7 may. 2015

Carta de una desconocida - Stefan Zweig

El famoso novelista R. regresa a su casa de Viena tras unos días fuera y ve una abultada carta entre la correspondencia recibida durante su ausencia. Cuando empieza a leerla, descubre que se trata del desesperado relato de una joven admiradora que ha estado locamente enamorada de él durante toda su vida, desde que siendo poco más que una niña de trece años ni siquiera era consciente de los sentimientos que se habían despertado en ella. Con una paciencia infinita, una insistencia numantina, algunas tretas inocentes y un poco de suerte ha llegado incluso a tener un par de escarceos amorosos con él, en el primero de los cuales quedó embarazada y tuvo un hijo suyo. Pero R. es el típico artista: impulsivo, voluble, olvidadizo. No se le conocen relaciones largas con mujeres, solo aventuras tremendamente intensas aunque cortas en duración. Nuestra protagonista solo ha entrado y salido de su vida en dos ocasiones, y en ambas se trataba de una desconocida más, muy atractiva, a quien había de conquistar. A pesar de todo, ella no ha podido dejar de quererle, más aún sabiendo que era el padre de su hijo, quien acaba de fallecer recientemente debido a unas fiebres. Ella no ha tenido mejor destino, y tras perder al pequeño, sus últimas fuerzas las ha destinado a redactar la misiva que compone esta novela corta/relato.

No voy a decir que Carta de una desconocida sea un mal libro. No lo es, en absoluto. En apenas 70 páginas Stefan Zweig vuelve a desplegar una prosa impecable y a demostrar un excelente conocimiento de los sentimientos humanos, algo que está ya más que comprobado en este blog. La historia que nos cuenta la protagonista es tristísima, y aún así, ella no se considera desgraciada sino afortunada por haber podido amar al insensible R., feliz hasta sus últimos días. Pero, ¿es el objeto de su amor un insensible en realidad? El escritor vive su vida como le place; que yo sepa a principios de los 1920s, que es cuando transcurre la acción, no existía la obligación de enamorarse, casarse y tener hijos. Tampoco ahora, ni nunca. Se trata de una elección personal, muy condicionada por las convenciones sociales, lo admito, pero desde luego libre y voluntaria en última instancia. Además no da la impresión de que el escritor vienés consiga ninguna de sus aventuras mediante engaños o haciendo falsas promesas. Así pues, ¿de qué es culpable R.? Para mi no hay nada que echarle en cara. Sin embargo, ¿hasta qué punto no padece la protagonista algún tipo de patología psiquiátrica, una fantasía ilusoria del amor de pareja que no es sino una obsesión malsana? Me resulta muy difícil creer que un sentimiento así de intenso pueda prolongarse durante tantísimos años estando cuerdo. Solo desde la locura puedo entender que esta pobre mujer haya podido resistir la indiferencia y el desinterés de R. En definitiva, una historia de amor entendido como un trastrorno mental sin cura conocida. Tenéis más reseñas en el Blog de la biblioteca de Piedrasblancas (Asturias), Un libro al día y Entre montones de libros.

4 comentarios:

Ana Blasfuemia dijo...

Comenté hace poco este libro en el blog y coincido bastante con tus apreciaciones. La prosa de Zweig es impecable. Nada que objetar. Otra cosa es que se considere que es una carta de amor, que estamos hablando de amor, a mí me parece obsesión, y como toda obsesión, enfermiza.

Un abrazo

Cities: Moving dijo...

@Ana Blasfuemia: En mi opinión ésta no es de las obras más afortunadas de Zweig, no por la forma, sino por el fondo. De todas formas puede que el significado del amor romántico de pareja haya cambiado en casi 100 años y afortunadamente ahora esperamos algo más sano y más equilibrado de este sentimiento.

Olethros Gladius dijo...

R. es un sujeto pasivo en la obra, una herramienta para desplegar la trama. La fuerza dramática cae en ella, que probablemente ame de una manera más desafortunada o sin esperanzas que estrictamente patológica.

Cities: Moving dijo...

@Olethros Gladius: Yo personalmente pienso que hacer girar tu vida en torno a alguien que ni siquiera sabe de tu existencia es síntoma de que algo no va del todo bien (ojo, apreciación estrictamente personal).

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