animales del laboratorio podrían parecer los desvaríos de un sádico con intenciones propagandísticas, pero por desgracia no es así. Kotzwinkle se limita a ficcionar (licencia artística lo llaman), sobre lo que Peter Singer recoge con rigurosidad académica en el capítulo 'Herramientas de investigación' de su ensayo Liberación animal. Y hoy día, cuando la ciencia va camino de convertirse en el nuevo dogma, cuestionar sus métodos, incluso aunque la crítica provenga del propio establisment científico, es algo que no resulta aceptable.

El libro es desolador. Muchas reseñas de la blogosfera destacan sus aspectos humorísticos, que a mí personalmente me ha costado encontrar. Solo bien pasada la mitad, cuando ya me había insensibilizado a las atrocidades descritas (y creedme, el autor norteamericano no nos da descanso), he podido apreciar la agudeza y mala baba de algunos sarcasmos, que son como un bofetazo al lector. Pero de ahí a reírme hay un tramo insalvable. Al menos el enfoque implacable de la novela no proporciona clavos a los que puedan agarrarse los medios culturales y blogs de reseñas: por una vez, no les ha quedado más narices que reconocer el incuestionable mensaje animalista. Otra cosa es que estén de acuerdo con él, pero vista la obsesión por ignorar el trasfondo de denuncia del especismo de tantas novelas, admitirlo ya supone un éxito.

3 comentarios:

Alberto Moreno dijo...

Sólo un apunte: el método científico es ausencia de dogma; todo se cuestiona, continuamente. Si algo es dogmático, ese algo no es ciencia.

Scabbers dijo...

Entiendo la apuesta de Kotzwunkle pero...no me veo leyendo esto. Y creo que debe ser porque no me aguantaría estar leyendo sobre torturas y aberraciones varias sobre animales, encima bien crudo.
La reseña excelente como siempre

Cities: Moving dijo...

@Alberto Moreno: Un buen apunte que sin duda tendrían que tener en mente todos aquellos científicos que siguen diciendo que la experimentación con animales es incuestionable.

@Scabbers: Te entiendo perfectamente, de hecho aunque no lo haya comentado en la reseña, ya intenté leer esta novela hace un par de años pero la dejé a los pocos capítulos porque no pude resistir verme expuesto a tanta brutalidad. Sin embargo, ejemplos de experimentos ridículos, absurdos y sobre todo tan crueles como los relatados aquí se dan todos los días por cientos de miles a lo largo y ancho de los laboratorios de investigación de todo el mundo. Así que creo imprescindible que esa realidad se ponga en conocimiento del público general, por más que resulte dolorosa. Solo así será posible un cambio.

Gracias a los dos por vuestros comentarios.

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