1 oct. 2018

¿Dónde estabas, Adán? - Heinrich Böll

El soldado alemán Feinhals está destacado en Hungría durante la ocupación nazi de este país, que inicialmente se alineó con las potencias del Eje. Es verano de 1944 y las fuerzas soviéticas están avanzando peligrosamente hacia la frontera, así que el pánico se instala entre el ejército del III Reich. Durante unos meses seremos testigos de los acontecimientos que ocurren tanto al protagonista, como a otros civiles y militares con quienes se relacionará en las terribles circunstancias que rodean a la contienda.

Heinrich Böll compone en ¿Dónde estabas, Adán? un precioso pero devastador alegato antibelicista. Articulada como si de una colección de relatos cortos se tratara, cada capítulo se puede leer casi de manera independiente. Aunque todos se vertebran en torno al soldado Feinhals, los protagonistas de cada uno de ellos son personas que han entrado en contacto con él y que en la gran mayoría de los casos, debido a los avatares de la guerra, han salido de su vida con la misma rapidez con que entraron. Con una habilidad pasmosa, el premio Nobel de 1972 sigue sus vidas y teje una red argumental centrada en Feinhals, que evidentemente desempeña el papel principal en muchos de ellos pero no siempre aparece en los demás, o en todo caso como simple figurante. 

Me imagino que nadie se sorprenderá si digo que el libro es un dramón con todas las letras. A Böll no le queda otro remedio que exponer sin tapujos la crudeza de la guerra. Soledad, miedo, angustia, crueldad, dolor, locura, enfermedad, muerte. Todo eso es la guerra. Por tanto en cada capítulo nos vemos obligados a empaparnos del horror que hay detrás de ellos. Y aun así entre tanto espanto siempre hay seres humanos que intentan dar lo mejor de sí. Sus pequeños actos de bondad y dignidad seguramente irrelevantes en el marco de una guerra mundial. Sin embargo con ellos lograrán dar sentido a una existencia que había perdido el significado.

La prosa de Böll es directa, objetiva, descriptiva. Casí podría decirse que estamos ante una crónica bélica redactada para un periódico. No hay, como puede ocurrir en otras de sus obras más conocidas, simbolismos ni sentidos ocultos. Hay acción a raudales sin ahorrarnos ni una gota de espanto (detrás de una ametralladora, una granada o un obús hay muerte, no gloria), pero hay también mucha instrospección psicológica en los personajes, con quienes resulta imposible no identificarse. La novela tiene momentos verdaderamente espeluznantes. Estoy bastante acostumbrado a leer barbaridades y sin embargo ha habido un capítulo que expone las atrocidades de un campo de concentración con tanta veracidad, que no podía dar crédito. Quizás el único inconveniente que se le podría poner es que el final se ve venir con demasiada claridad. En medio de tanta destrucción, violencia y sinsentido, me habría gustado tener una brizna de esperanza. Pero entiendo que no deba ser así, porque es imprescindible que nos quede bien claro a todos el verdadero significado de una guerra: ni vencedores ni vencidos van a salir indemnes. No me queda por tanto más remedio que mostrar mi más profunda admiración por cada capítulo, por cada párrafo, por cada frase y palabra que forman la novela. Y desde luego por el cierre elegido. Entre los miles de enlaces de descargas gratuitas de este libro he conseguido encontrar un par de reseñas, cuando deberían contarse a miles: Papel para envolver deseos y El blog de Javier Lacomba de Maruri. Ambos han quedado tan entusiasmados con esta novela como yo mismo.

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