
El planteamiento de la historia es original, no lo voy a negar. La trama se desarrolla en Gueden, un planeta poblado de una raza humanoide andrógina y ambisexual, cuyo hermafroditismo les permite además adoptar los roles masculino o femenino indistintamente cuando entran en fase sexuada (una semana al mes). En definitiva, el caldo de cultivo perfecto para que Le Guin fantasee sobre antropología alienígena y sociología del espacio exterior. El problema, al menos en mi caso, aparece con los nombres absurdos para situarnos en un mundo lejano: Karhide, Genly Ai, Erhenrang, Orgoreyn, Estraven, Argaven, Faxe, Ey, Obsle, Tibe, Sarf, Shifgredor(1), esto, aquello y lo otro. Países, continentes, nombres de personas, nombres de instituciones, más de sesenta nombres diferentes para la nieve según sus características, nombres de religiones, regiones, lagos o glaciares. Los nombres de animales, de los meses y de los días, todos me resultaban desconocidos en cada nueva aparición en el texto, algo que no me ha facilitado nada ponerme en situación.
Con todo, reconozco que la parte final me ha encantado. En ella se exploran las relaciones entre el humano protagonista (Genly Ai) y el guedeniano (Estraven), lo mejorcito del libro. Para una explicación más detallada de la novela, podéis recurrir a la entrada de la wikipedia en inglés. Yo no tengo el cuerpo como para dar pistas de la trama.
Más reseñas sobre esta obra en Fantasymundo y en las entradas multi-comentarista tan habituales en el portal Ciencia Ficción [punto] com.
(1) Todos, todos, todos los he copiado de Internet
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